sábado, 11 de abril de 2020

Historia de los apellidos, 21h.



La polvareda espesa —en ocasiones turbulenta— que opaca la visión histórica del descubrimiento del árbol de la quina adquirió unas dimensiones particularmente grandes durante el siglo XVIII, en el cual siglo destaca el botánico José Celestino Mutis con sus obras sobre el tema (1), a quien don Sebastián acusaba, como vimos en la entrada anterior, de haberse apropiado del mérito que sólo a él correspondía. Además de en su Defensa y Demostración del Verdadero Descubridor de Las Quinas, don Sebastián defendió su postura en otra de sus obras: Cronología de la quina de Santafé de Bogotá. Demostración apologética de su descubrimiento en estas Cercanias. https://catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co/client/es_ES/search/asset/68809
José Celestino Mutis —apunto de pasada— recibió el grado de Bachiller en medicina en la Universidad de Sevilla, el 2 de mayo de 1755, tal como lo había recibido el médico castillejano Juan de Tovar López setenta años antes.

(1) Siendo la principal el Arcano de la Quina, revelado a beneficio de la Humanidad. Parece ya desde el título, Arcano, que el sacerdote gaditano no quería comprometerse figurando definitiva y taxativamente como el afortunado que halló el árbol de la fiebre por primera vez, aunque eso sí, dejándolo a entender. De todas formas Mutis era un estudioso al que se acusó, especialmente en círculos académicos europeos, de haber sacrificado en sus escritos la objetividad de la ciencia en pos de veleidades literarias y artísticas.
Arcano, el vocablo, apareció en el castellano a mediados del siglo XVI. "Oculto, misterioso, profundo y recóndito; como pensamiento arcano, noticia arcana. Dícese también del hombre que es muy callado y misterioso en sus dichos y hechos. Arcano se suele usar como sustantivo, y es lo que uno guarda y reserva en sí, y no lo dice ni manifiesta. Regularmente se usa de esta voz para significar, no lo que es común y de poca entidad, sino lo que encierra y contiene materia grave y de grande aprecio; como cuando se dice los arcanos de los Príncipes no son fáciles de penetrar ni saber.
Arcanidad. Cosa recóndita que uno reserva en sí, como noticia especial, máxima de estado, resolución y secreto confiado, y así otras cosas; y así del que presume tener grandes inclusiones con los Ministros del gobierno y habla palabras preñadas y misteriosas, se dice que es hombre de muchas arcanidades. Es voz de uso moderno, introducida por los que se precian de cultos en el lenguaje". Diccionario de Autoridades.
"Arcānus, -a, -um [arca], adjetivo, arcano, oculto, secreto misterioso // fiel, discreto // -um, -i, nombre, arcano, misterio, secreto // lugar sagrado [ = Sancta Sanctorum ] // arcano; -nê, adverbio, en secreto, de modo misterioso". Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas. Santiago Segura Munguía. Universidad de Deusto.
Todavía en la segunda mitad del siglo XX —y con posterioridad también— quedan reminiscencias de la confusión derivada del descubrimiento de la quina original, como lo reflejó Fernando Ignacio Ortiz Crespo en el título de su libro La corteza del árbol sin nombre: hacia una historia congruente del descubrimiento y difusión de la quina. Fernando I. Ortiz Crespo (1942-2001) "murió por hipotermia y paro cardíaco en La Mica, situada en las altas estribaciones del Antisana, donde se volcó la canoa que le permitía seguir, sin desvíos, el curso celeste de las aves migratorias que, en su vuelo del Ártico a la Antártida, cruzan cada año la Línea Equinoccial". Periódico ecuatoriano El Comercio, 31 de octubre de 2011. Fue Fernando Ignacio primera beca de la Fundación Charles Darwin, máster en ciencias por la Universidad de Missouri, asistente del Museo de Zoología de Vertebrados en la Universidad de Berkeley, California, PhD en Biología por ese mismo alto centro de estudios con laureada tesis sobre colibríes ecuatoriales, además de otros muchos títulos.


