miércoles, 18 de noviembre de 2015
Padrón 1n
Desde julio de 1834 se puede situar a Francisco Oliver López —ya como sargento 2º, recordemos— con toda exactitud en el espacio y el tiempo de sus aventuras militares, gracias a su Expediente. El 25 de dicho mes participó en la acción de Olazagoitia; el 31 de dicho mes en la de Puerto Baquedano; en Abarcino* el 28 de septiembre; en Zúñiga y Orbizo el 25 de noviembre; y en la acción de Carrascal el día 12 de diciembre, con la que terminó el año. Vayamos por partes.
Abárzuza
* Debe ser una deleznable castellanización por Abárzuza, al sureste de Baquedano (Navarra), donde ese día del 28 de septiembre hubo una importante acción militar. Pero ya hablaremos de estas últimas; empezemos con la primera, Olazagoitia:
Cascada en el término de Olazagoitia. En primavera, con el deshielo, los arroyos experimentaban crecidas importantes, pero en pleno verano ocurría al contrario. Este de la imagen, en concreto, se secaba totalmente con los rigores de la canícula. El andaluz no debe menospreciar al verano del norte peninsular. El calor y la sed diezmaron a un batallón de cierto general isabelino en aquellos años, el cual por ignorancia lo obligó a marchar varias jornadas bajo el sol.
La de Olazagoitia se halla minuciosamente documentada por carlinos, cristinos y neutrales (o neutrinos, por hacer un chiste fácil).
Opto por dejar hablar a varios informantes y opinadores; algunos están plenamente identificados, otros son anónimos o he olvidado sus referencias. En conjunto nos ofrecen una visión real y exacta, por contrastada, de lo ocurrido en aquel verano del 34.
Toma la palabra el autor de "Galería Militar Contemporánea" de la cual copiamos las páginas 16 y 17 (con una ilustración sin numeración de página entre ellas):
https://books.google.es/books/ucm?vid=UCM5316047921&printsec=frontcover&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false
(pág. 16) Dictadas todas estas medidas salió Rodil de Echarri-Aranaz el 25 de julio.
No hubo novedad en las primeras horas de la marcha; mas como el descanso general que Rodil dió a sus tropas en un lugar a propósito entre Olazagoitia y Zioraia, coincidiese con la llegada de Zumalacárregui al puerto de Bacaicoa, según había previsto y hemos dicho, y desde esta posición le fuese dable al caudillo carlista descender a cubierto hasta el camino real, parecióle segura la ocasión de atacar por el flanco a una columna isabelina que en aquel instante pasaba por la carretera.
Avanzó al efecto Zumalacárregui con el tercer batallón navarro; pero (pág. 17) por más rápida que fué esta operación, la retaguardia de la columna atacada estaba ya cerca de la venta de Alsasua cuando los primeros tiros carlistas anunciaron a las tropas de Isabel la sorpresa intentada por el enemigo.
Empezó desde luego un vivo fuego de guerrillas, mas como los de Zumalacárregui estaban apoyados por un solo batallón y a las tropas isabelinas les fuese fácil por lo despejado del terreno que ocupaban revolverse y hacer frente al brusco ataque que había recibido la segunda división, los carlistas hubieron de replegarse a sus reservas y ceder después al ímpetu de las columnas cristinas que apoderados de los puertos de Olazagoitia y Ziordia, amenazaban envolver las tropas de Zumalacárregui.
En tal estado el general carlista penetró en un espeso bosque, y allí, habiendo mandado a las columnas que armasen bayoneta, se decidió a recibir con ellas las tropas de la reina. Este choque, empero, que hubiese sido de éxito dudoso, terrible y sangriento, no llegó a verificarse porque sobreviniendo la noche las tropas de Isabel se replegaron a Ziordia, y los carlistas a Lezaun.
Este encuentro, sin resultados de valer, costó a los carlistas el comandante del tercer batallón D. Félix Ichaso.
Mucho más extenso y pormenorizado es Rodil en la Gazeta de Madrid, viernes 1 de agosto de 1834, periódico que reproduce su Parte de Guerra dirigido al gobierno de Madrid. Estaba este general recién llegado a la zona de lucha, tras haber intervenido en Portugal, donde Fernando VII había desterrado a su hermano Carlos Isidro porque no aceptaba que Isabelita su sobrina, hija de su hermano el rey, a la sazón una niña, heredara la corona. Oigámosle, aunque es extenso:
Parte recibido en la secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra.
