martes, 11 de febrero de 2020

Historia de los apellidos, 21b.




Continúo desarrollando el pleito de la entrada anterior. Ante el Alcalde Ordinario de Castilleja don Diego Martínez del Alcázar (1), el apoderado (2) de los hermanos y de la cuñada de Juan Payán el viejo, difunto, mantuvo su posición sin ceder ni un ápice. Dijo: "... por muerte de Juan Payán quedaron unas casas principales que valen más de 1.000 ducados y ganarán cada año más de 25 ducados, y 2 calderas de aguardiente, que la una era muy grande y valía 200 ducados y la otra pequeña que valía 100 ducados, y 4 aranzadas de majuelo que valen 800 ducados y cada año quedan pagados los gastos de más de 600 reales de los frutos y esquilmos, y por ajuar y aderezo de casa que valía más de 200 ducados, y un carretón y una mula que valían 1.400 reales, de todo lo cual se apoderó el dicho Adrián Banbeli (sic) desde el día que murió el dicho Juan Payán el viejo, y los ha poseído y disfrutado y gozado y no ha hecho los gastos que pretende [ver la entrada anterior] ni tienen justificación alguna".
(1) Don Diego Martínez del Alcázar era hidalgo de privilegio y fue recibido como Veinticuatro de Sevilla en el año 1604.

(2) Apoderado que no es otro que el hijo de dicha cuñada Lucía de Vega, viuda de Alonso Montaño y hermana de la mujer del viejo Juan. Este poderhabiente se llamaba Andrés de Vega Montaño.


En febrero de 1632 Adrián Bambel se ratificó en su postura, añadiendo que era público y notorio que Juan Payán el mozo murió estando en las Indias por los principios del año de 1620 o fin del 19, siendo vivo su padre, que murió por fin del 21; rebatió el valor de las casas principales, y en cuanto a las dos calderas de hacer aguardiente, dijo que dos calderas que Juan Payán el viejo tenía las vendió por cobre viejo, "y la caldera que estaba en mi casa cuando el susodicho murió, para hacer aguardiente, es una que yo compré de Juan Enríquez mi primo, que se la dió en pago de lo que le quedó debiendo Jusepe Cornielles su tío, apreciada en 70 ducados, de que consta por esta escritura de que así mismo hago presentación"; y continúa Adrián Bambel exponiendo que de las 4 aranzadas, 2 son suyas, que las puso viviendo dicho Juan Payán el viejo, que las 2 y 2 son distintas y diferentes y las divide un carril de por medio, y cada uno en su tiempo reconoció su viña [siguen dos renglones ilegibles] "... y la mula la compré en esta ciudad a precio de 48 ducados, de que protesto presentar escritura a su tiempo y lugar".

El Alcalde Ordinario les concedió otros 20 días de prórroga a las partes para que presentasen sus alegaciones. En el legajo, a continuación, hay una copia de escritura de venta presentada por Adrián: Pedro Pérez de Miranda, vecino de Sevilla en la collación de San Juan de la Palma, estante al presente en esta Villa, vende a tributo a Adrián Bambel y a Juan Payán el mozo, vecinos de esta Villa, unas casas de morada en que solía estar y al presente está el oficio de hacer aguardiente (1), que el otorgante posee en el Señorío de esta dicha Villa, con su patio, pozo, cortinal, ... , caballeriza, sobrado para pajar, que el otorgante compró con otros bienes del difunto Juan Payán y de su mujer, linde con casas de la viuda de Antón García y por la parte de arriba con viñas de Juan García del Valle y por detrás con viña y majuelo del otorgante que solía ser y estar junto a las dichas casas y hoy está atajado y dividido con el pedazo de tierra cortinal que así les vende con las dichas casas, y por delante con la calle de esta Villa; y las casas con el dicho pedazo de viña con que lindan las compró, como queda dicho, de los dichos Juan Payán y su mujer, con otro pedazo de tierra calma en el pago de Las Escaleras término de esta Villa, con ciertos tributos y condiciones según pasó ante el presente escribano Roque de las Cuevas en 1 de diciembre de 1613 ... [siguen dos renglones ilegibles] ... "... de Ureña mi mujer ... de Medina su tío presbítero vecino de Sevilla, y yo [Pedro Pérez de Miranda] quedé señor de las dichas casas y demás bienes conferidos en la dicha venta declarada", y como tal señor se las vende ahora a Adrián Bambel y a Juan Payán el mozo, con 12 maravedíes de tributo al año que por el suelo se pagan al Conde de Olivares, y se las vende por precio de 500 ducados, de los que Adrián y Juan le pagarán 25 cada año, con rédito de 20.000 maravedíes el millar, en Sevilla en las casas de morada del vendedor, hasta que rediman los dichos 500 ducados, de forma que en tres años han de pagarle la mitad, que son 250, pena de ejecución; y deberán tener las casas enhiestas y bien labradas; la alcábala deberán pagarla los compradores, los cuales se obligan al cumplimiento de todo lo dicho. Dado en Castilleja a 27 de mayo de 1615, siendo testigos Alonso Buitrago, presbítero, Fernando de las Cuevas y Francisco Venegas, vecinos de esta Villa. Pedro Pérez de Cuéllar, escribano de Castilleja, sacó esta copia y dió fé de su verdad.

