martes, 17 de diciembre de 2019

Historia de los apellidos, 20x.



A 22 leguas de Santa Fe al Nornordeste está la ciudad de Tunja (1), que fundó sobre un cerro de temple fresco el capitán Gonzalo Suárez Rondón por orden del Adelantado Gonzalo Ximénez de Quesada el año de 1538 dándole el nombre del señor de aquella tierra, Tunja [...] Dos leguas de la ciudad de Tunja, camino de Santa Fe, nace el río de Meta y el de Casanare 3 leguas de Chita, corregimiento de la jurisdicción de Tunja, los cuales después de habérseles juntado otros ríos y arroyos (2) se juntan y hacen un caudaloso río [o sea, el Meta dicho], que va corriendo al Oriente y es casi el principal del Orinoco. (Compendio y descripción de las Indias Occidentales. Fray Antonio Vázquez de Espinosa).


                                                        Bandera de la ciudad de Tunja

(1) Tunja es un municipio colombiano, capital del departamento de Boyacá, situado sobre la cordillera oriental de los Andes a 115 km al noreste de Bogotá. Es la ciudad capital más alta del país. Tunja fue construida sobre Hunza, una de las capitales de la confederación Muisca, el 6 de agosto de 1539. Con su título de ciudad otorgado por la corona española, Tunja llegó a convertirse en un fortín para colonos emigrantes de Castilla, Extremadura y Andalucía, y uno de los mayores centros administrativos, judiciales, políticos y culturales del país. [...] Coloquialmente, se denomina a la bandera tunjana como "Arbonaida", que significaría "blanca y verde" en lengua mozárabe. [...] Su origen proviene de la región de Andalucía, comunidad autónoma de España, la cual tiene los mismos colores y proporciones. (Wikipedia).

(2) Entre estos ríos y arroyos que desembocan en el Meta está el Camoa, que bordea por el oeste y el sur a San Martín de los Llanos, la antigua Medina de las Torres neogranadina entre San Juan de los Llanos y Tunja. El río Meta marca la frontera sur de Venezuela antes de desembocar en el Orinoco.



Medina de las Torres o San Martín del Puerto. La ciudad de Medina de las Torres, fundada por el Capitán Pedro Daza el año de 1585, vuelta a fundar con el mismo nombre, y una tercera vez con el de San Martín del Puerto por el Gobernador Juan de Zárate en 1 de abril de 1641 en el sitio donde en nuestros días permanece. Hoy es San Martín de los LLanos, un pueblo eminentemente ganadero. El topónimo antiguo nos interesa por razones obvias, como la patria chica que fue del doctor Francisco Guillén [Martín] Chaparro. Antes de desarrollar más este topónimo suramericano, anoto que un natural de Salteras, en el Aljarafe sevillano, fue, en tiempos del doctor Chaparro, gobernador de Santa Marta. Se trata de Francisco Marmolejo, que ejercía hacia 1592. 
Yo no dudo que el nombre de la ciudad de la Nueva Granada tenga que ver con el apellido medinense Martín que portaban los personajes que de la villa badajocense pasaron tempranamente a las Indias.
La ciudad de Medina de las Torres en las Indias Occidentales (hoy como acabamos de decir San Martín de los Llanos en el departamento de Meta en el centro del país) tiene mucho que ver, indiscutiblemente, con nuestro doctor Chaparro. Y la villa pacense original también desde luego con Castilleja, en cuya documentación hasta ahora estudiada por mí aparece en varios lugares como localidad natal de ciertos vecinos de Gines y de nuestra Villa. Veamos para empezar el siguiente protocolo notarial: 
Juan Alonso, vecino de Gines, como marido y conjunta persona de María Alonso, hija de Gonzalo Martín, natural de la villa de Medina de las Torres, y de María Alonso, otorga por la presente que da todo su poder a Cristóbal Rodríguez, vecino de dicha villa de Medina de las Torres, ausente, para que en nombre de ambos parezca ante la justicia de dicha villa y de otras partes y presente un escrito de pedimento de preguntas, y probar y averiguar la limpieza y generación del dicho su suegro Gonzalo Martín y de sus padres y abuelos, y la de su hijo Cristóbal Martín, fraile de San Francisco en la provincia de Tierra Firme; así como la de Juan Martín de Rivas, hermano del dicho Gonzalo Martín. Y para en razón de todo ello presentar testigos y hacer interrogatorios y todos los autos y diligencias que convengan. Dado en Castilleja de la Cuesta estando en casa del escribano del Concejo Hernando de las Cuevas, a 23 de abril de 1598. Testigos, Hernando de las Cuevas, Francisco de Rivas y Diego López, escribano público de la villa de Tomares estante en esta.


