domingo, 10 de marzo de 2019
De yeso.
Con no poca sorpresa supe que desde el año 1609 hubo en el mesón de Castilleja un molino de yeso con su horno subsidiario. Al pronto aparece la imagen del insidioso polvillo arruinando los manjares en las mesas de los comensales, estragando fosas nasales, gargantas y pulmones de huéspedes, tapizando sus camastros, arremolinándose por los ventanucos, nevando las groseras baldosas del suelo.
Pero no. Ya la Castilleja de principios del XVII sabía protegerse de ambientes insalubres (1). De inmediato recordé la —aunque, ciertamente, hasta el momento hipotética— distribución espacial del establecimiento, la probable existencia en su perímetro de un corralón amplio donde albergar animales y carromatos, con alguna atarazana, quizás un sector del área dedicado a huertecita doméstica. Es aquí donde deberíamos ubicar el molino de yeso y su horno subsidiario.
Ciertamente el mesón, —como vimos en los papeles del Pósito—, debía tener su encabezamiento y fachada principal en La Plaza, y prolongarse a lo largo de la calle de Hernán Cortés por su lado oriental hasta la Calle Real, lo cual explicaría el episodio de Bernardo de Oliver y los tres matones hispalenses "estando a las puertas del mesón", cuando el primero pudo divisar Calle [Real] arriba viniendo desde la parte de Gines al playero con su carga de jibias. De esta forma el grupo de ociosos y reñidores debía estar situado junto a algún portalón trasero, ya casi en la esquina de la desembocadura de Hernán Cortés.
Se menciona, además, en varios protocolos notariales, que el mesón se encontraba enfrente de la carnicería, y que junto a esta última se hallaba la pescadería. Destacábase así aquella zona como dedicada a los servicios públicos de la comunidad. Debemos añadir al área alguna viña pequeña y algún cortinal de olivos, como lo reflejan varios documentos que refieren, por ejemplo, "una viña linde con la pescadería".
Mesón, molino y horno también pertenecían al conde de Olivares don Gaspar de Guzmán, Señor de nuestra Villa (2). En el año 1609 se procedió al arrendamiento por un año de la renta y alcabala de tal mesón de Castilleja por medio de pregón a altas voces, según se venía haciendo a principio de cada año-temporada: el día 3 de diciembre de 1608 se pregonó en la Plaza pública de esta Villa el arrendamiento del mesón para todo el siguiente año de 1609, y que el dicho Conde dará al arrendador un molino de yeso con su horno hecho y acabado, moliente y corriente, para que pueda moler yeso todo el año de 1609. Testigos, Marcos Lozano y Francisco de Palencia. En dicho día pujó Diego López, vecino de Triana, con 130 ducados. Testigos, don Leonardo de la Cueva, Bernardo de Oliver (Alcalde Ordinario) y Bernabé de Espinosa. Se volvió a pregonar los siguientes días 4 y 5, y el 7 pareció Pedro Librero, vecino de esta Villa, con 140 ducados, siendo testigos Francisco Martín Miño y Marcos Lozano. Los días 8, 9 y 10 hubo pregón. El 16 pujó Francisco Moreno, vecino de Sevilla, con medio diezmo más y sobre éste otro medio diezmo, saliendo dicho Pedro Librero por su fiador, e hipotecando al pago unas casas en esta Villa, linde con casas de Pedro Díaz y otros linderos; fueron testigos Marcos Lozano, Pedro Narváez y Juan Márquez. El día 17 pujó de nuevo el dicho Diego López con medio diezmo más, y sobre éste otros dos diezmos, y Tomé Hernández, vecino de esta Villa, salió por su fiador, hipotecando unas casas del dicho Diego en Triana, linde con casas de Pedro Sánchez; el fiador Tomé declaró tener 22 años de edad [minoría según los parámetros legales de la época] pero dijo ser casado y velado [una prueba de prestigio y madurez] y juró la fianza; fueron testigos Marcos Lozano, Juan de Lara y Melchor Rodríguez. Hubo más pregones diariamente desde el 18 hasta el 29, y el día 30 de dicho mes de diciembre se pregonó de segundo remate estando en 76.400 maravedíes la máxima oferta del trianero Diego López; no se ofreció más, de manera que quedó en él, siendo testigos Marcos Lozano, Diego de Estrada y Bernabé de Espinosa. No pareció haberse cerrado el remate, porque el 1º de enero ya en 1609 pareció ante el escribano y testigos Francisco Moreno, vecino de Sevilla, y sobre los 206 ducados (76.400 mrs.) pujó el cuarto, que son 51 ducados y medio, saliendo por su fiador Pedro Librero; fueron testigos Marcos Lozano y Juan Márquez. El 7 de enero ante el escribano y testigos Francisco Moreno dijo que él había tomado el remate para Pedro Librero por su orden y mandado, y que por tanto, por la presente se lo traspasa, conque el dicho Pedro Librero pague el remate y cumpla las condiciones, y éste, estando presente, aceptó el traspaso y se obligó a cumplirlas; testigos, Francisco de Palencia, Diego Sánchez y Francisco Martín Miño.
