miércoles, 9 de diciembre de 2015
Padrón 1t
Entre tantos chiflados, majaras, idos, tocados, chalados, pasmarotes, guillados y memos como estamos conociendo, convendría abrir una ventana un momento para respirar las salutíferas brisas de la Razón y el Discernimiento. A tal propósito copiamos letra por letra un parrafito de cierto libro-joya de nuestra modesta biblioteca; parrafito que aunque descontextualizado, no pierde su carácter, válido universalmente si se me permite el tópico: "...autoponerse, autoproducirse y autoreproducirse es precisamente la realidad. Hegel lo ha visto ya claramente, y lo ha expresado de una forma parecida a la de Marx, aunque todavía demasiado abstracta, equívoca consigo misma y, por lo tanto, muy capaz de provocar equívocos: lo que es real es en sí necesario, dice en su Filosofía del Derecho." (de Historia y consciencia de clase, Tomo I. Georg Lukacs, pág. 91 de la edición de SARPE, 1984.)
Hegel utiliza aquí lo "necesario" en contraposición a lo "contingente", o sea, lo que es, en contraposición a lo que puede o ser o no ser. La Realidad, según el pensador alemán no admite esta alternativa.
¿Cual sería el origen del concepto de "necesidad"? Estriba, como todos los de su clase, en la Naturaleza. Ella produce hechos a los que el hombre, desde que así puede llamarse, hubo de resignarse e inclinar su cabeza: las erupciones volcánicas, los maremotos, la lluvia y el rayo o el giro de los objetos celestes tuvieron que ser en principio los que, como embriones suscitadores de pensamientos luego más pulidos y complejizados, depositaran en las rudimentarias mentes de los primeros homínidos el convencimiento experimental de que había cosas contra las que no podía enfrentarse. Cosas ineludibles, cosas determinadas por instancias fuera de sus limitados poderes. Y abstraído de tales experiencias se verbalizó tal noción o idea, y las demás de ese jaez. De las que derivó el Determinismo, ante el cual el movimiento de los estoicos pretendió resistir, pero ya esto se empieza a escapar del objeto de esta Historia de la Villa de Castilleja.
Necesario a nosotros es el oxígeno. Y de aquesta antedicha manera debidamente oxigenados, sumerjámonos de nuevo en las turbias, fétidas y contaminadas aguas que son los pensamientos y las acciones de esta caterva de trastornados que formaban la Abadía y el Arzobispado, no más que un trasunto o reflejo de la que formaban la Monarquía y la Aristocracia y sus cabezas visibles en tal momento y asunto: Fernando VII el Absoluto, y Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV Duque de Alba de Tormes y X Conde-duque de Olivares, de cuyo linaje y como su Señor y Amo le viene al Abad Mariscal su tendencia a levantar ejércitos privados (ya vimos cómo amenazó con venir a la Calle Real de Castilleja "con 40 hombres").
Ahora desde el Arzobispado intentan sacar al ya ex-cura de la Inmaculati de su escondrijo trianero en casa del sangrador Mota (ver infra). El Fiscal General dictamina que Bermudo Leila comparezca a la jurisdiccional presencia, y que vea su Exposición y diga si tiene alguna cosa que añadir a ella. Insta además al señor don Agustín Moreno y Garino* para que informe si don Juan de Mata ha ejecutado el encargo al Abad de Olivares. Opina que se reciba declaración al Procurador Joaquin María de Torres sobre los hechos de Olivares. Y manda oficiarse al Prelado del Convento del Loreto para que informe del religioso mencionado por don Juan el Mensajero, acerca de lo que dicho religioso oyó decir al Abad; y de quién era el escribano que también estuvo presente**. Dado en Sevilla, 16 de diciembre de 1826. Firma Vaquerizo.
* Agustín Moreno y Garino era de por estos lares. Nacido en la capital andaluza el 27 de marzo de 1751 y con expediente de limpieza de sangre en la Catedral sevillana, sus padres fueron Simón Moreno Figueroa, de Estepona, y Paula Garino, de Nules (Castellón de la Plana); su abuelo materno, Carlos Julio Garino, fué familiar del Sacro Palacio de Milán, y Teniente de Infantería del Regimiento de Parma de Ponteginon, Estado de Milán. Existe una "Información genealógica de Agustín Moreno Garino, natural de Sevilla, canónigo y pretendiente a ministro oficial del Santo Oficio" del año 1815 sita en el Archivo Histórico Nacional. Parece ejercer en el Arzobispado hispalense una función policíaca, de controlador, de supervisor de comunicaciones (ver infra).
