"En su vejez, Montpensier, que había sido siempre un caballero elegante y pulcro, se convirtió en un anciano de aspecto descuidado, con trajes viejos y zapatos anchos y gastados. Todo el mundo atribuía este cambio a su tacañería, preo probablemente la realidad fuese otra, desde nuestro punto de vista estamos más bien ante un abandono provocado por la frustración de ver fracasados los anhelos de toda una vida. El duque era un hombre derrotado en sus aspiraciones a la corona y vencido por la vida que le había arrebatado uno a uno a siete de sus nueve hijos, ante semejantes pérdidas poco podía importarle su aspecto". María del Carmen Fernández Albéndiz. Sevilla y la Monarquía. Las visitas reales en el siglo XIX. Universidad de Sevilla, 2007.
Presume el autor de esta Historia de Castilleja que el Infante Naranjero (1) debió soñar con entregar su alma en el mismo lugar que Hernán Cortés entregó la suya. Pero las circunstancias y el destino hicieron que la entregase en Sanlúcar de Barrameda, acaso dirigiendo una última mirada mortecina allende el Atlántico, chispeando en sus aguas de plata el oro ¡anaranjado! del atardecer como una promesa moctezumiana ya inalcanzable y finiquitada por el inminente derrame cerebral que lo llevó al Imperio Divino de Jesucristo en los Cielos. "Poco antes de la una y media de la tarde, en compañía de su leal ayudante [el teniente coronel Luis Lerdo de Tejada], emprende Montpensier el camino hacia el coto de Torrebreva, situado a unas dos leguas de la ciudad en dirección a la vecina villa de Rota. Durante el trayecto, bajo un sol casi primaveral cuya fuerza mitiga la frescura de una suave brisa, don Antonio comenta con Lerdo de Tejada acerca de los preparativos del viaje que harán a Sevilla en la mañana del día siguiente. Ambos bromean acerca de los disparates históricos que escucharon durante la representación del drama Carlos II el Hechizado, la obra de Antonio Gil de Zárate, a la que habían asistido la noche anterior en el Teatro Principal de Sanlúcar. Cuando se encuentran en la parte del coto llamada Abulagar, en el pago de la Tambora, junto al camino de Munive, el duque observa que varias perdices vuelan a muy poca altura, casi rozando la tierra. Don Antonio manda al cochero que pare el carruaje y baja de él con la escopeta; pero la bandada levanta rápidamente el vuelo hasta ponerse fuera de tiro. Cuando el duque sube al coche parece algo fatigado. Toma asiento junto a su ayudante y reclina la cabeza en el hombro del militar. Lerdo de Tejada lo mira con extrañeza. Asustado por la palidez que presenta el rostro de Montpensier le toma las manos y le pregunta qué le ocurre. "El pobre no me pudo decir una sola palabra, y solo sentí que apretó algo mis manos, y como si hubiera sido herido por un rayo se me quedó muerto en los brazos", escribiría el teniente coronel a su hermana Elena en una carta fechada el 19 de febrero de 1890". José Carlos García Rodríguez. Montpensier, biografía de una obsesión. Editorial Almuzara, 2015.
(1) El Naranjero se le apodaba en medios populares por su actividad de agricultor del sabroso fruto, a cuya producción dedicó mucha parte de los jardines de San Telmo y de otras huertas que iba adquiriendo. En Historia de los apellidos, 21m, "Naranjado o anaranjado. No es muy usual en la escritura del siglo XVI esta palabra para signar un color. La historia de la denominación del color naranja es curiosísima. Aparece documentado en España por primera vez a finales del siglo XIV según Corominas (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Gredos). Casi a la vez se registra en inglés "orange" para denominar al color naranja, pero mientras "naranja", teniendo origen persa —sánscrito naranga-s— y habiendo llegado a Al Andalus directamente por via árabe, "orange" en referencia a la fruta del naranjo arribó a las islas británicas vía francés antiguo, desde el latín medieval, originalmente narancia, arancia, naranza en veneciano, una alteración de la misma palabra árabe con pérdida de la n inicial, y hasta pasado 1510 no fue usada como un color, "orange color"¨.
