domingo, 24 de enero de 2021

Los olvidados, 12c.


El extenso panorama que se le ofrecía al abogado Francisco Caballero-Infante Soldado desde sus atalayas aljarafeñas, la primera en la plaza de Santiago y la segunda en la calle Príncipe de Asturias de Castilleja, —en edificios de su vivienda que a poco que se alzaran brindaban vistas despejadas y amplias de la Vega—, propiciaba que, en su consiguiente síntesis intelectual, abarcara la idiosincrasia y la suma sociológica de las personalidades de la comarca. Sobre ésta escribió a menudo en la revista de su propiedad, de la que era fundador y director: Sport Sevillano

La revista quincenal dio a la luz pública su primer número el 15 de enero de 1913, al precio de 60 céntimos, con una foto de portada del rey Alfonso XIII, presidente honorario de la Real Sociedad Automovilista Sevillana y de la Real Sociedad de Tiro de Pichones, así como "primer automovilista de España". 

Entre los socios fundadores de la R. S. A. S. están el cónsul belga Camilo Perreau y Otto Engelhardt, y de vecinos o relacionados con nuestra Villa vemos en la sobredicha sociedad a Sáinz de Rozas, Salinas Malagamba, Tassara, Benjumea, Marañón o Lastra.

 Francisco Caballero-Infante se encuentra bien apoyado, en sus iniciativas, por la aristocracia y la oligarquía sevillanas, cuyos miembros y algunos industriales importantes son quienes disfrutan de automóviles en los primeros años del siglo XX. Su revista informa especialmente sobre coches, pero no elude ni la aviación, ni la hípica, ni el ciclismo, ni la tauromaquia (al tomareño Ricardo Torres dedica largos artículos), ni el teatro, ni el fútbol, y está muy bien surtida de informaciones de eventos internacionales, los que acontecen en países tan distantes como Rusia, Japón o Norteamérica. De hecho mantiene correspondencia con un club automovilista nipón, que le envía fotografías.


Automovilistas japoneses, corresponsales de Francisco Caballero-Infante

Los primeros automovilistas sevillanos se enfrentaban a carreteras en pésimo estado. En general y sobre todo en los pueblos y en las capas inferiores de la sociedad hay gran rechazo hacia el automóvil. Bandas de chiquillos que se enseñoreaban de los territorios, niños que percibían a los ruidosos aparatos como a monstruosos enemigos, les demostraban su aversión por sus apestosos tubos de escape y por los manchurrones de líquidos pringosos que dejaban por caminos y carreteras. En la Calle Real de Castilleja la policía detuvo a cierto muchacho que al paso del automóvil de un personaje de la realeza borbónica que se dirigía al palacio de Montpensier le lanzó un caparazón de cangrejo buey adulto (con 25 centímetros de ancho y un peso de cerca de 2 kilos). 

"Son varias las denuncias que ha recibido esta R. S. por las pedreas de que son víctimas los automovilistas y. viendo la indiferencia de algunas autoridades, principalmente la de los pueblos, a corregir tan bárbaro atropello, y la pasividad de la guardia municipal que impávida contempla los racimos de zulúes que se suben á las traseras de los coches causando deterioros en los mismos, creemos ha llegado el momento de excitar el celo de aquélla para corregir tales abusos, pues de lo contrario, haciendo uso de la acción popular que nos concede la ley de Enjuiciamiento criminal en su artículo 25, haremos valer nuestros derechos". Sport Sevillano, 15 de febrero de 1913.

Se quejan los conductores de que los adoquines de las calles de Sevilla están sueltos, y al pasar sus automóviles salen despedidos los lodos del subsuelo que la lluvia forma, manchando a los peatones y produciendo las consiguientes reacciones violentas.
Algún malintencionado rellena con ramas y hierbas un profundo bache en la carretera entre Dos Hermanas y Los Palacios, y lo cubre con tierra para que no se distinga el socavón. Dos directivos de la Sociedad de Automovilistas que viajaban a Chipiona caen en la trampa, y el vehículo da un salto sin control y queda en la cuneta con los muelles delanteros rotos por el porrazo.


Daimler de 20 HP

Ildefonso Marañón se compra un Daimler de 20 HP, en el que en cierta ocasión transportó a jefe de la guardia del rey y a un par de otros importantes personajes de su séquito cuando visitaron Sevilla. También colaboró llevando a los hospitales soldados heridos y enfermos provenientes de Marruecos. Su hermano José Marañón registra un Panhard de 10 HP, 4 cilindros, 4 asientos, doble faetón.
Caballero-Infante vende uno de sus coches a la Sociedad "La Higiénica", fábrica de gaseosas y jarabes.
Se forma el Club Deportivo Sevillano para ciclistas, siendo nombrado vicepresidente Francisco Caballero-Infante, y juez árbitro Otto Engelhardt. El primero también es miembro de la Junta Directiva de la Sociedad de Regatas "Club Náutico", formada en noviembre de 1913.