                           Firma de Juan Alonso, marido de la medinense de origen Maria Alonso

De este modo podemos ya reconstruir una parte del árbol genealógico de los Martín de Medina de las Torres en España. En esta investigación descubrimos parentesco entre uno de los originales pobladores de Castilleja, Martín Bermejo (1), y el Martín Chaparro que ya apuntábamos: "Martín Chaparro es de los apellidos más antiguos que se registran en Castilleja y Gines. En nuestro pueblo ya aparece en el siglo XV". (Historia de los apellidos, 20u). Parece ser que estos antiguos Martín de Castilleja —tanto los Bermejo como los Chaparro— proceden de la Medina de Badajoz y de un tronco común portugués. En cuanto a los primeros, los Martín Bermejo, fueron ascendientes directos de los Vega castillejanos que emparentaron por matrimonio ya en la segunda mitad del siglo XVI con el desterrado Bernardo de Oliver.
Pero podemos remontarnos muy atrás en el tiempo considerando que el fundador de la Medina de las Torres hispánica fue otro Martín, el caballero portugués Martin Anes (Yáñez) do Vinhal, el cual fungió como importante aliado del rey Fernando en su lucha contra Al-Ándalus, mereciendo por ello recompensas en forma de tierras al sur de Extremadura, donde erigió sobre ciertas ruinas romanas la villa que nos ocupa. Todo este territorio vendría luego a ser propiedad de los caballeros de Santiago, formando parte de uno más general en el que se incluía nuestro pueblo de Castilleja: la provincia santiaguista de León. Sin ir más lejos y en resumidas cuentas, a Pelay Pérez Correa en principio pertenecieron tanto Castilleja de la Cuesta como Medina de las Torres, lo que puede explicar la temprana presencia en nuestra Villa del apellido Martín.
Al fundador portugués de Medina de las Torres se le hace hermano de Gonzalo Yáñez de Aguilar (Gonçalo Eanes Do Vinhal, por su nombre en portugués) en El trovador Gonçal'Eanes Dovinhal: estudio histórico y edición. Antonia Víñez Sánchez. Universidad de Santiago de Compostela, 2004. Fue ricohombre de Portugal y Castilla, I Señor de Aguilar y IV Señor de Obiña, hijo de Juan Gómez Dovinhal, III Señor de Obiñal, y de María Pires de Aguiar, por lo que resulta ser primo hermano del también portugués Pelayo Pérez Correa sobredicho, maestre de la Orden de Santiago (1). Gonzalo participó en el cerco a Sevilla entre 1247 y 1248 y recibió tierras en Aznalcázar, y quizá en Jerez de la Frontera y en el Puerto de Santa María, y de manos de Alfonso X la villa cordobesa de Aguilar. Sus restos mortales reposan en la antigua mezquita mayor de la ciudad califal, en el "añadido cristiano" hoy denominado Catedral.
De entre sus hijos mencionar a Gonzalo Yáñez, II Señor de Aguilar, y Leonor González (o Yáñez), casada con Bernardo I de Cabrera y madre de Bernardo II de Cabrera, el Gran Privat de Pedro IV de Aragón, quien en 1343 reclamó el señorío de Aguilar una vez que se había extinguido el linaje de Gonzalo Ibáñez, padre de la mujer de su referido tío Gonzalo. (Wikipedia). Ver http://www.medinadelastorres.com/historia/articulos/articulo1.htm

