jueves, 20 de agosto de 2009

Los esclavos 72

El cruel y sanguinario arzobispo de Sevilla don Gonzalo de Mena y Roelas —con una descontrolada afición por destrozar a tiros de escopeta todo tipo de aves del cielo y de animales de la tierra que se ponía a su alcance— no permaneció en la sede sevillana por mucho tiempo, huyendo como huyó despavorido ante una epidemia que se produjo en la ciudad y refugiándose en su palacete de Cantillana, donde le sorprendió la muerte en abril del año 1401. Cuando en las partidas de caza tenía una pieza en el punto de mira, solía comentar mientras guiñaba el ojo, para jolgorio de sus acompañantes: "tente ahí, hermano conejo", o "tente ahí, hermana tórtola", burlándose con estos sarcasmos de las doctrinas de fraternidad universal de Francisco de Asís, de las que tenía amplias noticias.
No obstante la cortedad de su mandato, llevó a cabo varias actuaciones de cierta entidad, una de ellas en el ámbito asistencial, aunque ésta más que nada presionado por la doctrina que pregonaba profesar y como un justificante que contrabalanceaba su declarado gusto por los bienes terrenales y su manifiesta tendencia hacia los asuntos mundanos. Pero sobre todo motivado por la política que vamos a referir.
En aquel final del siglo XIV y comienzos del XV confluyeron en la región una serie de circunstancias negativas que incidieron especialmente, como es habitual, sobre las clases sociales más desfavorecidas. En la última década del siglo una alternancia entre inundaciones y sequías conllevó la pérdida de varias cosechas y su correlato de hambre generalizada. A la miseria consiguiente hubo que sumar diferentes brotes de epidemias, la peste en especial. En 1391 y como consecuencia de todo lo dicho se originó el pogromo que dispersó a los escasos moradores de la judería que escaparon a los cuchillos cristianos, enarbolados a instancias de las predicaciones religiosas entre las que destacaron las furibundas y enardecedoras del arcediano de Écija Hernán Nuñez, quien encauzaba la violencia que suscitaba la frustración del hambre y las enfermedades de las masas hacia los que consideraba sus enemigos ideológicos: los judíos.
De esta manera, el hospital de los morenos desvalidos fundado por el arzobispo fue en todo caso producto de las presiones sociales sobre el referido riquísimo prelado don Gonzalo en una época de carestía en la cual los poseedores de esclavos —gente de clase media en su mayoría— no encontraban otra salida que deshacerse de "objetos" que bajo dichas circunstancias carenciales se convertían en una carga insoportable, habida cuenta de que en ellos —los esclavos— incidía especialmente la referida escasez con sus secuelas de enfermedades y lacras. A toda esta masa de deshechos había que sumar otra constituida por esclavos horros, los primeros en perder sus precarios empleos en el maremagno de la crisis y los más proclives por tanto a desarrollar conductas antisociales. Todo lo cual no dejaba de ser otra manifestación de la selección natural a que hacíamos referencia en el anterior capítulo, siendo así que los cautivos de mejor presencia y más fuertes y resistentes eran los que seguían siendo alimentados y cuidados por sus dueños. Por estos tiempos del reinado de Enrique III de Castilla se ejerció una política de limitación de los poderes de los nobles cuyo reverso y consecuencia fue el favorecimiento de las clases más desheredadas con la finalidad de oponerlas como un frente contra los revoltosos aristócratas, reconociéndose para ello entonces ciertos derechos a los esclavos negros, como el de reunión en señalados días, más que nada también como una forma de control político, dado que la mayoría se veía abocada a delinquir como única posibilidad de subsistencia. Y entre la fundación del hospital y estas asambleas o reuniones festivas en las inmediaciones de la sevillana Puerta de la Carne se originaron la institucionalización de la sociabilidad de los marginados esclavos y el germen de la cofradía étnica luego conocida como la Hermandad de los Negritos, regulándose y supervisándose con ella ahora ya de manera completa y total las conductas de sus componentes y afiliados conforme al objetivo de todas las cofradías religiosas. En la organización social de las poblaciones el papel de estas asociaciones estructuradas en torno a la potenciación del paternalismo dominante y orientadas hacia el encubrimiento por medio de ritos sacralizados del poder capitalista para hacerlo "digerible" a las masas siempre ha recibido, como es lógico, el visto bueno y el apoyo nítido y visible de las instancias gubernativas centrales.
Volviendo ahora al hospital para asistencia de esclavos negros fundado por el arzobispo cazador don Gonzalo de Mena extramuros de Sevilla, a su rebufo fuéronse aglutinando en derredor y junto al lienzo de muralla casas, chabolas y corrales hasta formar algo semejante a un pequeño barrio. Cuentan transcribiendo un documento en el Diccionario Histórico de las calles de Sevilla dirigido entre otros por Antonio Collantes de Teran Sanchez que a finales de nuestro siglo XVI los vecinos se quejaban en los siguientes términos acerca de las molestias que les ocasionaban la canalización de dos caños de agua: "... los quales no solamente por ençima de la tierra les traen daños, sino también sumiendose el agua... viene a salir por debaxo de la tierra y manan sapos y savandixas de las que se crian en los albañales...". Dicho arrabal se habitó de inmediato por gentes de color, y el doctor Joaquín Hazañas y la Rúa (nacido en agosto de 1862) en su Historia de Sevilla se refiere a ello diciendo: "Aún subsiste, y yo he alcanzado a conocer, albergados y recogidos, negros de ambos sexos". Proliferó desde el principio en el lugar la capa más baja de la sociedad y el hampa más infame, y tan tarde como en 1897 el periódico El Porvenir del día 11 de enero decía: "Es una calle la de Conde Negro*, habitada por perdidos de las más bajas estofas, por mendigos de profesión, por gente maleante, desarraigados, tullidos y matones. ´Aquí habemos seis sinverguenzas´ (sic), nos decía a las puertas de una de aquellas casas un viejo borracho al ser preguntado por las personas que en el corral habitaban. Aquello parecía una Corte de los Milagros".