Francisco Caballero-Infante introduce en Sevilla el movimiento de los boy-scouts, ya por entonces (1913) enraizado en Madrid, Barcelona y Valencia a partir del original de Inglaterra, fundado y organizado en 1907 por el general sir Robert Baden-Powell.  En los almacenes "El Águila" (calle Sierpes, 70 y 72) hace exponer Caballero-Infante un maniquí vestido con un uniforme de explorador que ha adquirido en Madrid, para dar publicidad a su movimiento y que los hispalenses fueran familiarizándose con los jóvenes. En su revista publica cartas de adhesión a la organización de exploración, reglamentos, noticias, comunicados, etc. referentes a ella, mientras prepara con una gran dedicación la estructura jerárquica escultista. Publica una carta en la que defiende a la organización de las acusaciones de ser masónica, antipatriótica y clasista. Por fin, en el Círculo de Labradores, los delegados del Comité nacional constituyen el Comité provincial, cuyo secretario va a ser Francisco Caballero-Infante.
Ciento ochenta muchachos sevillanos hay inscritos en junio de 1913. El domingo día 14 de septiembre de dicho año, tras los calores veraniegos, salen de excursión por primera vez, en doble fila por el camino bajo a San Juan de Aznalfarache, "con una avanzadilla para reconocer el terreno y señalar los obstáculos que pudiera haber". Solo nueve de los 180 disponen de uniforme. Al frente, Caballero-Infante, "iniciador en Sevilla de la Institución y verdadera alma de ella, que con admirable tesón y paciencia propia de Job, ha conseguido lo que con fines nunca bastante alabados se propuso".


Los tres primeros exploradores sevillanos

A la media hora dieron vista al pueblo, y se recomendó a los muchachos que tuvieran prudencia, porque no se sabía cómo iban a ser recibidos. En efecto, al entrar a la población un numeroso grupo de chavales los siguieron constantemente entre gritos, chuflas y berridos, "y gracias a que no nos apedrearon".
Enviaron dos exploradores a pedir permiso a Otto Enghelhardt para que les dejara acampar en su finca. Otto, "que es entusiasta por todo lo que significa adelanto y civilización, no solo puso la finca a disposición de los muchachos, sino que facilitó todo lo que necesitaron". Allí construyeron una choza con sus propios bordones cubiertos de ramaje, hicieron una camilla y levantaron un puente aéreo entre dos árboles. Tras merendar, regresaron a la ciudad por Triana. Era tal la aglomeración de gente curiosa que les esperaba que, por temor a que sucediera algo, tomaron un tranvía hasta la Plaza Nueva. Caballero-Infante en el Sport Sevillano agradeció a Otto las atenciones recibidas.
Al domingo siguiente volvieron los exploradores sevillanos al mismo lugar, pero esta vez solicitaron en San Juan que la policía los escoltase. De nuevo en la finca de Otto Engelhardt, se prepararon un arroz con carne, volvieron a levantar choza y puente, hicieron ejercicios de "gimnasia sueca" y saltos con los bordones a modo de pértigas, y a las 5,30 regresaron. Ya tienen local en la ciudad, cedido por el director del Casino Militar en un alto que daba a la calle Tetuán. Uno de los instructores es Antonio Ros Hernández, teniente de Infantería. La organización está transida de militarismo, ha encontrado simpatizantes entre la oficialidad y mandos del Ejército, y muchos de sus componentes son hijos de militares.


Antonio Ros Hernández, teniente de Infantería e instructor de boy-scouts sevillanos

Los jóvenes desarrollan una intensa actividad entre marcha y marcha. Forman una caseta de ramajos y mimbres en la Feria de Sevilla, o postulan con huchas por las calles para reunir fondos con que auxiliar a los soldados repatriados desde Marruecos.

El 23 de noviembre de 1913 hacen una excursión a Caño Ronco, a un kilómetro de Camas. La Vega está inundada de agua en descomposición de la última riada, pero en la falda aljarafeña el aire bajo un cielo azul es puro y perfumado. Al rato de acampar llegaron el secretario Francisco Caballero-Infante con su señora, Ramona López Oliva "acompañada de una simpática señorita (a quien no tengo el gusto de conocer) y del más simpático y más pequeño Explorador de España, Paquito Caballero-Infante [un sobrino de Francisco y Ramona], Socio protector de nuestra Asociación, los cuales, no reparando en las penalidades propias del camino y acceso a dicho sitio, para diversas señoras, se nos presentaron y nos obsequiaron a todos, con dulces, pastas y Jerez y a nuestros superiores con habanos". Sport Sevillano, 15 de diciembre de 1913. José Zunón y Zamorano, guía y cronista de la 1ª patrulla.

