viernes, 3 de julio de 2020
Historia de los apellidos, 21v.
Lancero y carabinero, 1848
Una mañana cálida de la primavera de 1848, ya el sol a cierta altura en el cielo prístino, vieron los vecinos de la Calle Real con gran asombro pasar, procedente de Sevilla, una riada de militares de todas las graduaciones, desde vejestorios canos hasta jovenzuelos imberbes, mezclados sin orden ni concierto con bastantes individuos con indumentarias civiles que iban desde las elegantes de la burguesía hasta las humildes de los obreros, dirigiéndose apresuradamente, los más a caballo y el resto en carruajes de varias clases, hacia Gines. Un par de machos cargaban sendas y negruzcas piezas de artillería al final de la heterogénea columna. Todos en ella llevaban el aspecto descuidado de quienes han pasado por situaciones límites y noches en vela y algunos en estado francamente deplorable, con las barbas enmarañadas, la ropa sucia. descosida o hecha jirones, y vendajes manchados de sangre fresca. En el silencio hermético que guardaban y en sus rostros serios, en el estruendo seco de los cascos de las caballerías y de las rodaduras de los vehículos sobre el arrecife de piedras de la vieja vía aljarafeña, en el rítmico golpeteo de los fusiles y sables en los correajes y sillas, se adivinaba una tragedia. Entre los viajeros se palpaba una espesa atmósfera de miedo que se desplazaba con ellos como un aura subsidiaria. Una espectral nube de polvo envuelve a la siniestra romería, difusa por efecto de la luminosidad refractada en cada molécula térrea en suspensión. Los trajineros, vendedores ambulantes y transeúntes de toda clase que los veían venir se echaban a las cunetas, con muestras de respeto mezclado con aprensión. Ni los perros ladraban.
Nadie se atrevió a preguntarles. El boticario Antonio Borges en el piso alto de su casa escribía fórmulas terapéuticas en su grasiento libro de brebajes y ungüentos aprovechando un claro que la ausencia de clientes aquel martes había producido, cuando sintió el fragor de la columna, y asomándose al balcón en el hueco que Adelaida su mujer le hizo, observó con detenimiento, creyendo reconocer el rostro pesaroso y contrito del teniente Domingo Moriones y el del comandante José Portal (1), no menos atribulado. El zapatero Antonio Míguez, que armado de lezna hilvanaba con hilo de cáñamo encerado las reventadas costuras de unas botas de cuero de becerro junto a la mugrienta ventana de su tallercillo, dejó la labor para asomarse, intercambiando miradas interrogantes con su vecino el estanquero, cuyos hijos en camisa y con los ojos desorbitados formaban un racimo mudo en la entrada, sin atreverse ni a espantar siquiera las moscas que aterrizaban en sus bocas churretosas. En la vivienda contigua la enlutada viuda Josefa Núñez, llena de temor, atisbaba expectante por las rendijas de la persiana, tapándole la boca a su hija para que no delatara su espionaje.
Un grupo de los caballistas se había desviado al principio, a la izquierda de las primeras casas del pueblo —una de ellas matadero y despacho de carne, donde requisaron varias libras de vaca y cerdo de las manos temblorosas de un tablajero aterrorizado—, subieron por el camino terrizo que un poco más adelante formaba la calle del Convento, convento cuyas ruinas, todavía negruzcas por el incendio de 1838 dejaron a un lado, y penetraron en la Plaza de Santiago —entonces Plaza de Isabel II Constitucional—. Llevan la misión de exigir al alcalde 4.000 duros, lo mismo que habían hecho en Triana a su comisario de policía horas antes. El tal Alcalde de Castilleja, Fernando Cansino Durán, que lo fue hasta 1850, en evitación de daños mayores, hizo una rápida gestión para desembolsar del tesoro municipal la referida cantidad. De todo ello fue testigo desde el balcón de su casona Francisco Oliver López, que gozaba de un año de suspensión de su servicio en Puerto Rico por enfermedad: "Licencias temporales que ha disfrutado. 1847.— En 20 de noviembre le concedió el Excmo. Sr. Cap. General de esta Isla un año de licencia para la Península con objeto de restablecer su quebrantada salud. La disfrutó hasta el 7 de diciembre de 1848, en que se incorporó al Cuerpo." (Expediente Militar del capitán 1er. comandante graduado Francisco Oliver López. Archivo General Militar de Segovia).
Francisco Oliver, a pecho descubierto desde su elevado observatorio pero sin atreverse a intervenir por conocer a fondo la psicología de la soldadesca, vio cómo los caballistas, guiados probablemente por el aroma de pan recién horneado que flotaba en el ambiente, aporreaban la casa contigua a la del cohibido Alcalde. Manuel Cansino su hermano y vecino, a la sazón panadero, abrió y, atendiendo a las instancias más o menos razonadas de los intrusos, preparó un gran saco de hogazas y media docena de paquetes de repostería —hojaldres rellenos, carne de membrillo, roscos de anís—, que uno de los soldados cargó sobre las ancas de su yegua. Marcháronse de inmediato los recien llegados para alivio de los presentes, por la calle de Hernán Cortés abajo, taciturnos, hoscos, en compacto grupo.
Los escasos castillejanos que por la mañana de aquel 14 de mayo y el lunes 13 anterior (2) habían estado en la capital trajeron indeterminadas noticias de los oscuros acontecimientos ocurridos en ella, pero no se divulgaron en el pueblo hasta pasadas 48 horas, por lo que a la mayoría sorprendió la inesperada y rápida cabalgata, presenciada desde ventanas, puertas y balcones. Al final de la Calle Real, en tropel arremolinado al borde del abrevadero del ventorrillo de Eustaquio Sánchez, los caballistas intentaban aliviar la pesadumbre de sus monturas tras haber escalado por la carretera de la cárcava la cuesta al trote rápido. Los animales hundían sus belfos en el agua límpida sorbiéndola con ansiedad. Algunos de los jinetes, aventurándose hacia el interior de las viñas, arramblaban con la fruta más madura que encontraban, o aliviaban sus necesidades fisiológicas al borde del camino de Bormujos, antes de unirse a la columna principal. La hacienda de San Ignacio parecia una tumba cerrada a cal y canto, aunque su dueño, Domingo Pérez de Anzoátegui (3), no perdía detalle atisbándolo todo a través de los visillos de una de las ventanas altas. A pesar de que habían dejado taponando el portón de la hacienda un coupé y un faetón cuyos agotados tiros esperaban turno para beber, ni se le pasó por la mente protestar por ello, atemorizado por el aspecto de los concurrentes. Reconoció el próspero hacendado entre los pseudoclientes del ventorrillo frontero al teniente Moriones. Pseudoclientes porque consumieron toda la existencia de aguardiente de Eustaquio entre promesas de que "a la vuelta le pagarían".
Domingo Moriones Murillo
La Ilustración Española y Americana, 15 de enero de 1881. Sepelio de Moriones en Egea de los Caballeros (Zaragoza).
Domingo Moriones Larraga, general en la Segunda República, nieto del anterior.
(1) Domingo Moriones y Murillo (1823-1881), hijo del brigadier y comandante general de Córdoba Francisco Moriones y Zabaleta y de Teresa Murillo Ruiz, participó junto a su padre en la Primera Guerra Carlista, en la que fue ascendiendo de grado. En octubre de 1843, ya capitán graduado teniente, tuvo un altercado con su coronel Cayetano Cortina que casi le cuesta la carrera militar. Se enfrentó con su unidad a la plaga del bandolerismo. Tras los hechos de mayo en Sevilla, como hemos visto, tuvo que huir. Se refugió en Gibraltar y luego en Portugal, después en Francia ya dado de baja en el Ejército, hasta que en 1850 intentó acogerse al Decreto de Amnistía de 8 de junio de 1849, pero se le denegó. Pasó la frontera de todos modos, y fue detenido en Sevilla en enero de 1852 y confinado en Pamplona con su familia, donde se casó con su prima Eusebia Salvatierra y Murillo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Estuvo destinado en las Islas Canarias, participó en conspiraciones con elementos progresistas y demócratas teniendo que emigrar o siendo ascendido según el color del gobierno de turno. Fue capitán general de varias regiones peninsulares y de Filipinas en 1876. Benito Pérez Galdós se refiere a él en varias novelas de sus Episodios Nacionales. A pesar de haber intentado tomar como rehenes a los Montpensier en Sevilla en mayo de 1848, Alfonso XII, —sobrino y nuero de los dichos—, le concedió en 1875 el título de marqués de Oroquieta por su acción en esta localidad navarra, en la que Carlos VII estuvo a punto de ser capturado.
Su hijo Teófilo Moriones Salvatierra, casado con Eugenia Larraga Moreno, fue militar del Colegio de Caballería, y su nieto Domingo Moriones Larraga, nacido en 1883 en Valtierra, Navarra, III marqués de Oroquieta, miembro del Cuerpo de Ingenieros, fue general republicano durante la Guerra Civil. Al finalizar la contienda las hordas franquistas lo condenaron a muerte, pena que le fue conmutada por la de treinta años de reclusión. Por orden de 15 de octubre de 1964, tras fallecer el III marqués, sucedió en el título Máxima Moriones y Larraga su hermana, nacida en Valtierra en 1885 y domiciliada en 1932 en Zaragoza, Paseo de Sagasta n.º 22, donde vivía con Luis Arrizabalaga Gállego, militar, Urbana Moreno Madrid, sirvienta de 27 años de edad, y Dolores Clemente Sobrecasas, sirvienta de 28 años de edad, esta última probablemente familia del titular del marquesado que sigue. En este mismo n.º 22 del Paseo de Sagasta vivían en dicho año el catedrático Antonio de la Figuera Andrés, de 34 años, su hermana Elisa, de 28, su hermano Manuel, de 32, militar, y Emilia Andrés de la Figuera, de 56 años,
Ostentaba el título de marqués de Oroquieta don Luis Arrizabalaga Clemente por cesión de su padre Luis Arrizabalaga Moriones el 22 de septiembre de 1989. La madre de don Luis era Pilar Clemente Pérez. Se revocó la cesión y se mantuvo el título a favor del padre el 30 de julio de 1998. A este hijo despojado del título, administrador único de la mercantil zaragozana Promodótica, S.L.U. —sistemas de electricidad—, le reclamaron desde el Juzgado de lo Mercantil n.º 2 de Zaragoza 5.232,13 euros, mas los intereses legales y costas procesales el 22 de mayo de 2012, a instancia de María Teresa Cortés Gonzalvo —impulsora del fútbol sala femenino en Zaragoza— representada por el procurador señor Aznar Ubieto. Luis Arrizabalaga Clemente, en paradero desconocido, fue declarado en rebeldía.
Don José Portal. La reina Isabel II le dio licencia para casarse siendo coronel graduado de infantería el 17 de mayo de 1845. Pasó de Segundo comandante graduado a teniente coronel con motivo del regio enlace del 10 de octubre de 1846 entre Isabel II y Francisco de Asís de Borbón. En 5 de marzo de 1847 obtuvo real licencia como segundo comandante de reemplazo de Galicia.
"Siempre hemos estado ansiosos de poder reconocer en nuestros compatriotas una cualidad sumamente esencial para el buen éxito de cualquier empresa, y que es quizá la mas ajena de nuestro carácter. Aludimos al ingenio y celo estimulador por el deseo de ascender en una profesión honrosa. Estamos además persuadidos de que el arte de dibujar con elegancia y corrección aplicado a aquella parte del servicio militar relativa al ramo de ingenieros, reportaría muchas ventajas al mismo. Por estas razones tenemos una especial satisfacción en hacer mención de una obra muy notable de caligrafía, que hemos tenido el gusto de ver, hecha por don José Portal, la que representa el castillo de Bayona de Galicia, del cual fue gobernador, junto con la bahía del mismo punto, a lo cual acompaña un mapa de España y varias viñetas trazadas con notable habilidad e ingenio. Tenemos entendido que esta obra está destinada para el director general de infantería, y no dudamos que escitará en el ánimo de S.E. los mismos sentimientos que ha inspirado en el nuestro, en favor del joven oficial, autor de la misma". El Español, 19 de diciembre de 1847.
