miércoles, 19 de mayo de 2021

Los olvidados, 12n.

 (Viene de la entrada anterior)

Chalet de la actriz de teatro Carmen Díaz, luego reconvertido en centro psiquiátrico

Gregorio era un hombre camino de la treintena, fúnebre y avejentado, de voz cavernosa y monocorde. En su rostro cetrino y picado de viruelas se dibujaba una expresión de infinita tristeza, que se condensaba sobre todo en el brillo apagado de sus grandes y soñolientos ojos negros y en el corte seco de su boca, carente tanto de labios como de dientes.

Lo conocí en el bar de los Hermanos Reyes en la Calle Real, y supe que estaba ingresado en la residencia psiquiátrica, antiguo chalet de la actriz Carmen Díaz. Le diagnostiqué, tras el intercambio de las primeras palabras que nos dirigimos, melomanía aguda.

En efecto, en su cabeza, entre los plastificados paréntesis de los voluminosos auriculares pasados de moda, no había otra cosa que música y músicos modernos: Pink Floyd, Jethro Tull, etc.

De todo ello disertaba atropelladamente y con desorden, salpicando con involuntaria emisión de salivilla a sus escasos interlocutores al pronunciar sin tomarse un respiro, en una cascada de andaluz seseante trufado de inglés desastroso, nombres de intérpretes y títulos de composiciones. Era angustioso leer en su rostro el afán con que, por medio de sus conocimientos del mundo de la música, intentaba establecer comunicación con las personas que lo tratamos.

Con no sé qué intención el tétrico Gregorio me invitó una mañana a acompañarlo al sanatorio mental, para enseñármelo, según dijo. Yo sentía una fuerte curiosidad, así que fuimos. Apenas había nadie en su interior, excepto una señora madura, todavía apetitosa, con uniforme de enfermería, que andaba trasteando en el salón de la gran chimenea labrada en maderas nobles. El melomaníaco me mostró el piso superior, las azoteas, los patios traseros, y su cuarto. En media hora dimos por finalizada la visita y volvimos al bar de Miguel de los Reyes.

Si el portero hubiera estado en su puesto, la visita no habría podido realizarse, como tuve ocasión de comprobar dos días después. Yo conocía a Francisco Mejías Rodríguez, nacido el 25 de enero de 1912 en Porcuna (Jaén), y sabía además que le molestaba tener que abrir y cerrar continuamente la cancela de entrada al establecimiento, a lo que hay que añadir que estaba prohibido el acceso a personas sin autorización. Francisco se violentaba a veces con algún paciente por estos motivos.

Aunque de siempre me pareció un hombre afable, ya que solíamos hablar en términos amigables algún rato de vez en cuando — siempre me aseguraba que conocía a mi padre desde muchos años atrás—, la última vez que lo hizo fue en tono amenazante, tras la visita: "Me han dicho que estuviste allí el otro día. Allí no vuelvas a poner más los pies". Y tal fue su desconsiderada actitud que opté por cortar toda relación con él.

Uno de los cometidos del portero Francisco Mejías era comprar en el mercado municipal del pueblo los productos perecederos —carne, fruta, pescado— que habrían de consumirse en el sanatorio, para cuyo transporte se ayudaba con un carrito metálico de amplia y baja caja y ruedas de caucho, con el cual podíasele ver tres veces en semana arriba y abajo por la Calle Real, empujándolo mientras andaba balanceándose, cabizbajo y con los pies calzados con viejos zapatones, exageradamente abiertos hacia los lados.

Se mantenía muy inclinado, probablemente por alguna malformación de la pelvis. De Francisco diríase emergido de algún profundo abismo marino o fluvial a juzgar por su encarnadura blanquirrosa, sus ojos verdioscuros siempre fijos y sin interrupciones palpebrales, sus labios gruesos y amoratados, su cabeza monda y lironda de pelo y barba, con el cráneo costroso parcialmente manchado de amarillo, rojo y azul por antiguas lesiones epidérmicas. Sólo le faltaba escamas, aletas y respiración branquial para ser confundido con algún semihombre-semidiós de la Atlántida, o con algún monstruo de la mitología griega. Casi se le podía observar un reguero de agua por doquiera que deambulaba.

