Está en la esencia de la escritura —como artefacto humano que es— descafeinar, transustancializar, deformar, castrar, tergiversar lo que se origina en la mente de las personas como tales personas, es decir, sus personalidades. A una "personalidad" la constituye una amalgama de fenómenos psíquicos, desde luego no del todo desvinculados con lo material o con lo somático.
Cuando, como persona que fue, Juan Vázquez de Morón acude al oficio del escribano público de Castilleja, porta con él una voluntad, unas intenciones, unos sentimientos y emociones, unas limitaciones dictadas por condiciones puramente materiales como pudieran ser la falta de sueño, las dolencias cotidianas, los disgustos o gratificaciones recibidas recientemente, la fisiología concreta del entonces y el allí, un estado de ánimo particular de aquel día y de aquella hora en que cruza la Plaza de nuestra Villa y hace sonar el aldabón de la puerta del notario. Todo lo cual, qué duda cabe, condicionará su relato.
En condiciones ideales de objetividad, la escritura que se va a elaborar no es capaz de plasmar la intención del padre de fray Antonio. No ha habido ni hay máquina tan perfecta que reproduzca fielmente el pensamiento humano y lo exprese en un soporte desde el que se pueda hacer accesible a lo público o comunitario. Y no sería capaz, —en este hipotético caso—, principalmente por la mediación ineludible de ese gran destructor del Ser, o del Estar, que es el Tiempo. El cual, con su invisible e inaudible paso, borra implacable los hechos aparentemente sólidos, los acontecimientos que imaginamos perennemente establecidos, y no digamos los dichos y hablas que flotan insignificantes a la deriva en su imperceptible pero impetuosa corriente, propulsada por el golpe a golpe de los segundos.
Los dichos, por la parte que toca a Juan Vázquez de Morón, nos llegan remotos y prácticamente intraducibles a causa de todo lo expuesto, y a causa, por otra parte, del filtro que supone el maniobrar del escribano. El escribano, a falta de esa máquina perfecta e imposible, introduce en la problemática de nuestro tema la subjetividad más intrincada que imaginarse pueda. Al lastre de la personalidad del escribano —tan similar y a la vez tan diferente a la de Juan Vázquez— hay que añadir el otro lastre de la escritura por sí, del fenómeno ortografico-caligráfico que intenta receptar el habla, considerado en la abstracción que acabamos de referenciar. Y sin olvidar, claro está, el deterioro que el paso de los años impone a los soportes materiales de tinta y papel, etc. Ni tampoco las siempre imperfectas copias de los escritos originales.
Pero hay más obstáculos. Está el del historiador. A la Historia, considerada idealmente en una pura entelequia, también podemos imaginarla como la máquina perfecta que en teoría está llamada a representar el pasado en toda su generalidad y en todos sus detalles, pero como en el caso de la escritura, hay que convenir en que, en la práctica, no tiene posibilidades de existencia. De tal manera que el historiador (o quizá deberíamos hablar más exactamente de la personalidad que tiene la intención, más o menos pura, de historiar), es otro factor que aleja y destiñe los acaecimientos del pasado.
Ya el cuadro que nos queda es una mala caricatura de lo que realmente ocurrió en la voluntad o intención de Juan Vázquez de Morón.
Y por fin, otro último y decisivo agente deformante: el lector. Al lector (1) podemos considerarlo individual o colectivamente. Lejos como estoy de un individualismo fantasmal, un constructo artificial que es raíz de las mismas miserias del sistema político capitalista que aflige al mundo, me voy a detener un instante en la consideración del lector colectivamente. Salta a la vista la redundancia. Etimológicamente son sinónimos. Es sabido que antiguamente, en los albores del libro, el lector recitaba en voz alta las páginas aun estando solo y aislado, de tal forma que acercaba y fundía en uno dos hechos: el hecho de leer y el hecho de hablar, siendo este último total y completa colectivización del pensamiento. Leer, lectivo, de esta forma es colectivizar.