Es destinado al tercer batallón del regimiento de Saboya el segundo comandante don José Portal en 3 de febrero de 1848.
Antonio Pirala en el volumen 1 de su Historia Contemporánea. Anales desde 1843 hasta la conclusión de la actual Guerra Civil, nos informa de este jefe de los revolucionarios: "El 13 de mayo en Sevilla*. Don José Portal, perseguido y preso por los sucesos de Galicia, fue colocado en Febrero de este año de 1848 de segundo jefe del segundo batallón de Guadalajara, de cuyo destino tomó posesión en Marzo. Hombre de grande convicción política, y con ardiente fé de partido, no vaciló en servirle, aun cuando le costara la vida; se hizo pronto dueño de la voluntad de su tropa, por la que fue bien ayudado**, y se puso de acuerdo con los circulos directivos de Madrid, Cádiz y Granada, que representaba D. José González de la Vega, considerado como jefe popular, que ofrecía a Portal unos 1.500 ciudadanos armados, municionados y organizados en pelotones a las órdenes de patriotas decididos y oficiales de reemplazo.
Debia verificarse el pronunciamiento el 27 de Abril, como se acordó la noche anterior, pero avisó Portal que se aplazara, porque no quería autorizar el asesinato del capitán general señor Shelly***: sublevó el crimen su honrada conciencia, y se suspendió el movimiento para el 13 de Mayo, que habiendo besamanos en celebración del cumpleaños del rey, se reunirían a las ocho de la noche todas las autoridades en el palacio Alcázar que ocupaba la duquesa de Montpensier.
Ningún momento sin duda más a propósito ni más oportuno. Portal contaba con su batallón, con que el primero, en el que no se habían efectuado muchos trabajos, formaría a su voz sorprendiendo al comandante de la guardia de su cuartel, arrojándose Portal con la serenidad que le es característica al persuadirse que era llegado el caso de ponerla a prueba; confiaba en que el regimiento de caballería también lo haría en pocos minutos, y que los oficiales y sargentos del de infantería de León que estaban iniciados en el plan, podrían sacar la fuerza del mismo sin riesgo, y al amparo y protección que se les prestaría, y el Sr. Vega tenía advertido que sólo necesitaba saber con una o dos horas de anticipación la parte que él con sus paisanos debía desempeñar, puesto que el toque a rebato de la Giralda, como señal convenida, haría lo demás. A su virtud avisó Portal a los jefes de pelotones Sres. Vega, Felps, Pellón, Ariño, etc., para que con los del ejército se reuniesen a las cuatro de la tarde en su casa, donde se acordó unánimemente el movimiento para las ocho de la noche, y se detalló la manera de efectuarlo, designándose a cada uno la parte que le correspondía, y muy especialmente a los paisanos, de los cuales 200 se dirigirían al alcázar en cuanto hubiesen entrado las autoridades, cuya guardia no pondría resistencia por ser su teniente Peña de los comprometidos, esperando el resultado de este principio parte de la tropa extramuros de la ciudad; debiendo presentarse igual fuerza en las plazas de la Gavidia y duque de la Victoria para facilitar el movimiento de la tropa comprometida del regimiento de León, ínterin los batallones de Portal y la caballería tomaban posesión en la de San Francisco, la Lonja, maestranza y capitanía general. Temiendo Portal la falta de cumplimiento por parte de los paisanos, propuso al Sr. Vega que si no creía tener completa seguridad en la decisión de los suyos, marcharía sobre palacio con uno de sus batallones, a fin de asegurar los rehenes que neutralizasen cualquier contratiempo parcial, para evitar el derramamiento de sangre y asegurar el triunfo, y se le contestó que "Sevilla tenía que lavar la mancha que cubría sus muros desde 1843."
Llegada la hora marchó Portal con sus batallones y bandera desplegada por fuera del recinto para proteger el alzamiento de la caballería del Infante, lo que se verificó, sorprendiendo al oficial de guardia de prevención, y merced al arrojo de Portal, pues el encargado de tenerlo todo dispuesto no pareció, y estaban botando sillas de orden del general. Necesitándose para esto algún tiempo, pudo avisarse a aquella autoridad, que se presentó con alguna fuerza frente al cuartel de caballería; detenido por la voz de alto, empezó a arengar a los pronunciados; suplicóle Portal que se retirase, y no haciéndolo y guardando silencio la tropa, mandó hacer fuego, y dejando dos muertos se internó Shelly en la ciudad. Toda la oficialidad del regimiento de caballería con su coronel, que no estaba iniciado en el plan, al dirigirse al cuartel fue desarmada y encerrada en el calabozo: a las doce de la noche marchó la fuerza reunida sobre la ciudad, y encontrando las puertas cerradas tuvo que esperar a que se franquease la de Triana. Al llegar a la plaza de San Francisco fueron recibidos los pronunciados con un nutrido fuego por las tropas parapetadas en el ayuntamiento y casas inmediatas; contestando con serenidad y bizarría continuaron la marcha al alcázar en que habitaba S.A., y al llegar a las gradas de la catedral vieron todas sus avenidas cubiertas con artillería y que un batallón de León había reforzado la guardia de palacio. En tan apurado trance consideraron forzoso abrirse paso, cargando a la bayoneta a la batería que cubría el frente principal de la catedral, y después de un fuego sostenido y mortífero, quedaron en poder de los pronunciados dos de las piezas, con los oficiales y tropas que las servían, un coronel y dos comandantes, de los cuales era uno D. Cándido Pieltain. Mas viendo a pesar de este triunfo que era imposible forzar la posición, y menos sostenerse dentro de la ciudad, pues ni durante el combate ni en todo el tiempo anterior se presentó ni un grupo de paisanos, hizo Portal cesar el fuego, y mandando cargar en machos la artillería y municiones, con paso regular y bandera desplegada salió a reunirse con la caballería que había quedado en posición en el puente de Triana; llamó a los oficiales prisioneros y los invitó a seguirle, y rehusándolo, les dio libertad.
La parte del pueblo que se había comprometido, faltó; nadie se presentó a ocupar el puesto señalado, y la fuerza del ejército se vio abandonada.
Apoyado Portal a la derecha del Guadalquivir, conoció que su primer movimiento debía ser sobre una capital que le proporcionase recursos y diera al pueblo fuerza moral y tiempo para que se pronunciase, como a los comprometidos en Málaga, Granada, Cádiz y Ceuta, que hubieran distraído a las fuerzas que le persiguieran, y así marchó a las tres de la madrugada hacia Huelva.
Estaba descansando en Sanlúcar la Mayor cuando se presentó el capitán general con bastantes fuerzas; destacó para hacerle frente dos compañías y la de tiradores del Infante, con los jefes Troyano, Galmes, Moriones y García, que hicieron retroceder a su contrario con alguna pérdida; ofreció, en tanto, Portal con el resto de su fuerza, desde una posición a la derecha del camino, la acción que no aceptó Shelly, que retrocedió a Sevilla, y los pronunciados siguieron a Huelva, adonde llegaron al anochecer del 15.
Habíanla abandonado aquella mañana sus autoridades; pero encontrando a una hora de su salida dos vapores que conducían un batallón de Albuera, volvieron a la ciudad aprestando su defensa, lo que sabido por Portal, consideró ya nulo el pronunciamiento, encontrándose además sin cartuchos, zapatos ni dinero, y ninguna clase de noticias; aún continuó en las inmediaciones de Huelva hasta el 17, estableciendo en los pueblos inmediatos a la capital los ayuntamientos de 1843, hasta que al saber que el capitán general, reforzado con algunas fuerzas de Cádiz, había llegado con dos columnas a dos horas de distancia, reunió los jefes y oficiales, y enterados de su situación y del total abandono en que se les había dejado, acordaron salvarse en Portugal****; hospedóles el 8 Aldea Nova, y el 19 depositaron armamento, caballos y piezas de artillería en Serpa, cuyo vecindario admiró el orden, compostura y marcialidad con que se presentaron sus nuevos huéspedes, bien maltratados después por el gobierno portugués.
El grito de los pronunciados fue siempre Isabel II, libertad, y abajo los traidores: nadie aclamó la república, y el querer dar este carácter al pronunciamiento no favorecía a los republicanos, porque no le ayudaron.
La prensa portuguesa publicó las protestas de Portal de que el pronunciamiento no tuvo otro móvil que el patriotismo, y que de nadie recibió un maravedí*****.
Los grados y empleos que concedió fueron reconocidos después, previo informe suyo, sin que a Portal le cupiese igual suerte con el que de derecho le correspondía a virtud del decreto de las Constituyentes.
Además de los paisanos, faltaron también los oficiales y fuerza del regimiento de León, que se habían puesto de acuerdo con Portal, y fueron los que le hostilizaron.
En cuanto a los paisanos, no los consideramos enteramente culpables. ¿Contaba el Sr. Vega con las simpatías de todos los que se decían jefes de los círculos del pueblo? ¿Había examinado con detenimiento si los comprometidos lo eran en realidad y si sus ofertas eran verdaderas o jactanciosas? ¿Contaba con tantos recursos como ofreció******? Creemos que el Sr. Vega trabajaba mucho y con entusiasmo, y creemos también que otros de los que se titulaban igualmente comisionados, esterilizaban sus esfuerzos, y nada reservaban.
* Este pronunciamiento se ha querido presentar últimamente en las Cortes como republicano por los Sres. D. José María Orense y D. Federico Rubio, y no le dan tal carácter la abundancia de documentación que poseemos, inclusas las memorias inéditas que nos ha facilitado el protagonista de aquella insurrección, D. José Portal, el mejor testimonio,, no sospechoso por cierto, por no haber abdicado de sus ideas, ni haber renunciado a sus antecedentes progresistas, que son los de toda su vida, siendo aun más desgraciado en su carrera, como en ella ha sido distinguido y valiente. El mismo señor escribe que "en ninguna de las reuniones preparatorias, se mencionó semejante idea de república, etc., etc."
** Por el Sr. D. Antonio Ruiz, capitán-ayudante, y los sargentos primeros D. Juan Illades y D. Francisco Quintana; y respecto a la caballería del Infante, su comandante D. Francisco Gutiérrez, apoyado principalmente por el teniente entonces, hoy teniente general, D. Domingo Moriones, y los alféreces D. Manuel García y D. Antonio Rojo.
*** Era el plan que, con motivo de estar de guardia en dicho día en la capitanía general el teniente D.J.T., que era uno de los conjurados más decididos, facilitase la entrada a deshoras y cuando el general estuviese recogido, a un grupo de cierta clase de paisanos que lo sacrificase.
**** Hubo entonces alguna veleidad en la caballería, que so pretexto de volverse en dirección de Sevilla para intentar una sorpresa, se separó momentos antes. Si lo hacían de buena fe, era una ilusión temeraria, porque poco podrían ejecutar 200 jinetes solos con muchos caballos desherrados, con dos columnas enemigas sobre sus flancos, y a quince leguas de la capital; así es que al cuarto de hora de su separación volvió a incorporarse aquella fuerza, reconociendo lo descabellado de su propósito.
