Columna de operaciones de Andalucía. El Brigadier jefe del E.M. me dice en este momento desde Sanlúcar la Mayor lo siguiente.
Excmo. Sr. El Excmo. señor Capitán General me previene diga a V.E. que en este momento que son las 12 y media de la mañana acabo de alcanzar a los sublevados, los he batido completamente desalojándolos a la bayoneta de este pueblo donde trataron de hacerse fuertes; se nos han pasado dos avanzadas de 15 hombres de infantería cada una; se les ha causado algunos muertos y heridos y se continúa la persecución.
Lo que de orden de S.E. tengo el honor y satisfacción de comunicar a V.E., advirtiéndole que hasta ahora ninguna desgracia contamos por nuestra parte.
Dios guarde a V.E. muchos años. Sanlúcar la Mayor 14 de Mayo de 1848. Excmo. Sr.— El brigadier jefe de E.M. Bartolomé Gaiman.— Excmo. Sr. General segundo cabo comandante general de Sevilla.
Lo que he dispuesto se publique para satisfacción de este leal vecindario.
El general segundo cabo.— Ordóñez. Boletín Oficial de la Provincia de Sevilla, 17 de mayo de 1848.
El día 26 de dicho mes y año el cura Maestre ofició el funeral por el maestro sangrador don Francisco de Chávez Ortiz, de 72 años y cinco meses de edad, hijo de Juan de Chávez Pérez y de María Ortiz, casado con doña Ana María de la Rosa, fallecido el día antes por apoplejía fulminante. Fue don Francisco el sangrador leyenda viva de Castilleja, hombre sabio que conoció la convulsión que infligió al país la invasión francesa, a los soldados de Napoleón ocupando con sus caballos la ermita de Guía convertida en establo, o la Batalla del Puente de Triana. Su cadáver fue trasladado al cementerio de San José en Triana, —situado a pocos metros de la actual Torre Pelli—, donde quedó en depósito en uno de sus nichos. Fueron testigos don Fernando Cansino Durán y don Francisco Ramos, Alcaldes Constitucionales de esta Villa. Una sobrina de este alcalde don Fernando Cansino, hija de su hermano Diego Cansino Durán, de profesión trajinero, y de su mujer María de los Dolores Cabrera Márquez, murió de calenturas el 22 de agosto, con un año y 9 meses de edad.
Varias partidas de defunción de estos días llaman nuestra atención, muy especialísimamente la fechada el 20 de agosto, del párvulo de 2 años Esteban José Sixto, natural de Granada e hijo de Don Joaquín Sixto, teniente del primer batallón del Regimiento de la Albuera, y de doña Vicenta Caside, natural de Mellid, provincia de La Coruña en el Reino de Galicia. Murió de sarampión. Fueron testigos José García y Francisco Chávez Caro, jornaleros vecinos de esta Villa. (2)
Otras partidas parroquiales interesantes fueron: la de 29 de agosto, de la viuda de 89 años María del Carmen Torres García, fallecida por asma, para la que vale todavía más lo que acabamos de decir del maestro sangrador, ya que María del Carmen conoció toda la segunda mitad del siglo XVIII; la partida fechada en septiembre de Isabel Vázquez Cabrera, casada con Pedro Navarro y muerta a causa de la tisis; y especialmente la del mismo mes del jornalero José Rodríguez Pacheco, de 44 años, marido de María de los Reyes Rosales, "por muerte violenta dada por una herida en el pulmón", cuyos testigos fueron el Alcalde Constitucional don Francisco de Paula Ramos y el Regidor Procurador General don Francisco de Chávez Caro. En noviembre murió Francisca de Paula Campos y Panizo, natural de Sevilla, soltera de 17 años de edad, tísica. Era hija del Oficial de la Junta de Comercio de Sevilla (3) don Francisco de Paula Campos, y de doña Josefa Panizo y Cayuso; fueron testigos el alcalde Fernando Cansino Durán y el secretario del Ayuntamiento Esteban Velasco. En diciembre murió Leandra, una hija del carnicero Julian Francisco Sánchez que estaba casada con Juan Jiménez.
Pero la vida en Castilleja de la Cuesta no se detenía: el 19 de junio de este revuelto año de 1848 Antonio García de la Reguera cura de la iglesia de la Calle Real, casó en ella a José Rosales, de 28 años, labrador, con María Dolores Núñez, de 30 años; y en diciembre, en la misma parroquia, lo hicieron Juan Andrés Rosales, de 24 años, y Josefa Adorna, también de 24 años. En cuanto a la parroquia santiaguista, Juan José Maestre casó a José Ramos, de 32 años, con María Manuela Jiménez, de 28, en julio; y en diciembre al viudo y traficante Ambrosio Tovar, de 38 años, con María del Carmen Gutiérrez —no se especifica la edad pero sí que es "de estado honesto"—.
El 21 de mayo se bautizó en La Plaza a José Juan Ambrosio, hijo de José Chávez y Maria Jiménez, cuyo parto tuvo lugar el 19; y el 28 a María de los Dolores, hija de Pedro Villadiego y María de la Asunción Prieto, cuyo parto tuvo lugar el día 23.
(1) Algunos callerrealengos insomnes entrevieron en la madrugada del día 14 al 15, a la mortecina luz de las pocas farolas de aceite que, chorreando pringue y consteladas de inquietos insectos voladores, alumbraban de irrealidad la desolada vía, pasar al trote largo una gran compañía de soldados bisoños, casi niños, cabalgando pencos y sonriendo con nerviosismo, al mando de unos jóvenes suboficiales de aspecto petulante y de un jefe de tez verdosa y de enorme bigote blanquiamarillo, ya bien entrado en la ancianidad pero erguido como un poste sobre su montura. Iban hacia Huelva, en persecución de los fugitivos. La noche era sofocante, calurosa. El peso de la temporada de altas temperaturas parecía gravitar entre las estrellas de un cielo oscuro, aterciopelado, sin fondo, aplastando a los jinetes, que huían de él con esfuerzo. Luego cantaron los gallos. Algunas ventanas se iluminaron por efecto de los candiles de luz anaranjada. Amaneció casi súbitamente. Otro día habían comenzado.
A media mañana volvieron los novatos con sus jefes al frente, algunos heridos, pálidos, con torpes vendajes de circunstancia. Se perdieron hacia la Vega borrados por una nube de polvo. Al caer la tarde apareció por aquel lado de levante del arrecife otra compañía con talante más marcial y guerrero, compuesta de hombres de aspecto más fogueado, a los que seguían dos o tres manolas con tiro de mulas, cerradas para evitar el polvo. Los siguientes días fueron de menor tránsito, pero de más importancia. Un jefe serio y orgulloso con un disciplinado grupo de escolta de élite, varios coches con graves personajes civiles, igualmente escoltados, ciertos inesperados y veloces jinetes de enlace y correo, lanzados a galope vertiginoso, y algún escuadrón de caballería que parecía recién salido de una revista regia.
Como cura propio que soy de la Iglesia Parroquial de Santiago de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla, mandé dar sepultura en el día de la fecha al cadáver de Esteban José Sixto, natural de la ciudad de Granada, de estado párvulo, edad de dos años, hijo de don Joaquín Sixto, teniente del primer batallónn del regimiento de la Albuera, y de doña Vicenta Caside, natural de la villa de Mellid, provincia de la Coruña en el Reino de Galicia, consortes; falleció en dicho día de enfermedad sarampión según dicho del facultativo, siendo testigos José García y Francisco de Chávez Caro, naturales de esta Villa, de oficio jornaleros, y para que conste lo firmo en dicha Villa y agosto veinte de mil ochocientos cuarenta y ocho. Don Juan José Maestre.
Un barco de la época, el Fortuna de la línea Cádiz-Huelva, año de 1866.
(2a) Queda pendiente la publicación en esta Historia de Castilleja del expediente que se abrió a Anzoategui por el robo de barras de plata (ver la entrada anterior), custodiado en la Universidad de Arizona: "ASM-OER via emailarizona.onmicrosoft.com Mon, Jul 6, 11:13 PM (9 hours ago) to me Estimado Sr. Jiménez,
Lo siento mucho, pero aunque tenemos este documento (#041-04806) en microfilm, no tenemos el personal para realizar el escaneo digital debido a la pandemia. Desafortunadamente, no sabemos cuándo tendremos a los estudiantes disponibles otra vez para este tarea.
Por favor, comprenda que cuando estamos en condiciones de realizar los escaneos, ese servicio tiene un costo de $25 EE.UU. por carrete para manejo más $.25 por página escaneada. El documento sobre el que está preguntando tiene un estimado de 195 páginas; por lo tanto, el costo de una copia digital sería de $73.75 EE.UU.
Si está interesado en obtener una copia en el futuro -- cuando tengamos el personal -- avíseme y me mantendré en contacto con usted para informarle cuándo podemos reanudar nuestro proceso de escaneo. Gracias por su comprensión y por favor, quédese bien. Saludos, Dale".
(3) La primera de las Juntas de Comercio en Andalucía fue la granadina, fundada en 1684, centrada especialmente en el desarrollo de la industria de la seda. La de Sevilla, de unos años más tarde (1687), era similar a la de Granada, pero con más peso del Ayuntamiento en su organización, también centrada en la seda, además de la lana, los curtidos, y los procesados metalúrgicos. "Por la junta de comercio de Sevilla, en nombre del comercio, se ha pedido a las cortes pronto y eficaz remedio al estado deplorable en que se encuentran los caminos, no solo de la provincia, sino de las limítrofes de Extremadura y Huelva". El Balear, 13 de junio de 1850. "La junta de comercio de Sevilla se ocupa en buscar los medios de que el río Guadalquivir, hoy casi abandonado, pueda ser útil a las comunicaciones fluviales. En la actualidad la empresa constructora del ferro-carril de Córdoba a Sevilla, tiene que enviar barcos menores a largas distancias del muelle para recoger materiales, que los buques no pueden conducir hasta el puerto por falta de agua para sus calas, y esto es un mal que es preciso evitar a toda costa. Así esperamos que se haga, porque sabemos que han llegado ya algunos ingenieros encargados de emprender las reformas que con tanta urgencia reclama el estado del Guadalquivir". La Discusión, 30 de julio de 1858.
"Ministerio de la Guerra. De las comunicaciones del comandante general de Cádiz con fecha 15 del actual, y del capitán general de Andalucía del 16, resulta que el 15 a las diez de la mañana llegó a Huelva el primer batallón del regimiento infantería de la Albuera que se había embarcado en Cádiz; y el comandante general de la provincia marchó aquella misma tarde con el expresado batallón y otras fuerzas contra los sublevados del regimiento infantería de Guadalajara, y del de caballería del Infante, que en desunión y desorden se dirigían a la Sierra. Que entretanto el capitán general había previsto todo lo necesario para conservar el orden público en Sevilla, donde el entusiasmo para conservar la tranquilidad y el trono de la reina, era tan grande, que se formaron compañías de vecinos honrados y decididos, y juntas parroquiales con el mismo objeto. El general, con algunas compañías de preferencia y 70 caballos, marchó el 16 a las diez de la mañana para unirse a las tropas reunidas en la provincia de Huelva, y completar la destrucción de los rebeldes, dejando en Sevilla casi toda su guarnición". El Católico, 20 de mayo de 1848.
