domingo, 5 de agosto de 2018

Notas varias, 3e.



Como estamos viendo, Francisco Ortiz Navarrete el Desheredado, nuestro doctor en México, está ampliamente protocolizado en esa monumental memoria de Indias que es el Archivo sevillano del mismo nombre. Como lo está también su hijo y heredero, homónimo y, repetimos, ostentador que llegaría a ser del importante cargo de teniente del Asistente de la ciudad de Sevilla.

Sigamos pues, por ahora, con el padre: entre los expedientes de bienes de difuntos formados entre 1636 y 1642 está el que sigue: "Autos sobre los bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, natural de Sevilla, médico (1) del Virrey de Nueva España, el Marqués de Gelves; casado con Isabel Méndez (Meléndez), vecina de Sevilla. Hijos: el licenciado Francisco de Navarrete, Juan de Navarrete y Catalina y María Ortiz, monjas del convento de Santa Paula (Santa Clara más abajo por error) de Sevilla. Muere en México. con testamento. Albaceas: el licenciado Sebastián Sánchez, capellán del Marqués de Gelves y Alonso López Romero, secretario del dicho Marqués de Gelves. Herederos: sus hijos".
El primer folio de los 352 que forman estos autos dice: " Bartolomé de Celada en nombre del doctor don Francisco Ortiz y Navarrete, teniente de Asistente de esta ciudad, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto en Indias, digo que como consta de esta fé de la Contaduría de esta Casa que presento por bienes del dicho difunto, se trajeron de la Nueva España el año pasado de 1633 en la flota del General Martín de Vallecillos 186 pesos y un tomín inclusos en partida de 8.020 pesos y 6 tomines que entraron en las arcas de bienes de difuntos de esta Casa, y la dicha partida de 186 pesos y un tomín, bienes del padre de mi parte, los ha de haber y le pertenecen como tal su hijo y heredero, porque aunque instituyó por su testamento por sus herederos a mi parte y a don Juan Ortiz de Navarrete y a dos hijas suyas monjas que son doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete sus hijos y hermanos de mi parte, el dicho don Juan Ortiz de Navarrete murió mozo soltero y sin dejar hijos, abintestato, y en el derecho que le tocó de la dicha herencia sucedió mi parte como tal su hermano legítimo, de que ofrezco información juntamente de cómo el dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, difunto en Indias, de cuya herencia se trata, fue natural de esta ciudad, nacido y criado en ella; y asimismo pertenece a mi parte la dicha herencia por entero porque como consta de la escritura que presento, las dicha doña Catalina Ortiz y doña María Ortiz de Navarrete con monjas en el convento de Santa Clara de esta ciudad, profesas, y la herencia que les pudo pertenecer así del dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete su padre como otras cualesquiera se la renunciaron a mi parte, conque se justifica le pertenece la dicha partida y se la ha de adjudicar Vuestra Señoría.
A Vuestra Señoría pido y suplico que, habida la dicha información que ofrezco por esta petición, mande se de carta de diligencias para que se lea y publique en el Sagrario de la Santa Iglesia de esta ciudad y en la plaza de la Lonja de ella conforme a las ordenanzas, y hecho, adjudique a mi parte los dichos 186 pesos y un tomín como a tal heredero, y que para su efecto se entregue los autos al Relator, y pido justicia.

(1) Siendo Navarrete médico del Virrey viviría desde luego, en primera persona —probablemente en los prolegómenos de su enfermedad, porque siete meses después, en agosto, ordenó su testamento (v. i.)— las convulsiones político-sociales producidas en la Nueva España cuando su señor "se topó con la Iglesia". Dice Wikipedia: Conflicto con el Arzobispo y revuelta en el Palacio Real / Nacional. Recibió numerosas quejas [el Virrey marqués de Gelves] contra el arzobispo de México, Juan Pérez de la Serna, referentes a su venalidad y fundadas en la manifiesta injusticia de las sentencias que se dictaban en su tribunal eclesiástico, y de ahí nació un conflicto entrambas autoridades y jurisdicciones. El virrey dio instrucciones al arzobispo para no conceder divorcios tan fácilmente, para no aceptar regalos, y no practicar el alza de los precios en la carne (de la cual algunas órdenes religiosas poseían haciendas con innumerables cabezas de ganado).
Estas diferencias entre los dos llevó a la ruptura final, la cual ocurrió debido a un proceso legal contra Melchor Pérez de Baraiz e Ibero, el corregidor de la Ciudad de México y alcalde mayor de Metepec. Acusaron a Pérez de Veraiz de que apoyaba la monopolización del maíz a favor de terceros y practicaba la granjería con fines ilícitos. Él huyó al convento de Santo Domingo para evitar la detención. Los jueces fijaron a guardias alrededor del convento, pero el arzobispo, solicitó la inmunidad eclesiástica y amenazó de excomunión a los jueces, sus aliados y a los soldados.​ El virrey y la Audiencia apelaron al obispo de Puebla, quien era el juez apostólico en tales casos, y se le pidió absolver la amenaza de excomunión. El prelado respondió con una prohibición general cerrando todas las iglesias en la capital por algunos días. El 11 de enero de 1624, el arzobispo hizo una visita inesperada al Palacio Virreinal en silla de manos. Estando presente el virrey quien, junto con la Real Audiencia, habían determinado el destierro y encierro del arzobispo en San Juan de Ulúa, a quien mandaron embarcar para Europa. El arzobispo respondió ya estando en San Juan Teotihuacán con la excomunión tanto del virrey como de todos los miembros de la Audiencia, ordenando también que clérigos a caballo montaran por las calles de la capital gritando "¡Viva Cristo!" y "¡Muera el mal gobierno!". Por tal medida el virrey arrestó al arzobispo ordenando una escolta que lo acompañara de regreso a España. Tres de los miembros de la Audiencia revocaron la orden de deponer al arzobispo, pero el virrey también los tomó prisioneros, por desacato. Como consecuencia de las medidas en contra del arzobispo se originó una revuelta popular el 15 de enero de 1624 que culminó con la quema de las puertas del Palacio Virreinal y la exigencia de destitución de Carrillo de Mendoza y Pimentel. La Audiencia destituyó al virrey (que no había logrado dominar el motín) del alto puesto que desempeñaba, nombrando en su lugar al oidor licenciado Pedro Vargas Gabiría como capitán general. El desatinado arzobispo, quien había conseguido escapar, se autoproclamó como virrey desde el 15 de enero hasta el 3 de noviembre del corriente [en 29 de agosto, en plena autoproclamación del arzobispo,  Francisco Ortiz otorgaba su testamento] en que tomaría posesión del reino el III marqués de Cerralbo. La noche del incendio Carrillo de Mendoza y Pimentel pudo escapar del asalto a palacio disfrazado como un sirviente, consiguiendo refugiarse en el Convento de San Francisco el Grande siendo custodiado durante su estancia en la Nueva España con una escolta de honor. Siguiendo las órdenes del rey, cuando Cerralbo llegó a Nueva España ordenó la inmediata remoción del arzobispo rebelde y restableció a Gelves como virrey por dos días no más (del 31 de octubre al 3 de noviembre) como muestra de que la autoridad del soberano estaba por encima de cualquier grupo social, económico y hasta religioso de la Nueva España. A primeros de 1625 Carrillo de Mendoza y Pimentel se embarcó para la Península Ibérica, donde tuvo audiencia con el rey Felipe IV para responder por los actos de su gobierno y administración. La majestad católica aprobó parte de las disposiciones tomadas contra el arzobispo, pero desautorizó otras medidas de su virrey. (Wikipedia. Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, I marqués de Gelves).