(1) Recordemos el episodio de vertidos de lía en la vía pública, bastantes años antes. Y el arrendador de la alcabala de la pescadería quedaba obligado a mantenerla "limpia y aseada", según escritura para aquel mismo año de 1609: el 21 de noviembre de 1608 por mandado de Agustín de Castro Polaino y Bernardo de Oliver, Alcaldes Ordinarios de esta Villa, el pregonero del Concejo Juan Márquez pregonó la renta de los pesos de la pescadería de esta Villa para el año de 1609. En las condiciones se estipula que el arrendador tendrá en su poder los pesos [balanzas], que son del Concejo, y pondrá personas que pesen el pescado. Tendrá la pescadería limpia y aseada a su costa, y ha de llevar por el trabajo de cada carga de pescado 2 reales, y por cada carguilla 1 real, sin poder llevar a los playeros otra cosa. En dicho día pareció Pedro Narváez con oferta de 70 ducados, siendo testigos Francisco de Palencia y Pedro Librero, y en el mismo día sobrepujó el mismo Narváez sobre los 70 100 ducados más por el quinto de prometido, y con Librero por fiador; dicho Narváez hipotecó al efecto unas casas que poseía en esta Villa, linde con casas de Juan Vázquez de Morón; testigos, Francisco de Palencia y Marcos Lozano. Se volvió a pregonar el 22, 23, 24 y 25. En 9 de diciembre pareció el vecino de Sevilla Francisco Moreno (v.s.), y sobre los 170 ducados ofreció 20 más; testigos, Juan de Lara, Francisco Martín Miño y Juan López, vecinos de esta Villa. Se siguió con los pregones los días 10 y 11, y el 12 se remató en dicho Francisco Moreno de primer remate por los 190 ducados, siendo testigos Roque de las Casas y Marcos Lozano. Desde el día 13 hasta el 27 se volvió a pregonar, y el 28 se adjudicó por fin en Moreno; testigos, Marcos Lozano y Juan Sánchez.
(2) Desde 1607 don Gaspar de Guzmán tuvo que regir sus negocios y asuntos, debido a la muerte de su padre don Enrique, actuando por ello en la ejecución del testamento, inventarios y apreciaciones de los bienes heredados.
"Seguramente es a la necesidad de llevar a cabo toda esa serie de acciones a la que es debido que los ocho años que corrieron entre 1607 y 1615 sean aquéllos en los que el flamante conde de Olivares pasó unas largas temporadas —con toda seguridad las únicas de este tipo en su vida— en sus dominios solariegos y señoriales sevillanos. [...] Volviendo a Sevilla y a sus estados, fué en los aludidos años [1607-1615] de largas estancias en esta ciudad [de Sevilla] cuando don Gaspar de Guzmán debió conocer con precisión las extensiones de las tierras de sus dominios y los lugares de su señorío y cuando hubo de enterarse de cuáles habían sido los proyectos abrigados por su abuelo para su extensión y cuáles eran las tierras por las que era posible y conveniente una ampliación de su dominio señorial.