(1) "El domingo 2 de octubre de 1558 estando en la Plaza ante Miguel de las Casas y Alonso Martin, pregonero del lugar de Bormujos y mucha gente, a pedimento de Pedro de Castellanos, escribano público de Sevilla, en nombre y voz de Diego Martin el mozo, que está en las Indias, hijo y heredero de Diego Martin Bermejo y de Beatriz Martin de Baena su mujer, difuntos, y de Juan de Vega en nombre y voz de María Gómez y Leonor y Beatriz, menores hijas de Hernán Martin Bermejo y nietas y herederas de los dichos Diego Martin Bermejo y Beatriz Martin de Baena, el dicho Juan de Vega como tutor y curador de las tres menores, y a pedimento también del dicho Miguel de las Casas en nombre de Leonor Martin de Baena su mujer, hija y heredera de los susodichos, se vendieron en almoneda ciertos bienes que quedaron de los susodichos [...] Válganos —por otra parte— este escrito en cuanto nos proporciona de cumplida información sobre la familia Martin Bermejo, la cual protagoniza innumerables hechos en el pueblo, reflejados en los legajos que hasta hoy se han conservado en los diversos archivos. Vemos que Diego Martin Bermejo y su mujer Beatriz Martin de Baena tuvieron por sus hijos a:
I -Diego Martin el mozo (que está en Indias)
II -Hernán Martin Bermejo, padre de
1.- María Gomez
2.- Leonor
3.- Beatriz
III -Leonor Martin de Baena (esposa del escribano Miguel de las Casas). En Los esclavos 75j, entrada de octubre de 2009.
Cristóbal Martín Bermejo fue uno de los vecinos tributarios que figura en la lista de pobladores del Libro de Heredamientos de Castilleja de la Cuesta en el año 1514. Poseía entonces en nuestra Villa 2 aranzadas de tierra que tributaban 80 maravedíes, y media casa con 6 maravedíes de tributo. "De Cristóbal Martin Bermejo: "Cosma de Soria, doncella vecina de Triana, tiene un pedazo de viña y huerta de árboles frutales junto al Ejido [en Castilleja de la Cuesta], linde viñas y arboleda de los herederos de Alonso Gil, y viñas de los herederos de Cristóbal Martin Bermejo, que ella heredó de Inés ¿Alonso? su tía, mujer que fue de Juan ... , difuntos vecinos de Sevilla y moradores en esta Villa. Reconoce un tributo al Conde de Olivares. Martes, 12 de abril de 1558". Ver Los Juanguren y el espadero 11, entrada de marzo de 2011.
Diego Martín Bermejo y su mujer Juana de las Casas (nótese la endogamia con la familia del escribano Miguel de las Casas, v.s.) fueron padrinos en el bautizo de Andrés, efectuado en la iglesia de Santiago de Castilleja el domingo 16 de noviembre de 1561. Los padres de Andrés eran Francisco Sánchez y Juana Pérez.
Y en el expediente del doctor Chaparro que obra el el Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla encontramos una más clara relación familiar con los Martín Bermejo de Castilleja: "Y el dicho Bartolomé García del Silo, habiendo jurado según derecho es y siendo preguntado por las preguntas del interrogatorio secreta y apartadamente dijo y depuso lo siguiente. A la primera pregunta dijo que conoce al bachiller Francisco Martín Chaparro y conoció a Miguel Martín Chaparro y a Catalina Guillén, padres del dicho bachiller, y conoció a Luis Martín y a Inés Martín Chaparra (sic) su mujer, abuelos del dicho bachiller por parte de su padre, y conoció a Miguel Martín Bermejo y a su mujer Teresa Alonso, los cuales todos fueron vecinos y naturales de esta villa [de Medina de las Torres], y que a los demás ascendientes no conoció mas los oyó decir, los cuales sabe fueron vecinos y naturales de la villa del Atalaya, que está distante de esta villa una legua poco más.

(2) Pelay Correa, conquistador de Ayamonte y de la fortaleza de San Juan de Aznalfarache entre otras muchas plazas. Hijo de Pero Pais Correia y Dordia Pires de Aguiar —hermana de María Pires de Aguiar, v. s.—. "¿Castellán? Exactamente Caztalla Talacadar. Entre otros documentos, se ve claro en la escritura otorgada por Rodrigo Alonso* al entregar el pueblo al portugués Pelay Correa, jefe de los santiaguistas y compinche del Santo para despojar a Al-Andalus de bienes raíces, muebles e inmuebles. Esta escritura fue firmada en Sevilla el 4 de agosto de 1267, y por supuesto que Rodrigo no actuaba por pura generosidad, sino que lo hizo a cambio de otras posesiones del de Santiago: Otrossi uos do la mia alearía que dizen Caztalla talacadar que es en término de Seuilla, assi commo me la dio el Rey don Alffonso. Et otorgo de uos dar priuilegios, z cartas quantas me dio el Rey con todo éste donadío sobredicho, z ésta alearía sobredicha parte con Camas z con Barreuaniz, z con Parchena, z con Genis, z con Mormuios, z con Baldogina, z con Tomares, z con Alphonzína; por éstos términos, z por éstos linderos es conoscuda ésta alcaria sobredicha, z do uos todo ésto sobredicho a uos maestre z a uuestra Orden assi commo sobredicho es, pora camiar & como de lo uestro mismo", en Alixar evanescente (y IV), entrada de abril de 2019.
* El primer poseedor de Castilleja de la Cuesta tras la invasión de las hordas castellanas. "... que como es sabido recibió Castilleja de la Cuesta como premio de manos del rey su padre inmediatamente después de la toma de Sevilla, siendo por ello el primer Señor de nuestro pueblo.
El Nobiliario de Pedro Conde de Barcelos nombra a "D. Rodrigo Alonso, D. Aldonça Alonso, D. Teresa Alonso" como los hijos del rey Alfonso IX y de "D. Aldonça Martinez de Silva".  Señor de Aliger y de Castro del Río.  Adelantado Mayor de la frontera de Andalucía.  Gobernador de Zamora también en 1249.  Después de la conquista de Sevilla recibió Castilleja de Talavaca (sic) en Andalucía en 1249*. Casado con Inés Rodríguez de Cabrera, hija de Rodrigo Fernández de Cabrera “el Feo de Valdorna”, Señor de Cabrera y Ribera, y de su esposa Sancha Ramírez Froilaz.
En 1266 se encuentra a Rodrigo Alonso documentado por última vez en relación con Baena, aunque su vida se prolongó por lo menos dos años más. Ver M. González Jiménez, Edit. Diplomatario andaluz de Alfonso X, 332 y 385, docs. de 1266.03.20, Sevilla, y 1268.11.18, Córdoba, respectivamente". En Un Señor sin cabeza (y dos). Entrada de mayo de 2013.