"La Quina primitiva, que después de tantas controversias acerca de a cual de las especies botánicas descubiertas posteriormente pertenece, y que aún no se ha averiguado si es la naranjada de Mutis, o la oficinal de Linneo, fue descubierta por los indios, y experimentada por ellos mismos para curar las fiebres muchos años antes de nuestra conquista de las Américas (1). Un corregidor de Loja después de haberla recibido de manos de un indio, y experimentado él mismo sus felices efectos en 1636, se la regaló en 1638 al Virrey del Nuevo Reino de Granada don Gerónimo Fernández de Cabrera, conde de Chinchón, de donde tomó el nombre de Cinchona; y la condesa su esposa, después de haberla hecho ensayar con felices resultados en el hospital de Lima, fue la primera europea que experimentó sus maravillosos efectos (2). Con tan alta recomendación vino a ser objeto de especulación para los jesuitas; éstos después la trajeron a España en el año de 1640, y la empezaron a recomendar con buen éxito... " (Prólogo del doctor Manuel Hernández de Gregorio, boticario de la Corte, de su edición del Arcano de Mutis, hecha en Madrid en 1828).

(1) El uso de la Quina era conocido de los Americanos antes de serlo de los Españoles, y según una carta manuscrita de Antonio Bolo, Mercader Genovés que había comerciado en estas regiones, citada por Dn. Sebastián Bado, los Naturales de aquel pais tuvieron por mucho tiempo oculto este específico a los Españoles. Lo que es muy creible en vista de la antipatía que aún conservan a sus Conquistadores. (Charles-Marie de la Condamine, Sur làrbre du quinquina, Mémories de l` Académie de Sciences, 1738). Condamine dice también que el doctor Juan de Vega, médico de los condes de Chinchón, que los acompañó en su regreso a España, vendió las primeras libras en 1640 a cien reales.
"No será importuno en este lugar recordar la justa observación que hace el mismo M. de la Condamine sobre la etimología u origen del nombre quina con que jamás se ha conocido ni conoce en el Perú, ni aun generalmente en el comercio de España la cascarilla de que vamos tratando, con el fin de completar la historia de su primer conocimiento por los europeos, y remitir al lector para su comprobación al fin de la segunda parte de este tratado; pues aunque aquel célebre académico apunta, que la denominación de quinaquina, que había sido propia de un árbol muy diverso del que lleva la cascarilla o quina de Loja, conocido y usado mucho antes del descubrimiento de este último por los jesuitas de la ciudad de la Paz como un excelente febrífugo*, se comunicó al cascarillo de Loja por la semejanza en las virtudes... [...]. Los nombres con que se conoce en las boticas y entre los facultativos la corteza llamada en el Perú y en el comercio cascarilla son los siguientes: quina, quinquina o kin-kina, kina kina, corteaa peruviana, loja, china-chana o china-canna, china-chinoe, corteza-febril, genciana índica, antiquartanario peruviano y palo de calenturas. A los polvos denominan polvos de los jesuitas, polvos de Lugo, polvos peruvianos, polvos americanos y polvos de Quarango". Historia Bibliográfica de la Medicina Española, Tomo IV. Obra póstuma de don Antonio Fernández Morejón. Madrid, 1846.
* Y antes que los jesuítas de la Paz, conocido por fray Antonio Vázquez de Espinosa, como estamos demostrando.

