La transición entre 1870 y 1871 fue un calvario para nuestro amigo don Antonio de Orleans.
Copiamos de un periódico de Sevilla:
"Hace dos o tres días que al pasar un coche por el puente, se oyó una chifla espantosa.
Despertóse nuestra curiosidad y preguntamos:
—¿Quién va en aquel coche?
—Montpensier, a su palacio de Castilleja.
—Ya comprendemos: eso que han tocado será la nueva marcha real." La Discusión, 18 de octubre de 1870.
El duque de Motpensier se traslada a vivir por ahora a la casa que habitó el conquistador de Méjico en Castilleja de la Cuesta.
No es cierto que el duque de Montpensier se disponga a salir de España por ahora. En todo caso, abandonará la Península después de que ocupe el Trono Amadeo. La Esperanza, 14 de diciembre de 1870.
Con terror hemos leído en El Eco de España la siguiente noticia:
`Dícese que el duque de Montpensier es víctima estos días de un ataque mental de alguna consideración. Hay quien añade que sus amigos temen por su razón`.
¡Dios libre de tal desgracia al duque de Montpensier y a su familia!. La Esperanza, 4 de febrero de 1871.
"La Época" rectifica en los siguientes términos lo que dijimos anteayer respecto al estado en que se encontraba la razón del duque de Montpensier:
"Habíamos leído esta noticia en las correspondencias dirigidas desde Madrid a los diarios de provincias; pero personas llegadas ayer mismo de Castilleja, que han hablado con el duque de Montpensier, aseguran que este, aunque tendría motivos para perder el juicio, en vista de las ingratitudes y engaños de que ha sido objeto, lo conserva cabal y perfecto para juzgar toda la gravedad de la situación actual." La Esperanza, lunes 6 de febrero de 1871.
Tres días después, en La Igualdad, Diario Republicano Federal, del jueves 9 de febrero de 1871, se comunica que en Sevilla y su provincia triunfaron los republicanos, al igual que en Cádiz y su provincia; por Castilleja de la Cuesta se había presentado don Mariano Rodríguez Torres. El periódico denuncia los excesos de salvajismo y barbarie, el derramamiento de sangre por los sicarios en las elecciones de diputados provinciales, tropelías, atentados de matones al servicio del Gobierno, que se siente tambalear. Hay ataques sangrientos en Palencia, en Astorga, en Burgos, en Elda y en otros muchos puntos; en Úbeda, donde se hace fuego por descargas cerradas sobre los pacíficos e indefensos electores republicanos porque habían ganado la elección y era preciso ahuyentarlos a tiros y bayonetazos, para facilitar el triunfo del candidato ministerial. Murieron dos republicanos y nueve fueron heridos, y los demás fueron apaleados y perseguidos hasta que encontraron refugio en sus casas o en las de sus amigos.
En los cuarteles se obliga a los militares a jurar lealtad a Amadeo I, sin una respuesta considerable a tales instancias ni por parte de la tropa ni por sus mandos. Muchos de estos son arrestados o cambiados de destino. Las sucursales de las "partidas de la porra" obligan a retirar candidaturas contrarias, disparan contra los balcones de los opositores, los encañonan por las calles clavándoles en el pecho las bocas de sus fusiles y revólveres.
La prensa inglesa pone el grito en el cielo ante las exigencias de los prusianos, vencedores de la guerra contra Francia. En París se prepara la candidatura republicana más revolucionaria, en la cual figuran Yumet, Gambetta, Víctor Hugo, Delescluze, Rochefort y Arago. El periódico sobredicho —La Igualdad— anuncia la Quina Laroche. Medalla de Oro. Elixir fortaleciente y febrífugo (extracto completo de las 3 quinas, colorada, amarilla y gris). Muy superior a los Vinos y Jarabes. Anemia, gastralgias, clorosis, debilidad, fiebres y sus consecuencias. Elixir que, ¡cómo no!, me trae a la memoria al carmelita fray Antonio Vázquez de Espinosa (ver Historia de los apellidos, 21h. Abril de 2020).
Estas españolas de marzo de 1871 son las primeras elecciones bajo el reinado de Amadeo de Saboya, con la Constitución monárquica de 1869. Organizadas por el gobierno del general Serrano, sucesor político de Prim, gobierno formado por la coalición de Partido Progresista (Manuel Ruiz Zorrilla), Unión Liberal (Francisco Serrano) y Partido Demócrata (Nicolás Rivero). La principal fuerza de la oposición es el Partido Demócrata Republicano (Francisco Pi y Margall). Los de Pi y Margall obtuvieron 52 escaños, y uno menos la Comunión Católico-Monárquica de Cándido Nocedal (ver abajo el parentesco de Cándido con el vecino de nuestra Villa Pablo Capetillo, marqués de Loreto). Los de Antonio de Orleans obtuvieron 7 escaños. 9 los conservadores de Antonio Cánovas, y la coalición gubernamental 235. Antonio de Orleans, presentado por la circunscripción gaditana, distrito de San Fernando, obtuvo 3.051 votos de 8.080 votantes (sufragio universal masculino), fue dado de alta el 26 de abril de 1871 y causó baja el 24 de enero de 1872. Este año la inestable situación política hizo que Práxedes Mateo Sagasta convocara nuevas elecciones, en abril.
El candidato de Castilleja Mariano Rodríguez Torres se afilió al Partido Demócrata, uno de los tres que protagonizaron la Revolución de 1868 que puso fin a la monarquía de Isabel II. Este partido cambió luego su nombre por el de Partido Republicano Federal, que tuvo, como acabamos de ver, a Pi y Margall por líder.
En Castilleja, en el Padrón de 1871. vemos al tío de Nocedal: N.º 19 de la Calle de Enmedio: Sor. Marqués de Loreto, casado, de 63 años. Sra. Marquesa de Loreto, casada, de 56. Criado del coche: Santos de la Prida, soltero, 49 años. Familia del carrero: José Brenes de Antequera, casado, 45 años; Dolores Robles Moreno, casada, 42 años; hijos, Rosario Brenes Robles, 27 años, Dolores Brenes Robles, 25, y Miguel Brenes Robles, 16. Criada de compra y cocina, Rosario Rufino Nogales, soltera, 23 años. Vecinos: don Narciso de la Plata, casado, 57 años, y doña Concepción Huelva, casada, 78 años. Sobrina, Josefa Hurtado Huelva, soltera, 16 años.
(Viene de la entrada anterior). Latour fue profesor de Historia en el liceo parisino Henri IV (2) al que asistían los hijos del rey de Francia Luis Felipe, del cual rey, Latour padre era bibliotecario. (Continúa en la siguiente entrada).
Liceo Enri IV
(2) Durante la Revolución Francesa el monasterio benedictino fundado en el año 502 origen de este liceo fue desamortizado y declarado bien nacional. Nombrado así por Enrique de Borbón (1553-1610), rey de Navarra entre 1572 y 1610 con el nombre de Enrique III, y el primer rey de Francia de la Casa de Borbón entre 1589 y 1610 con el nombre de Enrique IV. Sus padres fueron Antonio de Borbón, duque de Vendôme, y la reina navarra Juana de Albret (2a), a la que Enri sucedió al morir, hecho ocurrido precisamente cuando ella iba de camino a París a la boda de él con la princesa Margarita de Valois. Enrique murió de manera parecida a como moriría Juan Prim (2b) en España muchos años después, aunque el primero fue apuñalado en vez de tiroteado: al regresar del palacio parisino donde había estado haciendo gestiones encontró una calle taponada por dos carretas, una de las cuales ocultaba a su asesino, François Ravaillac, un visionario católico de familia desestructurada, mendigo por las calles de París. "Se dictó sentencia sobre Ravaillac y fue condenado a muerte. El 27 de mayo de 1610 fue conducido a la Plaza de la Grêve. Allí fue quemado en diversas partes del cuerpo (pecho, caderas y piernas) con hierros al rojo vivo. La mano ejecutora del crimen fue quemada con azufre ardiendo y en las heridas de las quemaduras se vertió una mezcla de plomo derretido, aceite hirviendo y resina ardiente. Una vez terminado esto, se le ató de manos y piernas a cuatro caballos y fue desmembrado. Sus miembros fueron quemados y todo su cuerpo quedó reducido a cenizas". (Wikipedia).
En el transcurso de la Revolución Francesa se profanaron, mutilándolos, muchos cadáveres de la realeza, entre ellos el momificado de Enri IV. Su cabeza, tras pasar de manos en manos de varios coleccionistas, fue descubierta en poder de Jacques Bellager, quien la había adquirido por 5.000 francos a Joseph-Émile Bourdais, el cual en 1919 la obtuvo en una subasta por 3. Bellager pidio que fuera entregada al madrileño Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, biznieto de Franco y de Alfonso XIII, pretendiente legitimista al trono de Francia, considerado por algunos sectores monárquicos galos (2c) como Luis XX.
