domingo, 22 de septiembre de 2019

Historia de los apellidos, 20m.




"... y yendo yo por capellán mayor del ejército de que se hizo muestra en los Chachapoyas (1) por orden del Virrey que era el Marqués de Montesclaros (2) el año de 1615, no tuvo efecto por la contradicción que hicieron envidiosos y malintencionados que suelen en semejantes ocasiones tomar el demonio por instrumentos, para que no se ejecuten ni consigan semejantes obrajes en que Dios Nuestro Señor puede ser muy servido y granjeándole muchas almas a su conocimiento y servicio, y como el demonio es tan astuto y envidiosos tira la piedra y esconde la mano revolviendo pasiones y procurando inquietudes como en aquella ocasión sucedió [...] y así ni cuando nosotros fuimos donde gastamos muchos ducados, entre más de 200 hombres que íbamos con celo santo del servicio de Dios y de Su Majestad y remedio de aquellas almas, pues yo sólo de mi parte gasté en ornamentos y bastimentos y llevar a mi costa dos soldados y otros pertrechos más de 4.000 pesos, y todos quedamos pobres y desconsolados por habérsenos frustrado nuestros santos intentos por las referidas contradicciones...". Fray Antonio Vázquez de Espinosa. Compendio y descripción de las Indias Occidentales.

(1) Muchos años después llovería sobre mojado. Itziar, monja del convento de Las Irlandesas, donostiarra simpática llena de vida y optimismo, con ocasión de mi pretensión de tomar fotografías de Castilleja desde la torre de dicho convento para compararlas con las que se hicieron a principios del siglo XX*, me refirió que anduvo por Chachapoyas de misionera, y que en cierta aldea, alojadas ella y sus compañeras religiosas en una pequeña casa aislada, fueron despertadas una madrugada por un alboroto de voces y golpes en puertas y ventanas, que resultaron ser producidas por una partida de guerrilleros de Sendero Luminoso. Les ordenaron salir y las tuvieron en fila de cara a la pared durante un buen rato, hasta que se marcharon sin más. Durante todo aquel tiempo Itziar y las demás temieron seriamente ser fusiladas allí mismo.
* El intento se frustró. Itziar y yo subimos a la azotea para acceder a la torre, y allí a la vista de la puertecilla de entrada recordó que había sido tapiada debido al estado ruinoso de la escalera interior. La única forma de subir era por una vieja escala externa de redondillos de hierro mohoso incrustados en el muro, pero yo, tras comprobar lo precario de tal acceso, le expresé mi temor. En ese instante sonó en todo el convento un estridente timbre —llamada de la superiora— y la monja se apresuró a bajar, dejándome a salvo mi hombría valiente y en libertad de escalar hasta arriba mientras regresaba. Una vez sólo lo pensé dos veces, me imaginé el batacazo si se desprendía uno de los inestables y delebles agarraderos, tendido en las musgosas losetas con los huesos rotos esperando que volviese mi guía, y desistí del intento, limitándome a tomar varias fotos desde allí mismo.


Foto de la Calle Real desde la torre del convento, antigua casa donde murió Hernán Cortés.


Mi foto desde una prudente altura, algo menor que la anterior.


Tenía quien esto escribe un sueño recurrente en su niñez, en el cual se veía sobrevolando —hoy, más de cincuenta años después, lo recuerda con total nitidez— las casas de ambas orillas de la Calle Real, en dirección a Sevilla. Era un vuelo nocturno, con el aire tan sereno que parecía más un fluido líquido. De hecho, más que aletear lo que hacía aquel chico, todavía con pantalón corto, era nadar, bracear como si es encontrase en una piscina. Avanzaba a grandes tramos, placenteramente y con una sensación de poder muy agradable, y veía desfilar allá abajo las grandes casonas de la calle, convento de Las Irlandesas incluido.