La validez más completa de la escritura estriba en su capacidad de fijar ideas que de otra forma caerían en el foso del olvido, pero esta fijación, tan relativa y escuálida como hemos apuntado, solo debería servir para la remodelación, la crítica, el análisis y el desarrollo de la idea fijada por ella, aun a costa de desembocar en un "libro de arena" borgiano o en una historia interminable reducida al absurdo del infinito.
(1) "El libro leído no es nunca mas que un subproducto de aquello que pretende escribir su autor". Jacques Attali. Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. Ruedo Ibérico, 1977.
Sería, tras todo lo expuesto, demasiado audaz por mi parte decir que, en el documento que paso a transcribir, Juan Vázquez de Morón se siente orgulloso y alardea ufano de tener un hijo como fray Antonio. Mas la apariencia así lo sugiere. Es el único testimonio que he encontrado hasta la fecha en que el padre nombra al hijo con todo su nombre completo y con su título religioso. Ya dijimos que hacia el final de la vida de Juan Vázquez de Morón se nota cómo el carmelita es ignorado por los suyos en Castilleja, mas este protocolo es anterior. Hasta ahora en la masa de escrituras consultadas, en solo tres ocasiones se menciona al fraile: en el primer testamento de su padre —en el que recibe el hábito, el escapulario y el rosario—, en la delación por parte de Simón de Santillán de su propia madre encamada con su amante —como Antón, hijo de Juan Vázquez de Morón—, y en esta que paso a transcribir y que es la más completa y esplícita:
Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Juan Vázquez de Morón, así como padre legítimo que soy de Fray Antonio Vázquez de Espinosa, de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, vecino que soy de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, conozco que doy todo mi poder cumplido cuan de derecho se requiere y es necesario al capitán Antonio del Corro (1), vecino de Sevilla, para que en mi nombre pueda recibir en juicio o fuera de él de Rodrigo de Contreras ¿Sombrero?, vecino de la ciudad de México, 150 pesos de plata de a 8 reales cada uno que el dicho Fray Antonio mi hijo le dió y entregó para que me los remitiese y enviase a estos Reinos, y otros cualesquier maravedíes y otras cosas, así rasos como damascos (2) que el dicho mi hijo ha dado a cualesquier personas para que me lo enviasen. Dado en esta Villa de Castilleja a 16 de enero de 1617. Testigos, Juan Pérez, Juan Bautista del Pozo y Juan de Valcuende.
Firmas de Juan de Valcuende y de Juan Bautista del Pozo
(1) El capitán Antonio del Corro fue mayorazgo de la casa troncal de Corro en San Vicente de la Barquera, casado con doña Jacinta Velarde y Sierra, señora de la casa de Trasmiera, de la que tuvo a don Blas, doña Antonia y don Juan, que siguió el mayorazgo. Entre sus ascendientes estuvieron Francisco del Corro, capellán de los Reyes Católicos, el famoso licenciado don Antonio del Corro (San Vicente de la Barquera 1475 - Sevilla 1576), canónigo de Sevilla e inquisidor general del Santo Oficio, y el licenciado del mismo nombre don Antonio del Corro (Sevilla 1527 - Londres 1591), canónigo de Sevilla y renombrado protestante traductor de la Biblia. He aquí su firma en el monasterio de Santiponce poco antes de que huyera de la Inquisición con sus compañeros:
Varios de estos Corro sevillanos están enterrados en la catedral de Sevilla. https://geneasud.blogspot.com/2017/08/los-del-corro.html
Y en Bulletin Hispanique, tomo 65, nº 1-2, 1963 (Un padrón de conversos sevillanos de 1510) Claudio Guillén cita a Bataillon (Eramos y España): "Es posible que la represión inquisitorial haya quedado paralizada por el hecho de que uno de los Inquisidores sevillanos, el anciano Licenciado Corro, era favorable a Gil". Y continúa Guillén: ¿No sería, pues, cristiano nuevo el propio Licenciado? Idéntica pregunta podría formularse acerca de Fray Antonio del Corro (1527 - 1591), deudo y acaso sobrino de su tocayo, procedente del monasterio de San Isidoro del Campo, de donde se escapó con Cipriano de Valera y varios frailes más. Interesantísima figura de heterodoxo andaluz, que, como —permítaseme un salto de tres siglos— su paisano José María Blanco White, tampoco quedó satisfecho con las iglesias protestantes tras su salida de España (Menéndez Pelayo afirma que propendía a lo que luego se denominará unitarismo), consiguió gran autoridad en Inglaterra y murió en Londres.