Este mismo periódico informa de una disposición de Shelly dirigida a formar juntas parroquiales y una compañía de jóvenes de Sevilla con el nombre de Tiradores de San Fernando, mas un batallón formado por todos los empleados del gobierno. Y copia de El Heraldo: "El jefe político de Sevilla ha sido separado (1), y nombrado en su reemplazo el Sr. Lasala. El jefe político separado parece llamó a Sevilla al activo general Shelly sin gran razón ni motivo, naciendo de aquí el que los sublevados no fueran inmediatamente perseguidos después de su terrible derrota en Sanlúcar.
Según he oído decir, el movimiento parece estaba dispuesto de otro modo más ventajoso para su plan revolucionario. Estaba acordado sorprender en el palacio a todos los jefes en el besamanos para quedar dueños de todo; pero habiendo S.A. concluido más temprano para ir al teatro, se frustró todo reduciéndose a la escena que saben vds. Dícese que al jefe de la insurrección le han dado por pemio de su hazaña 15.000 duros y a cada soldado dos pesetas, cuyo dinero no era oro español. Dícese que es amigo de un extranjero por no sé qué relaciones. Dícese también que de oro de la misma ley hay repartidas grandes sumas, y se dice que hay agentes que no hablan el castellano, que son activos y que no sueltan el hilo en esta trama infernal. Los efectos y el modo con que se producen inclinan a creer algo.
A La Esperanza la dicen también "que no se esperaban ya los refuerzos de Cádiz; y que SS.AA., que seguían en el vapor, se habían situado más abajo de San Juan de Alfarache, teniendo empaquetado todo su equipaje".
El Comercio, periódico de Cádiz, publica que los dos vapores salieron a las cuatro de la madrugada y llegaron a Huelva cinco horas más tarde, y que tras desembarcar al batallón volvieron a Cádiz por la tarde. Y que las autoridades de Huelva, al tener noticia de que los revolucionarios se acercaban, y porque disponían de muy pocos guardias civiles y carabineros, decidieron evacuar la ciudad y poner a salvo los caudales y efectos del Estado, embarcándose en varias embarcaciones menores, pero que al haberse encontrado en el mar con los dos vapores gaditanos regresaron para aprestar la defensa.
Según La Esperanza del 20 de mayo, en un parte Shelly dice que en Sanlúcar la Mayor causó a los rebeldes varios muertos y heridos y los hizo cruzar el Guadiamar en dirección a Manzanilla. "Por si no recuerdan Vds. en el momento la topografía de estos lugares, diré a Vds. que desde que se pasa el río referido hay una llanura de tres leguas en que no se encuentra un árbol, un vallado, ni nada que pueda servir de parapeto". Por rezagados que el capitán general iba encontrando en el camino supo que "van [los rebeldes] haciendo exacciones por los pueblos de su tránsito. En el barrio de Triana quitaron a un vecino 8.000 reales, y 80.000 a otro. En Castilleja se llevaron de la depositaría de fondos públicos 20.600 y en Sanlúcar impusieron 10.000 duros de contribución (2), los cuales no pudieron realizar, porque en todo este pueblo no es posible encontrar ni aun la mitad de dicha suma.
Se han hecho en todo el día de ayer y hoy muchas prisiones de paisanos, que se encuentran incomunicados en la cárcel pública, estando el consejo de guerra instruyendo las sumarias. Parece que han sido cogidos in fraganti excitando a la rebelión. Cítanse varios nombres de personas conocidas por sus ideas avanzadas; pero en la imposibilidad de mandarles a Vds. una lista exacta, que no he podido obtener hoy por la precipitación con que escribo, omito estamparlos hasta otro correo".
"En ese momento se recibe un parte del alcalde de Villalba del Alcor anunciando que los sublevados acababan de pasar por aquel punto en una completa insubordinación y a la desbandada, que han cometido los mayores excesos, y que dicen habérseles engañado" (3).
(1) Dionisio Gainza había sido inmediatamente antes de serlo de la de Sevilla jefe político de la provincia de Toledo, cesado de esta por real decreto del 8 de septiembre de 1847. "En su juventud combatió en las filas de los exaltados; pero esto no es extraño, atendida su edad y las circunstancias sobre todo por que atravesó entonces la Península [...] El Sr. D. Dionisio Gainza nació en Vitoria en los primeros años del presente siglo, debiendo a su familia una excelente educación, de la que supo aprovecharse adquiriendo esos conocimientos necesarios al hombre destinado a figurar en las más altas regiones de la sociedad y el gobierno. Hallábase estudiando cuando se verificaron los acontecimientos de 1820, que como es sabido conmovieron en sus más profundos cimientos a la nación española. Gainza tomó en ellos una parte muy activa, pues nombrado ayudante en la Milicia Nacional de Vitoria, y habiéndose distinguido en el desempeño de este cargo cuando la invasión de las tropas francesas al mando del duque de Angulema en 1823, mereció ser destinado al Estado mayor del ejército al mando del general Ballesteros, con el empleo de ayudante, carácter con que se encontró en toda la retirada hasta Valencia, donde fue destinado al ejército que estaba organizando en Málaga el general Riego, y en el que se colocó a las órdenes del entonces brigadier, y hoy general Salcedo, que mandaba una brigada en las Alpujarras". Escenas Contemporáneas. Revista política, parlamentaria, biográfica, necrológica, científica, literaria y artística. Tomo I, 1858.
No se conoce el motivo por el que Dionisio llamó a Sevilla al capitán general Shelley cuando estaba ocupado en deshacer a los fugitivos del 13 de mayo en Sanlúcar la Mayor, dándoles así ocasión a reorganizarse. Unos dicen que fue por temor a que las masas sevillanas se alzasen en rebelión aprovechando la escasez de guarnición; otros aseguran que estaba del lado de los revolucionarios y favoreció su fuga. Lo cierto y verdad es que por este hecho perdió la confianza de Madrid y fue reemplazado como jefe político de Sevilla por el señor Manuel Lassala. "Durante el Trienio Liberal [Manuel Lassala] se alistó en la Milicia Nacional siendo aún un estudiante, en 1820, y tomó parte en la destrucción de una fuerza de realistas en la población de Lerín, y el 5 de enero de 1823 se batió en las inmediaciones de Zaragoza contra la guerrilla absolutista de El Royo y Bessières. El 1 de abril de 1823 sentó plaza como soldado en el regimiento de caballería de España y participó en varias acciones hasta la capitulación de Ballesteros ante los Cien Mil Hijos de San Luis. Fue nombrado benemérito de la patria por virtud del decreto sancionado por las Cortes en 1837. Perteneció a la Milicia nacional durante el Trienio Liberal y también en 1834, 1843 y 1854, concediéndosele la cruz de la defensa de Zaragoza contra las tropas carlistas del General Cabañero en 1838". (Wikipedia).
(2) Era alcalde de Sanlúcar la Mayor Eustaquio de Mesa, y su juez de 1ª instancia y de los pueblos de su distrito, Antonio Ramírez de Arroyo.
(3) De ser cierto que habían sido engañados, tal engaño obraría en dos niveles: el primero, grosero, consiste en aprovecharse de ese "espíritu militar" que se inculca en los cuarteles y que consiste simple y llanamente en que el subordinado tiene que obedecer sin rechistar. Cualquier mando, aunque sea de grado inferior, puede mover la máquina sin atributos volitivos que es una compañía o un batallón a su antojo, desplazarla al punto que le convenga, ponerla enfrente de un enemigo decidido, y obligarla a abrir fuego contra él bajo la lógica de la supervivencia. A semejante actuación se le pueden añadir discursos, arengas o razones más o menos persuasivas, siempre teniendo en cuenta que mientras menos información real y verídica se suministre a una tropa, más fácil es conseguir de ella lo que se pretenda. Hay que eliminar toda posibilidad de crítica, y a tal fin no hay nada como la desinformación. Los sublevados, en Villalba del Alcor, seguramente querían referirse a esta clase de engaño, a la obediencia debida, a que no habían sido debidamente avisados de las consecuencias, a que no tuvieron ninguna oportunidad de elección.
Pero es el engaño de segundo nivel el más pernicioso. Se puede asegurar en un cuartel a una formación de soldados que la causa por la que van a salir a la calle es justa, que es necesaria y que de otra manera el futuro es negativo y desastroso para todos. Se les puede prometer, más o menos de buena fe, que les espera la gloria, la satisfacción moral, la igualdad social, y que de no actuar les sobrevendrá ineludiblemente todo lo contrario, la miseria, la ruina, la esclavitud y la explotación. Se puede magnificar la corrupción de un sistema de gobierno, las penalidades y perjuicios que ocasionan los políticos deshonestos. Se puede presentar a una república como única salida ante una monarquía podrida hasta la raíz, caricaturizando hasta lo horrible a las clases dirigentes, a la aristocracia privilegiada, a los grandes poseedores de la riqueza, mientras que se idealiza a un nuevo régimen, y hacerlo, repetimos, más o menos de buena fe. Porque muchos de los que dirigieron y diseñaron las sublevaciones europeas de 1848 actuaron de buena fe, si bien ingenua. Pero el hecho incuestionable y cierto, tal y como la Historia ha demostrado, era que la alternativa no iba a ser mejor que lo que se pretendía derribar. El espíritu burgués versus la aristocracia clásica no era, ni mucho menos, la panacea para todos los males de la humanidad.
Desde que allá por los albores de la Edad Media comenzaron los componentes de cierta estratificación social —los burgueses— a tomar conciencia de su potencial, a la forma tradicional de explotación del hombre por el hombre que entonces estaba representada por la élite religioso-militar se le enfrentó otra, recién surgida: la burguesía.