Pocos días después Francisco Caballero-Infante fue a Madrid a una reunión de Presidentes de Comités de Exploradores, como delegado del de Sevilla, para preparar una asamblea general. Fueron recibidos los comisionados de varias provincias españolas con toda fastuosidad y un gran despliegue de grupos de exploradores madrileños, que les hicieron demostración de sus capacidades de supervivencia en el Monte del Pardo.

"La excursión del día 30 de Noviembre. Memoria de la excursión verificada por los Exploradores Españoles (Sevillanos) a Castilleja de la Cuesta el día 30 de Noviembre de 1913.
A las nueve de la mañana de dicho día en el punto de reunión fijado de antemano (Plaza de Armas) eran ya muchos los Exploradores que allí se hallaban. A las 9 y 15 minutos empezó la formación por patrullas de a cuatro, poniéndose a las 9 y 25 minutos en marcha la columna expedicionaria al mando de los instructores Sres. Zunón y Espejo y subinstructores Sres. Ingunza y Rodríguez Caso.
El primer alto se hizo en la 'Pañoleta', donde fuimos recibidos por una numerosa representación del Club Deportivo Sevillano con un ¡Vivan los Exploradores Españoles! contestándosele con un viva a España y otro al Club.

Los ciclistas del Club Deportivo Sevillano se encuentran en La Pañoleta con los exploradores camino de Castilleja. Recordemos que el juez de línea de dicho club era Otto Engelhardt, creo que el primero por la derecha de la foto.

Acto seguido se emprendió el avance por la famosa cuesta de Castilleja, haciendo algunos altos para no fatigarse demasiado; después de terminar el paso de la cuesta se hizo alto en la famosa Ermita de Guía, donde los Exploradores dieron limosnas a las hermanitas de la infeliz asesinada (1); después se siguió el camino del pueblo pasando por sus calles marcialmente; se hizo alto delante del célebre palacio donde murió Hernán Cortés, hoy propiedad de las Irlandesas de Sevilla.
El alcalde del mencionado pueblo (2) nos revistó quedando muy complacido del estado de instrucción en que nos hallamos. Se puso otra vez en marcha la columna llegando próximamente a las 12 y 1/2 a la hacienda del Sr. Marañón (3).

Haciendo la comida. Forman un pelotón alrededor de la candela porque en pleno mes de noviembre debía hacer frío.

Algunos exploradores se pusieron a guisar los víveres que llevaban, siendo probados todos los guisos por los Instructores, encontrándolos buenos y en su punto.
Después de verificado el almuerzo, al mando del Sr. Rodríguez Caso hicieron los 'boy-scouts' instrucción y gimnasia sueca, dándoseles un descanso para recoger la impedimenta y ponerse en marcha de regreso a Sevilla.
En el camino se hicieron varias aguadas, regresándose por el camino de la trocha, llegando a Sevilla a las 6 y 10 minutos y se dirigieron por las calles céntricas a la Plaza de San Fernando, en la que se disolvieron las patrullas a las 6 y 1/2, después de los vivas acostumbrados. Rafael Pesqueira Bernabeu (4). Guía de la 3ª patrulla". Sport Sevillano, 15 de diciembre de 1913.

(1) Por "Perico el Ventero", la joven Rosario Oliver Rodríguez fue acuchillada hasta morir. El crimen tuvo una gran resonancia. Era nieta de Juan Manuel Oliver Jaén y de Carmen Chávez Rodríguez, naturales de nuestra Villa. Su padre, José Oliver Chávez, nacido en Castilleja en 1860, mantenía a su mucha familia con las limosnas y el sueldo de ermitaño y con una huertecilla cuyos productos llevaba a Sevilla en su mulo y vendía en un puesto del mercadillo del Postigo del Aceite. Estaba casado con Carmen Rodríguez Oliver, también natural de esta Villa, con quien tenía, además de a Rosario —nacida en 1898—, a Francisca, Dolores, Antonia, Carmen, José, Manuel y Romualdo Oliver Rodríguez. Ver Padrón, 1x. Diciembre de 2015. 