Conocíasele también a don Antonio por el apodo de El Pastelero. Su primo don Enrique recordaremos que lo llamó en su manifiesto "henchido [o hinchado] pastelero francés", mote que certificó un diputado al centrista moderado y monárquico Cánovas del Castillo diciéndole "que el infante tiene razón porque el duque está gordo como un choto, pastelea con unos y con otros en busca de la corona y es gabacho". (Ver Sangre en la calle del Turco. Una emocionante intriga en la España del general Prim. José Calvo Poyato. Plaza & Janés. Barcelona. 2011).
Otro mote que los sevillanos le endilgaron fue el de Monsieur Combien ("Señor Cuánto Cuesta"), porque preguntaba siempre con mezquino interés el precio de todo aquello que compraba, aunque fuera al por menor en tiendas de barrio.
Casi como el balazo que le dirigió su primo en el campo de duelo debieron sentar a Antonio de Orleans los versos del gran poeta romántico Heine:
Auf dem Haupte trug er den Lorbeer,
Und an seinen Stiefeln glänzten
Goldne Sporen — dennoch war er
Nicht ein Held und auch kein Rittter,
Nur ein Räuberhauptmann war er,
Der in´s Buch des Ruhmes einschrieb,
Mit der eignen frechen Faust,
Seinen frechen Namen: Cortez.
(En su cabeza lleva el laurel,
y en sus botas brillaban
espuelas de oro — y sin embargo
no era el héroe, ni era tampoco un caballero.
No era mas que un capitán de bandoleros
que con su insolente mano
inscribió en el libro de la fama
su nombre insolente: Cortés).
Heinrich Heine. Vitzliputzli. 1851.
La luminosa "Leyenda Negra" convertía al duque apólogo del Conquistador en cómplice del despojo y devastación de la Nueva España, pero en aquellos años, como hoy en día, se salvaba el expediente descalificando a quienes suscribían tal interpretación de la Historia. Un caso flagrante y muy de actualidad es el de Jesús González Maestro (Gijón, 1967), profesor de la Universidad de Vigo e "influencer" de YouTube con interminables vídeos de crítica literaria e histórica salpicada de lenguaje soez, que califica al poeta alemán de ignorante, así como al público germano de mediados del siglo XIX de lo mismo —al contrario que, asegura, el español, sabihondo e ilustrado—. Desbarra el gijonés arguyendo: "a mí me hubiera gustado ver al poeta Heine en 1519 enfrente de los mexicas, a ver, que coño hacía [...]. Uno [Heine] se puede permitir decir chorradas en verso, y queda genial".
Pero, volviendo a nuestra querida Villa, rebusquemos en su Archivo Municipal algunos papeles, cuya transcripción y estudio van a completar la visión que tenemos del palacete de Montpensier en la Calle Real, y de sus habitantes y empleados.
El primero de estos papeles es una copia certificada que el Ayuntamiento de Castilleja, —a cuya cabeza estaba José Marín Oliver (1)—, mandó hacer de un plano elaborado por el arquitecto Balbino Marrón Ranero (2), cuyo tenor es el siguiente (ver fotografía ut supra):
Arquitecto Titular del Exmo. Ayuntamiento de la Ciudad de Sevilla. Proyecto de alineación para reedificar las Casas que en la Calle Real de Castilleja de la Cuesta poseen los Srmos. Sres. Infantes de España Duques de Montpensier.
Nota: Las líneas negras indican el estado actual de las fachadas de las casas, y la de color carmín [que he resaltado con lápiz digital porque estaba descolorida] el proyecto de la reforma; resulta de él que las casas numros. 66, 67, 69 y 70 (3) conservan su antigua posición; que la del n.º 68 pierde un trozo de terreno de figura triangular, compuesto de 243 ½ pies cuadrados; que el huerto pierde igualmente otro trozo de terreno de igual figura que consta de 195 pies cuadrados, los cuales, sumados con los anteriores hacen 438 ½ pies cuadrados; que el resto de dicho huerto gana otro trozo de terreno de la misma figura que mide 328 pies cuadrados, que rebajados de los 438 ½ que se pierden, solo quedan 110 ½ pies cuadrados a beneficio público, pudiéndose graduar en un real de vellón el valor de cada pie cuadrado de terreno; Castilleja de la Cuesta, Junio 6 de 1856. Balbino Marrón y Ranero. Es copia. Castilleja de la Cuesta, 14 de agosto de 1856. El Alcalde, José Marín. Aprobada la alineación. El Ingeniero, L. Cardenal.
