lunes, 8 de febrero de 2021

Los olvidados, 12e.


(Viene de la entrada anterior)

 En Valencia hospedaron a don Gaspar de Guzmán en las Torres de Serranos (1), lugar seguro que le sirvió a modo de hospital de reposo. Tan fue así que, merced a que junto a él vivían otras refugiadas madrileñas como fueron las excelsas criaturas de Pedro Pablo Rubens, pudo disfrutar a cualquier hora de aquellas carnes rotundas, blancas y perfumadas, de aquellas morbideces, de aquellos labios carnosos y virginales que se le entregaban ora por un trozo de embutido con un tranco de hogaza de pan, ora por una bandeja de dulces moriscos, ora por unas botellas de licor espirituoso, u ora simplemente por puro y duro placer sexual. Hombre fogoso como es bien sabido que fue, podía satisfacer a Diana y a todas sus ninfas en una sola jornada de orgía. Alternaba, elitista, con algunas borracheras semanales con los dioses del Olimpo, y para despejar la mente acudía a cierta lectura que desde siempre le había embelesado: el Guzmán de Alfarache (2) del sevillano Mateo Alemán en una primera edición que María Teresa León salvó de la Biblioteca Nacional y que los milicianos de guardia dejaban  a modo de préstamo bibliotecario en sus manos cuando, a cualquier hora, la requería.
Gustaba don Gaspar en especial de la segunda parte, en la que el pícaro protagonista de la novela llega a Roma y comienza a vivir sus hilarantes aventuras (3). El dueño de vidas y haciendas castillejenses se veía reflejado en aquellos capítulos y párrafos como si se encontrara frente a un fiel espejo. Dicho sea de paso, las andanzas del personaje de Alemán recuerdan un poco a quien esto escribe a Marina Cepeda Fuentes cuando desembarcó en Génova en 1971.


Solía también el conde-duque regalarse con largos paseos por las calles de Valencia, una ciudad que durante aquellos meses parecía vivir ajena a la Guerra, ignorante de que en el Madrid arruinado por los bombardeos diarios reinaba el hambre. En la ciudad parecía no existir conflicto bélico alguno. La gente reía y disfrutaba de la vida, recibiendo con calor y fraternidad a los combatientes de permiso, soldados jóvenes y alegres que llenaban de vida y bullicio calles y plazas, y a refugiados que encontraban grande consuelo en aquel ambiente festivo.
En una de las indicadas plazas coincidió cierta amable tarde con Diego Velázquez, quien tanto había estudiado su rostro. El pintor, aunque algo demacrado y melancólico, con manchas de pintura en pecho y dedos todavía, formaba parte del tropel de refugiados por su autorretrato de Las Meninas, y se ensombrecía recordando la peripecia sufrida por sus encantadoras niñas-modelos y por el mismo en el puente de Arganda, en un extraño ejercicio mental de autocompasión que al conde-duque se le escapaba porque pertenecía a una personalidad desdoblada en dos realidades. A pesar de los contratiempos el gran pintor mantenía su limpia, noble y directa e inteligente mirada, quizá algo distante, característica esta última que no mermaba su atractivo.
A don Gaspar solo ensombrecía el ánimo de tarde en tarde el recuerdo del viaje y el consiguiente resfriado, y cuando se le representaba en la imaginación la directora de la Junta del Tesoro Artístico le invadía un venenoso mal humor. Acogió con alegría la noticia de su destitución, sintiéndose por ello resarcido moralmente.

(1) "Durante la guerra civil española sirvieron como depósito de las obras evacuadas del Museo del Prado, tras realizarse una necesaria adaptación para tal fin. En este sentido, en diciembre de 1936 se construyó una bóveda de hormigón armado de 90 cm. de grosor sobre el suelo del primer piso destinada a evitar que las obras de arte, alojadas en el piso más bajo, sufrieran daños en caso de bombardeo y derrumbe del edificio. Sobre esta bóveda se acumuló un metro de cáscara de arroz (destinada a actuar como amortiguador) y, sobre ella, un metro de tierra. En el segundo piso se acumuló otro metro de tierra y la terraza fue cubierta con sacos terreros. Además se instaló un sistema automático de control de la humedad y de la temperatura. Todo ello realizado siguiendo el proyecto, y bajo la dirección, del arquitecto de la Junta Central de Salvamento del Tesoro Artístico, José Lino Vaamonde". Wikipedia.

(2) Los personajes y seres literarios que se alojaban entre las páginas de los libros salvados por María Teresa León de la Biblioteca Nacional y de otras amenazadas por las bombas franquistas que llovían sobre la capital de España formaron, como es natural, columna paralela de refugiados en el viaje Madrid-Valencia, y de igual manera que los pictóricos —o los tallados en mármol, moldeados en barro, etc.—, se repusieron en la ciudad levantina. ¿Contactos entre unos y otros? Húbolos ciertamente, pero por ahora me referiré al que se estableció entre el conde-duque de Olivares y el pícaro Guzmán de Alfarache, por mor de simplificación del relato.

"Tenía, en efecto, el Conde-Duque pasión por los libros. Heredada, sin duda, de su padre don Enrique, al que llamaron 'el papelista'; alimentada en sus estancias juveniles en Roma y en Napóles; después, en sus años universitarios de Salamanca y, finalmente, en las épocas de vida literaria, bohemia y amorosa, sobre todo en Sevilla, donde intimó con tantos escritores y poetas, muy singularmente con Rioja. Olivares llegó a ser uno de los bibliófilos ilustres de la España de su tiempo". La biblioteca del Conde-Duque. Gregorio Marañón. Boletín de la Academia de la Historia, tomo 107, año 1935.