                                    Diego Carrillo, marqués de Gelves y Virrey de la Nueva España


  Los Señores de la Casa de la Contratación de Sevilla mandaron recibir la información ofrecida por Bartolomé de Celada. Don Diego de Villegas, Juez y Contador perpetuo por Su Majestad de dicha Casa certificó, de pedimento de dicho Bartolomé de Celada, que por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, se trajeron en 1633 en la flota del General Martín de Vallecilla (1) 186 pesos y un tomín, inclusos en la partida de 8.020 pesos y 6 tomines de a ocho que remitió a esta Casa don Íñigo de Argüello Carvajal, Oidor de México, la cual partida está en las arcas de bienes de difuntos y ausentes de esta dicha Casa, para que los cobre quien los hubiere de haber, menos las costas y averías. Dado en Sevilla a 4 de noviembre de 1636.


                                        Firma de Bartolomé de Celada

(1) Salió de Sanlúcar el 20 de mayo de 1631, y de Cádiz en conserva de la Armada y la Flota de Tierra Firme el 24 de junio de dicho año. Llevaba 5.000 toneladas de mercancías y 2.347 quintales de azogue.
Regreso (con los bienes del difunto Navarrete): después de reunirse en la Habana con la Flotas de Tierra Firme de don Juan de la Vega Bazán y la Armada al mando de don Tomás de Larraspuru, zarpan juntas las tres formaciones y llegan a Cádiz el 3 de julio de 1633. http://todoavante.es/index.php?title=1631_-_Flota_de_Nueva_Espa%C3%B1a#Mando:


Los señores presidente y jueces oficiales de Su Majestad de la Casa de la Contratación de las Indias de esta ciudad de Sevilla hacen saber a todas las personas estantes y habitantes de esta ciudad de Sevilla cómo por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico que fue del Marqués de Gelves, Virrey que fue por Su Majestad de la provincia de Nueva España, donde murió el dicho doctor Navarrete, han venido y están en las arcas de bienes de difuntos de los alcaldes del Tesoro de la dicha Casa de la Contratación 186 pesos y un tomín y asimismo el testamento del dicho doctor, en el cual están las cláusulas del tenor siguiente:

Item declaro que yo tengo por mis hijos legítimos de legítimo matrimonio con doña Isabel mi mujer, que está en Castilla, al licenciado don Francisco de Navarrete, y a don Juan de Navarrete y a otras dos hijas monjas profesas en Castilla a las cuales les tengo dados sus dotes, y a don Francisco le tengo satisfecho bastantemente lo que por razón de legítima le pudiera pertenecer, en los gastos que con él tengo hechos en graduarlo y ponerlo en el estado que al presente está, de abogado de esta Real Audiencia, y así por estas causas y otras justas y por ser mi voluntad, en la mejor vía y forma que haya lugar de derecho hago mejora en el dicho don Juan mi hijo menor del tercio y quinto y remanente de todos mis bienes, derechos y acciones que me pertenezcan en cualquier manera, con los gravámenes y requisitos que el derecho dispone aunque aquí no vayan expresados, para que prosiga sus estudios con más comodidad, y que con la voluntad de Dios Nuestro Señor haya y goce el dicho don Juan mi hijo la dicha mejora en la dicha forma para siempre jamás, y quien por ello hubiere título o causa.
Y cumplido y pagado este mi testamento, mandas y legados, dejo y nombro por mis universales herederos al dicho don Francisco de Navarrete y al dicho don Juan y a las dichas dos mis hijas monjas por iguales partes del remanente de los dichos mis bienes, sacado el dicho tercio y quinto de mejora hecho en el dicho don Juan mi hijo, y revoco y doy por ninguno otro cualquier testamento o testamentos o codicilo que antes que este haya otorgado, y quiero que este valga por mi testamento o codicilo y última voluntad en la mejor manera a que haya lugar de derecho, y para cumplir este mi testamento nombro por mis albaceas al licenciado Sebastián Sánchez, capellán de Su Excelencia, y a Alonso López Romero su secretario, insolidun, para que cualquiera de ellos entren en mis bienes y lo cumplan, para lo cual les doy poder en forma y declaro que al presente tengo en mi casa por mis esclavos un negro y dos negras, y una librería, y dos candeleros de plata, y una salvilla y salero, y otras cuatro o cinco piezas, y unas sortijas de oro y ropa de cama y mesa y escritorios y cuadros y un caballo y en una talega poco más o menos de 200 pesos, y otras menudencias, y lo otorgo ante el escribano y testigos en la ciudad de México a 29 de agosto de 1624, siendo testigos Juan de Frías y Pedro de Mieres y Francisco de Luna, vecinos de México, y el dicho otorgante que yo el presente escribano doy fé que conozco lo otorgó y firmó, testigos Francisco Navarrete Ampani, Diego de Torres, escribano real, en testimonio de verdad, Diego de Torres, escribano real.

Y la dicha partida la pretende y que se le adjudique como a heredero del dicho Francisco Ortiz Navarrete el doctor don Francisco Ortiz Navarrete, Teniente de Asistente de esta ciudad, su hijo, por decir ser muerto el dicho don Juan su hermano sin hijos ni herederos, y las dos hermanas suyas, hijas del dicho difunto doña Catalina y doña María Ortiz Navarrete ser monjas profesas en el convento de Santa Paula de esta ciudad y haber renunciado la herencia en que el dicho doctor don Francisco Ortiz Navarrete pretende haber sucedido, y para cumplir con lo que Su Majestad tiene mandado por sus Reales Ordenanzas de la dicha Real Audiencia, citan y llaman por la presente a todas y cualesquier personas que pretendan tener derecho a la dicha partida, así por título de herederos como de acreedores o en otra cualquier manera, parezcan ante los dichos Señores a pedir y mostrar su derecho dentro de tercero día de la última publicación de esta carta, que pareciendo en el dicho término les oirán y guardarán justicia, y pasado no lo habiendo hecho procederán  en la causa como hallaren por derecho sin le más citar ni llamar, que por la presente les citan y llaman especial y perentoriamente, y los autos de esta causa se notificarán en los estrados de la dicha Real Audiencia que les señalan, y para que venga a noticia de todos mandaron que la presente se pregone en la Lonja de esta ciudad y en el Sagrario de la Santa Iglesia de ella, y todo se ponga por testimonio. Dada en Sevilla en la Casa de la Contratación de las Indias, en 22 de noviembre de 1636. Firmó el licenciado Antonio de Medina Sánchez.

