domingo, 10 de junio de 2018

Notas varias, 2x.


                               Manuel Arias y Porres, arzobispo de Sevilla (1702-1717)


Por continuar con la materia de la entrada anterior, merece echemos una ojeada a  las instrucciones que a sus Visitadores encomendó el arzobispo sevillano Manuel Arias y Porres, con fecha de 1705, de entre las cuales instrucciones se pueden entresacar algunas que reflejan las situaciones que se daban en parroquias de igual categoría que la castillejana, desde muchos años antes de su promulgación hasta nuestros días. Por ejemplo:

"Lleven edictos de pecados públicos y léanse en todos los lugares aunque sean pequeños, convocando para ello al pueblo con las campanas (1), y después fíjese uno en la puerta de cada iglesia; y visiten a todas por pequeñas que sean, aunque no tengan sagrario ni pila bautismal, e informen del modo de proceder del cura, sacristán, capellán y vecinos, aunque las cuentas puedan tomarlas en otro lugar vecino que les sea más cómodo (2)."

"Leído y publicado el Edicto de Pecados harán una breve plática para dar a entender al pueblo el fin de la visita y la obligación de denunciar a los comprendidos en el Edicto, y exhortarán también a que le ayuden con noticias para conseguir más copioso fruto de la visita, advirtiendo que en las culpas secretas procederán como padres, procurando sólo la enmienda y no el castigo, y que llevan facultad para absolver de casos reservados al arzobispo en el fuero de la conciencia."

"Después de hecha la Procesión de Difuntos visitarán los sagrarios como ordena el Pontifical Romano; se informarán de si se renueva de 8 a 8 días lo más tarde; y si se hace con la solemnidad que prescriben los Ceremoniales; no dejen dentro del tabernáculo vaso alguno vacío ni otro que contenga otra cosa que la sagrada Eucaristía, aunque sea el Santo Óleo; hagan que la cajita pectoral esté siempre prevenida con una o dos formas por lo menos, para llevar a Nuestro Señor de secreto en cualquier caso repentino; examinen si los curas fían las llaves de los sagrarios a los sacristanes o monacillos, o si los semaneros dejan de llevarlas al cuello como loablemente se practica en varios lugares de la diócesis; si se manifiesta el Santísimo con decencia; y si se llevan a los enfermos con el aparato posible; si se abusa del permiso de llevarlo en secreto; si arden las lámparas de día y de noche, o si hay en esto algún descuido (3)."

"Visiten después la pila bautismal; si está con el aseo, adorno y custodia que está mandado; si se renueva el agua (además de las Bendiciones que se hacen en el Sábado Santo y Vigilia de Pentecostés) cuando se experimenta que se corrompe; y si se usa de la concha y sumidero que está hecho en las pilas para celebrar los bautismos según el ritual; si hay piscina en debida forma, etc."

"Visiten luego el Santo Crisma y Santos Óleos y sus vasos, y vean si se llevan de esta ciudad [Sevilla] o de la cabeza de partido con la decencia y custodia, y al mismo tiempo que mandan las Constituciones de este Arzobispado, en que somos informados que hay mucha omisión, y multarán a los negligentes, dándonos cuenta después.
Visiten también los Libros corrientes de bautismos y confirmaciones, matrimonios y velaciones, y reconozcan si están en buena forma los capítulos que a cada libro tocan, con inserción de los despachos de nuestros Jueces para los casos en que son necesarios; vean los que faltan por velarse y apremien a que reciban las bendiciones nupciales  como son obligados; si hay negligencia o dilación en asentar las partidas, haciendo algunas pruebas para comprobarlo; y si en las taquillas hubiere alguna humedad darán providencia para que se repare el daño o se muden a otro sitio (4). Reconozcan también el sitio donde se guardan los demás libros antecedentes, y prohíban con severas penas (donde hubiere necesidad) que se saquen de la iglesia sin licencia nuestra o de nuestro Provisor, dada por escrito, o que se dejen ver y registrar de personas eclesiásticas o seculares, mandando que los curas por sí mismos saquen las certificaciones que se les pidiere, o al menos se saquen en su presencia por persona de confianza."



(1). Convocatorias de obligada asistencia, toda vez que faltar a ellas podía conllevar multas pecuniarias y, por reiteración, incluso pena de encarcelamiento. Héme aquí a toda Castilleja, hasta los últimos labriegos y pastores de sus zonas más alejadas, pendientes del toque de campanas.