(3) Cuando el pícaro Guzmán, entonces apenas un muchacho, llega a Génova (3a) tras dejar el barco del capitán que hasta allí lo llevó, comienza a preguntar por sus antepasados (3b), pero al verlo tan sucio, lleno de piojos y desaliñado, los genoveses lo desprecian, y llegan hasta a insultarlo y agredirlo llenos de asco. Entonces se le acerca un anciano de aire amable y bondadoso, de báculo y larga barba blanca, que  le dice que conocía mucho a sus familiares, que no se preocupara, y que fuera con él a su casa a cenar y a dormir, que al otro día irían a buscarlos. La casa es un palacete lujoso, el joven es introducido en un dormitorio y el criado deja la luz encendida, diciendo que en aquella tierra hay unos grandes murciélagos y que la única forma de evitar que entren en los dormitorios es dejando la vela encendida. Guzmán se lo cree, y se dispone a dormir entre lujosas y perfumadas sábanas. De madrugada lo despiertan unos ruidos y ve horrorizado cuatro bultos que se dirigen a la cama, deslizan una manta bajo su cuerpo y comienzan a mantearlo sin piedad, hasta que pierde el sentido. Por la mañana se despierta embadurnado en excrementos y medio descoyuntado —"las costillas me sonaban en el cuerpo, como bolsa de trebejos de ajedrez [...] no había ligadura fiel en toda mi humana fábrica"—, y se pregunta si todo ha sido un sueño. Entra el criado y le dice que su señor está oyendo misa, y que llegará prontamente. Guzmán aprovecha un descuido para tomar las de Villadiego y no para hasta llegar al camino de Roma, el cual emprende sin mirar atrás. Comienza a mendigar, se junta con otros pobres y aprende "sus estatutos y leyes".
Unos capítulos anteriores encontramos la explicación al maltrato que sufre el joven sevillano por parte de los genoveses, cuyas causas no eran solamente por su repugnante aspecto. Tras unas consideraciones sobre la herencia moral y material de los padres de cada cual, dice el pícaro Guzmán: "Cuanto a lo primero, el mío y sus deudos fueron levantiscos (3c). Vinieron a residir a Génova, adonde fueron agregados a la nobleza. Y aunque de allí no naturales, aquí los habré de nombrar como tales. Era su trato el ordinario de aquella tierra, y lo es ya por nuestros pecados en la nuestra, cambios, y recambios por todo el mundo (3d). Hasta en esto lo persiguieron, infamándolo de logrero; muchas veces lo oyó a sus oídos, y su buena condición pasaba por ello. No tenían razón, que los cambios han sido, y son, permitidos. No quiero yo loar, ni Dios lo quiera, que defienda ser lícito lo que algunos dicen, prestar dinero por dinero, sobre prendas de oro o plata, por tiempo limitado, o que se queden rematadas".

(3a) La madre de Rafael Alberti, María Merello, pertenecía por linaje a una antigua familia genovesa. Juan Vicente Merello Cerisola fue su antepasado directo, nacido en Génova en 1809 y muerto en Cádiz. Era hijo de Domenico Merello, cuyo nacimiento se estima entre 1770 y 1785. En el Puerto de Santa María Isabel Merello y Álvarez-Campana se casó con Fernando Carlos de Terry y del Cuvillo hacia 1934, procreando a Fernando, Tomás, Isabel, María Cristina, Jesús, María Inmaculada, Ignacio, Gonzalo, Rafael y Santiago.


El poeta es recordado en Castilleja de la Cuesta con una calle a su nombre

(3b) El mismo Alberti en Italia recurre —salvando las distancias— a idéntico argumento, el de sus antepasados, para alcanzar una mayor integración social.

(3c) Levantiscos, es decir, judíos.

(3d) El padre de Guzmán, judío, se dedicaba en Génova al oficio de prestamista usurero, por lo que se granjeó la enemistad de muchos ciudadanos. De ahí que Mateo Alemán —también con antepasados judíos— haga a su personaje razonar sobre la diferencia entre la sangre heredada y las carencias morales sobrevenidas y no ajenas a la voluntad de cada uno. 
Parece ser que incluso el conde-duque de Olivares tenía antecesores judíos.


Los Alberti son de origen toscano. De niño Rafael oía hablar italiano en su casa del Puerto de Santa María. Su abuelo, Carlos Alberti, era florentino, y su madre era española pero con origen en la Liguria, en Génova, como queda referido. Los tíos abuelos del poeta eran españoles pero entendían el italiano. Eran pequeños bodegueros que acabaron absorbidos por el monopolio de las tres o cuatro poderosas firmas vitivinícolas gaditanas. El padre de Alberti, Agustín, que entendía de vinos, fue nombrado por Terry y después por los Osborne representante de sus vinos para los mercados internacionales. 
Rafael Alberti estudió sus primeras letras en el colegio de párvulos de las carmelitas del Puerto, y después cuatro años de bachillerato con los jesuitas en San Luis Gonzaga de dicha localidad. Desde 1917 cuando la familia se traslada a Madrid, y el joven aficionado a la pintura se hace asiduo visitante del Museo del Prado, en donde elabora infinidad de apuntes y prepara copias de los grandes maestros, hasta que en 1922 opta por la escritura. 
En Roma Rafael vuelve por sus fueros pictóricos, practica el aguafuerte, la litografía, la serigrafía, y prepara ilustraciones para una edición de poemas de Federico García Lorca.