En el plano de Balbino Marrón se detecta un error en la numeración de las casas, por cuanto están escritas en sentido contrario, ya que en realidad tal numeración aumentaba de este a oeste y no al contrario como aparece en él. La prueba de la referida progresión este-oeste la ofrece el hecho de que las casas 49, 50 y 51 de la Calle Real y las 4 y 6 del camino de Tomares se agruparon interiormente para alojar a la servidumbre, cocheras y caballerizas del palacio. Y que el ventorrillo que compró y arrendó luego el alcalde José Marín Oliver al final de la Calle Real hacia Gines tenía el número 125 (ver nota 1). Y a más abundamiento, "... manifestando que SS.AA.RR. después de haber alzado un monumento recordatorio en la Casa en que en la Calle Real de esta población terminó sus días el conquistador de México Hernán Cortés y rectificando la fachada de las colindantes, habían adquirido tres casas contiguas a las anteriores hacia la parte que mira a Sevilla, que la última confina con la de José María del Pozo, que tienen en la actualidad los números 47, 49 y 51, y que deseando hacer igual rectificación de línea de su fachada exterior en la forma que aparece de un plano que acompaña desde el martillo que tiene el muro de la cerca del jardín, solicitando la citada rectificación. Vista la referida instancia y plano exhibido, examinando este sobre aquel terreno por una comisión de la municipalidad, oído su dictamen y considerando que el que se pretende tomar para alinear las referidas tres casas con el muro del jardín en nada perjudica a la calle arrecife por su mucha extensión o latitud para el libre tránsito de carruajes, caballerías y personas, y considerando también que el expresado arrecife adquiere terreno sobre a esa, que cabalmente es más angosto, oído sobre el asunto el parecer del Regidor Síndico, dijeron: se acuerda a SS.AA.RR. la autorización pretendida para la alineación de las mencionadas tres casas en los términos que señala el plano, que se devolverá al reclamante con certificación de este acuerdo, obtenido previamente del Ilustre Gobernador de la Provincia, a quien al intento se remita certificado con el plano. Firmaron Torres, Rosales, Ortiz, Pinto y el escribano Esteban Velasco. El día 2 de noviembre la Policía Urbana aprobó y devolvió el plano para la nueva dirección que se le pretende dar a la Calle Real de esa villa ... solicitada de las tres casas. Firmado por el Gobernador Mario de la Escosura". Archivo Municipal de Castilleja de la Cuesta.
Por este flagrante y manifiesto error de la numeración en el plano de Balbino Marrón es todavía más complicado situar los restos de la casa del Jurado Juan Rodríguez. Complicación que aumenta a tenor de lo siguiente:
La casa de Hernán Cortés correspondía a los números 66 y 66id, renumerada 59 en 1860. Aunque luego la cosa se complicó aún más si cabe: "Padrón de 1874. Primero aparecen los cuidadores de la Ermita de Guía. Luego la Calle Real por bajo (sic). Calle Real baja, desde el nº 1 al 35. Calle Real por bajo, desde el 37 al 69 (impares); en el 45 el Palacio de las Infantas. Calle Real por alto, desde el 71, hasta el 117; hasta aquí llegaba la Concepción. La acera izquierda parece pertenecer a Santiago, empezando con el nº 2; en el nº. 30 (de dicho Santiago, dicha calle de Abajo) José Ortiz Navarro, de 45 años, casado, del campo. Micaela Dieta, de 40 años. José, de 18, soltero. María Gabriela Ortiz Navarro, de 56 años, soltera. Vecino, Gabriel Ortiz Navarro, de 50 años, casado, del campo. Dolores Perez Montaño, de 45 años, casada. Dolores (en blanco) años. Rocío, de 14 años. Gabriela, de 8. Gabriel, de 6". Padrón 1u. Diciembre de 2015.