Firmó el Anuncio de rogativas públicas hecho por el deán y cabildo de la Catedral en 26 de diciembre de 1808, para pedir a Dios Nuestro Señor por el restablecimiento de la salud de Su Alteza serenísima el Señor conde de Floridablanca, consistente tales rogativas en nueve días de oraciones públicas y privadas mañana y tarde en todas las iglesias de la ciudad, pero no hicieron los que practican estas supersticiones sino perder el tiempo, como siempre, puesto que el señor conde sobredicho, Presidente a la sazón de la Junta Suprema Gubernativa del Reino, dejaría su distinguida carcasa o carlinga corporal a las 6 de la mañana del 30 del referido mes de diciembre. Dios estaba a lo suyo, acaso jugando con Lucifer a las damas, ajeno a súplicas y clamores.
Y fué elegido —Agustín Moreno Garino— Diputado propietario para las provincias libres de los franceses por la Junta Superior de Observación y Defensa de Sevilla, en la Real Isla de León, el día 24 de Septiembre de 1810 (Wikipedia).
** A la también presente entonces en la sala del Palacio olivareño, la sobrina del Mariscal, la ignoran y eso que, so capa de su poderoso tío, iba voceando su parecer y opinión a diestro y siniestro, y quería estar en todo, pidiendo copias de documentos (ver infra), para su oficina íntima suponemos. Las mujeres, a coser y a quitar la pelusa de debajo de las camas. Por cierto, algunos de nuestros convecinos, testigos de la llegada del coche del Abad a Castilleja el 17 de noviembre, aseguran que distinguieron en su interior a tres señoras pero no al Abad (ver sus testimonios). Eso daría pábulo a gente malpensada para imaginar que el señor Mariscal iba ¿escondiéndose, o agachado a cuatro patas entre las piernas de sus compañeras? Y es que ya lo dice el refrán: "piensa mal, y acertarás".
Y hablando de sobrinas, la del cura Bermudo viajó a Triana en varias ocasiones para llevar al anciano ropa limpia y alguna golosina, siempre acompañada por un Antonio Vanderleye receloso de los espías del Abad, mayormente gente de La Plaza que conocía al dedillo sus vidas y no dudaría en denunciarlos allá donde los sorprendieran en relación con el prófugo Leila. También hubieron de temer, en pleno cogollo del periodo ominoso en que se hallaban, a la omnipresente y temible policía de Fernando VII y a su red de informantes, chivatos, soplones y portapartes, quienes en cada calle y en cada camino del país, ante cualquier mínima sospecha detenía y encerraba en sus lóbregos calabozos a cualquier hijo de vecino fuera quien fuese. Y por supuesto, a los agentes del Duque de Alba en su Condado aljarafeño, quienes también estarían al liquindoi. Esta preocupación se veía exacerbada en nuestra pareja porque al buen cura de la Concepción se le había metido en la cabeza el asistir a la fiesta de la Inmaculada en la Calle Real disfrazado de fraile mendicante franciscano con una amplia capucha que le cubriese el rostro, tal era la añoranza que sentía de aquella amada conmemoración y de su querida comunidad de creyentes. A duras penas pudieron hacerlo desistir sobrina y amigo de su estrafalaria idea, explicándole repetidas veces que los testarudos polizontes del Absolutismo olían a una legua cualquier engaño y que, hasta que atendiesen a razones, podía pasar encerrado un mes por lo menos.
Olaerrota manda a Colón lo sugerido por el Fiscal. "Coloncito" manda que se ejecute todo lo que propone. El mismo día Olaerrota notifica a Bermudo —por fin localizado—, al Fiscal, al Padre Guardián de Loreto y a don Agustín Moreno, todo ello el dicho día 16.
El día 19 notifica Olaerrota a don Joaquin María de Torres (el compañero cabalgante del Emisario) que manifestó estar pronto a declarar.