El acuático jienense fue portero de la residencia Nuestra Señora del Carmen desde su fundación. El acuático jienense vivía en una destartalada habitación con dos ventanucos a la Calle, de techo bajo, en el extremo izquierdo del patio delantero, con un catre de férreo esqueleto vestido con viejas mantas cuarteleras, una mesita de noche desvencijada, el desconchado orinal, la percha tambaleante, y poco más. Durante algún periodo de baja Francisco Mejías era sustituido por mi tío Francisco su homónimo, hermano de mi padre. Una vez pasamos este último y yo de su mano, un niño entonces, por la acera, y mi tío, al que se podía ver desde fuera en la estancia penumbrosa sentado en el catre, con su boina encasquetada, dispuso pulgares e índices de sus manos a modo de gafas colocándoselos ante los ojos, mirándome con insistencia para mi alarma y sobresalto. Al momento, tras reconocerlo y entre risas de alivio, le expliqué que había creído se trataba de algún loco asesino que iría por mí cualquier noche, sacándome de mi cálida cama a rastras por los pelos.


Aspecto actual del dormitorio del portero visto desde uno de los ventanucos

Según aclaraciones del sepulturero de nuestra Villa, tras fallecer Francisco Mejías fue enterrado en el cementerio de Castilleja, con su correspondiente lápida. Años después se inhumó en el mismo nicho a otro de sus familiares, y los restos del portero, para hacer sitio, se trasladaron a Porcuna. Todo ello debió haber quedado reflejado en una nueva lápida, pero ha pasado el tiempo sin que esto ocurra, y el nicho que albergó el cadáver de Francisco ofrece hoy en día un triste y desolado aspecto.


Otro de los enfermos ingresados en la residencia también frecuentaba, casi a diario, el bar de los Hermanos Reyes. Solía pedir de beber siempre con la misma fórmula: "Ponme cualquier brebaje", y se le servía té o menta poleo.

Era un sujeto de facciones corrientes, delgado y menudo pero con un aura de gran vitalidad y energía, como de entre treinta y cinco y cuarenta años de edad. Vestía ropa deportiva sencilla y elegante, y los días fríos gastaba una pequeña txapela del tipo navarro. Su monomanía era el dibujo improvisado, que ejecutaba de pie, apoyado en la barra del establecimiento, para lo cual extraía de sus bolsillos un cuadernillo de hojas de papel de arroz y un manojo de rotuladores baratos de colores, emprendiendo temas eróticos con un estilo grosero, torpe y carente de técnica. Cuando daba por finalizada su obra se la regalaba al parroquiano más próximo, terminaba de beber su infusión, la pagaba y se marchaba sin articular más palabras. El detalle más curioso es que sellaba sus dibujos con un tampón que mojaba en una pequeña cajita de almohadilla empapada en tinta azul, que a tal efecto llevaba también en un bolsillo. En el sello puede leerse: "Jaime Gª de Paso. Virgen de la Cinta,  34. Sevilla". Véase el ejemplar que adjunto y que me obsequió un día de aquellos.

Después de que la villa de Gines al occidente de la nuestra haya engullido al sol agonizante comienza a girar la inconmensurable y negra piedra del nocturno molino, desmenuzando en las remotas alturas miríadas de granos de luz diamantina. El hombre se cree eje fijo e inamovible de esta gran maquinaria, pero el sueño que en la quietud de su alcoba crece y crece tras sus párpados debería convencerle, cada mañana, de su craso error.

En la residencia sueñan, desvalidos en sus camas, médicos y enfermeras, porteros y empleados, enfermos y alojados. El vecindario solía, por prejuicios inmemoriales, rehuir el trato con sus habitantes, y los dos casos de cierta integración en la vida diaria que he descrito acontecieron durante unos años en que la sociedad castillejera, tras la muerte del dictador criminal que la había atenazado, experimentaba con el dulce sueño de las nuevas libertades.


En esta fotografía de la Calle Real de principios del siglo XX, tomada desde la torre de las Irlandesas, se ven a la izquierda tres corralones tapiados; en el del centro construyóse el chalet de Carmen Díaz, flanqueado por su ubicuo pino. El primer corral sigue sin edificar en nuestros días y pertenece a la familia de Andrés Gaviño. En el tercero, con entrada por la calle del Convento, se alza el antiguo pabellón de caza de Puigserver, que luego ocuparía la familia Benjumea y después Antonio Flores, edificio que se mantiene todavía en su estado original. Atardece. Las sombras son largas. Las de los castillejanos que transitan no son suyas, sino de sus abuelos. Y las de sus abuelos son sombras de otros abuelos, confundidas con las de los viejos monjes franciscanos que en los siglos XVII, XVIII y XIX habitaron el convento erigido sobre este suelo.