La insubordinación, que suele ser compañera de la desgracia en tales casos, asomó también la cabeza: pretendió la tropa aprisionar a los jefes y entregarlos a Shelly; súpolo Portal y de acuerdo con sus compañeros mandó formar con dos horas de antelación a la señalada, arengó enérgico a los soldados, se pasó lista, revistó las armas, y castigó personalmente al frente de banderas al cabo Rodríguez, que pretendió interrogarle. Su fuerza moral comenzaba a eclipsarse y el peligro arreciaba.
***** "Ni un sólo maravedí me fue entregado por nadie ni por ningún concepto para subvenir a los compromisos que había creado, ni siquiera pude disponer de los fondos de la caja del regimiento, por haber quedado aquella en poder del coronel del mismo, y tanto yo como los demás que componían las fuerzas de mi mando entramos en Portugal reducidos a la filantropía de sus autoridades y buenos ciudadano". Portal.
****** Un serrano que, lleno de la mejor buena fe, se unió a Portal durante el tiroteo, le dijo: —"Señor coronel, la gente empezaba a salir de sus casas de Triana y la Macarena, pero cuando llegó un grupo a la plaza del Duque y oyó el fuego que su merced sostenía con los contrarios y que menudeaba el silbido de las balas, dijeron unos a otros: chicos, parece que la tropa se ha picado; esto no es lo tratado; el que la armó, que la desarme; a casa. Y así lo hicieron".
Soldado del Regimiento de Caballería del Infante
(2) Tras su precipitado periplo desde Francia a Inglaterra y a España había llegado a Sevilla una semana antes la joven pareja de los Montpensier (2a), a las 11,30 de la mañana del 7 de mayo de este año testigo de revoluciones europeas. Salió hasta Alcalá de Guadaira a recibirla el general Ricardo Shelly. En Sevilla aquella indeseable visita fue la gota que colmó el vaso de las clases populares.
El dicho 1848 presenció la revolución de Francia, Italia, Alemania. En Francia en febrero en París, cuyo jueves 24 fue el último día de reinado de Luis Felipe, obligando con toda su familia a huir del drama que para la clase dominante constituían los acontecimientos sociales y políticos de aquella efervescente capital.
A pesar del fracaso del levantamiento en Madrid los jefes civiles conjurados en Sevilla decidieron seguir adelante, y en connivencia con Portal —comandante—, Gutiérrez —ayudante—, Domingo Moriones —teniente—, y otros oficiales de los regimientos de infantería de Guadalajara y León y el de caballería del Infante, decidieron alzar Sevilla y secuestrar a la familia real recién llegada. El día 13, cumpleaños del rey Francisco de Asís, se había organizado un besamanos en el palacio arzobispal, morada provisional de los Montpensier mientras se acondicionaba para ellos el Alcázar Real, pero habiéndose adelantado este acondicionamiento, el besamanos pasó a celebrarse en el dicho Alcázar inesperadamente, lo cual desconcertó al comandante de la guardia de honor, uno de los conjurados. Transcurrió el día sin incidentes hasta que, frustrados los rebeldes, por la tarde reanudaron el alzamiento por las calles de la ciudad en el momento en que los duques y las autoridades se encontraban en el teatro. "Los enfrentamientos tuvieron lugar en el corazón de la ciudad. Las tropas de los cuarteles de la Gavidia y del Carmen se dirigieron, a paso de carga, por las plazas del Salvador y de San Francisco hacia el cuartel de caballería de la puerta de la Carne. En esos momentos, el capitán general, Ricardo Shelly, contenía con su presencia el alzamiento de algunas tropas del regimiento de León, acuartelado en la plaza del Duque. Una vez controladas las compañías de dicho regimiento, algunas fuerzas de carabineros y de guardia civil se unieron a las tropas gubernamentales, marchando inmediatamente hacia las Casas Consistoriales, la Audiencia y el Consulado, donde esperaban poder contener a los insurrectos. Después de tres cuartos de hora de combate encarnizado, las tropas pronunciadas de la Gavidia y del Carmen consiguieron pasar hasta el Arenal, donde se reunieron con los demás sublevados, dirigiéndose a Triana donde se hicieron fuertes. En este popular barrio sevillano esperaban que se les uniese el pueblo y otros insurrectos pero la espera fue en vano. Al amanecer del día 14, consciente de su fracaso tomaron la ruta de Huelva con intención de ganar la frontera de Portugal". Sevilla y la monarquía: las visitas reales en el siglo XIX. María del Carmen Fernández Albéndiz.
"En la noche del 13 de mayo de 1848, tuvo lugar una insurrección militar contra el Gobierno. Dos batallones del regimiento de Guadalajara, mandados por un comandante llamado Portal, se pusieron sobre las armas y se dirigieron al cuartel de caballería de la Carne, extramuros, a sublevar el regimiento del Infante, compuesto de 300 caballos, a las órdenes de un comandante del mismo cuerpo, dicho Gutiérrez, quien estaba de acuerdo con Portal, y de 5 oficiales" (Crónica de la Provincia de Sevilla. Jose Bisso. Madrid, 1869). Entraron de nuevo en la ciudad estas fuerzas reunidas con el teniente Domingo Moriones y sus jinetes desde el cuartel de caballería, hallando resistencia por parte del resto de la guarnición hispalense, que dirigía el capitán general. "Batiéronse en varios puntos, especialmente en la plaza de San Francisco, Gradas y calle de Génova, apoderándose en esta última los insurrectos de dos piezas de artillería. En este choque resultaron varios heridos y muertos, contándose entre los primeros un oficial de artillería, y entre los segundos un coronel del mismo cuerpo. No encontrando los sublevados apoyo en el vecindario, se retiraron a la una de aquella noche al barrio de Triana, a cuyo comisario de policía exigieron 4.000 duros, y dirigieron su fuga por Castilleja de la Cuesta, pidiendo otros 4.000 duros. A la madrugada del 14 salió en persecución de ellos el capitán general con una columna compuesta de las pocas fuerzas que quedaban en Sevilla fieles al Gobierno, habiéndolos alcanzado en Sanlúcar la Mayor, donde los derrotó cogiéndoles bastantes prisioneros". Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Volumen 14. Pascual Sagasti Madoz. Madrid, 1849.
En el volumen de su Diccionario del año 1847 escribe Madoz: "Castilleja de la Cuesta. Villa con ayuntamiento en la provincia, partido judicial, audiencia territorial y c. g. de Sevilla (1/2 legua), abadía de Olivares (2 leguas); situada en una altura a la derecha del río Guadalquivir, al Oeste de la capital y en la carretera de la provincia de Huelva; su clima es templado y sano; reinan ordinariamente los vientos Sur y Oeste, y son más comunes que otras enfermedades las tisis y las propias de la estación. Tiene 193 casas, 6 calles y una plaza, en cuya entrada por los lados Este, Sur y Oeste se elevan tres arcos de construcción antigua, varios pozos de cuyas aguas se surte el vecindario, por carecer de fuentes; casa de ayuntamiento alquilada; cárcel de bastante capacidad; pósito, cuyo fondo es 370 reales; una escuela de primera enseñanza para niños, a la que concurren 60, dotada con 2.200 reales (2b), otra de niñas sin dotación; iglesia parroquial (Santiago), que tiene por auxiliar la parroquia de Ntra. Sra.de la Concepción, una ermita (la Sacra Familia) en la calle del Medio, otra (Ntra. Sra. de Guía), al Este y corta distancia de la población, a la derecha de la carretera de Huelva, y cementerio a más de 230 pasos. Confina por el Norte con los términos de Valencina y Castilleja de Guzmán [error, por Camas]; Este, Gines [error, por Camas y Tomares]; Sur, Bormujos y Tomares; y Oeste, Camas [error, por Gines y Valencina], hallándose estos pueblos a la distancia desde 1/8 a 1/2 leguas, por lo que la jurisdicción de Castilleja es sumamente reducida; el terreno feraz y bueno para arbolados, está plantado de olivares, viñedo y arbolado frutal con dos huertas de regadío. Caminos: por la calle principal pasa el arrecife de la provincia de Huelva; las veredas que se dirigen a los pueblos inmediatos, se ponen intransitables en tiempos de lluvia; la correspondencia se recibe de Sevilla por valijero. Productos: aceite, vino, trigo, cebada, habas, guisantes, garbanzos, frutas de todas clases, y caza de conejos y perdices. Industria: se exportan a la capital los frutos sobrantes, una fábrica de aguardiente, 7 molinos de aceite. Población: 208 vecinos, 871 almas. Cap. Prod.: para contribución directa 2.364.066 reales; prod. 70.922; para indirecta 262.166; prod. 7.865. Contr.: 30.720 reales.
Como recuerdo histórico debe citarse que en la casa número 66 de la calle Real de esta villa murió desterrado el célebre Hernán Cortés, cuyos restos embalsamados se trasladaron al convento de Gerónimos de Santiponce (la antigua Itálica), donde se hicieron los funerales, y desde allí fueron llevados al buque que los condujo a Méjico; todavía puede señalarse la vetusta puerta por donde entraba y la parte del edificio que habitó aquel genio extraordinario".
(2a) Se habían casado el 10 de octubre de 1846, el mismo día que Isabel II con Francisco de Asís, en una doble boda. Cuenta Víctor Hugo que ese mes, la noche antes de que el duque de Orleans partiera hacia Madrid para casarse con su prometida, la pasó con su amante madame Beausire de la Opéra —una cantante, además casada— en su pequeña habitación de soltero en el palacio real parisino, y que a la mañana siguiente los dos lloraban por tener que separarse. La Beausire hizo todo lo que pudo para no perder el contacto con él, por medio de Mélanie Rolland, la cual había sido criada de la mujer del dicho Víctor Hugo. Mélanie era la encargada de hacer llegar las cartas secretas de la Beausire a don Antonio de Orleans a Madrid. Esta criada acabó casándose con un soldado que, precisamente, había pertenecido a una unidad militar mandada por Montpensier.
El palacio real de París era usado por Antonio de Orleans y por sus dos hermanos, Aumale y Nemours, para sus aventuras amorosas de solteros; tenía una pequeña puerta a tal fin, cuyo franqueamiento estaba a cargo de una madame guardiana, la cual disponía de la sobredicha Mélanie Rolland como ayudanta para acompañar a la Beausire al cuarto de Orleans cada vez que concertaban un encuentro. Víctor Hugo se relacionaba con Antonio de Orleans: "After the first part of the concert MM. d´Aumale and de Montpensier came into the other salon where I had taken refuge with Théophile Gautier, and we chatted for fully an hour. The two princes spoke to me at length about literay matters, about "Les Burgraves", "Ruy Blas", "Lucrèce Borgia", Mme. Halley, Mlle. Georges, and Frédérick Lemaitre. Also a good deal about Spain, the royal wedding, bull-fights, hand-kissingss, and etiquette, that M. de Montpensier "detests". "The Spaniards love royalty", he added, "and especially etiquette. In politics as in religion they are bigots rather than believers. They were greatly shocked during the wedding fetes because the Queen one day dared to venture out afoot!" (The Memoirs of Victor Hugo).
(2b) Es sobre todo en la enseñanza el ámbito donde se pone de manifiesto la disolución de las relaciones económicas precapitalistas que en España se produjo durante el reinado de Isabel II. En los albores del capitalismo la familia se fue vaciando de su función educativa, expropiada por la burguesía que se adueñó de los saberes y oficios artesanos para traspasarlos a sus fábricas y talleres. En cuanto a la Iglesia —clásica detentadora de la enseñanza— no renunció a su función pedagógica respecto a la clase obrera sino que esta función fue sustituida por el Estado a cambio de abrirle al clero la puerta a la formación —recargada de valores ideológicos— de los burgueses, concierto aceptado sin discusión habida cuenta de sus efectos de orden crematístico.