(1) "La existencia de alambiques en las haciendas sevillanas, junto a lagares y bodegas está perfectamente constatada en el siglo XVI y parece probable que el perfeccionamiento de las destilerías estuvo ligado a la presencia de maestros aguardienteros de origen flamenco", dice Lutgardo García Fuentes en Las exportaciones de productos agrarios de Sevilla en las flotas de Nueva España en el siglo XVIII (Andalucía y América en el siglo XVIII. Actas de las IV Jornadas de Andalucía y América. Universidad de Santa María de la Rábida, 1984), basándose precisamente en un estudio del profesor Antonio Herrera García ya expuesto en esta Historia —en parte— por nosotros: Traspasos y concentraciones de unas fincas en Castilleja de la Cuesta (1563-1635). Antonio Herrera García. Archivo Hispalense, número 179.
"A título comparativo copio en seguida un resumen del anterior documento, un resumen elaborado por el profesor experto indiscutible sobre temas aljarafeños Antonio Herrera García, dado a conocer en su publicación "Traspasos y concentraciones de unas fincas en Castilleja de la Cuesta (1563-1635)". Separata de "Archivo Hispalense", nº 179. Sevilla, 1975. (En la cual publicación, por cierto, sobresalen en importancia para nuestro interés los datos respecto al mundo del aguardiente en la Villa) [...] que pasó ante el escribano Hernando de las Cuevas, y la otra mitad es la dicha donde vive Jusepe Cornelio, linde con las dichas casas [la primera mitad], con viñas de doña María de Portes y con viñas de Hernán Dálvarez de Soria, y esta la dió doña Luisa a Maese Pedro, flamenco, maestro de hacer aguardiente, difunto, vecino que fué de esta Villa, que tiene un tributo perpetuo de 12 ducados y una gallina al año, que Maese Pedro se obligó a pagar a doña Luisa y a sus herederos, como parece por escritura ante Hernando de las Cuevas del 16 de noviembre de 1579, y por muerte de Maese Pedro sucedió en ellas Cornelia Bander Buer [ Cornelia van der Vuer ] su madre, como su heredera legítima, vecina de Amberes, que es en Flandes, y Jusepe Cornelio en nombre de esta Cornelia y con su poder ha vivido y vive en dichas casas y le paga a doña Luisa de Briones dicho tributo de 12 ducados y una gallina, que a ella pertenece por su dote y por otros derechos [Hernando Jayán murió abintestado]". Notas varias, 2i. Agosto de 2017.
Así es como queda atestiguado fehacientemente que Castilleja de la Cuesta fungió como centro principal de la elaboración de aguardiente, cuyo primer productor fue Maese Pedro, quien enseñaría el oficio a su paisano Jusepe Cornielles y a los castillejenses Oliver —descendientes de Bernado el Espadero—, Castro, Vega y a estos Payán.