Sevilla, 19 de diciembre de 1826. Únase a los antecedentes. En contestación al Oficio de V.S. de 16 del presente, aunque recibido el 18, debo decir que no he tenido el honor de contestar a la Carta que dice el Señor Abad de Olivares me dirigió para que diese aviso al Señor Arzobispo de que dicho Señor Abad había ganado el Pleito, y que iba inmediatamente a tomar posesión de la Iglesia de Castilleja de la Cuesta, por no haberla recibido. No quiero decir con esto que el Señor Abad falte a la verdad, pudiendo atribuirse a extravío de Correo, aunque regularmente no suele haberlo de Madrid, donde supongo se hallaría el Señor Abad*, a esta Ciudad. Pero no puede dejar de extrañarme eligiese para dar este Aviso a Su Eminencia. Lo primero, por no tener correspondencia epistolar conmigo ni aun recordarme nos hallamos escrito jamás. Lo segundo, porque aun cuando ésta hubiese precedido, no me juzgo conducto oportuno para este Aviso, ni creo que el arbitrio confidencial sea el adoptado para comunicar Avisos de esta naturaleza. Es cuanto puedo informar a V. Dios guarde a V. muchos años. Sevilla, 19 de diciembre. Firmado, Agustin Moreno y Garino. A don Luis Gonzaga y Colón.
* Pleiteando en la Cámara acerca de sus derechos a la posesión de la parroquia de la Calle Real, con el patronazgo, soporte y apoyo, que no eran pocos, del Ducado de Alba. El Arzobispo Cienfuegos también era un hueso duro de roer; se había mostrado firme partidario del Absolutismo como Obispo de Cádiz desde 1819, y por su apoyo al carlismo sería desterrado de Sevilla a Alicante en 1836. En su destierro falleció once años después.
Suelen, los que mandan en ellas, rellenar las catedrales de muertos, creo que para dotarlas de más magia sobrenatural, de más trascendencia y misterio, y también para que el día de la Resurrección formen más algarabía en ellas que en ningún otro lugar. Por eso se trajeron el cadáver de Cienfuegos a Sevilla y lo enterraron en un mausoleo neogótico situado en la Capilla de la Concepción Grande de la Catedral, en 1867.
Cienfuegos carlista. Dice un cuento que su apellido se debe a que uno, para espantar a los moros, reunió a cien y les repartió cien antorchas.
Comparecencia de don Joaquin Bermudo y Leila. En Sevilla a 20 de diciembre de 1826, ante Colón y el Notario Mayor Olaerrota se le leyó a Bermudo el Párrafo 1º de la Censura Fiscal. Se ratificó en el contenido de su escrito, y añadió que el día 16, estando en su casa, recibió como a las 11 de la mañana, un Oficio firmado por don Juan José Maestre, cura de la iglesia de Santiago, por mano de su sacristán don Joaquin Mendoza, en el que se refería a otro que había recibido del Señor Abad, residente en Sevilla, avisándole de que estuviese en su casa el día 17 por la mañana, porque dicho Abad quería hablar con él; contestó con la misma atención por mano de Mendoza que no faltaría; llegado el siguiente día como a las 10 de la mañana, según publicaron los repiques de campanas, entró dicho Abad en Castilleja (repite lo que ocurrió con el desconocido escribano del frac). Al poco tiempo vió pasar por delante de su casa al Abad acompañado de los Alcaldes 1º y 2º, llamados don José Oyega y don Francisco Rodríguez, alias "Salud", el escribano del frac, y el Alguacil Eclesiástico de Santiago nombrado José Ortiz Vázquez, y otras personas, que se dirigieron a la Iglesia Provisional, y parados en sus puertas, volvió a casa del compareciente el hombre del frac y el Alguacil José Ortiz, volviendo a hacerle el mismo requerimiento sobre las llaves y diciéndole que el Abad estaba esperándolas en la puerta de la Iglesia. Negado que las hubo, vió pasar al Alguacil frente a su casa [del compareciente] y entrar en la de José Colorado, maestro herrero de dicha Villa, volviéndo con él; el Abad, que entretanto había entrado en el molino de aceite que está enfrente, propio de don Antonio Sergeant, vecino de esta ciudad de Sevilla, volvió a la Iglesia, y reunidos otra vez, el herrero descerrajó la puerta de la Iglesia Provisional y la de la casa que se estaba labrando, contigua a la Iglesia donde estaba la otra destinada para la habitación del