                                                                     Pelay Correa

Más sobre la relación Chaparro-Bermejo en este otro protocolo castillejense: 
María Díaz, viuda de Francisco Martín Bermejo (1), y Francisco Martín, Clara Martín y Maria Díaz, hijos y herederos del dicho Francisco Martín Bermejo, otorgan poder al dicho (sic) Diego Martín su hijo y hermano, para cobrar del doctor Francisco Guillén [Martín] Chaparro 244 pesos y 11 tomines de oro de a 20 quilates que dicho doctor Chaparro quedó a deber al dicho Francisco Martín Bermejo, los 192 pesos y 4 tomines por cédula firmada de su nombre hecha en Santa Fe a 4 de marzo de 1592, y los 22 pesos y 7 tomines que los pagó por el dicho doctor Chaparro por otra cedula firmada de su mano a Luis González Damota, lo cual pagó dicho Francisco Martín Chaparro por el año de 1594 como parece por las dichas cédulas. Y les dan poder para que pueda parecer ante cualesquier justicias y hacer cualquier diligencia. Dado en Castilleja estando en casa del escribano Hernando de las Cuevas, a 18 de junio de 1596. Testigos, Juan de las Cuevas Suárez y Diego García de la Torre, vecinos de Sevilla, y Antonio López, vecino de esta Villa.

(1) En 21 de febrero de 1594. Expediente de información y licencia de pasajero a indias de Mateo Pérez, vecino de Ciempozuelos, hijo de Francisco Martín Bermejo y María Alonso, a Perú. Archivo de Indias
"En Chiapa, Fray Tomás de Casilla, en 1561, alertaba al Consejo de la falta casi total de clérigos en su diócesis. En 1569, Fray Tomás de Cárdenas, administrador apostólico del obispado, volvía a señalar que en toda la diócesis sólo había un clérigo secular. Esta falta de sacerdotes se mantuvo al menos durante una década, pues Fray Pedro de Feria, desolado, comunicaba repetidamente al Consejo en una carta de 1575 y por un memorial de 1577, que sólo podía contar con un clérigo: el maestro Alonso Martín Bermejo. Todavía en 1598 el número de clérigos era insignificante, Fray Andrés de Ubilla, enumeraba para todo el obispado tan sólo cuatro dignidades y dos curas". Los obispos y la pastoral diocesana centro-americana en la segunda mitad del siglo XVI. Una evangelización descarnada y comprometida. Manuel Leal Lobón. Universidad de Comillas, Madrid, 2016.


 Siendo Oidor de la Real Audiencia de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada, Francisco Guillén [Martín] Chaparro elaboró un memorial cuyos capítulos, copiados posteriormente por el escribano Pedro de Sierralta (o Cerralta), nos informan de interesantes detalles. Por la copia de 1582 de estos capítulos sabemos que por cédula hecha en Lisboa el 26 de febrero de 1581 la ciudad de Tocaima suplicaba que, por estar necesitada, se le hiciese merced de las penas que en ella y sus términos se aplicaren para la Cámara de Su Majestad, por tiempo de 12 años, para propios y obras públicas. El Rey pidió informe a la Audiencia neogranadina y se le respondió que la dicha ciudad está poblada en Tierra Caliente desde 40 años atrás, con 22 vecinos, minas de oro y más de 15.000 indios, que han venido a menos por enfermedades, no quedando más de 1.300, y por ello los vecinos están muy pobres y necesitados, con necesidad de reparos de puentes y de abrir caminos, y las condenaciones que en su término se aplican para la Cámara son muy pocas, que no llegan a 30 pesos de buen oro cada año.

En el mismo año de 1582 el doctor Chaparro informa al Rey de que en la ciudad de Tunja, según la última visita, había más de 30.000 indios casados, encomendados en 70 vecinos, 50 de ellos con más de 2.000 pesos de renta anual por ser la tierra fértil y de buen aprovechamiento; en la provincia no hay minas de oro ni plata, excepto algunas de oro en una comarca de ella; en 1550 se tasó el oro y las mantas producidas por los naturales, y a cada indio correspondió medio peso y una manta, o lo que es lo mismo, cada indio debía dar a su encomendero medio peso de oro al año, o su valor en mantas, siendo el de estas a 5 tomines, y como los oficiales de la Real Hacienda pretendían cobrar a los vecinos el quinto del oro, alegaban que los indios les habían pagado en mantas, siendo que estas no estaban sujetas al impuesto del quinto por ser frutos de la tierra, lo que no convenció a los oficiales, quienes apresaron y molestaron a los dichos vecinos, que recurrieron al Consejo de Indias, el cual en 1568 mandó que fuesen sueltos de sus prisiones y que se les devolviesen sus bienes, y que se hiciese otra visita y se tasase exclusivamente el oro; la Audiencia nombró por visitador al licenciado Juan López de Cepeda, oidor, pero el conflicto se complicó, volviendo a recurrir la Audiencia al Consejo de Indias en pos de instrucciones.