 (2) "En España fue el propio médico de los condes de Chinchón, el Dr. Juan de la Vega *, quien la introdujo hacia 1640, iniciando su comercio en Sevilla". (Miguel Ángel Puig-Samper. José Celestino Mutis, estudio crítico. Fundación Ignacio Larramendi, 2017).
* "La planta americana que adquirió una importancia considerable desde el siglo XVII fue la quina. Tradicionalmente se ha aceptado la leyenda de la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú, según la cual fue esta dama la primera europea en utilizar el polvo de la corteza del quino y difundirlo. De ahí que Linneo la llamara Cinchona. Puede afirmarse que los médicos españoles fueron los primeros en ocuparse del uso terapéutico de la quina. Mencionaremos a tres de ellos: Gaspar Caldera de Heredia (1663), Gaspar Bravo de Sobremonte (1669) y Pedro Miguel de Heredia (1673).
Tal como ha estudiado López Piñero, en el primer capítulo del libro de Caldera (De pulvere febrifugo Occidentalis Indiae (1669) se dice que esta planta no aparece descrita en las obras de Monardes, Orta, Clusius y Acosta. Se afirma que los indios empleaban los polvos de corteza para combatir los temblores musculares producidos por el frío y que los jesuitas, basándose en un razonamiento analógico, empezaron a usarlos para tratar los escalofríos de las fiebres intermitentes cuartanas y tercianas. Estos religiosos llevaron el medicamento a un farmacéutico de Lima que lo ensayó y animó a probarlo en esta ciudad. En el segundo capítulo Caldera cuenta que fue Juan de Vega, médico del virrey, conde de Chinchón, y primer titular de la cátedra de prima de medicina de la Universidad de Lima, quien llevó gran cantidad de polvos y corteza a Sevilla diciendo que había hecho diversas pruebas con ellos en la capital del Perú. Caldera de Heredia era la principal figura médica en la Sevilla de 1641 y, sin lugar a dudas, fue uno de los primeros en emplear el nuevo remedio". (https://www.uv.es/IHCD/Farmacologia/farma16.htm)
"La llegada de la quina a Europa se produce, como en tantas otras ocasiones, a través de Sevilla, puerta de Indias, vía de entrada de novedades y maravillas procedentes del Nuevo Mundo. Sevilla como escenario y sevillanos sus primeros intérpretes. Fue Sevilla la que vio arribar, en 1639, a Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla (1589-1647), IV conde de Chinchón y virrey del Perú entre 1629 y 1639. Le acompañaba, en su séquito, Juan de Vega, médico complutense, que había ejercido como médico personal suyo, a la par que se había transformado en primer Catedrático de Prima de Medicina de la limeña Universidad de San Marcos. Durante esa década peruana, fue testigo del auge que tomaba una nueva especie vegetal, conocida por los indígenas como quinaquina o quarango. Crecía en los bosques lluviosos de las montañas andinas. Y decían que curaba las fiebres intermitentes. Una vez terminados sus servicios como médico virreinal, de regreso a la Península, Juan de Vega se instaló en Sevilla, en la Borceguinería. Trajo consigo, entre otras muchas cosas, una buena provisión de corteza de quarango que, libra a libra, iba suministrando a Diego Gómez Duarte, boticario de la calle Vizcaínos, para que la dispensase a los que acudieran con sus recetas. De ahí que la quina, el medicamento que curaba la malaria, también fuera conocido, entre los médicos españoles, como "Los polvos de Juan de Vega". Así lo cuenta Diego Salado Garcés,
médico natural de Utrera, catedrático que fue de Método en la Universidad de Sevilla, en su Apologético discurso (impreso por Thomas Lopez de Haro en las Siete Rebueltas, Sevilla, 1679) De https://eprints.ucm.es/32529/1/Pecia23-2.pdf
En efecto, el utrerano Diego Salado Garcés dice: "Juzguè certissimo que cargara la ponderacion sobre aver dicho (quando no consta de dichos Autores) que el Do&. Juan de Vega fue Cathedratico de Prima, y Decano en la Vniversidad de los Reyes, a que añado el que fue Capitan de la sala de armas de las casas Reales, el qual aviendo buelto à España, y viuendo en Sevilla en la Bolcigeneria, comunicando la corteça de Quarango solamente a Diego Gomez Duarte, Boticario en calle Viscainos, a quien la dava libra à libra, començò a vsar dichos polvos: por cuya raçon, como diximos en el Apologetico, se llama de su nombre para el rigor de los febricitantes".
La calle Bolcigeneria (Borceguinería o de los Borceguineros porque allí tenían sus tiendas estos fabricantes de zapatos o borceguíes) iba desde la plaza Virgen de los Reyes hasta la conflluencia de la calle Mesón del Moro, y así fue conocida desde el siglo XIII hasta que en 1869 fue denominada como Comuneros en recuerdo de las comunidades de Castilla enfrentadas a Carlos I y derrotadas en Villalar; en 1875 de nuevo se llamó Borceguinería hasta 1893 en que se acordó rotularla Mateos Gago en reconocimiento de Francisco Mateos Gago (1827-1890), teólogo, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, que vivió y murió en las inmediaciones. La calle Viscainos (Vizcaínos), desde la confluencia de la avenida de la Constitución y Plaza Nueva a la de García de Vinuesa y Cristóbal de Castillejo, se conoció primeramente como calle de Castro, se cree que por unos caballeros que participaron en la Reconquista, pero el nombre alternaba con el de Vizcaínos, que al parecer era la denominación popular de la calle, porque, según Peraza, aludía al establecimiento de una nutrida colonia vasca dedicada a la compraventa de hierro: "Gran número de vizcaínos que toda la calle ocupado han, y tratan y venden en ella los clavos, herraduras y toda cosa de armas de hierro, lanzas, hachas y hachetes pertenece". En el plano de Olavide (1771) se recoge como Vizcaínos, hasta 1888 en que se denominó con el nombre actual de Fernández y González, por haber nacido en ella el escritor Manuel Fernández y González (1821-1888), novelista prolífico e imaginativo, cultivador de relatos de fondo histórico. Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla. Antonio Collantes de Terán Sánchez.