Excmo. Sr.: Lisonjeado hasta cierto punto con el plan de operaciones que había emprendido, y que tuvo algunas alteraciones locales sobre mi marcha desde Puente la Reina, según V.E. habrá observado por mis partes diarios, determiné, asegurados los valles de Araquil y la Borunda con la división de vanguardia a las órdenes del brigadier D. Francisco de Paula Figueras, salir de Echarriaranaz ayer con las divisiones 1ª y 2ª de infantería, mandadas por los mariscales de campo D. Joaquin Gómez y Ansa y D. Manuel Lorenzo, a mas de dos escuadrones de caballería, cazadores de la Guardia Real, con el jefe de la brigada de caballería a que pertenecen coronel D. Bartolomé Amor, dirigiéndome por el camino real hacia esta villa de Salvatierra para reunirme con las columnas de Vizcaya y Álava al cargo del mariscal de campo Don Baldomero Espartero y coronel D. Félix Carrera, que había mandado venir con la del brigadier Jáuregui, previsiva y muy oportunamente, sobre estos puntos o inmediaciones, conforme se lo permitiesen las fuerzas facciosas, verificándolo así y esperándome los dos primeros con toda la eficacia de su conocido celo por el servicio de la Reina, siendo mi intención doblar las Amescuas en seguida por los puertos de Vicuña, Opacua y Muniain, a fin de obligar a los enemigos con una batida general a salir de aquellas guaridas, y que su grueso, reunido o disperso, marcase la verdadera dirección y proyectos sucesivos para seguirlos de todos modos sin descansar; pues que el mariscal de campo D. Juan González Anleo con las divisiones 3ª y la de caballería, a cuya cabeza se hallan los de igual clase D. Luis Fernández de Córdoba y el barón de Carondelet, con las baterías de artillería competentes, custodiaba la ribera desde Cirauqui, Sesma y Lárraga.
Al haber andado dos leguas la columna de dichas divisiones 1ª y 2ª, me adelanté con el brigadier jefe de la plana mayor de este ejército marqués de Villarcampo, para hacer un alto de descanso entre los pueblos de Olazagoitia y Ciordia, por ser el espacio más anchuroso del valle desde Echarriaranaz; y efectivamente, hallándose en esta actitud las tropas que habían formado pabellones paralelamente a la carretera, sentimos algunos fusilazos sueltos cerca de la entrada del dicho Ciordia, y al momento fueron contestados por las guerrillas de la 2ª división que salieron inmediatamente, yendo el 2º batallón del 4º regimiento de la Guardia Real de infantería y 1º de Extremadura en protección de aquéllas, saliendo al encuentro de los enemigos que asomaban en número de tres batallones fuera del bosque contiguo al puerto de Urdiain, con dos más ocultos dentro de aquél, y comenzaban otros a bajar por el de dicho Olazagoitia hasta nueve, en total 50 hombres dirigidos por Zumalacárregui, Uranga, Eraso, Villareal, Areytio, Eras, Cuevillas y otros, en cuya dirección última fue destinado el primer batallón del 6º ligero en el momento mismo que yo estaba llegando allí después de haber dado todas las disposiciones necesarias a la buena colocación y formación de las demás brigadas, que a los primeros tiros tomaron sus armas y vitorearon a la REINA nuestra Señora con el mayor entusiasmo: en este estado, se empeñó un reñido combate; y aunque mis ideas eran llamar al enemigo a terreno despejado, no pude conseguirlo porla súbita bravura de los dignos jefes, oficiales y tropa que ardían por combatir, abriendo sin detenerse la acción, y a pesar de las inaccesibles posiciones que había que vencer, me decidí a no despreciar el ardor de estos valientes, y dar una lección a semejantes malvados, ordenando que el primer batallón de infantería de Soria con dos piezas de artillería sostuviese al 1º de dicho 6º ligero, y 1ª compañía de cazadores de la Reina de infantería, conservando en reserva a mi inmediación al 1º de Córdoba con el de igual número del referido 4º de la Guardia Real y otras dos piezas de artillería, yendo a mi izquierda en apoyo del mencionado general Lorenzo el 2º de la Reina de infantería de línea con el de la misma arma 2º de Córdoba; y por mi derecha dispuse doblase o flanquease la izquierda del enemigo el bizarro brigadier D. Manuel O-Doyle con el primer batallón del regimiento de África y una compañía de fusileros del mencionado 1º de la Reina; cuyo movimiento siguió también lleno de honor y de los mejores deseos el precipitado general D. Joaquin Gómez y Ansa, quedando asimismo en reserva y al cuidado del parque y provisiones las seis compañías restantes del indicaddo primer batallón de la Reina de infantería, ocupando el coronel D. Bartolomé Amor con los dos escuadrones de cazadores a caballo, una posición central inmediata a mi cuartel general sobre la desembocadura del puerto de Olazagoitia, con el objeto de aprovechar todo momento favorable.