Yo, Álvaro de la Cerda, notario apostólico, certifico y doy fé que en el Sagrario de la Santa Iglesia de esta ciudad de Sevilla leí y publiqué lo contenido en estos escritos en 20 días del mes de junio en tres días con el del día del presente año de 1640, de que doy fé.

En primero de agosto de 1640 (1) y por voz del pregonero del Concejo de Sevilla Lázaro Martín se pregonó la carta en las gradas de la Lonja citando a quienes dijeren tener derecho a la dicha partida. Escribano, Gonzalo de Avellán.

(1) Durmió siete años —desde el año 1633— su sueño amarillo el oro del médico en el arca de bienes de difuntos de la Casa de la Contratación.

En la Casa de la Contratación en 22 de mayo de 1642 el doctor Francisco Ortiz Navarrete presentó la información que le estaba mandado dar, con el primer testigo llamado don Gonzalo Ortiz Pacheco, vecino de dicha ciudad en la collación de San Vicente, quien dijo conocer al doctor que lo presenta por testigo, y conoció a su padre y a su madre, y sabe que este es ya difunto, y que los dichos fueron marido y mujer porque les vió hacer vida maridable en esta ciudad de Sevilla, y sabe que procrearon a los cuatro hijos dichos, y que don Juan Ortiz Navarrete es difunto ha más de 14 años y las dos hijas son monjas en el convento de Santa Paula. Firmó.


                                         Firma de Gonzalo Ortiz Pacheco


En Sevilla en la Casa de la Contratación en 16 de junio de dicho año de 1642 el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete para la dicha información presentó por testigo a doña Beatríz de Ulloa, viuda de don Gaspar de Córdoba, vecina de esta ciudad de Sevilla en la plazuela de San Julián, de la cual fue recibido juramento en forma de derecho y lo hizo y prometió de decir verdad, y siendo preguntada por el dicho pedimento, dijo que conoce al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete que la presenta por testigo, porque es sobrino de esta testigo, hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, hermano de esta testigo (1), que murió en la ciudad de México el año de 1624, y conoce a doña Isabel Meléndez, mujer del dicho don Francisco Ortiz Navarrete y madre del dicho don Francisco Ortiz Navarrete, y conoce a doña Catalina y doña María de Navarrete, hijas de los dichos Francisco Ortiz Navarrete y de la dicha doña María (sic) Meléndez su mujer, y conoció a don Juan Ortiz de Navarrete, asimismo hijo de los susodichos, que es ya difunto, hermano del dicho don Francisco Ortiz de Navarrete, y sabe esta testigo que los dichos Francisco Ortiz Navarrete y la dicha doña Isabel Meléndez fueron marido y mujer legítimos, casados y velados según orden de la Santa Madre Iglesia, y que durante su matrimonio hubieron y procrearon por sus hijos legítimos al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete que la presenta por testigo, y a los dichos don Juan Ortiz de Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete que hoy son monjas profesas en Santa Paula, porque como tales marido y mujer les vió esta testigo hacer vida maridable en esta ciudad en una casa y compañía a los dichos Francisco Ortiz Navarrete y doña Isabel Meléndez su mujer, y que vió cómo trataban, alimentaban y nombraban por sus hijos legítimos al dicho doctor don Francisco Ortiz Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz Navarrete y al dicho don Juan Ortiz de Navarrete, y sabe esta testigo que el dicho Francisco Ortiz Navarrete el viejo murió en la ciudad de México de la Nueva España, sin dejar más hijos que a los dichos don Francisco Ortiz de Navarrete y al dicho don Juan Ortiz de Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete, y asimismo sabe que el dicho don Juan Ortiz es muerto y pasado de esta presente vida, que habrá que murió por el año de 1625, que murió en esta ciudad mozo soltero y por casar, sin dejar herederos forzosos, y sabe asimismo que las dichas doña Catalina y doña María Ortiz son monjas profesas en el convento de Santa Paula de esta ciudad podía haber 20 años poco más o menos, y que tienen renunciada la herencia, y esta testigo vió muerto al dicho don Juan Ortiz. Y sabe asimismo que el dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete tiene en su casa y compañía a la dicha doña Isabel Meléndez su madre, por todo lo cual sabe esta testigo que le pertenece la herencia del dicho su padre al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, y que esto que tiene dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene hecho, y que es de edad de 70 años poco más o menos, y lo firmó.



                                                 Plaza de San Julian (Sevilla)

(1) Más exactamente hermanastro. Recordemos que Francisco Ortiz era hijo de la segunda mujer (¿legítima?) de Alonso Ortiz Navarrete, Juana Hernández. (Ver http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2018/07/notas-varias-3.html)


                                    Firma de la septuagenaria doña Beatriz de Ulloa

En dicho día 16 de junio de 1642 el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete presentó por testigo a Francisco de Aguayo, vecino de Sevilla en la collación de San Julián, quien dijo conocer a tal doctor desde más de 22 años, y a las dos monjas de Santa Paula y a doña Isabel Meléndez, y conoció a don Juan Ortiz en cuyo entierro en esta ciudad se halló, y al padre de todos ellos, fallecido en México. Declaró en los mismos términos que los anteriores testigos, y dijo ser de edad de 36 años. Firmó


                                           Firma de Francisco de Aguayo

A continuación extracto el testamento del doctor don Francisco Ortiz de Navarrete el viejo, excepto las dos cláusulas que ya conocemos (v. s.). Lo otorga en la ciudad de México estando enfermo en la cama. "Y si, lo que Dios no permita, en el artículo de mi muerte o en otro cualquier tiempo, por persuasión del demonio o por gravedad de enfermedad, robado el entendimiento, alguna cosa hiciere o dijere contra lo que aquí confieso, lo revoco y protesto que es contra mi voluntad". Manda ser enterrado con el hábito del Señor San Francisco en la Iglesia Mayor de la ciudad de México, en la sepultura que por sus albaceas fuere ordenado. Manda 200 misas por su alma en la parroquia y monasterio que decidan sus albaceas, y se pague la limosna de sus bienes. Manda a los hospitales y ermitas de dicha ciudad un tostón (1) ¿aladaceno?, que se apartará de sus bienes. Doña Isabel Meléndez su mujer se encuentra en Castilla a la sazón. Declara que debe a don Juan de Soto, maestresala de Su Excelencia, 300 pesos, y manda que se le paguen. Debe al secretario de Su Excelencia Alonso López Romero una cantidad de pesos de oro, y manda que se le paguen conforme a lo que el susodicho declare. Declara que le ha servido en su casa doña Magdalena de Ávila (2) tiempo de 2 años, teniendo cuenta con el gobierno de ella con mucha fidelidad, y asistiendo y haciendo de su parte lo posible en su enfermedad, en consideración de lo cual y de su buena voluntad manda se le den de sus bienes 100 reales de oro común, contando que con ellos se satisfaga del dicho servicio y de finiquito en favor de él y de sus herederos. Dado en la ciudad de México a 29 de agosto de 1624. Escribano, Diego de Torres.

