miércoles, 17 de febrero de 2021

Los olvidados, 12f.

(Viene de la entrada anterior)


"En Castilleja de la Cuesta, Diócesis y provincia de Sevilla, a veintiséis de octubre de mil novecientos diez Yo, Dn. Diego Rodríguez Martín, Cura Regente de esta Iglesia Parroquial del Apóstol Santiago, mandé dar sepultura eclesiástica en el Cementerio de San Pablo de la misma al cadáver de Antonio Calderón Cansino, natural de esta Villa, de siete días de edad, hijo de Enrique y Francisca, que falleció ayer a consecuencia de Raquitismo, según certificación facultativa, en la casa número seis de la Plaza de la Constitución [hoy de Santiago]. Se le hizo funeral de caridad, y fueron testigos Dn. Enrique Rodríguez Santos y Ramón Rodríguez Pinto, ministros de esta Parroquia. En fe de lo cual lo firmo fecha ut supra. Diego Rodríguez Martín, Prbro".

Hemos visto cómo los diez hermanos Vaca Calderón, de Cavite en Filipinas, fueron primos hermanos de los castillejenses Calderón Cansino. También hemos sabido de los padres de estos últimos, él de Morón de la Frontera y debiendo haber llegado a nuestra Villa con 16 años de edad, hacia el año 1889. 
En diciembre de 1919 en la casa número 6 de la Plaza de Santiago vivían Enrique Calderón García, de 46 años, natural de Morón, industrial panadero, con 30 años de residencia en Castilleja; su esposa Francisca Cansino de los Reyes, nacida en Castilleja en 1882; y sus hijos Enrique (1), nacido en 1907 en Castilleja, Francisco, nacido en 1909 en Castilleja, Concepción, nacida en 1911 en Castilleja, Ana, nacida en 1913 en Castilleja, y José, nacido en 1916 en Castilleja. 
El Antonio que José Vaca y Ana Calderón bautizaron en octubre de 1910 murió de raquitismo según se expresa en su partida de defunción (v.s.). Los abuelos moronenses de todos ellos, una vez avecindados en nuestra Villa, tuvieron otro hijo el 24 de mayo de 1897 llamado Francisco Calderón García, hermano también por tanto de Ana, la radicada en Cavite. Este Francisco, jornalero, se casó con la castillejana Rita López Rodríguez, con la que hubo a José Calderón López, el cual, casado en Castilleja en 1921 con Concepción Chávez Chávez —nacida en ella el 15 de febrero de 1897—, hubo a Concepción Calderón Chávez, nacida en la Calle Real n.º 87 el día 11 de agosto de 1923. 
Concepción Chávez Chávez era hija de José Chávez Oliver y Concepción Chávez Núñez, naturales de esta Villa.

En definitivas cuentas, de los tres hijos de los moronenses emigrados a Castilleja, Ana, Enrique y Francisco, la primera y el segundo nacieron en Morón, y el tercero nació en nuestra Villa.

(1) Este Enrique Calderón Cansino se casó con Carmen Cansino Chávez el 7 de diciembre de 1928 en la iglesia de la Inmaculada. Ella era hija de Miguel Cansino de los Reyes y de Carmen Chávez Rodríguez. Enrique y Carmen tuvieron a Enrique Calderón Cansino (1a) el 18 de septiembre de 1929 en la Calle Real n.º 57; a Carmen Calderón Cansino el 19 de mayo de 1932 en dicha casa y calle; a Francisca Calderón Cansino (1b) el 13 de abril de 1938 en dicha casa y calle; a Ana Calderón Cansino (1c) en dicha casa y calle; a José Calderón Cansino (1d) el 14 de octubre de 1939 en dicha casa y calle, con sus hermanos Enrique y María (sic) como padrinos de bautizo; y a Miguel Antonio Calderón Cansino (1e) el 15 de octubre de 1934 en dicha casa y calle.

(1a) Enrique Calderón Cansino —llamado igual que su padre— se casó el 15 de abril de 1962 en la parroquia sevillana de San Nicolás con Amparo Seva Pernía, hija de Trinidad Seva Lustre. Vivieron en la calle Moncayo n.º 6. Tuvieron tres hijos: Enrique José, Amparo y Juan Carlos Calderón Seva.
Enrique Calderón Cansino murió en Sevilla el 14 de septiembre de 1978, a los 48 años de edad.

(1b) Francisca Calderón Cansino se casó con Manuel Rueda Oliver en Castilleja el 26 de octubre de 1968. Este último es hijo de Andrés Rueda de la Rosa* y de Pilar Oliver Tovar, hermana del padre de quien suscribe. Recordemos la apreciación hecha sobre el apellido Rueda, el cual llevaba el poeta malagueño en su embajada cultural a Filipinas. Con este matrimonio se une al de Calderón de aquel archipiélago.