(2) Todo el mundo era potencial confidente, y para evitar susceptibilidades, acusaciones y venganzas el arzobispo recomienda a sus delegados asentar por escrito los informes de los chivatos en otro lugar, "donde sea más cómodo".

(3) En 2 de noviembre de 1591, estando en esta Villa de Castilleja de la Cuesta Alonso de Cerezedo, religioso profeso de la Orden y Hábito de Santiago de Mérida, con comisión de Su Señoría don Rodrigo de Lorenzana, Prior de la Provincia de León con mas las villas y lugares a ella comprendidos, del Consejo del Rey, por virtud de la comisión que para ello mostró, firmada de su mano y de Simón de Salazar, notario, su fecha en Mérida a 6 de octubre del presente año, de que el escribano iusoscripto da fé que vio la dicha comisión, que por su prolijidad no va aquí incorporada, después de haber visitado el Santísimo Sacramento de la iglesia mayor del Señor Santiago y la pila de bautismo, mandó parecer ante sí a Francisco Miguel, mayordomo de la dicha fábrica, para le tomar las cuentas [...]. Y luego dijo el Señor Visitador que de la visita que hizo a la iglesia parroquial de Santiago parece que dentro del Sagrario donde está el Santísimo Sacramento está la crisma y óleo yn fermorum, a causa de cuando lo sacan para los bautismos y enfermos se abre el Sagrario no con la decencia que conviene; mandó que en la capilla donde está la pila de bautismo el mayordomo de la dicha fábrica haga, dentro de 30 días, en la parte y lugar que dentro de la dicha capilla convenga, haga una alacena en la pared con sus puertas con dos llaves, encalándola y solándola, y hecho, se ponga en ella los vasos donde está la crisma y óleo, teniendo cuenta y razón de los maravedíes que gasta.
Otro-sí, de la Visita parece que el Sagrario no tiene en las puertas mas que una llave y se podría fehacientemente perder, y necesariamente se habría de descerrajar para sacar el Santísimo Sacramento para algún enfermo, y podría en esto haber peligro algún enfermo en la tardanza; mandó que el mayordomo haga, en 8 días, otra llave, a costa de la dicha fábrica.
Otro-sí, de la dicha Visita parece que la dicha iglesia tiene una Custodia de plata donde se pone el Santísimo Sacramento, la cual está quebrada la vidriera y el tornillo de la copa; mandó que el mayordomo, dentro de 2 meses, adobe la dicha Custodia a costa de la fábrica, la cual esté dentro del Sagrario o en otra parte a buen recaudo.
Otro-sí, parece que en la dicha iglesia tienen necesidad de manteles para los altares, porque los que tiene son viejos y no hay más de para cada altar unos manteles; mandó que dicho mayordomo haga una tabla de manteles para el altar mayor, a costa de la fábrica, dentro de los dichos 2 meses.
Otro-sí, parece que la dicha iglesia tiene una casulla cortada, de damasco azul, la cual está por hacer, la cual dio doña Juana Alemán, y ha muchos años que dicen está cortada y por hacer; mandó que dicho mayordomo la mande hacer, a costa de la fábrica, lo más breve que pudiere.
Otro-sí, parece que el mayordomo de dicha fábrica da cada año 2 @ de aceite para encender la lámpara del Santísimo, a cuya causa la dicha lámpara está todo lo más del día apagada, de lo cual viene a causar que el Santísimo está sin lumbre; mandó que de aquí en adelante el mayordomo que fuere de la dicha fábrica de y pague al sacristán que fuere 6 @ de aceite, al cual mandó que tenga la dicha lámpara encendida de día y de noche, porque con ellas y otras 10 @ que da la Cofradía de Santiago para encender su lámpara hay aceite bastante para encender ambas dos lámparas de día y de noche, y mandó que los maravedíes que gastare se reciban en cuenta.
Otro-sí, parece y consta que los curas que han sido de la dicha iglesia, en el libro de la Colecturía no asientan y escriben por buen orden los testamentos, y no tienen todos los que han fallecido ... por decir que los asienta cuando los comienza a cumplir y comienzan a pagar la limosna de ellos, por cuya causa no se puede ver por el dicho libro las misas que cada uno manda por su testamento, y si se han cumplido; mandaba y mandó al bachiller Francisco Gallego Becerra, cura de la dicha iglesia, pena de descomunión (sic), que dentro de 15 días asiente en el dicho libro de Colecturía todos los que han fallecido en su tiempo, poniendo las misas que cada uno dejó, e inquiera y sepa qué testamentos están por cumplir antes que fuese cura, de sus antecesores, y los asiente en el dicho libro de Colecturía para que se cumplan los testamentos, y de las misas que encomendaren decir algunos clérigos tome sus cartas de pago, so pena que no se le pasarán en cuenta.
En Castilleja en 2 de noviembre de 1591 el escribano del Concejo Hernando de las Cuevas notificó los mandatos del señor Visitador Cerezedo al bachiller Francisco Gallego Becerra en su persona. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, vecino de esta Villa, y Francisco Díaz, vecino de Villanueva del Ariscal, estante en esta dicha Villa.
Pagó el mayordomo Francisco Miguel al Señor Visitador 8 reales, y 6 reales al dicho escribano Hernando de las Cuevas por un día de ocupación.