Uno de los autores (dos, que yo sepa a día de hoy) —el otro es Upson Clark— que mencionan a fray Antonio Vázquez de Espinosa en relación con la quina es Santiago Díaz Piedrahita: "En 1771 Francisco Redi se refiere a la especie que nos ocupa como “Corteza de quina-quina” o “cascarilla de Loja”. De otra parte varios cronistas como Bernabé Cobo en la “Historia del Nuevo Mundo” y Fray Antonio Vásquez de Espinosa, en el “Compendio y Descripción de las Indias Occidentales” hacen referencia al “árbol de las calenturas”. Pero nótese que Piedrahita no resalta lo más importante, que es el uso de la denominación original por parte del fraile carmelita: Quina-quina. Historia de La Medicina, Las Quinas en el Mundo y en Colombia. Dr. Santiago Díaz Piedrahíta, Presidente de la Academia Colombiana de Historia.
En esta entrada vamos siguiendo la pista de quien parece ser el  introductor de la quina en Europa, vía Sevilla, esto es, el doctor Juan de Vega, el mejor y más documentado por los historiadores. En pos de la suposición más coherente, deberemos establecer como hipótesis de trabajo que fue por su mediación como llegó el valioso antipirético al gabinete del sanluqueño doctor Alonso López Cornejo, de manos del boticario Diego Gómez Duarte.

"Es a partir de [la necesidad de dar un servicio eficaz al Monarca] que el rey puede gobernar sobre ese Imperio de papel que le construyen sus secretarios y oficiales. Ellos, y el caso de Díez de la Calle es palmario al respecto, deben mantener sus correspondencias, recibir las peticiones, conocer a las personas físicas o epistolarmente, lo que les sitúa en el centro de múltiples intereses y de no menos proyectos políticos y personales". Reseña de José Javier Ruiz Ibáñez en Espacio, Tiempo y Forma, número 32 de 2019, del libro de Guillaume Gaudin, El Imperio de papel de Juan Díez de la Calle. Pensar y gobernar el Nuevo Mundo en el siglo XVII.
Juan Díez de la Calle en su obra Memorial, resumen y compendio breve de cédulas, decretos y ordenanzas y otras cosas curiosas y necesarias para con más acierto ejecutar los despachos del Real y Supremo Consejo de las Indias y dar expediente a sus decretos y acuerdos [Manuscrito] / por Juan Díez de la Calle, oficial segundo de la Secretaría de Nueva España nos da primera noticia de la fecha de la frustrada impresión del Compendio y Descripción de las Indias Occidentales de fray Antonio Vázquez de Espinosa: año 1629. Aunque es pura lógica pensar que fray Antonio comunicó su descubrimiento ya desde el principio, como hemos sugerido, cuando se encontraba en las inmediaciones de La Plata hasta que en 1619 pasó a Lima. Podemos considerar, en última instancia, que oficialmente fue en este año de 1629 el de la más extensa divulgación del Compendio y por ende, de la quina.

En la edición del Compendio de 1992 (Historia 16) el carmelita Balbino Velasco Bayón (Lovingos, Segovia, 1926 - Madrid, 2013) nos ilustra con abundante documentación sobre los avatares del manuscrito del fraile castillejense:
"Esta obra [el Compendio de fray Antonio] ha tenido una historia azarosa. Se comenzó a imprimir en vida del autor, pero se interrumpió a su muerte. Lo afirma León Pinelo en la temprana fecha de 1636 (1). Biscaretus indica que se imprimieron algunos cuadernillos (2) que extractó Díez de la Calle (3). Debieron circular como anónimos porque, según Clark, en 1738 la nueva edición de la Biblioteca de León Pinelo enumera entre los anónimos en el vol. III, col. 1408-9, Compendio y descripción de las Indias Occidentales, del que sólo había visto dos libros; el primero, del Origen de los Indios y de donde procedieron sus ritos y costumbres y navegaciones que hacen a ella la Flota y Galeones su vuelta. El segundo contiene el Distrito de la Audiencia de la Española` (4).
Parece ser que en las bibliografías solamente permaneció el título, pero se perdió el nombre del autor. A la muerte de Vázquez se hizo cargo de la obra, según Biscareto, el cardenal Panfilio (5). Permaneció manuscrita, salvo las breves páginas impresas, durante más de tres siglos, en la Biblioteca Vaticana. En 1935 la identificó y describió perfectamente el padre Vargas Ugarte (6).
Fué el investigador norteamericano Charles Upson Clark quien la publicó en 1942, traducida al inglés".