Según un inventario de 1858 que se encuentra en el Archivo Municipal de Castilleja era el "Menaje y útiles de la Escuela de Niños de esta Villa: Una mesa de escribanía y un sillón; un estante para libros; una percha; dos oraciones de entrada y salida; un libro de matrícula; cuatro bancas de escribir con seis tinteros cada una, fijos en la parte superior de ellas, con sus correspondientes asientos para los niños, unidos a las mismas, de tres varas y media de largo una, pintadas y de medio uso; un encerado para practicar las operaciones de matemática, de vara y media de ancho y una de alto; dos colecciones de carteles de cartón, con las medidas de pesas, medidas de monedas españolas y máximas morales sacadas de los sagrados libros, una deteriorada y otra en buen estado; dos bancos de asientos para los niños, uno de tres varas de largo y otro de tres menos tres pulgadas, con sus correspondientes pies y bien usados; otro de cuatro varas menos tercia de largo y de media de alto, dicha madera es de pino y nogal; otro banco de madera de pino, de dos varas y media de largo, para asiento de los niños, de estado bueno; otro banco de lo propio, de madera, para el uso expresado anteriormente, y también usado; seis libros de la Agricultura por don Alejandro Olivan*, para instrucción de los niños, de medio uso; seis libros de la Gramática Castellana por don Ángel María Terradillos**, de medio uso; Nuevo Extracto de las Definiciones de Aritmética por don José Mariano Vallejo***, usados; cuatro libros del Catecismo Histórico de Fleuri****, y uno de la Doctrina por Reinoso*****, usados; dos del Espejo por Valle, y dos Martínez de la Rosa; cuatro de la Doctrina por Baeza; seis de la Geografía Elemental por Flores; un libro de Iriarte; cuatro cuadernos de lectura por Abendaño; dos prontuarios de Historia de España; dos prontuarios de Ortografía; doce cartillas de lectura, método analítico de Vallejo, algunas en buen estado, otras de medio uso y otras casi inservibles; una colección de muestras de Iturzaeta, de medio uso pero en buen estado; un rollo de libros viejos de diferentes autores, unos incompletos y otros inútiles; nueve tomos en pergamino, rústico y encuadernado; seis manos de papel pautado de diferentes reglas. Castilleja de la Cuesta, 19 de septiembre de 1858. Adición al anterior inventario: un libro registro de asistencia; doce libros por el Señor Cardenal Romo; una colección de cartones; doce libros de Doctrina y doce de Gramática Castellana".
* Alejandro Olivan y Borruel (1796-1878) aragonés de familia noble, fue político y jurista, ministro de Marina en tiempos de Isabel II. Publicó un Manual de Economía Política, un Manual completo de Lectura y una Aritmética, entre otras obras. Enseñaba en su Cartilla Agraria —extracto de una obra mayor adaptado para niños— por el sistema de preguntas y respuestas. En el capítulo 20 trata sobre el olivo: "P.— ¿Qué clima y tierras pide el olivo? R.—Resiste más al calor que al frío, y se aviene a todo terreno menos al gredoso y muy apelmazado. En el de mucho fondo y feracidad despliega más ramaje que fruto; en el desmenuzable y calcáreo rinde cosechas abundantes; y en el suelto y bastante arenoso, produce aceite fino y delicado. Necesita ventilación. P.—¿Cómo se propagan los olivos? R.—De hueso o cuesco en almáciga, y de renuevo, de plantón, y de rama. También de barbados y cepas de acebuche, que es el olivo montés o silvestre. P.—¿Se injertan los olivos? R.—Siempre es práctica útil. P.—¿Qué cultivo requieren? R.—El campo ha de mantenerse limpio. Es bueno recalzar los troncos para preservarlos de excesivo calor o fríoi; en parajes muy secos se los rodea de alberquillas o piletas para retener el agua de lluvia; y cuando hay riego se ha de proceder con economía, porque el exceso de humedad disminuye el aceite. P.—¿Qué ramas llevan el fruto? R.—Las colgantes y las arqueadas de segundo año".
Con la Cartilla Agraria de Olivan los niños de Castilleja aprendían que los animales de labranza eran el buey, el caballo, la mula y el asno, las ventajas e inconvenientes de cada clase según carácter y fuerza, la alimentación y el trato que requerían; nociones de apicultura y de cría de gusanos de seda o de gallinas; que los árboles son "el más bello adorno de la tierra", cada uno una joya a pesar de la ojeriza de los labradores hacia ellos, producto de no reflexionar y de dar importancia a pequeños inconvenientes olvidando grandísimas ventajas. "Donde los árboles no son apreciados, no hay agricultura verdadera", dice. Muestra cómo crear bosques artificiales, los secretos de una buena fertilización por medio de abonos, la forma de mantener una huerta, etc., etc., todo ello salpicado con alusiones a la religión, a que Dios creó al hombre como agricultor, y a que esta actividad favorece el espíritu cristiano.
** Poco se sabe de Ángel María Terradillas, sino que murió el 10 de junio de 1879 según la prensa de la época. En las portadas de sus obras se señala que fue miembro de la Academia Greco-Latina y catedrático de la Universidad Central de Madrid y del Instituto Cardenal Cisneros, director del Colegio del Rosario y afiliado a la Academia de Profesores de Primera Educación. Autor prolijo en materias como lingüística, gramática, historia de la literatura, religión y moral, con bastante éxito hasta principios del siglo XX Se conocen varios compendios de Gramática Castellana de Angel María Terradillas dedicados a la enseñanza primaria y secundaria, y escribió uno específico para las escuelas de niñas, el Compendio menor de gramática castellana, para uso especial de ellas, extractado de la última edición del Compendio aprobado por el Consejo de Instrucción Pública. Segunda edición. Imprenta de D. Juan de Alba, Segovia, 1859.
*** José Mariano Vallejo y Ortega (1779-1846), importante matemático, ingeniero y pedagogo, hermano de Andrés, militar y también otro reconocido matemático. Diputado en las Cortes de Cádiz en 1813. Su Aritmética de niños (1804) fue muy reimpresa. Senador por la provincia de Granada en 1843. Se interesó por la libertad de prensa, la construcción de telescopios, la introducción del sistema métrico decimal en el país, la forma de llevar aguas limpias a Madrid, el uso moderno de los números negativos. Escribió calendarios astrológicos para agricultores, al parecer movido por intereses crematísticos, mas se mostraba algo crédulo con esa pseudociencia: "Los cuerpos del reino animal y vegetal, no sólo sufrirán el influjo directo de los astros, sino que sentirán los efectos que la variación de la atmósfera les debe causar. Así es que la médula de los huesos de los bueyes, de los carneros y de otros animales, así como la carne de los pescados de escama, crecen y decrecen con la luna... ". Ver Llull, volumen 22, año 1999. Nuevos datos sobre la vida y la obra de José Mariano Vallejo y Ortega. José María Gentil Baldrich. Universidad de Sevilla.
A pesar de ser liberal mantuvo amistad con el infante Carlos María Isidro. Además de la Aritmética para niños había en la escuela castillejense doce Cartillas de lectura (método analítico) de su autoría, como se ve en el inventario.
**** El Catecismo Histórico o Compendio de Historia Sagrada [...] con preguntas y respuestas [...] traducido del francés para utilidad de la tierna juventud fue compuesto por el abad francés Claude Fleury (1640-1723). Preceptor de los hijos de Luis XV, escribió una Histoire ecclésiastique en veinte volúmenes que Voltaire desmintió concepto por concepto, aunque reconoció en el abad el desarrollo de un discurso casi filosófico.
Después de una breve exposición bíblica añade en su Catecismo una serie de preguntas y respuestas "para leer en voz alta en las clases", como luego haría Olivan en su Cartilla Agraria (v.s).
***** También por el referido método de preguntas y respuestas publicó su Doctrina Cristiana don Francisco Reinoso (1543-1601), obispo de Córdoba. "Lleva la letanía de Ntra. Señora y el modo de ayudar a Misa, y van añadidos el de los Dominicos y Carmelitas".
De familia noble, marchó con sus hermanos a Roma sin apenas recursos económicos, aunque por medio de recomendaciones todos alcanzaron altos puestos, él como secretario del papa Pío V. "En el año 1559 dos de sus hermanas fueron condenadas por el tribunal de la Inquisición en un singular caso: su hermana Catalina de Reynoso y Baeza, monja del convento de Belén en Valladolid, fue acusada de luteranismo. En declaraciones controversiales y con motivos cínicos y despiadados de otras monjas del mismo convento, aseguraron que cantaba versos al dios Baal mientras ellas cantaban en el coro. Adicionalmente a la acusación de luteranismo se menciona que su madre, doña Juana de Baeza, descendía de judíos conversos. Se le condenó a relajación por confitente ficta, se confesó y murió en 1559 a la edad de 21 años en el garrote vil antes de ser quemada. Su hermana, Francisca de Reynoso (también conocida como Francisca de Zúñiga) fue condenada por luteranismo y quemada en auto de fe, privada de voto activo y pasivo para siempre y reclusa en su convento (sambenito y cárcel perpetua)". (Wikipedia).
Los otros autores de libros inventariados en la escuela de Castilleja fueron Genaro del Valle, autor de un tratado de urbanidad que tituló El espejo de las niñas, obra muy difundida hasta bien entrado el siglo XX en la que ensalza la maternidad; Francisco Martínez de la Rosa Berdejo Gómez y Arroyo (1787-1862), poeta, dramaturgo y diplomático, el primer presidente del Consejo de Ministros de España, que presidió también la Real Academia Española de la Lengua, la de la Historia y la de las Bellas Artes; fue autor del Libro de los niños, publicado en Madrid en 1839, que abre con unas máximas: Quien pobló el Cielo de estrellas, hizo la tierra que huellas. La flor más pequeña mira, y el poder de Dios admira. No hay nada que a Dios resista, ni que se esconda a su vista. De tus hijos solo esperes, lo que con tu padre hicieres. Al juzgar un hecho ajeno, mete la mano en tu seno. La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez, etc. Continúa el librito escolar con historias bíblicas, canciones, poesías, cuentecillos moralizantes y fábulas ilustradas con dibujos (v.i.). La Doctrina de Baeza del inventario debe referirse a la del padre jesuita Diego de Baeza (1582-1647), predicador y teólogo, estudiante en Salamanca, autor de unos Comentarios a la paternidad de san José; protagonizó las honras fúnebres del príncipe Baltasar Carlos, hijo de la reina Isabel de Borbón, fallecido en 1646. José María Florez y Rodríguez (1809-1876) fue el autor de la Geografía Elemental de España que estudiaron los niños de Castilleja; era primer maestro y catedrático de dicha asignatura en la Escuela Normal Central del Reino. Algunas de sus obras pedagógicas fueron impresas autografiadas. Con "un libro de Iriarte" se refiere el autor del inventario al de Tomás de Iriarte y Nieves Ravelo (1750-1791), fabulista, traductor, dramaturgo y poeta de la Ilustración miembro de una familia muy culta. Tocaba el violín y la viola, y entró en conflicto con Félix María Samaniego, su amigo desde largo tiempo, por reivindicar ser el primero en haber introducido en España el género de la fábula. Joaquín Avendaño (1812-1886) redactó los cuadernos de lectura usados en la escuela de nuestra Villa. Fue inspector general de instrucción primaria del Reino, pedagogo, periodista y cónsul en varios países europeos y americanos. Fundó en 1853 y dirigió la revista infantil La Aurora de los Niños. Revista mensual ilustrada. José Francisco de Iturzaeta Eizaguirre (1788-1853) fue el calígrafo autor de la "colección de muestras" referidas en el inventario castillejense. Discípulo de Torcuato Torio, también fue, como Iriarte, inspector general de primera enseñanza, además de director de la Escuela Normal Central de Maestros. Su escritura era reacción en contra de los adornos caligráficos exagerados, con trazos rectos y gracia y exactitud de curvas. Los doce libros últimamente inventariados en la escuela de nuestra Villa fueron obra de Judas Tadeo José y Gamboa (1773-1855), cardenal, fallecido en Umbrete (Sevilla) que actuó en el arzobispado hispalense como titular tras Cienfuegos. Fue miembro de la Real Academia de la Historia y elocuente defensor del dogma de la Inmaculada Concepción de la virgen María.