Se modificó la numeración de las casas a partir de 1860: "La Real Orden de 19 de diciembre de 1856 y el Reglamento aprobado en Madrid el 24 de febrero de 1860 obligó a los municipios a adoptar la nueva rotulación de calles y numeración de casas y manzanas. De la antigua numeración correlativa de izquierda a derecha en calle y plazas, las calles pasaron al nuevo sistema de parcelas impares a la izquierda y pares a la derecha". José Gracia Cantalapiedra. Manual completo de Policía Urbana y de construcciones civiles. Madrid, 1863, págs. 82-91.
(1) José Marín Oliver, casado y propietario, de 57 años de edad, y José Camacho Galán*, viudo y expendedor de líquidos, de más de 40, se reunen el día 29 de agosto de 1865 con el notario Esteban Velasco. Asiste también Antonio Míguez Ortiz, viudo, zapatero, de 48 años de edad. Antonio el zapatero posee una casa de construcción humilde situada en los confines de la Calle Real, la última a la izquierda subiendo para Gines, número 36 antiguo y 125 moderno, conocida como la del tío Moreno y Camacho, destinada a venta de líquidos, y se compone de un portal en la fachada sobre pilares de ladrillo, sin techumbre en el día, y dentro una pieza que sirve de despacho, a la derecha de ésta dos cuartos, sobre la izquierda sala y dormitorio, más adentro la cocina y una pieza que sirve de almacén y cuadra con puerta al campo, y fuera al lado sur patio y corral con 18 olivos y estacas, y al poniente un pozo de agua dulce, con el correspondiente terreno de servicio y puerta independiente de salida a la calle, linde todo a la izquierda y espalda con olivar y frutales de don Eustaquio Sánchez ¿Janer?, a la derecha donde se halla el pozo con olivar del dicho José Marín Oliver, y su frente de puerta de calle con el Camino Nuevo y carretera general Sevilla a Huelva. José Marín la adquirió a Antonio Míguez Ortiz por 8.000 reales, y se la arrienda al dicho José Camacho Galán por tiempo de 3 años, hasta agosto de 1868, por 800 reales anuales. La compra y el arrendamiento transcurren en esta ceremonia ante el notario Esteban Velasco. Actúa de testigo del arrendamiento el referido vendedor Antonio Míguez Ortiz. José Marín le compra la casa para "proteger" a José Camacho Galán, que al parecer ya vivía en ella. Se contempla que éste, al final del arrendamiento, la pueda adquirir en propiedad. La casa tiene en total 679 metros cuadrados, y el patio y corral 2.277. La tierra aledaña de Eustaquio Sánchez fue propiedad primero del arrendador José Camacho, quien la vendió a Manuel Valero. La casa la adquirió el zapatero Míguez del referido Eustaquio, y el comprador José Marín ya poseía el olivar de poniente. Entonces estaba gravada con un censo de 216 reales de capital y 6 y medio de renta al año a favor de la vinculación que dicen de ¿Zurita? y que fundó doña Brígida Maldonado.
El protocolo que sigue, una cesión de poder, perfila con más nitidez el lugar del ventorrillo anterior. José Oliver Tovar, de 93 años, viudo, con domicilio en la Calle Real número 114, otorgó poder a José Marín Oliver dos meses antes del arrendamiento del ventorrillo, el día 8 de junio de 1865, para que disponga de un viñedo de su propiedad de 1 aranzada y media en el sitio de Los Arenalejos de Castilleja, linde saliente [oriente] con olivar del dicho José Marín, al sur con viña de Juan Negrón, al poniente con el camino de Bormujos, y al norte con la carretera de Sevilla a Huelva. Dicha viña también está vinculada a doña Brígida Maldonado.