En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla hay un pleito seguido por Antonio del Corro, canónigo e inquisidor de Sevilla, contra Manuel Valdés por la herencia que dejó su abuelo Juan Valdés, fallecido en la ciudad de Nombre de Dios. Opositora, Leonor Hernández, portuguesa, viuda de Juan Valdés.
Archivo General de Indias: Pleito de Juan del Corro, de San Vicente de la Barquera (Cantabria). Antonio del Corro, de San Vicente de la Barquera (Cantabria). Sobre Disputa de Juan del Corro y consortes con Antonio del Corro y consortes, por probar el mayor grado de parentesco con el canónigo de Sevilla, Antonio del Corro, para heredar unas prebendas y dinero de su testamento para estudiar 8 años dos estudiantes descendientes suyos, en la universidad de Valladolid, Salamanca o Alcalá. 1582 / 1585.
Sepulcro de don Juan González del Corro y de doña María González de Herrera en la capilla de Santa María de los Ángeles de la catedral hispalense.
(2) El raso es un tipo de ligamento empleado generalmente para realizar un tejido de seda muy liso, pastoso y lustroso, cuya urdimbre es muy fina y saliente y la trama, que es más gruesa, está oculta. El damasco es un tipo de tejido del tipo sarga o raso. Por un lado, la trama sirve de fondo y la urdimbre forma los dibujos, y por el otro lado, ocurre al revés. En él se considera como anverso la cara que tiene brillante el fondo y mate los dibujos, y lo contrario ocurre en la opuesta. Es originario del Oriente medio, de la capital de Siria (Damasco), hacia el siglo XI, se perfeccionó en el XIII, y desde entonces, se halla muy en uso entre los europeos de todos los siglos. (Wikipedia).
Queda así más perfectamente documentado cómo fray Antonio Vázquez de Espinosa enviaba bienes y dinero a su padre. El siguiente documento ilustra que la situación económica de éste en Castilleja era digna de consideración. Se ve que dicho su padre posee abundantes joyas, de las que, al menos sus materias primas, no se puede dudar que provienen de Indias: oro y plata, perlas, granates y otras piedras preciosas, a lo que hay que añadir tejidos lujosos:
En el nombre de Dios, amén. Sepan cuántos esta carta vieren cómo yo, Dionisio Caro, vecino de la villa de Sanlúcar la Mayor, estando al presente en esta Villa de Castilleja, otorgo y conozco que recibo en dote y casamiento con vos Ana María, mi esposa y mujer, hija legítima que sois de Juan Vázquez de Morón y Leonor García [desde aquí continúa la carta otro escribano], del dicho Juan Vázquez vuestro padre, a cuenta de la legítima que la dicha mi mujer ha de haber de los dichos sus padres, 52.011 maravedíes, los cuales recibo en muebles y preseas de ajuar de casa que los valieron y montaron, apreciados de nuestro acuerdo por personas que de ello saben, y los bienes que recibo son los siguientes: [continúa el escribano anterior] unos zarcillos de oro que tienen 5 ducados de peso; ítem, una gargantilla de perlas en 5 ducados; ítem, un collar de perlas y mermelletas (1) en ducado y medio; ítem, dos sartas de perlas y granates (2) azules para los brazos, en 2 ducados; ítem, una ropilla de tafetán negro guarnecida de pasamanos de Santa Isabel, en 15 ducados y medio; ítem, una basquilla de merelban de color, en 4 ducados y medio; ítem, un jubón de tafetán embutido de color, en 5 ducados; ítem, una ropilla y saya y jubón blanco, y la ropilla y saya de raso pardo, en 6 ducados; ítem, un manto