El doctor Pablo Gotor González soñó, una noche castillejense, que pintaba al óleo el sufrimiento. "El último de sus artículos, que no llegó a concluir, versaba, precisamente, sobre la relación entre la pintura y la psiquiatría; ¿la pintura como terapia? ¿geniales pintores locos?, no lo sabemos; el mencionado trabajo se ha perdido". María de las Mercedes Orta Gotor, obra citada abajo.

"Vayamos ya con esas preguntas que nos interesan. En primer lugar, ¿es distinto el significado psicológico de las pinturas antiguas del de las pinturas modernas? Desde un punto de vista antropológico se ha querido ver en la pintura a lo largo de los siglos un fin espiritual consistente en embellecer los rituales que rodean la vida y la muerte, los hitos que señalan el transcurso del hombre y su acontecer por la vida. La pintura lograría que esos ritos estuvieran embellecidos para que fueran mejor aceptados por la comunidad. Se trata de los ritos comunitarios que permiten al hombre enfrentarse y sobrellevar la angustia enorme que supone estar lanzado al mundo, arrojado ante la muerte y los peligros de la naturaleza, ante la incertidumbre o el más allá. Ante esa angustia del hombre, la pintura ayuda –como ayuda la religión– a embellecer el entorno en el que esos ritos que ayudan a la cohesión social se celebran.

Ahora bien, ¿hasta qué punto en nuestra sociedad agnóstica, desacralizada –o aparentemente desacralizada–, el arte sigue desempeñando esa función espiritual? Parece que la pintura sigue teniendo una significación de mensaje trascendente y espiritual para ayudar a los sujetos a funcionar en la vida. Hay diferencias claras, por supuesto. Los lugares elegidos para ello no son ya las catedrales, sino los museos, y las situaciones son diferentes (por ejemplo, una sala de fiestas donde exista un tipo de decoración inspirada en el arte contemporáneo). Sin embargo, los tatuajes que algunas personas se graban en su piel; los tejidos con que se visten las mujeres y los hombres; los diseños de los coches; los anuncios publicitarios y las modas están impregnados de la pintura y el arte contemporáneos, por lo que parece que el mensaje y el acompañamiento son semejantes.

En tiempos de nuestros antepasados (pensemos en Altamira, por ejemplo), el arte tenía también una vocación de intento mágico de atraer a la caza. En las épocas glaciares no abundaba la caza, y el hombre primitivo confinado en las grutas pensaba –lo mismo que el obsesivo piensa que va a ocurrir algo que va a matar a alguien– que, si dibujaba una res, ésta iba a convertirse en realidad y aparecer. Asimismo, otra función del arte era acompañar el desarrollo de la explicación del acontecer religioso. Al público analfabeto había que enseñarle la religión ilustrando la vida de los apóstoles o de Cristo y todos los misterios que rodeaban la religión". Pintura y Psiquiatría. Doctor José Guimón Ugartechea. Revista Observaciones Filosóficas. Universidad del País Vasco.

Pablo Gotor había fundado la residencia en el año 1959, fue su primer director. Era, quizá, un pintor frustrado, al menos en el sentido de no haber alcanzado renombre mundial con sus cuadros, ni tan siquiera en el de no haber vivido de ellos. Pero no sabemos si en su interior, en su esquema personal de valores, vivir de la pintura era una meta, ni si se sentía artista frustrado, o incluso frustrado psiquiatra. En cualquier caso trabajó más, y dedicó más tiempo y esfuerzo a esta última actividad, tan inmersa en el sufrimiento.
El cuadro con que soñó el médico era, por así decirlo, un gran interrogante de apertura, la abstracta iniciación de una pregunta al vacío, a la noche, a la muerte. El pincel no tocaba un plano material, y el color estaba fuera de cualquier onda cromática. No podía ni lo uno ni lo otro porque el tema carecía de base, causa, materialidad. El sufrimiento en el enfermo mental sigue siendo un misterio por resolver.