* "El mencionado vendedor de frutas José María Rodríguez Barrionuevo era hermano de Juan Antonio, quien el 15 de agosto de 1935 con 57 años de edad formalizó contrato de inquilinato del cuarto 3º de la casa número 1 de la calle Marqués de Loreto con Andrés Rueda de la Rosa, de 28 años de edad, natural de Castilleja, casado, jornalero. El tiempo del arrendamiento, un año. El precio, 300 pesetas en total, a pagar fraccionadamente cada mes. Andrés Rueda de la Rosa era mi tío político, casado con Pilar Oliver Tovar, hermana de mi padre". Los olvidados, 3. Septiembre de 2020.

(1c) Ana Calderón Cansino se casó con Manuel Oliver Rosales en Castilleja en 1935. Él era hijo de Juan Oliver y de Concepción Rosales Barbero. Manuel y Ana tuvieron a Manuel Oliver Calderón, bautizado en la iglesia de la Inmaculada el 21 de febrero de 1938, siendo sus padrinos Francisco Oliver Rosales y su mujer Dolores Míguez Oliver.
Manuel Oliver Calderón se casó en Castilleja el 16 de mayo de 1969 con Natividad Morales Valiente.

Ante el Juzgado n.º 4 de Sevilla el 28 de junio de 1983 Concepción Chávez de los Reyes, mayor de edad, soltera, dependienta y vecina de Castilleja, solicitó una redescripción de su casa en el Registro de la Propiedad, exponiendo que estaba en la calle General Franco (Real) n.º 125, con 943 metros cuadrados, y lindante por la derecha con la casa n.º 127 propiedad de Ana López Perona, Antonio López Perona, Francisco Polvillo López, Juan Antonio Polvillo López, Concepción Polvillo López y Prudencia Polvillo López, y por la izquierda con la casa n.º 123 propiedad de Manuel Oliver Calderón, Concepción Calderón Cansino y Carmen Calderón Cansino. Lindaba asimismo por la izquierda con bloque de pisos construidos por la Sociedad Mercantil Merogusa, y por el fondo con la calle Diego de los Reyes s/n.

(1d) José Calderón Cansino se presentó en las elecciones municipales de 1983 con el partido derechista Alianza Popular, junto a Diego Delgado Rosales, Juan Tovar Cabezas, Antonio Hilario Chávez de los Reyes, Antonio Gil Gallardo, Manuel Navarro Rodríguez, Dolores Tovar Cabezas, Félix Bueno Serrano, Diego de los Reyes Cansino, Manuel Goncet Chávez, Manuel Cabrera Villadiego, José Pérez Moreno, María del Carmen Luque Navarro, María Ángeles Pérez Aranda Gutiérrez, Hilario de los Reyes de los Reyes, Antonio Rodríguez Núñez y Gabriel Domínguez García.
Figuraba de diputado en la Hermandad de la Calle Real, elegido en cabildo del 29  de enero de 1982. Su esposa fue durante muchos años compañera de trabajo, en la Compañía Telefónica, de Rosa Narbona, hermana de Juan y Jorge (ver Los olvidados, 12d. Febrero de 2021), sobrinos todos tres de Francisco Narbona Gómez, el corresponsal de Radio Nacional de España en Roma y padre de la ministra socialista Cristina Narbona.

(1e) Miguel Antonio Calderón Cansino se casó en Tomares con María Josefa Carvajal Fernández (v.i.) el 15 de marzo de 1964. En este año de su casamiento, el 23 de noviembre, resultó lesionado, con otros 40 viajeros también heridos, en la colisión entre dos autobuses en el kilómetro 558,800 de la carretera Sevilla-Huelva, en término municipal de Espartinas, a las 9,20 de la mañana. 
Murió Miguel Antonio el 6 de agosto de 1967 en posterior accidente de automóvil cuando regresaba a Castilleja desde Sevilla, y su familia, en nota de prensa, agradeció a los vecinos de Castilleja, Tomares, Gines y Bormujos las muestras de pesar y sentimiento que demostraron.

Los Calderón, desde su primera localización en La Plaza a principios del siglo XX, pasaron a concentrarse hacia la zona central de la Calle Real. Los datos que nos proporciona el padrón de Castilleja del año 1970 acerca de ellos, —con alguna leve disparidad con los libros parroquiales—, son los siguientes:

Calle Real n.º 93. Concepción Chávez Chávez, nacida el 15 de febrero de 1896. Su hija Rita Calderón Chávez, nacida el 19 de abril de 1928. Su hermana Salvadora Chávez Chávez, nacida el 18 de enero de 1900. Su prima Manuela Tovar Chávez, nacida el 30 de agosto de 1887.

N.º 95. Teófilo López López, nacido el 16 de marzo de 1930 en Bollullos de la Mitación, hijo de Teófilo e Inocencia. Su esposa María Josefa Calderón Chávez, hija de José y Concepción, nacida el 22 de marzo de 1930 en Castilleja. Hijos, Inocencia, nacida el 20 de octubre de 1961, José, nacido el 17 de enero de 1963, Teófilo, nacido el 21 de abril de 1965, y Salvador, nacido el 2 de febrero de 1969, todos en Castilleja.