(2) Nieto de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, e hijo del segundo marqués de tal título, al cual los Reyes Católicos concedieron además el ducado del Infantado. Sus descendientes tuvieron hacienda en Castilleja. El virrey del Perú Montesclaros contaba entre sus antepasados con los poetas Pedro López de Ayala, Jorge Manrique y Garcilaso de la Vega.
Siendo virrey de la Nueva España, Montesclaros dió licencia a Francisco Ortiz Navarrete —sobrino del Ortiz de Juanguren que mató Bernardo de Oliver el espadero—, para continuar ejerciendo de médico en la ciudad de Veracruz. https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2018/07/notas-varias-3d.html

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Se tiene la certeza de que desde el desembarco de noviembre de 1622, hasta principios de 1624 fray Antonio estuvo en Sevilla —y por tanto en Castilleja con toda plausibilidad, siquiera esporádicamente—, aunque durante este periodo no dejó constancia documental en su presencia en su localidad natal, ni siquiera como testigo secundario de alguna escritura. Fue entonces, en 1623, cuando sus hermanos Miguel y Sebastiana renunciaron a los cajones de añil y a las botijas de bálsamo, y cuando el otro hermano, capitán Juan Vázquez, donó al dicho Miguel los bienes que le correspondieron por la herencia de sus difuntos padres, como quedó expuesto en la entrada anterior.
En España lo encontramos por distintas capitales. En 1623 en Sevilla desde donde escribió al general de la Orden, Sebastián Fantoni, como consta del memorial que éste envió a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide el 7 de marzo de dicho año (1). Aparte de los servicios prestados en la conversión de los indios indicó que tenía dos libros para imprimir. Fantoni, general de los Carmelitas, en vista de sus méritos por el bien de la Orden, le concedió el honor de poder solicitar el grado de doctor por alguna universidad. Balbino Velasco Bayón. Prólogo al Compendio. Historia 16, 1992.

(1) Para la trascripción del memorial de Fantoni copia Balbino Velasco la de Laurentius van den Eerembert, O. Carm., "Documenta Missiones Carmelitarum in America spectantia" (Analecta O. Carm. 7. Roma, 1931) que dice:  Quest anno 1623 acrive di Sivilglia el P. Fr. Antonio Vázquez de Espinosa, Carmelitano che nella nuova America e India Occidentale á speso dieci anni predicando a Cristiani et ad Infideli, scoprendo in quelle regioni nuovo Paesi con gran frutto della Santa Fede, e che di tutto porta scritture et testimonii autentici per presentare al Re Cattolico e poi venire qui e di  dar contodi tutto e perfettionare della missione con l´autoritá de V. Santitá. Di piú dice che porta due libri de sttampare uno del viaggio fatigoso a l´altro del trattare a modo de vivere di tuta l´Indie. Tuta per ampliatione delle Santa religione a fedesse gli é dato licenza et ordinato che venghi promettendali ogni favore et aiuto per la consecutione di cosi santo fine.
Sebastián Fantoni murió el 5 de octubre de dicho 1623 en Palestrina (Italia), donde había nacido 73 años antes. Por tanto, Ismael Martínez Carretero, O. Carm. en La presencia de los carmelitas en Venezuela a lo largo de su historia, se equivoca cuando dice que Fantoni el 11 de marzo de 1624 concedió a fray Antonio el honor de poder obtener el grado de doctor.
"Pero lo que el P. Antonio en realidad deseaba era volver a América y continuar su obra apostólica para lo cual escribe al Protector de la Orden Cardenal Mellini, suplicándole le amparase ante el P. Vicario General Gregorio Canali. La intervención del Cardenal Protector ante el ya Prior General Canali debió ser eficiente porque con fecha del día 10 de agosto de 1627 le nombra su Comisario General y le concede amplias facultades. Al ser investido de tales poderes y una vez reconocidos sus méritos, incluso por la misma Corona que le había concedido el curato de Carangas, preparó con todo esmero su postrera expedición que desgraciadamente no llegó a realizar porque le alcanzó la muerte en 1630, posiblemente en Madrid". (Ismael Martínez Carretero, obra citada).