Pablo Gotor González

"Mi mujer Piluca Gotor [ María del Pilar Gotor Díaz, pintora de estilo naif que exponía todavía en 2003] me contó que también conocía a su padre Pablo Gotor en la época sevillana. [...] Al hablar de Capote y de la amistad con mi suegro Pablo Gotor no tengo mas remedio que referirme a él aunque sea brevemente, la persona que he conocido con más profundo sentido ético y sobre todo, con una alta dosis de responsabilidad ante la vida. Su primera vocación fue la pintura. Recibió clases en la escuela de Artes y Oficios siendo un alumno destacado. En los años 50 una vez que pase por la escuela de la calle Zaragoza en Sevilla vi un dibujo que aun seguía colgado después de casi 40 años  del Moisés de Miguel Ángel realizado por él, ejemplo de un trabajo bien hecho. De esa época conservaba amigos pintores como Alfonso Groso, Juan Miguel Sánchez, Francisco Hohenleiter entre otros. Cuando contaba con 14 años muere su padre (1), de personalidad irrepetible del que debió heredar mucho su hijo. Esta circunstancia familiar y económica le dio un nuevo rumbo a su vida. Buen estudiante muy adelantado entra en la facultad de Medicina, sus notas de esta época todas sobresalientes y matriculas de honor.
Carlos Jiménez Díaz con solo 24 años gana la cátedra de Clínica Médica de Sevilla, Gotor tenía 21 años, estaba en los últimos cursos y se hacen amigos, amistad que duro toda la vida. D. Carlos muere a los 69, Pablo 3 años después con la misma edad. Pablo Gotor era además un buen pintor, lo que practico  toda su vida
Sánchez Mejías además de torero fue escritor y amigo de los de la Generación del 27 (2), poeta y autor de teatro 'Sinrazón', obra psicodramática, una historia de locos sometidos a un experimento original: una terapéutica que buscaba la curación del paciente dándole la razón a sus disparatados razonamientos, es decir, haciendo verdad sus fantasías. Inspirada en el psicoanálisis de Sigmund Freud. Sánchez Mejías vivía cerca del manicomio de Miraflores en Sevilla, donde trabajaba un joven psiquiatra de veintitantos años, Pablo Gotor, al que Ignacio frecuentaba en sus guardias, y le asesoraba como psiquiatra a montar el drama. En el prologo de 'Sinrazón', sin citar su nombre, le agradece la ayuda que recibió de él para escribir esta obra, con la que triunfa en Madrid en 1928". jesusgonzalezfotografo.blogspot.com


Una muestra naif de Piluca, hija del doctor Pablo Gotor

(1) Pablo Gotor González era hijo de Pablo Gotor Castillo (1a), comerciante natural de Cariñena (Zaragoza) donde nació en 1872, y de la sevillana María González Alarcón, nacida en dicho año, su segunda mujer. Vivían en Sevilla. De su primer matrimonio Pablo tenía 3 hijas: Ana, Pilar y Dolores Gotor Ramírez. Con el título de Quiebras y Suspensiones de Pagos se refieren al comerciante Pablo Gotor en Crónica Meridional del 27 de agosto de 1909: 

"Sevilla. Pablo Gotor Castillo. Se dedicaba al comercio de paquetería y quincalla y se ha presentado en suspensión de pagos aduciendo un balance que acusa un capital activo de 215.473,82 pesetas, y un pasivo de 160.956,16 pesetas, resultando un superávit de 54.517,66; pero hasta ahora no conocemos los términos en que estará concebida la proposición de convenio que no dudamos habrá formulado para ser sometida a la deliberación de sus acreedores".

En octubre de 1912 fue elegido presidente de la Junta directiva de la nueva Sociedad de la colonia aragonesa en Sevilla.

(1a) En su tesina El doctor Pablo Gotor: sus aspectos humano, científico y artístico (Universidad de Sevilla. Facultad de Bellas Artes, 1984), María de las Mercedes Orta Gotor dice:

"Apenas comenzaba el presente siglo [XX], cuando Pablo Gotor Castillo volvió a casarse. Aragonés, afincado en Sevilla, y propietario de un céntrico almacén de mercería, había tenido la desgracia de quedar viudo, con tres niñas, de siete, cinco y tres años, respectivamente.
Su nueva esposa, una joven maestra llamada Mª de los Ángeles González Alarcón, fue muy bien acogida por las tres pequeñas, que, sin embargo, personajes galdosianos, se sintieron incapaces de tutearla y comenzaron a hablar de usted también a su propio padre, evitando así diferencias en el trato.
Vivía la familia en la calle Dormitorio, estrecha vía que desemboca en la Plaza de Argüelles, y, allí, el 26 de Mayo de 1901, nació su primer varón, al que pusieron el nombre de su padre. Cuatro años más tarde, tendrían un quinto y último hijo.
Ambos niños trataban a sus padres de usted, porque así oían hablar a sus hermanas, pero tuvieron una primera infancia bastante feliz, rodeados de cariño, y sin estrecheces económicas".