Ilustrador en grado sumo es el ejemplo de la Florencia del siglo XIII. "Fueron más de cien las compañías importantes de comerciantes que se formaron por entonces en Florencia, dedicadas a una actividad apasionante y muy lucrativa [...] financiadas con el dinero de la burguesía y con agentes y sucursales distribuidos por toda Europa y por los principales puntos del Mediterráneo [...]. Cuando esto ocurre la burguesía es ya la primera fuerza social de la ciudad, enriqueciéndose además con asombrosa rapidez a costa del empobrecimiento de la nobleza; bien pronto la burguesía tiene en sus manos no sólo las riendas del poder, sino que además aspira a tener su propia dignidad social, su propio orgullo de clase, para lo que demanda una determinada formación cultural y defiende una determinada actitud moral. Todo ello se refleja con claridad en el refinamiento de vida y costumbres que fomenta el lujo en las fiestas, en el vestir, en el empleo del ocio y en todo lo que denota, en definitiva, el auge excepcional que Florencia logró en esos años". María Hernández Esteban. Prólogo al Decameron, de Giovanni Boccaccio. Editorial Cátedra, 1994. Para los tiempos que nos ocupan es la burguesía inglesa la que pugna por empuñar la batuta en el concierto de la economía mundial, y es en concreto en el ámbito hispano, reinante Isabel II, su agente principal el embajador Enrique Lytton Bulwer. En esta referida época hubo un rebrote de la lucha entre burgueses y nobles alimentado por la revolución industrial británica, que proporcionó medios y poderío a la pujante clase social del empresariado para intervenir drásticamente no solo en la Rubia Albión, sino, —por las exigencias de una economía cada vez más globalizada—, en gobiernos y pueblos vecinos. "La manufactura supuso el primer paso en el proceso de expropiación de la familia precapitalista; expropiación de los útiles artesanos [herramientas] que se incorporaron como medio de producción a la manufactura y que fueron apropiados por los dueños de ésta; expropiación de las tierras y anulación de la cultura campesina que se produjo en el momento mismo en el que se vieron obligados a emigrar del campo". El Hombre Mercancía. Carmen de Elejabeitia e Ignacio Fernández de Castro. Ediciones Elías Querejeta, 1976. Así que, en definitivas cuentas, el sistema capitalista resultó igualmente explotador y dominador que el feudal, aunque más "engañoso", porque con base en los valores de la igualdad de oportunidades, del esfuerzo personal y del espíritu empresarial se publicitaba, cuando tales valores no eran otra cosa que el saber aprovecharse con astucia de las debilidades del prójimo. En esto estribaba el segundo nivel del engaño a que fueron sometidas las masas de las revoluciones de mediados del siglo XIX, y entre ellas los soldados de la guarnición sevillana en mayo de 1848. En efecto, como manifestaron los doblemente desertores en Villalba del Alcor al capitán general Shelley, "habían sido engañados".
Se respiraba engaño, hasta el aire era engañoso, como si las potencias vitales de la humanidad no se desarrollaran por la combinación de sol, aire, agua y tierra, sino por estafarse unos a otros de todas las formas imaginables y posibles. En la corte de la monarquía, —esa mixtificación sustentada por el pueblo que se droga autoemocionándose—, la familia real engañaba. Las embajadas eran nidos de mohatreros, de perjuros, de prestidigitadores. La vieja reina María Cristina era una artífice del engaño. Su hija Isabel II pasó a la historia como la Gran Engañadora, Maga de la Irrealidad. La corte sevillana de los Montpensier no era un paradigma de transparencia, don Antonio se permitía tramperías, falsedades, ocultaciones a mansalva. Hasta hoy el rey Juan Carlos de Borbón, trapacero como un chalán decimonónico, engaña. Son engaños a título individual, que afectan a la intimidad de las personas, a sus dignidades, a sus constructos morales. La doble, triple vida sexual es la manifestación fraudulenta de las triquiñuelas más profundas del subconsciente humano. Impera la ley de la trampa.
Reflejo de la inaccesibilidad a los misterios de la existencia, a la cerrazón del ser, a lo incógnito del tiempo y a lo oscuro del espacio, fuentes de desconocimiento que obliga a los misérrimos títeres humanos, atacados de ansiedad y miedo ante la grandeza de su ignorancia, a alzar sus huecas edificaciones mentales y a pregonarlas con verbo no por más formado de cháchara golondrineante menos trágico.
Fuéronse sucediendo las noticias de prensa durante los días siguientes, en muchas ocasiones incluyendo los partes de operaciones en Huelva que los jefes consideraban apropiado publicitar para tranquilizar —o manipular— a la población, y que a tal efecto hacían entregar a las redacciones de los periódicos.
"El comandante Portal ha hecho su carrera de pronunciamiento en pronunciamiento, habiendo tomado parte en nada menos que siete. Se encontraba de reemplazo cuando el general Ocaña (1) pasó la última revista de inspección, en la que le empleó como secretario. Después, a consecuencia de las excitaciones de los progresistas en el parlamento y en la prensa para que se diera colocación en el ejército a los oficiales que se encontraban de reemplazo, y queriendo el gobierno adoptar un sistema de olvido y de tolerancia, le destinó en clase de segundo jefe al regimiento de Guadalajara. ¡Bien recompensada ha sido esta confianza! por tales considerado mas bien como militar de bufete que de espada.
El otro jefe de los sublevados es un tal Gutiérrez, oficial apto, pero eminentemente calavera. También estaba de reemplazo, y fue colocado hacia la misma época. Una de las juntas esparteristas de 1843 le ascendió de capitán que era a coronel efectivo: en la clasificación que se hizo después de los empleos dados en dicha época de barullo, se le dejó solo el grado de teniente coronel; es decir, que siempre ganó un grado: la pérdida del tercer galón improvisado, parece que le ha disgustado en extremo". El Popular, 20 de mayo de 1848.
Capitanía general de Andalucía. El Excmo. señor capitán general desde Manzanilla con fecha de ayer me dice lo siguiente:
Columna de operaciones. —E.M.—Excmo. Sr.: En este momento, que son las seis y media de la tarde, acabo de llegar a esta villa, y el comandante D. Pedro Pinzón, que ha venido a encontrarme de parte del excelentísimo señor comandante general de Huelva, me ha manifestado que los sublevados en el mayor desorden han salido a las dos de la madrugada de San Juan del Puerto, y hoy a las doce del día se hallaban campados en Gibraleón.
Yo pienso avanzar esta noche hasta Niebla, y dando solamente dos horas de descanso a la tropa, emprender mi movimiento sobre Gibraleón, a cuyo punto se dirigirá, según orden que le comunico, el comandante general con el batallón de Albuera, una compañía de Guadalajara, otra de León y cuarenta caballos que se han reunido, con la ventaja que la infantería del comandante general de Huelva de refresco y resuelto podré marchar con ella en el día de mañana.
Lo que he dispuesto se publique para conocimiento del público y satisfacción de este sensato y leal vecindario. Sevilla, 17 de mayo de 1848.
Y en la misma página: "Ya saben Vds. que la noche del motín, no creyéndose S.A. segura en el alcázar, se refugió en casa de un particular; posteriormente he sabido que esta era la del pundonoroso caballero D. Domingo de Alcega, bucando un asilo en compañía de la señora camarera mayor, condesa de Pinohermoso alojada en casa de Alcega. Allí recibió S.A. testimonios de lealtad, adhesión y nobleza de sentimientos de Alcega, hijos de su hidalguía. S.A. se afectó y fue acometida de un desmayo pasajero, encantando con su amabilidad y dulzura a cuantos tuvieron la honra de acompañarlo en momentos angustiosos. S.A. el duque de Montpensier demostró, aunque con sentimiento de no poder desenvainar su espada por su crítica posición; pero dejándose ver el ardor guerrero de que estaba animado; y el mayordomo mayor hizo conocer su hidalguía queriendo estar, y estando más próximo a las balas que a los artesonados del Palacio". El Heraldo, 21 de mayo de 1848.
Publica El Heraldo del sábado 27 de mayo de 1848:
"Correo de Provincias. Sentimos una verdadera complacencia al encabezar hoy esta sección de nuestro periódico con un rasgo de clemencia de la augusta hermana de nuestra Reina. Uno de los sargentos complicados en la sublevación militar ocurrida en Sevilla el 13 se hallaba en capilla para ser fusilado la tarde del 22; la mediación de S.A. con la autoridad superior militar hizo que se suspendiera la ejecución hasta tanto que S.M. resolviese sobre una súplica que le había dirigido implorando su perdón, que con efecto le ha sido otorgado. He aquí cómo refiere este hecho el Diario de Sevilla del 22:
"Son las cuatro de la tarde, hora en que llenos de satisfacción mandamos retirar la parte editorial que teníamos compuesta, para dar lugar al artículo que insertamos y que estamos seguros causará una viva alegría a nuestros suscriptores.
Cuando supimos que el sargento D. Carlos Sanz (2) había sido puesto en capilla para ser pasado por las armas en la tarde de ayer, nos reunimos con nuestros apreciables amigos los redactores del Independiente y del Centinela, y redactamos la exposición que en otro lugar insertamos, pasando inmediatamente a palacio para ponerla en las manos de S.A.
Esta noble señora, que en unión de su augusto esposo había solicitado ya esta gracia, primero sin excitación y después por la del digno concejal D. Narciso Bonaplata, cuando leyó la referida exposición ordenó que el señor general León pasase a ver al señor capitán general y le dijese que `como particular y como infanta pedía que se atendiese` la misma instancia de que el expresado Sr. León era conductor, añadiendo que S.A. escribiría a su augusta hermana en el día de ayer, y ordenando que aguardásemos la contestación.
A las dos y media de la tarde llegó el general León acompañado del señor capitán general, que pasó a las habitaciones de S.A. y donde oyó este último de los augustos labios de la hermana de nuestra Reina su filantrópico deseo.
Algunos momentos después, el reverendo arzobispo, acompañado de varios concejales y de muchas personas respetables de este vecindario, solicitó audiencia de S.A. con el objeto de pedir también por el desgraciado Sanz a la encantadora princesa.
Cuando terminó la conferencia con el capitán general admitió S.A. a los que en nombre de Sevilla iban a implorar la gracia, y a las sentidas expresiones del Excmo. Sr. arzobispo se dignó la Serma. infanta contestar: `Ya me he interesado con el capitán general rogándole que suspenda la ejecución de la sentencia de ese desgraciado; si en mi mano estuviera ya hubiera obtenido su perdón; lo único que he podido hacer, y ya he hecho, ha sido conseguir que se suspenda la ejecución, prometiendo escribir a mi augusta hermana la Reina solicitando el indulto`.
En seguida, como varias de las personas que concurrieron a solicitar la gracia hubiesen expresado cuanto agradecería Sevilla el magnánimo comportamiento de S.A., el señor duque de Montpensier sumamente conmovido se expresó en estos términos:
`Siento mucho que la infanta no tenga facultades para indultar a ese desgraciado; hemos hecho cuanto hemos podido, y me alegraré de que el mejor recuerdo de nuestra permanencia en Sevilla sea haberle salvado la vida. Estamos muy satisfechos de la lealtad y simpatía de esta población, donde nos hallamos sumamente contentos. A dar este paso nos ha guiado únicamente un sentimiento de humanidad, ajeno de toda tendencia política`.
Con tan lisonjeras palabras se retiraron los que habían logrado su filantrópico deseo, y después de dejar en su palacio al Excmo. señor arzobispo, que por lo muy cansado que estaba no pudo pasar a dar las gracias al Excmo. señor capitán general, se dirigieron los demás a la habitación de esta autoridad, que los recibió con la finura y caballerosidad que lo caracteriza.
S.E. manifestó cuán doloroso le era verse en el caso de firmar una sentencia de muerte; pero que la dura necesidad que se lo prescribía hacía callar sus humanitarios sentimientos. Aceptó con notable finura las gracias quee se le dieron para transmitirlas a S.A. la señora infanta, única persona, según sus mismas palabras, digna de ellas.
Tal ha sido la resolución que ha tomado hoy Sevilla, representada por unos cuantos vecinos de todos los matices políticos, y tal ha sido el fruto que ha obtenido de la excelsa hermana de nuestra soberana y de su augusto esposo.