José Marín Oliver encargó, pagándola de su bolsillo, una imagen de la Inmaculada al escultor sevillano Gumersindo Jiménez Astorga en 1878, copia de la original que fue destruida en un incendio en la iglesia de la Calle Real acontecido el 4 de diciembre del año anterior. Donó Marín a la referida iglesia un reloj de péndulo que todavía hoy puede verse en la pared de dicho templo, y que nos va a servir para enlazar con otro reloj —el de la torre de la Plaza— y con los personajes que estamos ilustrando en esta serie de entradas, trayendo a colación otro de los papeles, un borrador en esta ocasión, del Archivo Municipal castillejense:
Srmo. Sr. Infante Duque de Montpensier. El ayuntamiento de la villa de Castilleja de la Cuesta, a V.A. con el más profundo respeto espone (sic) que conociendo la conveniencia de colocar un reloj en la torre de la Iglesia parroquial de Santiago de dicha villa, para que sus vecinos, y en particular la clase jornalera que es la más numerosa, puedan acudir con puntualidad a sus faenas respectivas**, ha acordado abrir una suscricion entre los mayores contribuyentes de la localidad para reunir el importe de su presupuesto que asciende a unos quince mil rº. próximamente. Y como quiera que esta villa tenga la última honra de contar a V.A., se atreve su Ayuntamiento a suplicarle se digne cooperar también por su parte a que se realicen los deseos de esta municipalidad. Gracia que esperan merecer los infrascritos de la munificencia notoria de V.A., cuya vida conserve Dios muchos años. Castilleja de la Cuesta, etc.
* Francisco Camacho, natural de Santiponce, casado con María Galán, natural de esta Villa. Padres de él, Juan Miguel Camacho y María del Rosario Castillo, naturales de Santiponce. Padres de ella, José Galán y María Márquez, él natural de esta Villa y ella de Sevilla.
** El argumento, dirigido a un potente cacique empleador como era Antonio de Orleans, tenía una gran capacidad de persuasión. Le garantizaba que a cambio de una pequeña aportación en metálico nadie, ni el más enajenado de sus más remotos asalariados, podría alegar razón alguna por haber llegado tarde o por haber salido temprano de su "faena". El reloj puso en hora a la masa de trabajadores de Castilleja. La praxis, efectividad y precisión de la sociedad europea iba alcanzando a las regiones más atrasadas de la vieja Iberia.
Balbino Marrón y Ranero
(2) Balbino Marrón y Ranero (1812-1867), arquitecto vizcaíno establecido en el sur peninsular, fue autor de muchos edificios en Jerez de la Frontera y en Sevilla. Reordenó el Prado de San Sebastián para ampliar la Feria de Abril, de la cual Orleans fue uno de los principales impulsores. Actuó en la Plaza del Museo y en la Plaza Nueva, construyó el cementerio de San Fernando y los cuatro palacios montpensierianos: el de Sanlúcar, el de Villamanrique, el de Castilleja y el de Sevilla.
El abogado Diego Suárez, hizo las primeras gestiones para adquirir la casa de Cortés, presentando la factura de honorarios por su aprecio en junio de 1853. Aunque el nombre, que figura en el archivo de la Fundación Duques de Montpensier, parece error, ya que en la Guía de Sevilla para 1866 (Zarzuela) pone "Abogado Consultor de Montpensier, Narciso Joaquín Suárez".
La administración de los Montpensier entregó a Pedro de la Cuesta el importe acordado en la compraventa. Este Pedro de la Cuesta, corredor, aparece como representante de compradores de bienes desamortizados en El mercado de la tierra sevillana en el siglo XIX, de María del Carmen Parias Sáinz de Rozas. Universidad de Sevilla, 1989. (María del Carmen, autoridad indiscutible en el tema del comercio decimonónico de tierras sevillanas, es familia de la que fuera dueña de la Hacienda San Ignacio, Ana Sáinz de Rozas Marañón. Casóse María del Carmen con el ingeniero agrónomo Arturo León Pérez en Espartinas).
