lunes, 9 de noviembre de 2015

Padrón 1l



En el año de su negra suerte, 1827, al futuro Oficial Jefe isabelino le cayó del cielo un sobrinito, hijo de mi tatarabuelo José. Llamóse Manuel María José de la Santísima Trinidad. Nació el 13 de enero y su madre era hermana de la que pronto sería mujer del escribano Esteban. Los abuelos maternos, Manuel Pacheco y Antonia Navarro, naturales y vecinos de esta Villa.


                                         Bautismos, Iglesia de Santiago

Así, podemos dar otra pincelada y completar el cuadro el día del Sorteo en la Hacienda de Loreto: la cuñada del futuro infante del Regimiento de Saboya mezclada entre el gentío, con el rorro en brazos pidiendo teta, lloriqueando quizá, mientras los dos niños sacaban de las ollas las papeletas y las autoridades del Ayuntamiento siseaban sonoramente requiriendo silencio y corrección a las masas. El nene tuvo como padrinos a Manuel y Antonia Chávez López, hermanos solteros (sin duda este López tiene que ver con el que ostentaban padre y tío, y si no, al tiempo).

Aquí hay un registro con interesante información: a Ynestrosa, en pleno agobio con las diligencias que ya conocemos, le nace otra niña, en 4 de agosto. La llamaron Ana María Rafaela mas otros cuatro o cinco nombres. Se especifica que don Manuel es natural de la Ciudad y Puerto de Santa María, lo cual no se contradice con su ya anotado origen cordobés, puesto que de la Ciudad Califal era el abuelo paterno, don Domingo Ynestrosa, esposo de doña Lucía Doblas, natural de La Rambla. Mas por parte de la madre también aparecen datos dignos de interés: los abuelos maternos son don Fernando Cansino, natural de Sevilla (creo recordar que de la collación de San Román) y doña Juana Domínguez, natural de Alcalá del Río. La guinda a todos estos ilustres apellidos castillejenses la pone el padrino: don Esteban Velasco, natural de Toreno en el Reino de León.


                             El Puerto, cuna de Ynestrosa, en el siglo XIX

En los folios del libro parroquial de natos del otoño de este 1827, llevando ya un mes de instrucción los reclutas, reaparece el gran jefe de todo aquel montaje en la Hacienda de la marquesa Nicolasa: nos referimos al Alcalde de primer voto don Pedro de Silva, analfabeto radical como sabemos, cuya esposa amerita más investigación por llamarse Oliver, de nombre Dionisia. Don Pedro y doña Dionisia fueron abuelos en esta ocasión de María de la O Josefa Eduarda Lucrecia de la Santísima Trinidad, nacida el 18 de octubre. Pero hay más complicación con el dichoso apellido Oliver, porque los abuelos maternos fueron Juan de Oliver Santos y María Flora López. Fijémonos en este matrimonio último porque sus hijos también se llamaban Oliver López, y de hecho recordaremos como uno de ellos, Francisco también, resultó libre de vestir el basto paño del uniforme militar.


                                         Desposorios, Iglesia de Santiago

Terminó el año y terminamos nosotros con el tema, para proseguir en otra ocasión con el 1828. Decir nada más que el celebérrimo apellido Rosales, una de cuyas titulares, Inés, daría luego impulso industrial al pueblo con sus tortas de aceite, ya se lee en documentos de la Castilleja de estos años, en la que las panaderías más importantes las explotaban los Cansino (ver supra). Y también que, a juzgar por lo abultado de los libros de bautismos y casamientos, aquí a retaguardia cualquiera diría que todos y todas se empeñaban en cubrir las bajas que los plomazos producían en el norte peninsular, para equilibrar la demografía*. Y quedan todavía por examinar los tomos de la parroquia de la Calle Real, por si fuera poco.



* "La guerra mata y resucita; destruye y crea. La sangre que no se derrama en los combates circula con más vigor, y nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen." Benito Pérez Galdós. Episodios Nacionales (La campaña del Maestrazgo, capítulo 1º.)