cura, sin embargo de haberle dicho al Abad el Alcalde Oyega que no consentía en tal descerrajamiento, según oyó decir a vecinos de dicha Villa, como también la contestación del Abad de que allí mandaba él; Oyega se quedó en medio de la Calle cuando todos entraban en la Iglesia. Luego repicaron las campanas y el Abad se fué a Olivares con su comitiva y tres mujeres que le acompañaban, lo cual vió el compareciente desde las ventanas de su casa; luego corrió la voz de que iban a encerrarlo en la Torre de Olivares o en la de San Eustaquio en Sanlúcar; le dió crédito en vista de haber recibido aquella tarde un oficio amenazante firmado por José María Recacha y por mano de Mendoza, al que contestó de igual forma, negándose a entregar nada; y como la llave del Sagrario estaba dentro de la Iglesia cuando la descerrajaron, Bermudo indicó, en su contestación a Recacha, dónde podía encontrarla. Al día siguiente, 18, de madrugada, acompañado de Pedro Núñez, vecino de Castilleja, se vino a esta Ciudad y vió el mismo día al señor don José María López, Tesorero del Arzobispo, al que le refirió lo ocurrido y le manifestó dicho Oficio; José María lo tomó y llevó al Señor Secretario don Pedro de las Alas Cienfuegos, quien lo llamó y le dijo que no debía faltar de Castilleja y que se volviese a su casa, pues había sido puesto allí por su Prelado, y que hasta que Su Eminencia le ordenara que se retirara, no debía salir, y que si lo llevaban preso, tenía a su Prelado que lo defendería, con cuyo razonamiento se volvió a Castilleja, y apenas había entrado en su casa, como a las 4 de la tarde de dicho día 18, recibió por mano de Mendoza un escrito que ha presentado, firmado por Recacha, al que contestó que nada haría sin orden de su Prelado; que quería mucho a su feligresía, pero más al dicho su Prelado. Como a las 9 de la noche recibió otro Oficio igualmente por mano de Mendoza y firmado por Recacha, al que contestó que cuanto hacía era negociar con un hombre lánguido para este asunto, y que se acudiese donde estaba el poder. El domingo 19 como entre las dos y las tres de la tarde se conmovió la feligresía de la Calle Real, con motivo que corría de que al compareciente lo iban a llevar preso, disponiéndose a hacer oposición para que no lo sacaran de su casa; fueron a verle tres de sus feligreses: don Antonio Vanderleye, Francisco Núñez y Juan Cabrera Oliver, y le aconsejaron que saliese de su casa para evitar conflictos populares, ofreciéndose a acompañarlo a un lugar seguro, lo que aceptó, no por miedo a ser preso sino para tranquilidad del vecindario; treparon por las tapias de los corrales hasta la cuarta casa de la suya, donde vivía Domingo Rodríguez, en la que estuvo el resto de la tarde y la noche, hasta que entre cuatro y cinco de la madrugada del lunes 20 acudieron los tres referidos y lo sacaron, llevándolo por camino excusado hasta llegar a Triana, acogiéndose en casa de don Amaro Mota, en El Altozano*, en la que permanece. Los tres dichos acompañantes volvieron a Castilleja. En dicha casa de Triana recibió aviso como a las 7 de la noche del mismo día 20 de que habían entrado en su casa de Castilleja Recacha y el notario don Manuel Hinestrosa, preguntando por él a su sobrina doña María Francisca Sánchez, que estaba acompañada de varias personas (repite lo expuesto anteriormente); como el compareciente llevaba con él a Triana las llaves de la Iglesia Provisional, la de un candado que para mayor seguridad de noche ponía en la misma puerta, la de la Iglesia antigua donde estaba la obra, y la de la casa que se estaba labrando con destino para el cura, el sábado 9 de este mes, por la noche, las puso en manos del Arzobispo; y subsiste en Triana, esperando sus órdenes. Firmó, con Colón y Olaerrota.
* Don Amaro Mota, de oficio Sangrador, aparece en la Guía de Forasteros de Sevilla del año 1832 viviendo en la calle Altozano, nº 32, o sea, la Plaza del Altozano. Debió ser testigo don Amaro de la demolición del castillo de San Jorge en 1825 y de su transformación en mercado de abastos, después de que las tropas durante la Guerra de la Independencia lo utilizaran como polvorín.