(1) Tostón. "Tostón" fue el nombre que se le dio a las monedas de plata de forma redonda, peso irregular y canto liso acuñadas por España en sus colonias americanas en el siglo XVI y tenían valor de medio duro o real de a cuatro. Su nombre proviene del italiano "testone", palabra que se daba a ciertas monedas de Milán con la cabeza ("testa") del rey. En Portugal también estuvo, a partir del reinado de Manuel I, en circulación el tostón con el nombre de "tostão". Wikipedia.
"Moneda portuguesa de plata que corresponde a cien reis, aunque la hay de cincuenta y llaman medios tostones". Diccionario de Autoridades.
(2) Esta fiel y entregada sirvienta, Magdalena de Ávila, compró una esclava de su amo en la almoneda que sigue ("una negra llamada María en doña Magdalena de Ávila en 220 pesos"):

Un día después, el 30 de agosto, ante don Francisco de Ávila, corregidor de dicha ciudad, el licenciado Sebastián Sánchez, albacea del doctor Navarrete (el otro albacea, Alonso López Romero, dice que está impedido), pide licencia para hacer inventario y almoneda de los bienes del difunto ( que debió morir en menos de 24 horas tras testar). El corregidor le dio la licencia, y con la asistencia del escribano Esteban Pérez de Angulo se procedió, en dicho día 30, a inventariar los bienes:
"Primeramente se abrió con su llave una caja grande, de madera de caoba, y en ella había lo siguiente: una talega de lienzo, y en ella 212 pesos de oro común en reales; una petaquilla con su llave, y en ella lo siguiente: una salvilla de plata dorada, un bernegal (1) de plata dorado y un bernegal de plata, ¿prando?, blanco. Un frasco de plata blanco; una copa dorada de pie alto; un salero pequeño de plata, de tres piezas, sobredorado, viejo; una salvilla de plata delgada, ¿pranada?, pequeña; dos barquillos de plata, delgados, pequeños, blancos; cuatro cucharas de plata, viejas; dos tenedores de plata, de a tres ganchos, pequeños; un ferreruelo de paño con su sotana de luto, traído; un ferreruelo de gorbarán (2) de Italia, traído, forradas las delanteras en tafetán; una sotanilla de gorbarán de la tierra, raída, guarnecida con un pasamano; otro ferreruelo de paño negro, viejo; otro ferreruelo de paño negro, muy viejo; una sotanilla de capichola, vieja, muy rota; unos calzones de damasquillo de China, azul, con cinco caracolillos de oro por guarnición; un jubón de lo mismo; un vestido, ferreruelo, ropilla y calzón de paño pardo de Castilla, viejo; unos calzones de terciopelo negro liso, muy viejos; un jubón viejo de franela negra; una gualdrapa de paño negro, colchada; otras dos gualdrapas viejas, de paño de Castilla; un gabán de damasquillo pardo, traído; un fieltro morado con sus faldones; un forro de felpa negra, viejo, de un ferreruelo; unas ligas negras, traídas; un agnus dei con cercado de madera, labrado; otro agnus dei pequeño, de lo mismo; un gabán verde, de jergueta, traído; una colcha de la India, de raso naranjado y azul; un tapetillo pequeño, traído; una sobremesa de paño azul.
En otra arca blanca, lo siguiente: nueve camisas de Ruán, traídas; ocho pares de calzones de lienzo, traídos; una tabla de manteles alemanescos, grande, traída; cuatro tablas de manteles ordinarios, traídas; nueve servilletas, traídas; una toalla (3) de Holanda, deshilada, con puntas; una delantera para altar, de lo mismo, con puntas; otra toalla, traída, con deshilados; otra toalla, llana y vieja; unos calzones nuevos, de Holanda; dos almohadas y dos acericos bordados, bordadas de puntos altos, nuevas; una camisa vizcaína, labrada, nueva; otra toalla, de lienzo casero, nueva; una almohada vieja con su funda de tafetán; cinco acericos llanos, traídos; otras cuatro almohadas de lienzo, llanas; dieciocho lenzuelos de Holanda, nuevos; seis sábanas de Ruán, traídas; un pabellón de gasa azul, con su manga, traído; una cama de granadillo, entera, con sus varas de hierro; tres colchones de lienzo, con su lana; una frezada de Castilla, colorada, vieja; un relicario de bronce dorado, grande; dos escudillas de tecali (4), grandes; un pedazo de paño de musela de la tierra; una muceta de doctor (5), de terciopelo negro, forrada en raso amarillo, guarnecida de pasamano de oro; un ferreruelo de raja, verde, traído; tres sombreros muy viejos; dos pares de zapatos, nuevos; un ferreruelo y dos ropillas de paño de la tierra, viejos, de negro; una maleta de paño verde, traída; unas botas de hule; una espada; una daga; un montante; un broquel, otra espada, sin vaina; un escritorillo con su llave y las gavetas con asillas de plata; una caja para anteojos, con su palillo de oro esmaltado; una sortija de oro, grande, con esmeralda grande, de médico (6); otra sortija grande, de oro, con un rubí; otra sortija grande de oro y una piedra morada; otra sortijuela sin piedra; otra sortijuela con cruz de San Juan; un estuche de cirujano; cuatro pares de anteojos; un atril para escribir, de terciopelo azul, viejo; dos pares de guantes de ámbar, los unos viejos y los otros nuevos; otro escritorillo pequeño, con papeles; un bolsico pequeño, de ámbar; dos pares de cajas de anteojos, de Carey; otra caja de anteojos con su palillo de oro; un almirez con su mano quebrada; un palo para mosqueador, con una asilla pequeña de plata; un pesillo de balanzas con su ¿mano? y otra pesa para pesar moneda; una bacía de cobre, de barbero; una jeringa (7); tres frasqueras otra petaquilla pequeña, con llave; la una frasquera de las tres de arriba con cuatro frascos; la otra con diez frascos; la otra con cinco frascos; un cajón de libros con treinta libros; otro cajón con otros treinta libros; otro cajón con otros treinta libros; dos quitasoles, el uno encerado y el otro no; un espejo grande; una cajeta de Carey, para ostias; fuera de cajones doscientos setenta y cuatro libros pequeños; cinco banquillos de estos cajones; otro cajón grande con cien libros de todos tamaños; un sello de cerrar cartas, de plata y maceta de piedra; un cuadro grande de hechura de un crucifico y san Ignacio y santa Teresa, con marco dorado; otro lienzo sin marco, de Ntra. Sra. y san José; otro cuadro grande de Ntra. Sra. de la Concepción; otro cuadro grande con su marco dorado de Tobías; una mesa de pino, blanca; nueve sillas y un taburete, viejos; un bufete de caoba, grande y nuevo; dos cuadros pequeños, de ermitaños; otro cuadro, con su marco, grande, de Susana y los Viejos; otro cuadro grande, de Abraham; dos escaños viejos, de pino; dos celosías; otro cuadro grande, de Adán y Eva; dos celosías verdes, con encerados; un escritorio largo, como contador, de atarjía; un negro angola llamado Manuel; una negra angola llamada Maria Lacubin, casada; otra negra llamada Gracia, moza soltera; un cuadro pequeño de san Cosme y san Damián; un caballo morcillo cuatralbo; una silla de cordobán con su freno y cabezadas de lo mismo.
Y en este estado se acabó el dicho inventario, y todos los bienes en él contenidos los recibió en sí el dicho licenciado Sebastián Sánchez, y de ello se hizo cargo y juró in verbo sacerdotis poniendo la mano en el pecho en forma de derecho no sabía de otros bienes que hayan quedado por fin y muerte del dicho doctor Navarrete, difunto, y cada y cuando que a su noticia venga de otros algunos bienes que pertenezcan al dicho difunto, hará inventario de ellos. Y lo firmó, testigos, Miguel de Abecía y el licenciado Bernal, presbítero, y el licenciado Luis de Mendoza, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez ante mí, Diego de Torres, escribano real.
Prosigue el inventario. En la ciudad de México a 3 de septiembre de 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, prosiguió en el dicho inventario, y en un escritorio de madera de los inventariados se halló lo siguiente: primeramente tres navajas viejas; cuatro peines pequeños, ordinarios; un cuchillo de cortar plumas; dos pares de tijeras viejas; un Niño Jesús de marfil, pequeño, metido en una cajuela colorada.
Todo lo referido recibió en sí el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, y lo firmó ante mí, Diego de Torres, escribano real.
Prosigue. En la ciudad de México a 3 de septiembre de dicho 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea del dicho doctor Navarrete, difunto, prosiguiento en el inventario de sus bienes dijo que entre los papeles que se hallaron en un escritorio había los siguientes: una carta-cuenta entre el dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete y el bachiller Hernando García de la Hacha, en la cual parece están veintiuna partidas firmadas del dicho bachiller Fernando García, en dos hojas y que montan seiscientos veinticuatro pesos y seis tomines, y se ha de ajustar la cuenta para verificar lo que de ella se resta debiendo al dicho difunto; item una cédula escrita en medio pliego de papel, firmada de Francisco Calderón, por la cual parece deber al dicho difunto treinta pesos de oro común, de plazo pasado. La cual dicha carta-cuenta y la dicha cédula de treinta pesos el dicho albacea recibió en sí para tenerlo de manifiesto como los demás bienes. Diego de Torres, escribano real.