(1) Antonio León Pinelo*, 1636, f. 91 v. Cuestión moral de si el chocolate quebranta el ayuno eclesiástico. "Fray Antonio Vázquez de Espinosa, Religioso de la Orden de N. Señora del Carmen, i muy versado, i entendido en todas las materias de Indias, por aver estado muchos años en el Perú, i en  la Nueva España, de que sacó muchos papeles, mapas, i relaciones en esta Corte, que sirvieron en negocios importantes, i tenia començada a imprimir la Descripcion de las Indias, de que hago mencion en mi Biblioteca **, quando murio; privandonos su muerte de la obra de mas provecho que tuvieramos en la materia; sacó a luz el año de seiscientos i veinte i tres un pequeño libro, cuyo titulo es, Confessionario general, luz i guia del cielo, con los tratos i contratos de las Indias del Perú, i Nueva España. En el qual llegando a tratar de lo que acerca del ayuno se deve preguntar, i saber del penitente en la confession, si ha ayunado los dias que manda la Iglesia, con los requisitos que pide, no haziendo colacion demasiada sin neçesidad; si ha comido carne por su autoridad en dias de ayuno, añade: O sin necessidad bebido Chocolate. En que declara i expressamente lleva la opinion de que quebranta el ayuno, i que no se puede beber en dia de precepto sin necessidad".
* Amigo de fray Antonio Vázquez, León Pinelo (1590-1660) buscó refugio en América hacia 1604 acosado por la Inquisición por su procedencia judeoconversa. Su abuelo había sido quemado en auto de fe realizado en Lisboa en 1596. Estudió con los jesuitas y en la Universidad de San Marcos de Lima, y pasó con su familia por Tucumán y Charcas (Sucre). Hacia 1622 —año de la repatriación de fray Antonio— llegó a Madrid junto con su hermano Diego. Llegaría a ser Relator del Consejo de Indias, Oidor de la Casa de la Contratación en Sevilla y Cronista Mayor de Indias.


** Epitome de la Biblioteca oriental i occidental, nautica i geografica ... / por el licenciado Antonio de Leon. En Madrid : por Iuan Gonzalez, 1629.

(2) Joaquín Smet, 1954, pág. 153. Some umpublished documenta concernig fray Antonio Vázquez de Espinosa, en Carmelus, 1. Roma, 1954, pags. 151-158). "There is no record of such a trip [de fray Antonio a Roma], and the contemporary Fr. Agostino Biscareto (d. 1638 or 1639), would surely have mentioned it in his sketch of the missioner`s life which we quote in these pages. [...] He was in the act of publishing his Compendium at Madrid when death overtook him early in January of 1630 (The enciclopedia universal, loc. cit. has him die in Seville, but Biscaretus seems to say he died in Madrid: "Sed valde dolendum est de viro isto quod diiutius non vixerit; nam dum imprimeret volumen historicum rerum Indicarum —etiam plura folia essent excussa— Matriti de medio tollitur in mense Januario 1630, et in nostro conventu proceribus quam plurimis comitantibus ae praecipuis eins cadaver deferentibus honorifice tumulatur ,, (Palmites, f. 26v). Perez declares that Biscaretus was present at the funeral: "Mortuus est Antonius Matriti in Januario mense incunte anno 1630, sepulchro inductus celebri pompa, ut scribit cen testis oculatus Augustinus Biscaretus,, (Misc. hist., f. 65r).

(3) En su Memorial, resumen o compendio breve de cédulas, decretos y ordenanzas. Ver supra. En esta obra recogió algunos párrafos de los libros 1º y 2º del Compendio.