N.º 109. José Cansino Adorna, su hermana Encarnación Cansino Adorna. Manuel Cansino Oliver. Antonio Cansino Adorna, su esposa Dolores Martín Martín, de Morón de la Frontera. José Calderón Cansino y su hermano Miguel Calderón Cansino.

Calle Real n.º 123. Manuel Oliver Rosales, su esposa Ana Calderón Cansino, y su hijo Manuel Oliver Calderón, nacido el 16 de enero de 1931, casado con Natividad Morales Valiente, nacida el 14 de marzo de 1940 en Monesterio (Badajoz), con un hijo, Juan Luis Oliver Morales, nacido el 19 de mayo de 1970 en Sevilla.

Calle Diego de los Reyes, n.º 95. María Josefa Carvajal Fernández, viuda, nacida en Tomares el 17 de junio de 1935, hija de Pablo y Carmen, propietaria, con sus hijos Enrique Calderón Carvajal, nacido en Castilleja el 2 de febrero de 1966, y María del Carmen Calderón Carvajal, nacida en Castilleja el 4 de abril de 1967.

Calle Inés Rosales n.º 2. Enrique Calderón Cansino, nacido en Castilleja el 29 de septiembre de 1898, hijo de Enrique y Francisca, industrial. Su esposa Carmen Cansino Chávez, nacida en Castilleja el 31 de enero de 1903, y sus hijos Carmen Calderón Cansino, nacida en Castilleja el 19 de mayo de 1932, José Calderón Cansino, nacido en Castilleja el 28 de febrero de 1942, y María Concepción, nacida en Castilleja el 27 de junio de 1946.

Enrique Calderón Cansino fue uno de los que recibieron con los brazos abiertos y las sonrisas amplias a la columna fascista de Carranza llegada a Castilleja por orden de Queipo de Llano para aplastar a la República en el pueblo. Estos derechistas castillejenses agasajaron a los señoritos, guardias civiles, falangistas y lacayos desde el primer momento. Enrique Calderón, a partir de entonces, figuraría en el consistorio de nuestra Villa siempre en puestos de la más alta responsabilidad. Ya respaldado por el capitán Gabriel Fuentes Ferrer, consiguió realizar su sueño obsesivo de restituir la imagen del Corazón de Jesús en el local del ayuntamiento, que había sido retirada por los republicanos en cumplimiento de las leyes de laicidad.

"Luego, con el triunfo de la CEDA, accedió al puesto de segundo teniente de alcalde Enrique Calderón Cansino (octubre de 1934), que fue además el fundador y primer presidente del partido de Acción Popular en nuestra Villa; lo primero que hizo Calderón, autoerigido "cardiólogo de la espiritualidad castillejana", fue proponer la reinstalación del Sagrado Corazón de marras, mas gracias al alcalde, el izquierdista José de los Reyes Sánchez, y a la mayoría de los concejales, le fue denegada la proposición y el retrato del fundador del PSOE siguió presidiendo el salón". Historia de los apellidos, 4. Abril de 2019. 


Y ahora que surge de nuevo el capitán Gabriel Fuentes (1), expondré la representación en nuestro pueblo del apellido Cepeda que llevó su nuero —padre de Marina Cepeda Fuentes y hermano del José Cepeda Centeno (2) que falleció en nuestra Villa como vimos—.
Al apellidos Cepeda en Castilleja lo representan, además del referido José, tío de la "Cuoca Itagnola", los siguientes vecinos:

Año 1970. Calle Fray Antonio Vázquez de Espinosa n.º 29. José Cepeda Pérez, nacido el 17 de mayo de 1917 en Palma del Condado, hijo de Pedro e Isabel, albañil, casado con Pilar Márquez (o Míguez) Villadiego, nacida el 14 de agosto de 1914 en Camas, hija de José María y Pilar. Hijos, Pedro, nacido el 21 de julio de 1946, y María del Pilar, nacida el 27 de noviembre de 1950. José Cepeda Pérez falleció el 26 de enero de 1978.
En el número 63 de dicha calle, Juan Garrido Bejarano, nacido el 23 de julio de 1922 en Villamanrique, hijo de Hipólito y Cristobalina, su esposa Manuela Cepeda Sánchez, nacida el 20 de agosto de 1925 en Castilleja, hija de Fernando y Micaela, y sus hijos Juan (3), nacido el 11 de mayo de 1951, y Ana María, nacida el 27 de febrero de 1954, ambos en Castilleja.

Cuñado del anterior fue José Cepeda Sánchez. Se casó en Sevilla el 31 de diciembre de 1971 con Ángeles Caballero Vázquez. Nacido en Castilleja el 8 de marzo de 1939 en la calle de la Granada (hoy Príncipe de Asturias), era hijo de Fernando Cepeda Moreno y de Micaela Sánchez Robledo, casados en la Palma del Condado en 1922. Sus abuelos paternos, Fernando Cepeda González y Manuela Moreno y Moreno. Abuelos maternos, José Sánchez Estévez y Ana Robledo Casado. Todos de Palma del Condado.
Fernando Cepeda Moreno falleció en Castilleja el 16 de noviembre de 1967.