En el Foro http://www.foro-ciudad.com/badajoz/villagarcia-de-la-torre/mensaje-11776068.html se lee el siguiente mensaje: Mi nombre es Francisco Javier Mota Sanchez, nací y vivo en Jabugo (Huelva), tengo un titulo de Cirujano y Sangrador expedido en Sevilla el año 1.808 a favor de Amaro Antonio Mota, nacido en Villagarcia de la Torre el año 1767; este señor sin duda es un antepasado mio ya que el citado titulo ha estado siempre en posesion de mi familia. He entrado en el foro de Villagarcia de la Torre (Badajoz) y he comprobado que el apellido Mota sigue estando muy presente en Villagarcia, y pienso que con un parentesco lejano todos somos de la misma familia. Se que sacar la genealogia de une familia remontándose al año 1.767 es complicado pero tal vez algun vecino podria aportarme algunos datos del citado Amaro Antonio Mota o de sus descendientes. Mi abuelo se llamaba Mariano Mota Salado y nació y falleció (sic) en Sevilla el año 1.951.
Otra página web relacionada es http://www.nodo50.org/casc/mota/_Jose-Fernando-Mota-Munoz_ profesor en una universidad de Cataluña y autor de varios libros y artículos de historia, con genealogía en dicha web de los Mota de Villagarcía, de quienes desciende.
El testigo José Oliver Rey, como barbero sangrador que fué en nuestra Villa, debió estar en comunicación y trato con don Amaro Antonio Mota siquiera por cuestión profesional. Este es un hipotético e interesante eslabón que exige más investigaciones.
Siguen en el cuadernillo los cuatro Oficios presentados por Bermudo: el 1º en Castilleja a 16 de noviembre de 1826 firmado por Juan José Maestre, que ha recibido del Abad aviso para que le comunique a Bermudo que esté en su casa al día siguiente para recibir al Abad; el 2º en Castilleja de Guzmán a 17 de noviembre de 1826 firmado por Recacha, que comunica a Bermudo su nombramiento por el Abad y le pide las llaves del Sagrario y demás interiores de la Iglesia en tono amenazante, al Señor Cura de la Concepción que fué; el 3º en Castilleja de la Cuesta en 18 de noviembre de 1826 firmado también por Recacha, que recibió la contestación de Bermudo al segundo, y que había encontrado la llave del Sagrario tal donde le había dicho, pero que quería también los Libros, los vasos de los Santos Óleos, la custodia, el incensario, la cruz parroquial, y otros utensilios que son precisos al ejercicio del culto y administración de sacramentos "que creo estaremos convenidos en que no deben cesar, en perjuicio de las almas, que es nuestro primero y principal cuidado; dejándo de nuestros respectivos Prelados el de ventilar, ajustar y aclarar sus derechos; he de merecer a Vd. y al celo que manifestó siempre por esta feligresía que estuvo hasta ahora a su cargo y ahora está al mío", y vuelve a insistir sobre los objetos de culto; y el 4º en dicha Villa y fecha, firmado por dicho cura Recacha, se refiere en términos muy respetuosos a la autoridad del Arzobispo, esgrimida por Bermudo, pero insiste en la obligación que tienen ellos dos de salvar almas, que se están perdiendo por no poder efectuar el culto, debido a la falta de los objetos*; insta a Bermudo a que ame a su Prelado cuanto quiera, pero que abandone su tenacidad, en pro de llevar almas al cielo; se dirige a él como "señor don Joaquin", y acaba en tono amenazante de nuevo; firma ya como Vicario y Cura Interino de la Concepción.
* Tan curioso como increíble argumento; pero al anciano y debilitado Bermudo tuvo que hacerle mella y darle que pensar. Por otra parte, a la chusma y al populacho siempre les ha impresionado el oro y la plata, pero por cosas diametralmente opuestas al Más Allá; claro que estos malabaristas saben presentar el vil metal de forma harto original, envuelto en el farragoso papel Biblia, con cuyos recitativos en forma de "pasto espiritual" bien masticado y regurgitado consiguen que sus corderitos no trabajen mucho con sus seseras.
Seis meses después Recacha asistía en la Hacienda del marqués de Loreto al Sorteo de Quintos como una de las Autoridades Eclesiásticas junto a Maestre, el párroco de Santiago. Ya en posesión de los objetos de culto pudo, por fin, salvar almas y, entre ellas, las de los tres soldados "agraciados" por el Azar, que frente a las tres señoras acompañantes del Abad aquel noviembre pasado habían sido tentados por el Demonio y estaban, por tanto, en pecado mortal. Los tres recibirían sus bendiciones en cada sermón espetado desde el púlpito. La hipocresía llevada a su última y más grande expresión.