(2a) La reina de Navarra Juana de Albret (1528-1572) del linaje nobiliario de la Casa de Albret o Labrit, procedente de la Gascuña, al suoreste de la actual Francia, reinó en la Baja Navarra, que formó parte del Reino del mismo nombre junto con la Alta hasta que en 1512 la conquistó Fernando el Católico; mas abandonada la región por el emperador Carlos V debido a su difícil defensa y control, se asoció al Reino de Francia al ascender su referido rey Enrique III de Navarra, primero de los borbones, al trono francés. Hoy la antigua Baja Navarra forma parte del departamento de los Pirineos Atlánticos. De acuerdo a la recomendación de la Real Academia de la Lengua Vasca, es parte del territorio denominado tradicionalmente Vasconia o Euskal Herria (Iparralde o País Vasco Francés). Juana de Albret, nombrada Juana III de Navarra, era hija de Enrique II de Navarra (1503-1555), conde de Foix, y de Margarita de Orleans (1492-1549), hija de Carlos de Orleans, quien descendía directamente de Carlos V de Francia (1338-1380); Margarita, mujer ilustrada y adelantada a su tiempo, fue autora del Heptamerón, que seguía el modelo del Decamerón de Bocaccio. A estas alturas de la genealogía, debemos, de la mano de la historiadora doctora María Narbona Cárceles, profundizar más —ver abajo el final de la nota 2c—, no sin antes aclarar que un tío de Juana de Albret, Pedro de Navarra o de Albret, participó en la academia de Hernán Cortés en Valladolid entre 1540 y 1545, ciudad donde mantuvo también negociaciones diplomáticas en favor de su hermano Enrique II de Navarra, para la restauración del Reino de Navarra. Para la elaboración de mucha de su ingente obra escrita Pedro de Navarra se inspiró en las tertulias académicas del marqués de Oaxaca, al cual siguió durante breve tiempo según algún historiador, aunque de ello no hay constancia documental, a Sevilla y a Castilleja de la Cuesta. "El humanismo renacentista de Hernán Cortés. La radical seriedad de Hernán Cortés ante el misterio de la vida eterna la enfrentaba de un modo esencial con los problemas del humanismo. Su espíritu estaba siempre abierto hacia la curiosidad y tenía cuanto podía considerarse necesario para preocuparse de la dimensión humana. Con un profundo sentido renacentista había reunido en torno suyo, y a sus expensas, un número importante de personas de calidad, eruditos, letrados y hombres de letras, constituyendo algo así como una academia libre. En este cenáculo figuraban dos cardenales, ambos italianos, el cardenal Poggio, nuncio del Papa, y el arzobispo de Cagliari, Domenico Pastorelli, los hermanos Bernardino y Antonio Peralta, este último marqués de Falces, cuyo hijo sería tercer virrey de Nueva España, y otros más. El último en llegar daba el tema para la discusión y uno de los presentes tomaba nota por escrito de lo que se hablaba. Pedro de Navarra, que más adelante fue obispo de Comenge, fue uno de los que más notas tomó por escrito, de tal modo que luego escribiría varios volúmenes de diálogos titulados ´Diálogos dictados por el Ilustrísimo y Reverendísimo señor Don Pedro de Navarra, obispo noveno de Comenge ...´ (Tolosa 1565); dejando constancia el buen obispo que si pudo publicar tales `Diálogos` fue porque `las materias que entre estos insignes varones se trataban eran tan notables que si mi rudo juicio alcanza alguna parte de bueno, tuvo dellas principio: tanto que en doscientos diálogos que yo he escrito, hay muy pocas cosas que en esta excelente academia no se hayan tocado`. Lo cual supone un inmenso elogio tanto de la altura de la temática cuanto de la erudición, conocimiento e ingenio de que en ella se hacía gala. Puede considerarse la obra del obispo Pedro de Navarra una especie de índice o tabla de contenidos de las sesiones de la academia que reunía Cortés en su casa de Castilleja de la Cuesta. Casi todos estos temas son de índole espiritual, religiosos, de doctrina política y de los temas que por entonces formaban el entramado de la problemática humanística renacentista. Así, por ejemplo, cuando en mayo de 1547 don Francisco de Cobos, el poderoso ministro del rey, se hallaba agonizando, la academia cortesiana escogió como tema de discusión para aquel día el relativo a la actitud que todo verdadero cristiano debía tener para morir bien. Como apunta Pedro de Navarra, `el sujeto de la disputa fue el principal privado del César`. Debía ser también por entonces tema preocupante para la conciencia de Cortés, cuya salud iba decayendo rápidamente. Escribe López de Gómara que fue a Sevilla, `con voluntad de pasar a la Nueva España y morir en México`. Esperaba la llegada de su hija mayor, María, que venía a España para contraer matrimonio con Alvar Pérez de Ossorio, hijo y heredero del marqués de Astorga, a quien ya había pagado Hernán Cortés veinte mil ducados de los cien mil en que se había fijado la dote". Mario Hernández Sánchez-Barba. Hernán Cortés. Historia 16. Quorum.
Entre los humanistas que pueden incluirse en la historiografía cortesiana, —sigue diciendo Mario Hernández Sánchez-Barba—, "ocupa el primer lugar Francisco Cervantes de Salazar, discípulo y traductor de Luis Vives. Se trasladó a México en 1551 y quizá conoció a Hernán Cortés en sus años de estancia en España y acaso en la academia de Castilleja de la Cuesta. Tuvo una importante amistad con el hijo de Hernán Cortés, don Martín. Fue profesor en la Universidad de México y fue nombrado rector de la misma en 1567. Escribió una `Crónica de la Nueva España`, que es sólo una parte de la colosal obra que planeó titular `Historia general de las Indias`. Según el eminente Millares, trabajó en esta obra desde 1557. Muy importante el estudio que sobre él y su `Crónica` hace Jorge-Hugo Díaz Thomé, en `Estudios de Historiografía de la Nueva España`, México 1945. Aunque se ha dicho que es seguidor de López de Gómara, lo cierto es que le contradice con bastante frecuencia. Se encuentra en la línea de quienes defienden y comprenden el dominio español, entendido como la configuración del reino o representación popular y peculiar de la monarquía hispánica. Entre 1548 y 1560 estiman los eruditos que se debió escribir el fragmento anónimo de una obra mucho más extensa, titulada ´De rebus gestis Ferdinandi Cortesii, que Juan Bautista Muñoz estima pudiera ser una obra del cronista de Indias Calvete de la Estrella. Son notables las coincidencias con López de Gómara".
La Esperanza, 22 de agosto de 1871
(2b) Juan Prim murió por disparos de arcabuz el 27 de diciembre de 1870 hacia las 19,30 en la madrileña calle del Turco. Este día uno de los acusados de su asesinato, el coronel Felipe Solís Campuzano, secretario personal del principal sospechoso Montpensier, alegó haber estado en Castilleja de la Cuesta, "a 98 leguas de Madrid, como podían confirmar las autoridades militares sevillanas". Antes de ver una carta en la que Felipe Solís se defiende de sus acusadores afirmando lo dicho, expondré dos etapas de la vida de Prim que enlazan de alguna manera con nuestra Villa en la persona del capitán Oliver: la primera, su participación en la Primera Guerra Carlista desde 1834, a la que acudió con su padre, que mandaba como capitán una compañía del primer batallón isabelino de Cataluña dirigido por el capitán general Manuel de Llauder y de Camins. Francisco Oliver formaba parte del Regimiento de Infantería de Cataluña Peninsular, y un mes antes de que Prim — este a la sazón con 19 años— entrara por primera vez en combate contra los carlistas ya lo había hecho Oliver, en concreto "en la acción de Olazagoitia el 25 de julio y en la del Puerto de Baquedano el 31 [al año siguiente se repitió la lucha en Baquedano; ver la entrada anterior]; el 23 de septiembre en la acción de Zúñiga, en la de Orbizo el 25 de noviembre, y en la de Carrascal del 12 de diciembre" del mencionado año de 1834. Oliver era cinco años mayor que Prim. La segunda etapa del general reusense que enlaza con la del capitán castillejano es durante el ejercicio de la capitanía puertorricense del primero —1847—, que coincidió con el año final del segundo sirviendo en aquella plaza.
Dicho lo cual, transcribo al pie de la letra la carta defensiva del secretario Solís, fechada en septiembre de 1871:
Última carta de D. Felipe Solís.
Había pensado no contestar a la carta del Sr. López de 17 de agosto último, comprendiendo cuál es la índole que impulsa semejantes publicaciones; pero siendo en ellas más directos los ataques que dirige a mi honra que en las anteriores, y viendo los comentarios que hace una parte de la prensa por mi silencio, me decido por fin a contestar a sus groseros ataques, aunque con la firme resolución de ser esta la última vez que lo verifique, hasta que pueda presentarme ante los tribunales con la seguridad de que se ha de juzgar mi conducta con entera justicia.
En primer lugar no reconozco como mía la carta que inserta con las inciciales F.S., que sin duda habrá sido confeccionada en el mismo taller que las que fueron dirigidas a los Sres. Ríos Rosas y Campo-Sagrado. En ella se expresan circunstancias en las que no me he encontrado, pues ni he estado en Burgos desde mucho antes que hubiese ferro-carril, ni en Valladolid desde algún tiempo antes de la revolución. Bien extraño es que en su contenido aparezca que le he dado dinero, después de haber asegurado que nunca le había querido admitir. Respecto a la otra que inserta como entregada en Alhama, y de la cual no tenía yo conocimiento, no dudo que sea cierto, su objeto es bien claro, y supongo que en este caso será leída con el mismo desprecio que otras muchas de su clase y concluiría en la chimenea.
El Sr. López se manifiesta en sus escritos como amigo de D. Juan Prim y enemigo de la monarquía, dice que se ofreció al duque de Montpensier para descubrir sus secretos y entregarlos, cuyo encargo aceptó, no solo para servir los intereses de su partido, sino los de su amigo, que, según él, detestaba al duque de Montpensier. Ya que el Sr. López habla tanto de su amistad con el general Prim, es necesario que yo manifieste tambien cuáles han sido mis relaciones con este señor, para que el público juzgue y conozca toda la verdad.
Conocidos son de todo el mundo los preliminares de la revolución de septiembre, en los cuales me cupo tener una parte bien activa. En aquella época tuve necesidad de entrar en relaciones con D. Juan Prim, que consideraba entonces muy útiles mis servicios, los cuales fueron bien pronto olvidados por él. Algunos meses después, cuando se trató de la elección de rey a favor de D. Fernando de Portugal, y este se negó a admitir el trono de España, no tuvo inconveniente el conde de Reus en volver a entrar en relaciones secretas conmigo, que se intimaron más después de haber sido rechazado por los clubs federales de Cataluña, a quienes quiso atraer para sus miras particulares. Los motivos y pormenores de esas relaciones, algunos pueden corroborarlos, y entre ellos muy particularmente el Sr. Topete.
Hízome llamar D. Juan Prim para manifestarme lo que convenía hacer con objeto de atraer a su partido al punto que debía llevarlo por medio de sus amigos íntimos, y sobre todo para que la prensa en que yo pudiese influir no lo estorbase en este plan con ataques intempestivos. Así lo hice, y no obstante este convenio, al marcharse poco después a París y Vichy, entró allí en tratos con el emperador, de los cuales podría dar algunas noticias uno de los hombres respetables del partido moderado, cuyo nombre creo innecesario pronunciar. Durante su ausencia se proyectaron con o sin su asentimiento varias candidaturas regias, siendo la del duque de Génova apoyada por Zorrilla y sus amigos, la que más vida tuvo, y hablando de ella, me dijo el general Prim: "El deseo de imponer Zorrilla su opinión y su actividad, han hecho que tome más cuerpo de lo que se creía, y por lo tanto no puedo oponerme abiertamente; pero como la duquesa de Génova ha puesto por condición para la venida de su hijo el que sea votado por la mayoría conservadora de la Cámara, en la mano de estos está el echarle por tierra si se mantienen firmes no votándole".