Su hermana Francisca Cepeda Moreno, de Palma del Condado, de 78 años, viuda de Miguel Brenes Martín (o Martínez), vivía en calle José Antonio (hoy de Enmedio) n.º 46, hija de Fernando y Manuela, falleció el 17 de febrero de 1963, entierro en esta Villa.
Miguel Brenes Cepeda nació en Castilleja el 21 de enero de 1916 en la calle Marqués de Loreto (hoy de Enmedio), hijo de Miguel Brenes Martínez, cochero (4), y de Francisca Cepeda Moreno, él de esta Villa y ella de la Palma del Condado, casados en Sevilla en 1915. Abuelos paternos, Miguel Brenes Robles, del Arahal, y Josefa Martínez Rosales, de esta Villa; y maternos, Fernando Cepeda González y Manuela Moreno y Moreno, de la Palma.
Josefa Brenes Cepeda, hermana del anterior, nació el 15 de octubre de 1920 en dicha calle y número.

Comprobamos que los Cepeda de Castilleja provienen de Palma del Condado (Huelva). En las redes sociales en Internet vamos a descubrir un buen número de individuos apellidados Cepeda y en relaciones familiares más o menos estrechas con la "cuoca" Marina Cepeda Fuentes, en especial a otro tío suyo, Emilio Cepeda Centeno. Muchos de ellos son vecinos de Sevilla y con oficios que van desde legionario a catedrático de universidad.


Emilio Cepeda Centeno, en Facebook

(1) También amerita anotar que su primera mujer, Nicolasa Vaca —abuela biológica de Marina Cepeda—, pudiera ser familia del José Vaca Garrido que, casado con Ana Calderón, emigró a Filipinas. Sabemos que José Vaca era natural de Benalúa (Granada), aunque, por desgracia, de la biografía de Nicolasa lo ignoramos casi todo.

(2) Igualmente encontramos Centeno en Castilleja: Encarnación Centeno Zalla, natural de Écija, de 88 años, viuda de José Rey Olmedo, vivía en calle Jesús Jiménez n.º 3. Hija de José y de Valle, murió el 7 de noviembre de 1974 y está enterrada en el cementerio de San Pablo.

(3) Juan Garrido Cepeda, compañero mío en el colegio de los maristas de la barriada de la Inmaculada. Un niño bien desarrollado, alto y musculoso, a lo que había que añadir su rostro para que todos le tuviésemos bastante respeto. Tenía una sonrisa demoníaca y despiadada, realzada por sus hirsutas y encrespadas cejas cenicientas. También el pertenecer a un sector de las afueras del pueblo como era el Barrio Obrero le proporcionaba, según nuestra infantil percepción, cierta aura de salvajismo.

(4) "Los crímenes en las carreteras. Un hombre degollado. Al llegar el coche que hace el servicio entre Sevilla y Castilleja a la venta denominada 'La Esperanza', propiedad de la señora viuda de D. Pablo Posadas, se interpusieron a su paso dos caballerías, conducidas por tres individuos, de oficio mercaderes, que venían en dirección a Sevilla.
El conductor del vehículo, llamado Miguel Brenes, joven de veintitrés a veinticuatro años de edad, natural de Castilleja de la Cuesta, trató de apartar del camino a los referidos animales, con cuyo objeto, según parece, hubo de fustigarlos.
Entonces los mercaderes le apostrofaron, llegando a tirarle piedras.
Miguel Brenes descendió del coche, y dirigiéndose a los conductores de las caballerías, les reprochó su conducta, cambiándose entre cochero y mercaderes fuertes palabras, que degeneraron en riña.
Los tres comerciantes la emprendieron a puñetazos con el Brenes.
Ante la superioridad de la fuerza, el Miguel recurrió a las armas, y provisto de una navaja, se arrojó sobre uno de los mercaderes, dándole tan terrible tajo en el cuello, que el agredido sólo pudo dar algunos pasos, cayendo en tierra bañado en sangre.
A los gritos de los compañeros y lamentos de uno de ellos, hermano del herido, salió de la venta 'La Esperanza' la pareja de la guardia civil de servicio en el lugar del suceso; mas el agresor, con una rapidez asombrosa, montó de nuevo en el pescante del coche, del cual habían descendido los viajeros y el padre del agresor, llamado también Miguel, y partió a todo correr en dirección a Sevilla.
Próximo ya al fielato del Patrocinio, se apeó del vehículo dándose a la fuga.
En tanto, la guardia civil se hizo cargo del herido, que falleció momentos después.
El padre del agresor se entregó a la pareja de civiles, los cuales lo condujeron al lugar donde su hijo había abandonado el carruaje, que fue llevado de nuevo ante la repetida venta de 'La Esperanza'.
El padre del auriga, propietario del coche, lloraba.
Convenientemente esposado, quedó detenido". El Siglo Futuro, 1 de agosto de 1901.

