viernes, 4 de septiembre de 2020

Los olvidados, 2.



Ya apuntado el tema en la entrada anterior, sigue el desarrollo documental de la expulsión de Lucía y José de su domicilio en la castillejense calle de la Granada. Cosida con una grapa al expediente de desahucio de José Jiménez Díaz y Lucía Capado Moyano, esta hojita publicitaria de una tintorería sevillana tiene una nota manuscrita en su reverso:


...rero — 1923
... 1º Agosto 1924
...trato entre
... Jiménez Díaz
...ldomero Matheu
Mª Antonia Jiménez
...rez —


Sr. Juez Municipal de Castilleja de la Cuesta: José Jiménez Gutiérrez (1), mayor de edad, casado, del comercio, vecino de Sevilla y accidentalmente en esta villa, demanda en juicio verbal de desahucio como mandatario de Dña. María Antonia Jiménez Gutiérrez, como oportunamente probará, a José Jiménez Díaz (2), para que deje libre y desocupada y a disposición de aquélla la habitación que ocupa en la casa calle Granada n.º 9 (3); se funda esta demanda en la falta de pago de la renta de los meses Junio, Julio, Agosto y Septiembre últimos, a razón de treinta pesetas cada mes, según recibo que acompaño.
Suplico al Juzgado que, teniendo por presentada esta demanda con su copia simple, se sirva señalar día y hora para la celebración del juicio y oportunamente se dicte sentencia declarando haber lugar al deshaucio y condenando al demandado al pago de las costas, por ser así de justicia, que pido en Castilleja de la Cuesta a veinte de Octubre de 1924. A ruegos por no saber firmar.
Por providencia del 21 de octubre el juez Pedro Muñoz Silva (4) convoca a las partes para la celebración del juicio, señalando para ello el siguiente día 25 a las ocho de la tarde en los estrados del Juzgado. Dio fé de ello el secretario Julián Díez.


Firmas del juez y del secretario

Citación a José Jiménez Díaz. Seguidamente yo el Secretario pasé al domicilio de José Jiménez Díaz y, presente la que dijo ser su esposa y llamarse Lucía Capado manifestó que su esposo se encontraba ausente, por lo que hice entrega de la cédula de citación y copia de la demanda con encargo de que la hiciera llegar a sus manos tan pronto como regrese, ofreció hacerlo y no firma por decir no poder, haciendolo un testigo, de que doy fé. Diez.
En dicho día Díez notificó también al demandante, quien tampoco sabía firmar. El día del juicio mi abuelo no asistió, por lo que Jiménez Gutiérrez pidió al juez que lo vuelva a citar, con el apercibimiento de que si no comparece se tendrá por consentido y conforme con la demanda y se procederá al lanzamiento. A lo cual accedió Pedro Muñoz, señalando el día 29 a las ocho de la tarde para el nuevo juicio. Al volver el secretario a citar a mi abuelo, "presente la que dijo ser su esposa y llamarse Lucía Capado manifestó que su esposo se encontraba ausente, ignorando su regreso, y en su virtud le hice entrega de la cédula de citación con el apercibimiento ordenado en la providencia del Sr. Juez y con encargo de que la hiciera llegar a manos de aquél".
Acta del juicio. En Castilleja de la Cuesta a veinte y nueve de Octubre de mil novecientos veinte y cuatro, ante el Señor Juez Municipal de la misma, estando celebrando audiencia pública en los estrados de su Juzgado, y con mi asistencia, compareció el actor D. José Jiménez Gutiérrez, mayor de edad, casado, del comercio, de Sevilla y accidentalmente en esta villa, calle Real, como mandatario de Dña. María Antonia Jiménez Gutiérrez, según lo acredita con la copia de escritura de mandato otorgada ante el Notario de Sevilla D. Francisco Monedero Ruiz en doce de Julio del año anterior, para celebrar juicio verbal de desahucio.
Llamado el demandado D. José Jiménez Díaz, no comparece, por lo que el actor solicita se dé por contestada la demanda, y se dicte sentencia condenándole en rebeldía, y en su día se proceda al lanzamiento, con embargo de bienes para cubrir las costas del juicio.
Y no haciéndose otras manifestaciones, el Sr. Juez dió por terminado el acto, quedando el juicio para sentencia y firmándolo S.Sª., y no lo hace el actor por decir no saber, de que yo el Secretario doy fé. Julián Díaz.
Sentencia. En la villa de Castilleja de la Cuesta a treinta de Octubre de mil novecientos veinte y cuatro el Sr. Juez Municipal D. Pedro Muñoz Silva, habiendo visto este juicio verbal de desahucio seguido entre D. José Jiménez Gutiérrez como mandatario, con poder de su hermana Dña. María Antonia Jiménez Gutiérrez, y D. José Jiménez Díaz, demandado, para que deje libres y desocupadas las habitaciones que ocupa en calle Granada n.º nueve de esta villa:
Resultando: que D. José Jiménez Gutiérrez, mayor de edad, casado y del comercio, como mandatario de Dña. María Antonia Jiménez Gutiérrez, recurrió a este Juzgado municipal con su demanda que obra por cabeza contra D. José Jiménez Díaz, para que en el término legal deje liber y desocupada a disposición de su demandante dos habitaciones que ocupa en la casa calle Granada número nueve, fundando la demanda en la falta de pago de los meses de Junio, Julio, Agosto y Septiembre, a razón de treinta pesetas cada uno.
Resultando: que mandado convocar a las partes y citadas, compareció el actor José Jiménez Gutiérrez, no habiéndolo hecho el demandado el día veinte y cinco del actual, por lo que el actor solicitó se señalase nuevo día y que si no comparecía tampoco el demandado se le acusara la rebeldía y se le tuviera por consentido con la demanda y en su día se dictara sentencia condenándole al desahucio y costas del juicio.
Resultando: que señalado nuevamente para la celebración del juicio el día veinte y nueve del actual previa citación de las partes, habiéndolo sido el demandado D. José Jiménez Díaz con el apercibimiento de ley, y llegado el día y hora compareció el actor no habiéndolo hecho el demandado, por lo que se dió por terminado el juicio para sentencia.
Resultando: que en la tramitación de este juicio se han observado los preceptos de ley correspondiente.
Considerando: que no habiendo comparecido el demandado ninguna de las dos veces que ha citado en forma, se ha seguido el juicio en rebeldía, porque según prescribe la ley de Enjuiciamiento Civil, al demandado que no comparezca a juicio en segunda citación llevada a efecto en forma legal se tendrá por consentido con la demanda, y por tanto procede seguir el juicio en rebeldía, y habiendo presentado el actor los recibos, prueba plenatoria de la demanda, debe estimarse suficiente para dictar sentencia de acuerdo con lo solicitado en la misma.
Vistas las disposiciones legales de aplicación al presente caso,
Fallo: que debo declarar y declaro en rebeldía al demandado D. José Jiménez Díaz y por tanto lo condeno al desahucio solicitado por el actor D. José Jiménez Gutiérrez, mandatario de Dña. María Antonia Jiménez Gutiérrez, para que en el término legal deje libres y desocupadas y a disposición de aquélla las habitaciones que ocupa en la casa calle Granada número nueve de esta villa, y condenándole también al pago de las costas.
Así por esta mi sentencia definitivamente juzgando en esta primera instancia lo pronuncio, mando y firmo. Muñoz Silva.
El día 31 el secretario notificó la sentencia al demandante y a mi abuela. Lucía dijo lo mismo, que José se encontraba ausente, y se obligó a entregársela cuando volviese.
Providencia del Juez Sr. Muñoz Silva. Castilleja de la Cuesta seis de Noviembre de mil novecientos veinte y cuatro.
No habiéndose interpuesto apelación por ninguna de las partes, se declara firme la sentencia anterior, y requiérase al demandado para que en el término de ocho días deje libres y desocupadas las habitaciones que ocupa en la casa calle Granada número nueve, y a disposición del actor D. José Jiménez Gutiérrez, apercibiéndole que si no lo verifica se procederá al lanzamiento.
Así lo mandó y firmó S.S.ª, doy fé.
El secretario notificó a las partes. Lucía Capado se expresó en los mismos términos que con anterioridad quedan dichos. Que su marido estaba ausente, y que ella se obligaba a comunicarle la notificación cuando regresase.
Comparecencia. Castilleja de la Cuesta diez y ocho de Noviembre de mil novecientos veinte y cuatro, ante el Sr. Juez Municipal y mi presencia comparece el actor en este juicio D. José Jiménez Gutiérrez, manifestando que ha pasado el término de ocho días que se le concedió al demandado D. José Jiménez Díaz, y por tanto rogaba al Juzgado se procediera al lanzamiento con apertura de puertas. Así lo expresó y no firma por decir no saber, haciéndolo S.S.ª y un testigo, doy fé. Muñoz Silva.
Providencia Juez Sr. Muñoz Silva. Castilleja de la Cuesta diez y nueve de Noviembre de mil novecientos veinte y cuatro. En vista de la anterior comparecencia, como se solicita practíquese el lanzamiento con apertura de puertas, para lo cual se comisiona al Alguacil de este Juzgado y se señala para la diligencia el día de mañana a las dos de la tarde.
Así lo mandó y firma S.S.ª, doy fé. Muñoz Silva.