Todos saben lo que sucedió con lo que después se llamó "la lista del enfermo".
Deseó Prim que no le hostigaran, que la prensa amiga no fuese imprudente, aunque se presentasen otras candidaturas, para poder obrar con libertad, y que entonces él "pondría un palito entre las piernas de cada una de ellas para hacerlas fracasar", añadiendo que él no veía más solución, ni otra candidatura para sacar adelante la revolución, que la del duque de Montpensier, pero que convenía que su partido, que era celoso, fuese el que buscase en su mayoría esta solución, y entonces él echaría el peso de sus amigos en la balanza, pero que mientras tanto no quería influir directamente para no perder.
El tiempo pasaba y los acontecimientos se venía encima con tal rapidez, que era imposible entenderse por medio de tercera persona para marchar acordes, y entonces se convino cómo y de qué manera vendría el duque de Montpensier a Madrid, y de orden de Prim fui a buscarle. El plan fue que solo se detuviera en Madrid 24 horas, de paso para los baños, tanto para ponerse de acuerdo sobre la conducta que debía observarse, como para probar el efecto que causaba su venida entre los republicanos. Así se hizo. La Iberia se encargó del ataque, cuya respuesta, que se había convenido, llevé yo a Madrid. La Iberia, que desde octubre o noviembre, por razones que sus directores de entonces saben lo mismo que yo, y que hoy parecen olvidar, observaba una conducta que por algunos de sus colegas se le echaba en cara, fue la encargada de quitar los golpes. Sus números del mes de febrero de 1870 justifican cuanto digo, lo cual no podrán negar sus directores, a pesar de haber muerto el Sr. Carratalá.
Después de pasada la primera impresión, debía S.A. volver a Madrid y marcharse al cabo de algún tiempo, no pudiendo esto último verificarse en el plazo que se pensó por haber tenido lugar a los pocos días el inevitable y desgraciado lance del 12 de marzo, que no necesito publicar, y ya entonces cada cual fue levantando su careta.
La causa que se formó a S.A. con motivo del duelo quiso el general Prim que le sirviese de punto de apoyo, y así sucedió, por lo cual tuvo tantas peripecias e indecisiones; mas no quiso dar la cara aún, ni pudo ir contra la opinión pública que absolvía al duque de un acto en que toda la razón había estado de su parte.
Perdida aquella ocasión, necesitaba el general Prim buscar otro medio, no pudiendo por más tiempo desempeñar el doble papel que jugaba, y tuvo que marchar ya de frente al obstáculo que se le presentaba y que él había explotado tan indignamente antes de la votación de Rojo Arias, el cual sabrá por qué sostuvo su voto en contra de lo que me aseguró el día antes en casa del Sr. Abascal.
Las relaciones entre el duque de Montpensier y D. Juan Prim cesaron de ser por consiguiente desde entonces lo que antes eran; y como le era preciso a D. Juan quitarse de delante por cualquier medio a los que tantos cargos le podían hacer, creyó sin duda propicia la ocasión de explotar la irritación que su conducta hubiese causado, y de ahí el hacer variar el plan que tenía trazado a sus agentes.
Con tales antecedentes, creo que desde luego se podrá comprender que a nadie menos que a mí y a la causa que defendía podía convenir la muerte del general Prim, toda vez que, no solo no me reportaba ninguna utilidad, sino que me privaba de una persona que algún día quizás tuviese que responder a los grandes cargos que podía hacerle.
Desde Francia, con el nombre de M. Luz, escribió el tal López cartas sobre cartas por conducto de D. Juan Topete, para disimular más su intención, ofreciendo en todas ellas su adhesión, su simpatía y la de sus socios, y el deseo de poner en conocimiento del duque de Montpensier noticias reservadas del mayor interés. Como a otros muchos, se contestó que podía presentarse cuando quisiera, puesto que S.A. recibía a todo el mundo, y se presentó entonces con el nombre de Faustino Jáuregui, con deseos de revelar por sí y a nombre de sus amigos los planes de republicanos, carlistas y alfonsinos, con quienes estaba en relaciones. Entonces me manifestó que no podía revelar su verdadero nombre ni el de sus amigos, ni permanecer en Madrid por estar perseguido por D. Juan Prim; pero que me dejaba sus señas por si me convenía manifestarle alguna cosa, entregándome al mismo tiempo media tarjeta cortada al triángulo para que si tenía alguna noticia de interés que comunicarme, pudiese yo conocer su procedencia.
Diversas noticias dio, en efecto, y documentos que manifiestan sacaban sus amigos de aquéllos a quienes vendían. Diferentes visitas me hizo para contar relaciones más o menos verdaderas; pero la conducta observada por él, y el relato que me contó de la parte que había tomado en los tristes sucesos del cuartel de San Gil, por lo cual le creía sargento de artillería, me hicieron sospechar de su verdadera ocupación, convirtiéndose esta en realidad, cuando me ofreció los servicios de personas que jamás podían desligarse de aquellos que los sostenían.
Vino el mes de agosto, y en sus últimos días la entrega de los carlistas por los mismos que habían ofrecido ayudarlos, y cuando se me presentó el tal López o Jáuregui en septiembre, no tuve inconveniente darle a entender mi sospecha, y aunque procuró defenderse de mis ataques, desapareció para no verlo más, y tampoco contesté a las varias cartas que me escribió después de su prisión en el mes de noviembre. ¿Cómo, pues, ha podido saber lo que, según dice, hacía y tramaba yo? Si lo supo, ¿cómo no previno al general de las personas de quienes debía desconfiar? Así como me escribió a mí estando incomunicado, según dice, pudo haber escrito a aquel.
He dicho ya, y de ello hay pruebas, que me encontraba en Castilleja de la Cuesta cuando tuvo lugar el atentado del 27 de diciembre, es decir, a 98 leguas de Madrid, de cuyo suceso tuve conocimiento por las autoridades militares que había entonces en Sevilla, y me podrán responder de ello; y por lo tanto, caen por tierra todas las afirmaciones del señor López respecto a mi responsabilidad en este crimen. Si la hubiera habido por mis actos anteriores a la muerte del general Prim, debería saberlo este por su amigo Jáuregui. ¿No conocen todos, y principalmente el señor juez, que nadie mejor que el general hubiese podido tomar contra mí medidas preventivas si los indicios contra mí eran tan graves?
¿Cómo es que el general, habiendo podido hablar antes de su muerte, no me designó como a uno de los responsables? ¿Cómo es que para empezar las actuaciones contra mí, basadas en deposiciones de gentes que ya estaban presas en aquella ocasión, se ha tardado seis meses? ¿Es que conviene tomar ahora un camino como en los primeros días convino tomar otro? El resultado de la causa nos lo dirá; pero es bien extraño que fueran primero acusados y presos los republicanos, que van saliendo inocentes, y que en cambio seamos ahora las víctimas los montpensieristas, tenidos unos y otros por enemigos de la actual situación. Con conocimiento y consentimiento del general Prim, según asegura el Sr. López, vemos a este y a los suyos prestarse a servir de espías y delatores por amistad con el general Prim, se deja López meter en la cárcel, pero siguen sus entrevistas.
Sin duda para que pudiese servir de segundo testigo, se presenta en mi casa a deshora un desconocido, que dice llamarse César y Sostrada, y viene de parte de Jáuregui. Viendo que nada me podía sacar, hace el caballeresco acto de quemar sus credenciales, por si este medio me da confianza, y el que se me presenta perseguido y en aquellas horas, no teme ir dos días después en casa de mi madre, calle de Carretas, desde las once del día dos hasta las dos de la tarde. Espera en ella para verme con cuatro más, repite su visita al día siguiente, y viéndola infructuosa, temeroso de que puedan ser conocidos también sus compañeros, viene solo, y después de esta segunda visita, en que escuchó lo que se merecía, es cuando me escribe el tal Jáuregui desde el Saladero (a pesar de estar incomunicado, según decía), advirtiéndome que ha sido vendido por César (a) Sostrada, y que desconfíe de él. ¿Con qué objeto aquella carta, si dice él ahora que lo que quería era engañarme, suponiendo ha salvado papeles que me comprometen, por cuya creencia yo los olvido? Y si fue Sostrada el delator, ¿por qué ahora ha desaparecido? ¿Por qué se le cita en amable consorcio para que nos cubra el mismo manto? ¿Es para ligarme con él, por lo que hace diez años me pidió Jáuregui una recomendación en favor de un oficial de su mismo nombre, que como masón había sido preso por el general Caballero de Rodas, y por quien quería me interesase?
Después de estas explicaciones, el público puede juzgar mi conducta; me he ausentado, no porque temo la responsabilidad de un acto que no he cometido, sino porque veía lo que inútilmente iba a sufrir. Ejemplos vivos son Andreu, Roque Barcia y otros que el veredicto del juez, declarándolos inocentes, no los ha resarcido de las penalidades y vejaciones sufridas durante seis meses. Pero no son ellos solos, pues, si no estoy yo en la prisión, llevo tres meses huyendo, separado de mi familia y con una infame nota sobre mí, por la delación de un preso que no puede tener en ley derecho a ser testigo de crédito por las circunstancias que reúne.
Por solo causar escándalo se registró el palacio de San Telmo, que no es mi casa; después de los atropellos cometidos en ella para procurar mi arresto, se cita como vagabundos [en el sentido de no tener domicilio conocido] a personas honradas que tienen casa abierta y cuyo paradero se conoce. Hasta a amigos míos se les detienen partes telegráficos del extranjero en que les participan desgracias de familia, porque están firmados con un nombre igual al mío, y no les son entregados en quince días, y se les pide luego explicaciones sobre ellos.