Nacido el 31 de diciembre de 1926 en la Calle Real n.º 118, este Miguel Brenes Fernández que sigue es una "rara avis" entre los otros de Castilleja, por cuyo motivo lo añado. Hijo de Antonio Brenes Valera, de profesión navegante y natural de Cádiz, y de Isabel Fernández Espinosa, natural de Cartágima (Málaga), casados en Málaga en noviembre de 1914. Abuelos paternos, José Brenes García, natural de Conil (Cádiz), y Antonia Valera Soldado, natural de Alcalá de los Gazules (Cádiz). Abuelos maternos, Cristóbal Fernández Álvarez, natural de Cartágima, y María Espinosa Gil, también de Cartágima.

"Miguel Brenes Fernández, hijo de Antonio y de Isabel, natural de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), soltero, vendedor, de veintiún años de edad, cuyas señas personales son: frente regular, pelo castaño, cejas al pelo, ojos oscuros, nariz roma, boca regular, labios finos, barbilla redonda, estatura 1,610 metros, domiciliado últimamente en Cádiz, Campo del Sur número 19, procesado por el supuesto delito de deserción en la causa número 315 de 1947; comparecerá en el término de treinta días ante el Juez instructor de la misma, Teniente de Navío don Pascual O'Dogherty Sánchez (4a) con residencia oficial en el Instituto Hidrográfico de Marina de Cádiz".

(4a) "Pascual O’Dogherty Sánchez nació el 28 de agosto de 1920 (está apunto de cumplir 99 años) en San Fernando, Cádiz. Tataranieto de un irlandés que emigró a España en el siglo XVIII para unirse a nuestra Armada y participar en la Guerra de la Independencia, desde muy temprana edad Pascual mostró muy buenas aptitudes para las Ciencias y con 19 años, ingresó en la Escuela Naval Militar. En el año 1943 se gradúa con la categoría de Alférez de Navío. Pascual era brillante y además de ascender en categoría militar, también actúa como profesor de la Escuela Naval e ingeniero Hidrógrafo en la entonces Guinea española. Con 21 años conoce en un tranvía a Elvira y 'prendado por su belleza morena' se enamora. Se casan en 1948 y juntos tienen nada menos que nueve hijos nacidos entre España y Newcastle (Inglaterra) donde le matrimonio vive unos años. En 1964 se instalan definitivamente en Madrid y, desde entonces, la vida de Pascual ha estado íntimamente ligada al Canal de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo, un centro científico del que fue director durante 17 años, vive y participa del auge que tuvo la Industria Naval en España en los años 60 y 70, años en los que España llegó a ser el segundo constructor naval del mundo. Desde su jubilación Pascual y Elvira son vecinos de Alcobendas. Su descendencia incluye, además de sus 9 hijos, 21 nietos y 17 bisnietos, muchos de los cuales son también vecinos de nuestra localidad". comunicacion.alcobendas.org


Ahora tenemos que remontarnos al paso de un siglo, el XIX, a otro, el XX (1), para documentar a una última Cepeda, muchachita radicada en Castilleja y también como los Cepeda anteriores (v.s.) natural de Palma del Condado. A tal efecto penetraremos por el viejo portalón del convento de las Irlandesas en el año 1901 (2), en su mes de febrero. Bernarda Cepeda Saldaño, de 13 años, natural de Palma del Condado, con 6 meses y 14 días de residencia en Castilleja. Sigue en el convento, ya como monja profesa, en 1910, año en que Rosa Seandelle Barretta —natural del Puerto de Santa María—, era superiora, cargo que asumió en 1904. 
Con tanta familia en nuestra Villa húbosele de hacer a Bernarda más llevadero el internamiento. "Se me caía el techo encima", confesó al autor de esta historia una amiga castillejense que seguía los pasos de Bernarda en el susodicho convento, penosamente a pesar de vivir ya en plena democracia tras la dictadura de aquel terrorista en grado superlativo que fuera el general Francisco Franco Bahamonde.
Además, esta última Cepeda tenía compañeras muy "saladas", entre las que debió resaltar nada menos que María Luisa Alberti, también del Puerto de Santa María y, —creo—, hermana mayor (3) de Rafael, nuestro poeta comunista.
Aparece en el padrón de Castilleja de 25 de febrero de 1901 la sobredicha María Luisa Alberti, de 16 años, natural del Puerto de Santa María, con 4 años, 3 meses y 3 días de residencia en Castilleja, educanda en el convento de las Irlandesas.
Y otra de sus paisanas, Milagros Pico (4), de 14 años, del Puerto, educanda, con 6 meses y 14 días en Castilleja. 

(1) "España experimenta profundos e importantes cambios. Desde el comienzo de la tercera guerra de Cuba en 1895, una nueva mentalidad se iba abriendo paso en la opinión pública junto a las grandilocuentes declaraciones belicistas. Antes del descalabro militar de 1898, los regeneracionistas, pensadores que sintieron la necesidad de transformación del país, tomaron conciencia de la ruina moral de España y fueron los primeros portavoces del necesario cambio de valores. Después sobrevino la paz, la exigencia de responsabilidades, la búsqueda de las razones del Desastre". Alfredo López Serrano. Los cambios de siglo en la historia de España (siglo XV - siglo XXI). e-archivo.uc3m.es

(2) Todavía el palacete propiedad de la reina María Cristina, las monjas se lo tenían arrendado por 4.000 pesetas anuales. Habían llegado las religiosas a nuestra Villa desde, precisamente, el Puerto de Santa María, el 29 de septiembre de 1889, apoyadas en lo económico por los marqueses de Méritos (2a). Sería en 1903 cuando el palacio pasó a ser completamente propiedad de las monjas.