Al finalizar la guerra en España, habían embarcado en una avioneta hacia Orán, y en el viaje fueron tiroteados por navíos de Mussolini. En el exilio ya, en París, también Rafael y María Teresa trabajaron para la radio, hasta que desde España los franquistas consiguieron influir en el gobierno títere francés pronazi para que los despidieran. En la larga temporada en Argentina ella llevó del mismo modo programas radiofónicos —Radio Espléndida y Radio El Mundo, de Buenos Aires—.
Los primeros tres años en Roma vivieron en la Vía Monserrate y luego en la Garibaldi, en la que Alberti adquirió un palacete con el dinero recibido por el premio Lenin que se le había concedido en la Unión Soviética. Este palacete fue habitado siglos antes por Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas que tanto odiaba el poeta gaditano. Terenci Moix cuenta que la casa romana de Alberti era como la embajada democrática de todos los españoles que iban a Italia, y María Teresa León la llamaba "la casa de la amistad".
Rafael Alberti fue un taurino vicioso desde los diez años, cuando en el Puerto daba chaquetazos a las vaquillas en los campos. Murió con ese estigma, y gran parte de su inspiración literaria y poética —al igual que la de Federico García Lorca— se basa en el sufrimiento de los nobles cornúpetas torturados en las infames plazas de toros. Tuvo muchos amigos toreros. Su legado descuidado propició enfrentamientos entre sus tres mujeres, aunque la primera, María Teresa León atacada de Alzheimer, no pudo actuar apenas, pero tuvo que soportar en el hospital las visitas de su marido con una nueva y joven compañera, una estudiante barcelonesa veinteañera. Hoy en día el legado de Alberti es una fuente inagotable de conflictos familiares y de ganancias para bufetes de picapleitos. Y sobre todo su taurinismo —ya regresado de su exilio y con avanzada edad se le pudo ver entre el público de muchas corridas— es un estribo sobre el que se eleva toda la canalla taurina hispana.


Marina Cepeda Fuentes tuvo también su punto pícaro, a pesar de haber emprendido y realizado una labor intelectual e investigadora considerable, como se muestra en sus obras Sorelle d'Italia. Le donne che hanno fatto il Risorgimento, 2011 (que obtuvo el Premio Elsa Morante); I monasteri benedettini in Piemonte e la loro influenza nell'economia e nella diffusione dell'agricoltura, Alessandria, Club di Papillon, 2001; Le tre facce della luna: modelli e archetipi della donna attraverso i secoli, Firenze, Camunia, 1996; Bestiario di Roma, en colaboración con su Alfredo Cattabiani, Roma, Newton Compton, 1986; y otras varias sobre temas de la cocina en la historia. Con Stefano Cattabiani publicó un Dizionario dei Nomi, "dalla A alla Z un appassionante viaggio alla scoperra dell'origine e del significato dei nomi propi in uso in Italia; attraverso i personaggi storici, le opere musicali, artistiche e letterarie che li hanno resi famosi. Introduzione di Alfredo Cattabiani". Newton Compton Editori, 1996.


El referido "punto pícaro" que indico se concretó en la sorprendente e incomprensible —por falsa— presentación y publicitación de una foto que ella aseguraba ser de su madre, Amalia Fuentes Vaca, vestida de miliciana republicana con un enorme mosquetón y en posición de estar haciendo guardia delante de lo que parece ser un chalet.


Es imposible que Amalia Fuentes Vaca, una de las dos hijas del capitán Gabriel Fuentes Ferrer con su primera esposa, Nicolasa Vaca, hubiera ejercido como miliciana de la República. Supongamos que la rebelión de Franco la sorprendió en zona republicana. Nacida en 1922, cuando estalló la Guerra Civil e infinidad de valientes mujeres de dicha zona se incorporaron a la lucha armada Amalia tenía solamente 14 años, por lo que por muchas capacidades guerreras que albergara no se concibe que estuviese alistada en ninguna tropa a esa corta edad. Aun suponiendo que lo hiciera en el último año del conflicto, con 16 ó 17 años de edad, tampoco es más creíble, ya que por entonces su padre estaba ya consagrado como "héroe" franquista, y al respecto de tener una hija "roja" la historia no podría haber permanecido muda (el escándalo hubiera sido mayúsculo e imposible de ocultar). El capitán hubiera hecho lo imposible por recuperarla. Por otro lado y a mayor abundamiento, unas escuetas líneas del ABC del 31 de marzo de 1942 nos informan sobre una Amalia perfectamente integrada en la sociedad sevillana: 


En esta presentación en sociedad, —apunto— tuvo que estar presente Camilo Perreau, el cónsul belga concuñado del padre de la señorita Amalia, así como otras personalidades de aquel entorno social.

¿Qué llevó a Marina Cepeda a mentir tan flagrantemente?

a) Una bromita andaluza, propia de nuestro carácter.
b) Un intento de congraciarse con la izquierda italiana por alguna circunstancia que se me escapa.
c) Un afán por borrar de su pasado la figura del abuelo fascista masacrador de la población pacense.
d) Muy improbable, pero digno de consideración, es que inocentemente pretendiera alborotar un poco el ambiente familiar en Santa Marinella, con su marido Alfredo Cattabiani sumergido en el silencioso despacho entre lecturas y papelotes, su hija Clara di Berna cada vez más independiente y alejada de ellos, y su madre la referida Amalia, ya anciana, apoltronada en un sillón, depresiva y contemplando el Mediterráneo por el ventanal, como si quisiera retrotraer recuerdos juveniles de su Sevilla oculta al otro lado del horizonte.

Aunque, como ya expresé en la entrada anterior y es bien sabido, la Memoria Histórica no tenía el desarrollo —por cuestiones de férrea censura— que comenzó a adquirir tras la muerte de Franco, sí había noticias que cundieron por todo el mundo acerca de las atrocidades cometidas en la guerra, y aquí y allá se mencionaban nombres concretos de sus actores. 