María de las Mercedes Orta Gotor es nieta del fundador de la residencia castillejana:


* No era María de las Mercedes Orta Gotor una persona progresista y actualizada en los valores que regían en las sociedades avanzadas. Refiriéndose a la gran variedad de casos que atendía su abuelo, dice que abarcaba "hasta el invertido que deseaba ser un hombre normal". Cuando Mercedes Orta publicó esta expresión en 1984 —en plena democracia hispana— ya hacía 11 años que los homosexuales estadounidenses habían conseguido desvincular sus orientaciones sexuales de la lista oficial de enfermedades mentales:

"Nearly 50 years ago, LGBTQ+ activists achieved what was called the 'greatest gay victory' of the time: successfully pushing members of the American Psychiatric Association (APA) to remove the diagnosis of homosexuality from the official classification of mental illnesses, the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. By citing homosexuality as a mental illness, the APA and its members stigmatized LGBTQ+ people, and non-normative sexualities and gender expressions. Declassification, as the years-long effort was known, culminated in 1973, when in May, LGBTQ+ voices were heard at the annual APA conference, and later the APA Board of Trustees voted to remove homosexuality from the DSM. The change signaled to the country that there was not an inherent link between mental illness and homosexuality". JSTOR Daily, 26 de mayo de 2021.

Curiosamente, puesta entonces la American Psychiatric Association en la tesitura, por parte de los activistas gays, de que definiera qué es exactamente la "enfermedad mental", no supo hacerlo, al no conseguir sus miembros ponerse de acuerdo sobre ello. En nuestros días tampoco existe una clara definición al respecto, y son frecuentes las trifulcas entre especialistas que, como mínimo, se califican unos a otros de "charlatanes".

(2) En efecto, cuando continuemos con el homenaje de la Generación del 27 a Góngora en Sevilla, protagonizado por Rafael Alberti y estudiado por Francisco Narbona (ver Los olvidados, 12d. Febrero de 2021), trataremos del torero Ignacio Sánchez Mejías —asimismo hijo de psiquiatra—, al cual Federico García Lorca le dedicó su "Llanto".


Durante más de 20 años se anunció en el ABC la residencia de Pablo Gotor. En la foto, del año 1961, también aparece su hijo Pablo Gotor Díaz, junto al que luego sería director, Ramón Escudero.

Se conocen dos autorretratos de Pablo Gotor González. El primero, obra juvenil del año 1916, cuando contaba 14 de edad, dos después de la muerte de su padre. El segundo, propiedad de su hijo Pablo Gotor Díaz, fue realizado en 1948 ó 1949, y es considerada su mejor, más trabajada y más madura obra, galardonada con el primer premio y medalla de oro de la Exposición de Médicos Pintores de Elche, en 1950.



Se casó Pablo Gotor González el 2 de agosto de 1931 en Sevilla, con Josefa Díaz, con la que tuvo 8 hijos. Ella era hija del novelista, doctor en Derecho y notario de Carmona Manuel Díaz Caro (1872-1962), director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras en 1951. Escribió Manuel Díaz Abandono (1907), Las apariencias (1911), El caballero del verde gabán (1944), y una serie de novelas cortas y cuentos, así como ensayos sobre literatura en la revista Bética.


Foto de Manuel Díaz Caro en Sevilla, en 1911. Fue un integrista del partido radical carlista de Manuel Fal Conde en la capital andaluza, vocal de él en 1930. En otra de sus novelas, La Capitana, defiende a Fernando VII.

Pablo Gotor González retrató a su esposa Josefa Díaz en innumerables ocasiones. He aquí un ejemplo pintado en los primeros años de la década de los 50, y en la actualidad propiedad de su hija mayor:


Asimismo se conocen dos retratos que hizo a dos de sus hijas:


María de los Ángeles Gotor Díaz. Óleo de 1949, que hoy posee la retratada, madre de María de las Mercedes Orta, la autora de la tesina sobre su abuelo el pintor-psiquiatra.