(2a) El primer titular de este marquesado fue un genovés, Tomás Miconi Cambiasso (1702-1776), establecido en Cádiz y declarado hijodalgo, que llegó a ser ministro honorario del Consejo de Hacienda y se casó con Manuela Josefa de Cifuentes y Mer, viuda de Agustín de Utrera y Arroyo, fallecido en La Habana. Emparentaron los de Méritos luego con los condes de Lebrija.
Hijo de Tomás y Manuela Josefa, Francisco de Paula Miconi y Cifuentes (1735-1811) poseyó sólida cultura científica, cultural y artística. Profesó gran amistad y mantuvo correspondencia con el compositor Joseph Haydn, al cual encargó obras para interpretar en la catedral de Cádiz.


Rafael Alberti con un año, en 1903, junto a sus cuatro hermanos mayores: Vicente, María, Agustín y Milagritos. Faltaba por llegar la más pequeña, Josefa ("Pipi").

(3) La educanda en las irlandesas de Castilleja, María Luisa Alberti, atendiendo al padrón de Castilleja, debió nacer en el año 1885. Recordemos que el apellido Alberti era italiano, pero una de las abuelas del poeta tenía origen irlandés.

"La comunidad irlandesa andaluza fue prácticamente inexistente durante el Bajo Medievo, pero se vio favorecida por los distintos flujos migratorios que se sucedieron desde las islas Británicas tras el cisma anglicano de 1534. Las medidas adoptadas en la Corte de Londres en materia religiosa forzaron el exilio de muchos naturales irlandeses. No obstante, no puede obviarse causas de índole política y económica como motivos relevantes a la hora de comprender estos movimientos poblacionales durante la Modernidad. Compartir su mismo credo romano y la legendaria alusión ideológica de un origen común, basado en el mito de Milesio, fueron espacios comunes a la hora de justificar su acogida en los dominios ibéricos de la monarquía de España. [...] Sevilla fue un foco de interés para los exiliados irlandeses por su proyección americana, en tanto “puerto de Indias”. Sin embargo, con el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz en 1717, esta ciudad pasó a ser el núcleo de los intercambios trasatlánticos. Este hecho explica cómo la cifra de mercaderes o exiliados de conciencia se vio incrementado exponencialmente, pasándose de 21 cabezas de familia en 1709 a 128 en la última década del siglo XVIII. Muchas de ellas encontraron en el comercio una vía de subsistencia y promoción, más allá de los inconvenientes jurídicos y confesionales resultantes de las fuertes restricciones introducidas por las autoridades inglesas y su aplicación de las Penal Law en su isla natal. Siguiendo los pasos de otros parientes, abandonaron Irlanda para hacer negocios, atraídos por las posibilidades que ofrecía el mencionado mercado indiano, centralizado por los puertos andaluces. [...] Ya en 1614, los mercaderes irlandeses habían comenzado a demandar el nombramiento de un cónsul propio para que se encargase de representar sus intereses en Sanlúcar de Barrameda, el Puerto de Santa María y Cádiz. [...] En los albores de la guerra de Independencia y del nacimiento del liberalismo, la reducida comunidad irlandesa en Andalucía cobraba altas cotas de representatividad, legando a la historia andaluza del siglo XIX uno de sus más relevantes pensadores: José María Blanco White". Cristina Bravo Lozano. Los irlandeses. Identidad e Imagen de Andalucía en la Edad Moderna. www2.ual.es

Un grupo de ocho religiosas irlandesas y una de Gibraltar que pertenecían al Instituto de la Bienaventurada Virgen María fundado por la británica Mari Ward en 1609, formaron en 1888 el primer convento de España, asentado en el n.º 68 de la calle Larga en el Puerto de Santa María, donde abrieron un colegio para señoritas. El erudito local Luis Suárez dice que el apelativo de "Irlandesas" se lo pusieron los portuenses. Anteriormente en 1845 las monjas —provenientes de Gibraltar— habían intentado establecerse en Cádiz, pero no cuajó la institución y se disolvió poco después.
En el padrón de habitantes del Puerto de Santa María del año 1889 figuran en la calle Larga n.º 68:

M. Wardy Feane, de 40 años de edad, natural de Dublín.
M. Colohan Sydney, de 32, natural de Dublín.
M. Flood Cody, de 30, natural de Dublín.
Charlotte Mc'Mullan Mc'Alloy, de 29 años, natural de Belfast.
M. Oshea Rosuez, de 22 años, natural de Carlon.
M. Oneuz O'Neill, de 30 años, natural de Wieblon.
M. Byne Connor, de 28 años, natural de Wexford.
J. Córdoba González, de 20 años, natural de Gibraltar.