ABC, 2 de marzo de 1937

Cualquier lector de prensa en Italia, incluido Alfredo Cattabiani, conocería detalles de la "Matanza de Badajoz", y, aunque en menor medida, habría también quienes supieron de las "hazañas" del capitán Gabriel Fuentes Ferrer en Málaga o en Madrid que la prensa fascista española se encargaba de "cacarear" con tanto ahínco. Lo demás era un simple ejercicio de asociación. El segundo apellido de Marina Cepeda chirriaría entre estos lectores avisados de izquierdas, y ella pretendió, con una foto antigua acaso adquirida por unas cuantas liras en el laberíntico mercadillo de Porta Portese, foto que le llamó la atención por cierto parecido con la autora de sus días, dar el pego. La tentación de publicarla como tal fue para ella tentadoramente ineludible. A tal conducta se llama, en buen andaluz, quedarse con la gente.


Hacia 1920, según nos narra el poeta portuense en su libro de memorias La arboleda perdida, fue a Málaga desde Madrid con su padre, un poco afectado por la epidemia de gripe éste y él mismo también con una lesión en el pulmón derecho. En la ciudad andaluza se encuentra con Altolaguirre, quien había estudiado con los jesuitas en el colegio de San Estanislao de Kostka (1). Una tarde, paseando por la calle Larios, Alberti se fija en la tapa de un libro expuesto en el escaparate de una librería, que representa a un poeta por él leído y admirado. Al tanto de dónde vivía, va a visitarlo. Se trata de Salvador Rueda, "el olvidado cantor".

"Lo encontré, cuidador de la Biblioteca Municipal, lamentándose de su creciente ceguera [había sido operado de cataratas] y el injusto olvido a que se le había condenado. Con voz dulce y emocionada me refirió sus méritos: un humilde pastor de Benaque, su pueblecillo natal. llegado a Málaga 'con la cabeza llena de panales...' ".
Alberti lo acompaña a la salida del trabajo hacia su casa, consistente en una pequeñísima habitación en un prostíbulo del barrio del Perchel, donde lo había acogido el buen corazón de las pupilas. Rafael califica de injusta a la patria que no le proporcionó el suficiente apoyo para figurar entre los inmortales de la Real Academia de la Lengua, para lo que Rueda había hecho infinitas gestiones en Madrid. Aunque, según la biografía de la Real Academia de la Historia, "en 1926 fue elegido académico correspondiente de la Real Academia Española. Permaneció en activo hasta su jubilación en 1927".

Y sigue Rafael Alberti: "¡Pobre Salvador Rueda! Yo quise, pasados muchos años y ya aquí, en Buenos Aires, intentar un posible renacer de su gloria, publicando en la colección Mirto, de la que era director, una antología de sus mejores versos. Se le recordó, entonces, con elogio en algunas crónicas. Y eso fue todo. Su poesía, tan americana, por otra parte, en muchos aspectos, no despertó los ecos que en justicia esperábamos. Cosa no de extrañar, pues en la actualidad ni hasta el propio Rubén Darío toca como debiera el corazón de las nuevas generaciones. ¡Lástima grande!".


Salvador Rueda Santos (1857-1933) había viajado mucho por Sudamérica entre 1909 y 1917. También fue en un par de ocasiones a Filipinas, donde sería recibido con todos los honores como el gran poeta que era y como símbolo de hermanamiento con la ex-metrópoli (2). Natural del referido pueblecito de Benaque en la provincia de Málaga, yo albergo pocas dudas de que pertenece al mismo tronco familiar de los Rueda del también pueblecito malagueño de Arriate, los cuales se asentaron en Castilleja de la Cuesta en el siglo XIX. Unos cien kilómetros separan a los dos pueblos malagueños de Benaque y Arriate.

(1) "Pasados unos meses, el nuevo curso 1931-32 empezó con menos de 100 alumnos y acabó bruscamente. Un decreto de 23 de enero de 1932 disolvía a la Compañía de Jesús y ordenada la incautación de sus bienes, aduciendo que el voto de obediencia al papa era contrario al artículo 26 de la Constitución, dando un plazo de 10 días para abandonar las casas, a contar desde su publicación en La Gaceta el 24 de febrero. El rector del colegio hizo entrega notarial de las llaves al presidente de la junta directiva de la Sociedad Constructora del Colegio San Estanislao, el Dr. José Gálvez Ginachero, como legítimo propietario. A requerimiento de la autoridad, el colegio fue entregado el 2 de febrero, no sin interponer una protesta notarial en aquel momento y entablar un pleito posteriormente puesto que se trataba de una incautación ilícita. El superior de la residencia Ignacio Zurbano hizo entrega de las llaves al delegado de Hacienda el 24 de febrero debiendo entrar por la puerta trasera de Pozos Dulces.
[...] Lógicamente, el colegio participaba de la exaltación patriótica propia de esos tiempos [del primer franquismo], que se expresaba en todos los actos públicos con los coros hablados del P. Sobrino, los cuadros del P. Oliver (1a) en los que retrató a Franco y Queipo de Llano, o los himnos patrióticos del P. Massana. No obstante, también hubo alguna desavenencia política, como la que protagonizó el P. Juan de la Cruz Granero que en una conferencia aludió a la cruz de Cristo, sin garfios, en clara contraposición con la cruz gamada, y criticó la camisa azul falangista, en presencia del gobernador civil, que la vestía. Eso le costó una detención domiciliaria y el destino a Canarias. Los alumnos tampoco formaron parte del Frente de Juventudes ni asistían a los campamentos de Falange. Hubo un momento de mayor tensión cuando el 2 de mayo de 1941 el gobernador escribió una carta al rector, P. Delgado, quejándose de que en un acto al que fueron invitados los alumnos, no habían saludado con el brazo en alto". Wenceslao Soto Artuñedo, S.I. Los jesuitas en Málaga. Isla de Arriarán, XXXIX.