Doña Mariana de Ureña (1), viuda de Pedro Pérez de Medina, vecina de Sevilla y moradora en la Villa de Castilleja de la Cuesta, por sí y como tutora curadora de Ignacio y Bernabé de Medina, sus hijos con dicho Pedro, tutoría proveída por juez competente según pasó ante Juan Luis de Santa María, escribano público de Sevilla, en 21 de febrero de 1626, dice que por cuanto su marido difunto vendió a Adrián Bambel y a Juan Payán el mozo unas casas en que al presente vive (ver supra), y ahora dicho Adrián Bambel quiere pagarle 220.365 maravedíes por cuenta del principal y lo corrido, ella por la presente recibe de contado dicha cantidad, y Adrián le queda debiendo 104.075 maravedíes de principal y por ellos 5.203 maravedíes de renta cada año, que dicho Adrián deberá pagarle a ella y a sus hijos desde el día 12 de abril en adelante por los tercios de cada año. Adrián, presente, se obliga a ello, pena de ejecución y de 500 maravedíes de salario cada día que emplee el cobrador que le envíe doña Mariana. Dado en esta Villa en las casas de morada de la otorgante doña Mariana de Ureña, a 20 de abril de 1630, siendo testigos Diego Sánchez, Domingo Benítez y Francisco de Aranda.

(1) "Y después de lo susodicho, en Sevilla a 8 de marzo de 1608, ante el dicho escribano y testigos pareció Diego de Medina y dijo que, usando de su derecho, nombraba por señora y poseedora de la dicha heredad a doña Mariana de Ureña su sobrina, hija de Bernal del Castillo* y de doña María de Ureña, hermana del dicho Diego de Medina; a la cual doña Mariana su sobrina hizo gracia y donación para ayuda a su casamiento, como si la anterior escritura de venta se hubiera otorgado a favor de ella, quedando a cargo de él pagar lo que se debe del resto". Notas varias, 2p. Enero de 2018.
* Tenedor de bastimentos y municiones de la ciudad de Sevilla y vecino de ella en la collación de San Juan de la Palma, salió por fiador del clérigo Diego de Medina en la compra de la heredad de Castilleja que luego recibiría doña Mariana. Ver la entrada citada.


Juan Enríquez [primo de Adrián Bambel, ver supra], vecino de Sevilla en la collación de Santa María, otorga carta de pago y finiquito a los bienes y herederos de Jusepe Cornielles y Catalina Gallegos (1) su mujer, difuntos, y al padre fray Domingo de Santiago, de la Orden de Santo Domingo, residente en el monasterio de San Pablo de Sevilla, como su albacea, de 100 ducados que dicho Jusepe Cornielles, tío del otorgante, le dejó y mandó por su testamento hecho en la ciudad de Sevilla antes de ir a Flandes, que pasó en dicha ciudad ante Francisco Albadán, escribano público de ella, en 18 de agosto de 1610, los cuales 100 ducados entran en cualquier servicio que el otorgante haya hecho a los dichos Jusepe Cornielles y Catalina Gallegos durante el tiempo que estuvo en su casa, porque con los dichos 100 ducados y con otros 100 que dicha Catalina le dió poco antes de fallecer está pagado de todo el dicho servicio. Y aunque Jusepe Cornielles hizo otro testamento estando en Flandes revocando el primero, fray Domingo su albacea hace a este otorgante buena obra y le da los dichos 100 ducados, en esta manera: 70 ducados en una caldera de latón con su cabeza para hacer aguardiente, que está en Castilleja de la Cuesta en casa del aguardentero Juan Payán; 6 ducados en dineros; y 5 ¿quántos? nuevos para aguardiente, y otras 2 pipas de 27 arrobas cada una, la una de ellas con 4 arrobas de vino. Que valen los dichos ¿quántos?, pipas y vino 14 ducados; y un cofre de Flandes y una mesilla y otras ¿alhajas? que valen 10 ducados, que todo lo recibido vale los dichos 100 ducados, de que se dá por contento y pagado. Y porque es mayor de 24 años y menor de 25 jura no ir contra esta escritura alegando su minoría de edad, y dicho fray Domingo de Santiago la acepta. Otrosí es declaración que 200 ducados que dicho Juan Enríquez debía a dicha Catalina Gallegos no se le cobrarán. Firmó fray Domingo de Santiago. Dado en Sevilla en 21 de julio de 1611. Testigos, Domingo Rodríguez, vecino de Triana, Guillermo de Vega, vecino de Sevilla en la calle de la Mar, y Diego de Valcárcel y Diego Arias, escribanos de dicha ciudad.