El 17 de febrero de 1583 escribe el doctor Chaparro una Relación de Cartagena y sus Puertos, diciendo que uno de los mayores daños que acontecen a las flotas y naos es traer en casi todas ellas maestres y pilotos mozos y de tan poca experiencia que con el menor tiempo contrario no saben ampararse de las tormentas y casi las más se hunden el el mar, y que por cobrar más de más pasajeros suelen embarcar a menos marineros que entiendan de jarcias, a más de traer pasaje sin licencia y las naos mal reparadas de tiros gruesos, que él vió cómo pusieron fuego a unos más de 8 veces y no consiguieron disparar, y para remediarlo sugiere que tras pasar la Barra de Sanlúcar fueren obligados los maestres a hacer disparar al menos dos piezas de prueba, bajo cierta pena, por prevenir ataques de piratas; y hacer los exámenes de pilotos y maestros en la Casa de la Contratación con mayor rigor y estrecheza, así como señalar el número de marineros con experiencia que habrían de ir en cada nao, que aunque el Rey ya había proveído al respecto, no se cumple. Dice que habiendo llegado la flota al puerto de Cartagena el 20 de junio, con dos galeras y una saltia, han logrado que no aparezcan corsarios ni enemigos, por lo cual los vecinos y navegantes del Perú van seguros de una parte a otra con sus fragatas llenas de oro y mercaderías, y en las costas viven con mucha tranquilidad haciendo sus pesquerías de perlas sin temor a piratas. Dice que le han informado muchos mercaderes que ahora la flota se despacha con mucha brevedad hasta Nombre de Dios, porque enviando la plata y el oro en recuas a la Casa de las Cruces que está a 6 leguas de Panamá, las recogen una docena de barcos grandes de los del trato del río Chagre río arriba, y en un viaje las llevan a Nombre de Dios con una galera de vanguardia y otra de retaguardia. Pero que la verdadera relación es que él mismo fue a verlas y no están ya para navegar por ser muy viejas, por lo que pide al Rey que lo remedie concertando a una persona en Sevilla con los capitanes de ellas para que les manden lo necesario para su reparo. También pide que en cada flota se le envíen por lo menos 50 personas, la mitad de mar y la mitad de guerra, porque mueren muchos y otros se van, y que le envíen también algunos remeros porque los que hay son ya de buena boya y están clamando que, pues han cumplido mucho tiempo, les de el Rey su libertad. También los soldados desamparan las galeras diciendo que no tienen más que 20 reales de paga y les han llegado a costar unos zapatos 25 reales y una vaina de espada 15, y se quejan de que por cualquier cuestión los prende el gobernador y no sus respectivos capitanes. Dice que también convendría tener en Cartagena una casa con sus almacenes para tener bastimentos y municiones de las galeras, porque cada año se pagan de alquiler y bodegaje más de 400 pesos. También convendría que los oficiales de Proveedor y Tesorero fuesen propietarios, porque los que están son sustitutos y no acuden a la necesidad como y cuando es menester, y cuando lo hacen es tras rogarles mucho. Dado en Santa Fe a 17 de febrero de 1583.