Las primeras obras del palacete en nuestra Villa se realizaron entre agosto de 1854 y marzo de 1855, aunque de diciembre de 1853 existe una cuenta de lo pagado en Castilleja por orden de S.A.R. al cura para los pobres, a la mujer de la casa, y al anciano su pariente (Archivo de la Fundación Infantes Duques de Montpensier). De esta forma el ambicioso y calculador Orleans ya iba "ablandando" el terreno. El Salón de Cortés se inauguró el 9 de abril de 1855, colocándose una placa: "Siendo esta casa del jurado Alonso (sic, en vez de Juan) Rodríguez, honróla muriendo en ella el día 2 de diciembre de 1547 Hernán Cortés, Marqués del Valle, Conquistador de Méjico. SS.AA.RR. los Srmos. Sres. Infantes de España Duques de Montpensier, en testimonio de aprecio a la memoria de tan grande hombre la compraron y renovaron año de 1854". Revista de Ciencias, Literatura y Artes, tomo I (1855) págs. 53-54*, y tomo III (1857) pág. 772.
El 14 de enero de 1857 se compraron dos casas en la Calle Real y una aranzada de arbolado que eran propiedad de Juan Negrón, contiguas a las que ya poseían los duques (archivo de la Fundación Montpensier). Se trata de la número 69, donde vivía Juan Negrón Oliver, el estanquero, con su familia (ver nota 3, infra).
El 14 de junio de 1861 se formalizó la escritura de venta de la casa de Josefa Tovar Negrón en la escribanía de Fernando Ganzinotto (Fundación Montpensier).
En octubre de 1861 adquirieron la huerta de José María del Pozo, o Pozos, colindante con las últimas casas compradas (¿por detrás?), con hortalizas, frutales, naranjos y limoneros, y algunos olivos (Fundación Montpensier).
En 1866 adquirieron la parcela nº 65 a Juan Chávez, una casa de labor con huerta trasera que llegaba hasta el camino Nuevo. En efecto, el número coincide con el del padrón de 1852: Juan de Chávez Caro, labrador casado con María de la Consolación Oliver (ver nota 3, infra).
Los duques pagaron las 27 varas cuadradas que perdía el corral perteneciente a Quintanilla con la construcción del nuevo callejón (Fundación Montpensier). Antonio Quintanilla trabajó de oficial albañil en la expresada obra, bajo las órdenes de su capataz Juan Ruíz; otros oficiales fueron Manuel Conejero y José García. José Cabrera, a las órdenes del dicho capataz Juan Ruíz, era el hortelano que se hacía cargo de entre 5 y 10 operarios, según la estación.
El 10 de noviembre de 1866 Joaquín Auñón firmó el acuerdo de Construcciones Civiles que aprobaba la alineación y el enverjado y el nuevo callejón, "calle de la Infanta, o callejón Nuevo".
En 1863 Marrón había entregado todos los planos al nuevo administrador Francisco Romero, enviándole una carta el 4 de septiembre de dicho año: "Mi apreciable amigo, SAR nuestro Sr. Infante ha dispuesto archiven todos los antecedentes del proyecto de ensanche del palacio de Castilleja de la Cuesta poniéndolos en un rollo y una faja alrededor escrita en ella `Borradores de los estudios hechos para el Palacio de Castilleja de la Cuesta`. Adjunto remito a V. dicho rollo para los efectos expresados debiendo advertir que no queda ya en mi poder más papeles de esta clase referentes a dicho Palacio que el plano general, también en borrador". Desde dicho año de 1863 el encargado de pagar los gastos de la obra de Castilleja es este nuevo administrador de los bienes de SS.AA.RR. en Andalucía y Gentil Hombre de Entrada de S.M. el Rey, Francisco Romero Rodríguez, que alterna a veces la administración con el montañés Isidro de las Cagigas de Argos, también al servicio de Orleans y abuelo del diplomático, arabista y escritor Isidro de las Cagigas López de Tejada (Carmona 1891 - Madrid 1956), quien, teórico del andalucismo historicista, se relacionó con Blas Infante.
Un hermano de Francisco, José María Romero Rodríguez, con domicilio en la calle Almirante Lobo 16, ejercía de Oficial de la Secretaría de dichos Duques (Ver Guía de Sevilla y su Provincia para 1878, Volumen 14, Manuel Gómez Zarzuela).