de anascote nuevo en 46 reales; ítem, un camisón de hombre labrado en 16 reales; ítem, un cuello y puños en 4 ducados; ítem, unos chapines dorados y una valona y abadejos guarnecidas de puntas en 16 reales; ítem, la madera de media cama de borne en 4 ducados; ítem, 2 guadamecíes dorados en 11 ducados; ítem, otro manto de anascote, viejo, en 2 ducados y medio; ítem, 2 colchones llenos de lana, 6 ducados; ítem, 2 almohadas y un cojinico llenos de lana de Holanda, labradas de hilo acijado en 5 ducados; ítem, otras 2 almonadas llenas de lana labradas de hilo acijado y de añil, 4 ducados; ítem, 2 almohadas y un cojinico de Holanda labradas de pita, 39 reales; ítem, otra almohada traída, labrada de hilo acijado y de añil, 8 reales; ítem, 2 sábanas de Ruan, llanas, 50 reales; ítem, 2 sábanas de lienzo casero, 4 ducados; ítem, un paño de rostro de Holanda labrado de deshilados de pita, con puntas de lo mismo, 4 ducados y medio; ítem, otro paño de rostro labrado de deshilado con hilo acijado y puntas de lo mismo, 16 reales; ítem, una tabla de manteles caseros, 14 reales; ítem, otra tabla de manteles pequeños en 5 reales; ítem, 4 pañuelos de mesa, 10 reales; ítem, 10 pañuelos de mesa de lino, 9 reales; ítem, 7 pañuelos de mesa de estopa, 14 reales; ítem, un frutero de lienzo y red, 11 reales, con otro más pequeño; ítem, una delantera de cama de red, sin lienzo, con otro paño pequeño, 8 reales; ítem, unas toallas de lienzo casero, 3 reales; ítem, la colgadera de una cama de lienzo y red que tiene sus artes y cielo y lo demás que es menester, 6 ducados; ítem, un paño de cama azul con flecos amarillos, 2 ducados y medio; item, 2 arcas, la una grande y la otra chica, 24 reales; ítem, 2 sillas de respaldo a medio traer, 16 reales; ítem, una mesa de cadena con sus piés, 6 reales; ítem, la hechura de una imagen de Nuestra Señora del Carmen (3), 11 reales; ítem, una taza de plata, 3 ducados; ítem, 2 calderas de cobre, una grande y otra pequeña, 4 ducados; ítem, una sartén, unas trébedes, 2 asadores y un garabato, 10 reales; ítem, una estera de junco y una canasta de colar, 9 reales; ítem, media docena de platos de Talavera, otra media de barro y otra de escudillas, 13 reales; ítem, un candil, 1 real; ítem, 28 reales en dineros; ítem, un azadón morero y un lebrillo de amasar, 7 reales. Todo lo cual suma lo dicho, y todo ello hubo Dionisio Caro de su suegro Juan Vázquez de Morón, mas 50 ducados en arras proternuncias que confesó caben en la décima parte de sus bienes, y que junto todo suman 70.761 maravedíes, los cuales dicho Dionisio Caro se obligó a tener por dote de su dicha mujer. Dado en la casa de morada de Juan Vázquez de Morón, 4 de septiembre de 1619. Testigos, Hernando Alonso, Juan de Orozco y Santiago de Saavedra. Escribano, Roque de las Cuevas.
Firma de Santiago de Saavedra
(1) Mermelleta. " Las mermelletas aparecen como adorno de collar en inventarios de Toledo (“Gargantilla de alxofar y mermelletas”, 1644) y Palencia (“Una gargantilla de aljofar con mermelletas”, 1610) (CorLexIn). Con esta forma no aparece en ninguno de los diccionarios académicos, aunque sí se recogen cuatro ejemplos en el CORDE, en inventarios toledanos del siglo xvii. En realidad, la voz mermelleta no aparece como tal en los diccionarios porque se trata de una variante de bermelleta/ vermelleta que presenta la confusión de /b-/ y /m-/, tan común en el castellano (moñiga/ boñiga, etc.).