Ilustraciones del Libro de los Niños, de Francisco Martínez de la Rosa, que deleitaron a los de nuestra Villa.
Domingo Pérez Anzoátegui, retratado por Federico Madrazo en 1842. Museo de Bellas Artes, Sevilla. Otro retrato al óleo de este hacendado de Castilleja pintado por Usel de Guimbarda figura en el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla. A su sobrina política Manuela Errasu también la retrató Madrazo, cuyo cuadro hoy está en el Museo del Prado donado por su hijo Joaquín Irureta Goyena en 1953.
Tepic
Partida de bautismo de un sobrino político de Domingo Pérez de Anzoategui (v.i.): Tepic. Joaquín Donaciano Ygnacio. Español. En esta santa Yglesia Parroquial de Tepic, en siete de septiembre de mil ochosientos veinte y dos, yo el Dr. Dn. Jose María Vazquez Borrego, Cura propio de esta Parroquia, bautisé solemnemente a Dn. Joaquin Donaciano Ygnacio, español de dos días que nació en esta Ciudad a las nueve y tres cuartos de la mañana, hijo lexítimo de Dn. Joaquín de Aztiazaran y Da. María del Carmen Íñigo de Monteagudo. Abuelos Paternos, D. Miguel Ygnacio de Aztiazaran ... Da. Agustina de Azcaray. Maternos, Dn. Fernando Íñigo Ruiz y Da. Francisca Monteagudo. Padrinos, D. José Bubillas y Da. Ana María Íñigo, a quienes advertí su obligación y parentesco espiritual. Y para que conste lo firmé.
(3) Hijo de Domingo Pérez, tesorero de la Renta del Tabaco del Partido de Cádiz, y de María del Carmen Anzoátegui Linares, y natural de Cádiz, fue acusado en el año de 1816 de extracción ilegal de plata siendo tesorero en el puerto de San Blas en California (4a); también lo fue su compañero el contador de dicho puerto José Monzón. Residió luego en Tepic, donde se casó en 1819, dedicado al comercio. Volvió el matrimonio por agosto de 1823 a Europa, concretamente a Burdeos.
"Para las familias ricas de origen colonial, el advenimiento de la etapa independiente fue un periodo muy difícil por los reajustes que se tuvieron que hacer. El cambio de relación que se dio con el exterior, el reacomodo de las clases sociales y la llegada de empresarios extranjeros pusieron a prueba las viejas estrategias utilizadas por las élites coloniales para mantener el control sobre la región en donde se habían establecido. A pesar de esto, fueron muy pocas las familias pudientes de Guadalajara y Tepic, los principales centros comerciales de la provincia, que regresaron a España después de haberse proclamado la independencia. De la primera ciudad tan sólo se expidieron pasaportes a once españoles que no quisieron afrontar los nuevos desafíos: Dionisio de Maza, Petra Manjarrez y Padilla, Agustín Bermúdez, Joaquín Gómez del Corral, Ventura García Sancho, Domingo Ibarrondo, Manuel de Heras, Juan Francisco Caldera, Isidoro de la Fuente, Gregorio Gómez de la Fuente y Antonio Durán; de la segunda, salieron rumbo a la península ibérica: Antonio Ferrari, Juan Bautista de Íñigo, Domingo Pérez Anzoategui, Silvestre Madrazo, Juan Medina, Lorenzo Valdés Hevia y Juan José Zestafe. Los demás miembros de la élite, que constituían la inmensa mayoría, se quedaron a vivir las nuevas experiencias". Los negocios y las redes familiares de los Sánchez Leñero. Jaime Olveda. Estudios Jalicienses, n.º 68, mayo de 2007.
Se explica que el futuro dueño de la hacienda de San Ignacio de Castilleja fuese de México a Burdeos, considerando que su esposa era María Antonia Íñigo Monteagudo (nacida en 1782 en Horcasitas, Sonora, México) y por lo que sigue: "Expediente aprobado en 29 de diciembre de 1832. Juan Bautista Íñigo Ruiz y Monteagudo de la Brena y Ortiz, nacido en Nestosa en 1787. Socio principal de la Casa de Comercio de Burdeos, titulada de Íñigo Ezpeleta y Cía. Padres, Fernando Íñigo Ruiz y María Francisca de Monteagudo Ortiz Cortés. Todos hijosdalgo, con escudo de armas en la casa-solar de Monteagudo en Nestosa". (Ver su genealogía completa en Extracto de los expedientes de la Orden de Carlos 3º, 1771-1847. Tomo VI. Vicente de Cadenas y Vicent. Ediciones Hidalguía. Madrid, 1984). Francisco Javier Ezpeleta Irisarri estaba casado con una hermana de Maria Antonia. Muchos de los comerciantes que tuvieron que salir de México por las leyes de expulsión habían remitido a Burdeos sus capitales antes, a casas como la de Ezpeleta o la de Aguirrebengoa Fils & Uribarren. Hombres de negocios como Agirrebengoa administraban o guardaban parte de los bienes de los españoles en México, en espera de ser utilizados si se veían obligados a salir del país. De esta manera Íñigo Ezpeleta de ser un gran comerciante pasó a ser banquero.
No consta vinculación con la casa comercial gaditana Domingo Pérez e Hijos que en 22 de julio de1822 recibió 35.200 reales por la venta de 16 acciones del Banco Nacional de San Carlos. En 1817 esta casa obtiene licencia para enviar un barco "a la costa de África a comprar negros y conducirlos a la Habana, Veracruz y otros puertos de S.M. en América" según reseña Isabel Olmos Sánchez en su obra Movimientos migratorios España-América. Aproximaciones a un caso concreto: El México colonial tardío (1787-1821).
En abril o mayo de 1827 recibe Anzoátegui en Burdeos la invitación de Fernando VII dirigida a algunos comerciantes españoles expulsos de México para que volvieran a España, por lo que es de suponer tendría alguna significación. En 1828 consta viviendo en Burdeos, calle de Petites Carmelites y luego en la de Grande Taupe (4c). Por mayo de 1829 todavía sigue en dicha ciudad francesa, desde donde entrega un donativo de 400 reales para los damnificados de un terremoto en Murcia.
A la cual mujer de Domingo Pérez Anzoátegui nombra Jesús Ruiz de Gordejuela Urquijo en La expulsión de los españoles de México y su destino incierto, 1821-1836. Universidad de Sevilla, 2006. junto con su hermano: "Maria Antonia Íñigo Monteagudo, casada, y Juan Bautista Íñigo Monteagudo, casado, del comercio".
"Habiendo dado cuenta a S.M. la Reina Gobernadora de las solicitudes de varias casas de comercio españolas y extranjeras, en que pretendían se contratase a su favor la venta de los azogues procedentes de las Reales minas de Almadén así que terminase las que celebró esa Dirección en 7 de Mayo de 1830 con la casa de Íñigo Ezpeleta y compañía, se ha dignado resolver que no se admita ningún ajuste alzado por más ventajosas que parezcan las propuestas; que se avise con la debida antelación a la casa de Íñigo Ezpeleta y compañía de Burdeos, que la contrata celebrada con esa Dirección queda rescindida en 7 de Mayo próximo de 1835, conforme al artículo 6º de dicha contrata; y que para verificar la sucesiva con la mayor ventaja de la Real Hacienda, se autorice a V.S. para que por medio de los correspondientes edictos se expresen las condiciones y época en que se ha de celebrar la contrata, a fin de que reunidos los licitadores se proceda a la subasta en mi presencia como Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda de Indias, con asistencia de V.S. y de dos asesores de la superintendencia general de Azogues. De Real orden lo comunico a V.S. para los efectos correspondientes. Dios &c. Madrid 24 de Febrero de 1834. Josef de Inaz. Sr. Director de la Real caja de Amortización". Gaceta de Madrid, 27 de febrero de 1834.
Ofreció Domingo Pérez Anzoátegui 500.000 pesos a dicho rey Fernando VII para reconquistar México. El periódico El Vapor (Barcelona) del 20 de julio de 1833 cita al Diario de la Vigía (Cadiz) del 3 de dicho mes y año: "Día 4, han entrado. Barco francés (vapor) Gironda, Mr. Hipólito Labal [capitán], de Burdeos con 6 días, con 100.000 pesos fuertes y algún vino para Argel, a D. Domingo Pérez Anzoategui".
El 13 de mayo de 1838 compran, él y su mujer Maria Antonia la hacienda castillejense de San Ignacio a los albaceas de su anterior dueño, Manuel María Camino Elizagoyen: "Escritura de venta de San Ignacio otorgada por los albaceas de don Manuel María del Camino y Elizagoyen (4b) a favor de don Domingo Pérez de Ansuátegui. Año 1838. Una hacienda nombrada de San Ignacio con su puerta de caserío principal y una casa contigua a ella para vecinos, sita en la Calle Real de esta población de esta Villa, por el precio líquido de 32.086 reales y 3 maravedíes de vellón, y además por los 71.205 reales y 31 maravedíes de los capitales de los censos que gravitan sobre ella, lo que me obligó a reconocer".
En 1839 habita, tras restaurarla, la casa en la sevillana plaza del Triunfo que sería su vivienda. Esta casa-palacio se alza sobre un solar que a comienzos del siglo XIV Alfonso XI cedió a la Cofradía de Ntra. Sra. del Pilar para construir un hospital, que vino a llamarse Hospital Real u Hospital del Rey. En 1561 su médico, el doctor Alemán, cobraba 2.000 maravedíes anuales. Este doctor era —probablemente— el padre de Mateo Alemán, autor del Guzmán de Alfarache que por 1593 fue juez visitador de, precisamente, las minas de mercurio de Almadén que el rey tenía arrendadas a los banqueros alemanes Fugger o Fúcares y que luego "exprimiría" nuestro hacendado castillejano.
A fines del siglo XVIII el hospital del Rey se encontraba deteriorado y semirruinoso, y el edificio fue comprado por María Andrea Díaz de la Barrera (madre de Vicente, José y María Calonge Díaz de la Barrera), realizando el arquitecto Luis Cintora las obras para convertirlo en vivienda particular, en 1797. El marido de Maria Andrea pudiera pertencer a la familia Calonge de Aracena que entroncó con Sanchez-Dalp, y por su mediación, con los Marañón que luego poseerían la hacienda San Ignacio desde 1880.
En 1927 siendo copropiedad de Manuel y Joaquín Irureta Goyena y Errazu la casa de la plaza del Triunfo sevillana, la adquirió la Diputación de Sevilla, hasta que en 1999, trasladada esta al antiguo cuartel de Intendencia de la Puerta de la Carne, se convirtió en la sede de un centro cultural de dicha Diputación llamado Casa de la Provincia.
En 1842 funda Anzoategui el Monte de Piedad de Sevilla, que dirigirá luego. Y además, en el 45 participa en un "Proyecto de teatro en Sevilla. La idea de formar un gran teatro en el edificio que fue hospital de la calle de Colcheros [hoy Tetuán], parece que se trata de realizar. La noche del lunes 14 del corriente se reunieron en la sala de juntas del consulado los señores D. Miguel Chacón, D. José de Hezeta, conde de Villapineda, D. José Ibarra, D. Blas Colom, D. Fermín y D. Pedro de la Puente, D. Domingo Pérez Ansoategui, D. Jacinto Luanco, D. José Ester, D. Narciso Bonaplata, D. Miguel de Carvajal, D. Manuel Cano, D. Juan Antonio Méndez, D. Joaquín Martínez Cintora, D. Antonio Campelo, D. José Illana, D. Ángel de Ayala, D. José María Adalid, D. José de Larrazabal, el marqués de Esquivel y D. Juan Campos". El Español, 22 de julio de 1845.