(2) El alcalde referido era Manuel Rosales Quintanilla, quien ese 1913 había sustituido interinamente a Francisco de los Reyes Sánchez. El indicado alcalde, habiendo sido informado de los acosos que la chiquillería mostrenca dispensaba a los "boy-scouts" allá donde iban, puso a disposición de los instructores a los cuatro agentes policiales, llamados pomposamente "Cuerpo de Guardias Municipales Armados", que formaban la plantilla de reciente creación en el pueblo, orgullo de su administración y descanso y paz de los privilegiados, poco más o menos como ocurre en nuestros días.
Estamos en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Época de predominio total del Reino Unido en lo político, en lo económico y en lo colonial, y por consiguiente en lo cultural. Y la formidable extensión del movimiento escultista tiene mucho que ver con este estado de cosas, aunque en España, la caverna siempre xenófoba, en principio lo hubiera tildado de antipatriota. Caballero-Infante reflejará esta situación mediante la abundantísima utilización de anglicismos en su revista —ya desde su título, Sport—. Dice Corominas que el antiguo "deporte", usado en castellano con el sentido de "solaz, entretenimiento" desde el siglo XVII, fue después calco moderno del inglés "sport" con el significado de "actividad, comúnmente al aire libre, con objeto de hacer ejercicio físico", ya a finales del XIX. Caballero-Infante desprecia el vocablo castellano y utiliza el inglés, por las razones antedichas de preponderancia cultural de los británicos. En las hemerotecas con el sentido primario de "diversión" lo encontramos tempranamente en el Semanario de Zaragoza del 10 de diciembre de 1798.

Modelo y guía de Francisco Caballero-Infante era Robert Stephenson Smyth Baden Powell (1857-1941), quien sirvió a su país, Inglaterra, en la pelea por la suculenta presa de Sudáfrica que le disputaban los afrikáneres (bóeres), grupo étnico de origen neerlandés.

"Una de sus tácticas preferidas era la de engañar al enemigo haciéndole creer que se enfrentaba a un ejército mayor al real, para lo cual fabricó maniquíes de soldados [recordemos el maniquí vestido de scout que Caballero-Infante hizo colocar en el escaparate de los almacenes El Águila].
Basado en el concepto de que la mejor defensa es el ataque, Baden-Powell golpeaba al enemigo cada vez que podía, con el escaso material con que contaba. En ese ambiente, en que todos los hombres eran necesarios para la defensa de la ciudad [de Mahikeng], Baden-Powell reunió un cuerpo de cadetes al cual uniformó, dándoles la tarea de llevar los mensajes y órdenes, hacer de centinelas y ayudar en la distribución de alimentos y medicinas (con esto pudo ocupar en la batalla a los hombres que se encargaban de cumplir estas funciones). Al mando de este cuerpo de cadetes estaba un joven oficial llamado Goodyear. Con gran coraje y responsabilidad, incluso bajo fuego enemigo en sus bicicletas, sorteaban los inconvenientes y cumplían con lo ordenado. Baden-Powell se dio cuenta de que cuando a un joven se le da una responsabilidad, este pone mucho empeño en cumplirla. Este razonamiento fue el principio del movimiento Scout". Wikipedia.

(3) Igual que Otto Engelhardt había hecho permitiendo acampar a los exploradores en su finca de San Juan de Aznalfarache hizo Ildefonso Marañón Lavín en la suya de Castilleja, la cual abarcaba todo el antiguo pago de Las Escaleras además de partes de los términos municipales de Gines y Bormujos. El caserío de la finca de Marañón era lo que hoy es San Ignacio. Marañón, además de terrateniente, fue uno de los fundadores de la Compañía Sevillana de Electricidad, que había traído el tendido y la luz a Castilleja poco tiempo antes de la llegada de los boy-scouts en 1913. Además fue accionista de la empresa sevillana "Tranvías S. A.", dos compañías en las que Otto jugó capital importancia, como luego veremos. Ildefonso Marañón, nacido en Sevilla en 1868, murió en ella en 1948. Casado con su sobrina Elvira Sáinz de Rozas Marañón (1882-1930), fueron sus hijos Manuel, Ildefonso, María del Carmen y María de los Ángeles.
Todavía se apreciaban en las tierras de Marañón —así como en las demás del pueblo— los efectos de una densa plaga de langosta que había antecedido al arribo de los exploradores. La hierba era rala, pelada, dejando ver extensas calvas marrones. Muchas arboledas presentaban, como batallones de esqueletos escandalizados, sus ramas desnudas hacia el cielo. "El señor Presidente de la Junta Local don Lorenzo Silva Oliver manifestó que con motivo de haber salido al campo en la mañana de hoy, había observado una invasión enorme de langosta estacionada en la mayoría de las fincas del término municipal, que destruiría los sembrados. Que a su parecer revestía dicha invasión caracteres de gravedad, por encontrarse estacionada la expresada langosta en amplios terrenos sembrados en su mayoría de garbanzos, maíz, cebada, trigo y frutas diferentes, sin muestra alguna a desaparecer, pues siguen entrando en cantidad alarmante dichos insectos en dirección Norte". Archivo Municipal de Castilleja de la Cuesta.