Es una lástima no saber más de la ideología de Recacha. Se puede suponer que, al menos de puertas hacia afuera coincidiría con la del Abad, opuesta la de éste —siguiendo con las suposiciones— a la de Cienfuegos, quien desde que el Rey iba aflojando el dogal en pos de más moderadas políticas, más absolutista se mostraba. Sobre todo tras el restablecimiento del derecho de las hembras a la sucesión, que provocaría, con la oposición que desplegó a tal derecho, su expulsión de Sevilla.
Don Manuel de Hinestrosa, Notario eclesiástico de la jurisdicción eclesiástica de la Abadía de Olivares, da fé de que en virtud de Providencia dada por Recacha, siendo como las 7 de la noche del día 20, en Castilleja de la Cuesta, dicho Recacha, acompañado del Alguacil José Ortiz Vázquez y del testigo don Juan de Chávez Pacheco y de este Notario, fueron a casa de Bermudo, dejando fuera de ella al expresado Alguacil ad cautelam, y se le hizo presente a la sobrina, que estaba acompañada de don José León, Pedro Núñez, don Antonio Vanderleye y José de Chávez Caro, el objeto de la visita (repite lo expresado anteriormente); en la alcoba encontraron la cruz parroquial de plata, un incensario de lo mismo, las crimeras y vaso de Santo Óleo para los enfermos y una concha de bautizar, todo de plata, los Libros Parroquiales y Padrones, y en un escaparate abierto dos purificadores, ocho pares de corporales, dos admitos, dos cíngulos, una toalla de manos y cuatro albas. El Vicario mandó poner todo por Diligencia, en la que fueron testigos don Juan de Chávez Pacheco, don José León, don Antonio Vanderleye y Pedro Núñez, vecinos de esta Villa. Y para que conste, lo firma Hinestrosa, en Castilleja a 21 de noviembre de 1826.
El religioso que estaba en el Palacio del Abad cuando don Juan de Mata Redondo se presentó fué el Reverendo Padre fray Gerónimo Pizarro, que requerido por el Padre Guardián del convento del Loreto fray Francisco de Paula González, dijo que nada oyó de lo que hablaron, como tampoco el Prebendado don Andrés Delgado, que le acompañaba; sólo que salieron y el Abad dijo que mandasen el desayuno al señor Redondo, al que dijo que, como particular todo estaba a su disposición, pero como Notario, nada. Dado en el Convento de Loreto, 19 de diciembre de 1826. Dirigido al Señor Canónigo Provisor don Luis Gonzaga Colón.
Ni oyeron ni vieron, ergo no tienen nada que declarar.
Declaración de don Joaquin María de Torres. En Sevilla, a 23 de diciembre, ante Colón y el Notario Olaerrota, dijo que acompañó a Olivares a Mata Redondo, a donde llegaron poco antes de las 12 del mediodía; vieron inmediato al Palacio a un eclesiástico, al que le preguntó Redondo si sería hora oportuna para ver al Abad; contestó que sí, y Redondo, despidiéndose del declarante y señalándole la casa donde debía aguardarle, entró en el Palacio; pasó hora y media, y decidió abreviar la comisión porque la tarde estaba mala; llamó al Palacio, y le abrió un joven vestido de clérigo, al que dió recado para Redondo; al momento salió el Abad, y el declarante lo saludó y besó la mano, y tras él, Redondo; el Abad lo invitó a entrar con pretexto de enseñarles una sala, infiriendo el que declara que quería enseñarles las piezas del Palacio, pero entraron en una habitación con una mesa puesta, y a la cabeza una señora, que mandó traer la comida. El que declara le manifestó que no, que debían comer en Villanueva, pero el Abad insistió diciendo que si le daba vergüenza se retiraría, y con tal obligación tan obligatoria (sic) condescendieron ambos y se sentaron los cuatro, y la señora preguntó al Abad por el contenido del Oficio: "nada, nada", le contestó; y entonces don Juan de Mata sacó los papeles del sobre y dijo que se los podían quedar, porque ya los había leído el Señor Abad, quien contestó en ademán de mofarse que se los llevase otra vez, porque ya le había dicho que si no quería ver desairada la firma de su Provisor, los recogiese, pues si no los quemaría delante de él para que llevase la noticia; y la indicada señora volvió a instar después de esto, para que se le diese una copia, lo que no consintió el Aba, encargando mucho a Mata para que le dijese al Señor Provisor que no mandara mensajitos, porque al que lo llevase lo tiraría por la escalera, y que también dijese a Su Eminencia que el Abad de Olivares era Mariscal, que ya sabía que tenía carácter, y amenazando continuamente con el Pueblo y con que ya sabía la Cámara la alhaja que era Cienfuegos y sus colegas. Que con las repetidas instancias que hizo el declarante para retirarse, apoyadas por don Juan de Mata, llegó la hora de despedirse, dándole a este el Abad en encargo de que dijese a Coloncito [Colonsito, en el original] que era muy niño, y que tenía Juzgado para lo que tuviese que decir, reiterándole a Mata el encargo de que no fuese otra vez con mensajes como Notario, porque entonces no volvería a Sevilla. Es todo lo que tiene que decir. Es de 30 años de edad y firma, con Colón y Olaerrota.