(1a) Colegio de San Estanislao de Kostka, donde murió Manuel Oliver Perona. Para obtener copias fotográficas de estos retratos de Franco y Queipo he hecho incansables gestiones en la dirección del Colegio, sin fruto alguno. Se me dijo que, con la llegada de la democracia al país, habían sido guardados en un sótano, donde permanecen hasta hoy.

"Un castillejano del que se puede presumir gran cultura histórica fue Manuel Oliver Perona, jesuita. Durante la II República los jesuitas fueron expulsados, y a Manuel Oliver le correspondió establecerse en Innsbruck. Si algo hay que alabar a los hijos de San Ignacio es su capacidad de estudio e investigación, aunque por otra parte tales conocimientos los utilizan en provecho propio y en manipular a los más débiles. Manuel Oliver, documentadísimo como debía estar en todo lo concerniente al palacio de Montpensier de su pueblo natal y a la vida y obras de Hernán Cortés, no debió perder oportunidad durante su obligatoria estancia en la ciudad austríaca de visitar la colección del archiduque Fernando II y sobre todo de interesarse por el celebérrimo penacho de Moctezuma". Historia de los apellidos, 21p. Junio de 2020.

(2) En Filipinas en 1915 el poeta Salvador Rueda visitó la ciudad de Cavite, donde fue recibido por importantes personalidades de ella. Uno de los prohombres que lo recibieron y su esposa, la moronense Ana Calderón, se encontraban en Castilleja de la Cuesta cuatro años antes. Apadrinaron a un sobrino de ella, hijo de su hermano Enrique y nacido el 19 de octubre de 1910 en una casa de la Plaza de la Constitución (hoy de Santiago); fue el recién nacido llamado Antonio, hijo de Enrique Calderón García, de profesión panadero, natural de Morón de la Frontera, y de Francisca Cansino de los Reyes, natural de esta Villa, casados en su parroquia de Santiago en 1897 ó 1898. Abuelos paternos, José Calderón Luque y María García Morales, naturales de Morón, y maternos, Antonio Cansino Mellado y Carmen de los Reyes Cálceres, naturales de esta Villa. Padrinos del bautizo celebrado en Santiago el 24 de octubre, José Vaca Garrido (2a), natural de Granada, y su esposa Ana Calderón García, natural de Morón, vecinos de Cavite (Filipinas). Testigos, Ramón Rodríguez Pinto y Rafael Blanco Beltrán, vecinos de esta Villa. Ofició el cura Diego Rodríguez.


Partida de bautismo de Antonio Calderón Cansino

(2a) Los Vaca Calderón eran familia distinguida en Cavite. Don José Vaca Garrido, como queda expuesto, invitó al poeta Salvador Rueda a dicha ciudad: 

"El sábado, 9, visitó el poeta el vecino puerto de Cavite, saliendo a las tres de la tarde del estero de Binondo en la lancha 'Earnshaw', invitado por D. José Vaca Garrido. El poeta con su comitiva, llegó allí a las cuatro. Recibiéronle en el pantalán del Arsenal D. José Vaca y D. Odón Villamarín y varios distinguidos caballeros de aquella ciudad.
Después de las presentaciones de rúbrica, el poeta pasó a visitar todas y cada una de las dependencias del Arsenal, acompañado de un oficial de la marina de los Estados Unidos. Terminada la visita al Arsenal entró en el pueblo de Cavite triunfalmente, escoltado por una pléyade de caballeros caracterizados de aquella localidad, y a los acordes de la Marcha nacional española.
En varios vehículos el poeta y comitiva se dirigieron a la residencia de los Sres. de Vaca, donde fueron obsequiados con una opípara merienda. Luego recorrió la población, y a las 6 de la tarde asistió a la recepción que en su honor se daba en el Teatro Edén, que estaba decorado con banderas y guirnaldas. Allí recibió el saludo del gobernador provincial D. Antero Soriano, que pronunció un sentido y elocuente discurso. Lo mismo hicieron los Sres. D. Augusto Reyes y D. Serafín A. Vaca, este último en inglés, en atención a los muchos caballeros y señoras de la colonia norte-americana allí presentes.
A continuación comenzó el baile, que resultó animadísimo. Se sirvió una abundante cena a los concurrentes, amenizando el acto con sus acordes la afamada orquesta Molina.
El acto fue hermosísimo, concurriendo a él lo más distinguido y selecto que encierra Cavite en su sociedad.
A las once de la noche el poeta y su comitiva regresaban a Manila complacidísimos de la conmovedora y popular acogida del pueblo de Cavite y de las atenciones mil que los Sres. de Vaca prodigaron a todos.
Durante la visita al vecino puerto, el poeta contempló el sitio  donde fueron fusilados, en los tristes días de la revolución, 'los trece mártires de Cavite' y el lugar donde las naves de Montojo, en una mañana histórica, impotentes para vencer, supieron sucumbir honradas. Unos y otros mártires, víctimas de las discordias de los hombres, se enternecerían gozosos en su tumba al sentir los pasos del poeta que venía a entonar sobre las ruinas del pasado el himno eterno de la fraternidad y del  amor… ". Salvador Rueda en Filipinas (Jornadas de Poesía y Patriotismo). Editado por el Casino Español de Manila. Imprenta Viuda de E. Bota. Manila, 1915.


La familia Vaca Calderón en el año de la visita del poeta Salvador Rueda. Mundo Gráfico, 15 de diciembre de 1915.