Justo un mes después, el 17 de marzo, el doctor Chaparro escribe una Relación de los Repartimientos puestos en la Real Corona. En Santa Fe: Fontiben es pueblo de mucha gente, con mucho trato y aprovechamiento, y los indios son ricos, que rentan al Rey 800 pesos y 150 mantas. Guasca es pueblo de mucha gente a 6 leguas de la ciudad, que renta 100 pesos y 200 mantas. Caxica, a 5 leguas, tierra fértil de labor y para ganado, con renta de 250 pesos y 200 mantas. Huachi, a 4 leguas, tierra fértil de maíz que se da todo el año, con buena fruta de espino y otras, y se dan bien las cañas dulces y hay muy buen aparejo para que haya ingenios de azúcar, y renta 250 pesos y 200 mantas. Dumzuelo, a 1 legua, renta 70 mantas y es pueblo pequeño con mejor temple que el de la ciudad, con buenas tierras para pan y ganado. Pasca, buen pueblo a 7 leguas, con trato de bayo, renta 400 pesos y 150 mantas. Fusagasuga, a 1 legua de Pasca, todo ello muy mal camino, tierra rica porque tiene bayo y con tierras aparejadas para ganado, renta 300 pesos y 150 mantas. Los Sutagaos, a una jornada de Pasca, están de guerra la mayor parte de ellos, para cuya conquista ha proveído la Audiencia a don Alonso de Prado y al capitán Herrera. Sogamoso, a 8 leguas de ... , es un valle de buen temple, bueno para todo porque es muy fértil, y los indios de este repartimiento son ricos y tienen trato de algodón y son tejedores y labran mantas, por cuya causa llega mucho oro a este valle, hay gran abundancia de tamales donde se cría la cochinilla o grana, y las están beneficiando un hombre con quien él [Chaparro] hizo concierto para aumentar la hacienda del Rey, y renta 1.000 pesos y 1.000 mantas. Chibara, a 1 legua de ... , temple más frío que caliente, tierra aparejada para criar ganado y para pan, renta 500 pesos y 200 mantas. Samaca, a legua y media de ... , renta 150 pesos y 100 mantas, tierra de buen temple fértil y buena para pan y ganados. Horta, a 6 leguas de Vélez, renta 70 pesos. Butaregoa, que es río de oro, a 3 jornadas de Vélez, renta 100 pesos. Pamplona, hay dos repartimientos y sacan oro por orden del administrador que es el corregidor de allí, y no rentan nada, y están faltos de doctrina. Muso, el repartimiento de Caca son indios de buen aprovechamiento para el administrador, y no rentan nada ni tienen suficiente doctrina, y Acopi tampoco renta nada. La Palma, Parriparri, son de mucho aprovechamiento, no tienen doctrina ni pagan demora a Vuestra Majestad. Los Remedios, el repartimiento de Pepir hubo muchos indios y al presente tiene pocos, y es de buen aprovechamiento al administrador y no renta nada ni tienen doctrina. Enzerma, están los pirssas y supingas y Vuestra Majestad concedió a Francisco Redondo (1), cogen mucho maíz, que por estar cerca de las minas valen mucho. Todos estos indios están fuera de los que pagan renta a Vuestra Majestad en Santa Fe y Zimza y se pueden dar en administración a quien los defienda y les de doctrina. San Esteban de Mariquita, tiene 18 pueblos de indios, cuya visita hizo el licenciado Tomás López, oidor que fue de esta Audiencia en el año 1560, prosiguió y sentencióla el licenciado Villafañe, oidor, y apelóse para esta Audiencia, en la cual se sentenció la causa y no se sentenciaron los procesos hasta ahora que en los 3 meses que fue [Chaparro] fiscal los hizo determinar, y no se hizo tasación ni discreción personal, y han servido los encomenderos de indios en labranzas y en minas, son muertos la mayor parte de los encomenderos y de los indios hay muy pocos. De Santa Fe, 17 de marzo de 1583.

(1) Francisco Redondo. " La ciudad de Cáceres, entre los dos ríos (que son el de Cauca y el de la Magdalena), del gobierno de Antioquia, fundada por Gaspar de Rodas cerca de la Matanza de Valdivia el año de 1576 y mudada a otros dos sitios y reedificada en el que permanece por Francisco Redondo el año de 1588, en setenta y un grados y quince minutos de longitud del meridiano de Toledo, y cinco grados y treinta minutos de latitud a la banda del Norte; está en una loma alta, una legua del río de Cauca, a mano derecha de su corriente; tierra riquísima de oro, en el gobierno de Antioquia". Juan Flores de Ocariz, Genealogías del Nuevo Reino de Granada, tomo II.


Al mes siguiente, en 5 de abril de dicho 1583, escribe el doctor Chaparro una Relación de lo que ha pasado en este Nuevo Reino de Granada antes y después de la visita. Dice que cuando el licenciado Mora llegó por oidor de esta Audiencia halló que había muchas competencias y gran desorden y muy discordes los que gobernaban, y quitó y apartó al relator Lope de Rioja. Sigue Chaparro refiriendo que algunos personajes fueron a España "con mucha pasión", se quitaron oficios, la Audiencia condenó a algunos, el Rey envió por visitador al licenciado Monzón, quien en Cartagena comenzó a tomar declaración a los testigos, y llegando a Santa Fe vino a posar a un repartimiento que se dice Bogotá, del capitán Olalla, que después fue su consuegro, y llegado a Santa Fe posó en el convento de San Francisco y luego se le hicieron muchas fiestas de toros y juegos de cañas, y estando en las Casas Reales el visitador, el arzobispo y el presidente entró el licenciado Mora que, aunque fue bien recibido de los demás, el visitador no le quiso quitar la gorra, de que se salió muy corrido y se fue a su casa, y pasadas estas fiestas don Fernando, que es ya difunto, hijo del visitador, pretendió casarse con doña Gerónima de Castro, hija del dicho capitán Olalla, y usando de todos los medios que pudo se vino a efectuar el casamiento y hubo en la ciudad mucho regocijo, y el visitador procedía en la visita con mucho mayor rigor y se exasperaba porque entendía que habían de devolver a Su Majestad los de la Audiencia lo del casamiento, y como un don Diego de Torres, mestizo que pretendía ser cacique de Turenreque publicase entre los indios libertad y que solo a él habían de reconocer, dieron los encomenderos muchas querellas en la Audiencia, y el visitador defendía al don Diego todo lo que podía, y habia gran alteración entre los indios y el don Diego los tenía a todos convocados, y lo prendió la Audiencia, y porque los indios no querían pagar las demoras, el Diego dijo que le soltasen que él se las haría pagar, y lo soltaron debajo de fianzas, de todo lo cual recibió disgusto el visitador, y como los condenados por la Audiencia se quejaron al visitador y él los recibía, había grandes competencias diciendo los unos a los otros que no guardaban justicia, y el fiscal licenciado Orozco denunció del visitador que había metido en este Reino muchas mercaderías sin registro, que se hizo proceso, y de esto también hizo mucho sentimiento el visitador y prendió y suspendió de oficio al licenciado Mora sin darle cargos, y asimismo prendió al licenciado Cetina, oidor, y al doctor Mesa, y los puso en la cárcel pública, y estando preso el doctor Mesa, oidor, por haberle infamado gravemente uno que se decía Ríos le mató, y porque le prometían libertad le hacían hacer en la cárcel muchos libelos malos, y al fin la Audiencia le vino a degollar aunque estaba preso por el visitador y por mayor delito, y el visitador hizo grande sentimiento y decía que le quitaban las causas que a él pertenecían, y la Audiencia soltó al licenciado Mora, que fue a España, y el visitador despachó al don Diego para que fuese en su seguimiento, y entendido por la Audiencia le hizo prender en el Río Grande de la Magdalena, de que el visitador cobró mucho enojo, y andaban los unos con los otros muy a malas persiguiéndose, y el visitador suspendió de oficio a don Lope de Armendariz, presidente, sin darle cargos, y quiso probarle que se había hallado presente al auto que se había proveído por la Audiencia sobre el marcar el oro sin pagar quintos por las causas que hay sobre ello, la cual no se halló ni vino a ser presidente de ahí a un año.