(1) Bernegal. Taza para beber, ancha de boca y de forma ondeada. RAE.
(2) Gorbarán, especie de alepín (por la ciudad de Alepo), con urdimbre de seda y entramado de lana.
(3) Diríase que mientras en la Península se mantenía "tobaja", en América ya se había normalizado la forma actual "toalla".
(4) Tecali. Ónix u ónice. México es en nuestros días uno de los primeros países extractores de este material. "Alabastro oriental de colores muy vivos que se halla en Tecali, villa mexicana del Estado de Puebla". Diccionario ilustrado de americanismos. Editorial Ramón Sopena, 1983.
(5) Esclavina que cubre el pecho y la espalda, y que, abotonada por delante, usan como señal de su dignidad los prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesiásticos. RAE.
(6) "Al profesional con título academico lo distinguía socialmente su atuendo: la ropilla larga propia del universitario, la capa o ferreruelo, la gorra con que cubría su cabeza y los guantes, usados éstos de manera que permitiese hacer ostentación de la sortija que proclamaba su condición de médico (...). La barba confería al médico especial dignidad". Luis Sánchez Granjel, médico e historiador de la medicina (1920-2014), citado por Adelina Sarrión Mora en Médicos e Inquisición en el siglo XVII. Universidad de Castilla-La Mancha, 2006, pág. 38.
"Si quieres ser famoso médico, lo primero linda muda, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrerito de tafetán. Y en teniendo esto, aunque no hayas visto libro, arras y eres doctor, y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante".Quevedo. Libro de todas las cosas. Obras Completas, Aguilar, 1961.
"En España existían dos grandes grupos de médicos y otros menores. Unos eran fieles al hipocratismo y otros seguían distinto sistema y atendieron más a las discusiones abstractas. En este siglo [XVII] la medicina hispana cayó en el marasmo por la pobreza en que se sumió el país por las guerras. Por Real Decreto de 1617 la carrera de cirujano se dividió así: cirujanos latinos, que tenían derecho a usar borlas, birrete y anillo de esmeralda en el pulgar; y cirujanos romancistas, que no conocían más que el idioma del pueblo o romance y eran simples barberos que usaban trajes cortos." http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0045-91782004000200007
(7) Los griegos inventaron un instrumento rudimentario, una vejiga con una caña, que hacia finales del siglo XV se transformó en las famosas lavativas. Los primeros intentos de usar algo similar a una jeringuilla se realizaron en el siglo XVII, cuando se intentó inocular medicamentos analgésicos justo en el lugar afectado por el dolor.