Bowman ofrece un indicio de esto cuando registra mermellón (“cueros mermellón”) por bermellón en un texto mexicano de 1716 (Northall-Nitti, 2003: s.v.); además, encontramos en otro inventario de Cuenca de 1622, recogido en el CorLexIn: “Otro sartal de aljófar y vermelletas”. En efecto, Aranda documenta ampliamente las mermelletas (bermelletas) entre la joyería de la época de Felipe V y aclara que “procede de bermelletas, piedras de color bermellón” (1996: 1447).
Nos encontramos, por tanto, ante un diminutivo derivado quizá del cat. vermell “encarnado” (port. vermelho; cast. bermejo < lat. vermĭcŭlus ‘cochinilla’), al igual que el préstamo bermellón (DCECH: s.v. bermejo y bermellón)". Joyas femeninas: un aporte sobre léxico del español colonial americano. Maria Cristina Egido Fernández. Universidad de León.
(2) Granate. "Entre las piedras preciosas que componen las fachadas se citan granates y mermelletas. Además de las joyas hechas con ellos, poseer granates sueltos era muy común entre los propietarios cuyos bienes inventaría nuestra documentación (“Una libra y dos onsas de granates grandes y pequeños” [B-Arteaga, 1704]). El granate se define ya en Covarrubias como “piedra preciosa de especie de Rubí [...] Dixose granate por tener el color del grano de la granada” (apud NTLLE, 1611: s.v.).
A partir de 1884 el DRAE describe el granate como piedra fina, no preciosa, “compuesta de silicato doble de alúmina y de hierro u otros óxidos metálicos” (apud NTLLE: s.v.). Se utilizaban también como abrasivos. Tradicionalmente se ha usado como amuleto para quitar la tristeza y proteger contra el aire pestífero (Kroustallis, 2008: s.v.). Está muy presente en el CORDE y el CNDH desde el siglo xv, y también en el CorLexIn. Respecto a su etimología, el DRAE propone el prov. granat, mientras que el DCECH (s.v. grano) plantea dudas sobre el origen galo y señala la posibilidad de acudir al mozárabe, donde existía la forma granata ‘granada’ ". Maria Cristina Egido Fernández, obra citada.
(3) Siquiera como recordatorio de su hermano religioso. En este 1619 del otorgamiento de la dote él se encontraba en Lima y con un buen susto en el cuerpo: "Y estando yo en la ciudad de los Reyes el año de 1619 jueves primero de cuaresma, un día después de ceniza como a las once de la mañana vino tan grande temblor que asoló casi toda la ciudad [de Trujillo] echando todas las casas por tierra y los templos que eran muy buenos y toda la fábrica muy bien edificada, donde murieron más de 400 personas, plaga y castigo que envió Dios a aquella ciudad por justos juicios suyos; pasada la fuerza del temblor que causó lo referido en Trujillo, dentro de un cuarto de hora llegó a Lima, aunque ya sin fuerza, que yo lo vi". "Y [el terremoto] que sucedió el año de 1619 jueves a las diez y media de la mañana, después del miércoles de Ceniza, el cual habiendo a estas horas asolado la ciudad de Trujillo*, corrió con tanta violencia y ligereza, que antes de las once llegó a Lima que está casi 100 leguas de Trujillo, yo me hallé aquel día y hora en la platería de Lima y lo sentí, y todos salieron huyendo de sus casas a la calle y dentro de 4 días se supo el gran daño que había hecho, para que el Virrey [Francisco de Borja —Borgia— y Aragón, II conde de Mayalde y príncipe de Esquilache, nacido en 1583 en un barco navegando por el mar Tirreno] le enviase algún socorro por haber quedado tan destruída del temblor". (Compendio).