¡Gloria eterna a tan augustos príncipes, de quienes ha recibido hoy nuestra capital una prueba más de su particular estimación!.
Exposición que se cita.
Señora: Los que suscriben, redactores de los periódicos políticos que se publican en esta plaza, a los R.P. de V.A. con el más profundo respeto hacen presente: Acaba de ponerse en capilla para ser ejecutado esta tarde el sargento graduado de alférez don Carlos Sanz a consecuencia de su complicidad en los deplorables sucesos de la noche del 13.
Los que representan, Señora, acuden a V.A.R., para que se digne interponer su poderoso influjo a fin de que se suspenda la sentencia hasta que se impetrele S.M. la Reina vuestra augusta hermana el indulto de la vida en favor del desgraciado que cuenta los servicios prestados al trono y a la patria por los años de su vida sectuagenaria.
Ahora acaba S.M. de manifestar su soberana clemencia indultando de la última pena los sargentos condenados por la sublevación del 7 en Madrid. ¡Sea, Señora, objeto de la augusta conmiseración el desventurado Sanz por la interposición de V.A.R.!
Así lo ruegan a V.A. los que tienen la honra de suscribir esta reverente manifestación. Sevilla, 22 de mayo de 1848 (Siguen las firmas).
El Independiente refiere en los siguientes términos la salida de la capilla del reo:
El fiscal de la causa, acompañado del escribano de guerra, don Pedro de Montes, pasaron a la cárcel después que se mandó la suspensión de la sentencia. El segundo entró en la capilla, manifestando al reo cómo se encontraba y por qué tenía puestos los grillos. Este replicó que le incomodaban bastante.
El señor de Montes volvió a decirle si se marcharía en caso de que se le quitasen los grillos. Entonces él manifestó no pensaba en eso, porque su suerte estaba decidida. A vista de esa manifestación se mandó quedase el reo desembarazado de aquellos, y se le hizo poner en pie. Sucesivamente se fueron quitando las centinelas, y se apagaron las luces que estaban sobre el altar de la capilla. Todas estas cosas se hacían acompañadas de persuasiones al reo, de la posibilidad de que se dilatase la ejecución de la sentencia por la benevolencia de la Serenísima señora Infanta, que podía pedir su perdón.
Adelantado el diálogo entre los señores fiscal de la causa, el escribano de guerra y el reo, vino a declararse que a la consideración de SS.AA. debía el beneficio de que se suspendiese la sentencia, y se pidiese a S. M. el indulto. La sensación que esta noticia causó en el ánimo del desdichado no puede reducirse a términos posibles de explicar; entonces se le ofreció un poco de vino para confortar el abatimiento de su espíritu y exclamó:
`Brindo por Dios, que me concede este beneficio. Brindo por S.M., por mi Reina, por quien sacrificaría mi vida y derramaría la última gota de mi sangre. Brindo por la clemencia y la piedad de mi infanta, a quien soy deudor de la vida que me concede`.
Estas exclamaciones, proferidas en la efusión de la más tierna gratitud, anegaron en lágrimas a todos los que estaban presentes, derramándolas copiosas el que acababa de recibir tan señalado beneficio.
En los periódicos de Sevilla se publica el siguiente parte anunciando el desarme de los sublevados que habían penetrado en Portugal:
Capitanía general de Andalucía. El Excmo. Señor comandante general de la provincia de Huelva con fecha 21 del actual entre otras cosas me dice lo siguiente:
Excmo. Sr. —Por comunicaciones oficiales del gobernador civil de Bejar y alcalde de Serpa, sé que en la tarde de ayer fueron desarmados los sublevados de infantería, y que hoy por la mañana lo serían los de caballería, procediendo después a su internación en el reino: esta operación ha sido practicada por aquella autoridad con un batallón y unos cuarenta caballos con que se presentó en Serpa. A las cinco y media de la mañana se han venido de Serpa un sargento y ocho artilleros con seis machos y un caballo pertenecientes a su cuerpo, los que no envío a esa capital a disposición de V.E. hasta no recibir las piezas, para que en ellos sean conducidas.—
El coronel jefe de E.M. D. José de la Puente, a quien V.E. tiene comisionado para que reciba de Portugal las armas, caballos y demás pertrechos de guerra, sale en este momento para aquel reino, y del que al anochecer tendré correspondencia suya, que transmitiré a V.E.
Lo que he tenido por conveniente publicar para conocimiento y satisfacción de los habitantes de esta leal capital. Sevilla, 22 de mayo de 1848. Ricardo Shelly.
En el vapor `Tridente` (3), que entró en Cádiz al anochecer del día 21 procedente de Huelva, regresó parte de la fuerza que salió el otro día de aquella plaza. La tropa del decidido regimiento de Albuera siguió al capitán general a Sevilla. Según las noticias llevadas a Cádiz por aquel vapor, los sublevados que entraron en Portugal son unos 500 hombres escasos. Los soldados no querían penetrar en el reino vecino, sino entregarse al capitán general; pero los oficiales lograron disuadirlos de su empeño, haciéndoles creer que serían todos fusilados si no se fugaban con ellos.
De Gibraleón (Huelva) recibimos ayer una extensa comunicación refiriéndonos las tropelías cometidas en aquel pueblo por los insurreccionados de Sevilla, que le ocuparon algunas horas. Entre otros excesos maltrataron de palabra y de hecho a los individuos del ayuntamiento, amenazando fusilar al alcalde ni no entregaba dos mil duros en el término de cuatro horas. Este infeliz tuvo que manifestar a los mayores contribuyentes, desde su prisión, el estado en que se encontraba, y todos le remitieron el poco dinero que tenían reunido para la próxima recolección de la cosecha, con lo cual se pudo saciar la sed de oro que manifestaba su jefe el comandante Portal, que era el ejecutor de cuanto se hacía, pues que por parte de los soldados solo se veían el más profundo decaimiento y disgusto, conociendo sin duda, aunque tarde, la terrible falta en que habían incurrido.
"El señor ministro de Estado ha recibido del embajador de España en Lisboa con fecha 22, la comunicación siguiente sobre el desarme de las fuerzas sublevadas en Sevilla:
Excmo. Sr.: Muy señor mío: Con las primeras noticias que llegaron a esta capital de la sublevación militar ocurrida el día 13 en Sevilla, creí urgente, según lo anuncié a V.E. en mi despacho, número 47, anticiparme a pedir a este gobierno que en caso de que los sublevados o parte de ellos, huyendo de la persecución de nuestras tropas, se decidiesen a entrar en Portugal, fuesen inmediatamente desarmados e inernados en este país.
Anteayer tarde recibió el presidente del consejo un parte telegráfico de Beja, en la provincia de Alentejo, previniéndole, que la víspera a las cuatro, después de medio día, los referidos sublevados de Sevilla, en número de 400 a 600 infantes, con dos piezas de artillería y 260 lanceros, habían entrado en Serpa, pueblo de la misma provincia, en donde habían sido al punto desarmados.
En la mañana de ayer se dió orden por el telégrafo para que los oficiales y sargentos fuesen inmediatamente dirigidos sobre Lisboa, y que con intérvalo de uno o dos dias se diese la misma dirección a los soldados. Luego que lleguen a esta capital serán puestos a bordo de uno de los buques de guerra portugueses surtos en el Tajo, y serán en seguida conducidos a las islas Azores, en el Océano Atlántico, diseminándolos en varias de las mismas islas para obviar a todo peligro.
El duque de Saldanha, que ha tenido la bondad de venir a mi casa para comunicarme estos avisos, me ha añadido que a la hora en que me hablaba estarían ya en poder de nuestras autoridades los caballos y armas con que aquellos militares habían entrado en Portugal". El Correo Salmantino, 31 de mayo de 1848.
(1) El General Francisco de Ocaña, protector de José Portales en razón de que una hermana de este era su mujer. La prensa más descarnada la acusaba de ser la amante del principal instigador de las rebeliones en todo el territorio español, el ministro británico Bulwer. Los malintencionados periodistas agregaban la coletilla de que "así todo quedaba en familia".
Tras la cacería física que el capitán general de Andalucía organizó pocas horas después de la rebelión, comenzó la cacería psicológica, no menos damnificante. El Heraldo del 4 de julio de 1848 reproduce en su primera página —de la que ha retirado a última hora los principales artículos de fondo— un extenso documento firmado por el duque de Sotomayor el 9 de junio, que dirige al señor Isturiz, originalmente publicado en el periódico londinense The Observateur. Anota El Heraldo que el escrito lleva 29 documentos justificativos de los cuales conserva las llamadas correspondientes por si otro día pueden darlos a luz. Son cartas personales y partes de jefes políticos y militares de toda la península. Primeramente Sotomayor expone las razones por las que el ministro británico sir Enrique Lytton Bulwer ha sido expulsado de España para que Isturiz las explique en aquella Isla. A Bulwer se le acusa de haber querido envenenar a Isabel II, de organizar la entrada de los Montpensier en España, de tergiversar y encubrir los buenos deseos de Madrid para con los gobiernos vecinos, y de sembrar infidelidad en el ejército y descontento en el pueblo. Y lo más grave, de haber alimentado relaciones íntimas con los sediciosos, moviendo a sus agentes británicos desde la legación inglesa y desde su misma casa particular en Madrid en todas las intrigas y manejos revolucionarios de marzo en dicha capital. A Bulwer se le ocuparon carteras con documentos en clave que demostraban que acoge a conspiradores perseguidos y los rearma para que vuelvan a actuar. Concitó —sigue Sotomayor— las rebeliones en provincias, en Cataluña y Aragón, enviando vapores al puerto de Cartagena cargados de armas y gente revolucionaria, y aun excitando a los contrabandistas del Campo de Gibraltar y a los carlistas de la costa valenciana, todo con el fin de la expulsión de la reina madre y de la caída de Narváez. "La opinión generalizada y uniforme en Sevilla, como en otras muchas provincias, de que se agitaban allí los perturbadores del orden público, instigados, auxiliados y protegidos por el ministro británico en Madrid, tiene por desgracia en su apoyo, sobre el testimonio de autoridades y personas dignas de todo crédito el hecho de haber ocurrido en aquella ciudad una sublevación militar, acompañada de circunstancias tales, que apenas dejan lugar a creer en la posibilidad de que se hubiese verificado sin el conocimiento y aun el apoyo de M. Bulwer.
El respetable dean de la catedral de dicha ciudad de Sevilla, D. Manuel López Cepero, en carta de 21 de mayo (número 24), manifiesta, entre otras cosas, hablando de la insurrección que acababa de ocurrir, que no tenía duda que todo había sido obra de los agentes del ministro de Inglaterra en esta corte. Otros muchos datos de este género pudieran aducirse en prueba de que era creencia general en Sevilla que aquella insurrección, conocida por la insurrección de Portal, fue obra del ministro inglés en Madrid; pero bastará recordar el resultado de las comunicaciones oficiales del general D. Ricardo Schelly, capitán general de Sevilla, y del coronel jefe de su estado mayor, y fijar después la consideración de los hechos y en las circunstancias de que se hallan revestidos.
