martes, 2 de diciembre de 2008

Rodrigo de Cieza 11

Yten mando que se de al bachiller Ribera mi albaçea porque tenga cargo de rrogar a dios por mi un salero pequeño de plata que yo tengo dorado chequito que truxe de la corte y el capuz de rraxa1 que hize para luto y diez varas de lienço porque rruegue a dios por mi en sus sacrifiçios.
Yten mando lo que proçediere del verdugado de carmesy2 que fue a las yndias questo se abmente en la capellania que e ystituido.
Yten mando que de los dineros de plazençia [según la cláusula de referencia eran 60 ducados] des que se cobren sacado lo que dellos esta mandado y lo que se gastare que dello y de los libros que se enbiaron a santo domingo se gaste en conprar dos ducados de rrenta lo que dellos bastare para que se den a la yglesia de san biçente desta çibdad para que me hagan cada año una fiesta el dia de santa catalina con toda solenidad y ministros y sermon y organo por mi anima y de la dicha mi muger y lo que sobrare se de a pobres quales mis albaçeas les paresçiere y no enbargante questa dicho atras que va en çinco hojas que lo que va escrito estava aliende y demas de aquello lo qual valga por ultima voluntad como lo otro y lo firmelo de mi nonbre ques fecho el dicho dia XXIII de junio de mill y quinientos y çinquenta y quatro años. pedro de çieça de leon.

1.-  Capuz:  vestidura larga a modo de capa, cerrada por delante, que se ponía encima de la demás ropa y se trahía por luto, la qual era de paño ù de bayeta negra y tenía una cáuda que arrastraba por detrás. Diccionario de Autoridades.

2.-  Verdugado: vestidura que las mujeres usaban debaxo de las basquiñas, al modo que oy los tontillos, y era de su misma hechura. Covarrubias dice que se llamó así por ahuecarse con unos ribetes parecidos a los verdagos del árbol. Tráhelo Nebrixa en su Vocabulario en la palabra Latina Cyclas funiculata. Carmesí: color purpúreo mui subido, semejante al de la rosa castellana, que se da a las telas de seda y paños con la tintura de la grana, que sale en polvo de cierto gusanillo que se cría dentro de ella, el qual se llama en Arábigo Karme, y de aquí se dixo Carmesí el color. Diccionario de Autoridades. 

A primera vista parece ser que estamos ante un hombre profundamente católico con una arraigada fe en la intermediación de la Iglesia para conseguir la salvación de su alma. En septiembre de 1937 y en su librito "THE SPANISH INQUISITION" el profesor de la Universidad de Oxford Cecil Roth escribía que entonces, en aquella época, "men really did believe (not merely professed to believe) that they were endowed by God with immortal souls. They really did believe in a heaven and a hell, in which they were destined to make reckoning for what they had done during their transient terrestrial existence". Estas radicales y manoseadas aseveraciones tienen como finalidad simplificar la escabrosa tarea de realizar una psicología y sociología que, de ser acometida y en base al promedio de las conductas y hechos de aquellos individuos, mostraría antes bien todo lo contrario. El hombre de entonces, como el de ahora, buscaba su satisfacción material más inmediata y era en ella en lo único en que creía. Atinentes a la práctica de la doctrina cristiana oficial en la región, los hechos nos enseñan que el hombre de entonces, como el de ahora, poseía una esencia constituída de incertidumbre y duda, tanto más sólida cuanto más dogmática y fija era la ideología que su prójimo presumía poseer, o la que las élites dominantes le trataban de inculcar para terminar de poseer su voluntad. Por el otro lado y también entonces como ahora la duda en los creyentes, católicos o de cualquier otra religión, se disfrazaba en el discurso establecido como "tentaciones del diablo" o como "debilidades de la imperfecta naturaleza humana", siendo este disfraz de esta forma la principal alienación del individuo religioso, puesto que, como acabamos de decir, la duda es el estado natural del ser humano. La certeza de la duda, valga la contradición, se impone a lo dudoso de las creencias.
Pedro de Cieza de Leon era un ente dubitativo debatiéndose en sus incertidumbres, como todos los demás hombres. Las fórmulas que utiliza en su testamento, su actitud ante lo sacro y ante la institución eclesiástica solamente denota que ésta había adquirido extraordinario poder social, ante el que él y todos tenían que mostrar sumisión y pleitesía al menos en lo que respecta al exterior, de puertas hacia afuera.

(Continuará).

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Los olvidados, 12q.

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