(1) Es interesante detallar que uno de los hijos del Juan Van Belle que Antonio Herrera García cita en su obra Torre Arcas. Biografía de un latifundio sevillano (ver la entrada anterior) se llamaba Alonso Gallegos. Probablemente estamos ante un caso de endogamia. Esta Catalina Gallegos mujer de Cornielles era natural de Castilleja.
Por cierto que —siguiendo al profesor Antonio Herrera— sabemos que Torre Arcas fue vendida por Francisca Caldera, la viuda de su propietario Juan Van Belle, al Capitán General de las flotas de Indias Alonso de Mújica y Butrón, esposo de María Bocanegra Maldonado, hija del capitán Pedro Bocanegra y de Ana Maldonado de Saavedra*. Una vez enviudada María Bocanegra de su esposo el General y con un hijo menor de edad, obtuvo la hacienda en usufructo en el año 1636.
*Ana Maldonado de Saavedra mantuvo actividad como comerciante y exportadora a Indias por iniciativa propia y en nombre de su nieto el hijo del General, según nos cuenta J. Gil-Bermejo en Mercaderes sevillanos, II (Una relación de 1640). Archivo Hispalense nº. 88, año 1978, pág. 42. En esta Relación de mercaderes sevillanos figuran doña Ana Maldonado con 6.617 ducados, Bartolomé Maldonado con 2.319, y Juan Gerónimo Maldonado con 1.231. Y además Antonio Melo con 2.319, don Francisco de Melo con 1.231 y don Gabriel de Melo Maldonado con igual cantidad, 1.231 ducados.
A Ana y a Melchor Maldonado de Saavedra, —quizá hermanos—, nos los hemos encontramos en Castilleja en relación familiar con los Melo Maldonado-Cromberger y sobre todo con el marquesado de Montefuerte: "Los de Montefuerte forman una frondosa rama menor de los Ortices de Sevilla; entre ellos nos interesan Melchor y Ana Maldonado de Saavedra", Historia de los apellidos, 20d. Agosto de 2019. Se explica de esta manera que bastantes agricultores castillejanos poseyeran por compra o tuvieran en arrendamiento viñas en sitios o pagos pertenecientes a la hacienda Torre Arcas, como por ejemplo en el pago de Torreblanca, en el de Torrequemada o en del Acebuchal.