Ildefonso Marañón Lavín

"Seguidamente incluyo la Orden de 14 de mayo de 1947 por la que se fija la cantidad que ha de abonarse a doña Ana Sainz de Rozas Marañón, por expropiación de la finca denominada "Cerca de Marañón", sita en Castilleja de la Cuesta (Sevilla). He aquí las primeras actuaciones para la construcción de la barriada de la Inmaculada Concepción. Antes, según fuentes orales consultadas por mí en Castilleja, toda esta "cerca de Marañón" era "campo y más campo", "había junto a la hacienda un palmeral, y un naranjal de frutos pequeños y agrios", "un pozo con su noria y la subsidiaria alberca se encontraban junto a lo que hoy es colegio Juan XXIII" (la antigua escuela de los Hermanos Maristas). A este pozo, para alivio del borriquillo, se le instaló luego un estruendoso grupo moto-bomba". Historia de los apellidos, 17. Junio de 2019. Ver también la serie de entradas titulada Las Escaleras que comienza en la del 10 de junio de 2008.

(4) El ferrolano Eduardo Pesqueira Domínguez, nacido en 1876, registrador de profesión, vivía con su familia en Sevilla desde 1901, en la calle Argote de Molina n.º 19. Su mujer era la sevillana Mercedes Bernabeu Ojeda, nacida en 1868. Sus hijos fueron José María, Manuel, Enrique, Carlos y el Rafael que anduvo enseñando a hacer fogatas a los escultistas en la hacienda de Marañón en Castilleja de la Cuesta. Entonces Rafael debía tener unos 15 años de edad, siendo así uno de los instructores más jóvenes del movimiento hispalense.
Su hermano Carlos, el más pequeño de todos, nació en Madrid en 1900, ciudad en la que por entonces se encontraba la familia al completo. Los demás, en Valencia de Alcántara (Cáceres).
 
Manuel Pesqueira Bernabeu tuvo por compañero de estudios a Luis Alarcón de la Lastra en la Academia de Artillería de Segovia. Luis Alarcón, al paso del tiempo y alcanzado el generalato, sería suegro de Alfonso Guajardo-Fajardo Albarracín, el hacendado de nuestra Villa que alojaba militares alemanes (ver la entrada anterior). 
Sufrió este Manuel Pesqueira en marzo de 1912 una intoxicación siendo alumno artillero, producida por la inyección hipodérmica —sin prescripción facultativa— de veinte centigramos de cloruro de morfina que le facilitaron en una droguería en la calle Juan Bravo n.º 15 de aquella capital, propiedad de Andrés Hernánz Pérez, al cual se le multó por ello con 75 pesetas tras la intervención de las autoridades de la Academia y de la judicatura. Pero Manuel, posiblemente adicto a la droga, persistió consumiéndola cada vez en mayores dosis:

"Desgraciado accidente. Muerte de un teniente de Artillería. El primer teniente de Artillería recién ascendido D. Manuel Pesqueira Bernabeu, venía desde hace tiempo aplicándose dosis de morfina, para atenuar los intensos dolores de muelas que padecía (sic).
Parece ser que esta tarde a las tres, como no encontrara alivio a sus dolores, se administró una mayor dosis de morfina, con tan desastrosos efectos que a los pocos momentos era cadáver.
Los compañeros del Sr. Pesqueira que vivían con él, grandemente alarmados, se apresuraron a poner el hecho en conocimiento de las autoridades.
El teniente finado era natural de Sevilla, y contaba veinte años de edad.
A la hora de cerrar nosotros este número se halla el Juzgado instruyendo las oportunas diligencias en el domicilio del Sr. Pesqueira.
Lamentamos este accidente, que ha arrebatado la vida a un joven oficial de Artillería, en los comienzos de su brillante carrera". El Porvenir Segoviano, 2 de julio de 1914.

Al año siguiente aprobó el curso de segundo teniente en la Academia de Ingenieros otro de los hermanos, el mayor, José María Pesqueira Bernabeu. José María se casó en agosto de 1925 en Madrid con María Antonia Susanna, hija del teniente coronel de Ingenieros Francisco Susanna. Tampoco tuvo suerte en la vida José María, con un trágico final recién casado:

"Grave accidente de automóvil: dos muertos y dos heridos. La Guardia Civil de Carabaña comunicó ayer a la Dirección de Seguridad detalles de un grave accidente de automóvil ocurrido anteayer en las proximidades del pueblo de Carabaña.
A consecuencia del vuelco de un automóvil que conducía el conocido deportista D. Pablo Nanot, quedaron debajo del coche éste y el capitán de Ingenieros, perteneciente al primer regimiento de Ferrocarriles, D. José María Pesqueira Bernabeu, domiciliado éste en la calle de Diego de León, números 4 y 6.
Otros dos ocupantes del automóvil, el capitán aviador D. Roberto Otaola y un caballero cuyo nombre se desconoce, fueron lanzados a cierta distancia.
Las consecuencias del accidente fueron terribles.
Los Sres. Nanot y Pesqueira resultaron muertos, y sus cadáveres fueron extraídos de debajo del automóvil, que quedó destrozado.
El capitán Otaola y el otro viajero resultaron heridos; pero su estado no ofrece cuidado.
El capitán Pesqueira era director de una Compañía comercial.
El Sr. Nanot era persona conocidísima en Madrid. Frecuentaba los Casinos, singularmente el Aero Club, donde era muy estimado". ABC, 11 de agosto de 1925.