* La catástrofe dio lugar a una singular devoción por San Valentín, en cuyo día santoral (14 de febrero) ocurrió el seísmo. Desde entonces la ciudad se puso bajo la advocación de dicho santo en su condición de protector y abogado. Por algún tiempo y de manera anual, el Cabildo ofreció misa y sermón en el cual se hacía recuerdo de la catástrofe. Salía el Santo Patrono en procesión y daba vuelta a todo el perímetro de la Plaza Mayor y se elevaban rogativas y plegarias para que la ciudad no sufriera otra vez de tan letal calamidad. (Wikipedia). Como se echa de ver, las supersticiones y patrañas de élites indígenas interesadas en mantener a las masas alienadas fueron sustituidas por las nuevas que trajeron los invasores hispanos, ya refrendada su efectividad en siglos y siglos de estupidización de los pueblos europeos.
El padre de fray Antonio también era generoso con su otro hijo, Miguel:
Juan Vázquez de Morón conoce a Miguel Vázquez su hijo y dice que él hubo a tributo del Conde de Olivares 3 aranzadas y media de tierra en El Toconal, término de Valencina del Alcor, linde con tierras que dicho Conde dio a tributo a Francisco Martín Miño y con las que dió a tributo a Juan Payán, con 2 gallinas y la novena parte de la cosecha a pagar anualmente a don Gaspar de Guzmán, y ahora el otorgante ha concertado con su hijo en que le traspase la dicha tierra, por tanto por la presente se la traspasa con el cargo y condiciones en que él la recibió, y dicho su hijo Miguel se obliga a pagar el tributo desde 1º de enero de este año. El padre le da poder para entrar y tomar la posesión de la tierra, y Miguel se obliga a todo lo dicho. Dado en Castilleja a 13 de octubre de 1617. Testigos, Juan de Castro, Juan Cabrera y Juan Varela.
Firmas de Miguel Vázquez y de Juan Varela
Carta de pago. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo, Miguel Vázquez, vecino de esta Villa, hijo de Juan Vázquez de Morón y de Leonor García, otorga que recibe de dichos sus padres 120 ducados que le dan en cuenta del pago de la legítima y herencia que de ellos ha de haber, y los recibe de la manera siguiente: un calzón y ropilla de terciopelo negro "que de nuestro acuerdo fue apreciado en 40 ducados"; unas medias de seda negra y unas ligas de tafetán negro, 62 reales; un sombrero, 23 reales; un jubón de raso negro, 6 ducados; una gargantilla de oro, 6 ducados; unos zarcillos de oro, 5 ducados; 2 sortijas de oro, 6 ducados; 2 onzas de corales, 2 ducados; 2 garvines de oro, 1 ducado y medio; un cofrecillo, 6 reales; un espejo, 6 reales; 468 reales y medio en dineros. Que todo ello monta los dichos 120 ducados, y los dichos sus padres se lo entregaron al tiempo que él se casó con Brígida Rodríguez (1), y por la presente les otorga bastante carta de pago a cuya firmeza obliga su persona y bienes habidos y por haber. Dado en Castilleja a 16 de febrero de 1615 (2). Testigos, Hernando de las Cuevas, Alonso Ramos y Diego de Olivares.
(1) Brígida Rodríguez, mujer de Miguel Vázquez, hija legítima de Bartolomé de Chávez, difunto, y de Elvira Rodríguez, cuya herencia tiene aceptada, con licencia de dicho su marido Miguel presente a este otorgamiento da poder a su suegro Juan Vázquez de Morón para cobrar en juicio o fuera de él todos los bienes que en nombre de la dicha su madre le pertenezcan por herencia de Melchor López su abuelo, padre de dicha su madre, y pedir que se partan entre los herederos y se adjudique a ella la parte que le corresponda, y le da poder para tomar posesión de lo que a su madre y a ella en su nombre le fuere adjudicado. Dado en Castilleja a 29 de agosto de 1613. Testigos, Roque de las Cuevas, Alonso Rodríguez de Triana y Domingo Ruiz, vecinos de esta Villa. Escribano, Fernando de las Cuevas.