(1) Los Jiménez Gutiérrez en Castilleja no han dejado un rastro muy abundante en la documentación archivística. En la que sigue, partida de un matrimonio, vemos documentado a otro hermano —que se casa con Dolores Vega Camacho—:
Andrés Jiménez Gutiérrez, hijo de Juan Jiménez Tovar, —ambos jornaleros— y de Rosario Gutiérrez Navarro, vecinos de esta Villa, se casó en la iglesia de Santiago el 29 de octubre de 1898 con Dolores Vega Camacho, natural de Gines, hija de Antonio Vega Herrera, jornalero, y de Carmen Camacho Ramos, los dos vecinos de Gines pero naturales de Castilleja; fueron testigos don Carlos Venegas Álvarez y Miguel Cansino Reyes, vecinos de Castilleja.
Y también disponemos de la partida de defunción del propio especulador arrendatario José —viudo de Carmen Rodríguez Rosales—:
José Jiménez Gutiérrez, natural de Castilleja, de 84 años de edad, viudo de Carmen Rodríguez Rosales (1a), con domicilio en la calle Franco (hoy Calle Real), hijo de Andrés y Rosario, falleció el 23 de marzo de 1958 a causa de uremia de próstata, según el facultativo don Manuel Cansino Vélez. Se le hicieron exequias de segunda clase en la iglesia de Santiago.
(1a) Cuñada de José fue Dolores Rodríguez Rosales, natural de esta Villa, de edad de 78 años, de estado soltera, con domicilio en esta Villa, hija de Narciso y de Dolores, falleció el día 2 de junio de de 1962, a causa de insuficiencia de miocardio, arritmosis, según el facultativo don Rafael López-Santonja. Certificó el enterramiento el cura de Santiago José Cabrera Gálvez.
Don Fernando Fernández Villavicencio, cura de la iglesia de la Inmaculada, mandó el 6 de noviembre de 1924 dar sepultura al cadáver de María de la O Rodríguez, hija de Narciso y de Enriqueta (sic), de 4 meses de edad, fallecida el día anterior, de enfermedad ¿atropecía? según el facultativo don Juan Lara, en la casa número 97 de la Calle Real. Testigos, Juan de Tovar Carmona y Narciso Mena Bernal, vecinos de esta Villa.
El 22 de julio de 1925* dicho cura mandó enterrar a Carmen Rodríguez García (sic), de 2 años de edad, hija de Narciso y Enriqueta, fallecida el día anterior a consecuencia de ¿elanipesía? infantil, según certificación del facultativo don Juan Lara, en la casa número 96 (sic) de la Calle Real.
Narciso Rodríguez Rosales y Enriqueta García Moreno fueron padres de Antonio Rodríguez García, quien casado con Rosario Navarro Rodríguez en 1949 tuvo, entre otros, a Narciso Rodríguez Navarro, nacido en 1951 en la Calle Real y casado en Tomares con Francisca Montes Cuevas en 1975. De esta forma, la tía abuela de los Rodríguez Navarro actuales era la esposa del dueño del Corral del Polaco que mandó deshauciar a mi abuela Lucía con sus hijos en aquel noviembre de 1924. Y dos años antes a otros tres o cuatro vecinos con sus familias, como veremos en seguida.
* Como curiosidad y también con la intención de ulteriores desarrollos, apunto que este año de 1925, el 5 de agosto, el cura de la Inmaculada mandó enterrar el cadáver de la religiosa profesa del I.B.V.M. Irlandesas sor Eufrasia (Paula) Mac Gorvan, natural de Bombay (India), religiosa de estado soltera hija de Jolín O Killy Bnarke y de Margarita Mac Gorvan. Falleció el día anterior a consecuencia de hemorragia cerebral según certificación del facultativo don Juan Lara, en la casa número 55 de la Calle Real. Se le hizo transporte y funeral de quinta clase. Testigos, Antonio Rodríguez Pinto y Francisco Chávez, vecinos de esta Villa. Juan Manuel Lara tenía entre sus clientes también a las mojas irlandesas.

  

José Jiménez Díaz

(2) Mi abuelo José Jiménez Díaz se desvaneció desapareciendo de la escena familiar allá por los tiempos del advenimiento de la República, y por desgracia quien podía haberme dado información sobre él —su hija— ya no existe. Alguna vaga referencia oída a la familia lo situaban en Barcelona durante la sobredicha República, casado de nuevo y con hijos a pesar de no haberse divorciado de Lucía Capado. Otra vaga noticia se refería a su estancia en un asilo sevillano recibiendo visitas y asistencia de mi madre, en el cual asilo fallecería. Las indagaciones efectuadas por mí en estas instituciones y en el cementerio sevillano de San Fernando han sido todas infructuosas. Sí hubo muchos resultados investigando en su localidad natal, Estepa, donde averigüé toda su línea genealógica hasta el siglo XVII. Se trata de un Jiménez procedente de la localidad asturiana de Lerín, que emigró a la población de la sierra sur sevillana en algún día del Siglo de Oro. Como hemos visto, a José Jiménez Díaz se le nombra repetidas veces en el desahucio de Lucía Capado, aunque no lograron localizarle. Ella, que al parecer lo esperaba, se comprometía a entregarle en mano las notificaciones judiciales "en el momento en que regresara".
Mi abuelo José Jiménez Díaz nació en la estepeña calle de la Cruz el 6 de noviembre de 1870, hijo de José Jiménez Polinario y de Dolores Díaz Cordero. La calle de la Cruz es una vía estrecha y empinada hasta el vértigo, en cuya boca superior estaba la humilde casa de los Jiménez, junto a un pequeño monumento con el simbolo cristiano —de forja estilo andaluz— que le da nombre. Mi bisabuelo, siendo viudo, tuvo con Dolores al dicho José y a María de los Remedios, nacida el 14 de marzo de 1874. Su primera mujer fue Josefa Díaz Baena, con la que había tenido cuatro hijas entre 1858 y 1863.
Con cerca de 50 años de edad José Jiménez Díaz preparó el hatillo y se fue a la cuenca minera onubense en busca de trabajo. En Nerva conoció a una viuda de Valverde del Camino, nacida en 1872, con dos hijos de José Martín González —nacido en 1868 en Nerva, un minero muerto en accidente de trabajo— y con un tercero de padre desconocido, Francisco Copado Moyano. Se unieron el estepeño y la valverdeña y procrearon a María Jiménez Copado, con lo que fueron cuatro en la familia, más los dos progenitores. Por mor de no perder la pensión de viudedad, Lucía y José nunca oficializaron su unión. Ya sabemos cómo recalaron en Castilleja a finales de 1923 y cómo en noviembre de 1924 fueron desahuciados del Corral del Polaco.
Mi abuelo José Jiménez Díaz fue pariente y vecino de barrio del que luego sería célebre bandido conocido por El Pernales, al cual le llevaba 9 años. Este bandolero, Francisco Ríos Gonzalez (1879-1907), casóse en su localidad natal en 1901 con María de las Nieves Caballero, pariente ella del también famoso bandolero Juan Caballero (1804-1885), a la sazón compadre de José María el Tempranillo por haber ejercido de padrino de un hijo de este.


Francisco Ríos González "El Pernales"

(3) En la parte sur de la calle de la Granada se establecieron desde muy antiguo varios corrales de vecinos, uno de los cuales fue este número 9 conocido como "Corral del Polaco", recinto que resistió las embestidas de los especuladores urbanísticos hasta los años 80 del siglo pasado. Estas construcciones obedecían siempre a un mismo patrón: un patio más o menos cuadrangular con un pozo central y quizá un limonero o árbol similar, y en sus laterales habitaciones simples de planta baja con techumbre de uralita y divisiones internas por medio de cortinas para separar el dormitorio del comedor. El servicio consistía en una simple letrina comunal. Las escenas cotidianas que presentaba eran típicas: el anciano en la silla de enea tomando el solecito de la mañana, la nieta peinando a la abuela, los gatos amodorrados, los jilgueros y canarios enjaulados... En invierno, por el contrario, no había un alma en el patio. Los chaparrones fragorosos sobre las techumbres atronaban inmisericordes; el fantasma atroz del frío hacía estragos; la niebla, la escarcha temprana, obligaban a todos a guarecerse hacinados en los minúsculos cuartos.
El Corral del Polaco, que yo visitaba a menudo a finales de los 60 y en los 70 por tener allí amistades, podría servir de fiel modelo a los demás en todos  sus aspectos; José el dueño adquirió este número 9 hacia el año 1920, y en la venta iban incluidos sus inquilinos, en su mayoría familias castillejanas paupérrimas que vivían al día de algún mísero salario. Recuerda esta transacción —naturalmente a una escala ínfima— la que en el siglo XVII hizo el Conde de Olivares con la Villa de Castilleja de la Cuesta y sus vecinos, comprándolo todo en un lote.
César López Forcada fue el notario que otorgó a José Jiménez Gutiérrez la escritura de propiedad del Corral del Polaco en Castilleja. Siendo notario de Madrid, Matilde López Periconi su hija se casó en dicha capital en mayo de 1930 con José Luis Galve de los Huertos, fiscal de la Audiencia de Sevilla, actuando como uno de los testigo por parte del novio el teniente general José Sanjurjo (3a), marqués del Rif. Otro testigo, el exministro Galo Ponte, otro, Fernando López Toral, y otro, César Cruz Periconi. La madre del novio era Pilar de los Huertos. Salieron de viaje de novios para Sevilla, Barcelona y otras poblaciones. César López Periconi, otro hijo del notario, siguió la carrera judicial de la familia.
(3a) Apoyó sin reservas el golpe militar de septiembre de 1923. Fue Director general de la Guardia Civil y Alto comisionado de España en Marruecos. Cuatro meses antes de la boda de la hija del notario, recién caída la Dictadura de Primo de Rivera en enero, Alfonso XIII lo reemplazó por el general Dámaso Berenguer para tutelar una vuelta al orden constitucional anterior a 1923, lo cual lo contrarió enormemente. Se alió con los carlistas seguidores de Manuel Fal Conde y del conde de Rodezno para organizar la rebelión del 10 de agosto de 1932 en Sevilla. Al fracasar huyó con su hijo hacia Ayamonte —otro prófugo por la Calle Real—, pero fue detenido en dicha localidad costera. Murió en 1936: "El 20 de julio, el aviador Juan Antonio Ansaldo va a Estoril a recogerle con su avioneta para trasladarle a Burgos, donde asumiría el mando del golpe de Estado. Sin embargo, el aparato, un De Havilland DH.80 Puss Moth, con matrícula EC-III, se estrella a los pocos momentos del despegue y termina envuelto en llamas al impactar contra una valla de piedra en la actual rua de Santa Cruz, en la pedanía de Areia (Cascais), donde sus compañeros de armas erigieron años después un sencillo monolito conmemorativo. Sanjurjo muere y el piloto, que logró sobrevivir con heridas leves, atribuirá el siniestro al exceso de equipaje del general." (Wikipedia).