En la foto aparecen con sus diez hijos (en muchas ocasiones figuran con el apellido materno en primer lugar, excepto Enrique, nacido en Granada. También usaron indistintamente Vaca y Baca):

Angelita Calderón Vaca (1891-1992)
José María (Pepito) Calderón Vaca (1893-1966)
Serafín Calderón Vaca (1895-1917)
Herman Calderón Vaca (1897-1976)
Enrique Vaca Calderón (1899-1946)
Anita Calderón Vaca (1901-1951)
Angustias Calderón Vaca (1903-1944)
María Calderón Vaca (1905-?)
Manuel Pedro Bienvenido Calderón Vaca (?)
Ángel Calderón Vaca (1911-1990).

De ellos, Angustias Calderón Vaca se casó en Cavite el 19 de junio de 1923 con Joaquín Mencarini, de 29 años, hijo de Juan y de Rosario Blanco. Angustias y Joaquín tuvieron a Elvira María de Bacchini (Elvira Maria Mencarini de Bacchini), nacida el 14 de diciembre de 1929 y fallecida el 23 de marzo de 1988 en Sacramento (California). Elvira María Mencarini se casó con Sam John Settimo Mario Bacchini.



Elvira María Mencarini

Ingeniero naval, Joaquín Concas Mencarini nació en Manila en 1879 y falleció en Madrid el 20 de julio de 1933. La revista Ingeniería Naval de agosto de dicho año publica su necrológica, y dice que estudió en la Regia Scuola Navale de Génova.


Escuela Naval de Génova

Joaquín era hijo del capitán de fragata Víctor Concas Palau, barcelonés, y de María Mencarini Pierroti, malagueña, quienes tuvieron, además de él, a otros tres hijos, nacidos en Manila, Málaga y Londres. La familia vivía en 1889 en la Escuela Naval de San Fernando (Cádiz).
María Mencarini Pierroti (o Pierotti), nacida en Málaga en 1859, era hermana de Juan Mencarini e hija de Albino Mencarini, nacido en Viterbo (Italia) en 1828, excombatiente de la guerra italo-austríaca de 1848, cónsul en Jaffa y Alejandría, nacionalizado español y un gran literato.

"Juan Mencarini Pierotti (Alejandría, Egipto, 15 de junio de 1860- Manila, Filipinas, 29 de abril de 1939) fue un empleado de rango medio-alto en las Aduanas Imperiales del Imperio chino entre 1881 y 1912. Tras abandonar voluntariamente las Aduanas, Mencarini registró una empresa de importación y exportación en Shanghái y ejerció de agregado comercial del consulado de España en la ciudad. En paralelo a su carrera profesional, Mencarini participó activamente en diversas asociaciones culturales y académicas y contribuyó al desarrollo de la filatelia e historia postal en Asia oriental así como de la fotografía amateur". Wikipedia.
Juan mantuvo correspondencia con Marcelino Menéndez Pelayo.

"When Jose Maria (Pepito) Calderon Vaca was born on 22 November 1893, in Piauí, Brazil, his father, Jose Vaca Garrido, was 30 and his mother, Ana Calderon Garcia, was 20. He married Asuncion Favis Rivero on 26 November 1927, in Vigan, Ilocos Sur, Philippines. They were the parents of at least 1 son. He died in 1966, in Philippines, at the age of 73". familysearch.org

Asunción Favis Rivero nació en 1904 y murió en 2005. Tuvieron a Eduardo Rivero Vaca (1929-2018). Eduardo tuvo, en Manila, a María Luisa Guidotti Vaca (1960-2008).

Manuel Pedro Bienvenido Vaca se casó en Manila el 31 de marzo de 1954 con Marcelina Juneo, hija de Braulio y de Benita Senillo.

Enrique Vaca Calderón nació en Granada el 30 de noviembre de 1899 y murió en Cavite el 11 de abril de 1946. Se casó con Ana Tuyay Llander, con quien tuvo a Mario Vaca Tuyay (Cavite,1927-Tucson, Arizona, 2007). Mario Vaca Tuyay tuvo a Marlene Veronica Vaca.


Mario Vaca Tuyay

María Vaca se casó con Billy Woodruff King en Cavite el 29 de noviembre de 1933. Billy, teniente coronel en el Cuerpo de Marines, era hijo de Washington Woodruff King. "When William Woodruff King was born on 27 June 1908, in Bronson, Sabine, Texas, United States, his father, Washington W. King, was 28 and his mother, Florence Buckle, was 26. He married Maria Vaca on 29 November 1933, in Cavite, Cavite City, Cavite, Philippines. He lived in Justice Precinct 6, Sabine, Texas, United States in 1910 and Justice Precinct 6, Stephens, Texas, United States in 1930. He died on 2 October 1981, in Santa Monica, Los Angeles, California, United States, at the age of 73".


El suegro de María Vaca Calderón, Washington Woodfuff "Cap" King, nacido el 5 de enero de 1880 en Milam (Texas) y fallecido el 6 de febrero de 1959 en Vidor, Orange, fue uno de los fundadores de la ciudad de Bronson, Sabine, Texas, en 1902. Miembro de una logia masónica, sirvió muchos años como oficial en Sabine en el sistema carcelario texano, además de haber sido político en el partido demócrata. En la House of Representatives de Texas y con voto unánime se le rindió tributo como patriota, amigo de la humanidad y admirado por miles de personas de todas las clases sociales. Teniente en el ejército estadounidense durante la I Guerra Mundial, "he had hardly begun his practice when he was commissioned a Lieutenant in the Army Intelligence Service in 1917. He resumed the practice of Law in Dallas in 1919".