Me consta de un modo positivo, decía ya el general Schelly en parte de 24 de abril (número 25), que el segundo comandante del regimiento de infantería de Guadalajara D. José Portal recibe cartas de M. Bulwer; y el otro día le enseñó una al señor comandante del mismo cuerpo D. Vicente Vargas, aunque insignificante; añadiendo que no podía menos que llamarle la atención esta correspondencia, cuando por una parte Portal no era un jefe brillante, ni su familia de las del primer rango, y por otra se aseguraba de público que M. Bulwer era el director de nuestra revolución. —En otro parte de 1º de mayo (número 26), decía el mismo general Schelly el motivo de la correspondencia con Portal; descubrimiento que si por una parte le infundía recelos, por otra le tranquilizaba; porque designándose públicamente a M. Bulwer por director de nuestra revolución, y siendo también público que M. Bulwer obsequia a la hermana de aquel, era claro que si Portal intentase alguna rebelión en su regimiento, a nadie quedaría duda de quien era el director, lo cual seguramente podría acomodar a M. Bulwer, a quien siendo un hombre de talento no le creía capaz de cometer tal falta. En otro parte de 8 de mayo (número 27) anunciaba el general Schelly la llegada por aquel país de un coronel inglés llamado Fitch, el cual se aseguraba ser amigo íntimo del ministro de S.M. Británica, observándose que los agitadores y revolucionarios de oficio estaban más en movimiento.
Tales eran los datos que el general Schelly tenía y comunicaba al gobierno respecto del comandante Portal, de la llegada del coronel Fitch y de la influencia que se atribuía a M. Bulwer para proteger los planes de revolución, sospechas, en cuanto a este último, mitigadas por la consideración de que un hombre del talento de Bulwer procuraría no quedar en descubierto, como lo quedaría en concepto del general Schelly si estallaba una insurrección promovida por el comandante Portal. Estalló, sin embargo: una buena parte del regimiento de Guadalajara, seducida primero y acaudillada después por el segundo comandante D. José Portal, se sublevó en la ciudad de Sevilla el 13 de mayo; arrastró consigo al regimiento de caballería del Infante; desoyó la voz de sus jefes haciendo fuego y causando la muerte de algunos; se dirigió y procuró atacar la morada de la infanta de España doña María Luisa Fernanda; puso en consternación a los pacíficos y leales habitantes de aquella populosa ciudad, y aislados al fin, y sin apoyo de los rebeldes, se alejaron de su recinto, se pronunciaron en fuga, y buscaron la impunidad en el vecino reino de Portugal. Estos acontecimientos, consignados en los partes oficiales, son además harto públicos y conocidos para que necesiten otros comprobantes. El promovedor de la sublevación de Sevilla, el caudillo de las tropas allí insurreccionadas, lo ha sido el comandante segundo del regimiento de Guadalajara D. José Portal; Portal, que separado del ejército español, volvió a las filas en virtud de recomendación de M. Bulwer en tiempo del ministro Pacheco, y que obtuvo después un ascenso en virtud de la misma protección; Portal, cuyo padrastro, el general Ocaña, ascendió a mariscal de campo con ocasión de las regias bodas, venciendo dificultades que solo pudo superar el favor y decidido empeño de M. Bulwer; Portal, hermano de una señora con la cual ha mantenido constantemente y conservaba a la sazón M. Bulwer relaciones, cuya índole no califico, pero que han sido íntimas y estrechas hasta el punto de vivir dicha señora en una casa contigua a la de Bulwer, habiendo entre esta y aquella una comunicación secreta interior; Portal, con quien, por efecto de estas relaciones, que lo eran ya de familia, se hallaba en correspondencia con M. Bulwer; Portal, comandante de un regimiento que se hallaba de guarnición en Sevilla, a cuyo punto se dirigió el coronel Fitch, reputado en la opinión pública como agente comisionado por Bulwer para proteger las insurrecciones en las provincias de Levante y Mediodía; Portal, en fin, cuyo malogrado alzamiento, tan luego se tuvo de él noticia en Madrid, colocó a M. Bulwer en una situación, a sus propios ojos tan aflictiva, que, hablando con una persona muy respetable y caracterizada de esta corte acerca de aquel suceso y de las sospechas que naturalmente producía contra él, atendidas sus relaciones con Portal, no pudo menos que prorrumpir en la sentida manifestación de que era `una fatal coincidencia`." Y continúa Sotomayor refiriéndose a una comunicación del coronel D. José de la Puente, comisionado para pasar a Portugal y reclamar los caballos y armamento de los sublevados, que contaba que en dicho país se le presentó un sargento de los que fueron presos el día 13 por los insurrectos, el cual le manifestó que Portal arengaba a sus tropas mediante prometerles que contaba con la protección de Inglaterra y que tenía cartas del ministro plenipotenciario M. Bulwer, con quien le unían las más estrechas relaciones, que aseguraban que dentro de un mes el movimiento cundiría en toda España. José de la Puente le dio al testimonio el mérito que se merecía, ya que se lo confirmaron algunas personas particulares de Portugal y que ya era la voz pública en Sevilla.
De esta manera, fueron los sucesos de Sevilla los que en última instancia hicieron de la expulsión del ministro Bulwer un hecho. Antes había sido varias veces advertido por Madrid para que cesase en su conducta, incluso por medios diplomáticos a Londres pidiendo su relevo, encontrando siempre respuestas evasivas de su inmediato superior lord Palmerston.
"Una circunstancia muy notable y que debemos presentar en todo su significado ha habido en la rebelión de esa fuerza perjura que se ha sublevado en Sevilla. El comandante del batallón, cuya mayor parte ha faltado de una manera tan criminal y tan indigna a sus banderas, a sus juramentos, a su Reina y a su país, es el Sr. Portal, con quien parece hallarse ligado, mediante `una liga femenina`, mister Bulwer; ese diplomático de mala laya, que se ha equivocado grandemente si ha creído que bajo la inmunidad del alto puesto que indebida e indignamente desempeña, puede atizar con impunidad la discordia en esta nación altiva y valerosa". El Balear, 1 de junio de 1848.
"Una hermana del comandante Portal, la señora de Ocaña, tan conocida en esta corte, se presentó a las cinco de la tarde del día de ayer en Palacio, acompañada de sus dos hermanas, anegadas las tres en llanto, con el objeto de implorar de S. M. la reina el perdón de su hermano". El Católico, 17 de mayo de 1848.
En abril de 1847 el general Ocaña vino a Sevilla de inspección.
Francisco de Ocaña luchó en la Primera Guerra Carlista. De coronel, Francisco Ocaña salió de Villalba el día 18 para sorprender al cabecilla Iturralde. Lo comunica el 26 de enero de 1835 y se publicó en la Gaceta de Madrid de 2 de febrero de dicho año, en partes de guerra con regustos estilísticos de literatura de suspense: "Excmo. Sr.: Encargado por V.E. de la sorpresa de los batallones 7º y 9º que ocupaban a Lumbier, bajo las ordenes del cabecilla Iturralde, salí de este pueblo de Villaba a las cuatro de la mañana del 18 de los corrientes. La oscuridad de la noche, el terrible aguacero que cayó, y lo intransitable del camino, en vez de hacer desmayar a la tropa, la alentaba extraordinariamente. [...] No era posible ocultar mi movimiento por la llanura que debía atravesar, ni tampoco vadear el río por la mucha agua que traía. No me quedaba pues otro arbitrio que atacarlos de frente y tomar a viva fuerza el puente, si acaso intentaban defenderlo; pero los facciosos al ver el ardor y resolución de estas valientes tropas, no se atrevieron a esperarlas, y huyeron veloz y vergonzosamente hacia Domeño. [...] Llegada la noche y visto que el enemigo se dirigía a Navascues por el largo y penoso desfiladero de Aspurz, pernocté en Lumbier para dar descanso a las tropas después de 14 horas de fatiga. [...] Los batallones facciosos desembarazados ya de la columna que los debía perseguir, y prefiriendo morir mas bien en el rigor de la nieve, que estrellarse contra nuestras bayonetas, dando largos rodeos, y haciendo penosas marchas, tomaron diferentes rumbos hacia el Espinal, con dirección a Uzama".
(2) En el Boletín Oficial de la Provincia de Sevilla del 29 de mayo de 1848 aparecieron los siguientes avisos:
Desde el 13 de mayo se buscaba a Juan León, soltero, de oficio sillero, de 19 años, 5 pies y 5 pulgadas de estatura, pelo y cejas negros, ojos pardos, nariz regular. desertor del regimiento de infantería de Saboya.
Desde el 23 de mayo, a José León, de 20 años, 5 pies, 2 pulgadas y 10 líneas de estatura, pelo castaño, ojos pardos, cejas castañas, color trigueño, nariz regular, barba poca, boca regular, quinto desertor del regimiento infantería de Navarra.
En el referido Boletín Oficial del 31 de mayo: Fernando Dominguez, soldado del regimiento de Numancia n.º 14 de caballería, sustituto de Manuel Cordero, quinto del reemplazo de 1846 en Sevilla, desertor de la plaza de Badajoz.
En el de 26 de mayo, Manuel Gámez, natural de Luisiana, estatura 5 pies y 6 pulgadas, pelo y cejas castaños, ojos pardos, nariz regular. desertor del regimiento infantería de Saboya. 13 de mayo. Y Miguel Amador Lobo, de 19 años, pelo y cejas rubios, ojos garzos, nariz y boca regulares, barba ninguna, color trigueño, soltero, fue quinto por la Puebla del Saucejo en el reemplazo de 1847, desertor del regimiento de caballería de María Cristina. Buscado desde el 15 de mayo.
Además, en este último Boletín, se urgía la busca y captura de los sargentos desertores del regimiento infantería de España:
D. Francisco Delsa, natural de Portal Rubio, Cuenca, de 44 años, soltero, pelo castaño, ojos id., cejas id., color trigueño, nariz regular, barba poblada, boca regular, estatura 5 pies.
D. Esteban Pinilla, natural de Illesca, Zaragoza, soltero, pelo castaño, ojos id., cejas id., color sano, nariz regular, barba lampiña, cara regular, estatura 5 pies y 1 pulgada.
D. Hermenegildo Martín, natural de Torrequemada, Palencia, de 25 años, soltero, pelo castaño, ojos id., cejas id., color bueno, nariz larga, barba poca, boca regular.
D. Julian Gonzalez, natural de Santa María de Villaoscura, Lugo, de 32 años, soltero, pelo negro, ojos castaños, cejas al pelo, color blanco, nariz regular, barba poca, boca regular.
D. Antonio Fernández, natural de Palacios del Alcor, Palencia, de 26 años, soltero, pelo castaño, ojos y cejas id., color trigueño, nariz regular, barba poblada, boca regular, estatura 5 pies, 1 pulgada y 6 líneas
D. Cosme Belio, natural de Larréa, Huesca, de 31 años, soltero, pelo negro, ojos garzos, cejas al pelo, color bueno, nariz regular, barba cerrada, boca regular, estatura 5 pies y 2 pulgadas.
Es curioso de apreciar que todos estos seis suboficiales rebeldes eran solteros.