Balbino Marrón murió en junio de 1867. Le sucedieron como arquitectos del duque el sevillano Juan Talavera de la Vega (1832-1905) —autor del Costurero de la Reina—, el guipuzcoano Joaquín Fernández de Ayarragaray (Hernani 1821 - Sevilla 1900) —autor de la Casa de las Sirenas—, y el madrileño Baldomero Botella Coloma (1844-1916) —arquitecto de la Municipalidad de Manila hacia 1870 y administrador de Montpensier entre 1884 y 1891—.
Es interesante anotar que unos Ranero también de Vizcaya aparecen en una partida de bautismo de la iglesia de Santiago, cuando Balbino debía tener unos 17 años de edad: El 13 de mayo de 1829 don Juan José Maestre, cura de la iglesia de Santiago, bautizó a María Josefa, nacida en dicho día, hija de don Francisco Ranero, coronel de los Reales Ejércitos, natural de Aldeacueva** en el valle de Carranza en el Señorío de Vizcaya, y de doña María Guadalupe de la Concha Fernández de Llar y Velarde, natural del lugar de Santiago Tianguistenco*** en el Reino de México en Nueva España, vecinos de Castilleja de la Cuesta. Abuelos paternos, don Manuel de Ranero y doña Manuela Ruíz, naturales del valle de Carranza en dicho Señorío. Abuelos maternos, el mariscal de campo don Manuel de la Concha**** y doña María de los Dolores Fernández de Llar y Velarde*****, naturales de la villa de Torrelavega en el valle de Carriedo, montañas de Santander. Padrinos, don Juan Francisco Noriega y doña María de la Soledad de la Concha Fernández de Llar de Velarde.
* "[...] Terminadas las obras que con el mayor desinterés y con el más laudable celo han costeado y dirigiddo SS.AA.RR. en el pequeño santuario de la gloria [nótese que esta referencia a la casa del Jurado indica que no era ni mucho menos una gran mansión] que ennoblece la población, tan pintorescamente situada, de Castilleja de la Cuesta, determinaron los señores Infantes que el lunes de pascua se efectuase con la debida solemnidad la inauguración de la casa de Cortés. Verificóse efectivamente dicho acto en el mencionado día, asistiendo a él SS.AA. con sus augustas hijas y sus hermanos los duques de Nemours; las autoridades superiores de la provincia; las de Castilleja y las demás personas invitadas al efecto. Firmada por todos los circunstantes el acta extendida al propósito en un `álbum` que ha de quedar allí depositado para memoria eterna de tan piadosa ceremonia (`álbum` en el cual podrán inscribir sus nombres y consignar sus pensamientos cuantos visiten aquel insigne retiro) y leídas varias composiciones poéticas alusivas al objeto, que saldrán coleccionadas, SS.AA. se dignaron obsequiar a los concurrentes en un expléndido `buffet`, dejándolos encantados con su no vulgar instrucción, y, sobre todo, con la rara amabilidad que tanto avalora sus altas prendas. [...]".
** "El nombre de Aldeacueva deriva de una gran cavidad en una roca. Además, justo debajo encontramos unos pocos caseríos que forman el barrio [perteneciente a Karranza]. El área se extiende entre la carretera y la colina junto a la iglesia. La mayoría de las mesas y quemaderos [barbacoas] se encuentran a la sombra de robles y castaños. Pero, para los que prefieran el sol, encontrarán una zona con grandes vistas junto a la parroquia". Web del Ayuntamiento de Karranza.