Alberto Ramos Santana en La burguesía gaditana en la época isabelina reseña que el comerciante sevillano Domingo Pérez Anzoátegui compró en septiembre de 1846 a José Judería una casa en la Alameda n.º 20 de Cádiz para que le sirviera de apeadero cuando venía a veranear a dicha ciudad con su familia, según declaró en mayo de 1847. También tenía domicilios en la plaza de la Constitución n.º 2 y en la calle Calvario n.º 129 de dicha ciudad.
Entre 1850 y 1863 fue corresponsal de la casa de comercio y banca gaditana Ignacio Fernández de Castro y Compañía (3d), al cual vende aceite y aceitunas y compra chocolate que trae de Santander vía Cádiz. Ni que decir tiene que el aceita y las aceitunas provenían de la hacienda de Castilleja, mas las naranjas que se mencionan más abajo.
También emprendió proyectos ferroviarios: "Ferrocarril de Osuna a Sevilla. —Parece que la comisión nombrada para llevar adelante el proyecto de este camino, continúa sus tareas con actividad después d« la sesión del 28 y á consecuencia de las facultades de que se la revistió, ha dispuesto aumentar el número de individuos que creyera conveniente para la mejor espedición de los trabajos. En su consecuencia procedió al nombramiento de algunos sugetos, quedando la comisión definitivamente arreglada en esta forma :
Señores de la comision. Señor marqués de Castilleja. Don José de Hezeta. Don José Marta de Ibarra, Don Antonio Toresano. Don Antonio Vega y Romero. Don Andrés Kith [ y O'Connell, Superintendente de la Casa de la Moneda de Sevilla ]. Don Lorenzo Hernández, Don Narciso Bonaplata. Don Gustavo Steinacher, Señor marqués de la Motilla. Don Antonio Colom, Don Domingo Pérez Ansoátegui, Don Miguel Dorda. Don Pedro Luis Huidobro, Don Miguel Lasso de la Vega, marqués de las Torres. Reunida en Sevilla en la noche del 3, acordó la comisión varias medidas, con objeto de ampliar las suscripciones en la capital y pueblos de la provincia, haciendo invitaciones a las personas que puedan interesarse en la ejecución del proyecto". El Clamor Público, 10 de marzo de 1847.
En 1856 intervino en la fundación del Banco de Sevilla. Lo sustituyó tras morir su sobrino José María Iruretagoyena Íñigo Ruiz, quien según la Guía Zarzuela vivía en la plaza del Triunfo. En 1927 los hijos de José María vendieron el palacio a la Diputación de Sevilla.
En sociedad con su cuñado Francisco Javier Ezpeleta, director del ferrocarril Burdeos-Cette en 1846 se hicieron con las minas de Almadén por 10 años. Entre 1832 y 1851, época en que lo conocemos como propietario de la hacienda San Ignacio de Castilleja de la Cuesta, fue agente de los Rothschild, primero en Cádiz y luego en Sevilla: "An agent for the Rothschilds responsible for the Sevillian dépôt where the Government sent its deliveries of quicksilver. Ansoategui was based in Cadiz until 1837 when he moved to Seville. The letters relate to these deliveries, and to the arrangement of all other deliveries of quicksilver, to the New World for example, and to payments for them. Ansoategui also arranged deliveries of other goods, such as cigars, oil, olives, oranges, and sent with the quicksilver, wood, wool and cork for freight. The letters also contain some details of local politics and weather conditions, as well as the difficulties of transportation". (Archivo Rothschild de Londres y Liberalismo, corruptelas y finanzas de guerra (1833-1840), Miguel Ángel López Morell, págs. 65 y 80). Ver https://bancaandalucia.blogspot.com/
En la Guía General de Sevilla y su Provincia de Victoriano Morillas y Alonso (1860) consta Anzoátegui como director del Monte de Piedad y Caja de Ahorros. "Situado en la calle de los Abades. Este establecimiento es un verdadero banco de los pobres, donde pueden depositar con toda seguridad y hacer productivos sus pequeños ahorros; y en el mismo se les facilita a un módico interés, los préstamos necesarios en sus escaceses. Fue fundado con arreglo a los principios económicos que sirven de base al de Madrid, en el añol de 1842 por el jefe político D. Francisco Moreno Zaldarriaga, auxiliado por D. Cristóbal Muñoz, en unión de otros fundadores. En él se admiten en empeño toda clase de alhajas, telas, ropas, productos fabriles y agrícolas, cuyos préstamos devengan un 6 por 100, y las cantidades impuestas en la Caja de ahorros ganan el 4 por 100. Está todo garantizado por una reunión de accionistas. Se despacha en este establecimiento todos los días del año de diez a dos y media, excepto los jueves, y en él se destinan los domingos a las operaciones de la Caja de ahorros."
Edificio de la Contaduría de San Blas en la cima del cerro de Basilio, que data de 1760. Albergue de oficinas portuarias y almacén y bodega de mercancías de y para las misiones y presidios.
(3a) San Blas es municipio de Nayarit en la costa mexicana del Pacífico. El primer español en llegar a Nayarit fue Francisco Cortés de San Buenaventura (1500-1531), sobrino de Hernán Cortés, quien lo comisionó para conquistar nuevas tierras. Murió con 16 de los suyos a flechazos de los indígenas durante un naufragio. Antes de que el galeón de Manila enlazase con Acapulco lo hacía en San Blas. Durante la Guerra Mexicano-Estadounidense (1846-1848) destacó por su intervención en ella el cuerpo de infantería del ejército mexicano que lleva su nombre, Batallón Activo Guardacostas de San Blas, fundado en esta población en 1823, el mismo año de la vuelta de Domingo Pérez Anzoategui a Europa, a Burdeos.
En la Universidad de Arizona hay un expediente sobre la conducta de don José Monzón y don Domingo Pérez Anzoátegui en sus destinos de contador y tesorero de San Blas, por contrabando y venta clandestina de barras de plata desde sus puestos en el puerto. “Concerns accusation of Perez y Anzoategui of secret sales and export of silver bars from port of San Blas; contains extensive legal documentation of crimes, witness testimonies and letters incriminating the accused". Fechas: 11 de enero de1816 / 20 de febrero de1817 / 3 de marzo de1820. En dicho expediente también aparece Ramón Yrureta Goyena.
(3b) El anterior dueño de la hacienda de San Ignacio de Castilleja Manuel María del Camino nació en Sevilla el 29 de mayo de 1785, hijo de Bartolomé del Camino (Elizondo, 1748) y de María Agustina de Elizagoyen (Elizondo, 1749). Abuelos paternos, Martin José del Camino (Sumbilla, 1718) y María Juana Vizarrón (Maya, 1710). Abuelos maternos, Francisco de Elizagoyen (Echalar, 1716) y María Martina Erviti (Elizondo, 1724). Bisabuelos paternos paternos, Esteban de Camino (Luhoso, Francia, casado en Elizondo en 1715) y Marta Bastonera (Elizondo). Bisabuelos paternos maternos, Miguel de Vizarrón (Maya, 1664, hijo de Juanes de Xizarroren y Juana de Aguerrea) y Ana Felipa de Vergara (Elizondo, 1674, hija de Juan de Bergara y María Baittorena). Bisabuelos maternos paternos, Ygnacio de Elizagoyen (Echalar, casado aquí en 1710) y María de Juangorena (Echalar, 1672, hija de Pedro de Juangorena y Margarita de Veronechea). Bisabuelos maternos maternos, Pedro de Erviti (Beunza, casado en Elizondo en 1708) y Josefa de Mazondo (Elizondo, 1677, hija de Martín de Mazondo y María de Hualde). Genealogía de Los expedientes de limpieza de sangre de la Catedral de Sevilla. Adolfo de Salazar Mir. Tomo II. Madrid, Ediciones Hidalguía, 1996.
En 1824 se encuentra en Madrid. En el curso 1824-25 fue elegido vocal del Claustro General de la Universidad de Sevilla el catedrático de Teología y Cánones doctor don Manuel María de Camino y Elizagoyen. En tiempos del arzobispo Francisco Javier Cienfuegos, fue juez de testamentos, mandas y legados píos del arzobispado de Sevilla, y vicerrector de la real universidad de esta ciudad, según la Guía del Estado Eclesiástico Seglar y Regular de España en Particular y de toda la Iglesia Católica en General para el año de 1828, por don Julian Sánchez de Haedo. Madrid, Imprenta Real. En 1831 figura como caballero de la Orden de Calatrava,
(3c) Rue des Petites-Carmélites en el distrito de Mériadeck, en la actualidad rue Bergeret. Se denominó rue Sainte-Thérèse durante el Antiguo Régimen, y rue Beaurepaire durante la Revolución, por el teniente coronel Nicolas Beaurepaire (1740-1792). La rue de la Taupe hoy se llama rue Lafaurie-Monbadon: "Entre les ruines du Palais-Gallien et la porte Saint-Germain, une vaste propriété viticole appelée `Tauba`, ou Taupe, sera coupée en deux et séparée par le chemin du Palais-Gallien si bien que la rue Saint-Germain devient rue de la Petit-Taupe, le nom de rue de la Grande-Taupe étant réservé à la future rue Lafaurie-de-Mondabon qui s´appelle encore rue des Chapelains-de-Saint-Germain". Albert Rèche. Naissance et vie des quartiers de Bordeaux: mille ans de vie quotidienne.
(3d) "El eje en torno al cual gira la obra de Cózar Navarro (v.i.) es la configuración de los negocios de las empresas navieras españolas durante la segunda mitad del siglo XIX después de la pérdida de las colonias americanas. El objetivo específico es el estudio de la sociedad mercantil gaditana Ignacio Fernández de Castro y Cía. que se presenta como un modelo de empresa orientada al negocio colonial en el siglo XIX.
A lo largo del estudio la autora subraya, a modo de hipótesis de trabajo, la influencia de los factores exógenos en general y de los cambios tecnológicos en particular en los sistemas de comunicación y el comercio en la conformación de las empresas comerciales o navieras en el siglo XIX. A partir del caso concreto de un empresario y su empresa desentraña los sistemas y mecanismos de la acción económica de un comerciante en la consolidación de su fortuna en la sociedad gaditana de mediados del siglo XIX.
La autora ha sustentado su estudio en un conjunto amplio de fuentes que complementan su vasta bibliografía. Los archivos de la familia Fernández de Castro han constituido una de las fuentes privilegiadas en su trabajo, además de la consulta de archivos locales, eclesiásticos, de protocolos, provinciales y nacionales de Cádiz, Santander y Madrid.
La empresa naviera fue una sociedad familiar cuyo fundador y agente empresarial fue Ignacio Fernández de Castro, nacido en Santander y establecido en Cádiz en 1840. Desde allí desarrolló su actividad mercantil con Filipinas y acumuló capital como prestamista en diversas transacciones comerciales. Como propietario de varios buques a vela comerciaba por cuenta propia al tiempo que actuaba como comisionista y asentista del gobierno español. La compañía actuó en Filipinas, en las Antillas españolas y en el norte de Europa.
La sociedad mercantil Ignacio Fernández de Castro y Cía. fue una sociedad colectiva familiar típica de la etapa precapitalista, caracteriza la autora, que logró, a pesar de sus deficiencias, desempeñarse como compañía naviera en el mercado durante 32 años, y en ese terreno debió competir con las empresas extranjeras basadas en una organización racional en el desarrollo capitalista de la revolución industrial del siglo XIX.