Almoneda. En la ciudad de México a 28 de septiembre de 1624 por ante mí el escribano y testigos el licenciado Sebastián Sánchez,, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico difunto, dijo que usando del albaceazgo y de la licencia del Señor Corregidor, quiere hacer almoneda de los bienes que quedaron por fin y muerte del dicho difunto, y para el dicho efecto ha hecho traer a la plaza pública de esta ciudad los dichos bienes, y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remató un bufete de caoba en Pedro Basurto, en 30 pesos; nueve sillas y un taburete en 30 pesos en el dicho; una colcha de la India, naranjada, en el dicho en 16 pesos; una sobremesa de paño azul en Juan de Isas en 4 pesos y 2 tomines; una cama de granadillo, entera, en Pedro Lorenzo, en 46 pesos; quince varas  y media de paño de la tierra a 18 reales la vara en Juan López; tres colchones con su lana en 20 pesos en Luis de Lizarra; un ferreruelo de jergueta verde, viejo, en 3 pesos y medio en Pedro Adame. Y en este estado quedó la dicha almoneda este dicho día, y el dinero procedido de ella lo recibió en su poder el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, siendo testigos el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, hijo del dicho difunto y uno de sus herederos, que se halló presente a la dicha almoneda, y don Juan de Aranda y don Pedro de Valenzuela, y lo firmó el dicho albacea el licenciado Sebastián Sánchez, ante mí Diego de Torres, escribano real.
En este dicho día, mes y año dichos el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, pagó al alcabalero por la alcábala de lo vendido en este día a 3 pesos y 6 tomines, y al pregonero por su trabajo conforme a la ordenanza 4 pesos, y de ello doy fé, y mas a los indios que llevaron la ropa, 1 peso.
Diego de Torres, escribano real. En la ciudad de México en 2 de octubre de 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea, dijo que para proseguir en el almoneda se llevan a la plaza pública los bienes del difunto, y habiéndose llevado, por ante mí el escribano y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remataron en el capitán Mosquera unos calzones de Holanda en 3 pesos; una camisa vizcaína, labrada, en 6 pesos en el dicho; un ferreruelo de paño y sotana de lo mismo, de luto, traído, en 37 pesos en Luis de Lizarra; un vestido de paño pardo de Castilla, calzón, ropilla y ferreruelo viejo en 18 pesos en Pedro Basurto; un ferreruelo y sotana de gorbarán, forradas las delanteras en tafetán, en 25 pesos en don Francisco de Navarrete; un forro de felpa de ferreruelo, viejo, en 5 pesos en Diego de Torres; un gabán de damasquillo pardo, traído, en Juan Fernández en 14 pesos; un gabán de jerqueta verde, traído, en 8 pesos en don Francisco de Navarrete; un fieltro con sus faldones en Gregorio Ruíz, alcaide de la Alhóndiga, en 7 pesos; una bacía de barbero en 14 reales en Juan López, barbero; una gualdrapa vieja en el licenciado Frías en 3 pesos; una ampolleta de reloj en 12 reales en Gaspar de Benavides; una sortija grande de oro con una esmeralda en 20 pesos en Gerónimo de Medina; una espadilla de oro y piedras blancas en 10 pesos en don Francisco de Navarrete; una sortija grande de un rubí en el dicho en 10 pesos; una sortija grande de un jacinto o piedra morada en 8 pesos en Pedro López; una sortija de un ¿ribaso? en 4 plesos en don Francisco Navarrete; dos cajas para anteojos, de oro esmaltadas, en 20 pesos en el secretario Romero; otro reloj, desbaratado, en 12 reales en Juan de la Serna. Y en este estado se suspendió la dicha almoneda, y el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, recibió en su poder todas las partidas que por los márgenes de estos autos consta haber pagado, y  lo firmó de su nombre, testigos don Francisco Ortiz de Navarrete y don Pedro de Valenzuela y don Juan de Aranda, estantes en México. En ese dicho día se pagaron al alcabalero dos pesos de oro común, y al pregonero por su trabajo cuatro pesos, y de ello doy fé, Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 12 de octubre de 1624 por ante mí el escribano y testigos el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, por voz de Juan de Saucedo, pregonero, prosiguió en la dicha almoneda de los bienes del dicho doctor Navarrete, difunto, habiéndolos llevado para este efecto a la plaza pública, y entre ellos los tres esclavos negros, y se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remató el caballo cuatralbo ensillado y enfrenado en 50 pesos en Luis Valentín Carrillo, escribano de Su Majestad; una frasquera con nueve frascos en 5 pesos en el susodicho; un arca grande de caoba en 17 pesos en el licenciado Gaspar Bernal; un escritorillo de nogal con su llave en 6 pesos en un religioso de San Francisco; un relicario grande de bronce dorado en 20 pesos en el dicho; otro escritorio pequeño de caoba con su llave en 9 pesos en el dicho; otro escritorillo con asillas de plata en las gavetas en Luis de Lizarra en 9 pesos; un ferreruelo de paño viejo del negro en Luis López en 4 pesos y medio; dos cuadros ermitaños en 4 pesos en Diego de Torres; una negra llamada María en doña Magdalena de Ávila en 220 pesos. Y en este estado se suspendió la dicha almoneda y lo procedido de ella conforme a las márgenes lo recibió el dicho albacea en su poder. En dicho día se pagó al pregonero 4 pesos y al alcabalero 3. Diego de Torrres, escribano real.
Rematáronse en Pedro López Velarde, escribano del Juzgado de Bienes de Difuntos los siete cuadros grandes en 125 pesos de oro común, los cuales pagó luego; vendióse el esclavo negro llamado Manuel al Sr. Oidor don Juan de Álvarez en 350 pesos, y fué condición con el corredor que lo que se sacase por el demás de 320 pesos había de ser para el corredor; vendióse la esclava negra llamada Gracia a María de Ávila (1) en 280 pesos, que pagó luego; vendióse un ferreruelo de paño negro viejo en 7 pesos a  doña Magdalena de Ávila; vendióse una escribanía abierta, de terciopelo azul, vieja, en 2 pesos a Diego de Soria.
Memoria de la ropa que sacaron del almoneda por tasación don Francisco de Navarrete y don Juan su hermano, hijos del dicho doctor Navarrete, difunto: cuatro sábanas en 12 pesos; una tabla de manteles en 2 pesos; otras dos tablas de manteles, traídas, en 3 pesos; otras dos tablas de manteles muy rotas en 1 peso; tres almohadas y tres acericos llanos en 4 pesos; cuatro camisas llanas a 2 pesos; dos pares de calzones de lienzo en 3 pesos; otro par de calzones de Holanda en 2 pesos; una toalla de lienzo casero en 1 peso; otra toalla de lienzo casero en 2 pesos; un paño de altar, de Ruán, de cofre, en 4 pesos; otro pañito de altar, pequeño, en 2 pesos; una toalla con sus puntas y encajes en 6 pesos; una almohada de cadeneta en 2 pesos; nueve lenzuelos de narices en 4 pesos; un pabellón de gasa azul con su manga en 15 reales; un tapetillo en 8 pesos; un gabán verde de jergueta en 8 pesos; una media docena de servilletas viejas en 1 peso y medio; un escritorio-contador largo de atarfe en 15 pesos; una espada y un broquel en 5 pesos; una frezada colorrada en 3 pesos; un quitasol encerado en 4 pesos.
Lo que sacó don Juan. Don Juan sacó lo siguiente: tres almohadas y tres acericos en 4 pesos y medio; dos camisas traídas en 4 pesos; otras cuatro camisas viejas en 6 pesos; cinco pares de calzones de lienzo 5 pesos; nueve lenzuelos de narices a 4 pesos; unos calzones y un jubón de damasco azul de China a 12 pesos; un ferreruelo de paño negro en 16 pesos; unos calzones de terciopelo negro liso, viejos, en 3 pesos; 10  pesos en reales para ir a La Puebla. Diego de Torres, escribano real.