Creo que quedan contestadas todas las calumniosas delaciones del Sr. López, y concluyo repitiendo que esta será la última vez que lo haga; pero que me reservo el derecho de reclamar después contra mis indignos detractores y los que los protegen, cuando sepa que se me ha de hacer justicia. Felipe de Solís y Campuzano. Londres 8 de septiembre de 1871. La Época, 23 de septiembre de 1871.
La carta anterior fue reproducida también por La Regeneración de 26 de septiembre de 1871 en su página 2, que había publicado un extracto de ella días antes. En la misma página podemos leer una curiosa e hilarante noticia:
"Tiritando de espanto, y obedeciendo con la frente humillada, publicamos la siguiente carta que recibimos por el correo del domingo, en la misma forma que viene y sin atrevernos siquiera a variar la ortografía:
"Orihuela y Septiembre 18 del 71.
Sor Director de la Regueneracion.
Mi desconocido escritor hace serca de medio año me calentesobré cosas y mentiras que sin sustancias desía su Periodico, hoy me vuelvo a calentar mas y mas sobre cosas mas graves siendo yo un Liberal de nacimiento asiesque a uno a uno los desafio que a todos con la levita y la parroquia que llevan la aré yo saltar de su sitio.
Ará V. el fabor de poner y imprimir esta carta en dicha Regueneracion para que sepa todo el mundo que no le tengo miedo a ningun carlista.
Vivo Calle nueva n.º 1.
Los aborrece
Antonio Rubio
Ayudante Ynjenieros.
Viva Serrano. !Viva¡
Viva Mompensier. !Viva¡ !Viva¡
¡Viva! ¡Viva! ¡viva! ¡viva! ¡viva! ¡viva!"
Queda complacido el terrible comunicante. Ahora, cuando guste, puede pasar por esta redacción a recoger un bozal y una albarda que le guardamos para su uso particular."
Respecto al coronel Felipe Solís, añado algunos datos genealógicos. Felipe de Solís y Campuzano, coronel de Caballería (o de Infantería según otras fuentes) y Ayudante de campo de S.A.R. el Duque de Montpensier, nació en Madrid el 20 de mayo de 1823 y murió en Villafranca de los Barros (Badajoz) el 30 de noviembre de 1907. Era hijo de Sebastián de Solís y Salamanca, nacido en Acebuchal (Badajoz) el 14 de junio de 1789, y de Josefa de Campuzano y Morente, quienes fueron velados en Acebuchal el 3 de marzo de 1825. Los abuelos paternos de Felipe fueron Felipe de Solis y Castañeda, nacido en Miajadas (Cáceres) el 2 de junio de 1755, alférez del Regimiento de Dragones del Rey y Caballero de Santiago en 1784, y Manuela Gutiérrez de Salamanca y Becerra, hija de Francisco Gutiérrez de Salamanca y María Becerra Nieto. Los bisabuelos paternos fueron Sebastián de Solís Gragera, natural de Miajadas, y Ana María de Castañeda Cañamero.
El coronel Felipe de Solís y Campuzano se casó en Madrid el 17 de junio de 1851 con Mariana Gómez de la Cortina y Rivas, fallecida en Villafranca el 11 de abril de 1860, hija de José Justo Gómez de la Cortina y Gómez de la Cortina, III conde de la Cortina, y de Paula Rodríguez de Rivas y García Murviedro.
Felipe Solís Campuzano
El coronel Felipe y Mariana tuvieron a Mariano Solís y Gómez de la Cortina, nacido en Sevilla el 14 de diciembre de 1858, casado con Joaquina Barranco González Estéfani, padres de Mariana Solís Barranco, VIII condesa de la Cortina.
Y también tuvieron a Josefa Solís y Gómez de la Cortina, nacida en Sevilla en 1854 y fallecida en Villafranca el 21 de julio de 1936, quien se casó en Villafranca el 19 de marzo de 1877 con Álvaro de Jaraquemada y Toro, nacido en Villafranca el 21 de noviembre de 1851 y fallecido el 18 de abril de 1898.
Álvaro y Josefa tuvieron a Joaquina de Jaraquemada y Solís (1877-1936); a Mariana, nacida en 1878 y casada con su tío político Antonio Rodríguez Zambrano y Vargas Zúñiga, viudo de su tía María Coronada Jaraquemada y Toro; a Luis; a Álvaro, nacido en 1881, casado en 1905 con Ascensión García Martínez, quienes tuvieron a Luis de Jaraquemada García, farmacéutico, fallecido en Madrid en 1989, casado con Manuela Abello Camacho, fallecida en Madrid en 1996. Sus hijos de estos últimos, María Jesús y Luis Manuel Jaraquemada Abello, casados con Agustín Molina Martín y con Cristina Bueno respectivamente, ambos con sucesión. Ver Estudio histórico sobre una familia extremeña, los Sánchez Arjona. Jaime de Salazar y Acha. En esta localidad de Acebuchal siguen en pie las casas-palacio de varias de estas familias: Gutiérrez de Salamanca, Solís, Becerra, Castañeda.
Volviendo a Felipe Solís Campuzano y a cómo nos acaba de decir en su carta de arriba que con ella contestaba a la de López del 17 de agosto último (de 1871), vamos a ver que antes, en 9 del dicho mes, el tal López había escrito otra, que resulta ser fuente inagotable para novelistas de tramas misteriosas: Veámosla:
Sin comentarios de ninguna especie, por estar el asunto bajo la acción de los tribunales de justicia, publicamos el siguiente comunicado que ha visto la luz en El Jurado Federal, y que han reproducido algunos periódicos de Madrid:
"Señor director de El Jurado Federal.
Apreciable amigo: He leído en su apreciable periódico un suelto en que se refiere sucintamente lo sucedido en esta cárcel en la noche del 3 acerca de cierta trama urdida traidoramente contra mi humilde persona; y como quiera que no esté bien detallado y pueda interesar al público esta peregrina historia, le suplico inserte en su diario las siguientes líneas, con lo cual complacerá a su afectísimo, José López.
Conspiración descubierta. Hace unos ocho días que cierto preso de esta cárcel de Villa, llamado Cipriano González, propuso al mozo encargado de la galería alta, en que me encuentro, que averiguase si yo tenía en mi poder y habitación unos papeles referentes a los autores y ejecutores del asesinato de don Juan Prim, y entre ellos una carta de don Felipe Solís, ayudante del duque de Montpensier, informándole de que se le había presentado una persona de fuera ofreciéndole 50.000 duros si se apoderaba de aquellos documentos.
Al mismo tiempo le indicó los medios que le parecían más oportunos para llevar a efecto tan inicuo plan, y entre ellos el de darme cloroformo para narcotizarme y apoderarse de los papeles durante mi estado de sopor.
Faltó tiempo al mozo encargado para darme noticia de la trama que se preparaba; y yo, en vista de su honrada franqueza, le aconsejé que siguiera interviniendo en el proyecto con mi reservada anuencia, para de este modo descubrir los autores de él.
Así lo hizo el digno encargado, Francisco Talavera, y cuando ya el asunto ofrecía oportunidad para satisfacer los vivísimos deseos del Cipriano, entonces el que suscribe preparó el anzuelo en que habían de caer sus `cloroformistas`.
Coloqué en el cajón de mi escritorio un pliego cerrado que contenía papeles insignificantes, cerrado y lacrado con sobre para el señor juez del distrito del Congreso.
Así preparado, pronto tuvo conocimiento el Cipriano González de dónde estaba la presa que tanto codiciaba, y la noche del 3, como a las nueve y media, cuando el que suscribe bajó a despedir a su familia, que había ido a visitarle como de costumbre, observó que el Cipriano subía al departamento del que expone, y que en aquel no habita, y sospechando la intención, subí yo también en el momento en que despedí a mi familia; entré en mi cuarto, busqué el pliego, y advertí que había desaparecido.
Sin detenerme bajé a la habitación del señor alcaide, el que, con una actividad digna de elogio, se colocó en la puerta del dicho departamento, y cuando el Cipriano bajaba con dirección al suyo, le detuvo y le ocupó el pliego robado.
Como el señor alcaide dió parte inmediatamente del hecho al juez competente, yo no tuve necesidad de hacerlo; el Juzgado incoó la causa criminal correspondiente, y yo he prestado en ella mi declaración.
A mí solo toca decir a los que buscan de una manera tan villana y cobarde medios criminosos para arrebatarme las pruebas de su maldad, hasta el extremo de atentar contra mi vida, que todos sus esfuerzos son ya estériles, puesto que, previendo yo sus inicuos intentos, he remitido al Juzgado y obrarán ya en el proceso, todos los documentos que se hallaban en mi poder referentes a las personas interesadas en el rapto de ellos.
Que ya nada conseguirán respecto a aquel intento; pero que si su deseo es asesinar por despecho o criminal venganza, tengan un poco de paciencia y esperen a que el Juzgado acuerde mi libertad, para entonces en las calles o paseos, en Madrid o en provincias, a la sombra de la noche y del misterio, que siempre busca el malvado, clavar en mí el puñal del asesino, y caiga sobre el traidor homicida la execración pública. José López. La Iberia, 9 de agosto de 1871.
El imputado López ( alias Jáuregui, o Madame Luz) es uno de los detenidos de primera hora, que primero guardará silencio pero al verse perdido, decide confesar y declara más de cuarenta veces, siempre implicando a Solís —Vol.4, folio 6441— [de los autos sobre Prim] a Montpensier, a Serrano, a Pastor. En dos ocasiones intentarán envenenarlo, pero una vez excarcelado, y después de haber sembrado la duda de si en verdad era un doble agente que trabajaba secretamente para Prim, sería agregado a la policía secreta, prestando importantes servicios a Romero Robledo y al conde de Xiquena, como informará en su día el diario El Progreso. Los grandes intrigantes nunca mueren. (Francisco Pérez Abellán. Libertad Digital, 12 de junio de 2012).
En la década de 1850 comenzó a fabricarse industrialmente el cloroformo, que había sido sintetizado veinte años antes por el químico alemán Justus von Liebig (1803-1873) a partir del cloral, y utilizado como sedante en psiquiatría en 1869 por otro alemán, el farmacéutico Oskar Liebreich (1839-1908). En Castilleja de la Cuesta moriría, en 1885, un experto en la utilización de cloroformo sobre parturientas, que además fue médico nada menos que de Isabel II. Se trataba de Manuel Benjumeda Toscano.