También fueron estos años de "su vida alegre en Sevilla", según expresión de Marañón, en los que su tertulia en el alcázar sevillano posiblemente pudo constituir una especie de "público certamen de hombres de ingenio", entre los que se contaron el pintor y tratadista de arte Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, y el poeta Francisco de Rioja, quien bajo el seudónimo académico de Manlio alude al conde en varios de sus poemas y con quien, según parece deducirse de un soneto, hizo una excursión por Sanlúcar de Barrameda, Rota, El Puerto de Santa María, Cádiz y otros lugares, que además de proporcionarles ciertos deleites estético-paisajísticos le haría ver la enorme extensión de las tierras de sus parientes los Medina Sidonia." (Antonio Herrera García. El Estado de Olivares).
Volvió en los últimos años del reinado de Felipe III, en 1619, para "dar disposición en las cosas de su hacienda para que le pudiese sufrir nuevos gastos y continuar la esperanza del valimiento. Hallóla en tan mal estado [nuestra Villa incluida, claro está] y juzgó por tan precisa su asistencia que le pareció no podía pretender mayor ganancia que retirarse a su casa, donde se desempeñaría, con que no habría menester otra medra" (Juan Alonso Martínez Calderón, notario del Santo Oficio. Epítome de las historias de la gran casa de Guzmán, volumen III, 674 vto. Biblioteca Nacional. Citado por Antonio Herrera García, obra ctda.).
Enluciendo. John Cranch. 1807.
Dice Federico Corriente en su Diccionario de arabismos que aljez viene del andalusí jabs, este del latín gypsum, y este del griego gypsos.
Wikipedia, con base en el diccionario de la RAE, coincide en que los términos yeso y aljez provienen del mismo étimo paleogreco, aunque por vías distintas. Yeso está tomado del latín gypsum, mientras que aljez proviene del árabe hispánico alǧiṣṣ, y este a su vez del árabe clásico جصص (ǧiṣṣ), del persa گچ (gač). Tanto el persa como el latín provienen, en última instancia, del referido griego antiguo γύψος (gýpsos).
Que el yeso o aljez, —sedimento dejado por inmensas extensiones marinas en su retirada hace 200 millones de años—, tuvo primordial importancia en la arquitectura y en la construcción ordinaria se evidencia en los ornamentos de los palacios andalusíes, hoy día masificadas atracciones turísticas, como La Alhambra en Granada, la Mezquita en Córdoba (en su mihrab) o el Alcázar en Sevilla. Tampoco los árabes habían descubierto las amplias capacidades de este material de construcción, sino que desde el Neolítico se utilizaba como mortero en sustitución del barro. Nueve siglos antes de Cristo en Çatal Hüyük se detectó la utilización de aljez, y en el siglo VI a. de C. en Jericó, en el antiguo Egipto en el tercer milenio, en el palacio de Cnosos, en los edificios de los sasánidas ...
Sobre este material escribieron Teofrasto, Catón, Columela, Plinio el Viejo, Vitruvio ...
Probablemente el yeso que se utilizó en los escalones del portal de la iglesia de Santiago (un peón y el yeso empleado para "poner unos pirlanes y aderezar los escalones de la puerta de la iglesia" se llevó 11 reales) fué horneado y molido en el mesón al otro lado de la Plaza de Santiago, desde donde el nombrado peón podía transportarlo en una simple espuerta de mano. La fuente más cercana de materia prima que utilizaría Pedro Librero como administrador del mesón y productor de yeso —aljecero— era la de Morón de la Frontera, localidad que además de su renombrada cantera de cal de la sierra de Esparteros también explotaba, y explota, otras de aljez: "Autorizada una cantera de yeso en Morón de la Frontera. El proyecto supone un "menoscabo" de 21.900 metros cuadrados de suelo forestal e incluye una propuesta de reforestación de 31 hectáreas, pero en suelos de Las Cabezas de San Juan" (Diario de Sevilla, 9 de febrero de 2015).
Foto de yeso natural (Wikipedia).
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