¿La sangre humana, fuente de vida? En la mitología náhuatl, Huitzilopochtli, el Sol mismo, el dador de la luz y de todas las cosas necesarias para la vida, necesitaba alimentarse para poder luchar diariamente contra sus enemigos: los tigres de la noche, representados por la Luna y las estrellas. Para desgracia de los vecinos del pueblo azteca, el Sol sólo se alimentaba con el más preciado de los líquidos: el chalchíuhatl, la sangre humana. Para tenerlo siempre con vida y darle fuerzas para triunfar frente a los poderes tenebrosos de la noche era indispensable sacrificar a los hombres. Los aztecas pensaban que eran el pueblo elegido por los dioses para tan alta misión, y de esta idea fundamental deriva el sentido mismo de la vida para ellos. De su actividad guerrera, que proporciona las víctimas del sacrificio, depende que el universo siga existiendo.
http://mx.selecciones.com/contenido/a2746_la-sangre-humana-fuente-de-vida


Acudamos al lugar y hora en donde el deber patriótico nos llama, y ya situados entre chaparrones despiadados y rociadas de granizo desde arriba, y cañonazos, fusilería y balas plúmbeas desde todas partes, lo primero que haremos es recomendar alguna bibliografía digna a nuestros escasos pero entregados lectores. La primera muestra es de título un poco extenso: Galería militar contemporánea : colección de biografías y retratos de los generales que mas celebridad han conseguido en los ejércitos liberal y carlista, durante la última guerra civil : con una descripción particular y detallada de las campañas del Norte y Cataluña, obra original, redactada con presencia de diarios originales de operaciones y otros documentos inéditos, proporcionados por los diferentes caudillos que han de figurar en la historia. Madrid : [s.n.], 1846 (Sociedad tipográfica de Hortelano y Compañía). Disponible íntegramente y gratis en varios sitios de la Red, es obra sesuda y respetable en todos los órdenes.
 

Sita al otro extremo, dictada con el corazón en la cabeza y no al revés, vaya la referencia a un curioso librito, igualmente disponible en Internet, que lleva por título el que aparece en la imagen.




De solo los motes, alias y sobrenombres de los personajes con los que tuvo que pelear mi tío-tatarabuelo ya se pueden sacar conclusiones psicosociológicas abrumadoras y apabullantes: aquí se retrata a "El Serrador", a "El Royo (el Rojo)", a "El Llangostera", a "El Bosque", a "El Organista", a "El Pebreroig (pimentón o pimiento colorado)", a "El Jaque de la Piga", a "Peret del Riu", a "La Cova (un hombre)", a "El Royo de Nogueruelas", a "El Fraile de Esperanza", a "El Palillos", a "Viscarro (también "Pa sech", o Pan Seco)", a "Pepe Lama (del Ama)", a "Papaceite", a "Chambonet", a "Arriembanda", a "El Jalvegado", a "El Cedazero", a "La Bella (hombre; también "Perico la Bella", o "Petronila")", a "El Peinado", a "Calzones", a "La Diosa (hombre)"... etc. Las partidas empezaron a formarse muy poco después de la muerte del monarca, en las regiones de Aragón y Valencia. La mayoría de estos aventureros buscaban remediar la miseria que sus tristes futuros de labriegos o trajinantes les deparaba. Había también entre ellos muchos voluntarios absolutistas fieles a Fernando VII, mandados por militares con "licencia ilimitada", o sea, apartados del oficio de las armas por sus ideas carlistas.
De este material de deshecho se nutren, han nutrido y nutrirán todos los ejércitos que en el mundo la lían. Dicen autores muy bien considerados que Zumalacárregui consiguió, como posteriormente en otro contexto y con otros métodos Lawrence de Arabia y anteriormente el profeta Mahoma —por poner unos ejemplos—, reunir y disciplinar a una morralla desvergonzada, convirtiendo a las pandillas de ladrones, violadores y asesinos en ejército organizado y potente. En 1834 Zumalacárregui había logrado que el carlismo se mostrase arrollador en sus enfrentamientos con las fuerzas mandadas desde Madrid.



Hemos nombrado al guerrillero "Arriembanda". Se convirtió en padrastro de Cabrera al casarse con su madre. Ésta fué fusilada por los cristinos.




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Los olvidados, 12q.

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