Ha fallecido en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) el ilustrado doctor D. Manuel Benjumeda y Toscano, médico de S.M. la reina Isabel II. La Correspondencia de España. 11 de septiembre de 1885. También recogió su muerte en Castilleja y que fue médico de Isabel II El Siglo Médico, 1885, Volumen 32, pág. 618. En esta misma página del Siglo Médico, junto a la nota necrológica del médico Benjumeda, se publica un "Documento curioso. —Lo es sin duda, y digno de pasar a la historia, el siguiente parte que han publicado algunos periódicos de Córdoba:
Sr. Juez, le mando a su mercé una difunta, muerta esta mañana para que la ponga en el Registro civil, le dió ayer un dolor cólico serrao y se murió sin confesion. Los padres y agüelos los lleva la parte apuntaos en un papel. La llevan subía en una borrica sarsillera que trabaja con el marío de la difunta en la leña, y encargaos que bayan por fuera de camino y la metan por detras del simenterio por si las gentes creen que tiene de esos bichos malinos con que da el cólera. Dígale al Sr. Alcalde que la salud es buena, ménos la difunta y la hija del tío Tobal Bargas que tiene calenturas. A los piés de Usía su servidor por mi suegro el Regidor José Mandonado. Señor Juez municipal de ... ".
En la Guía Zarzuela de 1878: Casa de socorro establecida en la calle del Almirante Apodaca, edificio de la Alhóndiga. Médicos encargados, D. Manuel Benjumeda Toscano y D. Manuel Arizmendi. Practicantes, D. Juan Santos y D. José Ruiz.
Según dicha Guía vivía entonces el médico Benjumeda en la calle Alhóndiga n.º 82.
Vivió antes en la calle San Eloy n.º 11 —en 1875—, natural de Cádiz, de 28 años de edad, soltero, médico, hijo de Manuel y Dolores, llamado a filas en Cádiz en 1867 con el n.º 390, exceptuado por enfermedad.
En la bibliografía de Historia de la anestesia en España, 1847-1940, de Avelino Franco Grande, Julián Álvarez Escudero y Joaquín Cortés Laíño, ARÁN Ediciones, 2005, se le cita por sus trabajos: Del uso de los medios anestésicos en la práctica de los partos. Tesis Doctoral. Cuadernillo manuscrito de 44 páginas. Cádiz, 1870; y Del cloroformo en los partos Periódico El Relámpago Médico, 1870, 3-4: 72-7.
(2c) Otros monárquicos franceses son los bonapartistas que abogan por Juan Cristóbal Bonaparte (nacido en 1986), y los orleanistas que apoyan a Juan de Orleans (nacido en 1965), que reclama el trono como Juan IV y está casado con una biznieta del II marqués de Yanduri. De estos marqueses era el palacio del mismo nombre situado en la sevillana Puerta de Jerez, terminado en 1904 por el arquitecto Jacobo Galí y Lassaleta. El palacio se comunica por detrás con el Alcázar, para que la reina Victoria Eugenia (1887-1969), esposa de Alfonso XIII (y madrina en los bautizos de Juan Carlos I y de su hijo Felipe VI) pudiera visitar a su amiga la marquesa de Yanduri. Requisado por Franco, le sirvió de residencia tras el 18 de julio de 1936. El palacio se alza en el lugar que ocupaba el de los condes de Cantillana donde, en 1898 nacería el poeta y Premio Nobel Vicente Aleixandre.
Acabamos de exponer cómo una descendiente de Felipe de Solís Campuzano emparentó con la importante familia Jaraquemada. Hoy hay una plaza en Castilleja de la Cuesta nombrada Jaraquemada por Amparo Jaraquemada Guajardo-Fajardo, nacida en 1912 y esposa de Andrés Dorronsoro Montes (Sotosalbos, Segovia, 1898 - Sevilla, 1977), casados en Villafranca en 1937. Padres de Amparo fueron José Francisco Jaraquemada Quiñones y María del Carmen Guajardo-Fajardo. Hermano de Amparo fue Mateo Jaraquemada Guajardo-Fajardo, XV marqués de Lorenzana (nacido en Sevilla en 1907 y fallecido en Mérida en 1984), casado con María Josefa Ovando Carvajal en Fuente del Maestre en 1949.
"Ayer sábado se le dio sepultura a María Ovando Carvajal, marquesa viuda de Lorenzana, quien fue enterrada en el panteón familiar de la capilla de la iglesia del Convento Franciscano. María casó en Fuente del Maestre el 25 de septiembre de 1949 con el XV Marqués de Lorenzana y Maestrante de Sevilla, Mateo Jaraquemada Guajardo Fajardo Quiñones Estrada, quien habría nacido en Sevilla el 1 de noviembre de 1907 y fallecido en Mérida, hija de José de Ovando y Montero de Espinosa y María Dolores Carvajal y Grajera, siendo madre de 7 hijos.
El título de Marquesado de Lorenzana proviene de la familia Quiñones, oriunda del antiguo reino de León, y quedaría establecido en la villa de Fuente del Maestre a finales del siglo XVII. Desde allí emparentó con diversas familias extremeñas hasta recaer en la de los Jaraquemada." Juan Francisco Llano. La Gaceta Independiente, 30 de abril de 2017.
Plaza de Jaraquemada
En primer término el chalet Jaraquemada-Dorronsoro. Según cálculo aproximado, el solar estaba entre los terrenos de la hacienda de la marquesa de Loreto y los de la hacienda San Ignacio. En la esquina superior izquierda se ve la plaza de Jaraquemada. (Google Maps).
Amparo Jaraquemada y Andrés Dorronsoro fueron dueños del terreno de nuestra Villa donde se asienta la plaza referida. Recuerdo desde niño haber oido hablar en el pueblo del "chalet de Don Rosoro" extrañado de tan exótico nombre de varón, —Rosoro—, al que mi fantasía infantil asoció siempre con un imaginario hombre opulento de suaves manos rosadas y gordezuelas que manejaba un río caudaloso de monedas de oro. Poseyó Dorronsoro viñas alrededor de su chalet, impecablemente cuidadas, cercadas con vallas de reluciente alambre espinoso y postes de hormigón inmaculadamente blancos de cal todo el año. Recuerdo cierta historia que se contaba en la barbería de Amador en la calle de Hernán Cortés —jaulas con canarios, clientela parsimoniosa, ambiente pulquérrimo, luminoso, perfumado, fresco, radio encendida a todas horas—, oída cuando mi padre me llevaba a arreglar el pelo, siendo yo un niño inquieto al que había que poner delante el gato atigrado e hipnotizante del peluquero para mantenerlo quieto mientras la tijera trabajaba sobre su cabezón. La historia, comentada por todos en el pueblo, refería que el guarda de la viña del médico don Andrés había sorprendido a un vecino de Castilleja robando racimos de uva, y al inquirirle obtuvo del ladrón por respuesta, entre gemidos y lloriqueos, que lo hacía "para dar de comer a sus hijos", a lo que le respondió el vigilante: ¡Pero hombre ... Me las hubiera usted pedido! Y el barbero Amador remataba la narración ejecutando un lenguaje verbal de apoyo dirigido a los atentos y silenciosos parroquianos; la narración de Amador, al interrumpir el corte de mi pelambrera, me proporcionaba un respiro bajo la tensión de aquellas manos extrañas. A veces mi padre, extraordinariamente, se hacía afeitar cuando terminaban la faena conmigo. Cierta vez, siendo rasurado por el hijo mayor de Amador, muchacho alto y serio heredero del oficio paterno, un descuido le ocasionó una heridilla en la mejilla de la que brotó algo de sangre. El joven, entre disculpas, buscó el papel de fumar con que se solía entonces atajar las pequeñas hemorragias, y mi padre le dijo que no se preocupara, que no tenía importancia, a lo que le respondió, nervioso, el joven barbero: "¡no, no ... es que yo no puedo ver la sangre!". El nombre completo de Amador padre era Amador Martín Cáceres, y se casó con Amparo Silva de los Reyes en Castilleja en 1934. Los padres de Amador fueron Juan Martín Sierra y Dolores Cáceres Dominguez, naturales de Nerva, lo que podría explicar que mi padre fuera cliente habitual de la barbería ya que su esposa —mi madre— era también nervense. Y también podría explicar el interés del barbero por lo ocurrido en la viña de Dorronsoro, por el vínculo habido con sus propios padres en la onubense cuenca minera. La mujer del barbero, en cambio, era castillejana de pura cepa. Llamábase Amparo Silva de los Reyes, hija de Francisco Silva Luque y Brígida de los Reyes Cabrera. En el Padrón de 1970 aparece toda la familia en el n.º 3 de la referida calle Hernán Cortés: Amador y Brígida, y sus hijos Dolores nacida en 1936, Amador nacido en 1944, Juan nacido en 1945, y Pedro Miguel nacido en 1953.
"Pasó [Dorronsoro] su infancia en el pueblo segoviano de Turégano, realizó el bachillerato en Segovia y se licenció en Medicina en 1922. Presentó una excelente tesis doctoral sobre cirugía del nervio simpático. Tras una breve estancia en Madrid trabajando como médico de la Beneficencia y cirujano en el Hospital de la Princesa, desempeña labores de cirujano en los hospitales mineros de la compañía mineral Alkali, con sede en Riotinto. Instaló clínicas quirúrgicas en Valverde del Camino y Huelva. En una época histórica de situación de pobreza, operó de forma gratuita a todo valverdeño que pasaba por su quirófano, además de costearle medicinas y manutención hasta su recuperación.