Quizá un rastro de la presencia de fray Antonio en Castilleja en este año de 1623 se encuentre en el testamento que entonces otorgó la viuda María Alonso, vecina de dicha Villa. Y si no de su presencia, ciertamente de su influencia, lógicamente imaginable al haberse convertido el antaño joven Antón en un importante personaje —vicario provincial— de la pujante orden religiosa del Carmen, amén de un intrépido y experimentado viajero cargado de maravillosas historias del fabuloso mundo del otro lado del Atlántico, y estar en camino de ser destacada parte en la élite gobernante del Imperio. Veamos en detalle el sobredicho testamento, por el cual también conoceremos algo de la industria de destilería de aguardiente en la época, así como asuntos domésticos de la Castilleja de aquellos años:
María Alonso, viuda de Bernardo de Oliver y mujer al presente de Juan de Castro (1), vecina de esta Villa, estando enferma, otorga testamento. Manda ser enterrada en la iglesia de Santiago en la sepultura que diga su marido. Manda que acompañen su cuerpo el día del entierro la Santa Cruz y una docena de clérigos. El día de su entierro, si fuere hora, que le digan una misa y vigilia ofrendada, y que los 12 sacerdotes digan misas de presente con sus responsos. Manda abundantes misas por su alma, así en esta Villa como en diversos conventos e iglesias de la ciudad de Sevilla, y 12 " a la Concepción en su misma Casa en la iglesia de la Calle Real" (2), y otras 12 misas por las ánimas de sus padres. Otras 12 misas por la del difunto Bernardo de Oliver. Y 4 al ángel de la guarda de ella misma. Más 6 por las almas de sus suegros. Manda ser amortajada en un hábito de Ntra. Sra. del Carmen (3), para lo cual se venda un manto nuevo que ella tiene. Declara que ella pagó de sus bienes y de los de su marido Bernardo, del entierro de éste, acompañamiento y gastos que por menudo se hicieron, y hábitos, cera, cura, sacristán y un novenario, 18.586 maravedíes, los cuales quiere que en la partición que se hiciere de los bienes de Bernardo y sus hijos, se reciban y pasen en cuenta, y en la que se tomare a Juan de Castro y sus hijos, también. Declara que ha pagado 872 reales de misas y obras pías del dicho testamento de Bernardo de Oliver, que asimismo los han de recibir en cuenta los hijos de él con ella. Declara que ha gastado en las honras de Bernardo, en vísperas, vigilia, misa cantada, convite del clérigo, sermón, comida del predicador y otros gastos de dichas honras, 200 reales. Declara que pagó a los frailes de San Miguel extramuros de Sevilla ... que debía Juan de las Cuevas de un censo que está sobre las casas de la morada de esta otorgante en esta Villa y que se paga al dicho convento. Declara que Juan Bernal pagó 311 reales del aguardiente que quedó en el testamento de Bernardo en su vida y él no lo declaró, como parece por carta de pago de dicho Juan Bernal, el cual pagó a la otorgante 80 reales de resto de lo que montó el aguardiente del dicho testamento, y lo demás lo recibió Bernardo de Oliver en su vida, y afirma por Dios y una cruz que todo esto es verdad. Declara que ha pagado 1.248 maravedíes del Servicio de Millones, como parecerá por cartas del tiempo de Bernardo. Declara que ha pagado 4.530 maravedíes que montan 4 cartas de pago, una de 60 reales de una trilla, otra de 320 maravedíes de un tributo, otra de 33 reales de una leña, y otra de 22 reales de un diezmo. Declara que ha pagado al Conde de Olivares 2.620 reales, y las cartas de pago de ello están en poder de Antonio Carrillo [mayordomo de don Gaspar de Guzmán] que las llevó para ajustar las cuentas. Declara que pagó a Juan de Morales, curtidor, 5.000 maravedíes, mas 100 reales de costas, que de ellos 2.100 los pagó en tiempo de Juan de Castro su segundo marido, y son de las ganancias de ambos. Declara que pagó 50 reales a Lázaro Hernández, latonero, de unos caños que quedaron hechos para el aguardiente, de resto de su valor. Declara que gastó en echar un carrillo nuevo a la alberca del agua 800 reales, y 200 del adobo del tinadón (4) que se hundió, que todo son 1.000 reales. Declara que pagó 17 reales a Manuel el herrador de herraje que se le debía. Pagó al mozo que se llama Pedro Díaz 20 ducados por su servicio estando en poder de Bernardo de Oliver, los cuales pagó después de su muerte, y de este mismo servicio se resta debiendo al dicho Pedro Díaz 138 reales, y manda que cuando se despida se le paguen de la hacienda de Bernardo. Pagó 8 ducados y 4 reales a Cosme, negro, del servicio que hizo en poder de Bernardo, y declara que todas estas partidas fueron causadas en tiempo del dicho Bernardo, y lo jura ante Dios y esta cruz (el escribano ha dibujado una cruz pequeña en el renglón), y quiere que se les tome en cuenta a los hijos de él con ella en la partición que hubieren de haber de los bienes de ambos. Declara que para pagar las partidas de arriba se vendieron los bienes siguientes: 4 bueyes, en 100 ducados; un buey cabestro, en 24 ducados; una vaca, en 13 ducados; una yegua y un caballo, en 400 reales; y declara que otra yegua que tenían Bernardo y ella, que quedó escrita en el testamento de él, la vendió Bernardo en su vida a Tomé Hernández, vecino de Gines, y así no se ha de cargar en el dicho