(4) Ya conocemos al farmacéutico, practicante y juez Pedro Muñoz Silva (4a), quien, curiosa coincidencia, era originario —como lo eran Lucía Capado y sus hijos— de la onubense Nerva. Por Durán, segundo apellido de su esposa santiponceña, Pedro Muñoz Silva era pariente de los Cansino Durán, caciques de cuarta fila en nuestra Villa.
(4a). Amigo y colaborador, como sabemos por Historia de los apellidos, 21z (agosto de 2020), del médico Juan Manuel Lara Gómez en sus andanzas con la Federación Sanitaria y en las tareas terapéuticas de este nuestro pueblo y de los circunvecinos del Aljarafe, aprovecharé esta nota para redondear los datos que ya poseíamos del autor de De la Vida Médica Rural. Juan Manuel Lara había nacido en Arjonilla (Jaén), el 27 de marzo de 1887. Nunca perdió contacto con su localidad natal, y en sus últimos años en Dos Hermanas no renunciaba a asistir unos días a las fiestas patronales de su pueblo, al cual se desplazaba en tren. Allí era muy bien recibido, incluso por la corporación municipal, y sobre todo por quienes lo habían conocido desde niño y habían tratado a su familia. Las bandas de música del pueblo le daban serenatas en la puerta de la casa de sus familiares donde solía alojarse. Juan Manuel, siempre con el prurito de las letras, aportaba artículos a una revista de historia y actualidad de aquella localidad, de los cuales ofrezco algunos párrafos más abajo. En nuestros días ya no hay descendientes de los Lara en la población jienense, y apenas nadie guarda recuerdos del galeno, pero es de esperar que Alfonso Rueda Nevado (cronicadearjonilla.es), —historiador local que me ha transmitido amablemente muchos testimonios al respecto—, lo resucite próximamente y que los arjonilleros le respondan con aportaciones históricas. Se conoce con exactitud que un su hermano, Alfonso Lara Gómez, maestro en la escuela de niños de Arjonilla, fue fusilado por los marxistas en septiembre de 1936. En memoria de este Lara maestro de escuela se estableció otro centro de enseñanza en Arjonilla después de la Guerra Civil que se llamaría "Maestro Alfonso Lara" y que perduró con tal nombre hasta recientemente. Su hermano el médico castillejense lo recordará en algún párrafo de los artículos que para la referida revista de cultura e historia arjonillera escribió. En el titulado La Alcubilla:
"Recientemente, en una tarde de primavera, al pasar por el fatídico puente del Salado y después de la obligada parada para rezar por mi hermano y demás personas que allí sucumbieron [entre ellas el cura de Arjonilla], me dirijí a la Alcubilla para rememorar aquellos lejanos tiempos. En la serenidad y placidez de la tarde, contemplando las flores silvestres que ya empezaban a crecer, pensé en Juan Ramón Jiménez, que decía, `todas las rosas son la misma rosa`, como todos los latidos del corazón, siendo los mismos, tenían un ritmo más acentuado en esta tarde por la emoción sufrida momentos antes y por la evocación de horas felices.
En este silencio tan sedante para el espíritu, sentado a la sombra de los árboles que rodean la fuente, recordé al maestro Azorín: `solo en la soledad, solo en el silencio, solo con el desprecio del alago y de la censura, se puede llegar a la verdadera y eterna poesía`. Firmado: Doctor Juan Manuel Lara Gómez. Dos Hermanas y Agosto de 1963. Envío a Pilar Ubeda de Varea, única superviviente de aquella generación de fraternales amigos."
En el titulado San Roque [patrón de Arjonilla] y la Caridad, escrito en 1961: "Antes de terminar quiero dejar constancia que a pesar del fin prematuro de mi querido hermano Alfonso, no guardo en mi alma el menor rencor contra nadie, como lo expresa, mejor que yo, Amado Nervo en este fragmento de una de sus composiciones: 
`¡Rencores! ¿De qué sirven?
¿Qué logran los rencores? 
Ni restañan la herida,
Ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo de dar flores
Y no prodiga savia de pinchos punzadores
Si el enemigo pasa junto a mi rosal`.
Doctor Juan Manuel Lara Gómez. Dos Hermanas".
En el artículo del verano de 1973 titulado Las Fiestas de San Roque, termina con la siguiente dedicatoria: "Dedicado al actual Alcalde, Manuel Martínez Díaz, que tanto bien hace por el pueblo, y a los ex-Alcaldes, Rafael Martínez, cuyos padre y abuelo sucumbieron con mi hermano en el trágico puente "El Salado" y Manuel Blanco, que tuvo la delicadeza de rotular una calle con el nombre de Alfonso Lara. Doctor Juan Manuel Lara Gómez. Dos Hermanas, Agosto 1973."
Juan Manuel Lara Gómez había nacido, como queda dicho, en Arjonilla, a las 8 de la noche del 27 de marzo de 1887, en la calle Luis del Castillo n.º 1 (él mismo cuenta que entre sus recuerdos estaba el de sentarse con su madre en la puerta de su casa a la sombra de la torre de la iglesia). Era hijo de Benito Lara Cachinero y de María José Gómez Lara, naturales de Arjonilla, mayores de edad, casados y propietarios. Nieto por línea paterna de Juan Manuel Lara Criado y de María Antonia Cachinero Criado, naturales de Montoro (Córdoba) y vecinos de Arjonilla en la calle Arcos n.º 14. Y por línea materna de Cristóbal Gómez Navarro y de Dolores Lara Carmona, mayores de edad, casados, propietarios, naturales y vecinos de Arjonilla. En cuyo Registro Civil lo inscribió el abuelo paterno el día 28 a las siete y media de la noche ante el juez Bernardo Jiménez Álvarez y los testigos Manuel López Zafra y Mateo Hernández Garrido, naturales y vecinos de Arjonilla.
Al margen de su partida de nacimiento consta la fecha y lugar de su defunción: el 14 de febrero de 1980 en Dos Hermanas (Sevilla). Y en el otro margen: "A la persona a quien se refiere la presente inscripción le ha sido otorgada, con su consentimiento, la emancipación de que trata el número 3º, artículo 314 del Código Civil, con las solas limitaciones del 316, por su padre Don Benito Lara Cachinero, según acta autorizada por el Señor Juez municipal de esta Villa Don Ricardo Sotomayor García, asistido de su Secretario en este día, y de que queda archivada la correspondiente certificación en el respectivo legajo de este Registro. Arjonilla veintiséis de octubre de mil novecientos seis".
Los Lara Criado de Montoro, hijos de Gracia Criado Fernández, emigraron, el futuro abuelo del médico a Arjonilla como acabamos de referir, y otros de sus hermanos a Córdoba capital.
Padrón 1916-1917. Córdoba, calle Osario n.º 47. Gracia Criado Fernández, de 60 años, viuda, natural de Montoro, 4 meses en Córdoba. Hijos, Gracia y Rafael Lara Criado, nacidos en Montoro, de 23 y 21 años, ella su casa y él empleado en la empresa D. Baldomero Castro. En el mismo domicilio Antonio Jiménez Vega, de 36 años, cochero de doña Elisa Barón, 10 años en Cordoba, natural de Montoro, casado con Isabel González Madueño, de Montoro, 35 años; hijos María de 7, Isabel de 5, María Luisa de 3 y Antonio de 1, todos nacidos en Córdoba.
Padrón 1913-1914. Calle Portillo, n.º 6 y 8. Rafael García Muñoz, de 24 años, natural de Pozoblanco, ebanista en la empresa La Catedral, casado con Encarnación Lara Criado, natural  de Montoro, de 24 años; hija, Rosalía, de 1 año, nacida en Pozoblanco.
Padrón 1908-1909. Calle Leiva Aguilar, n.º 14. José Lara Criado, de 29 años, natural de Montoro, jornalero, casado con Dolores Fresno Fuentes, de 28 años, natural de Adamuz; hijos, María Gracia, de 2 años, nacida en Adamuz, y Alfonso, de 6 meses, nacido en Córdoba.
Padrón 1912. Calle Azonaicas, n.º 15. Antonio Benitez Pedrajas, de 34 años, natural de Montoro, escribiente (Juzgado de Instrucción), casado con Ana Lara Criado, de 36 años, natural de Montoro; hijos, Manuel de 14, estudiante (en 1914 es perito mercantil), Antonio de 12, ídem (Salesianos), Manuel de 11, ídem, Ana de 10, ídem, todos nacidos en Montoro, y Ángel, de 4, nacido en Córdoba.
En 1907 habían vivido estos Antonio y Ana en la calle San Antón, n.º 3 duplicado, con sus hijos Manuel, Antonio, Gracia de 6 años, y Ana. Y en el mismo domicilio Antonio García Belmonte, de 43 años, natural de Almería, jornalero, casado con Juana de Lara Pescueso, de 35 años, natural de Montoro; hijos Francisco, de 12 años, Rafaela de 7, Ángela de 5 y Antonio de 2, todos nacidos en Córdoba y escolares.
En 1909 en la calle Castillo n.º 1, Manuel Lara Criado, de 30 años, natural de Montoro, empleado, casado con Dolores Primo Fuentes, de 30 años, natural de Adamuz; hijos, María de 4 años e Ildefonso de 2, nacidos en Córdoba.
En 1903 en la calle Gutiérrez de los Ríos n.º 34, Juan Ayllón Ayllón, de 30 años, natural de Adamuz, industrial, casado con Rosario Lara Criado, de 28, natural de Montoro; hijos, Juan de 2 años, nacido en Adamuz, y Leovigilda, de 3 meses, nacida en Córdoba. En la cercana calle Huerto de San Pablo n.º 15 viven Francisco Vera Torres, natural de Montoro, de 28 años, albañil, casado con Dolores Estévez Castillo, cordobesa de 28 años; hijos, Antonio de 8 meses y María de 3 meses (sic), nacidos en Córdoba.
Aparecen los Lara Criado en padrones cordobeses hasta los años 30, y uno de ellos con 21 años de edad en los años 40. Con total seguridad los Lara en Córdoba conocieron durante la II República, siquiera fuera de vista, a los Copado-López que provenían de Castilleja y de Sevilla (ver la entrada anterior).
Rafael Lara Criado, al cual acabamos de conocer viviendo con Gracia su madre, figuraba excluido del Censo Electoral según El Defensor de Córdoba del 8 de agosto de 1919, quizá por riñas que sostuvo en 1914 y en 1917: en la Audiencia de Pozoblanco (Córdoba) se fijó juicio contra Rafael Lara por lesiones (El Defensor de Córdoba, 24 de agosto  de 1914). "Reyerta. Rafael Lara Criado cuestionó con D. José María Becerra, maltratándose mutuamente." (El Defensor de Córdoba, 28 de julio de 1917). Luego tendría un altercado con un encargado de oficina: "Denuncia. Don Rafael Lara Criado, empleado, natural de Montoro, denunció ayer, en la Comisaría de Vigilancia, que en la casa de don José Urbina, Rey Heredia 13, fue maltratado de obra por el encargado de la oficina de dicho señor Urbina don José Pérez de Gracia Mesa, causándole contusiones y erosiones en la frente y en el pabellón de la oreja derecha, de carácter leve.
En nuestro número de ayer dijimos que el hoy denunciante había sido detenido, en vez de denunciado, y que su primer apellido era Lora, en vez de Lara". Diario de Córdoba, 27 de junio de 1923.
Fue nombrado auxiliar temporero de la Diputación Provincial el 14 abril 1923 (El Defensor). Rafael fue nombrado también, posteriormente, auxiliar de los recaudadores de contribuciones de las zonas de Lucena y Rute (El Defensor de Córdoba, 6 de febrero de 1930). El irascible Rafael era sin duda hombre de derechas. Considerando además que a su pariente Alonso —hermano del médico Juan Manuel Lara— lo habían fusilado los republicanos en Arjonilla  no tiene nada de extraño que aportara, como aportó, 2,30 pesetas de Aguinaldo del Combatiente el 14 de marzo de 1937. Ambos funcionarios del ayuntamiento cordobés durante los mismos años, es de suponer que Francisco Copado Moyano y él se cruzarían muchas veces por los pasillos del Consistorio y que coincidirían también muchas en sus despachos y salones, observándose como los perros a los gatos.