Eran las doce y media cuando se comenzó la acción, y a las tres y media ondeaban las banderas del 1º ligero, 1º de África y 1º de Soria en lo más encrespado de los puertos de Olazagoitia y Ciordia, subiendo al trote el coronel Amor para perseguir a los enemigos con la primera infantería que tuvo la suerte de llevar la vanguardia para atacarlos, al cuidado del brigadier D. José María Herrera, jefe de la 1ª brigada de la 2ª división; pero la precipitación y fuga que tomaron los facciosos ha sido tal, que adquirieron muchísima ventaja, perseguidos por espacio de dos leguas, en que les tomaron varios prisioneros, siendo su pérdida entre muertos y heridos, de consideración, consistiendo la nuestra en 2 de los primeros y 29 de los últimos.
Merecen recomendación particular los heridos para las gracias a que los considere acreedores la munificencia soberana de la augusta REINA Gobernadora. También son dignos de igual recomendación los que más se han distinguido, sin que dejen de ser acreedores al Real aprecio de S.M. y benevolencia pública todos los individuos de las diferentes clases que me acompañaron en la jornada de que dejo hecha referencia, y que ansiaban a porfía por venir a las manos con los enemigos, muy cierto de que pocas veces se ofrecerá un cuadro más lisonjero a mi vista: soldados, sirvientes, paisanos, mozos, arrieros de las brigadas, cirujanos, médicos, capellanes, oficiales, jefes y generales concurrentes, ninguno faltó a su deber, antes bien lo adelantaron hasta el grado más extraordinario que podía apetecer; presentándose ocasión de brillar más el mariscal de campo D. Manuel Lorenzo,, comandante general de la 2ª división, y los jefes de brigada de ésta el brigadier D. José María Herrera, coronel D. Francisco Ocaña, jefe de la plana mayor marqués de Villarcampo, brigadier D. Manuel O-Doyle, jefe de la 1ª brigada de la 1ª división, mariscal de campo D. Joaquin Gómez y Ansa, y coronel Don Bartolomé Amor, jefe de la 3ª brigada de caballería de este ejército, sin olvidarme del brigadier barón de Mer, jefe de la 2ª brigada de la 1ª división que en reserva de la izquierda de la línea obedeció las órdenes del general Lorenzo.
Debo elogiar la firmeza, decisión y arrojo del 2º batallón del 4º regimiento de la Guardia Real de infantería, que correspondió al uniforme que viste, distinguiéndose particularmente su compañía de cazadores, sin embargo de haber perdido a su capitán en lo más fuerte de la acción. También merecen mi particular gratitud el bizarrísimo primer batallón del 6º ligero de infantería, con la 1ª compañía de cazadores del regimiennto infantería de la Reina, 2º de línea, que a mi vanguardia hicieron prodigios de valor, tomando el puerto de Olazagoitia equivalente a una brecha muy impracticable.
La batería de montaña de la 2ª división al mando del teniente del Real cuerpo de artillería D. José Lasala, hizo disparon muy oportunos que contribuyeron a la fuga y desorden de las columnas enemigas de nuestra izquierda, conduciéndose con su acostumbrado valor el coronel graduado comandante accidental de las baterías de campaña D. Cayetano Ulloa, que ocupó la posición que le designé a mi frente.
Mis ayudantes de campo, los de la plana mayor del ejército y divisionarios, como los de los generales de división y brigada, se hallaron durante las tres horas de combate en el más activo movimiento, comunicando órdenes y haciendo conducir municiones a lo más áspero de las encrespadas posiciones que ocupaban los enemigos, despreciando sus fuegos.