Y termino con un suceso extraordinario. Cuenta Juan Rodríguez Freyle en El Carnero ( http://kuprienko.info/juan-rodriguez-freyle-conquista-y-descubrimiento-del-nuevo-reino-de-granada/ ) que en 1582 llegaron a la Real Audiencia el oidor Alonso Pérez de Salazar y el fiscal Francisco Guillén Chaparro, y con ellos el visitador Juan Prieto de Orellana, que sacó de prisión al licenciado Monzón.
Era ya entrado el año de 1582, y dentro de pocos días, por la vía de la isla española de Santo Domingo, se tuvo aviso y pliego en que por él se supo nueva del visitador y de oidores y fiscal para la Real Audiencia, con lo cual se apagó de todo punto el fuego que andaba, y se encogieron los ánimos de los mal intencionados.
Los primeros que llegaron a esta Real Audiencia, en el propio año, fueron el licenciado Alonso Pérez de Salazar, oidor más antiguo, y en su compañía vino el doctor Francisco Guillén Chaparro, que traía la plaza de fiscal, con que quedaron el oidor Pedro Zorrilla y el licenciado Orozco; con lo cual salieron a la plaza los que huían de ella, culpados y no culpados.
El visitador Juan Prieto de Orellana, que vino en la mesma ocasión, no subió tan presto a este reino por tener negocio que hacer en Cartagena, tocantes a su visita. Entró en esta ciudad el propio año de 1582, y la primera visita que hizo el propio día que entró fue a la iglesia mayor, donde hizo oración, y de ella fue a las casas reales, donde estaba preso el licenciado de Monzón, y le sacó de la prisión, poniéndolo en la plaza en su libertad, del cual se despidió y se fue a la posada que le estaba aderezada. Serían las cuatro horas de la tarde, cuando Monzón salió a la plaza. Encaminóse a hacer oración a la iglesia mayor. Fue tanta la gente que acudió a darle el parabién y abrazarle, que no le dejaban dar paso; tocaron el Ave María, y con esto tuvo lugar de irla a rezar a la iglesia. El día siguiente se soltaron todos los demás presos comprendidos en la visita, y entre ellos a Juan Roldán, que salió diciendo: "Vosotros sois güelfos y gibelinos; no más con vosotros, no a par de vosotros"; y así lo cumplió. Y con esto volvamos al licenciado Alonso Pérez de Salazar y a su gobierno, porque es de mi devoción, y a quien fui yo sirviendo hasta Castilla con deseo de seguir en ella el principio de mis nominativos.
Digo, primero, que lo restante del año de 1582 y parte del de 1583, gastó el visitador Orellana en la visita del licenciado Orozco y el oidor Zorrilla, y con lo que de ella resultó en aquella ocasión los envió presos a Castilla, bajo de fianzas, a donde se presentaron en Corte; y luego fue prosiguiendo en la visita, tomándola desde donde la había dejado el licenciado Monzón, al cual también envió a España en seguimiento de sus negocios; el cual llegado a Cartagena, halló cédula de Su Majestad, en que le mandaba ir por oidor más antiguo a la Audiencia Real de Lima, para donde se partió luego dejando el viaje de España, que les estuvo muy bien a Zorrilla y Orozco, que negociaron como quisieron. Luego diré lo que le sucedió a Monzón en Lima.
Mientras el visitador se ocupaba en la visita de Zorrilla y Orozco, el licenciado Alonso Pérez de Salazar se ocupaba en castigar ladrones, que había muchos con los bullicios pasados, aunque agora no faltan. También se ocupaba en limpiar la tierra de vagamundos y gente perdida. ¡Oh si fuera agora, y qué buena cosecha cogiera! Harto mejor que nosotros la hemos tenido de trigo, por ser el año avieso, y hasta agora no he visto ninguno para holgazanes y vagamundos.
¡Quiera Dios que el gobernador que tenemos tope con ellos y resucite al licenciado Pérez de Salazar!
Este oidor puso los primeros corregidores en los partidos de los pueblos de los indios; y él fue el que mandó hacer la fuente del agua que hoy está en esta plaza, para buena memoria suya. En cuanto a su justicia y no dejar delito sin castigo, fue muy puntual. Del Pirú sacó un hombre que había cometido un grave delito en ese Reino, y lo ahorcó en esta plaza. A dos hidalgos que habían bajado del Pirú, llamados X. de Bolaños y el otro Sayabedra, los mandó degollar; y fue el caso y culpa así: 