(3) El Tridente fondeó en la bahía de San Juan de Puerto Rico el 21 de octubre de este año de 1848, procedente de Cádiz, de paso para La Habana. Dos semanas después, el 7 de diciembre, desembarcó en dicho puerto de San Juan Francisco Oliver, ya restablecido de su enfermedad. Llegó en la goleta o fragata Nueva Ceres, su capitán don Luis Pisorno. Cargaba además de viajeros, frutos. Habían salido de Cádiz el 13 de octubre anterior. A los dos días de su llegada, el 9 de diciembre, la fragata salió para Veracruz.
La corbeta española Ceres, capitán don Luis Pizorno; de Puerto Rico en 44 días, con tabaco y cacao, para Cádiz, entró en cuarentena desde el 18 de septiembre en el Lazareto de Vigo. (El Heraldo, 10 de octubre de 1852).
La fragata Ceres con el mismo capitán Pisorno, su consignatario don Ángel Revello, salió de Cádiz destino Puerto Rico el 16 de marzo de 1863.
La corbeta Ceres, capitán don Luis Pizorno, en 32 días de Puerto Rico para Cádiz con café, 46 pasajeros y 2 militares. Consignatario, Sr. Velázquez Coppa, a cuarentena en el puerto de Vigo desde el día 4 de agosto de 1862.
El capitán de la fragata Ceres, Luis Pizorno, vivía en la plaza de la Libertad, n.º 4 (Guía de Cádiz de 1867. José Rossety).
Era gobernador de la Isla al regreso de Francisco Oliver, entre 1848 y 1852, Juan de la Pezuela, hijo del último virrey del Perú. Sucedió en dicha gobernación portorriqueña a Juan Prim. "Allí impuso el odiado Régimen de la Libreta, el cual era una esclavitud encubierta para los habitantes de la isla, obligándolos a trabajar en las haciendas por una mala paga o nada. Los jornaleros debían cargar con una libreta en todo momento que evidenciaba su trabajo. Más tarde gobernador de Cuba de 1853 a 1855. Regresó a la península ibérica para hacerse cargo de la capitanía General de Cataluña, puesto que ocupaba durante la Revolución de 1868 y desde el que defendió el bando de Isabel II.
Durante el reinado de Amadeo de Saboya y la Primera República queda marginado de puestos importantes, no recuperando parte de su prestigio hasta la restauración borbónica. Falleció en la ciudad de Segovia en 1907 con noventa y ocho años". (Wikipedia).
"En 17 se bautizó Isidro, hijo de don José Isidro de Aguilar y de doña Magdalena Halle, naturales ella de Nanci de Francia y él de esta, de la que son vecinos. Abuelos paternos don José Antonio de Aguilar y doña María Luisa de la Puerta Fernández de Quevedo; y maternos don Pedro Halle y doña Francisca Clause. Nació el día 15 del dicho." Partida de febrero de 1836.
Hermano de este coronel muerto en mayo en Sevilla —que ahora conoceremos— fue el Ilustrísimo Sr. don Manuel María de Aguilar y Puerta, natural de Antequera y embajador en varias cortes europeas, que falleció en dicha Antequera el 20 de marzo de 1867 con 83 años de edad, siendo viudo de la Excma. Sra. doña María del Amparo Pérez Coronel Quintanilla. Vivía el fallecido en la Quinta de Valdealanes San Pedro.
Manuel María de Aguilar y Puerta (1783-1867) "fue consejero del Consejo Real de Castilla y, a su disolución, del Consejo Real de Indias. A lo largo de su carrera estuvo destinado en Italia, Portugal, Suiza y Alemania. Fue embajador en Lisboa y Londres y ocupó el Ministerio de Estado durante diez días de mayo de 1843, sin que llegase a tomar posesión. Después fue diputado por Antequera". (Wikipedia).
"Atendiendo a las particulares circunstancias que concurren en D. Manuel María de Aguilar, ministro plenipotenciario de S.M. en Lisboa, como Regente del Reino durante la menor edad de la Reina Doña Isabel II, y en su Real nombre, vengo en nombrarle Ministro de Estado, por renuncia que de dicho cargo ha hecho D. Ildefonso Díez de Rivera, conde de Almodóvar.
Tendréislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. El Duque de la Victoria. Dado en Madrid a 9 de Mayo de 1843. A D. Joaquín María López". Gaceta de Madrid, 10 de mayo de 1843.
"A principios del siglo XIX, en 1822, fue adquirido [el cortijo de Castillón], junto con una extensión de 390 fanegas, por Manuel María Aguilar y Puerta, uno de los personajes más interesantes de la política decimonónica de la ciudad, y, así mismo, uno de los que mayor proyección tuvo en el gobierno de Madrid. Fue embajador de España en las Dos Sicilias, Inglaterra y Portugal, y diputado por el Partido Progresista; más tarde fundaría el Partido Democrático.Revolucionario en Madrid, dirigió el motín contra María Cristina en los inicios del bienio progresista y la insurrección del verano de 1856. Su familia continuó tomando parte en la política liberal no sólo en Madrid sino también en Antequera, donde destacó José Antonio Aguilar, quien jugaría un papel protagonista durante la I República". juntadeandalucia.es
"En 17 se bautizó Isidro, hijo de don José Isidro de Aguilar y de doña Magdalena Halle, naturales ella de Nanci de Francia y él de esta, de la que son vecinos. Abuelos paternos don José Antonio de Aguilar y doña María Luisa de la Puerta Fernández de Quevedo; y maternos don Pedro Halle y doña Francisca Clause. Nació el día 15 del dicho." Partida de febrero de 1836.
Hermano de este coronel muerto en mayo en Sevilla —que ahora conoceremos— fue el Ilustrísimo Sr. don Manuel María de Aguilar y Puerta, natural de Antequera y embajador en varias cortes europeas, que falleció en dicha Antequera el 20 de marzo de 1867 con 83 años de edad, siendo viudo de la Excma. Sra. doña María del Amparo Pérez Coronel Quintanilla. Vivía el fallecido en la Quinta de Valdealanes San Pedro.
Manuel María de Aguilar y Puerta (1783-1867) "fue consejero del Consejo Real de Castilla y, a su disolución, del Consejo Real de Indias. A lo largo de su carrera estuvo destinado en Italia, Portugal, Suiza y Alemania. Fue embajador en Lisboa y Londres y ocupó el Ministerio de Estado durante diez días de mayo de 1843, sin que llegase a tomar posesión. Después fue diputado por Antequera". (Wikipedia).
"Atendiendo a las particulares circunstancias que concurren en D. Manuel María de Aguilar, ministro plenipotenciario de S.M. en Lisboa, como Regente del Reino durante la menor edad de la Reina Doña Isabel II, y en su Real nombre, vengo en nombrarle Ministro de Estado, por renuncia que de dicho cargo ha hecho D. Ildefonso Díez de Rivera, conde de Almodóvar.
Tendréislo entendido, y lo comunicaréis a quien corresponda. El Duque de la Victoria. Dado en Madrid a 9 de Mayo de 1843. A D. Joaquín María López". Gaceta de Madrid, 10 de mayo de 1843.
"A principios del siglo XIX, en 1822, fue adquirido [el cortijo de Castillón], junto con una extensión de 390 fanegas, por Manuel María Aguilar y Puerta, uno de los personajes más interesantes de la política decimonónica de la ciudad, y, así mismo, uno de los que mayor proyección tuvo en el gobierno de Madrid. Fue embajador de España en las Dos Sicilias, Inglaterra y Portugal, y diputado por el Partido Progresista; más tarde fundaría el Partido Democrático.Revolucionario en Madrid, dirigió el motín contra María Cristina en los inicios del bienio progresista y la insurrección del verano de 1856. Su familia continuó tomando parte en la política liberal no sólo en Madrid sino también en Antequera, donde destacó José Antonio Aguilar, quien jugaría un papel protagonista durante la I República". juntadeandalucia.es
Sabemos a ciencia cierta la identidad de dos de los fallecidos en la revuelta de mayo en Sevilla. Por real decreto del 12 de junio de 1848, a doña Magdalena Halle y Clause, viuda del coronel de artillería D. José de Aguilar (v.s.), muerto por los sublevados en esta capital en la noche del 13 de mayo último, pensión de 12.000 reales.
De 8.000 reales a Doña Josefa de Rivas, hija del teniente coronel de caballería don José Rivas, muerto ídem.: "Otra [pensión] de 12.000 reales anuales a Doña Magdalena Hallé y Clausé, viuda del coronel de artillería D. José de Aguilar, muerto en la insurrección ocurrida en Sevilla el día 13 de Mayo de 1848; entendiéndose que en la expresada cantidad ha de incluirse la que en concepto de viudedad le corresponda conforme al reglamento del Monte Pío militar, la cual será transmitible como esta última en caso de fallecimiento a su hijo D. Isidro, quien la deberá disfrutar hasta la edad de 25 años.
Otra de 8.000 reales anuales a Doña Josefa, huérfana del teniente coronel de artillería D. José Rivas, muerto como el anterior". Diario de las sesiones de Cortes. Palacio del senado, 19 de abril de 1849.
(Viene de la entrada anterior). A la llegada a Sevilla en 1848 la infanta María Luisa Fernanda está embarazada de cinco meses, de María Isabel Francisca (1848-1919), que nacería en el Alcázar sevillano y fallecería en Villamanrique de la Condesa. Fue la primera de los nueve hijos que hubieron los Montpensier. Cuenta la prensa (v.s.) que la tarde y noche de la rebelión del comandante José Portales el buen duque, excitado y nervioso pero íntegro en "su ardoroso brío militar" (5) estuvo deseando desenvainar su espada y enfrentarse a los sediciosos que disparaban sobre el palacio. Decía el futuro padre sentir con pesar que el puesto que ocupaba no le permitiera salir a la calle a pelear. De lo acontecido aquellos días estamos dando cuenta detallada en estas entradas. (Continúa en la siguiente entrada).
(5) Lo de "ardoroso brío militar" tiene su significación biográfica complemetaria. Ya dijimos que combatió en Biskra, en pleno corazón del desierto argelino. En 1844 como capitán al mando de la 7ª batería del 4º regimiento de Infantería Antonio de Orleans participa en la guerra franco-argelina, resutando herido en la batalla de Mehonnesch (5a), cerca de Biskra, lo que le valió ser condecorado con la Legión de Honor. Luchó junto con su hermano el duque de Aumale y ambos tuvieron ocasión de conocer a soldados y mandos españoles en aquellos arenales, que formaban parte de la célebre Legión Extranjera Francesa (5b). Además de Aumale y Montpensier, Joinville, el tercer hermano, participaba bombardeando, el 14 de agosto de 1844, la ciudad marroquí de Tánger, por su alianza con los argelinos independentistas (5c).