El periodo de estudio abarca tres décadas (1840-1873); la autora analiza para esa etapa las transformaciones económicas, en el comercio, los sistemas de comunicación (transporte terrestre y marítimo) y en la tecnología, fenómenos estos que contribuyeron a la integración de los mercados a escala global. En este contexto, y luego de la independencia de las colonias americanas, España pierde su pilar fundamental y su principal problema a lo largo del siglo XIX era el de ser una potencia débil con dominios dispersos. Ante el poderío de los países industriales, la política colonial española mostró un carácter marcadamente conservador. En los tres decenios que van de 1840 a 1870, la economía española debió enfrentar modificaciones en las corrientes comerciales, a saber, la importancia que adquirieron Cuba y Filipinas. La prosperidad del archipiélago filipino estaba ligada a la isla de Cuba, que era el centro distribuidor al mercado americano de productos asiáticos y españoles.
En Andalucía, y particularmente en Cádiz, la crisis del negocio colonial incidió en las fortunas de los hombres de negocios vinculados a estas actividades. Ahora bien, Cádiz, cabecera del comercio con las Indias, estaría desde la década de 1840 entre las primeras ciudades de la actividad mercantil y financiera de España, y junto a Santander, Barcelona y Málaga seguirían siendo los puertos comerciales más importantes desde donde se haría la Carrera de La Habana y Manila (por el cabo de Buena Esperanza).
La historiadora Cózar Navarro plantea una periodización de la trayectoria empresarial de Ignacio Fernández de Castro y Cía. en dos etapas (1840-1858 y 1859-1871), que coinciden con la evolución de la situación económica global, y española en particular. Los criterios que establece para esta periodización dependen de factores exógenos y endógenos que desarrollará posteriormente. Para el primer periodo, la autora presenta la genealogía y el perfil biográfico de Ignacio Fernández de Castro y analiza, con base en la correspondencia del empresario, su inserción en la sociedad gaditana desde 1843. Esta primera etapa fue la de mayor crecimiento del patrimonio, y la autora vincula su desempeño con la evolución de la economía internacional, el triunfo del librecambio a raíz de la industrialización de los países del norte (Inglaterra y Francia principalmente), y el progreso del transporte marítimo a partir de la liberalización del sector, que permitió la expansión de los países europeos y de Estados Unidos de Norteamérica.
En esta etapa se verificó un significativo incremento del transporte de pasajeros y mercancías entre Cádiz y Filipinas con buques propios de la sociedad mercantil de Fernández de Castro. Las principales mercancías que se transportaban hacia Manila eran vino y alimentos, y se importaban principalmente frutos coloniales y efectos de China. Por otra parte, hubo otro negocio que sostuvo a la empresa: el transporte de colonos chinos desde Asia hasta Cuba.
Entre 1850 y 1859 la carrera principal era la de Manila. Desde Cádiz partían los barcos de la casa comercial de Fernández de Castro y Cía. –con una media anual de cinco barcos– con destino a Filipinas, un viaje de 90 a 105 días y un regreso de mayor duración. Desde el punto de vista tecnológico, este periodo correspondía a la navegación a vela porque la de vapor todavía presentaba obstáculos. El buque clíper era considerado entonces el más eficaz.
Ignacio Fernández de Castro tuvo una visión conservadora del negocio y actuó como comerciante naviero por cuenta propia. Ejerció además una variedad de actividades económicas y para 1859 creó la sociedad colectiva familiar. La autora nos señala que se trata de un tipo de sociedad o forma jurídica habitual en la organización del capital mercantil en la España del siglo XIX. El comercio por cuenta propia se refiere a la compraventa y distribución de productos en el mercado asumiendo el riesgo y ventura que de las operaciones se derive. La fuente que utiliza la autora para certificar estas actividades son los protocolos existentes del Archivo Histórico de Cádiz y la matrícula industrial y comercial de los copiadores de cartas.
Para 1860 la flotilla de Fernández de Castro y Cía. estaba compuesta básicamente por ocho veleros, tres clípers y cuatro fragatas; poseía además numerosas bodegas, fábrica de curtidos, mobiliario y almacén naval, siendo el transporte naviero la actividad más importante de esta casa comercial. Ignacio Fernández de Castro debe ser considerado comerciante, naviero y banquero, que representa el carácter polifacético del comerciante español del siglo XIX. Su escasa calificación profesional es una reminiscencia del sistema precapitalista que perduraría hasta fines de siglo, cuando el desarrollo del capitalismo impusiera la racionalización en los negocios y reimpusiera la calificación profesional en la actividad mercantil.
El esquema organizativo que adoptó Fernández de Castro como comerciante fue el del negocio colonial que respondía al de las sociedades mercantiles del siglo XVIII, es decir, una casa matriz, en Cádiz, y una o varias sucursales en los países ultramarinos. Desde la casa central se irradiaban las órdenes a los corresponsales de las sucursales de Manila y Macao. El término corresponsal que se menciona en las fuentes, nos aclara la autora, hacía referencia a una persona física o jurídica que tenía la representación mercantil, ya fueran comerciantes individuales o sociedades que mantenían relaciones recíprocas con la casa central. Este vínculo de confianza resultaba imprescindible. Entre 1850 y 1859 la casa de Fernández de Castro tenía corresponsales en España y Europa (Barcelona, Valencia, Cartagena, Alicante, Vigo, San Sebastián, Santander, Madrid, Sevilla, Málaga, Gibraltar, Londres, Liverpool, París, Hamburgo). Por la ubicación geográfica de los corresponsales se pueden conocer las áreas de mercado donde operaba la compañía: los mercados coloniales de Filipinas y Antillas, como enclaves principales desde donde se desarrollaban los negocios con el mercado peninsular. El norte de Europa era el mercado más frecuentado, donde se destacaba la importancia de Londres como plaza financiera de Europa occidental.
A través de la correspondencia de Ignacio Fernández de Castro, la autora verifica la importancia que el comerciante le otorgaba al mantenimiento de las buenas relaciones con las autoridades civiles y militares para el buen desarrollo de los negocios. Así como también el trato cordial que mantenía con la burguesía de negocios y las órdenes religiosas.
La información que le brindan las cartas le permitieron a la autora analizar el tipo de tráfico mercantil que realizaba Fernández de Castro. Se puede observar, entonces, que durante todo el periodo bajo estudio hubo enormes dificultades en las comunicaciones entre Cádiz y las sucursales asiáticas que obstaculizaban la actividad mercantil.
La autora presenta una serie de mapas donde se despliegan las rutas comerciales y la ubicación de las sucursales de la compañía naviera. Ella sintetiza la información sobre el tipo de negocios de Ignacio Fernández de Castro y Cía. en varios cuadros. Allí se observa que entre Cádiz y La Habana se comerciaban diferentes productos –libros, vinos y licores, sal y azafrán– y de regreso el tabaco representaba más de un cuarto de las mercancías transportadas, además de azúcar, frutos coloniales y alimentos. En esos años, con Europa del norte la casa gaditana comerciaba principalmente vino, tabaco, colorantes y fibras vegetales; y en sentido inverso ese comercio recibía maderas, tinta china, maquinaria, cobre, alimentos y cueros.
El transporte marítimo era el principal negocio de Fernández de Castro tanto de carga como de personas. Para las mercancías se privilegiaban los contratos de fletamento, o el del simple conocimiento de embarque, sobre todo para Filipinas. En cuanto al pasaje, el contratista más asiduo era el gobierno, que recurría a los buques de la casa comercial para transportar tropas y otro personal por cuenta pública.
En la década de 1860 la prosperidad y el impulso de los negocios de la etapa anterior comenzaron a agotarse. Entre las causas exógenas de este derrotero, la autora identifica la guerra de Secesión estadunidense en 1861, que repercutió en los mercados del azúcar y, por lo tanto, en el comercio de azúcar entre Cuba y Estados Unidos de Norteamérica.
Los problemas de la casa Fernández de Castro y Cía. desde fines de la década de 1850 fueron la escasez de fletes, la menor rentabilidad de los retornos de Filipinas y el aumento de los precios de los frutos coloniales en el mercado asiático, que dificultaba su comercialización en el mercado español. Entre 1860 y 1866 disminuyó el comercio entre Cádiz y Filipinas, y las importaciones a la península de frutos coloniales, efectos chinos y fibras vegetales se redujeron a canela, café, azúcar, miriñaques, seda en rama, abacá y jabón. Por su parte, el tabaco desde Filipinas a la península fue afectado por la competencia naviera. En la década de 1860 aumentó la competencia del negocio naviero y no sólo por el incremento de buques en cada carrera, sino por las significativas innovaciones tecnológicas. El vapor desplazó a la vela en la navegación transoceánica.
Desde 1864 la Carrera de China se convirtió en la principal de la sociedad Fernández de Castro y Cía. con un significativo aumento de su participación en el transporte de colonos de China a Cuba. Desde el puerto de Macao los buques zarpaban con destino a Cuba con colonos, y la carrera menos frecuentada en esta etapa fue entonces Cádiz-La Habana. La necesidad de mano de obra en las plantaciones cubanas atrajo un flujo de inmigración que llegó por primera vez a Cuba en 1847. A pesar de los riesgos de la navegación, el tráfico de culíes reportaba significativos beneficios a los comerciantes antillanos y peninsulares. La casa comercial Ignacio Fernández de Castro y Cía. llegó a controlar todos los procesos del negocio desde el momento de la contrata en Macao hasta Cuba. Este tráfico duró hasta 1877 con el tratado que concluye con la emigración bajo contrata.
El sendero errático de la sociedad que se observa en la década de 1860 va a tener en 1867 un año clave, ya que la compañía debió enfrentar la suspensión de pagos por falta de liquidez. Las empresas navieras que como la de Fernández de Castro seguían apegadas a la navegación transoceánica a vela fueron afectadas además por la liberalización del transporte marítimo y la apertura del canal de Suez.
En el estudio, la historiadora analiza aquellos factores determinantes en el origen, funcionamiento y desaparición de la empresa. Por ello se consideran la situación general de la economía europea y española, la actividad de las empresas, la influencia de la familia, la condición jurídica y la ordenación del capital, la actividad comercial de la empresa y la evolución tecnológica en el sector naviero. Si bien se señala que la sociedad comercial tenía deficiencias estructurales que socavaban su eficacia, la autora enmarca su análisis sosteniendo que las condiciones endógenas y exógenas constituyeron un entramado de factores determinantes en este proceso de decadencia de la empresa.
Los factores exógenos de la coyuntura favorable entre 1840 y 1859 marcaron, para la autora, el buen desempeño de la empresa, pero esa expansión se detuvo hacia 1858 por una causa externa, la depresión económica tras la guerra de Crimea y sus consecuencias en las economías global y española. Asimismo, entre las causas exógenas, la autora señala como fundamental el cambio tecnológico que caracterizó la revolución industrial, la crisis de la navegación a vela como consecuencia de la aparición del barco a vapor y de la apertura del canal de Suez. Luego sobrevino la crisis de la exportación de azúcar cubano a Estados Unidos de Norteamérica por la guerra de Secesión.
Ahora bien, los aspectos endógenos también van a tener en el periodo siguiente un papel determinante, ello se relaciona con la organización social personalista, la escasez de recursos propios y de liquidez y la rigidez de los criterios de inversión en el campo de la navegación a vela. Entre las causas endógenas, asimismo, figura como uno de los factores clave la precaria estructura financiera de la empresa, que en los años sesenta se vuelve un obstáculo importante, junto con la ausencia de cambios y adaptaciones de la estructura organizativa frente a una actividad comercial y financiera diversificada. La sociedad no logró el cambio organizativo hacia una sociedad anónima como otras empresas del sector y mantuvo su anquilosada estructura organizativa y financiera frente a las cambiantes condiciones sociales y económicas. En 1870 la empresa vendió algunas embarcaciones y en 1871 las últimas cartas de Ignacio Fernández de Castro nos informan la determinación de llamar a sus acreedores ante el Tribunal de Comercio.