testamento ni sus herederos han de pedir nada de ella. Declara que Luisa, esclava, se vendió en 100 ducados para ayuda a pagar la cláusula que Bernardo otorgó en su testamento. Declara que cuando murió Bernardo quedó sembrada de cebada una haza en término de Tomares ... ... (línea rota) y de otro cortinal que está en casa 100 fanegas de cebada, y de ella no se pagó diezmo, primicia y voto de Santiago, y la costa y de lo que se quedó se vendieron 50 fanegas, a 6 reales, y la demás se gastó en casa. Declara que del esquilmo de la uva que al morir Bernardo quedó en las viñas en Camas, 2 aranzadas, y en esta Villa, 2 aranzadas y media, procedieron 400 arrobas de mosto, que se vendieron a 3 reales y medio para pagar la costa y cerrar las viñas y erillas, que en el dicho gasto se consumieron 400 reales, de forma que de todo el dicho mosto quedaron ¿más? de 1.000 reales. Declara que en 4 años que lleva casada con Juan de Castro, de lo procedido de dichas viñas no ha habido cuenta ni razón, y manda que se pase por la declaración que dicho Juan de Castro haga, porque la costa que en ellas ha habido ha sido mucha, y con lo procedido de ella ha alimentado y vestido a todos sus hijos de esta otorgante. Declara que después de muerto Bernardo de Oliver se le ofrecieron a ella ciertas necesidades, por lo cual tomó una barata (5) de Cristóbal de Contreras, vecino de Sevilla, en cuantía de 650 reales, de los cuales pagó Juan de Castro 540, los cuales se le han de cargar a los hijos de Bernardo con ella en la partición que se haga de los bienes de ambos. Declara que durante su matrimonio con Juan él ha pagado de servicios, alcabalas y censos 46.490 maravedíes, como parecerá por cartas de pago. Declara que Juan ha gastado en el suelo de la caldera del aguardiente, que está ahora nuevo, 700 reales. Y de adobar y enmaderar el tinadón 250 reales. Y en reparos de los tejados y cintas de caballetes, y cimientos de la casa, y maderos nuevos, y empedrado, otros 250 reales. De una gorda y menuda de olivos (6) que de presente hay en las casas de la morada de esta otorgante, ... reales. Ítem declara que entre Juan y ella tomaron una barata (5) de Diego de la Fuente, mercader de Sevilla, de 700 reales, y se cumple el plazo por fin de este mes de diciembre, manda que se pague esta deuda de los bienes de su marido Juan y de los de los herederos de la otorgante. Ítem se deben a Juan Barrera 8 ducados que Juan y ella han recibido para en cuenta del aguardiente, el cual no le han entregado, y manda que se paguen de todos sus herederos, "pues todos los habemos consumido". Ítem declara que a Marcela, mujer de Pedro Sánchez, vecina de Sevilla, le deben ella y Juan 100 reales que les dio a cuenta del aguardiente, el cual no le habían entregado, manda que se paguen de los bienes de sus herederos y del dicho Juan de Castro. Ítem declara que a Diego de la Fuente, vecino de Sevilla, le deben cierta cantidad de ¿bayeta y casaca? que compraron en su tienda, que ella no se acuerda cuánto, y se remite a los libros del dicho mercader y manda se le pague lo que dijere. Ítem declara que a Alberto Juan, francés, le deben 50 reales poco menos, lo que pareciere por sus libros, de lienzo que les vendió, manda que se le paguen. Declara que cuando Juan de Castro se casó con ella trajo él a su poder los bienes siguientes: 2 vestidos, uno negro y otro verde, y otro vestido de trabajo; 2 jubones, uno de tafetán negro y otro de bombasi (7); otro jubón de raso blanco, y con cada uno de estos jubones 3 vestidos, medias y zapatos, mas 3 sombreros negros, y las medias de los 3 vestidos eran de seda negra; 4 camisones y 2 pares de calzones de lienzo; 4 calzones de lana y 4 pañuelos de narices; una cama de campo y 2 colchones traídos, llenos de lana; un cobertor blanco, de lana; 4 almohadas labradas, las dos de seda verde y las dos de hilo acijado (8); 2 paños de rostro, el uno labrado en acijado y el otro blanco de lino, con sus cabos; una tabla de manteles, nueva; 12 servilletas nuevas; una cama de red, toda entera, con sus artes; un rodapiés labrado con hilo acijado y puntas; una caldera; una tinaja para agua; una Verónica y un retablo con sus bastidores; 2 arcas, una grande y otra pequeña; 2 sillas grandes de descanso. Y lo declara para que en todo tiempo se sepa y entienda. Asimismo declara que los bienes que al presente tienen en sus casas, de Juan, de ella y del difunto Bernardo, son los siguientes: unas casas, linde con casas de Alonso Rodríguez Bueno y con las carnicerías del Conde de Olivares; 2 aranzadas de viñas en Camas al pago de Cuestalaencina; 2 aranzadas y media de majuelo al pago del callejón de Tomares; una aranzada de tierra calma junto al dicho majuelo; una mula vieja; una yegua y un macho; una caldera grande para cocer aguardiente; un tonel grande; 3 barriles y un cubo, todo de madera; un carretón con sus aderezos, y una pipa; unos caños de destilar aguardiente, que están dentro del tonel de arriba; 6 tinajas, 10 pipas y un cuarto; 4 calderas de cobre, la una grande, de cocer mosto; 6 sillas a medio traer; una cuna; 3 bufetes, el uno grande y los dos pequeños, con sus cajones los pequeños; un retablo grande de Nuestra Señora; 7 retablos pequeños; un escritorio de castaño; un arca grande; una