Mercedes Gotor Díaz. Óleo de los años 60, que hoy posee la retratada.

Todos ellos, incluso el suegro carlista, debieron pasar alguna temporada en Castilleja de la Cuesta a juzgar por los padrones de población, que muestran que la residencia de la Calle Real tenía carácter de domicilio de la familia, debiendo haber tenido destinado a tal efecto un ala del edificio.

Cuenta su nieta María de las Mercedes Orta Gotor (v.s.) que durante la República se mudaron a una casa en la calle Amor de Dios, en el n.º 17, donde tenían su vivienda arriba y la consulta en el bajo. Al estallar la Guerra Civil Josefa Díaz estaba de nuevo embarazada, y viéronse obligados a alojar a dos voluntarios fascistas portugueses en el "reparto" que Queipo de Llano ordenó. Precisamente el viaje de novios que habían hecho Pablo y Josefa tuvo como destino Portugal. 
Al doctor psiquiatra le requisaron el automóvil, que pudo recuperar al final de la guerra con las llaves puestas y el depósito de gasolina vacío. 

"Buscó a un par de soldados alemanes y los alojó en su casa, para poder practicar el idioma y dominarlo con la perfección que interesaba a sus estudios", asegura su nieta, ya que muchas revistas científicas de su especialidad se publicaban en alemán.

Durante los años 40 solían tomar en arriendo algún chalet en las playas gaditanas para pasar el verano, mas en agosto de 1947 no lo hicieron por no haber encontrado ninguno de su agrado. Se libraron de una catástrofe. El día 18 de dicho mes y año tuvo lugar la explosión del polvorín que costó tantas vidas. Recordemos que allí estuvieron aquel día la mujer e hijas del médico castillejense Juan Manuel Lara Gómez, y el cantante cubano Antonio Machín acabado de actuar en nuestra Villa.

Ya conocemos también a Pablo Gotor Díaz, hijo del anterior y continuador en su profesión.


En esta foto reciente vemos al psiquiatra Pablo Gotor Díaz en su despacho, con el autorretrato de su padre al fondo.

Abogado además de médico, padre de siete hijos —uno de ellos también psiquiatra (1)—, autor de La historia subjetiva del manicomio de Miraflores, o del Primer pregón psiquiátrico de la Semana Santa de Sevilla. Entre 1970 y 1976 fue director de Miraflores, con más de 2.000 pacientes y donde desde niño lo llevaba su padre (2) para que aprendiera la dura realidad de la vida. En estos seis años del directorio de Gotor Díaz el manicomio tenía cierto carácter de institución carcelaria destinada a quitar de las calles a los locos. Eran tiempos en que se podía ingresar a una persona con sólo un certificado del médico de medicina general, casi siempre instado por el alcalde de la localidad o por alguna de su fuerzas vivas, lo que daba ocasión a infinidad de abusos contra los derechos humanos. 
Muchas enfermedades esquizofrénicas, por otra parte, comenzaban a raíz del servicio militar obligatorio, con su alejamiento de la familia en plena juventud, y con la presión de la disciplina cuartelera, de normas incomprensibles para los recién llegados.

(1) Francisco Gotor Sánchez-Luengo, en la fotografía:


(2) También director del manicomio sevillano, desde 1962 en que sucedió a Juan Delgado Roig, al morir éste el 21 de mayo. El psiquiatra Juan Delgado era hermano del arquitecto Antonio Delgado, quien junto a Balbontín diseñaron la barriada de la Inmaculada Concepción de Castilleja, como ya vimos.

El doctor Juan Delgado Roig dijo de Pablo Gotor, según María de las Mercedes Orta:

"El Dr. Gotor, estamos seguros que muchas veces no 'ha querido ser quien es', ya que su modestia le ha inducido, ocultando su verdadera jerarquía científica, a renunciar a los halagos naturales y lícitos de su propio valer. Al fin y al cabo, el sentimiento de infravaloración brota en los dotados de altas cualidades y la prueba de ello está plasmado en los títulos y nombramientos conseguidos. Su labor en el desempeño de estos cargos se ha destacado de un modo indudable y eficiente, demostrándose con ello la justificación de sus méritos".