                     Firma del Visitador Alonso de Cerezedo en Castilleja, noviembre de 1591

 Alonso de Cerezedo Alvear era hijo de Juan de Cerezedo, maestro mayor de la catedral de Oviedo y señor de la casa de Cerecedo del Calçe, y de su mujer Catalina Fernández de Alvear, y hermano de María de Cerezedo Alvear, mujer del maestro de cantería Pedro Gutiérrez de Alvear. En agosto de 1605 nuestro Visitador compró por 550 ducados a su dicha hermana, ya viuda, la casa, declarando en la escritura de compraventa descender de dicha casa "con su solar de cien carros", la cual "linda con el camino real y el río y con montes de la casa de Alvear y de Cerrilla". Esta operación la realizó en su nombre su sobrino, hijo de su hermana María, Diego de Alvear, que también era religioso de la Orden de Santiago y canónigo de San Marcos de León. El Visitador murió en 1607. De su padre Juan el cantero se nos dice en "España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia. Asturias y León. Don José María Quadrado. Barcelona, 1885":
"Falta a tan pintorescos contornos [de la ciudad de Oviedo] un río que los vivifique, pues el Nora que es el más cercano corre a media legua de distancia: pero a las fuentes públicas trae copiosas y frescas aguas desde la falda de Naranco un magnífico acueducto, que arrancando junto a la pequeña iglesia de San Pedro, atraviesa el valle para llegar a la población sobre cuarenta arcos de sillería, obra ensayada en 1564 con menos éxito que otras por el nombrado Juan de Cerecedo, y reedificada a fines del mismo siglo con más solidez y grandiosidad por Gonzalo de la Barcena. (En 1582 se declaró inútil por su poca elevación y solidez la obra de Juan de Cerecedo que sólo había costado por subasta 1.900 ducados, y sacada otra vez a remate, encargóse de ella dicho Bárcenas, fontanero mayor de Valladolid, por 8.100 ducados)".
Ver https://loscerecedo.files.wordpress.com/2010/09/el-viejo-hogar-i3.pdf y https://books.google.es/books?id=aOPjqXTeXAsC&pg=PA482&lpg=PA482&dq=fray+alonso+de+cerecedo&source=bl&ots=6IdGWEJkFx&sig=ZQ-8dmOzl6fFYJTjLglYSNXCW_M&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwi0_qjH2MjbAhUFNxQKHb1sCGAQ6AEIQDAI#v=onepage&q=fray%20alonso%20de%20cerecedo&f=false

(4) Al respecto y a caballo entre los siglos XX y XXI el archivo parroquial de Castilleja se encontraba en un estado desastroso de abandono y descuido; en un mísero armario empotrado en el húmedo muro de la sacristía se amontonaban con los libros de bautismos, defunciones y casamientos que se habían salvado de "anónimos coleccionistas", —de algunos de los cuales, antiguos del siglo XV, sólo restaban puñados de folios sueltos. rotos y mezclados—, viejas herramientas, vestiduras eclesiásticas desechadas, cuadernos de censos y padrones en completo desorden, cachivaches de toda índole que nadie se había preocupado de clasificar, y un sin fin de objetos heterogéneos, todo ello rebozado de mugre, polvo y hongos. A saber si los de las orgías (ver la entrada anterior) habían usado los manuscritos como papel higiénico.

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