Salieron estos dos hombres de esta ciudad haciendo viaje a la villa de la Palma; hicieron noche en una estancia junto al pueblo de Simijaca, donde los hospedaron. El día siguiente madrugaron, y en pago del hospedaje llevóle el Sayabedra al huésped una india de su servicio.
Es la ingratitud pecado luciferino, y así penan en el infierno el capitán y los soldados que la siguen, que con esto lo digo todo. La ingratitud es un viento que quema y seca para sí la fuente de la piedad y el río de la misericordia, y el arroyo y manantial de la gracia.
El huésped, que se halló sin su india, salió a buscarla. Halló nueva que dos soldados se la llevaban. Pues yéndolos siguiendo topó con un alguacil del campo, nombrado por la Real Audiencia; diole parte del caso y ofreciole satisfacer la diligencia que sobre ello hiciese; el cual fue luego tras los hombres y alcanzólos pasada la puente de Pacho, subiendo las lomas del Crama. Trató que le diesen la india, que la llevaba el Sayabedra en las ancas de su caballo; y resistiendo el darla, tuvieron palabras. Metió mano el Sayabedra a la espada y diole al alguacil una cuchillada en la cara, que le derribó todo un carrillo; de lo cual se enfadó mucho el Bolaños y trató muy mal de palabra al compañero, afeándole el un hecho y el otro, de lo cual el Sayabedra no hizo caso, sino con la china a las ancas siguió su camino. El herido y el Bolaños se quedaron solos. El alguacil le rogó que le diese unas puntadas en aquella herida, para poderse ir a curar. Hallábanse en paraje donde no había hilo ni aguja, ni con qué podello remediar. Díjole que con aquel paño de manos que le daba se apretase la herida, y que caminase hasta donse se pudiese curar. El alguacil, viendo el poco remedio que había para su cura, rogó al Bolaños que le quitase aquel pedazo que le colgaba, el cual se excusó todo lo posible. Fue tanta la importunación del herido, que sacó la daga y le cortó el pedazo que le colgaba y se lo dio, con lo cual prosiguió su viaje, apesarado del mal suceso.
El alguacil se vino ante el licenciado Salazar y se querelló de entrambos dos compañeros. El oidor puso gran diligencia en prenderlos; lo cual se ejecutó y se trajeron presos a esta cárcel de Corte, a donde, substanciada la causa, los condenó a que muriesen degollados. Cuando se pronunció esta sentencia, corría ya el año de 1584, y estaba ya en la Real Audiencia el licenciado Gaspar de Peralta, fiscal que había sido de la de Quito, que yendo a Castilla en seguimiento de su pleito sobre la muerte de Francisco Ontanera, halló cédula en Cartagena de oidor para este Nuevo Reino.
Adelante diré algo de esto, por lo que aquí se supo por relación; y yo vi en verso compuesto el suceso, y de un criado del oidor me enteré mejor cómo había pasado.
Muchas diligencias hicieron por librar de la muerte a los dos compañeros, y el que más apretaba en ellas era el señor arzobispo don fray Luis Zapata de Cárdenas, el cual alcanzó el perdón de la parte, y allegó a dar, por lo que tocaba al rey, cinco mil pesos de buen oro y dos esclavos suyos para que sirviesen a Su Majestad donde mandase. Ninguna cosa de éstas bastó, porque por todas rompió el licenciado Salazar, y mandó ejecutar la sentencia. Degollaron primero al Sayabedra; doblaron luego en la iglesia mayor. Dijo el Bolaños, que le tenían vueltas las espadas al cadalso: "¡Ya es muerto mi amigo Sayabedra! Por amor de Dios, que me dejen rezar por él". Diéronle este breve espacio, y luego padeció la misma pena. Dios Nuestro Señor los haya perdonado.
Ya tengo dicho que todos estos casos, y los más que pusiese, los pongo para ejemplo; y esto de escribir vidas ajenas no es cosa nueva, porque todas las historias las hallo llenas de ellas, y lo que adelante diré en otros casos, consta por autos, a los cuales remito al lector a quien esto no satisficiere.


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