* En pleno corazón del escenario donde tenían lugar las fiestas de los esclavos se encontraba la calle del Conde Negro, la cual subsiste en la actualidad con el mismo nombre, a espaldas de la iglesia de Santa María la Blanca. Apodaron de esta manera a Juan de Valladolid, uno de los mayorales o delegados que desde Enrique III se nombraban como representantes de la minoría negra y como sus patrocinadores y componedores de rencillas. En el caso de Juan, al contrario que en los demás de estas especies de alcaldes, existe documentación fehaciente, como la cédula que los Reyes Católicos otorgaron el 8 de noviembre de 1475 en el palacio de Las Dueñas, dándole su título: "Por los muchos buenos, é leales, é señalados servicios que nos habeis fecho, y fazeis cada día, y porque conocemos vuestra suficiencia y habilidad y disposición, facemos vos Mayoral e Juez de todos los Negros e Loros, libres o captivos, que están é son captivos é horros en la muy noble y muy leal Ciudad de Sevilla, é en todo su Arzobispado, é que non puedan facer ni fagan los dichos Negros y Negras, y Loros y Loras, ningunas fiestas nin juzgados entre ellos, salvo ante vos el dicho Juan de Valladolid Negro, nuestro Juez y Mayoral de los dichos Negros, Loros y Loras; y mandamos que vos conozcais de los debates y pleitos y casamientos y otras cosas que entre ellos hubiere é non otro alguno, por cuanto sois persona suficiente para ello, o quien vuestro poder hobiere, y sabeis las leyes é ordenanzas que deben tener, é nos somos informados que sois de linage noble entre los dichos negros".
El Conde Negro actuó durante 28 años, hasta 1502, colaborando estrechamente con la justicia y ejerciendo enorme influencia sobre la masa esclava sevillana. El proceso de dominación y sumisión que contribuyó a aplicar sobre su etnia juzgando, casando y organizando sus ceremonias, tuvo frutos y llevó a que los negros sevillanos participaran entregadamente y con gran formalidad en la procesión de Corpus, o que acudieran ordenada y festivamente a la puerta de la Macarena a recibir a la reina Isabel la Católica. Al Conde Negro Juan de Valladolid lo sustituyó Juan de Castilla, autotitulado "Rey de los Negros". Era persona de prestigio, como lo demuestra que actuara de fiador en un contrato sobre esclavos precisamente. Se obligó a guardarle a un tal Pedro Girón durante 4 meses un esclavo negro, convirtiéndose así a su vez en poseedor y amo de cautivos.

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