copa de cobre con su sarteneja; un aparador de pino; 3 colchones grandes llenos de lana; un armazón de una cama de nogal con sus tablas de pino; una colgadura de cama de jorgueta ajedrezada, con su rodapiés de lo propio; 6 sábanas de bramante; 9 almohadas, las cuatro nuevas y las cinco traídas; 2 acericos; 2 paños de rostro de Holanda con sus puntas, traídos; 3 tablas de manteles grandes de a dos varas y media; 24 servilletas, las doce nuevas y las doce traídas; 2 toallas de servicio ordinario; una colcha nueva de cotonía (8) con puntas blancas y azules; un rodapiés de Ruán con una tira labrada verde; un balcón nuevo de madera que separa una ventana de las dichas casas; una taza de plata y una cuchara de plata; una artesa de madera, y 2 cedazos, y un lebrillo verde grande; 2 varas de damasco verde; un manto de anascote nuevo, y otro traído; 2 sayas, una de jerguilla y otra de anascote; un manteo nuevo, guarnecido; una ropa de tafetán negro, nueva; otra ropa de saya ..., nueva; un jubón y coletillo de ¿tab? guarnecido con oro; 2 onzas de perlas de rostrillo (10); un collarete de perlas con sus ¿chochos?; otra sarta de perlas, y granates azules; una mantilla blanca; un faldellín de bayeta azul; otro faldellín de lienzo en pieza; 2 calderas medianas. Ítem dice y declara que no hay más bienes de consideración. Declara que de 12 esteras de esparto con que estaba esterada la sala alta, las seis de ellas se vendieron siendo ella viuda de Bernardo de Oliver, de forma que no han quedado mas que 6, y 2 de junco, una grande y la otra pequeña. Manda que se dé a su hija Catalina de Oliver, fuera de la parte que le toque, la cama de nogal con la colgadura ajedrezada, y una ropilla de tafetán, y un faldellín colorado de carisea (11) guarnecido, y un jubón de tafetán negro, y es su voluntad que se le dé todo lo dicho fuera de su parte, si se casa a gusto del dicho Juan de Castro, y si no, que se le descuente lo que valiere de su parte, y le den además para traer por casa otro faldellín de bayeta azul. Manda a Mariana, hija del dicho Juan de Castro, una saya de cordoncillo nueva, una ropilla de ¿sayaste? nueva, y un manto de dos que la otorgante tiene, el más traído porque el otro es nuevo y quiere que se venda y con su valor le traigan un hábito de Nuestra Señora del Carmen con que la amortajen (3). Y que den a dicha Mariana y a dicha Catalina sus camisas de vestir, para que las partan entre ambas como hermanas. Declara que un faldellín ajedrezado que tiene Mariana y una ropa que tiene Catalina de Oliver, que no están acabadas de pagar ... ... al mercader ¿Cabasemane? la gruesa de botones que quedó ... se le había de dar cada una como más pudiere sin pleito hasta acabar de pagar. Item manda a su hija María de Oliver que le den, fuera de su parte que le tocare, 2 sartas de perlas, una de medio rostrillo y otras más gordas que dicen neta, y éstas se las dé Juan de Castro en tomando estado. Manda a su hija Ana Martín de Castro un llavero de plata, un collar de perlas y una sarta de perlas y granates azules. Manda que un escritorio que tiene declarado se dé a su marido Juan con lo que tuviere dentro de los cajones, fuera de las piezas arriba declaradas. Manda un rosario de ¿cohuelos? colorados engastado en plata a Nuestra Señora del Rosario, la madre de Dios. Manda se dé a Juan de Oliver su hijo un jubón de lienzo blanco y 2 camisas, la una valona y la otra ... . Declara que ella es cofrade de las cofradías del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de la Soledad y Nuestra Señora del Rosario, y manda que la entierren con su cera y se den 2 reales de limosna a las dichas cofradías. Declara que asimismo quedan por sus bienes un almirez grande con su mano y 2 candeleros de azófar, que se pongan en el inventario que se haga de sus bienes. Quiere que sobre un majuelo que quedó por bienes de Bernardo de Oliver en esta Villa al pago de Cabeza del Moro, y sobre una aranzada de tierra calma junto con él [ al pago del callejón de Tomares, v.s.], linde con viñas de don Diego Lasso de la Vega y doña Ana de Mendoza, vecinos de Sevilla, que están libres de tributos excepto 12 maravedíes sobre el suelo que se pagan al Conde de Olivares, y además están hipotecadas a 300 ducados, que los 200 de ellos se deben a dicha doña Ana de Mendoza, vecina de Sevilla, de que se le pagan tributos a razón de a 20, y los 100 de ellos asimismo están dados a tributo y se pagan réditos al convento y frailes del Señor Antonio de Padua de la ciudad de Sevilla, es su voluntad que, pues los dichos tributos son al redimir, quitarlos de los dichos 300 ducados que de lo que rindieren la dicha viña y aranzada de tierra y otras viñas que ella deja, se rediman los 300 ducados lo más presto que se pudiere, y estando redimidos como dicho es, ella carga y funda sobre dicho majuelo y tierra calma 6 misas rezadas cada año, a decir por el día de la Encarnación de Nuestra Señora y en su octava, por las ánimas suya y de Bernardo, perpetuamente, y deja y nombra por patrono de dicha memoria a Juan de Castro, para que haga que se rediman los 300 ducados y se le digan las misas, y mientras se redimen, que se digan por ella las misas que dicho su marido Juan quiera. (CONTINÚA EN LA ENTRADA SIGUIENTE).