Falta la madre superiora, Juana Murphy Gould, de 48 años, que estaba de viaje por Andalucía recabando fondos para el colegio cuando se elaboró el padrón. Pocos meses después Juana cambió su firma por la de M. J. Estanislao Murphy. 

Al quedar pequeño el colegio para albergar a todas las alumnas y profesoras obtuvieron un solar de la Armada en el ejido de San Juan en dicho Puerto de Santa María, y en los primeros meses de 1889 el ayuntamiento se comprometió a suministrarles materiales de construcción para erigir el nuevo edificio. Iniciadas las obras, la comunidad de irlandesas recibió una oferta de la reina regente María Cristina para vivir y ejercer, en régimen de alquiler, en el palacio de Montpensier en nuestra Villa, por entonces propiedad de María de las Mercedes de Borbón, princesa de Asturias menor de edad. De esta forma desistieron de la obra en el Puerto y se trasladaron a la localidad aljarafeña, con la madre Stanislaus Murphy como superiora y con las alumnas educandas que entonces tenían.

(4) El apellido Pico es de origen norteño. 

"Se trata de un muy antiguo linaje asturiano, que tomó en principio el nombre de la villa de Coaña, del asturiano partido judicial de Castropol, en la que tuvo su solar, casa y torre, llamada de los Picos". Enciclopedia de Genealogía y Heráldica. García Carraffa.

Es apellido que en el Puerto llega hasta nuestros días desde principios del siglo XIX. Manuel Pico poseía una destilería en el Puerto en 1824 que luego pasó a las Bodegas Terry y por fin a manos de la familia Merello en 1952. Hoy está dirigida por Pablo Merello Díez y elabora licor de cacao, ginebras y vodkas de prestigiosas firmas.


Que el autor de Marinero en tierra supo que María Luisa Alberti estudió en el convento de Castilleja de la Cuesta es algo que hay que dejar por obvio. Y que también sabía que en el lugar en que se erigía el referido convento había muerto Hernán Cortés, es algo no menos obvio, dada su amplia cultura. Así como que el espíritu hernancortesiano, transmitido por Antonio de Orleans, era omnipresente en aquel convento. Con base en ello hay que analizar lo que del escritor portuense presentó el periódico madrileño El Sol en su apartado con el título genérico de "Folletones de El Sol", Ahí Rafael Alberti publica, el 15, 22 y 29 de marzo de 1936, las tres entregas de la narración de su viaje a México, que titula "Encuentro en la Nueva España con Bernal Díaz del Castillo". Creo que el autor se inspiró directamente en la experiencia castillejana de María Luisa Alberti para la elaboración de algunos párrafos de su "folletón":

Rafael Alberti comienza calificando la aventura depredadora de Bernal Díaz del Castillo de "epopeya", y afirma que el cronista está todavía vivo. Su encuentro con él es "una realidad viva, palpable y en movimiento. [...] Tuve la suerte de encontrarme con él, y acompañado ya de él recorrer parte de estas tierras". Y tras identificar el México moderno con la Nueva España de Bernal Díaz, continúa con unos párrafos en los que describe la primera etapa de su viaje, en la isla de Cuba, a donde llegó en la primavera de 1935 desde el puerto de Nueva York.
Se evidencia desde las primeras líneas que la condena al colonialismo que cabía esperar de una persona con las ideas políticas de Alberti es tibia, apenas insinuada, como si tuviera temor a hacerla de frente y directamente.
Identifica a Cádiz con La Habana, recuerda de su infancia a "los negritos habaneros que barrían la puerta del casino", y se refiere a algunos militares que visitaban a sus hijos los domingos en el colegio jesuita del Puerto como "esos señores con el uniforme de la Marina de Guerra cuya escuela se encontraba en la Isla de San Fernando —a media hora de marcha desde el Puerto—, que habían peleado con los insurrectos".
Acto seguido, siempre eludiendo el enfoque directo del problema colonial, hace un malabarismo trasvasando el dicho problema a un ámbito puramente lingüístico, muy cómodo para él como gran literato dominador del idioma. Contempla el afirmativo "sí" de los indios siboneyes originarios con el "sí" español, "agudo, cortante, como una espada de conquista, imponiendo su filo, ensangrentando, torturando, matando, borrando al fin el 'sí' de los indígenas". Luego se extiende sobre el posterior "sí" criollo, que acaba adquiriendo connotaciones "de ira, de violentas ansias liberadoras". Alberti pide a sus lectores de El Sol que le permitan seguir sintetizando, "en el combate de estas dos afirmaciones, la española y la criolla, todo el proceso histórico de la emancipación colonial". Esto es, anuncia que no piensa comprometerse en modo alguno, ni con nombres ni con hechos. Pero... atención: todo esta "translingüistificación" del asunto imperialista al literario tiene la intención de presentar a los españoles en América como un mal menor, ya que el mismo día —sigue diciendo Alberti— que el "sí" español regresaba derrotado en barco a la Península, el "yes" yanqui desembarcaba en Cuba por la orilla opuesta. Y ahora se desvela la verdadera intención del poeta portuense. Entre el "sí" criollo y el "yes" de los americanos del Norte "comienza otra batalla, aun más dura, más brutal, más violenta que la anterior, hasta convertir hoy día a los cubanos en los heroicos habitantes de una isla martirizada".
Y añade, con todo descaro: "Continúo hablando en un lenguaje metafórico, figurado, porque para hablar claro de todo lo que hay detrás del "yes" que hoy se abre paso, en una mano el dólar y en la otra el fusil —por los puertos, las calles, las plantaciones de azúcar, de café y tabaco de la isla de Cuba— requeriría la voz, el grito indignado del mitin, el gesto terminante que hace saltar a los auditores de sus sillas".
Y acaba el capítulo cubano de su viaje a México con estas palabras: "Pero yo no he de contar, aunque sea de manera imprecisa, la historia de las luchas antiguas y actuales de la isla de Cuba. Si digo algo de esto es porque esta isla continúa siendo todavía, como las otras del mar Caribe, botín para conquistadores y punto de partida de Bernal Díaz del Castillo, soldado y descubridor de tierras nuevas, luego al servicio del capitán don Hernando Cortés en la conquista de la Nueva España".

