sábado, 12 de noviembre de 2011

Los Juanguren y el espadero 22

Lo primero y más urgente para el Juez de Comisión era asegurarse las espaldas con bienes materiales, tangibles y monetizables, con los que hacer frente a probables penalizaciones por su negligencia. Porque los daños psíquicos el tiempo y los vericuetos de la razón los arreglaban de una manera u otra, pero una fuerte multa era algo irrecuperable y la faldriquera conservaba por siempre jamás el estrago. Por lo tanto se dispuso a cubrir a modo completo las futuras indemnizaciones que le fueran exigidas, embargando a diestro y siniestro todo lo embargable. Y empezó allí mismo, en la casa de Alonso Rodriguez de Triana, cuyos dueños parecían haberse volatilizado.

Y luego el dicho Señor Juez buscó por la casa del dicho Alguacil qué bienes había en casa para los secuestrar, y no se hallaron sino los bienes siguientes:

-Una arquilla de madera pequeña sin llave, vacía.
-Un banco de madera, de cama, sin pies.
-Una silla de costillas.
-Una almohada vieja.
-Un costal de lana donde parecía que estaba echado el dicho Juan Martín Haldón.
-Una tinaja de 4 arrobas poco más o menos, llena de vino, y otra tinaja vacía, del mismo porte.
-Un lebrillo verde, grande, de amasar, y quebrado.

Todos los cuales dichos bienes el dicho Señor Juez dejó de manifiesto en poder de Juana García, mujer de Bartolomé Hernandez, vecino de esta Villa.
Luego el dicho Señor Juez hizo secuestro por bienes del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, de una tinaja de vino de 30 arrobas poco más o menos, que está en la bodega del dicho Señor Hernando Jayán1, y asimismo secuestró las casas de su morada, que son en esta dicha Villa, linde por una parte con casas de Bartolomé Hernandez y de la otra parte con el Hospital de esta dicha Villa, y por delante la calle2. Y asimismo secuestró y hubo por secuestrado un pedazo de viña que el dicho Alonso Rodriguez de Triana tiene en término de esta dicha Villa, en que diz que hay media aranzada poco más o menos, que alindan de una parte con viñas del dicho Señor Hernando Jayán y de la otra parte con viñas de (en blanco).
El dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, ni Ana de Tovar su mujer, no se hallaron en su casa, sino hamos (sic) la dicha casa abierta y no nadie dentro de ella. Testigos que fueron presentes los dichos Rodrigo Franco y Diego Gonzalo.

1.- Era costumbre que, entre conocidos, quien tuviera espacio de sobra en su bodega cediera desinteresadamente una parte de él a quien, poseyendo alguna tinaja de vino, no dispusiera de lugar donde almacenarla. Las tinajas foráneas se marcaban con alguna letra o señal. De la bodega de Hernando Jayán, situada en el corral de su casa a la banda del Hospital aledaño que él mismo patrocinaba, conocemos muchos detalles.

2.- Por esta otra información se nos ofrecen más elementos para formar el rompecabezas que, a partir de los documentos manuscritos y dada la carencia de planos de la época, es la topografía del pueblo. Dado que el Hospital lindaba con la casa del Juez Jayán por un lado, y por el otro con, según se dice aquí, la casa del Alguacil Rodriguez de Triana, que a su vez lindaba por la parte opuesta con la casa de Bartolomé Hernández, y sabiendo que tenía que encontrarse el conjunto de los cuatro edificios al principio de la actual calle de Enmedio (que llegaría a llamarse calle de los Jayanes, por el apellido de Hernando y sus descendientes) junto a la Plaza, este sector de las construcciones en la población hacia la mitad del siglo XVI que estamos estudiando no debía arrojar mayor complicación: Hernando Jayán-Hospital-Alonso Rodriguez de Triana-Bartolomé Hernández. Los dos primeros sitios no ofrecen duda alguna. Y de Bartolomé Hernández, ahora depositario vía su mujer Juana García —ver supra— de los bienes confiscados al Carcelero, es bien poco lo que conocemos.
La complicación surge cuando se documenta al Alguacil y a su bella esposa Ana viviendo en la Calle Real, como ocurre en "Los esclavos 14", (febrero de 2009), dos años después del de la fuga del zorzalero que tratamos. Además, como se reafirma de inmediato en el próximo capítulo, Ana se había marchado el día de la dicha fuga a "su casa de la Calle Real". Siendo así, ¿cual sería este otro Hospital de referencia? ¿Un lugar enigmático dependiente de una supuesta Cofradía callerealenga? Y lo tildamos de enigmático porque en una sola referencia, indirecta y oscura, lo hemos encontrado en el minucioso escrutinio que venimos realizando de la detalladísima documentación castillejana del siglo XVI, escrutinio que hoy por hoy alcanza hasta 1569. De forma que es arriesgado siquiera suponer que había dos hospitales en el pueblo.
Consideraremos ahora, en el siguiente capítulo, la Cofradía a la cual parece asociado, teniendo en cuenta también que un "hospital" en aquellos tiempos podía ser un simple cuartucho de suelo terrizo, sin ventanas, con un hueco a la calle a modo de puerta y unas cuantas esteras infectadas de parásitos en las que los miserables enfermos que recalaban en él intentaban pasar la noche acostados.
Del hospital de Hernando Jayán narraremos prontamente un episodio ciertamente siniestro y trágico, adelantando que la "cena" que se dió a uno de sus acogidos fué un huevo duro.

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