(1) El aguardentero Juan de Castro y María Alonso su mujer —viuda de Bernardo de Oliver— tuvieron a Ana, bautizada el domingo 14 de junio de 1620 por el cura de Santiago Juan Ramos Zambrano, con Antonio Yáñez, vecino de Sevilla en la collación de Santa Lucía, como padrino.

(2) Temprana referencia a la iglesia de la Inmaculada. No dudo que existiera antes, tal y como afirman enfervorizadamente los "historiógrafos locales" en su estúpido enfrentamiento con la otra parroquia de la localidad, la de Santiago. Lo que sí creo es que permanecía inactiva, probablemente en estado ruinoso, dedicada quizá a almacén de enseres polvorientos, y que la documentación del siglo XVI que enarbolan airadamente tales "historiógrafos" no era otra cosa que pura y hueca burocracia, palabrería dictada y elaborada desde San Juan de Aznalfarache por los franciscanos con el único afán de ganar terreno a los expansivos santiaguistas del de Olivares. De San Juan entonces dependía la fantasmal institución callerrealenga, y desde allí y a instancias de las fuerzas realengas hispalenses se intentaba desde antiguo detener el crecimiento del Estado de Olivares que venía mermando la Tierra de la metrópolis a un ritmo alarmante. 
Todo el aparatoso y folclórico enfrentamiento entre las dos parroquias —hoy hermandades— del escindido pueblo se puede reducir a maquiavelismos de la Corte, pivotando entre el partido de los condes de Olivares y el de la monarquía. Y los dichos condes, conscientes del omnímodo poder político de la Iglesia, habían comprado a su servicio una importante parte de ella en la región.