Termino esta entrada con una apreciación: la de que fray Antonio Vázquez profesaba hacia los holandeses un odio encarnizado. Explicable por una parte por el espíritu que animaba a la iglesia católica hispana en aquellos años de divergencias político-religiosas en el seno del cristianismo (1), y por la otra y en lo personal, por el hecho desgraciado de la muerte de sus dos hermanos Juan y Francisco bajo el fuego de los marinos flamencos en el Caribe. El odio de fray Antonio se manifiesta casi en cada capítulo del Compendio: "... pérfidos herejes del Septentrión ... en el cual [puerto de Mampatare] había una fuerza que destruyó el holandés y se llevó las piezas [cañones] de ella ... porque no lleguen a cargar [sal en las salinas de Araya, a tres leguas de Cumaná] los holandeses ni otros extranjeros enemigos (2)... por estar estas Provincias [de la Guayana] tan apartadas y atrás mano y ser codiciadas de los piratas holandeses (2) y de otras naciones extranjeras ... en este río [de Berbis] tuvieron pobladas tres poblaciones los holandeses y hechas grandes sementeras de tabaco, maíz, yuca y otras semillas y legumbres en la boca de Amacur, pero los españoles vecinos de las ciudades de Santo Tomé de Guayana y de San José de la isla Trinidad con gran valor y trabajos, riesgos y peligros, fueron en bajeles a estas partes, por quitar de ellas tan mala vecindad antes que cobrasen mayores fuerzas y los despoblaron y mataron ... el río de Guayapoco, origen de la nación de los Araucas, tiene famoso puerto, donde los holandeses dan de ordinario carena y lado a sus naos, así por la bondad y seguridad del puerto, como por no haber por aquella parte quien los inquiete ... en los cuales [ríos de Tucujús y Genipapo]  estaban poblados y fortificados los holandeses, donde tenían sus sementeras de tabaco, algodón y otras semillas y raíces ... el año de 623 desbarató [el capitán Benito Marcier Pariente] los holandeses e ingleses que estaban poblados y fortificados en dos fuertes que tenían en el brazo de Parnaíba, entre las dos islas y los hizo desmantelar; y este mismo año peleó con una nao de los holandeses, que estaba cerca del fuerte de la punta del Norte, en la provincia de los Tucujús, y con solas cinco canoas la rindió y los herejes se pegaron fuego. El año de 625 peleó con los holandeses de la fuerza de la punta del Norte, los venció y hizo desmantelar el  fuerte, prendiendo y matando los que había en él, pues en los tres fuertes y nao murieron más de doscientos holandeses y más de otros ochenta tienen presos en la isla de Todos Santos y ciudad de San Luis ... hay en el puerto de Guatulco una Santísima Cruz grande reliquia, y de mucha veneración en todo el reino de la Nueva España, la cual intentaron quemar los holandeses  y aunque le pusieron fuego no pudieron, con que se fueron confusos, ha obrado Dios por ella muchos milagros ... en la cual [isla de Terrenate en las Malucas] se cogía grandísima cantidad de clavo, por ser la más abundante de esta especie de todas; al presente no lo hay, porque los nuestros lo han cortado todo por los holandeses, aunque alguno ha quedado en las faldas del volcán ... el rey de Tidore [isla a media legua de la de Terrenate] y sus vasallos son amigos nuestros y enemigos de los terrenates y holandeses ... en esta isla de Tidore hay cantidad de clavo, que es el que tenemos, aunque es poco respecto del que tienen los holandeses en las islas de Maquien y Motiel, que están debajo de la Equinocial, muy vecinas y cercanas a Terrenate y Tidore ... la plaza de Armas principal que tienen los holandeses es la de Malayo, en Terrenate, donde reside el gobernador que tienen con mucha gente de guarnición, muy prevenidos de bastimentos, armas y municiones, tienen en la misma isla otra fortaleza que llaman Tacome, y en Tidore tienen otra que llaman Marieco y otras, todas muy fortificadas y prevenidas de gente y de lo necesario; aunque nuestros españoles con ser menos estando necesitados, con su ánimo, valor y esfuerzo los tienen a raya, deseando siempre salir a pelear con los enemigos, porque es el mejor día que tienen para valerse de los despojos que les quitan y ganan, que sólo para tratar de los hechos de aquellos pocos y valerosos españoles era necesario hacer un libro particular ... luego que el año de 1615 fue a gobernar del reino del Pirú el príncipe de Esquilache por haber entrado el enemigo  holandés el dicho año en aquel mar [del Sur, el océano Pacífico] por el estrecho [de Magallanes], y puesto en tanto cuidado aquel reino y los puertos y navíos de aquel mar, que fue el último que gobernó el Marqués de Montesclaros, por el gran descuido con que se había vivido, y hallándose en gran confusión el Reino por no haber defensa en él de piezas de artillería ni municiones, el príncipe de Esquilache para remediar algo de la necesidad que había, mandó hacer dos fuertes o baluartes [en el puerto de El Callao] ... son [las islas del archipiélago de Chiloé] de a 30 leguas, de a 20, a más y menos, llenas de arboleda, en las cuales se han criado innumerables cabras, donde los enemigos holandeses o ingleses, después de haber desembocado, suelen dar lado o carena a sus navíos, y como no tienen quien les impida, ni resista, siembran y cogen hasta ser tiempo de poder pasar o aviarse, pues ya acontecido que dos veces han tomado esta ciudad [de Castro, en Chiloé], lo cual se remediaría y otros muchos daños con que Su Majestad mandase poblar una ciudad y fuerte en Valdivia de 200 vecinos casados, con un fuerte de 50 piezas de bronce y presidio de españoles como lo advertí en un escrito que hice el año de 1625. Con que no sólo sería freno para los enemigos de la mar, pues aquel fuerte en puerto tan bueno y tierra tan abundante y rica, podemos considerar que es la llave de todo aquel reino; también sería freno para los enemigos de tierra ... y han multiplicado tanto [las cabras] que están las islas [de Juan Fernández] llenas de este ganado, que les sirve a los enemigos holandeses cuando pasan el estrecho [de Magallanes] de refrigerio, donde paran en estas islas a dar lado y carena a sus navíos del largo viaje que han llevado. Siembran y cogen, hacen grandes matanzas de cabras para cecinas, leña y agua, y como están tan afuera a la mar no son vistos, ni sentidos, de donde salen pertrechados, como si no hubieran navegado, para hacer de camino los daños y robos que suelen en las costas del Pirú, como advertí, y del remedio que puede haber en esto en un escrito que di el año de 625 en las Juntas que se hicieron por mandado de Su Majestad a instancia mía, ante el gran prior de San Juan y Conde de la Puebla, sobre que no convenía que fuese la armada, que se enviaba por el estrecho, y cómo se podían remediar y obviar los daños que se recelaban".