Otro Lara Criado de Montoro en Córdoba, hermano de Rafael e igualmente inadaptado y asocial, fue Ángel: según El Defensor de Córdoba del 1 de mayo de 1928 fue denunciado por su cuñado Antonio Benítez Pedrajas (ver arriba), por amenazas. A pesar de ello aparecen juntos cuatro años después efectuando un hecho delictivo: "Intentan atracar al forense en su propia casa. Se ha registrado en este pueblo [Pozoblanco] un hecho escandaloso que ha producido indignación entre el vecindario.
En el domicilio del forense don Faustino García Arévalo se presentaron Ángel Lara Criado y Antonio Pedrajas, que exigieron al citado médico con la amenaza consiguiente, la entrega de cierta cantidad.
El señor García Arévalo logró distraer momentáneamente a los atracadores, avisando al Ayuntamiento.
Acudió una pareja de guardias municipales que detuvieron a los atracadores, conduciéndolos al depósito municipal.
Pedrajas declaró que había sido arrastrado por su compañero a casa del médico sin saber de qué asunto se trataba.
Ángel Lara es sujeto de pésimos antecedentes, que se dedicaba en otra época a la compra de votos monárquicos y parece que hoy desempeña el mismo oficio cerca de los socialistas.
Han quedado los detenidos a disposición del juez correspondiente." La Voz, 21 de enero de 1932. 
En El Sur del 27 de septiembre de 1934 leemos: "Comisaría de Vigilancia. En la Casa Central de Socorro ha recibido asistencia facultativa Ángel Lara Criado, de 38 años, con domicilio en la barriada de San José, calle del Norte, sin número, de una fuerte excitación nerviosa y alcoholismo agudo. Pronóstico reservado.
Y hay más: "Los amigos de lo ajeno. En el interior del establecimiento de droguería situado en la calle del Realejo, número 68, fue sorprendido un sujeto registrando los cajones y enseres de la misma.
Detenido por un guardia municipal dijo que se llamaba Ángel Lara Criado y al registrarle se le encontraron quince sobres conteniendo preservativos de goma y una vela". Diario de Córdoba, 14 de febrero de 1935. Ángel era persona extremadamente peligrosa: muchos años antes se le había expedido licencia de caza por el Gobierno Civil (El Defensor de Córdoba, 16 febrero 1925). 
Otro de estos Lara Criado permaneció en Montoro, dedicado a guardián de las minas o capataz minero. Junto a su mujer protagonizó un hecho delictivo que dio tema a la prensa —incluso a periódicos de ámbito nacional— durante varios días entre enero y febrero de 1931: "De la provincia. Da a luz una niña muerta y su marido la entierra en el patio. Por la guardia civil de Montoro han sido detenidos Manuel Lara Criado, de cincuenta y dos años y Antonia García Lorente, de cuarenta.
Esta última, en la noche del nueve de diciembre dió a luz una niña muerta y su marido enterró el cadáver en el patio de la casa que el matrimonio habita.
Según ha declarado Lara el cadáver correspondía a un feto de cuatro meses.
El juzgado practica las gestiones oportunas en este asunto.
Los esposos han quedado en la cárcel a disposición del juzgado de Instrucción." Y en La Voz, 14 de enero de 1931. "¿Un infanticidio? Por sospechas de que se hubiera cometido un infanticidio, la Guardia civil de Montoro, se personó en la casilla de peones camineros, situada en el kilómetro 3 de la carretera de Cardeña y sometió a un hábil interrogatorio a Manuel Lara Criado y a su esposa Antonia García Lorente de 52 y 40 años respectivamente y casados en segundas nupcias, que habitaban en dicha casilla.
Al principio negaron en absoluto que fuesen autores del delito indicado pero terminaron por confesar que el día nueve de Diciembre, Antonia García dió a luz una niña muerta, de cuatro o cinco meses, la cual enterró Manuel Lara en un rincón del corral de la casa.
El matrimonio fue detenido ingresando en la cárcel a disposición del juez de instrucción del partido". El matrimonio fue condenado por inhumación ilegal a dos meses y un día de arresto y pago de 150 pesetas de multa.
También aparece en las crónicas judiciales cordobesas otro Lara Criado de Montoro, un tal Tito, otro pariente del médico de Castilleja, como los anteriores. Tito fue declarado absuelto de un supuesto delito de lesiones en la causa incoada por el Juzgado de Montoro, cuya sentencia dictó el Tribunal de la Sala segunda de Córdoba. (Diario de Córdoba, 24 de noviembre de 1929). En este mismo Diario de Córdoba, pero de la fecha de 26 de junio de 1900, pudimos leer: "Defunción. Hace algunos días falleció en Adamuz, a la edad de veinte años, el apreciable joven don Francisco Lara Criado, hijo del antiguo y probo recaudador de contribuciones don Manuel Lara Pedrajas, a quien enviamos el más sentido pésame, así como a su familia, deseándole toda la resignación que han menester para soportar este terrible golpe, después de haber perdido recientemente a su otro hijo Bernabé, de veinte y dos años, y una niña de corta edad". Se puede notar atisbos de un clan familiar que heredaba oficios, como el de recaudador de contribuciones.
Cierta esquela mortuoria de 1928 nos informa de que Antonio Benítez Lara falleció el día 10 de febrero de dicho año en Córdoba, a los 28 años de edad. Su familia es ya conocida por nosotros: padres, Antonio Benítez Pedrajas y Ana Lara Criado; hermanos, Manuel (ausente), María, Ana y Ángel; hermana política, Pilar Rodríguez Valero. "Tíos, primos, sobrino y demás familia ruegan a sus amistades que encomienden su alma a Dios". Cuatro años después muere otro hijo del matrimonio: "Don Ángel Benítez Lara, ha fallecido a las cuatro de la madrugada de hoy 25 de septiembre de 1932, a los 24 años de edad, habiendo recibido los Santos Sacramentos". Ahora vive la familia en la calle Virrey Caballero Góngora, sin número. Todos estos Lara Criado de Montoro llevaban los mismos apellidos que el abuelo del médico castillejano, aunque eran de una o dos generaciones posteriores.
Y para concluir esta especie de "redondeo" de la biografía del médico Juan Manuel Lara Gómez —que luego seguirá siendo ampliada— copio uno de los artículos (de 1969) que desde Dos Hermanas enviaba a Arjonilla para su publicación en la revista de cultura y fiestas de aquella su localidad natal:
"LA MUSICA DE MI PUEBLO. `La música es el arte educador que inclina el alma a la virtud` —PLATON—.
No sé si será este el último artículo de mi colaboración en la revista PROGRAMA de las fiestas del querido Patrón San Roque. Esto depende de lo que Dios tenga decidido sobre mi existencia, porque ya son muchos `tacos de almanaque` los que pesan sobre mis espaldas y a lo mejor, el día menos pensado...
Por eso, he decidido dedicarlo este año a la música y precisamente, la de mi pueblo, a pesar de las deficiencias en algunas épocas, ha sido siempre mi preocupación, unas veces, y mi admiración, otras.
En mis años infantiles, recuerdo dos BANDAS: la del maestro BARRIOS y la del maestro MORALES. Las dos se fundieron en una sola que MORALES dirigió con su maestría hasta los años veinte, en que, por enfermedad, tuvo que retirarse.
Los años veinte, hasta la llegada de la República, lució mucho la dirigida por don MANUEL LACHICA, recogiendo lo mejor de la época de MORALES: Roque Olís, Varea, Ferminico, clarinetes, Juan el `Trompeta`, como cornetín; el hijo de Morales con fiscornio; el Sordillo `Borja`con su trompón y Roque Rueda, con su célebre `alizón`.
Mi gran amigo de la infancia Matías Varea, recogió `lo que el viento no se llevó`, y con unos cuantos chavales, actuó hasta su jubilación. Ha dejado el himno a Arjonilla: su gran obra inmortal.
Y por fin llegamos a la época de don FELIX MANCHON, que con su competencia, tesón y entusiasmo, ha conseguido en algunos años, una gran agrupación y por la emigración y otras causas, se ha quedado con una `mini-banda`que es la que escuchamos aunque con bastante afinación.
Yo les preguntaría a mis paisanos qué piensan hacer con la música: ¿dejarla  morir por consunción o elevarla a un nivel que don Félix, con su competencia y contando con la `materia prima`de los arjonilleros, que demuestran aptitudes excepcionales, para este arte, podían alcanzar?
Oí hablar el año pasado de una banda militar para las fiestas de San Roque. ¿Qué se hace después con las fiestas de Jesús Nazareno, Corpus, Corazón de Jesús, la Virgen de la Cabeza, la de Alharilla, la de la Soledad, etc., etc.?
Mi buena afición a la música, me llevaba, algunas noches, en la academia a presenciar los ensayor de la BANDA de Morales y una noche, a Cortés —un buen pirotécnico, pero deficiente músico—, le dijo el maestro que no era así como tenía que tocar con su trompeta, a lo que contestó: `En la calle saldrá mejor`.
Esta escena que ha venido a mi memoria después de muchos años, me ha recordado una anécdota en Castilleja de la Cuesta, pintoresco pueblo en las proximidades de Sevilla, (donde ejercí los primeros 25 años de mi profesión) tenían el prurito de que, la banda de música de una hermandad contara con los mismos músicos de la otra.
Los dirigentes de una de ellas, fueron a Sevilla a contratar la banda de música del Hospicio (una de las mejores de Sevilla), dirigida por don Fernando Palatín. Le pidieron que la dotación fuera de 35, exactamente de los que se componía la hermandad rival. Dos días antes de las fiestas, enfermaron tres músicos y como no había tiempo para otra cosa, vistió a tres acogidos de la Institución y les dio un clarinete a cada uno con la solemne advertencia que, cuando él ordenara empezar a tocar se pusieran el pito en la boca, con las manos movieran las llaves pero, sin soplar lo más mínimo.
En plena procesión se acercó uno del público al director y le dijo: `Don Fernando, ahí van tres músicos que no tocan, a lo que éste contestó, con el gracejo natural sevillano, pues pídale usted a Dios que no toquen.
Antes de terminar, quiero recordar al gran maestro MORALES que, al terminar mi carrera me obsequió con su banda a una serenata. Y darle las gracias a don Félix, que el año pasado, cuando pasaba con su `mini-banda`por la puerta de los familiares donde estoy los días de San Roque, interrumpió la diana para darme una serenata.
Al despedirles en la puerta y verlos alejarse, a medida que se apagaban los sonidos con la distancia, sentí esa estela de nostalgia que invade el alma cuando la música con su sublimidad, nos saca de la razón para entrar de lleno en el sentimiento y recordé esta frase de Camón Aznar: `La música es ancho plato de ofrenda para el espíritu`.
Yo desearía que esta frase de Camón Aznar, unida a la de Platón con la que encabezo estas líneas, sirvieran de estímulo a mis paisanos para que, no dejaran desaparecer la `MUSICA DE MI PUEBLO` ...
Juan Manuel Lara Gómez (Decano del Cuerpo Médico del Montepío y Asociación de Toreros).