(3) Esta es alguna de la influencia de fray Antonio a la que me refería, siendo así que hasta entonces lo usual en nuestro pueblo eran hábitos franciscanos a tal efecto de amortajamiento, tanto para cadáveres de hombres como para de mujeres.

(4) Tinadón. Tinado grande. Cobertizo que se hace para reservar del temporal a los ganados; y particularmente se toma por el en que están los bueyes. Diccionario de Autoridades.
En andaluz "tinahón" o "tinaón". Tinado grande. "La casa y los tinahones de la Ciñuela quedan a cien metros del agua." (Manuel Halcón, "Recuerdos de Fernando Villalón", Madrid, 1941, pág. 127.) "En ese tinahón caben cincuenta bueyes". Antonio Alcalá Venceslada. Vocabulario Andaluz.

(5) Barata. Venta de artículos a bajo precio con el fin de liquidarlos pronto. RAE. En el testamento de María Alonso no parece tener connotación negativa, pero el Diccionario de Autoridades la registra solo como "trueque malicioso, engaño, mohatra".

(6) Debe referirse al tamaño de las aceitunas que producían sus árboles. Gordas o gordales, y menudas o cagalonas.

(7) Fibra de algodón, más delicada y de mejor calidad que él.

(8) Labrada (o sea, bordada) de hilo azigado. "AZIGE. adj. Lo mismo que Azéche. Véase. Viene del arábigo Zig, que significa cosa negra. AZECHE. adj. Cierto género de tierra negra, que se halla en las bocas de los mineráles de cobre, à manéra de sal: la qual ordinariamente sirve para hacer tinta, y por otro nombre se llama tierra de Sevilla, por cogerse en sus cercanías. Puede venir esta voz del rio Azéche, que corre bien cerca de Sevilla: vocablo Arábigo, que vale tanto como rio negro, o rio tinto." (Diccionario de Autoridades). El onubense río Tinto, en efecto, también se conocía como rio Azeche. [...] el clérigo Diego Delgado, quien visita las minas en 1556 ... informaba que "andando en el dicho descubrimiento fuimos a ver otra cueva, la qual estaba llena de agua, y salía de debajo della un rio, el qual rio se dize Riotinto. La causa porque se diçe Riotinto es porque nasçe por veneros de caparrosa, que por otras partes se diçe aceche, de lo que sirve para tinta, y ansí todas las orillas deste río o çercanos son obligados cada conçejo de enviar sus cuadrillas de mugeres y moças e moços en todo el mes de agosto a coger este açeche y con este açeche pagan al arçobispo de Sevilla çiertos tributos de los quales ellos están obligados. Los conçejos y otras personas no lo pueden coger en ningún tienpo porque es suyo del arçobispo so pena de graves penas" [...]  (Citado por Julio Sánchez Gómez. De mineria, metalúrgica y comercio de metales, 1450-1610. Instituto Tecnológico GeoMinero de España. Colección Memorias, vol. 1º, pág. 689). ACECHE , aside, azeche, aziche, azige, azije.- Cast. "aceche" o "caparrosa", empleado en la Edad Media como medicinal y tintóreo. Del ár. "az-zag", vitriolo. La arroba del asije abona una blanca en el puerto de Málaga (1501, pubi. GÁRCIA-GOYENA Docs, hist. Málaga, II, p. 141).  Véanse Dic, hist. lengua espª, voz "aceche" (doc. desde 1250); Cejador, Vocab. medieval, voz "aceche" (doc. s. XIV); Dozy, Glosaire, voz "aciche"; Eguilaz, voz "azache"  (Miguel Gual). En  http://www.um.es/lexico-comercio-medieval/index.php/v/lexico/2181/aceche
En definitivas cuentas: vitriolo, caparrosa, aceche, procedente del árabe زَاج‏ (zāj), y este del persa زاگ‏ (zâg).

(9)  Cierta tela hecha de hilo de algodón, ordinariamente blanca, con sus labores de realce o de gusanillo, de que se hacen colchas, almillas y otras cosas. Viene del Italiano Cottone, que significa Algodón. Diccionario de Autoridades.

(10)  Adorno que se ponían las mujeres alrededor de la cara, y hoy se suele poner a las imágenes de la Virgen y de algunas santas. RAE.

(11)  Tela basta de estopa, o también de lana a modo de estameña, que se tejía en Inglaterra y fue muy usada en España en los siglos XVI y XVII para ropas de cama pobre. RAE.




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Los olvidados, 12q.

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