(1) Dando por sentado que el cristianismo y sus referidas divergencias no fueron otra cosa que el disfraz con el que se cubrían intereses más mundanos, como son la pugna entre un bloque económico tradicional e inmovilista, representado por la esfera hispánica desde el emperador Carlos V de Alemania y I de España, y el bloque económico renovador e independentista que formaban los "rebeldes" del centro de Europa. Éstos con el protestantismo y aquéllos con el catolicismo, camuflábanse de la misma manera que hoy, por poner un ejemplo, se camufla con el mahometanismo toda la disidencia del Medio Oriente en pos de sacudirse de encima la explotación secular que el Occidente extractivista ejerce sobre él. Desde esta perspectiva, fray Antonio Vázquez de Espinosa no fue otra cosa que el vocero de los intereses económicos de la monarquía española, y so capa del fervor religioso a la Virgen del Carmen, el fraile castillejano ejerció con tenacidad su cometido ideológico y alienante, como estamos viendo.
Así, los holandeses que permanecieron fieles al legado de Carlos V y que fueron incondicionales aliados de la causa española, medraron en Sevilla y en Castilleja de la Cuesta, favorecidas sus actividades comerciales y mercantiles por todas las fuerzas vivas católicas. Curiosamente, la inmensa mayoría de estos inmigrados optó por actividades lucrativas y por negocios materialistas, y no resalta ninguno que desde alguna orden religiosa se dedicase a la propagación de la doctrina y la fé de Roma.

(2) A principios del siglo XVII los holandeses eran los principales mercaderes marítimos de las costas atlánticas de Europa. El descenso del comercio con España y Portugal, a causa de la guerra, les hizo buscar mercados en otras partes del mundo. Un producto deseado afanosamente era la sal, esencial para su industria pesquera (salazón de pescados, en especial arenques), y necesaria en el Viejo Mundo para la conservación de la carne. Normalmente, la sal se obtenía en el sur de Portugal, pero la unión de este país con España bajo el reinado de Felipe II dificultó su comercio y obligó  a conseguirla primero en las islas de Cabo Verde y posteriormente en el Cariba, donde descubrieron y comenzaron a explotar las salinas de Araya, en Cumaná. De esta manera los holandeses adquirieron un papel protagonista en la región antillana [...]. Por estas mismas fechas aparece en el Caribe, con más de una veintena de barcos, Boudewijn Hendrijks (el pirata Balduino Enrique para los españoles), primero como apoyo de la gran flota que debía tomar la capital del Brasil portugués (San Salvador de Bahía) y luego, fracasada la operación anterior y ya en solitario, para sembrar el pánico en Puerto Rico, Santo Domingo, Margarita, Jamaica y Cuba, hasta su muerte ocurrida en 1626. (Los holandeses en América del Norte y el Caribe en el siglo XVII. Antonio Gutiérrez Escudero).







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