"Gotor Díaz tiene una memoria extensa del lugar [de Miraflores], al que ya acudía de niño. Su padre, el también doctor Gotor González, fue psiquiatra en el centro desde los años 30 y director después. 'Me llevaba varias veces al año para que supiera de la dureza y los problemas de la vida', explica a sus casi 80 años, y añade: 'Nunca fue un almacén de locos, a pesar de la penuria económica'. En los años 40 ésta existía también en la calle. Los celadores trabajaban por un jornal de hambre, dice. La formación y los recursos fueron llegado después". Diario de Sevilla, 23 de agosto de 2014.

A la muerte de Pablo Gotor González, un grupo de médicos eminentes organizó un homenaje en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de Sevilla. Entre estos médicos se encontraba el psiquiatra Conrado Engelhardt Avilés (2a). Ver Noticias Médicas, 25 de noviembre de 1970.

(2a) Nieto de Otto Engelhardt:

"Igual que Otto Engelhardt había hecho permitiendo acampar a los exploradores en su finca de San Juan de Aznalfarache hizo Ildefonso Marañón Lavín en la suya de Castilleja, la cual abarcaba todo el antiguo pago de Las Escaleras además de partes de los términos municipales de Gines y Bormujos. El caserío de la finca de Marañón era lo que hoy es San Ignacio. Marañón, además de terrateniente, fue uno de los fundadores de la Compañía Sevillana de Electricidad, que había traído el tendido y la luz a Castilleja poco tiempo antes de la llegada de los boy-scouts en 1913. Además fue accionista de la empresa sevillana "Tranvías S. A.", dos compañías en las que Otto jugó capital importancia, como luego veremos". Los olvidados, 12c. Enero de 2021.

Llegado a Sevilla en 1894, luego cónsul honorario de Alemania, Otto dimitió en 1916 de la Compañía Sevillana de Electricidad por las presiones ejercidas por parte de los Aliados*. Había electrificado los tranvías de tracción animal, antecedentes de MetroCentro. Entonces, al comenzar la Gran Guerra, adquirió Villa Chaboya** en San Juan de Aznalfarache, donde se instaló con su familia hasta que en agosto de 1936 fuera fusilado. 
Otto Engelhardt fue el fundador, propietario y director de la fábrica de productos farmacéuticos "Sanavida", a la cual acudían alemanes de la Gestapo, según testimonio de antiguos empleados, que discutían con el director, acosándolo a todas horas.
Con gran clarividencia había sido uno de los primeros en darse cuenta del peligro que suponía el ascenso de los nazis, y cuando en 1933 Hitler alcanzó el poder, Otto se convirtió en uno de sus enemigos personales, escribiendo feroces artículos en su contra y colaborando con una red de acogida de refugiados germanos que huían del nacionalsocialismo. El cónsul Gustav Draeger fue la cabeza dirigente del equipo alemán de espionaje dedicado a seguir los pasos en Sevilla a Otto, el cual, ya con 70 años de edad y aquejado de flebitis, ingresó el 19 de agosto de 1936 en el hospital de Las Cinco Llagas en condiciones de arresto y sin que sus familiares pudieran visitarlo. 

"El que fue después cónsul alemán, Gustav Draeger, era amigo íntimo de Queipo de Llano. Y creemos que este hombre instó a eliminarlo. Draeger, de hecho, murió en Camas ya de viejo", dice Ruth Engelhardt, biznieta de Otto Engelhardt, refiriéndose a "la eliminación" de su bisabuelo, que fue vecino de San Juan de Aznalfarache. Los olvidados, 12b. Enero de 2021.

El 12 de septiembre de 1936 trasladaron a Otto, todavía enfermo, desde el hospital a la Delegación de Orden Público, el 14 fue fusilado en las tapias del cementerio de San Fernando, y sus restos arrojados a una fosa común, que hoy está en proceso de excavación.


La Libertad, 36 de abril de 1933

* En efecto, en medios periodísticos hispalenses se denunció que la dos empresas, Sevillana de Electricidad y Tranvías de Sevilla, eran fuentes inagotables de germanofilia. En cualquier caso, Otto se mostró posteriormente pacifista, llegando a renunciar al consulado honorífico.