Antonio Pesqueira Bernabeu —quien no aparece en el padrón sevillano de 1901— también estudió en la Academia Militar de Ingenieros, perteneciendo a la 98ª promoción. Y Enrique Pesqueira Bernabeu fue nombrado en abril de 1939 delegado de Hacienda en Lugo.

Tras pasar por Sevilla donde vivió su experiencia de instructor explorador, Rafael Pesqueira Bernabeu regresó a la capital de España, donde lo encontramos en 1927 figurando como miembro de la junta directiva de la Masa Coral de aquella ciudad. Además era topógrafo.


Murió el Sport Sevillano prematuramente, y poco faltó para que lo hiciera también el movimiento sevillano de los boy-scouts que intentó impulsar el abogado deportista, quien, por cierto, desaparece de la escena pública cuando en el mentado escultismo hispalense comienzan a proliferar los conflictos internos. Los dos hermanos, Emilio y Francisco Caballero-Infante están presentes por última vez en marzo de 1914 en un campamento en Tablada, en un acto de entrega de bandera a la tropa sevillana, que suma 200 muchachos ya. 
Luego, en 1918, el movimiento sufrió su primera reorganización, y al año siguiente otra, más radical:

"Parece que esta Agrupación de Exploradores [de Sevilla] no terminaba de cuajar, pues cuando el día 18 de noviembre de 1919 el secretario general realizó una visita de inspección a la Tropa de Sevilla, propuso la reorganización de dicha Tropa. Suspendiendo mientras las excursiones por un período prudencial "durante el cual había de practicarse una labor de preparación de los exploradores para poder reanudar la vida escultista en condiciones de seriedad y eficacia".
Esta medida se proponía dado el estado de desorganización en que se encontraba aquella Tropa: falta de registros, historiales y documentación reglamentaria, imposibilidad de conocer fehacientemente la antigüedad, grados y categorías de los muchachos, incumplimiento de la ley de Asociaciones, y otras causas.
A pesar de la suspensión, en 1920 hicieron una marcha a Itálica (Santiponce), a cargo de uno de los mandos disidentes. Interviene el gobernador civil, y la prensa informa de que "había ordenado la detención de un joven que vestía el uniforme de explorador, y al que se le obligó a despojarse de dicho traje". La revista El Explorador —órgano oficial del escultismo español— del 30 de octubre de 1920 se hace eco de todos los detalles y de los antecedentes que se habían producido en el verano anterior, cuando se acordaron dimisiones entre los directivos. 
Pero algunos jefes no acatan los acuerdos y se niegan a darse de baja, no se autorizan los libros de actas, los depositarios de los enseres, utensilios y equipos no rinden cuentas, se fuerza el candado de la puerta del departamento que almacenaba los indicados efectos, el vestuario, el instrumental. El Consejo Nacional suspende al sevillano y disuelve la tropa, prohíbe cualquier acto escultista y el uso de uniformes e insignias. Hasta llegaron a cruzarse anónimos con amenazas de muerte.

"Después de unos años de latencia, vuelve a resurgir en 1924 el escultismo en la capital andaluza, y se reorganiza el Consejo local de Alto Patronato".

En el mes de octubre de 1924, se celebra en Sevilla un magno Congreso Médico: el Iberoamericano de Ciencias médicas. Su apertura estuvo presidida por Alfonso XIII. Con motivo de lo cual llega desde Madrid una visita de exploradores para contribuir a la reorganización del maltrecho escultismo sevillano, organizada por el doctor Decref, —un hombre relacionado también con la Federación Sanitaria de Andalucía, gran promotor del excursionismo—. Acampan en el Parque de María Luisa. Pasan una semana de desfiles, visitas a monumentos, actos oficiales, etc. y por fin los madrileños salen en tren para Córdoba. 
En diciembre se conceden medallas de oro, plata y bronce al Mérito Escultista, pero Francisco Caballero-Infante está ausente, como si se lo hubiese tragado la tierra. Siguen tiempos de actividad, con gran participación de la aristocracia y de la familia real cuando reside en la capital andaluza en algunas de sus visitas. 