(1) Gracia va a ocasionar un pleito interminable, que examinaremos, entre el tutor curador de Juan Ortiz Navarrete y el albacea de su padre difunto. El tutor reclama la esclava como bien de su propiedad, y como tal legítimo propietario exige que se la retorne a su poder o, en todo caso, que se le paguen los 280 pesos por los que se ha vendido; tiene a su favor y lo apoya en su reivindicación el heredero Francisco Ortiz, por lo cual éste se hallaría enfrentado al albacea de su padre, ya que el referido albacea, capellán Sebastián Sánchez, se opone tajantemente a desgajar esta esclava del conjunto de los bienes del difunto. Este asunto engendró folios y folios, entre los que resaltaremos algunas curiosidades, como por ejemplo el testamento de dicho albacea, o los varios amos que la negra Gracia tuvo antes de caer en manos del doctor Navarrete.




Más almoneda. En 10 de diciembre de 1624 por orden del dicho licenciado Sebastián Sánchez se sacaron a la plaza los bienes que quedaron por venderse del dicho difunto, y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron los siguientes rematándolos en el mayor ponedor: vendióse una gualdrapa de paño negro, colchada, en 16 pesos,  y se remató en el doctor Betanzos, médico; item se remató en el dicho doctor Betanzos una frasquera de frascos ochavados [de perfil octogonal] en 5 pesos. Y en ese estado se suspendió la almoneda, y se volvieron los demás bienes a la parte y lugar donde estaban, y de ello dio fé el escribano, testigos don Juan de Aranda y don Juan de Illescas.
En la ciudad de México a 11 de diciembre de dicho año se vendió lo siguiente como bienes del doctor Navarrete, por orden del albacea: tres navajas viejas en 12 reales a Juan de Acosta; cuatro peines chicos para la cabeza en 2 reales en el dicho; un cuchillo de cortar plumas y dos pares de tijeras viejas en 1 peso en el dicho; una muceta de terciopelo con un pasamano de oro ¿angosto? en 12 pesos y medio en Mateo de Oviedo; vendióse mas una petaquilla pequeña en 3 pesos a Juan de Sojo; vendióse un bufete o mesa de pino blanca, quebrada, en 4 reales al dicho; vendiéronse doce ¿lejías? verdes en 8 pesos a don Pedro de Torres. Diego de Torres, escribano real.
Memoria de las menudencias que los dichos don Francisco y don Juan tomaron sin aprecio por no ser cosas de valor. don Francisco lo siguiente: una caja blanca de madera; los dos relicarios con cercos de madera; un sello de plata. Don Juan lo siguiente: un tintero y salvadera de piedra; una caja blanca de madera; unas botas; dos pares de zapatos nuevos.
Memoria de lo que ha recibido don Francisco: para un luto, 27 pesos; para el gasto del viaje primero a La Puebla y pagar al Colegio, 40 pesos; mas 10 pesos para el gasto de la gente de casa; 50 pesos por un billete de señor licenciado Sebastián Sánchez que dió Diego de Torres; por otro billete el dicho, 25 pesos y medio; mas 4 pesos, carta de pago Contador Cerrilla; para pagar el el Colegio de La Puebla el pupilaje de don Juan su hermano, 40 pesos; mas los bienes que sacó del almoneda, y por aprecio queda atrás lo que menta; mas almoneda y venta de la plata y sortijas de oro que le faltaba por vender del dicho doctor Navarrete, difunto: pesó un salero de tres piezas y una salva y bernegal dorado y taza de pie alto 8 marcos y seis onzas y media, a 10 pesos monta 88 pesos y un tomín, vendiéronse al secretario Romero. Pesaron las demás piezas de plata blanca contadas en el inventario, menos el frasco que se pesó y vendió por sí, 9 marcos y 2 onzas, a 8 pesos el marco, vendióse al dicho secretario Romero, monta 72 pesos. Pesó el frasco de plata blanco 35 pesos y medio, vendióse al capitán Garci Pérez. Vendióse una cuchara y un tenedor de plata en 14 reales que pesó, vendóse la cuchara y el tenedor dichos a Sebastián Martinez, y mas dos sortijuelas de oro sin piedra ¿lacena? Cruz de San Juan en 21 reales que pesó.
Yo el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, certifico ser cierto y verdadero lo arriba referido, y lo firmé de mi nombre en México a 16 de enero de 1625. Diego de Torres, escribano real.
Memoria del gasto que el licenciado Esteban (error, debe ser Sebastián) Sánchez, albacea del doctor Navarrete, difunto, ha hecho en orden al cumplimiento de su testamento, desde el 21 de agosto que falleció, en adelante: primeramente 4 reales por el doble de la parroquia; doce misas rezadas en altares privilegiados el día del fallecimiento; del entierro con treinta clérigos y misa cantada de cuerpo presente, 57 pesos, como consta de la carta de pago de la parroquia; de cuarenta libras de cera, con la que se gastó en las doce hachas que acompañaron el cuerpo, y misas, y seis pesos que se dieron en dineros por la velas que faltaron para los religiosos de San Francisco, San Agustín y Santo Domingo, que ellos no llevaban nada, 46 pesos y carta de pago del cerero; seis varas de bayeta para el bufete adonde se puso el cuerpo, que después se distribuyeron entre las negras para vestirlas (1), 8 pesos; a las hermanas de San Hipólito por acompañar el cuerpo, 8 pesos; del alquiler del ataúd, 3 pesos; de la sepultura y campanas, 5 pesos; en este día a 30 de septiembre para el gasto de los criados y negras dí 10 pesos; de un hábito de San Francisco en que fue enterrado, 10 pesos; de la limosna de veinte misas en San Francisco, 10 pesos, carta de pago; de otras cincuenta misas al Guardian y Vicario de San Francisco, 25 pesos, hay carta de pago; de diez misas del Padre Adame, 5 pesos, y carta de pago; de veinte misas, al padre fray Francisco, cantor, 10 pesos, hay carta de pago; mas otras veinticuatro misas en San Francisco al Vicario de coro, hay carta de pago; en Ntra. Sra. de las Mercedes treinta misas, hay carta de pago, 15 pesos; en Santo Domingo 30 misas, 15 pesos, hay carta de pago; a los niños de San Juan de Letrán (2), 10 pesos por acompañar el cuerpo; en 11 de septiembre dí a don Francisco Navarrete para despachar un hombre a La Puebla que acudiese al pleito de Bartolomé Ruiz de Navarrete 20 pesos; el mismo día dí a doña Magdalena 10 pesos para el gasto suyo y de don Juan y de los negros; a las hermanas de Juan de Díaz por llevar el cuerpo del difunto, 10 pesos, hay carta de pago; en 28 de septiembre, de llevar y traer la ropa a el almoneda, a unos indios 9 reales; al pregonero, 4 pesos; a Negrete, alcabalero, de lo que se vendió, otros 4 pesos de alcábala; al dicho don Francisco de Navarrete para comer él y su hermano le dí este día otros 10 pesos, 28 de septiembre; en 2 de octubre pagué al pregonero por la almoneda de este día 4 pesos, y al dicho alcabalero por lo que se vendió 2 pesos; al dicho don Francisco de Navarrete para su gasto y el de su hermano le dí este día otros 10 pesos; a don Francisco de Navarrete le dí 40 pesos para que pagase en La Puebla el pupilaje de su hermano, mas otros 100 pesos que pagué a doña Magdalena de Ávila de la manda del testamento, porque se le bajaron de la compra que hizo de la negra María, como consta de la venta que se otorgó en que se declara pagó 120 pesos y los 100 de la dicha manda, y yo me hago cargo en mi cuenta del cargo de todos los ¿250? pesos de la dicha venta; item que pagué a don Juan de Soto, maestresala del Señor Marqués de Gelves, 300 pesos por otros tantos que por cédula le debía el difunto como consta de su testamento, cédula y carta de pago; item que pagué a Alonso López Romero, secretario del dicho Señor Marqués, 200 pesos en virtud del dicho testamento y declaración del dicho secretario, con carta de pago; mas se pagaron a Bartolomé de Gemara, cirujano, 53 pesos y medio en virtud de mandamiento de la Real Audiencia de una revocación de condenación que había hecho, y carta de pago; al secretario de la dicha causa, por el mandamiento de desembargo del negro Manuel, 4 pesos; a su oficial mayor 1 peso por su trabajo; al alcayde de la cárcel de la soltura con la entrada, 1 peso; a Juan de Sandatigui 1 peso por el testimonio que dio de estar pagada la Cámara de la condenación de Bernardo de Gomara para que esto menos pagase el difunto; de unos zapatos y unas medias que se compraron a Manuel, negro, 20 reales; a doña Magdalena para el gasto de los negros otros 7 pesos en dos veces; de salate para el caballo en diferentes veces, 1 peso; a Juan de Saucedo, pregonero, por su trabajo de otras tres almonedas, la mitad de lo que por la ordenanza puede llevar, 6 pesos; al dicho Negrete, alcabalero, por lo procedido de las dichas tres almonedas, 7 pesos y medio; de su trabajo al escribano, de cinco almonedas, 20 pesos; de enero de este año de 1625, 17 pesos de oro común a Manuel López Núñez, arrendatario de la alcábala de los esclavos, por el alcábala de la venta de Manuel y María y Gracia, que sus procedidos montaron 850 pesos, hay carta de pago. El licenciado Sebastián Sánchez. Diego de Torres, escribano real.