"La guerra franco-argelina volvió a estallar en 1839, cuando el duque de Orleans cruzó el desfiladero de las Puertas de Hierro ante la negativa de Abd el-Kader a rectificar varios puntos del tratado de Tafna. Abd el-Kader volvió a proclamar la guerra santa a Francia con la destrucción de los establecimientos franceses en la llanura de Mitidja. Francia reaccionó enseguida y mandó al país a su mejor militar, esta vez con bastante más experiencia para afrontar una lucha sin cuartel en las tierras norteafricanas. Bugeaud adoptó una táctica militar totalmente novedosa consistente en dividir todas las fuerzas francesas acantonadas en Argelia en pequeñas columnas de caballería extremadamente móviles y bien armadas, con las que peinó todo el país y poco a poco logró apoderarse de gran parte del territorio perdido o cedido a los argelinos en los anteriores tratados. Finalmente, obligó a Abd el-Kader y a un pequeño grupo de seguidores a refugiarse como fugitivos en las montañas del interior del país. El 16 de mayo de 1843, Abd el-Kader y los suyos fueron sorprendidos por las fuerzas del general Lamoriciere y del duque de Aumale. Abd el-Kader consiguió escapar por poco, pero más de 3.000 de sus mejores hombres cayeron en manos francesas, circunstancia que acabó por restarle el apoyo que hasta la fecha gozaba por parte de la inmensa mayoría del país". https://www.ecured.cu/Abd_el-Kader
(5a) مشونش (M'Chouneche). "And that standard [de hechos heroicos] was maintained on March 15, 1844, when the due d´Aumale personally led a charge of a ´bataillon de marche´ made up of the elite companies of the 2nd Regiment against the fortified village of M´chouneche in the Aurès Mountains after several attacks by line regiments failed to reach the walls. So impressive was the courage of the legionnaires in their successful storming of M´chouneche that Aumale asked his father, King Louis-Philippe, to reward the regiment with its own standard". The French Foreign Legion: A Complete History of the Legendary Fighting Force. Douglas Porch. La batalla tuvo como dirigente del lado argelino a Brahim Ben Sadek Belhadj,
Boceto de Auguste Raffet. Batalla del 15 de marzo de 1844 en M´Chouneche
Boceto de Auguste Raffet. Batalla del 15 de marzo de 1844 en M´Chouneche
En New Hibernia Review, volumen 2, n.º 3 del otoño de 1998, en el artículo Thomas Landsdowne Parr Moore, Son and Legionnaire su autor George E. Ryan cuenta que el poeta irlandés Thomas Moore supo la misteriosa muerte de su hijo en el norte de África en marzo de 1846, un joven legionario de la Extranjera Francesa del que nunca se encontró el cuerpo, y cuyo padrino en su bautizo había sido Lord Byron. Estuvo el joven en la India, en la Primera Guerra Afgana, en la zona que hoy es Pakistán, desde donde pasó a París. "This time the senior Thomas turned to no less a personage than Louis Philippe, whom the poet had known well before Louis became `King of the French` and established, in 1831, the motley band of fugittives, vagabonds, deserters, political refugees, and assorted social misfits that at first characterized the King´s legion composee d´etrangers. Louis Philippe has conceived this cadre of mercenaires as a contingent he could usa to free his own troops for keeping the peace at home, and so decreed that the Legion Etrangere would recruit non-citizens exclusively, men who then serve only outside the frontiers of continental France. Thus, the newest volunteer, despite his regal sponsorship and the intervention of Marshal Nicholas Soult, hero of Austerlitz and Louis´Minister of Foreing Affairs, soon found himself a Foreing Legionnaire assigned to the new and troublesome colony of Algeria". El joven oficial irlandés estuvo en la batalla de M`Chourneche con los dos hijos de Luis Felipe. Enfermó, se convirtió en un alcohólico adicto al vino argelino, y murió de, al parecer, tuberculosis cuando era evacuado desde el interior del desierto.
"French Foreign Legion: March 15 1844, Battle of M’Chounech a battle in the Biskra region, northeastern Algeria between French troops and local rebels to seize a rebel village of M’Chounech (M’Chouneche now) the village was held by Emir Abd El Kader the well-known rebel leader with his light infantry troops and rebels (around 3,000 men) French troops launched an attack to seize the village the French were led by Henri d’Orléans, Duke of Aumale the son of France’s King Louis-Philippe I the king who established the Foreign Legion in 1831 1st Battalion, 2e RE (2e REI now) participated the battalion was led by Major De Chabrières the future famous commander of the 2e RE as Colonel, he would be killed in Italy in 1859 that day, the village was successfully seized". http://foreignlegion.info/
Una garganta en las montañas de M´Chouneche
Hoy hay en M´Chouneche una mansión rodeada de espeso palmeral y fragante rosaleda que pertenece a la familia de Ahmed Ben Abderrazak Hamouda, alias coronel Si El Haoues, héroe de la Guerra de Independiencia de Argel nacido en dicha mansión y enterrado en ella, la cual está convertida en la actualidad en museo histórico. "Un silence religieux règne dans tous les coins. Une ambiance de calme et de sérénité qui inspire la méditation". La familia pertenece a la tribu d´Ouled Si Chaâbane, una rama de los Beni Bouslimane. El abuelo del coronel dirigió una escuela coránica y fue encarcelado por los franceses a pesar de tener 72 años de edad. Ver El Watan, 15 de junio de 2017.
Hijo del coronel Si Haoues, que custodia la casa-museo de la familia.
El desierto, como suele acontecer a los foráneos que lo han vivido, dejó también su marca en Montpensier. Prueba patente es su gusto por la arquitectura arabizante cuya muestra castillejense es notable. También es significativa su preferencia por la palmera datilera como árbol de ornamentación, antes que cualquier otro. Si bien Francia tenía antiguos vínculos con el desierto norteafricano, vía colonizaje, el peso de los ocho siglos de Al-Andalus era tema especialísimo a considerar por un Orleans que deseaba incardinarse en su patria de acogida y lograr una comprensión sociológica de la comunidad en que iba a vivir y a accionar políticamente. Para comprender la personalidad hispana tenía que sumergirse en todos los aspectos de la cultura árabe en su modalidad occidental, y estudiar la idiosincrasia andaluza conformada por dicha cultura. Existen facturas del pago de palmeras para sembrar en el jardín de Castilleja con fechas de 12 de abril de 1862 —"Depenses du palmier de Castilleja", firmado por A. Lecolant—, de 28 de marzo de 1863 y de 27 de febrero de 1864, a un real cada pie de plantación. La última factura tuvo un montante de 2.048 reales. Pero ya desde 1861 hay indicio documental de quererse llevar a Castilleja 12 pies de palmeras datileras, además de otros árboles como cedros, cipreses, plataneros comunes y abetos.
Los apologístas del duque, orleanistas que querían sentarlo en el trono español, recalcaban incansablemente, entre otras bondades, su benefactora y altruista labor de reconstrucción histórica y su exquisito gusto en lo que a edificación se refiere. Hoy ensalzan esa supuesta labor muy vivamente una muchedumbre de investigadores académicos de una historia inercial sostenedora del sistema político-social. Pero tanto antes como ahora existen contrapartidas y oposiciones a ello, que medraron y medran especialmente entre el movimiento republicano o, si se quiere, antimonárquico. Un antiguo e interesante caso de crítica montpensieriana lo representó el onubense Francisco Díaz Quintero (1819-1878), demócrata republicano, abogado de la empresa del ferrocarril Sevilla-Cádiz, secretario de la junta revolucionaria de la provincia de Sevilla en 1868 y diputado por Huelva en las Cortes Constituyentes de 1869. "No hay nada de común entre mi humilde persona y las ideas religiosas, porque yo no profeso religión ninguna, atención a que las creo todas contrarias a la moral", y "Ni siquiera soy ateo, porque no quiero relacionarme con las religiones por medio de la negación", son muestras de su postura ante la religión. Urgió la abolición definitiva de la esclavitud. En la sesión de las Cortes del viernes 3 de diciembre de 1869 bajo la presidencia de don Nicolás María Rivero —dos días antes, el 1º, se había tratado en detalle del robo que la suegra de Antonio de Orleans, María Cristina, había hecho de las joyas de la corona— se presentaron enmiendas al artículo 14 del proyecto de desvinculación del patrimonio de la corona. En uso de la palabra dijo Díaz Quintero: "Confieso, señores diputados, que me hace feliz esta discusión, al ver por una parte el espectáculo que presenta la Cámara con los bancos desiertos, y al ver por otra que un Ministro llama ladrones a los reyes y se levantan tumultos. Todo esto sirve para hacer propaganda republicana, y por eso digo que me hace feliz esta discusión.
Por lo demás, para mí no tiene importancia ninguna, para mí es completamente igual que al monarca se le reserve más o menos, porque tengo la íntima convicción de que probablemente el rey no vendrá, y si viene, no durará, porque la única solución para la situación en que nos encontramos es indudablemente la república. Yo, como diputado republicano, debería tener interés en que se reservase mucho al rey para que luego la república tuviese más que vender; pero como español, me interesaría que se dejase poco al monarca, que se desamortizase mucho, para que con sus productos se pudiese amortizar mucha deuda. Yo soy en este punto completamente neutral: lo mismo me importa que le dejéis mucho como que le dejéis poco, y no hubiera pedido la palabra si no hubiera oido que el señor Cisneros, sin duda por el campo político de que procede, ha aprovechado la ocasión, por más que haya sido de soslayo, para hacer el elogio del Duque de Montpensier; si no hubiera oido a su señoría atribuir al duque de Montpensier la conservación del monasterio de la Rábida en el puerto de Palos y la casa de Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta.
El monasterio de la Rábida estaba casi destruido en tiempos de Fernando VII porque le habitaban los frailes, aquellos frailes que tan dignos habían sido en tiempo de Fr. Juan Pérez de Marchena y que se habían convertido en contrabandistas. El monasterio de la Rábida, situado en la confluencia de los ríos Odiel y Tinto, Lucrum et Urim, como los llama Estrabon, era un sitio muy a propósito para convertirle, como con efecto le convirtieron los frailes, en un depósito de tabaco y géneros que traían de Gibraltar; de manera que el convento era un receptáculo de contrabandistas, y casi casi podría decir que también de ladrones.
Con este motivo el convento estaba maltratado, bastante maltratado. Llegó la expulsión de los frailes: los contrabandistas siguieron aprovechándose del edificio, que no tenía ya moradores, y cuando hacia frío y querían calentarse, arrancaban las puertas y ventanas y las quemaban. Como entonces estábamos en guerra civil, no se podía pensar en conservar monumentos; pero luego que cesó la guerra civil, los mismos habitantes de la provincia de Huelva, por iniciativa de un gobernador que en ella hubo, hicieron una suscripción, que ascendió a muchos miles de duros, los cuales con mucho exceso sobrepujaban a la mezquina suma que se gastó en restaurar la celda del padre Marchena y un poco el templo. En fin, el hecho es que esa suscripción produjo muchos miles de duros, los bastantes para cubrir con exceso los gastos que ocasionaron las pequeñas obras que allí se hicieron, y que el duque de Montpensier, si algo dio, debió ser muy poco.