La crisis de la actividad de las casas comerciales gaditanas estaba vinculada con la organización de su sistema mercantil formado por empresas estructuradas jurídicamente como en la etapa precapitalista, lo que no les permitía adaptarse a las transformaciones tecnológicas del sector naviero y del contexto internacional. Para su caso de estudio, la autora concluye que la empresa de Ignacio Fernández de Castro no pudo dar el salto del tradicionalismo a la modernidad". Cintia Nelly Russo. América Latina en la Historia Económica, volumen 19, n.º 2, mayo-agosto de 2012. Reseña de Ignacio Fernandez de Castro y Cía, una empresa naviera gaditana, de María del Carmen Cózar Navarro. Universidad de Cádiz, 1998.
Ignacio Fernández de Castro era concretamente santanderino de Comillas, y estaba casado con la mexicana de Arispe María de la Concepción Bustamante. Una hija de ellos, María Guadalupe, natural de Santander, se casó en 1854 en Cádiz con el jerezano Ángel Rodríguez, del comercio, hijo de Ángel y de Joaquina Borbolla, él de Castilla la Vieja y ella de Orizabal en México. Vivieron en la calle Ahumada de Cádiz.
José María Bustamante, también de Aripe como la mujer de Ignacio, estaba casado con Concepción Fernández de Castro, nacida en Cádiz, hija de Ignacio y de María Antonia Pardilla (¿segunda esposa?).
Él era hijo de Eugenio y de Concepción Bustamante. José María y Concepción bautizaron en Cádiz a Ignacio Manuel, nacido en la calle Ancha en 1857.
Cuando la hacienda San Ignacio, cuyos productos frutícolas iban a parar a esta empresa gaditana y de ella a todo el mundo según hemos referido, pasó de manos de Anzoategui a las de Manuel Sáinz de Rozas y Josefa Marañón hacia 1880, otra red de comercio mundial se desplegaría, la de la compañía naviera Olano y Larrinaga. Al tiempo que el buque Victoria, propiedad de esta última, pasó por el canal del Nilo en el verano del año 1877, el embajador de España en Suez, Carlos María López de Arenosa y Fernández de Castro —como el empresario Ignacio, natural de Comillas y sin duda su pariente—, rogó a Madrid que "... envíen refuerzos militares en el vapor Emiliano, que al regresar de Filipinas a la península hará escala en este puerto, para poder detener y conducir a bordo a varios de los deportados que aún quedan, procedentes del Victoria, que se niegan a retornar a la península y están cometiendo desmanes sin cuento, que pueden dar lugar a conflictos serios". (Historia de los apellidos, 19. Junio de 2019). Entre los habitantes de los márgenes del gran río egipcio todavía quedarían recuerdos del séquito de Orleans, Latour y compañía treinta años antes, con la orquesta de su lujoso buque interpretando melodiosas composiciones nocturnas en mitad del río fulgurante de luna.
(Viene de la entrada anterior). Desde 1832 Latour dirigió la educación de Antonio de Orleans, en 1843 fue nombrado su primer secretario, y lo siguió siendo cuando se casó en 1846 con María Luisa Fernanda. Fue Latour muy amigo de Cecilia Böhl de Faber, a la que conoció en el Puerto de Santa María y a la que introdujo en la corte de Montpensier (3). Entre su abundante obra literaria está Estudios sobre España: Sevilla y Andalucía. París, Míchel Lévy, 1855, 2 volúmenes, —que incluye un capítulo sobre el monasterio de San Isidoro del Campo, tumba de Hernán Cortés— y fueron traducidos en 2008 por Manuel Bruña Cuevas (4). (Continúa en la entrada siguiente).
(3) Ella le correspondió con Deudas pagadas. Cuadro de costumbres populares de actualidad, escrito para su amigo y favorecedor el Excmo. Sr. D. Antonio de Latour (Madrid, 1860), que le presenta metafóricamente como un ramo de flores compuesto por hechos —hojas— y tradiciones —flores—, en el que exalta su autora algunas acciones de los miserables combatientes españoles de la Guerra de Marruecos.
"Al Excmo. Sr. D. Antonio de Latour.
Me pide V. que le escriba algún cuadro de costumbres, por más que muchas causas que V. no ignora se hayan reunido para privarme de todo deseo, de todo gusto y posibilidad de hacerlo. Pero ¿cómo rehusar nada de lo que de mi voluntad dependa a quien tantas y tan lisonjeras muestras de aprecio debo, a quien tantas y tan dulces pruebas de amistad agradezco?
He recurrido, pues, en mi impotencia para imaginar, en mi completa falta de propio caudal, a la verdad, que me ha proporcionado algunas hojas sueltas de su archivo, y a la tradición, que me ha dado algunas flores de su siempre fresco y precioso herbolario para colocarlas en aquellas y formar un conjunto en que nada habrá mío, sino el hilo que las una. Pueda hallar este mi trabajo (en vista de los materiales que lo componen) el aprecio y la simpatía que no dudo le concederá el noble extranjero que, cual su régio señor, ha venido a España para pagar tan ampliamente a los españoles el respeto, el aprecio, el amor y las simpatías con que estos los han acogido.
Fernán Caballero."
Él la promocionó en Francia traduciendo al francés la citada Deudas pagadas, y le dedicó un capítulo de su trabajo La Baie de Cadix (La Bahía de Cádiz), 1858, que ya había aparecido el año anterior en Le Correspondant, una revista mensual de religión, filosofía y política. En este 1858 es Latour acogido como miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
En La Bahía de Cádiz, —donde a Latour se le escapa algo del seseo hispalense alguna vez como cuando hace imprimir "el castillo de Casalla"— tratando la inundación del Guadalquivir en 1626, da noticia de Juan de Arguijo: "Mais, comme Arguijo n´était pas seulement un vrai poëte, mais un des magistrats populaires de Séville, un de ses `vingt-quatre`, il est permis de croire qu`il ne se contenta pas d´opposer un sonnet aux envahissements du fleuve". Ver Historia de los apellidos, 20b. Julio de 2019: "Es interesante, o al menos curioso, que el padre de fray Antonio Vázquez de Espinosa figure de fedatario en un documento que la familia Arguijo otorgó en Castilleja de la Cuesta recién estrenado el siglo XVII, en el cual aparece el celebérrimo poeta Juan de Arguijo:
Don García de Arguijo, vecino de Sevilla, por sí y en nombre de doña Catalina de Arguijo, doncella su hermana, con su poder que pasó en la ciudad de Granada en 20 de septiembre de 1596 ante el escribano Gonzalo Fernández ¿Segado?, como hijos que son del licenciado Diego de Arguijo y de doña Gerónima Duque de Estrada, difuntos que Dios haya, vecina dicha doña Catalina de Arguijo en dicha ciudad de Granada en la collación de Santa Escolástica, mayor de 25 años y libre para contratar, quien dice en dicho poder que en un codicilo que otorgó su tío Gaspar de Arguijo, vecino de Sevilla, bajo el que falleció, por virtud de los poderes recibidos que para ello tenía nombraba al dicho don García de Arguijo por Almirante de la Mar, con facultad para que goce de los aprovechamientos de este oficio durante las vidas del Conde de Melgar y de don Juan de Arguijo". No dudo que Latour, hombre bien incardinado en el mundillo cultural hispalense, ávido investigador y con acceso a la documentación archivística más recóndida, tuvo acceso a los mismos legajos que yo he transcrito para documentar a los Arguijo en Castilleja.
(4) Filólogo de la Universidad de Sevilla, autor de La enseñanza del francés en el Colegio de san Telmo de Sevilla (1787-1812), en Estudios franceses en homenaje a Berta Pico. Universidad de La Laguna, 2012, de unas Reflexiones en torno a la relación voz-escritura (4a) en Estudios de filología francesa: edad media y siglo XVI. Universidad de Granada, 1996, de unas Cartas del siglo XVI escritas por mujeres en Çédille: Revista de Estudios Franceses, N.º 14, 2018, y director de la tesis doctoral de Ana María Carranza Torrejón El vocabulario de la indumentaria de los siglos XVI a XIX, Universidad de Sevilla, 2012.
(4a) A pocos pueblos como al andaluz afecta tanto este problema, al menos en su nivel más pragmático; aunque el filosófico es general, en Andalucía se experimenta y enfrenta cotidianamente la relación voz-escritura de cara al exterior, que no dentro de sus fronteras donde el subconsciente colectivo ha creado y asimilado secularmente y como otro de los signos de identidad regional la divergencia. Es en la escuela (ver arriba, 2b) donde desde su niñez el hablante del sur peninsular "tropieza" con una distinción que, impuesta políticamente por la clase dominante del centralismo español, — en su modalidad idiomática castellano versus andaluz—, no sería problemática si se abordara la cuestión con las herramientas de que la ciencia filosófica dispone, y no al nivel manipulador y supremacista en que se viene abordando por las mentadas élites del castrante poder socioeconómico.
Trataron esta muy investigada cuestión, entre otros muchos cualificados expertos, Pedro de Navarra, el tertuliano de Hernán Cortés que ya conocemos, en sus Diálogos de la diferencia del hablar al escribir; y los Narbona que también conocemos ya, padre e hija: él en El lenguaje del niño: desarrollo normal, evaluación y trastornos, y ella en Antología de textos. Historia de la cultura escrita. Precisamente otro Narbona, Antonio Narbona Jiménez —no se si emparentado con los anteriores— es un experto en el problema. Puede verse gran parte de su ingente obra en la Red, de libre acceso.
No tengo por menos que recordar las angustiosas clases que padecí en la escuela primaria. Los profesores, religiosos maristas, se valían de todos los medios a su alcance para hacernos pronunciar un castellano perfecto, como si la Esencia de la Divina Realidad y la Iluminación del Espíritu Santo estribara en ello. Las lecturas en voz alta eran diarias, y ¡ay de quien aspirase una jota o convirtiese una ese en zeta! Sobre él solían caer chaparrones de varazos en la espalda y capones en la cabeza. Uno de sus trucos era hacernos conjugar en todos sus tiempos, individualmente, de pie y en voz alta, el verbo "cocer" —en las zonas de seseo— y el verbo "coser" —en las de ceceo—, que traían como consecuencia ineludibles trabamientos de lenguas, lenguas ya torpes de por sí porque por aquellos entonces se encontraban en pleno desarrollo fisiológico.
Ver Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (5). Mayo de 2016. "Y a los escolares cargados con sus pesados carterones de cuero (el plumier con lápiz, palillero, plumillas de acero y goma de borrar, y los cuadernos pautados de "CON LA PLUMA ME ABRO PASO", mas el Libro de España y El Quijote abreviado) les parecía que a cada paso de los enormes equinos se estremecía el terreno, la comarca, la patria...
En la foto que antecede se observa a los componentes de una "clase" con el profesor marista en el centro, y señalado con flecha verde Antonio, que llegaría a ser autor de este blog de historia de su pueblo. Nótese el barro y los charcos después de un aguacero (el barrio estaba pavimentado aproximadamente en un 20 por cien solamente). A la derecha se ve el colegio y a la izquierda el chalé de esquina, linderos del callejón que desembocaba en el olivar cuyas copas aparecen al fondo".
Promoción del colegio de los Hermanos Maristas de Castilleja de la Cuesta. Señalado con un círculo el autor de esta Historia. Residían los religiosos maristas en la antigua finca del conde de Romanones, que hoy ocupa Yago School.
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