(2) En este 1615 fray Antonio contrajo una enfermedad, de la que se curó con baños termales: " Hay en estos baños muy buenas casas y estanques hechos por los incas debajo de techado con el agua en cañada, así la caliente que es natural como la fría que se le echa para templarla por venir muy caliente, y sin haber por toda esta tierra volcanes de fuego; está a un tiro de arcabuz una laguna de agua caliente de estos baños, y hay noticias (y se dice por muy cierta) que en ella cuando vieron los indios lo que sucedió y la codicia que traían los españoles por oro y plata, que echaron en ella gran cantidad de riqueza de plata y oro en vasijas y ollas, y algunos curiosos o por mejor decir codiciosos han intentado desaguarla al río para buscar y sacar aquella riqueza y no lo han ejecutado por faltarles las fuerzas y posible. Los baños son muy saludables y provechosos para los enfermos y aun hallándome yo con poca salud el año de 1615 me bañé en ellos y fue Dios servido que cobré salud yendo a la reducción de los Motilones y tabalosos a predicarles nuestra santa fe; desde los baños hasta Caxamarca hay un camino derecho, como calle o alameda, de una legua, plantados por su orden muchos álamos y otros árboles frondosos con muy gran cuenta, porque en el valle por ser frío no hay arboleda, sino todo está raso". (Compendio).
A 6 kilómetros de la ciudad de Cajamarca hoy es un centro turístico muy frecuentado por aguanosos de todas las clases sociales, aunque existen dos modalidades: pozas públicas y pozas privadas. Aquí el inca Atahualpa se relajaba sumergido en sus piletas de agua templada mientras Francisco Pizarro estudiaba con sus capitanes la invasión del Tahuntinsuyo (del quechua "Las Cuatro Regiones", o sea, el Imperio Incaico). Pizarro envió a unos emisarios a los baños para invitar a cenar al jefe inca, el cual cayó en la trampa acudiendo al dia siguiente. Fue apresado en dicha ciudad de Cajamarca, en cuya plaza se masacró a su séquito. Ofreció Atahualpa por su libertad un copioso rescate, que aceptó Pizarro. Una vez cobrado, lo acusaron de conspiración contra la monarquía española, y lo asesinaron por estrangulamiento. A partir de él los jefes incas fueron nombrados por los españoles. El cronista Pedro Cieza de León (1) cuenta que Atahualpa, mientras estuvo en la prisión de Cajamarca, aprendió a jugar al ajedrez.
(1) Vemos como en esta nueva disposición, que enmienda la otorgada una semana antes, Pedro de Cieza da prioridad a los vestidos de la imagen de la castillejana iglesia de Santiago respecto a todas sus innumerables devociones (en Llerena, en Trigueros y sobre todo en San Vicente y otras iglesias de Sevilla según expresó en su primer mandato), lo cual, en cierta manera y sin considerar lo absurdo y ridículo de venerar un pedazo pintarrajeado de madera medio podrida o de agrietado barro cocido, nos honra como grupo. Imaginamos también a su hermano el cura don Rodrigo entonando en la iglesia de la Plaza las misas que tan encarecidamente Pedro encarga por su ánima. https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2009/12/postdata-rodrigo-de-cieza.html
Fue nombrado Miguel Vázquez por el Concejo de Castilleja de la Cuesta Receptor de las bulas de la Santa Cruzada en el ejercicio de 1616. Como tal, se obligó a pagar a Su Majestad el rey Felipe y a Juan Bautista ¿Pensson?, tesorero de dicha Santa Cruzada en Sevilla, 1.228 reales de la limosna de 614 bulas que se habían dado fiadas entre los vecinos de nuestra Villa este dicho año. Se obligó a pagar 40 días después del de San Juan de junio próximo, en Sevilla en las casas de morada del dicho tesorero, pena de 12 reales diarios de salario al cobrador y ejecución de sus bienes. Dado en esta Villa a 22 de abril de 1616. Testigos, Antonio de Guzmán, Juan González Carbonero y Jacinto de las Cuevas.