No quede, pues, la gloria de la restauración del templo de la Rábida para el duque de Montpensier, como tampoco la de la conservación y restauración de la casa de Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta, a no ser que se llame conservar al hecho de destruir. Lo que el duque de Montpensier ha hecho ha sido echar abajo la modesta casa de Hernán Cortés, y en vez de aquella modesta casa levantar un semi-palacio de pésimo gusto, porque es de estilo seudo-arábigo. Su hubiera restaurado la casa de Hernán Cortés, conservándola tal y como estaba cuando vivió en ella, hubiera sido un acto meritorio; pero derribar la casa y levantar en su lugar un medio palacio de pésimo gusto, no creo que tenga nada de particular.
Por lo demás, nada tiene de extraño que el duque de Montpensier, que ha recibido algunos millones del Tesoro como marido de la infanta doña María Luisa Fernanda, nada tiene de particular que para su recreo, como, por ejemplo, cuando iba a Moguer o a Palos a cazar en el coto de Doña Ana, que está allí cerca, tuviera una especie de parada en el convento, que por cierto es deliciosísimo, pues en las celdas de aquel convento se siente una frescura tal que puede decirse que en ellas no hace calor. Nada tiene de particular, por cierto, porque los frailes tenían buen instinto para estudiar los sitios en que les convenía levantar sus conventos. El duque de Montpensier puede tener algo de fraile, y de aquí su deseo de comodidad [...]
Francisco Díaz Quintero
Enrique Cisneros Nuevas
Francisco Díaz Quintero
Enrique Cisneros Nuevas
El diputado sevillano Enrique Cisneros Nuevas (1826-1898), orleanista que pertenece a la comisión encargada de las propiedades del futuro rey, le replica: "No solamente hago uso de la palabra para rectificar, sino para consumir otro turno contestando en nombre de la comisión al señor Quintero. La verdad es, señores diputados, que el señor Díaz Quintero no da a la comisión materia sobre la cual poder extender su respuesta, porque no se ha ocupado más de que un asunto incidental.
El señor Díaz Quintero, no se si por sí o a nombre de sus amigos, no perdona a un príncipe español el delito de haber consagrado su atención, su inteligencia y sus recursos a la restauración y conservación de monumentos que simbolizan grandes glorias nacionales. Sobre este punto no puedo discutir en esta ocasión con su señoría. Algún día habrá posibilidad de hacerlo, y su señoría me encontrará en mi puesto; ahora, ni el Reglamento ni el señor presidente me lo permitirían.
A mí me basta contra las aseveraciones del señor Díaz Quintero, presentar y sostener las mías. Su señoría cree que el duque de Montpensier, lo mismo en la Rábida que en Castilleja de la Cuesta, no ha tratado más que de edificar casas de recreo, de descanso y de comodidad; yo sostengo, por el contrario, que no le ha animado otra idea que la muy noble y patriótica de restaurar y conservar monumentos preciosos y nacionales [...].
Dramaturgo, tenemos datos de su familia en los padrones de la ciudad de Sevilla: en el n.º 4 de la plazuela de Madre de Dios, parroquia de Santa María la Blanca, Sevilla, vivía en 1875 el coronel de artillería retirado don José María de Cisneros y Lanuza, viudo de doña María Manuela de Nuevas y Cotiella, nacida en Sevilla, hija de Joaquín de Nuevas y Echegollan y de María de los Dolores Cotiella y Ochoa, ambos sevillanos.
El coronel viudo era nacido en Montemolín (Badajoz) en 1800, hijo de don José de Cisneros y de doña Isabel Lanuza Sotelo; con él vivía su hijo de 28 años Honorio de Cisneros y Nuevas, abogado, nacido en dicha plazuela, que fue exento del servicio militar "por el número". Firmó la hoja del padrón el hijo por indisposición del padre. Honorio había nacido el 17 de febrero de 1847 a las 12 de la noche.
Vivía con ellos otra hija, soltera de 34 años, María Josefa, dedicada a las labores de su sexo. Y dos criadas: Francisca Buzón Rodríguez, viuda de 56 años natural de Carmona, hija de José y Francisca, y María de Gracia González Buzón, soltera de 25 también de Carmona, hija de Francisco y Francisca.
En 1895 en la sevillana calle de San Bartolomé n.º 3 vivía otra hija, María de la Concepción, de 52 años, casada con Victoriano María Valdenebros y Olloqui, de 68, natural de Bilbao, cesante de la administración, hijo de Eladio y Manuela; vivía con ellos su hija soltera, de 30 años, María de la Concepción, y una criada malagueña viuda de 40 años, Dolores Equa, hija de Juan y Josefa. Otros dos hijos de Victoriano Valdenebros y María de la Concepción Cisneros fueron Jesús María y Trinidad María, nacidos en Filipinas, en Cebú el primero en 1864 y en Binondo la segunda en 1866.
Con un hermano de Victoriano, Melquiades Valdenebros Olloqui, se casó otra de las hijas del coronel, Mercedes de Cisneros y Nuevas, resultando así dos hermanos casados con dos hermanas, todos vecinos de Santa María la Blanca en 1875. Melquíades había nacido en Valladolid en 1825 y era propietario. Tenían estos últimos tres hijos, José María de 13, Manuel de 11 y María del Amparo de 8, nacidos en Sevilla. Vivía además con ellos Salvador de Valdenebros y Cisneros, nacido en Cebú, de 7 años de edad, hijo de don José y de doña Dolores.
(5b) En 1847 había 100.000 europeos en Argelia, pero solamente 15.000 vivían fuera de las grandes urbes. La colonización militar nunca pudo rellenar ese desequilibrio en la distribución poblacional. Se documentan casos novelescos, como el del madrileño Antonio Rodríguez Martínez, combatiente carlista a las órdenes de Cabrera que pasó a Francia y enrolado en el engendro del padre de don Antonio de Orleans que era la Legión Extranjera* obtuvo el grado de capitán luchando contra Abd el Kader; en 1854, comandante, se incorporó con su batallón a la guerra de Crimea, ganando allí los galones de teniente coronel; luego participó en la guerra de Italia; regresó a Argelia y, ya coronel, en 1865 en la guarnición de París participó en la guerra franco-prusiana*. El gobierno provisional lo promovió al generalato por su acción en las batallas de Orleans y Coulmiers. Para otros varios españoles legionarios la guerra de Crimea supuso una inmejorable posibilidad de ascenso, facilitada por el hecho de que, aunque España no participaba en ella, Rusia era reacia a reconocer el régimen liberal de Isabel II, y así había cierta complacencia en la misión neutral de observación presidida por Prim por el hecho de que españoles, aunque afrancesados, lucharan contra los eslavos.
"La penetración francesa [en Argelia] se vio favorecida por el enfrentamiento secular entre los "djuads" o aristocracia militar y el clero morabítico. Los primeros controlaban la Argelia central; los morabitos, los flancos. La administración europea se apoyaría en las castas militares que incorporó a su servicio, aburguesándolas, sobornándolas y domesticándolas.
Contra este estado de cosas se alzaría el morabito Abd el Kader, quien logró conciliar a los "quadria" con las otras tres cofradías del país: "taibia", "derkaua" y "tidjania". Se atrajo el apoyo de los sectores árabes disconformes, de los restos de la "odjac" o casta militar turca dominante con anterioridad a la conquista francesa, y de los mestizos "coluglis", los jenízaros argelinos". Juan Bautista Vilar. Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914). CSIC. Universidad de Murcia.
Hubo casos todavía más complejos, como los excombatientes carlistas o liberales que desde Francia se enrolaron en la Legión Extranjera y una vez en Argelia se pasaron a las filas del morabito al-Kebir; estos recibían "seis duros de España" al entregar el fusil, dada la carencia de armas del lado indígena, de manera que el acto de desertar no era casi otra cosa que vender el armamento.
"On the morning of the 26th, a caravan arrived from Tlemecen; amongst those who came with it were two French renegades, and one Spanish, deserters from the Emir´s service. The two Frenchmen stated that they escaped from Oran, to which place they had been transported to hard labour. The Spaniard confessed that he was a deserter from the Spanish Legion in the French service, and that he was also a deserter from the regiment of Zamora, or 8th Spanish Infantry. From this corps he had deserted to the ranks of the infamous Cabrera. On the latter escaping from Spain, he had accompanied him to France, where he had entered the Foreing Legion. He was thus, according to his own account, a deserter from two services. There being, however, no doubt that they had at present escaped from the service of the Emir, we had them taken up and sent to Fez, to be dealt with according to the Emperor´s pleasure; where, in all probability, they would lose their heads". Colonel Scott. A journal of a residence in the Esmailla of Abd-el-Kader and of travels in Morocco and Algiers. Como él mismo explica en la Introducción de su libro, al tiempo del Convenio de Vergara estaba sirviendo en el regimiento 18 de Infantería Española, y al ser por dicho convenio incorporados los jefes carlistas al ejército de Isabel II, renunció a permanecer en el ejército, por no estar bajo el mando de quienes, soportando la causa del despotismo, habían sido los inhumanos y fríos asesinos de sus amigos y compañeros de armas. Decidió ponerse al servicio del emir Abd el Kader, al cual admiraba, así que marchó a Madrid, y de aquí a Gibraltar, pero estando en Benamejí, mientras se celebraba el pronunciamiento de septiembre de 1840, se puso a las órdenes del coronel José Poviano y del general Méndez de Vigo, hasta que el duque de la Victoria accedió a la regencia de España, abiertamente reconocido por la Junta de Madrid. Llegado a Algeciras por fin, contactó con Mannucci, embajador del morabito El Kader, y como su jefe de personal pasó a Argelia. Disfrazado en la mayoría del viaje porque los franceses no permitían a los ingleses acceder a su colonia africana, llegó hasta el territorio de El Kader y colaboró estrechamente con él para la obtención de la independencia.
Acuarela pintada por el hermano de don Antonio de Orleans, que adornaba una de las salas del palacio de Castilleja de la Cuesta. Ataque a un cuartel de Veracruz, 1838.
Príncipe de Joinville, hermano de Montpensier
(5c) El hermano de don Antonio de Orleans parece especializado en el bombardeo de ciudades costeras. También lo hizo desde la corbeta que mandaba, la Créole, al puerto de San Juan de Ulúa. Recordemos la lámina que Montpensier colgaba en una de sus salas del palacio de la Calle Real de Castilleja, una acuarela cuya autoría era del dicho su hermano, no mal pintor que practicó también el grabado y la litografía: "Ataque de un cuartel de la Vera-Cruz por el príncipe de Jainville, en 5 de noviembre de 1838. Alto, 1 pie y 1 pulgada; ancho, 1 pie y 6 pulgadas". (Historia de los apellidos, 21p. Junio de 2020). El príncipe de Joinville fue perdiendo audición hasta el punto de no poder atender un escaño en el parlamento de París, al que tuvo que renunciar. Le decía a Víctor Hugo: "háblame fuerte que estoy más sordo que un poste". Tres de sus sobrinos, Isabel, Cristina y Fernando, hijos de don Antonio y de María Luisa Fernanda, también manejaron aceptablemente los pinceles.
El castillo de Santiago en Sanlúcar de Barrameda, por el infante Fernando de Orleans en las vacaciones de 1869.


















No hay comentarios:
Publicar un comentario