Acabamos de referir arriba cómo Ángel Lara Criado —pariente del médico de Castilleja— y su cuñado Antonio Pedrajas asaltaron al médico Faustino García Arévalo Hijosa en su casa de Pozoblanco. Este 
Faustino tenía contactos con los médicos Centeno y Lara por medio de la Federación Sanitaria (ver Historia de los apellidos, 21z. Agosto de 2020). Había recibido Faustino en Pozoblanco a una representación de la Asociación Sanitaria Regional del partido de Fuente Obejuna que se disponía a crear la del partido de dicho Pozoblanco. Una vez creada dicho Faustino fue nombrado vocal de la misma (Boletín de la Asociación Sanitaria Regional en el Partido de Fuente Obejuna: órgano oficial de la misma y defensor de los intereses de todos los sanitarios federados españoles. Número del 15 de mayo de 1921).


Contraportada del Boletín de la Asociación Sanitaria de Pozoblanco

El médico forense Faustino García Arévalo era además el corresponsal de El Defensor de Córdoba y del Diario de Córdoba en la localidad de Pozoblanco. Los García Arévalo e Hijosa eran una distinguida familia de propietarios de Dos Torres emparentada con varias de Pozoblanco. La madre de Faustino ingresó, ya viuda, en un convento de carmelitas descalzas de la capital granadina, donde fallecería en 1929. Mas Faustino tiene con nuestra historia otra vinculación muy especial:


Doctor Vicente Martín Romera 

En la revista mensual Ideal Médico del 30 de mayo de 1918, en la Sección Científica, el doctor Vicente Martín Romera describe un caso de fractura de bóveda de cráneo con pérdida de sustancia cerebral, explanándose sobre la trepanación que efectuó, y detallando la curación. El paciente era un chico de Pozoblanco de 15 años de edad que acudió con su padre a Córdoba. Según este, un dependiente que tenían a su servicio en el cortijo le dio un golpe en la cabeza con una badila cuando estaba durmiendo. Le hicieron allí mismo la primera cura de la herida. "El práctico que fue llamado para este objeto, después de limpiar los abundantes coágulos sanguíneos y recoger trozos de una sustancia como de leche cuajada y que dijo que eran `sesos`, le suturó la herida y vendó. Desde el día siguiente el herido tuvo bastante fiebre y delirio, acompañado de confusión de ideas, notándole desde entonces como atontado". Posteriormente se hizo cargo de su curación don Faustino García Arévalo que, en vista de la persistente supuración de la herida y dolores de cabeza, aconsejó fuera trasladado a Córdoba para ser operado.
El doctor Vicente Martín Romera sería descubierto por los fascistas en agosto de 1936 cuando, oculto en una huerta cordobesa con otros compañeros socialistas —entre ellos mi tío Francisco Copado Moyano—, fueron delatados y apresados. "En la tarde del 18 de julio de 1936, se encuentra Romera junto al alcalde de Córdoba, Manuel Sánchez Badajoz, y el presidente de la Diputación José Guerra Lozano en el Gobierno Civil de la ciudad intentando convencer al gobernador civil Antonio Rodríguez de León de hacer resistencia frente al levantamiento militar. En ese encuentro se hallaban también el diputado socialista Manuel Castro Molina, el ex-diputado Joaquín García Hidalgo y el presidente de Unión Republicana Pedro Ruiz Santaella.
No pudiedo resistir [el asedio a cañonazos de los artilleros sublevados] logró escapar con otros, escondiéndose en la conocida como Huerta de los Aldabones en la Ronda del Marrubial junto al alcalde, dos concejales socialistas: Pedro León, Francisco Copado Moyano, y Ruiz Santaella. Tras ser delatados sería fusilado el día 8 de agosto de 1936 con sus compañeros de partido Manuel Sánchez Badajoz, Pedro León Fernández y el también político de Unión Republicana, Pedro Ruiz Santaella [mientras que Francisco Copado sería fusilado unos días después]. La muerte de doctor Romera conmocionó a Córdoba, creando aún mayor terror del que había, especialmente entre los ciudadanos de clase humilde.
Hay que destaca el hecho de que a Vicente Martín Romera se le impuso [post mortem] la pena más alta de las establecidas en la provincia: 125.000 pesetas, que tuvo que abonar su familia para disponer libremente de sus bienes". Cordobapedia
Nacido en Madrid el 20 de mayo de 1888, hijo de Pascual Martín Casbas (1865-1919) y de Casimira Romera Muñoz (1865-1925). Fueron sus hermanos José, Pascual, Luis, Jorge, Salvador, María y Esteban .
Como a Francisco Copado, a Martín Romera, médico de la Beneficencia municipal, se le detuvo en el cuartel de Artillería de Córdoba el día 15 de octubre de 1934 por suponérsele complicado en los sucesos revolucionarios de dicho mes. Con él fue arrestado su colega en la barriada de Cerro Muriano doctor Mariano Aguado Escribano, ocupándosele mechas, pólvora, una pistola y carnés socialistas. 
Vicente Martín Romera se había casado en Córdoba el 15 de diciembre de 1913 con Emilia Simón Gómez, natural de Zaragoza e hija de Valeriano Simón, director de la sucursal cordobesa del Banco de España. La boda se celebró en el oratorio particular del padre de la novia, con aristocrática concurrencia. De viaje de novios marcharon en tren a Sevilla. Se establecieron en Huesca, donde él, afamado especialista en operaciones quirúrgicas, ejercía la medicina. En Huesca habitaban en el n.º 4 de la calle Coso Bajo. De esta provincia era originaria su familia paterna. En abril de 1915 el matrimonio visitó Córdoba para pasar una temporada con sus padres. Desde 1916 aparecen en los padrones cordobeses. Su suegro Valeriano Simón Pérez, fallecido en Córdoba en 1929, era natural de Mallén (Zaragoza).


 El banquero Valeriano Simón, suegro del médico Vicente Martín Romera


Debido a la inflación interior producida por el aumento de las exportaciones a causa de la Primera Guerra Mundial (1), en España quedaron afectados los precios de todos los productos básicos. Agudizándose con ello la crisis de la vivienda al aumentar los precios de los alquileres y al ser estos la principal forma de tenencia habitacional de la clase trabajadora, los especuladores encontraron una inmejorable ocasión para enriquecerse. La inversión privada en la construcción de viviendas estaba controlada por las burguesías locales, una clase rentista que promovía la industria inmobiliaria y los arrendamientos. Cierto incipiente movimiento de sindicatos, asociaciones, ligas y federaciones de inquilinos que empezaban a formarse en todo el país no parece que hubiera llegado con la suficiente fuerza a Castilleja de la Cuesta para impedir los desmanes que gente como los hermanos José y María Antonia Jiménez Gutiérrez cometían con los arrendadores de sus miserables habitaciones del Corral del Polaco.
En la capital hispalense el Comité Revolucionario de Defensa de los Inquilinos (2) convocó una huelga de alquileres en 1919. Al año siguiente el ministro de Gracia y Justicia Gabino Bugallal (3) presentó el Decreto de reducción de alquileres —el 21 de junio—, congelándolos, reduciéndolos en algunos casos, y prorrogándolos con carácter obligatorio sin posibilidad de alterar el precio. Los inquilinos obtuvieron la posibilidad de reclamar una disminución del alquiler hasta los niveles del año prebélico de 1914.




(1) Inflación que conllevó el fenómeno antisocial del acaparamiento de productos de primera necesidad por parte de hacendados, entre los que es menester mencionar al político y hacendado Sánchez Dalp (1a) y al torero tomareño Bombita, este último condenado por acaparar miles y miles de arrobas de aceite. Los campesinos y braceros reaccionaban a la desesperada incendiando sembradíos, cosechas ya agavilladas, y pajares y pósitos en toda la provincia, y destruyendo la maquinaria agrícola porque contribuía a enriquecer a los acaparadores. Aquellos infernales artefactos aumentaban a la vez el paro.
Con todo lujo y gastos publicitarios —grandes carteles impresos incluidos— organizó desde febrero de 2019 el ayuntamiento de Tomares (Sevilla), localidad donde nació el torero Ricardo Torres Reina "Bombita", una exposición de cuadros taurinos y una mesa redonda en la que participaron otros crueles torturadores de animales como los toreros Fernando Cepeda, Manuel Jesús "El Cid" y Manuel Caballero, el ganadero Álvaro Núñez Benjumea y el periodista taurino David Casas. Todo el evento fue complementado con muchos otros actos, fiestas y veladas. Se cumplían 140 años de su nacimiento y 120 de su alternativa. De las conmemoraciones se hizo eco toda la prensa fascistoide del país, incluyendo en ella a la que va disfrazada de progresista. Sus otros dos hermanos Emilio y Manuel también fueron despiadados torturadores de animales. El mencionado ayuntamiento tomareño, — porque no era el caso, naturalmente—, ejerció poca crítica hacia el siniestro personaje, que fue allá por 1924 fundador y presidente honorario de la Asociación y Montepío de Toreros, de la cual institución era, como ya vimos, decano de su cuerpo médico Juan Manuel Lara Gómez, otro taurópata revestido de humanismo engañoso.
(1a) A la vez que los inquilinos sevillanos organizaban sus manifestaciones en 1919, los obreros agrícolas organizaban las suyas en paralelo, haciendo de la capital andaluza un hervidero de reivindicaciones sociales. Los campesinos construyeron un monigote barbado a semejanza de Sánchez Dalp, lo pasearon por el centro, le prendieron fuego en la plaza del Duque y lo lanzaron contra la portada del palacio propiedad del tal hacendado. Mientras, en las sesiones del Congreso madrileño le apretaban las clavijas enviando continuas comisiones de inspección a registrar los almacenes de su hacienda de San José de la Rinconada (Sevilla).