(4) Charles Upson Clark, 1948, Prólogo al Compendio, págs. V-VI. "El manuscrito tiene actualmente la designación de Barberinianus Latinus 3584. Es probable que el Cardenal Barberini lo adquirió en el curso de su visita a España en 1725-26. En todo caso, se ve que el Cardenal lo tenía en alta estima; está encuadernado en tafilete rojo, repujado en oro, con las abejas barberinianas en las esquinas. La primera parte consiste de 80 hojas impresas a dos columnas, 30½ por 21½ cm.; después de una hoja en blanco viene la segunda parte, con 32 páginas impresas y 194 hojas escritas.
Como se ha dicho, la obra quedó en la obscuridad, pero se ve que unas hojas impresas llegaron a circular, porque en 1738 la nueva edición de la Biblioteca de León Pinelo enumera, entre los "Anónimos", en el Vol. III, col. 1408-9: "COMPENDIO, Y DESCRIPCION de las Indias Occidentales: solo hemos visto dos Libros: el Primero, del Origen de los Indios, i de donde procedieron sus Ritos, i Costumbres, i Navegaciones, que hacen á ellas la Flota y Galeones, i su buelta. El segundo contiene el Distrito de la Audiencia de la Española, imp. en fol. despues del Año 1626. Castellano," Hallé también en una carta del docto Jesuíta Joaquín Camaño* a su colega el enciclopedista Lorenzo Hervás y Panduro**, de fecha 1 de mayo de 1783 (MS. Vat. Lat. 9802), una cita del Añadidor de Fray Gregorio García, Libro III, Cap. 8, que se refiere a la circuncisión entre los Indios Guaicurú (nuestro párrafo 1802). Debe observarse, de paso, que en 1944 se publicó la parte del texto concerniente a México sobre las curas del docto Jesuíta Mariano Cuevas (Descripcion de la Nueva España en el Siglo XVII por el Padre Fray Antonio Vázquez de Espinosa y Otros Documentos del Siglo XVII*), y en 1943 el Gobierno de Guatemala publicó en facsímil del original la descripción de Centro-América ("La Audiencia de Guatemala. Primera Parte, Libro Quinto, del Compendio y Descripcion de las Indias Occidentales por Antonio Vázquez de Espinosa, Año de 1629. Tipografía Sánchez y de Guise." IV Centenario de la Fundacion de la Antigua Guatemala**.)
* Joaquín Camaño nació en Perú en 1737 y murió en Valencia (España) en 1820. Le correspondió por tanto, en pleno, la expulsión de los jesuitas de 1767, recalando en Faenza (Italia) donde se dedicó a la enseñanza de la filosofía, y luego pasó a Imola, a 30 kilómetros de Bolonia. Debemos relacionarlo, por ello, con los habitantes de la hacienda de San Ignacio de Castilleja y con el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, tema pendiente de mayor desarrollo en esta Historia de nuestra Villa. "Faltaba una treintena de años para que el rey Carlos III decretara su expulsión radical del territorio hispano, en 1767, tras el motín de Esquilache del año anterior, que fue la gota que colmó el vaso, aunque en otras naciones de Europa ocurría tres cuartos de lo mismo, con el acuerdo de las demás órdenes religiosas, enemigas acérrimas del jesuitismo. Con todo ello la hacienda de San Ignacio quedó a la venta en subasta pública, y no tardó en ser adquirida por una rica señora sevillana, la cual se integró de forma tan completa en el pueblo que acabó casándose con un sencillo trabajador castillejano". Documentación (18a). Septiembre de 2008.
** El jesuita Lorenzo Hervás Paduro "padre de la lingüística comparada", nacido en Horcajo de Santiago (Cuenca) en 1735 y muerto en Roma en 1809, se asentó tras la expulsión en Córcega, luego en Forlí, en Cesena y por fin en Roma, donde trabajó en la Biblioteca Vaticana. http://www.cervantesvirtual.com/portales/lorenzo_hervas_y_panduro/
* "Now Father Mariano Cuevas, S.J., presents Vázquez´ original Spanish text of the portions referring to Mexico from a photostat [fotocopia] of the Clark manuscript. The introduction is, for the most part, a summary of the essential data in the introduction to the Smithsonian publication. Father Cuevas then presents Fray Antonio´ book I, which served as an introduction to the entire work, book III and IV, and chapters 2 to 5 of book V, which properly treat of New Spain". (The Americas, Vol. 3, Issue 3, January 1947, pp. 396-397). Mariano Cuevas (1879-1949) descubrió el testamento de Hernán Cortés, lo que supone que debió hacer más de una visita a nuestro pueblo de Castilleja. Las anteriores ediciones del testamento de Cortés —cuenta el padre Cuevas— no eran más que reproducciones de una recopia moderna plagada de erratas (254 palabras equivocadas), de omisiones de importancia, y en algunos puntos capitalísimos, mutilada; y sospechamos con fundamento que estas mutilaciones tuvieron su raíz en bastardos e injustos intereses. http://www.cervantesvirtual.com/obra/testamento-de-hernan-cortes-953421/ Ni que decir tiene que en una próxima serie de entradas de esta Historia de Castilleja deberemos desarrollar la estancia aquí del Conquistador y las circunstancias que sobrevinieron.
** Cuyo editor fue el doctor Adrián Recinos (1886-1962), embajador y ministro plenipotenciario de Guatemala en los Estados Unidos, España, Francia e Italia, con un profundo amor y un extenso conocimiento de la historia de la "Bella Guatemala". Con esta edición Adrián Recinos contribuyó al IV Centenario de la fundación de la Antigua Guatemala. (The Americas, Volume 2, Issue 1, July 1945, pp. 129-130).

