sábado, 28 de abril de 2012
Los Juanguren y el espadero 37m
Oigamos a los testigos sevillanos presentados por Catalina García, interrogados por el Teniente de Asistente de Sevilla a instancias del Alcalde Mayor del Conde:
Testigo, Martín ¿Martínez?, sedero, vecino de la collación de San ¿Miguel?; conoce a Catalina García de 5 años, y no conoce a Vasco Díaz; tiene 30 años de edad y no le tocan las generales; dice que hace mucho tiempo que Catalina García hace caireles1, por un real al día, y la tiene por una mujer honrada.
1.- Vivía nuestra viuda de hacer caireles para zapatos. Lo más aproximado a aquellos caireles son las figuritas colgantes de cuero que hoy adornan los botos camperos. Cairelado: la obra que lleva cairéles. Latin, Pendulis floccis ornatus [adorno de hilacha, hilo o fleco que cuelga o cae]. Pragmática de tassas, año 1627, folio 7: un par de zapátos desde quatro a siete puntos cairelados, de dos suelas, à cinco reales y medio. Cairelar: guarnecer con fluecos de hilos pendientes, los extrémos de las ropas. (Diccionario de Autoridades).
He aquí a una mujer modesta y empobrecida tras su viudedad, que se vé agraciada con unas pequeñas posesiones en Castilleja en forma de casita y viña, —probablemente por alguna herencia—, y se traslada a vivir a dicha Villa en busca de olvido, tranquilidad y paz.
Añadamos por curiosidad y porque la polisemia de las palabras brindan complejidad al alma humana y al fenómeno social —y una historia, si ha de ser completa, debe reparar con detenimiento en ellos—, que Covarrubias dice en su Tesoro: "mudar los cayreles, cuando trocamos las suertes entre dos, de como antes teníamos concertado", porque en su fabricación había que entrecruzar los dedos de las manos [o más bien las manos]. Y Autoridades contempla otro sentido: Lista negra ù obscúra, que forma el polvo que se suele recojer entre las uñas, mayormente quando están crecidas. En esta acepción se usa en plurál. Latin, Ungibus situs [uña con herrumbre, moho, suciedad, roña, orin, desaliño, desaseo].
Además, en el habla del hampa del Siglo de Oro los caireles eran "los azotes que el verdugo da al reo condenado a ellos", y cairelar era "pagar a la ramera su cliente. En el doble sentido de darle el caire, y de que éste cambia de mano, como sucede literalmente en la fabricación de los caireles"; y dar el caire, o palmar el caire, era "pagar la prostituta a su rufián la cuota convenida entre ambos en relación con el negocio en el que se ejercita y la protección que el rufián le dispensa" (Léxico del marginalismo del Siglo de Oro. José Luis Alonso Hernández. Universidad de Salamanca, 1976). Corominas lo encuentra documentado por primera vez en castellano en 1497 y procedente del occitano antiguo cairęl (pasamano que adorna el borde de un traje o sombrero), diminutivo de caire (canto, esquina, borde), éste del latín quadrum (cuadrado, piedra escuadrada). Quadrum también es en latín "formar un todo armonioso, equilibrado; ser simétrico, ajustado, completo" (Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas. Santiago Segura Munguía. Universidad de Deusto), un significado de quadrum más acorde con "cairel" que el que propone Corominas.
Testigo, ¿María? Rodríguez, mujer de Francisco García, tenderos en La Magdalena junto a San Pablo; conoce a Catalina García de 4 años; tiene 25 años de edad y no le tocan las generales; dice que Catalina García hacía caireles para zapatos; sabe que le dieron un golpe en la cabeza en la Villa de Castilleja de la Cuesta; dice que es mujer honrada.
Testigo, Francisco García [marido de la anterior], cordonero, vecino en la collación de La Magdalena; conoce a Catalina García de 4 años; tiene 25 años de edad y no le tocan las generales; dice que Catalina García hacía caireles para zapatos; sabe que le dieron un golpe en la cabeza en la Villa de Castilleja de la Cuesta; dice que es mujer honrada.
Y así, entre dilaciones, pachorras y desintereses, pasó un mes largo. La parte de la viuda insiste, aprovechando que el Alguacil Bartolomé Moreno ha regresado al pueblo, y con ello se entabla el típico tira y afloja de peticiones, notificaciones y respuestas que tanto engordaban las bolsas de escribanos, jueces y procuradores:
Catalina García acusa al Alguacil ante el Alcalde Mayor, y a Lorenzo Sánchez, diciendo que estaban concertados; pide que condene al Alguacil y que le pague 50 ducados.
El día 23 de julio se notificó de ello a Bartolomé Moreno; responde negando todas las acusaciones, y diciendo que aseguró bien a Vasco Díaz, como fiel Alguacil, y que por ser hombre pobre (prove, en el original) tuvo que irse a segar para mantener mujer e hijos, y lo hizo saber a Lorenzo Sánchez, y le requirió que pusiese guarda, respondiéndole que se fuese en horabuena, y que él lo proveería; estuvo más de 40 días segando; pide la absolución.
Catalina García responde al pedimento de Bartolomé Moreno, diciendo que tiene culpa como Lorenzo Sánchez; pide que manden tenerlo preso a Bartolomé Moreno. El 30 de julio se notificó de ello al dicho Bartolomé Moreno. En dicho día se declaró a Vasco Díaz en segunda rebeldía. Fueron testigos Hernando Jayán, Diego Ortiz de Juanguren y Bernabé Martín.
Bartolomé Moreno contesta que es uso en esta Villa que los Alguaciles salgan a trabajar, a sembrar, segar o podar, porque si no, morirían de hambre ellos y sus familias; pide que se le dé por libre de la acusación.
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