Pedro Vallina Martínez

(2) Este Comité de Defensa de los Inquilinos fue fundado por el médico sevillano Pedro Vallina Martínez (1879-1970). En un fragmento de Mis Memorias (Centro Andaluz del Libro, 2000) relata Vallina los serios problemas de salud que padecían los habitantes de los corralones de clase obrera, y la forma en que terminó la huelga de alquileres de 1919: "Una de las formas de explotación más repugnante es, sin duda alguna, la de las viviendas. Aquí el abuso llega al colmo. No hay un animal, a excepción del hombre, el tonto de la creación, que la Naturaleza no le ofrezca una casa gratis, y el hombre mismo si se diera la molestia de construirla. Y si alguien lo dudara le recomendamos que lea la magnífica obra de H. D. Thoreau, Walden, o la vida en los bosques.
El hombre primitivo no pagaba alquiler y vivía en las cavernas, unas naturales, formadas por la acción de las aguas en los terrenos calizos, y otras artificiales, talladas por sus manos. Después se pasó a otras construcciones más complicadas y cómodas, aprovechándose los elementos naturales como el barro, las piedras, los palos y las ramas. Sin embargo, para contemplar las viviendas abiertas en la roca, no hace falta retroceder a la época de las cavernas, sino dar un paseo por ciertas calles extremas de una capital española que tiene por nombre Cuenca.
Pero el hombre moderno, apresado en el engranaje de una falsa civilización, carece en su mayoría de vivienda, y si quiere encontrarla, después de correr tras ella con la lengua afuera, le cuesta un ojo de la cara obtenerla. Hoy el problema de la vivienda se agudiza extraordinariamente en todas partes, y los míseros mortales, para satisfacer la voracidad de los propietarios, tienen que vivir mal vestidos y peor comidos, porque el jornal mezquino que ganan no permite otra cosa. De cómo una vez el pueblo generoso de Sevilla protestó contra esa iniquidad, voy a contároslo en este relato, y el que me lea, que saque las consecuencias, pues yo no he de detenerme a comentarlas por lo elocuentes que son.
Por aquella época, en el año de 1919, el problema de la vivienda alcanzaba una fase agudísima en Sevilla. Los precios de los alquileres se habían remontado a las nubes y, además, las casas eran muy difíciles de obtener. Hacía falta un fiador (2a), casi imposible de encontrar para los pobres, y, además, el pago de un mes adelantado y tres meses de fianza. Bastaba que el inquilino se retrasara un mes, por enfermedad o falta de trabajo, para que fuera desahuciado y se encontrara con los muebles en la calle.
Entonces se construían muchas casas de pisos de alquiler, por el negocio redondo que representaban. En un pequeño espacio, bueno para una habitación corriente, se construía un piso completo con dormitorio, comedor y sala de recibir, que para ambas cosas servía, y una pequeña cocina, incluyendo el retrete al lado del fogón donde se guisaba. El cuarto de baño sólo se encontraba en las casas de los ricos.
He de advertir que la gente se lavaba poco el cuerpo. Los católicos son muy sucios por allí. Si alguno se veía obligado a bañar un enfermo de fiebre tifoidea, que en Sevilla era endémica, y dos veces por año epidémica, tenía que arrendar una bañera de metal, que por algunos céntimos al día podía encontrarse en las hojalaterías. Lo difícil era saber dónde colocar aquel armatoste en una habitación tan chica. Apenas si los moradores podían revolverse en aquellos tabucos y era un problema magno colocar los escasos muebles que tenían, si alguno era voluminoso.
Recuerdo el piso de un matrimonio amigo, cuyo dormitorio era tan estrecho que la cama lo ocupaba todo, de pared a pared, y para acostarse tenían que hacerlo saltando por los pies del lecho. Y en el piso bajo de la casa, al lado de la puerta de entrada, se construía una especie de perrera estrecha y oscura para colocar un animal raro que llamaban el portero, cuya misión era ladrar y enseñar los dientes a los inquilinos rebeldes. Además, los porteros servían a las mil maravillas de soplones para la policía.En Sevilla se conservan todavía unas grandes viviendas de la Edad Media, donde moraban los grandes privilegiados de aquel tiempo, llamadas ahora «casonas», convertidas en las más innobles casas de vecindad. Estos locales horrorosos constan de varios patios, los traseros húmedos y mal soleados, y cada uno tiene tres pisos de corredores divididos en numerosas habitaciones, en cada una de las cuales se aloja una familia pobre. Es fácil imaginarse los estragos que hacían las enfermedades contagiosas en aquellos antros. En una época que estudiaba el problema terrible de la tuberculosis en Sevilla, hice un plano de aquellas «casonas» (manchas negras de la ciudad), señalando en cada una el número de tuberculosos vivos y una cifra aproximada de los que habían muerto el año anterior. Los resultados fueron pavorosos. En uno de estos locales, cerca de donde yo vivía, pude anotar 80 tuberculosos entre vivos y muertos. La más conocida de aquellas «casonas» era la llamada «Corral del Conde», que contaba con más de 1.000 vecinos, un verdadero pueblo. Como eran clientes míos, no olvido las escenas de dolor y miseria que presenciaba allí todos los días. Las habitaciones de los patios traseros eran obscuras, húmedas y malolientes. El patio cubierto de basuras y de lodo cuando llovía. En alguna que otra puerta se encontraba sentado un tuberculoso, tosiendo y arrojando los pulmones sobre el pavimento, a cuyo lado jugaban los inocentes niños, hambrientos y cubiertos de harapos. ¡Cuántas infamias cometieron aquellos propietarios católicos, apostólicos y romanos!
Pues bien, los dueños de aquellas cavernas inmundas, para no entenderse directamente con los que ellos llamaban la canalla de inquilinos, las arrendaban a unos intermediarios que exprimían el limón hasta el último jugo. Lo que a ellos les costaba el equivalente a uno, lo hacían pagar por ciento, así que a estos sujetos pronto se les veía rodar en coche y los dedos cubiertos de gruesos anillos. ¡Cómo odiaba el pueblo a aquellas hienas humanas!
Los abusos fueron de tal índole que pronto germinó una cólera sorda en todas las clases sociales pues hasta los empleados modestos, incluso sacerdotes pobres y militares de baja graduación, se gastaban un tercio del sueldo en el alquiler de una mala vivienda. Hasta que un día saltó la chispa y prendió fuego al polvorín de odios que se habían ido acumulando (2b).
En una calle que desemboca en la popular plaza de San Marcos, donde yo vivía, fue desahuciado un vecino, y sus muebles puestos en medio de la calle, y allí quedaron el matrimonio y varios niños pequeños sin saber qué partido tomar. La gente se fue amontonando y las protestas se dejaron oír, pero esta vez surgió la acción y señaló el camino. Un muchacho de unos doce años de edad, cogió un adoquín que estaba levantado en la calle y lo arrojó indignado contra la puerta de la casa donde había tenido lugar el desahucio. Aquella fue la señal, y los reunidos, imitando al muchacho, apedrearon la casa y rompieron puertas y ventanas, cundiendo la agitación por todo el barrio, que repercutió en toda la capital.
Entonces comprendí que se presentaba la ocasión de intervenir y dar la batida a los explotadores de la vivienda. Aquella noche se reunieron en mi casa varios compañeros de ideas que me eran conocidos por su decisión. Y sin consultar con nadie más que con nuestra conciencia, quedó constituido un «Comité Revolucionario de Defensa de los Inquilinos», del que yo fui nombrado secretario y tesorero, no había presidente ni hacía falta. Al día siguiente lanzamos un manifiesto llamando al pueblo de Sevilla a la lucha y a rebelarse contra tanta infamia. La iniciativa que estaba en el ánimo de todos tuvo un éxito extraordinario, porque se comprendió que los anarquistas que iban a orientar el movimiento no retrocederían ante ningún obstáculo que se presentara y que harían todos los sacrificios necesarios para alcanzar el triunfo. Apenas si dos personas tenían tiempo para inscribir a tantos socios como se presentaban, llegándose con toda rapidez a alcanzar un número de 33.000 adherentes, no sólo de la clase pobre, sino también de la media. Se fijó la cuota de cada socio a diez céntimos para toda la campaña, ya que el dinero iba a servir de muy poco, puesto que íbamos a triunfar con los puños.
El Comité tomó como primera medida que cada uno se incautara de su vivienda y no pagara renta alguna hasta que no se hiciera una rebaja de un 50 % y se suprimieran a los intermediarios. Esta medida tuvo tan buena acogida que durante seis meses no hubo socio que pagara renta alguna.
La lucha se prolongó algunos meses y no faltaron los incidentes violentos y los escándalos frecuentes, siendo apaleados numerosos porteros y muertos algunos (2c).
Hubo varios cabildeos en el Gobierno Civil que, como de costumbre, no sirvieron para nada. Recuerdo que en una de las reuniones con el Gobernador Civil, el señor Bermejo, un catedrático de la Universidad de Madrid metido a politiquillo, en un arranque impremeditado que tuvo, llegó a autorizarme para que hiciera desalojar todas las casas de vecinos que no reunieran condiciones higiénicas, lo cual yo acepté cogiéndole la palabra, pero el millonario barbudo Sánchez Dalp se levantó asustado de su asiento y gritó: «Gobernador, que éste lo hace y se agravaría el conflicto de una manera extraordinaria, porque no hay una sola casa de vecinos que reúna las condiciones de higiene más elementales, de lo cual todos somos culpables y hay que dar tiempo para remediar un mal tan antiguo».
¡Basta de perder el tiempo! —dijimos a la gente—, hay que solucionar esto por la fuerza, y por ahí deberíamos de haber empezado. Y en el acto se constituyó una columna de mil voluntarios que empuñaban toda clase de instrumentos de destrucción y que con una celeridad pasmosa iban de uno a otro lado, arremetiendo contra las viviendas de los propietarios recalcitrantes. Y a donde llegaba la columna, casa en ruinas. Una de las viviendas que señalé personalmente a la ira popular fue la de un tal Felipe Cuba, uno de los explotadores más repugnantes que en poco tiempo llegó a reunir una fortuna. Aquel tunante acababa de construir una casa de pisos, modelo en su género, pues cada uno parecía una jaulita. Cuando yo pasé por allí, visitando a mis enfermos, la casa estaba intacta, pero al volver poco después, cuando ya había pasado la columna de destrucción, me la encontré medio destruida. Yo mismo quedé sorprendido de la fuerza destructora de la muchedumbre, aguijoneada para combatir a la injusticia.
Pronto se formó una cola interminable de propietarios a la puerta de mi casa, pidiendo una hoja sellada y firmada por el Comité, en la que se hacía constar que se había aceptado nuestra demanda. La hoja se fijaba en la puerta de la casa, y la gente al leerla respetaba la vivienda y pasaba de largo. Los que se dieron más prisa en presentarse fueron los orondos intermediarios, que al firmar la renuncia de los contratos, nos mostraban sus dedos llenos de gruesos anillos de oro.
Por entonces había un gobierno liberal que no se atrevió a derramar la sangre del pueblo de Sevilla para proteger el egoísmo de la peor clase de propietarios. Esto nos favoreció sin duda y evitó que se quemara el último cartucho que teníamos en reserva, pues se había decidido, en caso extremo, que cada inquilino, y lo hubiera ejecutado la mayoría, prendiera fuego a su vivienda el mismo día y a la misma hora, y después irse a vivir al hermoso parque situado a orillas del Guadalquivir, que reúne condiciones excelentes de higiene. Aquello hubiera sido altamente beneficioso para la ciudad, porque además de haber destruido a millones y millones de microbios patógenos, hubieran surgido unos edificios modernos sobre las ruinas de las pocilgas incendiadas.
Así se ganó aquella huelga de inquilinos en Sevilla, y el triunfo se debió a la intervención de los anarquistas, por cuya acción conquistaron las mayores simpatías.
Lo primero es que haya anarquistas, aunque sean pocos, pero buenos, y luego que se pongan al frente de los movimientos populares para encauzarlos por el camino revolucionario.
Y lo segundo es que haya un pueblo viril que sepa vibrar por las causas justas, porque si el pueblo está degenerado y embrutecido por la ignorancia y los vicios, y además sigue ciegamente a sus malos pastores, entonces, no hay nada que hacer".
(2a) En el caso concreto de mis abuelos José y Lucía, este fiador era el Baldomero Matheu que aparece anotado con lápiz en la hojilla publicitaria de la tintorería (v.s.); tintorería que, por cierto, siendo testigo de las revueltas de los inquilinos en en corral de La Bomba (ver 1b) y en el de Los Chícharos sitos en dicha calle Lumbreras, resistió limpiando prendas hasta muy entrado el siglo XX, como se comprueba en estos recortes de prensa:

 


De arriba a abajo, ABC del 10 de agosto y del 18 de agosto de 1944, y del 28 de junio de 1966

(2b) Fueron detenidos en Sevilla en las protestas anticaseriles del verano de 1919 seis vecinos de una casa de la calle de Bécquer que rompieron la puerta de las habitaciones de la mujer encargada de cobrar los alquileres. Tomaron por asalto la vivienda, sacaron los muebles y los subastaron en la calle. La mujer en cuestión había desahuciado a varios por impago, requiriendo el auxilio de la Benemérita y de la Guardia de Seguridad. Desde comienzos de año la campaña anticaseril va en aumento, con mitines numerosos en plazas y calles, que finalizaban en manifestaciones. Los pequeños comerciantes cuyos negocios estaban situados en locales de alquiler eran también uno de los sectores más afectados. Los manifestantes, orientados o apoyados por los anarquistas del doctor Pedro Vallina, marchaban por el centro urbano flameando banderas negras y profiriendo injurias y denuestos contra los caseros. Marcharon cierta vez entonando cantos fúnebres y tocando cencerros entre gritos de "mueran los caseros" hasta el puente de Triana, desde donde arrojaron al río un pelele dentro de un ataúd de cartón, quemándolo previamente. Algunos obreros de este barrio son detenidos por repartir octavillas alentando al impago de alquileres. Se amotinaban parroquias enteras, apedreando las casas de alquiler, rompiendo cristales y arrancando las rejas de las ventanas. En ocasiones las fuerzas de seguridad efectuaban descargas al aire para contener a los manifestantes. En el número 8 de la calle de las Huertas la dueña de la casa se vio obligada a huir por las azoteas ante más de 1.000 personas que acabaron arrancando barandillas y abriendo boquetes en la fachada; al llegar las parejas de Seguridad hubo un cruce de disparos, sin consecuencia. Se reportan heridos y contusionados un día y otro. Hay conatos de incendios, se arrancan puertas y persianas y se les prende fuego. En el número 63 de la calle Alfarería, el lunes 10 de marzo, al pedir el casero Ángel Mejías Reina al vecino Manuel Pulido Angulo las mensualidades que le adeudaba, discutieron; el casero sacó una pistola y disparó contra el inquilino hiriéndole en la parte derecha del cuello; el inquilino a su vez con una faca hirió al casero con 13 puñaladas. Por este mes de marzo algunos propietarios, amedrentados, colocan cartelones en sus casas anunciando la rebaja de los alquileres de los cuartos. Los vecinos de Sevilla, a pesar de la censura gubernamental de la prensa, se van convirtiendo en el ejemplo a seguir en el ámbito nacional. El gobernador civil hace publicar bandos aconsejando calma al vecindario. Al médico propietario de finca para alquiler don Miguel Merino le forzaron la puerta de la cochera y sacando el automóvil, se lo incendiaron en la Alameda de Hércules. Los dueños de fincas urbanas se reúnen en asamblea presidida por el marqués de Aracena en el local de la Cámara de Comercio, y van cediendo en algunos puntos sobre el alquiler a familias obreras. A mediados de marzo se conoce en Madrid que los inquilinos sevillanos se están sindicando por barrios, que se están formando listas negras de caseros que han subido los alquileres, y que se proyecta una huelga general de inquilinos. En la ciudad la excitación aumenta, y el gobernador dispone que patrullen por las calles soldados de caballería. La policía efectúa cacheos indiscriminados. Se pide a Romanones que suspenda las garantías constitucionales en la capital andaluza, a lo que el conde se niega resueltamente, accediendo solo al despliegue callejero de las patrullas militares. A pesar de ello se suspenderán dichas garantías pocos días después. "Mitin sindicalista.— Reglamento aprobado. En el salón España de Sevilla se celebró un mitin sindicalista y anarquista aprobándose el reglamento de la Liga de inquilinos. Se acordó también que del fondo de la misma se cedan cinco pesetas para la mujer e hijos del inquilino que está encarcelado por matar a su casero". Heraldo de Zamora, 24 de marzo de 1919. Por junio varias ligas de nueva formación en diversas ciudades españolas piden a la de Sevilla el reglamento y detalles de organización. A pesar de lo adelantado en la consecución de unos derechos mínimos, en el verano continuaron los altercados, con heridos por medio. A la Liga sevillana, con más de 30.000 socios en el verano de 1919, le prohíbe la celebración de un mitin el gobernador, y sus dirigentes escriben una carta de protesta al jefe del Gobierno en Madrid. En La Acción del 2 de marzo de 1919 se dice, con marcado sarcasmo: "El buen humor sevillano. Un mitin de inquilinos. Sevilla, 1 (10 n.). Los vecinos de las casas llamadas Corral de la Bomba, situadas en la calle Lumbreras [la de la tintorería ya reseñada], deben de ser unos guasones de marca mayor, que no encontrando nada mejor ni más nuevo para pasar alegremente el Domingo de Carnaval, aunciaron un mitin anticaseril.
En la convocatoria dicen los organizadores que el acto se celebrará en el patio de la misma casa. No dicen si habrá guitarreo y cañas, pero suponemos que sí, y que no podrán tomar parte en él mas que los inquilinos cabeza de familia que tengan habitaciones en dicha casa.
Las conclusiones que se someterán a la aprobación de los vecinos son: negarse en absoluto a pagar los alquileres, sin previa afirmación del propietario de las casas de que se halla dispuesto a prescindir de los arrendadores o intermediarios; pedir la rebaja del 50 por 100 en el precio de los alquileres y solicitar de la Alcaldía que un inspector de Higiene haga una visita a las casas llamadas del Corral de la Bomba.
Como verá el lector, el característico buen humor de los sevillanos es inagotable."
En el número 67 de la calle de Castelar, domicilio de Isabel Gamero, un grupo numerosísimo asaltó la casa, rompiendo muebles y cristales e incendiando después el edificio. Las fuerzas del orden solían intervenir con los sables desenvainados, originando heridos por cortes y contusiones. Se asaltan tiendas de ultramarinos y de comestibles. En una casa de vecindad de la plaza de Argüelles —¿la de Dolores, futura mujer de Francisco Copado?— la casera fue secuestrada por los morosos, que la pasearon en triunfo un rato y más tarde la encerraron en un sótano, produciendo el hecho un formidable escándalo. "Inquilinos y caseros. Riña sangrienta. Sevilla 3.— La dueña de la casa número 42 de la calle de los Evangelistas, Isabel Elías, tenía frecuentes disgustos con una de las inquilinas de su finca, llamada Josefa Malasaña. Hoy se encontraron las dos mujeres, y luego de dirigirse recíprocos insultos se acometieron furiosas, esgrimiendo ambas grandes navajas. Isabel Elías recibió gravísimas heridas en distintas partes del cuerpo. Josefa Malasaña fue detenida por la Policía. Poco después de desarrollarse el sangriento suceso, se encontraron el amante de Josefa, que se apoda "el Madrileño", y el marido de Isabel. Ambos se acometieron; pero la oportuna intervención de algunos transeúntes evitó que la riña tuviera desagradables consecuencias. La Policía detuvo a los dos hombres". La Mañana, 4 de abril de 1919. El día 3 de julio en el número 62 de la calle Castilla al intentar el desahucio de uno de los vecinos los demás se amotinaron agrediendo al dueño, que resultó con contusiones; la finca sufrió grandes destrozos.
(2c) Estos porteros equivalían a los guardas jurados de los terratenientes en el medio rural. Siempre dispuestos a jugarse el físico para defender los intereses de sus amos. Ver Historia de los apellidos, 8. Mayo de 2019.

(3) El político conservador gallego Gabino Bugallal Araújo (1861-1932), II conde de Bugallal, adoptó una política de mano dura frente a la conflictividad social, llegando a tolerar la aplicación de la llamada "Ley de Fugas" que tanta sangre obrera derramó traicioneramente. Al ser asesinado Eduardo Dato en marzo de 1921 Gabino se hizo con la jefatura del gobierno de manera interina. Siendo ministro de Economía en 1931, ante el masivo apoyo electoral a la República apoyó el uso de la fuerza para defender a la monarquía.



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Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...