La misma casualidad que manejaba los hilos en el escenario de los juegos del huérfano Francisco con Pedro ha puesto en nuestro camino recientemente un documento que ilumina detalles de la familia del referido huérfano. O quizá haya sido Zeus —el homérico "amontonador de nubes"— quien se ha dignado colocar a nuestra disposición el añejo papel, para dar a esta historia la coherencia y el concierto que imperiosamente necesita.
Ya habíamos apuntado en "Los esclavos 68" (entrada de julio de 2009) que las carnicerías eran fuente de conflictos y pleitos para sus obligados. Constituían establecimientos de relevante importancia social, puesto que aquellas comunidades tenían especial preferencia por el consumo de carne. Era el padre de Francisco, Juan de Padilla, uno de estos obligados carniceros en el año 1545 y podemos ahora así confirmar lo esbozado en el párrafo final de "Los esclavos 75a": marido de Juana Hernández.
Tenía el carnicero Juan sobre sus espaldas un problema económico serio, originado cuando otro Juan, Juan Gonzalez Vohón*, su socio en la explotación del establecimiento, le requirió el pago de ciertas deudas relacionadas con sus actividades al frente del despacho de productos cárnicos. Al parecer no habia cumplido Padilla con todas las condiciones estipuladas en el contrato, mas en cualquier caso se negó a satisfacer al completo las exigencias de su socio, el cual, ni corto ni perezoso, recurrió a las autoridades. De tal forma que los entonces Alcaldes Ordinarios Juan Verde y Juan de Santana instaron al denunciado Juan de Padilla a presentar los libros de cuentas de todas las libras de carne que había cortado, pesado y vendido desde el primero de enero de aquel año hasta el día de carnestolendas, para deducir en blancas la cantidad que debía abonar a Juan Gonzalez Vohón, el denunciante; resultó haber vendido 9.672 libras y media, que significaban una cantidad de 4.866 maravedíes y medio, y haber sacrificado 202 cerdos, que a medio real de alcabala cada uno montaban 3.434 maravedíes**. Los Alcaldes no se anduvieron con rodeos y ordenaron a Juan de Padilla pagar las dos sumas a Juan Gonzalez Vohón, o en caso contrario, ir derecho a la Cárcel del Concejo y quedar preso hasta cumplir con lo debido. Juan de Padilla respondió que no era obligado a pagar la deducción por libras vendidas, sino solo la alcabala por cerdo muerto, y ante tal razonamiento los Alcaldes, por medio del Alguacil Juan Martin Serrano, lo enviaron a prisión, siendo testigos de su encerramiento Alonso Gomez y Juan de Pineda. Ocurrió todo lo que antecede el martes 10 de marzo de 1545.
Dos días después, el jueves, solicitó el preso el concurso de la autoridad, a la que expuso que por no estar preso más tiempo se declaraba dispuesto a depositar prendas que equivaliesen al valor de las deudas, como era un pedazo de majuelo de aranzada y media que poseía en término de Tomares, lindando con una viña propiedad de Hernando Beltrán, con otra de Beatriz Suárez, con otra de Alonso de Fuentes y con el Camino Real a Sanlúcar la Mayor***.
Los Alcaldes transigieron, pero exigían más, y Juan de Padilla les ofreció "un manto de paño negro casi nuevo con un ribete de terciopelo de alto a bajo, una saya de paño morado pequeña con sus cuerpos de paño azul pintados con dos tiras de raso carmesí a la redonda de dicha saya, unos manteles caseros de siete varas, dos varas de holanda nuevas, y un colchón de lienzo blanco lleno de lana".
Más o menos de acuerdo todas las partes, Juan de Padilla y su mujer Juana Hernández, como copropietaria de los bienes hipotecados, juraron por escrito pagar en dinero contante y sonante todo lo adeudado en cuanto tuvieran ocasión para ello, los Alcaldes constituyeron como depositario de las prendas, majuelo incluido, al Alguacil, siendo testigos el cura de la Iglesia de Santiago Cristóbal Martin de Alaraz, Diego Martin Bermejo el mozo y Diego Verde, y por fin soltaron a Juan de Padilla, estando presentes en su liberación los dichos testigos.
* Para Juan Gonzalez Vohón ver la referida entrada de julio de 2009 "Los esclavos 68".
** 202 cebones en el tiempo contemplado por los Alcaldes, desde 1º de año hasta el Carnaval, da una media de más de 3 cerdos diarios consumidos por los carnívoros castillejanos, consumo al que hay que añadir el de vaca y carnero, lo cual nos parece a todas luces excesivo a no ser que se incluya entre los dichos 202 también cochinillos lechales, o que parte de la matanza se destinara a ventas fuera de la Villa.
*** Situamos este majuelo de Juan de Padilla inmediato a la entrada de la Calle Real desde Sevilla, quizá donde hoy se alza la urbanización Colina Blanca.
jueves, 10 de septiembre de 2009
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