(5) Illius scripta cardinalis Pamphilius, uti Nuntius Apostolicus penes se recepit (Joaquín Smet, 1954, pág. 153).

(6) Rubén Vargas Ugarte, I, 1935, pág. 106. Manuscritos peruanos en las bibliotecas del extranjero, I, Lima, 1935. El jesuita Vargas Ugarte (Lima, 1886 - Lima, 1975) estudió en su ciudad natal y viajó a España y a Italia, investigando a fondo en el Archivo General de Indias y en el Archivo del Vaticano. Fue prefecto de estudios en la Paz y Sucre (Bolivia) entre 1925 y 1930 y miembro de, entre otras instituciones, la española Real Academia de Historia.


Tirando del hilo encontramos un completo artículo en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Santiago de Chile, tomo 22 (Jan 1, 1955): 116, cuyo autor es Sergio Villalobos, quien lo titula Dos cronistas: Alonso Borregán y Fray Antonio Vázquez de Espinosa. Por Villalobos sabremos que J. M. Beristain y Souza en el tomo I de su Biblioteca Hispanoamericana Septentrional de 1883 sostuvo que fray Antonio había nacido en Castilleja, al contrario que la Enciclopedia Espasa que afirma que lo hizo Jerez de la Frontera. "El ejemplar manuscrito y semimpreso del Compendio y Descripción de las Indias Occidentales fue visto por don Antonio León Pinelo, amigo del autor, que dio algunas noticias de él en 1629, en su Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental (ver supra). [...] Al año siguiente, 1630, el mismo León Pinelo en su Tratado de confirmaciones reales decia: `doy fin a la materia de los oficios vendibles, y de las encomiendas; de las cuales pone las que se proveen en las Indias, y su valor el Maestro fray Antonio Vázquez de Espinosa en su Descripción de las Indias, que comienza a imprimir, cuando este libro sale de las prensas, obra, que por la variedad, abundancia y noticia con que escribe de todas aquellas provincias, como quien las ha visto casi todas, satisfará a los doctos, y admirará a los curiosos`". También cita Villalobos a Pinelo en la Cuestión Moral si el Chocolate Quebranta el Ayuno Eclesiástico que acabamos de ver. Como así hace con el Prólogo de Charles Upson que ya conocemos, pero aporta un dato del todo interesante: "Allí [en la Biblioteca del Vaticano] lo encontró [el Compendio] en el siglo pasado Leopoldo von Ranke (1), que lo utilizó en su libro La Monarquía Española de los siglos XVI y XVII, aunque lo atribuyó en parte a Francisco Arrieta y en parte a Vázquez de Espinosa. Fue redescubierto por Mr. Charles U. Clark en 1929, encontrándose en Roma destacado por la Smithsonian Institution para buscar documentos inéditos relativos a las viejas culturas americanas. Interesado el investigador norteamericano en el manuscrito, prosiguió sus afanes hasta descubrir a su autor y publicar la obra [en 1942 en inglés, en Washington].

(1) (1) Leopoldo von Ranke (1795-1886) fue un historiador alemán. "No debe existir una teoría histórica, con esquemas previos que imponga sobre el pasado, como se hacía anteriormente. Ranke dice que sea el pasado el que hable, el historiador no tiene boca. Pone de manifiesto un método: el filológico, que consiste en el recurso a los documentos". (Wikipedia).


                                                             Biblioteca del Vaticano


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