Entre las dos clínicas mencionadas, realizó más de mil intervenciones en dos años. Este proceder derivaría en que en 1935 se le concediera la Cruz de Beneficencia con la categoría de primera clase. Se hizo muy popular entre los toreros, pues su destreza quirúrgica hizo salvar muchas vidas de los diestros de entonces, apodándole en esta zona como el dios chico. En su labor investigadora presentó más de treinta trabajos en las revistas médicas de la época, que le llevó a ser miembro de las Reales Academias de Medicina de Valencia y Sevilla. Al estallar la Guerra Civil, alojó y protegió en su clínica a la condesa de Moraclaros y su familia, así como a las monjas del convento Hermanas de la Cruz. En la contienda ocupó la dirección de distintos hospitales de campaña por toda la geografía española, acompañado de su material quirúrgico y un equipo que le siguió en su periplo. Contrajo matrimonio con su enfermera de campaña [Amparo Jaraquemada]. Realizó una memoria de las 6.790 intervenciones practicadas por su equipo durante la guerra, así como diversas ponencias, comunicaciones y publicaciones al respecto. Por su labor en este tiempo, recibe la Gran Cruz al Mérito Militar, Medalla de Campaña y Cruz de Guerra." Real Academia de la Historia.
Además de Mateo XV marqués de Lorenzana, fueron otros cuñados de Dorronsoro —hermanos de Amparo— Concepción (Sevilla, 1909), Carmen (Sevilla, 1911), Francisco, Álvaro (San Sebastián, 1923) y José, muerto en acción de guerra en Somosierra en 1936. La madre de Amparo y de todos ellos, suegra de "Don Rosoro", fue María del Carmen Guajardo-Fajardo y Estrada, hija del IV marqués de la Reunión de Nueva España, y de María Concepción de Estrada y Cabeza de Vaca. A los marqueses de la Reunión de Nueva España perteneció la hacienda de don Vicente Torres Andueza que se refiere en la entrada anterior, cedida al Ayuntamiento de Castilleja "por convenio urbanístico" para convertirla en la Casa de la Cultura que es ahora. Coincidí varios cursos en las aulas de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla con un alumno descendiente directo y heredero de los marqueses de la Reunión, el cual me refirió que en el traspaso de la hacienda hubo de todo menos "convenio urbanístico".
"Boda. En Sevilla ha contraido matrimonio la bella y distinguida señorita María Albarracín y Arias de Saavedra, con D. Javier Guajardo y Estrada, Marqués de la Reunión de Nueva España.
Bendijo la unión el Vicario Capitular del Arzobispado, Dr. D. Bartolomé Romero Gago. Entre los novios se han cruzado valiosísimos regalos, siendo el de él un collar de brillantes, valorado en más de 25.000 pesetas. Entre los regalos recibidos por la novia figura un traje de `chantilly`, de inmenso valor. Los nuevos esposos pasarán una temporada en la hacienda que posee en Castilleja de la Cuesta el Marqués de la Reunión". El Guadalete. 10 de mayo de 1907.
Placa en la Casa de la Cultura de Castilleja de la Cuesta
En Valverde del Camino se hizo una colecta para regalar las insignias de la Cruz de Beneficencia al doctor Dorronsoro, informa La Provincia del 30 de marzo de 1936. En este mismo periódico en fecha de 27 de diciembre de 1929 figura Dorronsoro enviando tabaco a los presos de la Cárcel Provincial. junto con café y tortas mas la entrega mensual de ropa "interior y exterior" que les enviaron una asociación de damas llamada "Ropero de San Dimas", mas las comidas que les obsequió la Junta de Patronato de Reclusos y Libertos.
El doctor tiene calle a su nombre en Valverde, en cuyo Archivo Municipal hay un testimonio de la escritura otorgada por don Javier de Dorronsoro, Alcalde Mayor de dicha villla, obligándose a pagar una fianza que le correspondía. Su fecha es de 1739-1748, mas no se si hay relación con los Dorronsoro de Sotosalbos.
Su tesis doctoral trató sobre la Cirugía del Tiroides. La Semana Médica Española, n.º 45 del año 1942, publicó un artículo suyo titulado "Cuerpo extraño en el esófago, con catorce meses de permanencia en el mismo". En 1940 vió la luz en Sevilla, en la Imprenta de San Antonio, otro de sus trabajos: "Heridas por arma de fuego; consideraciones clínicas". Fue Hermano Mayor de la hermandad de Ntra. Sra. del Rosario y Sto. Cristo de la Paz (Los Humeros) en la sevillana calle Torneo, en 1948-1956 y 1965-1972 http://www.humeros.org/index.html
Contratado por una empresa minera subsidiaria de Rio Tinto, ejerció en ella 14 meses. Luego se fue a la capital onubense y montó en ella una clínica privada en la calle La Fuente, en la que figuraba en su placa de la fachada "Especialista en Cirugía". Años después abrió otra clínica en Valverde del Camino, denominada Clínica de la Unión, que perduró hasta los años cincuenta. "Fue muy famoso por su arrojo y valentía operando. Cuentan que a veces operaba en su clínica de la calle La Fuente con la ventana abierta del quirófano a la calle y más de un curioso y muchos niños se paraban en dicha ventana a verlo operar." Historia del hospital provincial de Huelva. Rafael Sancho D´Herbe. Universidad de Huelva, 2013. Esta historia la he encontrado yo también, pero en el escenario de Valverde, donde operaba con las ventanas abiertas y arracimados en ellas multitud de curiosos. Entre ellos Lucía Capado y sus hermanos, acaso también sus hijos. La valverdeña Lucía se convertiría con el tiempo en mi abuela materna. Ya viuda, se estableció con sus cuartro hijos en Castilleja desde 1924. Tengo como tarea investigadora pendiente dilucidar si Dorronsoro tuvo parte en el hecho de que mi familia materna emigrara desde Valverde y Nerva a, —precisamente—, nuestra Villa. (Sobre los Jiménez de Nerva, ver Historia de los apellidos, 1. Abril de 2019).
El chalet de Andrés Dorronsoro conocería varios dueños, entre ellos Francisco Narbona:
"Fue director de periódicos, fundador de revistas, colaborador de apreciada firma en diversos medios, corresponsal de radio y televisión, escritor de libros. Y, sobre todo, periodista. Había nacido en Sevilla donde comenzó a darse cuenta de su verdadera vocación en la Facultad de Derecho cuando estudiaba la carrera que terminó en 1940. Trabajó en el Diario FE [Falange Española] que llegó a dirigir. Fundó «Diez Minutos» y se fue a Roma como corresponsal y delegado de RTVE. De allí volvió a su ciudad natal para hacerse cargo como primer director del Centro Territorial de Televisión en aquel romántico chalet de la Palmera, poniéndose al frente de ese grupo de entusiastas pioneros a quienes tanto debe la televisión andaluza: corría 1974 y el desaparecido y recordado Paco Pérez acababa de crear la cabecera de Tele/Sur con que empezaron a ser conocidos los informativos regionales.
Cuando dejó esa dirección en mayo de 1982 se consagró por entero a la investigación en la hemeroteca dando a la luz numerosas obras: «Un cierto divorcio», «Juan Belmonte», «De Prim a Carrero Blanco», ésta en colaboración con Enrique de la Vega con el que también produjo «La Maestranza y Sevilla» y otras más.
Padre de seis hijos, entre ellos la ministra Cristina Narbona, deja un testimonio recio de hombre de bien y un camino diáfano para los que quieran seguir su ejemplar trayectoria que conocimos perfectamente los que tuvimos la suerte de trabajar a sus órdenes." José Luis Garrido Bustamante. ABC, 28 de octubre de 2005. En cuya nota recordatoria vemos algo que encaja como un guante en esta serie de entradas de Historia de Castilleja: Francisco Narbona escribió un libro en colaboración con Enrique de la Vega Viguera titulado De Prim a Carrero Blanco: Cien años de magnicidios en España (1870-1973), Editorial Planeta, 1982.
Falangista, estudioso del mundo de los toros y aficionado a la tauromaquia —al contrario que su hija la ministra socialista Cristina Narbona—, corresponsal de Radio Nacional de España en Roma, quien esto escribe tiene grabada su voz metálica, nasal, cuando se emitían diariamente las noticias de Italia por la radio de lámparas que, situada en una repisa de tabla en la pared del comedor a una altura que hacía imposible el manipulado torpe de la chiquillería de la casa, el padre de familia había instalado. Primo hermano de Francisco Narbona fue un vecino de esta entrañable casa y calle de mis recuerdos infantiles en las que ahora transcurren mis solitarios y apacibles días de vejez. Este vecino era Juan Bautista Narbona Narbona, nacido en Osuna en 1905, casado con Rosa García Garrido, nacida en Madrid en 1918. Sus hijos fueron Juan, nacido en 1946, eminente médico de la Universidad de Pamplona, Rosa, nacida en 1949, y Jorge, nacido en 1953, entrañable amigo de la infancia con el que yo desperté al mundo exterior, fuera del ámbito familiar.
"El Dr. Juan Narbona García es un prestigioso neuropediatra, que fue Premio CNC en Neuropsicología Infantil 2013. Narbona ha desarrollado su labor profesional en el campo de la neuropsicología del desarrollo, tanto en el ámbito clínico, como en el de la investigación y la docencia. Fue responsable de la Unidad de Neurología Pediátrica en el Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina y Clínica Universidad de Navarra (Pamplona), como Especialista Colaborador desde 1 septiembre 1978 hasta 31 diciembre 1988. Luego, como Consultor Clínico de la Unidad de Neurología Pediátrica desde 1 enero 1989 hasta septiembre 2016 (jubilación)." http://consorciodeneuropsicologia.org/
El doctor Juan Narbona fue el último de su familia que habitó la casa familiar en la calle de quien suscribe, con su esposa y sus hijos, hasta que marchó a Navarra. Su hija María Narbona Cárceles es profesora en el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Arabes e Islámicos, Área de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y nos va a echar una mano en lo que hemos intentado desarrollar arriba en la nota 2a sobre Enri IV y su madre, por ser una autora experta indiscutible en el tema de la monarquía navarra. Ha publicado La corte de Carlos III el Noble, rey de Navarra: espacio doméstico y escenario del poder, 1376-1415. Barañáin (Navarra) : EUNSA, 2006, además de abundantes artículos en revistas especializadas y colaboraciones en obras colectivas tanto en español como en francés. Nada más fácil que conectar a Carlos III el Noble con Pedro de Navarra, con la sobrina de este Juana de Albret, con el esposo de esta Antonio de Borbón, y con el hijo de estos dos Enri IV.