Auto. En Sevilla a 15 de enero de 1827 el Señor Provisor Vicario General del Arzobispado, ante el Notario infrascrito, mandó que se lleve todo el Expediente a la Vista para proveer Justicia. El mismo día, Olaerrota citó para Vista del Expediente al Fiscal General del Arzobispado. Firma, Manuel Jiménez, Notario.
Auto. En Sevilla en 26 de enero de 1827 el Señor don Luis Gonzaga Colón, habiendo visto el Expediente, aprobó las diligencias practicadas, mandando que se remita testimonio íntegro de ellas a la Secretaría de Cámara de Su Eminencia el Cardenal Arzobispo. Firman Colón y Olaerrota. En dicho día Olaerrota notificó el auto precedente a don Juan Vaquerizo, Fiscal General, en su persona.
Luis Gonzaga pasa copia de Oficio al Secretario de la Cámara, Alas Cienfuegos, para que lo haga llegar al Arzobispo, quien resolverá lo que tenga a bien. 31 de enero de 1827. Olaerrota da fé de la entrega al Secretario Cienfuegos el mismo día.
Y así, abruptamente, acaba el cuadernillo que dejó testimonio del calvario pasado por un anciano que se aferraba a sus prebendas en el convencimiento de que cualquier cambio era para peor. Porque ciertamente, algunos curas, pillados en trampas e intrigas o por sus propias incompetencias e incapacidades, acababan míseros, viviendo de puras limosnas.
Nos queda la esperanza de saber qué ocurrió en Madrid con el pleito seguido —y al parecer ganado— por el Abad y quiénes fueron sus protagonistas; quizá conste en algún archivo y podamos prontamente ofrecerlo en nuestro blog. Por último, un enlace para conocer los últimos días del Abad Mariscal: http://www.jerezsiempre.com/index.php/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Mariscal_y_Rivero
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Se nos había ido el santo al cielo con este novelesco episodio; ahora retomaremos el asunto de la genealogía de José Ortiz Navarro, el oficial carlista castillejeño en la 3ª Guerra, y luego seguiremos las aventuras del Sargento 2º Francisco Oliver en tierras navarras, en la 1ª.
También habíamos dejado atrás un dato importante: al final de la entrada http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2015/10/padron-1c.html anotamos: El 1º de febrero de 1859 María Gabriela, Gabriel, Manuel y José Ortiz Navarro, vecinos de esta Villa, y Francisco Ortiz Navarro, vecino de Umbrete, todos mayores de 25 años, contrajeron una deuda de 8.074 reales con don Manuel Valero Prado, vecino de Sevilla, mayor de 40 años, propietario, de estado casado.
Hipotecaron al pago una casa situada en La Plazuela de la calle de Abajo, el nº 35 que hacía frente a la parte de Sevilla, compuesta de varias piezas en piso bajo y alto, cocina, cuadra y un pedazo de terreno a su espalda sobre el lado de Poniente con algunas estacas de olivo y otros árboles, linde Mediodía y Levante con la expresada Plazuela y calle de Abajo, Norte con la del Convento y casa de la misma propiedad que estaba vendida a Francisco Quintanilla, y Poniente con tierras del que fue Convento, que posee D. Esteban Velasco. Documento fechado el 16 de septiembre de 1864, siendo testigos Juan de la Rosa Oliver y Joaquin Mendoza Caro. Lo cual nos va a aclarar mucho más de lo que imaginábamos sobre los Ortiz.
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