Siento, Excmo. Sr., haber sido tan difuso, pero no reseño aun brevemente el mérito que ha tenido la acción de Olazagoitia, que aunque no de resultados instantáneos y decisivos, espero sean de mucha trascendencia en mis operaciones sucesivas, por diferentes conceptos que están muy al alcance de la perspicacia de V.E., a quien suplico se digne dar cuenta a S.M. la augusta REINA Gobernadora para la debida satisfacción soberana, como prueba inequívoca de la lealtad acrisolada de este benemérito ejércitoo, cuya dirección se ha dignado fiar a mi cuidado.
Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel general de Salvatierra 26 de julio de 1834. José Ramón Rodil.
Y para poner el punto final a la entrada, unos recortes de prensa y bibliografía de la época:
En 1834 como señala Balbino García de Albizu, "los principales actores de la primera guerra carlista, visitan, descansan, establecen sus cuarteles generales, sus hospitales, sus fábricas de munición, pelean y matan en el valle. El pretendiente, Zumalacárregui, los generales isabelinos (Espartero, Lorenzo, Valdés, Rodil, Oraá, Anleo, Figueras, etc.) van y vienen por aquí. Se llevan alimentos, provocan hambre, miseria, enfermedad (el cólera) y muerte".
También en 1834 una epidemia de cólera, traída por los contendientes, mata a unos 150 amescoanos, la décima parte de los habitantes del valle.
En ese año, 1834, se prohíben los enterramientos en las iglesias (enterramientos que se venían realizando desde el siglo XV, pues anteriormente se enterraba en los alrededores de las mismas) y se habilitan cementerios más o menos alejados de las poblaciones. Noticia de la Amézcoa.
" ...destitución de Quesada*.
Coincidiendo con su relevo por el general Rodil, hizo Carlos (V) su entrada en Navarra por Zugarramurdi el 9 de julio y confirmó a Zumalacárregui en el cargo de comandante general. La primera confrontación del caudillo carlista con Rodil tuvo lugar el 26 de julio de 1834 entre Ormáiztegui y Ciordia, acción episódica que condujo a la más importante del 31 en la sierra de Andía, cuando Rodil intentó entrar en las Améscoas. El resultado de esta batalla de Artaza, fue desastroso para Rodil, que, en adelante, con el pretexto de perseguir al pretendiente, abandonó el enfrentamiento directo con Zumalacárregui."
* Ya conocemos al general Quesada, desde su empleo en Sevilla. En su variante Quixada, recordemos a doña Anastasia, esposa de Diego Ortiz de Juanguren.
Y para encuadrar al sargento 2º Oliver López en la maquinaria de guerra, observemos esta distribución de mandos y tropa en la infantería del ejército de la Regente en el oeste navarro, en su abrupta y boscosa frontera con el País Vasco. Esta era la estructura de dicha Infantería Ligera, donde Oliver actuaba:
Infantería Ligera (con seis Regimientos, entre ellos el de Oliver, el de "Voluntarios de Navarra nº 6"): Cazadores del Rey nº 1, Voluntarios de Gerona nº 3, Voluntarios de Bailén nº 5, Voluntarios de Aragón nº 2, Voluntarios de Valencia nº 4 y Voluntarios de Navarra nº 6.
Cada uno de estos Regimientos tenía como cabeza una Plana Mayor, con 1 coronel, 1 teniente coronel mayor, 1 tambor mayor, 1 músico mayor, 11 músicos, 1 maestro sastre y 1 maestro zapatero.
Cada cada uno de los antedichos regimientos tenía dos batallones, que estaban formados por ocho compañías, de las que seis eran de fusileros, una de granaderos y otra de cazadores, además de una de depósito, encargada de recibir a los nuevos reclutas y darles la instrucción preparatoria. (Pasado un tiempo, el Rtº de Voluntarios de Navarra destinó a sus dos batallones a escenarios distintos).
Cada una de las ocho compañías estaban encabezadas por un Cuadro de Compañía, con 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 1 sargento primero, 3 sargentos segundos (uno de los cuales era Francisco), 1 cabo primero furriel, 4 cabos primeros, 3 cabos segundos y 1 tambor.
El número de soldados de una compañía no podía ser inferior a 52 en tiempos de paz y, por cada 30 soldados que recibía de aumento, se incorporaban también un oficial, un sargento y dos cabos.
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