** Donde luego Conrado Engelhardt, nieto de Otto, estableció su residencia psiquiátrica:

"Otto se había casado en Sevilla en segundas nupcias con Mercedes Granados (su primera mujer, Ana Holtz, no tuvo un final feliz), que tuvo tuvo que convivir con registros de la Gestapo y hasta con los soldados alemanes de la Legión Condor que se alojaron en su casa, según relata el historiador Carlos Font. Conrado Engeldhart, el padre de Ruth y nieto del ingeniero que desafió a Hitler, era un niño de muy corta edad cuando se sucedieron estos acontecimientos que lo marcaron. "Mi padre vivió registros, oía los fusilamientos a veces desde su casa y tuvo que hacer la comunión a las siete de la mañana por ser nieto de rojo", comenta Ruth". Diario de Sevilla, 16 de noviembre de 2019.

El día 22 de diciembre de 1937 Conrado Engelhardt y su abuela Mercedes Granados donaron dos gansos para el "Ejército Salvador de Franco". Gansos procedentes, con toda seguridad, de los gallineros de Villa Chaboya. De esta manera, la reciente viuda enseñaba a su nieto el futuro psiquiatra que era mejor estar al lado de quienes ostentaban el poder.

Desde el día 6 de abril de 1972 tuvo lugar en el sevillano hospital Victoria Eugenia un seminario sobre Psicopatología específica dentro del marco ecológico andaluz, que abrió Conrado Engelhardt con la conferencia Aportaciones andaluzas a la Psiquiatría. El día 7 Pablo Gotor Díaz pronunció la titulada Patoplastia regional de las enfermedades psiquiátricas.

Durante la II Semana de Salud Mental (Sevilla, enero de 1971), Conrado pronunció el día 28 en el Real Conservatorio de Música la conferencia titulada Sesión de sociodrama, y el día anterior en la Ciudad Sanitaria Virgen del Rocío la titulada Pobreza, miseria y salud mental.

En la clausura de esta II Semana de Salud Mental intervino Pablo Gotor Díaz, a la sazón director del manicomio de Miraflores, con la conferencia titulada Rehabilitación del alcohólico, emitida en el antesalón del trono de Capitanía General. 
Pablo Gotor y Conrado Engelhardt también habían colaborado como conferenciantes en la I Semana, celebrada el año anterior.


Publicidad de la clínica del docto Conrado Engelhardt durante los años 60

Los primeros años 70 del siglo XX, incendiados por la conflagración social que significó el Mayo francés, supusieron en España una efervescencia social que el régimen franquista, atacado desde dentro y sobre todo desde fuera a través de unas fronteras imposibles ya de impermeabilizar, no podía contrarrestar por medios policíacos y represores. La conflictividad laboral sindicalista, la presión del sector progresista de la iglesia católica, el movimiento demócrata dentro del ejército, los tecnócratas cada vez más conscientes de su poderío, la incipiente organización vecinal, los estudiantes universitarios y de secundaria, socavaban día tras día al viejo estado que representaban personajes achacosos e inmovilistas, quienes, viendo el peligro de perder sus privilegios, coleaban a diestro y siniestro como dragones decrépitos y añosos en estado agónico.

En Sevilla, como en las demás capitales del país, el sector sanitario y en concreto la psiquiatría, objeto de tantas influencias europeas y norteamericanas dadas por el internacionalismo universitario que exigía la formación de sus miembros, pugnaba por situarse a la cabeza del progresismo. Pero en la capital de Andalucía iba a seguir atenuando esta nueva fuerza social la idiosincrasia festera, superficial, tradicionalista, inercial y enemiga de cambios del sector mayoritario de su población. Un Pablo Gotor Díaz o un Conrado Engelhardt Avilés así lo van demostrando, camuflándose en la fanfarria "revolucionaria" de sus declaraciones. Parece como si el poder fáctico les permitiera, a modo de experimento y con el sello de un paternalismo siempre vigilante y controlador, que jugasen a ejercer de elementos renovadores de una sociedad que, como queda dicho, se encontraba muy a gusto en su reducto cofradiero, futbolístico, taurino e incipientemente consumista. En cualquier caso era un juego al cual los propios médicos se prestaban, en un tira y afloja que reportaba beneficios a todas las partes.

Ahora veremos como la psiquiatría hispalense siguió siendo el lobo terrorista al servicio del totalitarismo estatal, bajo la piel de cordero humanista del socialismo fraternal e igualitario. Su heredero, Felipe González, hizo un gazpacho para su consumo personal, formado con la psiquiatría nazi, la psicología pastoral católica, y los intereses de las grandes farmacéuticas.

(Continúa en la entrada siguiente)

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Los olvidados, 12q.

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