Hecho lamentable en el chalet
El último de los dueños, —o quizá arrendatario—, del chalet Dorronsoro-Jaraquemada de que tengo referencias fue Esteban Rosales, heredero de los Rosales que dieron prosperidad al pueblo de Castilleja con su célebre fábrica de tortas de aceite. Cuando la industria familiar de la afamada torta fue viniendo a menos, Esteban buscó en la restauración su modo de vida, e instaló en dicho chalet un mesón-restaurante que por las noches se transformaba en discoteca. Recuerdo que manteníamos los amigos de la familia Rosales en el salón del mentado restaurante una efímera tertulia vespertina, que no llegó a consolidarse por circunstancias ajenas a nuestras voluntades. Los descendientes de Esteban continúan hoy el negocio de los fogones en el vecino pueblo de Tomares.
Voy a terminar esta entrada aprovechando el haber sabido que el doctor Andrés Dorronsoro Montes enviaba tabaco a los presos de la Cárcel Provincial de Huelva durante la Navidad de 1929 —ver arriba, nota 2c—, para volver sobre un tema, el carlismo castillejano, que ya he tratado en varias ocasiones, la última en Historia de los apellidos, 21s. Junio de 2020.
"Entre los 14 carlistas presos por el alcalde y vecinos de Almonaster, llegados ayer a Huelva, figuran como general D. Juan Illanes de Figueroa, natural de Sevilla y vecino de Lisboa; D. Juan García Medina (1), comandante, natural de Ceuta y vecino también de Sevilla; D. José Bracho, natural de Carmona y vecino también de Sevilla; y D. José Ortiz Navarro, natural y vecino de Castilleja de la Cuesta, estos dos últimos oficiales". La Correspondencia de España. 7 de julio de 1874.
De entre estos presos resalta Juan Illanes, nacido en Sevilla en 1815 y participante en las tres guerras carlistas. Tras la muerte de Fernando VII marchó a Portugal con el gaditano Vicente González Moreno para ponerse a las órdenes del pretendiente Carlos María Isidro. Ambos fueron hechos prisioneros al declararse carlistas y ambos se escaparon de la cárcel y comandaron tropas contra los isabelinos en la Primera guerra. En la Segunda, por 1848, Illanes levantó una partida en Guadalcanal que actuó en la sierra de Cazalla burlando a las fuerzas de la Guardia Civil durante dos meses. De allí volvió a Portugal y luego a Londres. En París en 1869 el nuevo pretendiente Carlos VII le ratificó el nombramiento de comandante general de la provincia de Huelva, y luego de las dos extremeñas. En 1874 fue apresado con 17 subordinados suyos —14 según otros documentos—, que estuvieron prisioneros en la ciudad de Huelva, recibiendo el socorro de algunos tradicionalistas de la provincia Tras la guerra, permaneció siempre leal a la causa carlista. Illanes asistió a las honras fúnebres de Margarita, hija de Carlos III, muerta de repente en su palacio de Viareggio el 29 de enero de 1893. Tres años después fallecería este jefe del castillejense José Ortiz Navarro, en 1896 en Madrid después de tres semanas de ruda y penosa enfermedad. Estuvo casado con Felisa Ferreira. El "socorro de algunos tradicionalistas de la provincia" que queda referido emanó principalmente de Domingo Domínguez Brioso (2), quien lo explica de la siguiente manera:
Sr. D. Ramón Nocedal (3). Huelva 31 de Agosto de 1888.
Muy señor mío y distinguidísimo amigo: Quiere Dios que el hijo del Excmo. Sr. D. Cándido Nocedal (Q.S.G.H.) a quien los tradicionalistas no olvidarán, pase por todas las pruebas para brillar y triunfar al fin. Es natural que usted sienta en su corazón y en su alma el fruto recogido de sus atinados y constantes medios para defender la monarquía tradicional y desbaratar los planes de los enemigos, llámense Cánovas, Pidal, La Hoz, Vildósola, Canga, Llauder, Sangarren, y demás hombres de La Fe, periódico, de la Unión Católica y demás instrumentos.
Esté Vd. sereno, que más pronto llegará a Vd. a la gracia del R..., perdida por haber defendido la doctrina tradicional en toda su pureza, que aquel puñado de díscolos, hoy llamados leales, que fueron denunciados espontáneamente por el R... al desprecio de los leales de entoces.
Tenga usted ánimo sereno y esperanza en Dios, porque defendemos la mejor de las causas.
Pudiéramos preguntar al Sr. D. Juan Illanes y Figueroa, quiénes son los hombre de La Fe, cuando estando preso en esta capital, el año 1874, con 17 subordinados, les socorríamos los tradicionalistas de esta provincia, a pesar del disgusto y negativa del único suscriptor de La Fe que en esta capital había. Que se le pregunte también al dignísimo presbítero D. Félix Fernández, preso también, que me alentaba para que no faltasen recursos a los presos carlistas, y que no hiciéramos caso del que faltaba a la caridad.
Yo me adhiero y todos mis amigos a la manifestación de la prensa tradicionalista inserta en El Siglo Futuro de 22 del actual, por ser la verdad.
No queremos que los sagrados lemas Dios, Patria, Rey, se barajen y confundan, como se usa por los `leales` de hoy; queremos que se respeten como es debido, cada uno en su lugar, como lo respetan y enseñan los hombres de virtud y ciencia como Sardá y Salvany, Mateos Gago, Ortí y Lara, Burgos y Mazo, y otros mil que buscan la gloria, no en aparecer delante, sino en dar su último aliento trabajando en defensa de la Iglesia de Dios y de las tradiciones de la patria, como trabaja El Siglo Futuro y los 23 periódicos que le acompañan.
Puede usted hacer el uso que guste de esta carta, pero antes le ruego corrija sus muchos defectos, como es natural, escrita de prisa y sin dotes para ello.
Me repito de usted afectísimo amigo que lo admira y b.s.m. Domingo Dominguez Brioso. El Tradicionalista. Diario de Pamplona. 6 de septiembre de 1888.
(1) El carlista Juan García Medina, Sargento 1º de la Guardia Civil en 1850, vivía con su mujer María del Amparo Chaparro Sánchez, natural de Sevila, en la calle Menorca de la parroquia del Sagrario sevillana. Juan su padre era de Cádiz, y María Luisa su madre, de Gibraltar. Los padres de ella eran José Chaparro, de Sevilla, y María Sánchez, de Cádiz. A Juan y María del Amparo les nació un hijo el 20 de noviembre de 1850, que bautizaron con el nombre de José.
Amparo Chaparro Sánchez, con 68 años, ya viuda del carlista, vivía en Sevilla en la parroquia de Santiago, calle Leoncillos n.º 16, en 1902, con su hija también viuda de 38 años Claudia García Chaparro, nacida en Las Mercedes (Málaga).
(2) "Domingo Domínguez Brioso se definía como tradicionalista y confesaba haber socorrido a algunos carlistas en apuros como D. Juan Illanes Figueroa, cuando estuvo preso en Huelva en 1874 junto al resto de tradicionalistas de la provincia, y al presbítero Félix Fernández [...]. Domingo Domínguez Brioso fue un firme defensor de la unidad católica (2a), participó en las suscripciones carlistas y en las campañas de limosnas para el Papa y muestra su adhesión al manifiesto de la prensa tradicionalista. Vive entre San Juan del Puerto, a fines de la década de los 60, y Huelva, a mediados de los 70 y 80. Varios de sus hermanos eran asimismo carlistas, especialmente su hermana Margarita Blanca Domínguez Brioso. Poco sabemos de Antonio, y de Isabel. En cambio, su hermano José era miembro y vicepresidente del Comité progresista de Huelva en época de Isabel II, secretario del Comité republicano en 1873 y su vicepresidente en 1891". http://historiavalverde.blogspot.com/2018/01/
(2a) "Nuestro Gran Centenario. Sr. D. Ramón Nocedal. Huelva, 13 de Junio de 1889. —Muy querido señor mío: En la parroquia de la Concepción de esta ciudad se ha celebrado un solemnísimo triduo para conmemorar el XIII Centenario de la Unidad Católica de España. El sermón ha estado a cargo, los tres días, del Padre Cadenas, de la Compañía de Jesús, conocido puede decirse en toda España como Apóstol incansable y que realmente es llevado del espíritu de la institución del grande Ignacio; dedicándolo todo a la mayor gloria de Dios, nada omite, nada perdona por instruir, por enseñar e inculcar las grandes verdades y los grandes y admirables principios de nuestra augusta Religión.
Bien quisiera yo poseer los conocimientos necesarios para poder transcribir los admirables conceptos, las profundísimas explicaciones que nos ha hecho, sin deslucir ni empañar su relevante mérito y el brillo esplendoroso de su insinuante palabra. Pero habré de renunciar a idea tan atrevida, concretándome solo a dar una idea.
Tres puntos ha desarrollado y explicado a maravilla dicho señor, en las tres noches, y cada uno a cual más interesante, manifestando así lo vasto de su saber, como el entusiasmo fervoroso de su corazón. El primero: Necesidad de que el Sumo Pontífice ejerza la autoridad real para poder gobernar y dirigir con independencia la grey que le está encomendada. El segundo: La Unidad Católica, su necesidad en España. Y el tercero: Necesidad del culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Después de probar en la primera noche, contra los enemigos del Papado que se burlan y se mofan de su dolorosa situación, que el Romano Pontífice se halla realmente prisionero en el Vaticano por más que carezca de esposas y grilletes, hizo ver con valiosas razones de congruencia y de derecho la necesidad de que el Sumo Sacerdote sea Rey a la vez, porque estando en dominios ajenos y ejerciendo presión otro soberano sobre su autoridad, es imposible que pueda regir y gobernar a los fieles con la independencia, con la libertad que debe gozar todo gobernante. Recorrió a grandes y sublimes rasgos toda nuestra historia haciendo notar las páginas brillantísimas en que siempre se ha manifestado el respeto, el amor y la adhesión de España a tan veneranda y divina institución. Toques de luz admirable hizo resaltar en el grandioso cuadro que dibujó a nuestra vista cuando se refirió a los tiempos del gran monarca Felipe II y cuando nos describió la revolución de Roma adonde acudieron a prestarle auxilio las naciones católicas, distinguiéndose Austria, Francia y España. Conmovido quedó el corazón de sus oyentes en esta noche, que después de hora y media salimos animados de una sola idea, del respeto y amor al Romano Pontífice, rogando al cielo le sean devueltos sus Estados.