Washington Woodfuff "Cap" King en 1913

Los Calderón siguen en la actualidad ampliamente representados en Morón de la Frontera. Uno de ellos, Antonio Ramos Calderón, fue diputado y asesor general de Hacienda entre 1868 y 1869. 
De manera  provisional podemos trazar el itinerario de los viajes del matrimonio Vaca Calderón partiendo del lugar del nacimiento de sus hijos. En Cavite desde 1891, dos años después aparece la familia en Piura, estado brasileño con costa en el Atlántico, donde nació José María. Vueltos a Cavite, al perder España el dominio del archipiélago regresaron a España y recalaron en Granada, donde nació Enrique en 1899. Después volvieron a Filipinas, donde nacerían sus cinco restantes hijos.

Uno de los personajes que recibió en Cavite al poeta malagueño Salvador Rueda fue Demetrio Odón Villamarín (v.s.), el cual reclamaría el 24 de julio de 1900 a los norteamericanos la devolución de dos de sus barcos, el "San Rafael" y el "Aguilar", que le habían incautado en San Roque (Cavite), el 1 de mayo de 1899. En 15 de agosto de 1900 todavía esperaba Odón respuesta.


Croquis del combate naval de Cavite

Comenzada la guerra hispano-estadounidense en Cuba en 1898, se extendió al archipiélago, que ya estaba en estado de rebelión encabezada por Aguinaldo, quien declararía la independencia el 12 de junio de dicho año. Un mes antes tuvo lugar la batalla de Cavite entre fuerzas navales estadounidenses y españolas, consecuencia de la explosión del acorazado Maine en febrero, en el puerto de La Habana.
 Al perder España la guerra firmó en el Tratado de París la cesión de las islas a los norteamericanos por 20 millones de dólares. Éstos, al no reconocer a los independentistas de Aguinaldo, continuaron la guerra, ahora contra los filipinos.


Salvador Rueda, al llegar de vuelta a España, hubo que soportar las críticas de la caverna patriótica que ensalzaba —y hasta nuestros días ensalza— la gesta civilizadora hispana en todo el orbe. Por acusarle, además de antipatriota, se le acusó, en estos prolegómenos de la I Guerra Mundial, de germanófilo. Todo lo cual debido a que en Filipinas puso sin vacilar los puntos sobre las íes en el candente tema de la cruenta explotación a que los piojosos aventureros extremeños, andaluces, vascos, castellanos, etc. habían sometido a pueblos que, en muchos aspectos, eran superiores en lo que a civilización respecta:

"Está bien que nuestros literatos, más o menos intelectuales, hagan de vez en cuando sus excursioncitas por las antiguas colonias, se exhiban por los teatros, aunque sea en calidad de fenómenos, peroren, reciten, canten o hagan juegos de manos, con tal de sacar unas pesetejas, ya que la profesión no está en España como para hacer fortuna ni muchísimo menos.
Lo que no resulta ni medio regular es que estos caballeritos, después de haber encomiado en versos de todos los estilos y medidas el amor patrio, en cuanto salen de España y pisan suelo extranjero se sientan antipatriotas, y para adular a nuestros excoloniales se desaten en injurias contra la madre patria.
Ahí está, por ejemplo, el famoso Salvador Rueda, que en su tournée por Filipinas, actuando de 'embajador de la intelectualidad española', se ha destapado públicamente contra su patria, afirmando que 'las islas Filipinas habían estado por espacio de trescientos años bajo las cadenas de la tiránica España'.
¿Con que la tiránica España, eh? ¡Qué lástima, hombre, qué lástima!
¿Tiránica? ¿Se atreve usted a llamar tiránica a la sufrida tierra que ha soportado durante tantos años el peso de sus ripios y de sus tonterías?
¿Tiránica, cuando ha tolerado que en los escaparates de las librerías se exhibiera el retrato de un tal Salvador Rueda con una corona de laurel, como el Dante, y el público se ha reído en vez de protestar?
¡Es el colmo de la ingratitud!

Pues ahora verán ustedes cómo un yanqui, el Dr. Kelley, va a salir a la palestra para contestar a Salvador Rueda.
El Dr. Kelley ha ido a Méjico para recoger datos fehacientes y descubrir lo que haya de verdad en las denunciadas crueldades llevadas a cabo por los insurrectos mejicanos.
Con los datos recogidos ha publicado un importante libro, y en él contesta indirectamente a las gratuitas afirmaciones de Salvador Rueda. El Dr. Kelley hace justicia a la calumniada España, a la 'tiránica y despótica' España, que cuando llegó a Méjico, al Perú, al Paraguay o a Chile, no hizo como los anglosajones, que destruyeron y aniquilaron la raza aborigen, no dejando rastro de ella.
España no procedió así: la 'tiránica' España conservó estas razas; hizo más, les dio su civilización, su idioma, hasta su sangre, elevando al indio hasta darle el summum de la consideración social.
'Pensemos esto —dice el doctor— antes de condenar la civilización española en América, porque nosotros tenemos muy poco que contar acerca de los esfuerzos anglo-sajones durante cien años para levantar a nuestros indígenas'.
Y mientras que un yanqui habla así, haciéndonos justicia, un español, y poeta por añadidura (aunque ripioso), levanta su voz de papagayo en Filipinas para hablar de las cadenas de la 'tiranía española...'
¿Y no hay quien le rompa la lira?". Semanario La Lectura Dominical, 11 de diciembre de 1915.