"El campamento internacional, que se tenía previsto realizar en Sevilla el año 1929, con motivo de la Exposición Iberoamericana, al final se realizó en Barcelona por la Exposición Internacional". 

Hasta los tiempos gloriosos de la Segunda República Española el movimiento de los exploradores en este país ignoró y despreció al sexo opuesto. Fue en 1933 en Málaga cuando se organizó un Grupo de Muchachas Guías por parte de distinguidas personalidades del magisterio, aunque con actividades muy centradas en manualidades y labores. En algunas ciudades andaluzas los boy-scouts ayudaron a los bomberos a sofocar los incendios en iglesias que las masas ocasionaban en protesta por los abusos eclesiásticos.


Una de las primeras girl-scouts de Andalucía

La Guerra Civil arrasó con toda la incipiente integración de las muchachas en el escultismo. Ver, de Francisco José Armada Muñoz, El escultismo andaluz. Un siglo de educación para la buena ciudadanía. Real Isla de León, 2007.

Pasaron los años y el Sport Sevillano quedó atrás, como queda dicho. Francisco Caballero-Infante Soldado escribía, en la paz de su casa de la castillejana plaza de Santiago su libro Educación cívica y su alcance en la Escuela primaria, los niños y las instituciones de los exploradores y Somatenes de España, editado por la Asociación de Maestros de Primera Enseñanza San Casiano. Sevilla,1924. Parecía que el abogado quisiese recapitular el contenido en valores del movimiento juvenil, subsanando así el gran daño que los intereses individuales y espurios le habían infligido.
Hay momentos en que es difícil, muy difícil, escribir en la plaza de Santiago. Son cuando, favorecido por párrocos cerriles, el núcleo duro de la cofradía la emprende horas y horas con el tradicional lanzamiento de cohetería y petardística.
Caballero-Infante abomina de estas bárbaras manifestaciones de incultura, pero aparte de algún episodio de irritabilidad no pierde capacidad de análisis. Ha observado desde su ventana las conductas de los más cerriles católicos del pueblo, el modo de relacionarse que tienen con las jerarquías cofrades, el cómo supervisa todo el párroco, la postura de las máximas autoridades eclesiásticas hispalenses al respecto. Saca sus propias conclusiones.

Uno de los coheteros, acaso el más viejo de ellos, es un pobre diablo analfabeto apodado "El Mamarrachada" que al entrar en años dejó de lado su vida disoluta, plagada de pendencias, alcohol y abusos, y se acogió, con base en el principio cristiano de perdón y caridad, a la protección de la horda creyente. Fue de buena gana admitido el carcamal en ella, y el cura lo apuntó en la nómina de sus esbirros más eficaces y contundentes. Llevaba a cabo Mamarrachada la labor encomendada a la perfección, la cual no era otra que impedir cualquier actividad intelectual en el pueblo fuera de las que —a sus horas determinadas— autorizaba la cabeza pensante de la parroquia. Para lograrlo recibió un cursillo de lanzamiento de artefactos pirotécnicos, y se empleó tan a fondo en su labor que a los pocos años padecía una sordera colosal, además de un ojo, el izquierdo y ya de por sí algo estrábico, medio averiado por una explosión intempestiva.

Francisco Caballero-Infante, a pesar del naufragio sufrido tras sus afanes pedagógicos, no perdía la esperanza de mejorar a la sociedad por medio de la educación temprana, como podemos comprobar viéndole escribir hora tras hora a pesar de que tal presa, la de la educación, le era disputada con uñas y dientes —y explosiones coheteras— por una implacable institución: la poderosa iglesia católica, apostólica y romana.
Poco tiempo tardaron los ensotanados en apercibirse del potencial de adueñarse de la organización de los boy-scouts para dominar y modular a la sociedad. De cara al gran público español, solo tuvieron que recurrir a un adjetivo, el de "católico", para llevarse las ovejas a su propio redil. De manera que desgajaron del tronco principal una rama a la que denominaron MSC (Movimiento Scout Católico), la sembraron al abrigo de sus muchas instituciones, la hicieron medrar con dinero ajeno, y por fin se sirvieron de ella para extender el control social en propio provecho, todo ello con el beneplácito de la Santa Sede y el mantenimiento de contactos formales con la siniestra Conferencia Episcopal Española.
En nuestra Villa tomó el relevo del excursionismo juvenil, —ahora con el imperante, protagonista y ubicuo membrete católico— Rafael Bellido Caro.