En la segunda noche, al tratar de la necesidad de la Unidad Católica, y penetrado también en el inmenso campo de la historia para probar la grandeza de España con la posesión de esa Unidad, nos manifestó paso a paso, detalle por detalle, todas nuestras glorias, todas las epopeyas nacionales debidas a la unidad religiosa, a la Unidad Católica. Registró detenidamente todos los esfuerzos hechos en España contra las herejías, y las grandes victorias conseguidas siempre por los españoles a la sombra de la Religión. Hizo un estudio detenido del arrianismo, haciendo resaltar como perla brillante la gran figura de San Hermenegildo y su tío San Leandro, y de entonces hasta nuestros días recorrió como laboriosa abeja todas las flores preciosas del magnífico jardín de nuestra historia, haciéndonos percibir los delicados aromas y esa suavísima fragancia que embelesa nuestros sentidos, y que, penetrando al interior, producen en el alma los nobles sentimientos que inspira la Religión.
La noche tercera nos hizo conocer la necesidad del culto del Corazón divino de Jesús, exponiendo las vicisitudes por que ha pasado esta institución, saliendo siempre triunfante de sus enemigos, de sus perseguidores, que ya haciendo aparecer como idólatras a sus adictos, ya como hombres sin conocimiento y sin ilustración. Nos expuso los gloriosos resultados, los grandes provechos que la humanidad saca de este sagrado culto, y al manifestarse apenado por la tibieza que se observa en algunas poblaciones en los asuntos religiosos, exaltado su corazón, hacía un llamamiento hacia las provincias del Norte, haciendo notar el espíritu religioso que anima a sus habitantes, firmes, constantes guardadores de las ideas que de sus padres recibieron, acariciando siempre en su alma, de una manera intransigente, las bellísimas inspiraciones que recibieron desde la cuna, en cuyas provincias el culto del Sagrado Corazón de Jesús, su sola enunciación, conmueve a un mismo tiempo a veinte mil personas, que, animadas de una sola idea y de un mismo sentimiento, inclinan su frente hasta el polvo, haciendo subir tiernas plegarias al cielo para que desciendan a la tierra las bendiciones del Altísimo.
Gracias al Padre Cadenas.
¡Gloria al decimotercio Centenario de la Unidad Católica en España!
¡Gloria al segundo Centenario del culto al Sagrado Corazón de Jesús!
¡Gloria a la Religión católica, apostólica, romana!
¡Viva el Papa-Rey!
¡Viva la intransigencia!
Si Vd. considera que estas líneas no desdicen de su periódico, desearía las insertase en honra de los Centenarios y del virtuoso sacerdote de Loyola, y B.S.M.,
Domingo Domínguez Brioso. El Siglo Futuro 22 de junio de 1889. En la portada de este mismo número de El Siglo Futuro se elevan protestas de cuatro o cinco "iluminados" de Linares que se indignan porque en la Italia liberal se ha alzado un monumento al apóstata Giordano Bruno, lo cual —arguyen— es un horrendo atentado y un insulto a nuestro Santísimo Padre Leon XIII. A la protesta por el monumento se unen dos zaragozanos excombatientes del regimiento de zuavos pontificios 25 años antes. Mas 15 catalanes y casi 50 vascos, cada cual con su nombre y apellido.
En El Siglo Futuro del 1 de agosto de 1876, en una lista de Limosna de los romeros a Su Santidad, aparece don Domingo Domínguez Brioso, de Huelva, por sí y sus hijos Carlos, Afonso y Margarita Blanca, con 20 reales. Y en el número del 23 de mayo de 1877, en otra colecta titulada Letanía de San José en la que la contribución se acompaña con una especie de jaculatoria u oración breve, el "iluminado" Domingo Dominguez Brioso aporta 10 reales y escribe: "Santísimo San José, Esposo de la Madre de Dios, que siempre habéis sido mi protector, y muy especialmente desde el 19 de Octubre de 1876, en que tuve la dicha de visitar vuestra santa casa de Loreto, rogad a vuestro Divino Hijo Jesús por el triunfo de la santa Iglesia católica, por nuestro amadísimo Padre e inmortal Pontífice Pío IX, por la conversión de los liberales, y por mis seis hijos y familia, con la misma prontitud que se otorgó mi petición de 19 de Marzo de 1877".
También firma su adhesión a un manifiesto de la prensa tradicionalista según aparece en La Fidelidad Castellana (Burgos) del 23 de octubre de 1888.
En este año de 1888 Ramón Nocedal fundó, con ideología de corte reaccionario, el Partido Católico Nacional, tras una escisión del partido carlista, "por considerar que el pretendiente Carlos de Borbón y Austria-Este sostenía una actitud conciliadora con el liberalismo. Su principal medio de difusión fue el diario El Siglo Futuro, desde el cual Ramón Nocedal acusó a Don Carlos de `traicionar las esencias del Carlismo`".
El manifiesto de la prensa tradicionalista, conocido como el "Manifiesto de Burgos", que firmó Dominguez Brioso como queda dicho, vio la luz el 31 de julio de 1888 y lo suscribían los periódicos expusados de la Comunión por Carlos VII, que eran El Tradicionalista (Pamplona) y otros nueve catalanes, varios castellanos y alguno valenciano, entre ellos El Siglo Futuro, y El Diario de Sevilla. Así nació el partido de Ramón Nocedal.
El Diario de Sevilla se publicó en esta ciudad entre 1882 y 1901, siendo considerado la versión local de El Siglo Futuro. Entre sus redactores estaban Francisco Mateos Gago, Luis Montoto y fray Diego de Valencina.
Fray Diego nació en Valencina del Alcor, hoy de la Concepción, en 1862, en la calle que en la actualidad lleva su nombre. Tomó los hábitos en 1881 en Valencia, pasó a Pamplona, y regresó a Andalucía donde fue Guardián de conventos de Sanlúcar y de Córdoba. Mentor de fray Leopoldo de Alpandeire. Popular por su oratoria, entre su obra literaria destacan varias recuperaciones de Fernán Caballero y un extenso estudio sobre saetas y campanilleros. A Cecilia Böhll de Faber la sacó del polvo del olvido, anotando con detalle varias de sus obras.
Miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, de la de San Fernando y de la de Madrid, cultivó la pintura y fue gran amigo del escultor imaginero Antonio Illanes.
Editó unas Poesías inéditas atribuidas al Maestro Fray Luis de León. Imprenta de la Divina Pastora. Sevilla, 1928, aunque fueron rechazadas "alegando buenas razones" por el jesuita José Llobera, experto muy autorizado, que publicó entre 1932 y 1933 en Cuenca en dos volúmenes las Obras poéticas de fray Luis de León.
Fray Diego de Valencina murió en Sevilla en 1950. "Brilló como predicador de fácil y ardiente palabra, y no habrá pueblo de la Archidiócesis de Sevilla y del Obispado de Córdoba y Badajoz que no haya escuchado a este auténtico y ferviente orador capuchino" dijeron en su necrológica del periódico ABC. Podemos imaginarlo en ese centro clandestino del carlismo recalcitrante que era la iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta, atronando desde el púlpito a los estupidizados y groseros pueblerinos sus conceptos sobre la unidad católica de España, sobre el Papa-Rey, y sobre el corazón abierto de par en par del alucinado carpintero de Nazaret. Fue fray Diego director espiritual de la angelical y penitente Sor Asunción Galán de San Cayetano, religiosa agustina del convento de Fregenal de la Sierra (Badajoz).
(3) Ramón Nocedal, casado el 9 de febrero de 1873 con María Mayo, natural de Madrid, de 20 años, hija de Manuel Mayo, natural de Manila, y de Luisa Albert, natural de Burdeos. Padrinos de la boda, Cándido el padre de Ramón, e Isabel Mayo de Martinez Baños. El abuelo de Ramón, padre de Candido, fue José María Nocedal y Capetillo, nacido en Torrenueva (Ciudad Real) aunque procedente de una familia vizcaína de Sopuerta (1a). José María era "adminstrador general de S.E. en esta corte" (Diario de avisos de Madrid del sábado 1 de enero de 1831).
"José María Nocedal Capetillo , fue miembro de la liberal emergente burguesía . Era un representante ejemplar de la clase que se benefició de la desamortización de Mendizabal, la compra de un número de fincas en la provincia de Ciudad Real y en Madrid, donde se convirtió en uno de los mayores propietarios urbanos de la mitad del siglo XIX. Un miembro importante del radical Partido Progresista, con el tiempo se volvió a su principal rival, el Partido Moderado. José sostenía financieramente a la Milicia Nacional de Madrid y fue uno de sus comandantes, a finales de la década de 1830, que dirigían el cuarto batallón. Fue elegido para el Senado en 1844 y 5 veces votado en la Cortes entre 1841 y 1857". (Wikipedia).
En el tomo VII de Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana, Imprenta del Gobierno, 1838 se nombra en las Junta general del 18 de diciembre de 1838, a un Santiago de Capetillo y Nocedal, del Consejo de S.M. e interventor y administrador de la Real Renta de Correos, propuesto y recomendado por la comisión redactora de Memorias.
(1a) Era hijo de Joseph Nocedal Pérez de Santiváñez y Antonia Capetillo Alcedo, ella nacida en Sopuerta el 7 de junio de 1702, hija de Antonio Capetillo Loyzaga (nacido hacia 1670) y de Jacinta Alzedo Cardon de Lapuente. Hermana de Antonio Capetillo Loyzaga fue Isabel, que se casó con Pedro San Juan de Santa Cruz.
La relación de los Nocedal con Pablo Capetillo Calvo está bien sustanciada: "Ha fallecido en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), la señora doña Nicolasa del Campo y Arthuro de Capetillo, marquesa de Loreto, y tía política del Sr. D. Ramón Nocedal". La Correspondencia de España. 8 de abril de 1892. Tía política de Nocedal por parte de su marido el carlista Pablo Capetillo Calvo, por tanto.









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