"Rueda, hijo, rueda. Salvador Rueda, como ustedes saben, es un contertulio de las Musas menores y un cultivador frenético del bombo.
En cuanto atrapa un billete de ida y vuelta, bien para la América latina, bien para la América del Rastro, empieza a gemir el patriotero 'trust' con una serie de embuchados que no se le indigestan a los lectores... porque no los leen.
Claro que todo esto es tan inofensivo como el potaje de espinacas; pero ahora resulta que el contertulio del Parnaso (tienda de comestibles) aprovecha la oportunidad de los graciosísimos homenajes para discursear fuera del recipiente, y eso no se puede tolerar.
¿Qué creen ustedes que ha dicho el poeta de las sonoridades en su reciente excursión por Filipinas? Pues nada más que las siguientes molestias para la Patria española:
'¿Es que pesa sobre vuestro corazón inocente (el corazón de los filipinos) alguna remota tragedia de la historia? ¿Es porque se modeló vuestra alma bajo una presión demasiado dura de esclavitud y os dura todavía la tristeza que deja siempre en los hombres la falta de misericordia?
Aquella cadena de tres siglos se rompió: saltaron todos sus eslabones y pasásteis a manos educadoras, que os han sembrado de escuelas el Archipiélago y que os han dejado caer sobre las frentes un Niágara de libros'.
¿Les parece a ustedes tolerable?
A nosotros no. Ya sabemos que Rueda dice esas cosas con vistas al homenaje y sus derivados, y que procura que aquí no se incluyan en los bombos que le sacuden el 'trust'; pero como para eso existen en Filipinas los espías de El Mentidero, que los tiene en todas partes, estamos decididos a cortarle las alas a Rueda, para que ruede de verdad.
Con las Musas, todas las confianzas que usted quiera, pollo; pero molestar nuestros sentimientos patrióticos, no.
¡Pues no faltaba más!" El Mentidero, 18 de diciembre de 1915.

En el Heraldo de Madrid del 10 de enero de 1916 escribió tras su viaje Salvador Rueda, defendiéndose de las acusaciones de germanofilia:

"Españolismo en Filipinas. Un autógrafo alemán. Personas que saben que conservo en mi poder el breve documento en que los alemanes del transatlántico 'Princess Alice' agradecieron, y no aceptaron, la invitación que les hizo Cebú para que asistieran al baile organizado en honor de España, esas personas, conocedoras de que poseo el documento, me piden de palabra y por cartas que lo de a conocer, y tengo mucho honor en hacerlo. Séanme permitidas algunas palabras de preparación. Ese documento alemán fue redactado el día mismo en que, al entrar mi barco en el bellísimo puerto de Cebú, el 'Princess Alice', allí anclado desde el comienzo de la guerra, se empavesó con cientos de banderas españolas y alemanas, rompió su banda de música a tocar la Marcha Real de España y el jefe del transatlántico permaneció saludando con la mano en la gorra hasta que mi embarcación pasó y se dirigió a la ciudad de Cebú, que en aquel instante se teñía con las luces del alba. Apenas podía yo ver con los prismáticos, porque mis ojos estaban llenos de lágrimas, cómo se fue quedando atrás el 'Princess Alice' en el horizonte con su banda de música, con su capitán en correcto saludo y con su tripulación de pie y cuadrada sobre cubierta, todo en honor y gloria de España.
El día rebosó todo en fiestas, organizadas por damas y filipinos insignes. Por la noche, baile. Un brillantísimo baile en el Casino Español, al que asistió lo más distinguido de aquella culta y hospitalaria sociedad, para la cual no tengo las suficientes expresivas palabras de gratitud. Fueron invitados el capitán y la oficialidad del 'Princess Alice'. Y estos mismos tiernos hombres, que por la mañana, al romper el día, hicieron los más solemnes honores a España, no aceptaron la invitación al baile. Los alemanes, por voz de su egregio comisario, se expresaron del siguiente modo, y perdóneseme que no borre la alusión inmerecida a mi pobre persona, por dar el autógrafo completo, que ellos, para más honra nuestra, escribieron en noble castellano:

'Cebú, a 20 de octubre de 1915. A la colonia española de Cebú. Señores: Apreciando muchísimo el honor de su invitación inmerecida, me atrevo a expresar a la colonia española mi profundo agradecimiento; pero siento mucho no poder aprovechar esta buena oportunidad, porque la severa lucha de mi patria, en que toman parte, hasta la victoria o la muerte, todos nuestros hermanos e hijos, no me permite asistir a fiestas públicas, aunque sean los motivos tan justificados como la llegada de su ilustre compatriota, mensajero del gran pueblo español, tan simpático a nosotros los alemanes.— Iphacfeas, comisario del vapor 'Princess Alice'.

Esto dice el sobrio documento, y no puede decir más ni con más alto sentido. Vuelvo a repetir que no soy 'germanófilo' ni 'aliado' y que tengo por norma las palabras de amor universal de Cristo, que debieran tener todos los hombres: pero aunque amo y practico la paz, he besado muchas veces esas altas palabras de suprema belleza. Las he llevado sobre mi corazón muchos días, y hoy regalo el hermoso documento a la insigne Redacción del Heraldo de Madrid. Salvador Rueda".


"Built in 1900 for the German Far East mail routes, SS Kiautschou traveled between Hamburg and Far East ports for most of her Hamburg America Line career. In 1904, she was traded to competitor North German Lloyd for five freighters, and renamed SS Princess Alice. She sailed both transatlantic and Far East mail routes until the outbreak of World War I, when she was interned in the neutral port of Cebu in the Philippines. Seized by the U.S. in 1917, the newly renamed USS Princess Matoika carried over 50,000 U.S. troops to and from France in U.S. Navy service from 1918 to 1919. As an Army transport after that, she continued to return troops and repatriated the remains of Americans killed overseas in the war". Wikipedia.

(Continúa en la entrada siguiente)

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