Rafael Bellido, una personalidad castrante que desplegó —con sutileza, diplomacia y verborrea— amplia gama de técnicas psicológicas para reprimir el desarrollo normal de la sexualidad, neurotizando a varias generaciones de castillejenses. Proporcionó abundante material para las canteras de idiotizados costaleros de pasos de Semana Santa, de capillitas para parasitar los templos, y de toscos cornetas y tambores de sus estruendosas bandas de música. Tiene Bellido calle en Castilleja, y el título de Hijo Predilecto de ella, lo cual denota la claridad mental y la capacidad de razonamiento de nuestras administraciones, o el cómo va de la mano de la política y de la de la religión el embrutecer a las masas.

Rafael Bellido estuvo muchos años vinculado a Castilleja, pueblo en el que, ya retirado y viviendo en un piso con sus hermanos, le dio un ataque cardíaco, y, trasladado al sevillano hospital de la Macarena, fallecería el 16 de marzo de 2004, a las dos semanas de su ingreso . Había nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz), el 10 de marzo de 1924, y recibió la ordenación sacerdotal nada menos que de manos del cardenal arzobispo de Sevilla Pedro Segura Sáez, uno de los engendros más crueles que nutrió el franquismo. Apuntaré, sobre el tema que tratamos, que Rafael el cura fue consiliario de las ramas juveniles de Acción Católica Diocesana, y durante 14 años capellán del convento de las Irlandesas de nuestra Villa. Y que alcanzó el obispado de una nueva circunscripción, llamada de Asidonia-Jerez.
El hombre, tal como anticipé, organizó en Castilleja un grupo de jóvenes excursionistas, con actividades diversas además de la de salir alguna vez a la ribera del río Guadiamar a pasar unos días de acampada. Esta agrupación recibió el nombre de C. I. T. A. (Club Infantil Tres Amigos), y su estructura era copia de la de los boy-scouts, pero transida del catolicismo que arriba referimos.

De esta manera, convenientemente uniformados los niños exploradores castillejenses con camisa verde turquesa de corte militar, pantalón corto marrón y boina negra con insignia plateada —equipo cuyo precio se cargaba a las familias—, el cura Bellido alquilaba un autobús y se llevaba a las criaturas a algún calvero del término de Sanlúcar la Mayor junto al río, en donde se limpiaba de abrojos el terreno al llegar, se erigía un mástil con la rojigualda, se levantaban en derredor quince o veinte tiendas de campaña, y con la ayuda inestimable de unos cuantos instructores, duros mozarrones ya en la treintena de sus vidas, bastante antipáticos y adustos —se echaba de ver que eran religiosos—, mantenían hora tras hora y día tras día a la chiquillada más ocupada que entretenida y menos divertida que cansada. A veces de noche los mozarrones tenían que imponer el toque de queda y silencio sacando al pie del poste central a los más alborotadores y chistosos, a quienes, tras un azote y tirón de orejas, tenían firmes en medio de las tinieblas el rato que les parecía. 
De mi estancia en aquellos campamentos recuerdo dos cosas, a saber: mi empeño en fabricar un boomerang, para lo cual me basé en un plano con los pasos a seguir, plano que había llegado a mis manos por no recuerdo qué vía; cuando uno de los instructores me observó, escofina en mano debastando los bordes de una tabla vieja, me dijo sin consideración alguna y como un trallazo: "¡deja de hacer tonterías, Oliver!", y toda la ilusión que tenía en tan exótico artefacto desapareció, de tal forma que abandoné al punto el proyecto.
Y el segundo recuerdo fue también decepcionante y triste, ya que supuso la dolorosísima muerte de un animalito inocente, una tortuga de tamaño considerable que capturé en el río y a la que, a la espera del cercano fin de la acampada, —restaba un día o poco más—, guardé en una vieja lata oxidada, llena de agua y oculta bajo un matorral, con la intención de pasarla de contrabando en el autobús, mas, ¡oh, desdichado de mí!, cuando ya con la impedimenta lista formábamos para dirigirnos al vehículo y pude encontrar un minuto para recuperar mi vivo tesoro, descubro horrorizado tras una tufarada repugnante de podredumbre el cadáver del quelonio, cuyas fofas hinchazones se expandían fuera del caparazón: había perecido hervido por la acción de unas horas del fuerte sol que incidió en la improvisada pecera.



Falleció Francisco Caballero-Infante Soldado en Castilleja de la Cuesta el 26 de enero de 1950 a consecuencia de asistolia según certificación facultativa. El funeral se celebró en la iglesia de Santiago de dicha nuestra Villa, y el cadáver fue trasladado al cementerio de San Fernando en Sevilla, donde se inhumó. 


Partida de defunción de Francisco Caballero-Infante

Su esposa le sobrevivió mucho tiempo, faltándole muy poco para alcanzar el centenario de vida cuando se produjo su fin en Arcos de la Frontera el 2 de enero de 1977, con 98 años de edad. No dejaron descendencia directa.


No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...