La presión que sobre las sociedades ejercen sus propios ejércitos se hace sentir muy especialmente en el área gaditana, desde el centro neurálgico colonialista e imperialista que fue la Escuela Naval de San Fernando. El protagonismo de sus miembros en todos los estratos provinciales es patente, como lo es el de todos los militares marinos desde el traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a la ciudad costera. Alberti no es ajeno a esta presión militar, aun en plena Segunda República con —al menos en teoría— la preponderancia del poder civil sobre el militar. Teme represalias contra su propia familia, o sufrir el rechazo de ésta, en caso de que denuncie abiertamente el genocidio y la explotación que los españoles efectuaron en el Nuevo Mundo. Cualquier mención a estos condenables hechos es un anatema gravísimo entre los militarotes y marinos de la Escuela Naval, extremadamente acomodada al pasado monárquico, máxime estando todavía reciente la pérdida de las colonias, que muchos de estos referidos militarotes habían vivido en primera persona y por la cual exhibían todavía lutos, heridas y mutilaciones. Todo lo cual explica el tono del folletón albertiano. 
Sigámoslo en su llegada a Veracruz. Percibe en primer lugar una masa portuaria empobrecida y gris que se busca la vida afanosamente, y se pregunta: "¿Quiénes de aquellos hombres que encontraba sabrían que Hernán Cortés cavó aquella tierra, cuando sólo era un terreno baldío, para sembrar en ella los primeros cimientos de sus muros?", y "¿Quién conoce en Veracruz a Bernal Díaz? En cambio, no sería difícil encontrar a quien recordase que el día 21 de abril de 1914 la ciudad de Veracruz fue tomada por los yanquis por orden de Wilson, 'el apóstol de la paz europea' ".
Para el gaditano la invasión está justificada por el hecho de que el pueblo llano estaba dominado y oprimido por señores feudales y castas militares y sacerdotales, y que con la llegada de los españoles no hizo sino cambiar de dueños. Pero que todo el mal que hicieron los indicados españoles —mal que él se limita a insinuar con hipocresía— es nada en comparación con el efectuado por los estadounidenses desde el albor del siglo XX. 
La inocua crónica de Alberti se puede resumir en una frase con la cual él mismo se define: "soy un triste viajante de comercio poético". Parece que algo lo frena, que una fuerza le impide atreverse a más, a agudizar su crítica, a atacar más abiertamente. Uno no puede por menos que recordar al justiciero dedo acusador de su amigo Pablo Neruda, o al malagueño que ya conocemos, Salvador Rueda, que se granjeó con su postura antiimperialista en Filipinas el odio de la rancia derecha hispana: "los americanos os llenaron el país de escuelas" dijo a sus anfitriones. Alberti, al contrario, sale indemne de México, y más: todo su "folletón" rezuma condescendencia si no aprobación de la "empresa descubridora, civilizatoria y de evangelización", y apenas roza, como si temiera mancharse, los asuntos candentes y vergonzosos que caracterizaron y definen a aquellos personajes, a cuya cabeza se destaca con nitidez el capitán genocida de Medellín.
La crónica del viaje de Alberti a México parece, de esta manera y con su deificación de Bernal Díaz del Castillo por medio, una pieza ajena y extraña que no encaja de ninguna forma en su trayectoria política y vital.

Quizá la explicación de este pasaje inexplicable del escritor comunista del Puerto se aclare en la tesis doctoral que con el título de Oscuridad y exilio interior en la obra de Rafael Alberti (Universidad Complutense, Madrid, 2016) presentó la filóloga Marina Casado Hernández. Aquí pueden encontrarse pistas sobre trasfondos y ocultamientos de la personalidad del poeta: marinacasado.com

(Continúa en la entrada siguiente)

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