Hay pensadores que encuentran ciertas similitudes y paralelismos entre la colonización de un pueblo por otro y la dominación que un hombre ejerce sobre una mujer. Obviamente fray Antonio Vázquez de Espinosa participó a lo largo de su vida de las dos formas de subyugación, la segunda patente en su actuación —junto a su padre, no lo olvidemos— con vistas a encarcelar a la madre de Simón de Santillán, con la connivencia de este último y de su hermano Sebastián, y el agravante que recae en estos dos últimos de ser hijos de la víctima, como ya documentamos. Pero es Miguel Vázquez, de quien en estos párrafos estamos tratando, el que ostenta hacia el sexo opuesto la conducta maltratadora más evidente. Forman, tan relacionados como estaban, un sospechoso quinteto en lo que a misoginia se refiere. Sigo con el protocolo que señala a dicho Miguel como lo que hoy denominaríamos un "maltratador de género":
En 2 de febrero de 1612 ante el escribano y testigos pareció Diego González, vecino de esta Villa, como marido y conjunta persona de Luisa del Villar (1), y dijo que por cuanto dicha su mujer se querelló de Miguel Vázquez, vecino de esta dicha Villa, en razón de haberla injuriado de palabras afrentosas y de haberle dado de cintarazos (2) y de lo demás contenido en la querella que de ello dió ante Fernando de las Cuevas, Alcalde Ordinario de esta Villa, y el presente escribano dió cierta información y sacó mandamiento de prisión contra el dicho Miguel Vázquez; por tanto el otorgante ahora, por servicio de Dios Nuestro Señor y ruego de buenas personas que se lo han rogado, perdonaba y perdonó al dicho Miguel Vázquez del dicho delito y daba y dió por ninguna la dicha querella con todo lo en ella hecho y actuado, y se obligó de no pedir ni demandar cosa alguna en razón de la dicha querella, y si alguna cosa pidiere o demandare, que no sea oido en juicio o fuera de él, sino desechado de él como defectuoso y de derecho no procedente, y le pagará lo que le pidiere con las costas y gastos que se le recrecieren, y juró a Dios y a una cruz que este perdón no lo hace por miedo ni temor de no alcanzar justicia, sino por servicio de Dios Nuestro Señor y ruego de buenas personas que se lo han rogado, y no lo firmó por no saber escribir. Testigos, Antonio de Guzmán, Sebastián de Chávez y Juan González Carbonero.
(1) Diego González, vecino de esta Villa, da poder a Lucía (sic) del Villar su mujer para cobrar en juicio o fuera de él de Álvaro del Bosque todos los maravedíes que le debe del tiempo que el otorgante le sirvió en su tejar de San Gerónimo en el año pasado de 1611, de cortar ladrillos y hacer barro. Dado en Castilleja a 24 de enero de 1612, siendo testigos Antonio de Guzmán, Juan de Ortega y Juan González Carbonero.
Luisa del Villar, mujer de Diego González y vecina de esta Villa, otorga que conoce a Gregorio Arias su hermano y dice que por cuanto la madre de ambos Beatríz Arias murió, ellos dos se han concertado en que la otorgante le de a él toda la parte de la herencia que como tal hija le corresponde y toca, por precio de 200 reales. Los cuales recibe de contado y por la presente traspasa a su dicho hermano Gregorio todos los derechos y acciones que sobre la herencia tiene. Dado en el Señorío a 25 de marzo de 1612. Testigos, Antonio de Guzmán, Marcos Lozano y Alejos de Castellón.
(2) Un cintarazo puede ser el golpe que se da con la espada de plano, o el que se da en la espalda con un cinto, un látigo, etc., según el diccionario de la Real Academia. Golpear con la espada de plano era uso muy común en la época que nos ocupa. Resulta más lógico que Miguel, en el momento de ofuscación con Luisa, desenvainase la espada para golpearla, acto más propio que desabrocharse el cinturón.







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