(1) Se supone que tras lavar bien las seis varas de bayeta para eliminar el olor a cadaverina.
(2) Era costumbre entre gente con posibilidades. En el entierro de Pedro Martinez de Aguilar, catalogado en el grupo de los ricos, se pagó por el acompañamiento de estos niños 2.856 maravedíes. Riqueza y sociedad en la Sevilla del Siglo XVII. Jesús Aguado de los Reyes. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1994, pág. 156.


En la ciudad de México a 17 de enero de 1625, por ante mí el escribano se otorgó escritura de distrato por el señor don Juan de Álvarez, Oidor de esta Real Audiencia, en razón de la que había otorgado en su favor el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, de venta; mas que pagué al dicho don Francisco de Navarrete otros 29 pesos y medio, hay carta de pago y ha de dar cuenta de ellos como de la partida de arriba; mas que se gastó en 9 varas de bayeta para en luto al dicho don Francisco, 20 reales, diéronse por mano de Diego de Torres. Esto es lo gastado y pagado hasta hoy 16 de enero de 1625, jurado y firmado por el albacea ante Diego de Torres, escribano. Item pagaron en 17 de enero de este año de 1625 17 pesos de oro común a Manuel López Núñez, arrendatario de la alcábala de los esclavos, por el alcábala de la venta de Manuel, María y Gracia, que sus procedidos montaron 850 pesos, hay carta de pago. El licenciado Sebastián Sánchez. Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 17 de enero de 1625 por ante el dicho escribano se otorgó escritura de distrato por el señor don Juan de Álvarez, Oidor de esta Real Audiencia, en razón de la que había otorgado en su favor el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, de venta de Manuel, negro, por las causas contenidas en el dicho distrato, y el dicho albacea volvió al dicho señor Oidor los 320 pesos en contado, y recibido en sí el dicho negro, para tenerlo de manifiesto como bienes del dicho doctor Navarrete, difunto, y así se le han de bajar al dicho albacea de su cuenta del cargo los dichos 320 pesos como consta del dicho distrato, y el dicho albacea lo firmó.
En este día se pagaron a Juan Ramírez de Cartagena 4 reales de los derechos de un poder para pleitos; mas 4 reales al pregonero por el remate de la librería.
En la ciudad de México a 21 de enero de 1625, en la plaza pública por voz de Juan de Saucedo, pregonero público, se remató la librería y cajones del dicho doctor Francisco Ortiz de Navarrete en el doctor don Francisco de Navarrete su hijo (1), estando presente Bartolomé Ruiz de Navarrete, curador de la persona y bienes de don Juan de Navarrete su menor y de su consentimiento, el cual pagó de contado la dicha cantidad, siendo testigos el almirante Lariz y el dicho don Juan de Navarrete y Pedro de Perea, de que doy fé, y el dicho curador lo firmó. Por testigo, Miguel de Santa María, ante mí Diego de Torres, escribano real.
En la dicha ciudad de México a 23 de enero de 1625 el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, vendió dos libros que llaman Juntinos (2) a don Francisco de Arellano, vecino de esta ciudad, por tasación de Diego Garrido, librero que declaró valen 18 pesos, los cuales dichos 20 pesos de oro común pagó en reales el dicho don Francisco de Arellano, y de ello doy fé. Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 24 de enero de 1625 en la plaza pública por voz de Pedro Pérez, pregonero, se remató un negro llamado Manuel, que era esclavo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico difunto, en don Pedro Serrano del Arco, en 300 pesos de oro común, y de la dicha venta y recibo del dinero ha de otorgar el dicho albacea, testigos, Bartolomé Ruiz de Navarrete y don Francisco de Navarrete. En ese día se vendieron unas almohada y dos acericos labrados de pita en 20 pesos a Miguel de Santa María, vecino de La Puebla, de consentimiento de los dichos hermanos herederos del difunto.

(1) Hemos contado como formantes de la biblioteca de Francisco Ortiz de Navarrete 454 libros, "entre grandes y pequeños".
(2) Libros Juntinos. Por el matemático y astrónomo florentino Francesco Giuntini. http://www.treccani.it/enciclopedia/francesco-giuntini_(Dizionario-Biografico)/

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Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...