*** Fue por Santiago Tianguistenco por donde en 1524 Hernán Cortés arribó al valle de Toluca.
**** Mariscal de campo don Manuel de la Concha. No era una graduación militar la de mariscal de campo muy abundante, ya que equivalía a la de teniente general, lo que nos ha obligado a buscar a su titular con el convencimiento de que debía ser persona distinguida. Tan solo dos Manuel de la Concha figuran destacada y públicamente dedicados a la profesión de las armas durante aquellos años. Uno capturó en América a Morelos, el independentista que pretendía, entre otras actuaciones, tomar Acapulco para cortar la comunicación de Filipinas con la Península. El otro Manuel de la Concha, marqués del Duero, tampoco parece coincidir con el suegro del coronel vecino de Castilleja Francisco Ranero. Este último Manuel luchó contra los carlistas: "El mariscal de Campo D. Manuel de la Concha, comandante general de las tropas de Guadalajara, Cuenca y Albacete, da parte desde Albalate, con fecha 3 del corriente, de que habiendo salido el día anterior de la ciudad de Cuenca con el objeto de reconocer el terreno por donde se han de conducir los convoyes al sitio de Beteta, tuvo noticia de hallarse emboscada una partida de caballería enemiga, y tomó las disposiciones para su captura, resultando quedar prisionera toda ella, compuesta de un teniente graduado de capitán y 16 individuos de tropa, siendo otro muerto en el encuentro". Gaceta de Madrid, 9 de mayo de1840.
***** "Para que se le otorgaran los privilegios en el pago de impuestos que le correspondían por ser la tienda más antigua del pueblo de Tianguistenco, promovó las informaciones del caso Pedro Fernández Llar y Velarde, su propietario, el 5 de enero de 1796. Uno de los testigos, Francisco Javier Bobadilla, declaró que la tienda se abrió desde 1774 por Isidoro Sámano, suegro de Fernández, y desde entonces ha ´sido abastecida de todos los efectos (mercancías)` y estaba reconocida como la principal y de mayor crédito. En ese año estaban instaladas otras siete tiendas comerciales". Isaac Velázquez Morales. Monografía Municipal. http://monografiasmexiquenses.mx/kiosco/pdf/SantiagoTianguistenco_1985.pdf
Precisamente la etimología del pueblo, conforme a la lengua náhuatl, significa "a la orilla del mercado", de tianquistli (mercado), tentli, (labio, en sentido figurado borde u orilla), y co, (sufijo de lugar).
(3) Las casas adquiridas por el Duque, —números 66, 67, 68, 69 y 70 de la Calle Real—, estaban habitadas según el Padrón de 1852 por las siguientes personas:
— Número 66. José Tovar Villadiego, casado, de 57 años de edad, labrador. Josefa Navarro, esposa, de 54 años de edad. Hijos, Francisco Tovar Navarro, soltero, de 22 años, labrador; Antonio Tovar Navarro, soltero, de 18 años, labrador; y José Tovar Navarro, casado, de 29 años, jornalero; Isidora Oliver, esposa, de 27 años. Hijo, José Tovar Oliver, de 3 años de edad.
— Número 67. Josefa Núñez, viuda, de 45 años de edad. Hija, María del Carmen Tovar Núñez, soltera, de 22 años*.
— Número 68. Francisco Vega, viudo, de 63 años, jornalero. Hijos, José Vega García, soltero, de 29 años, jornalero; y Antonio Vega García, soltero, de 19 años, jornalero. Juan Oliver Negrón, casado, de 52 años, trajinero. María de los Dolores Acosta, esposa, de 52 años, natural de Villalba, con 33 años de residencia en Castilleja**. Hijos, José Oliver Acosta, soltero, de 23 años, jornalero; Manuel Oliver Acosta, soltero, de 18 años, jornalero; y Antonio Oliver Acosta, de 14 años. Francisco Vega García, casado, de 33 años, trajinero. María de los Dolores Oliver, esposa, de 29 años. Hija, María de la Encarnación Vega, de 4 años.
— Número 69. Juan Negrón Oliver, casado, de 67 años, estanquero. Antonia Navarro, casada (¿su segunda esposa?), de 51 años. José Negrón López, soltero, labrador, de 25 años; María del Patrocinio Negrón, soltera, de 24 años. Vicente Oliver, soltero, de 30 años, labrador; Josefa Oliver Navarro, soltera, de 22 años; Francisco Oliver Navarro, soltero, de 20 años, labrador; y Antonia Negrón Navarro, de 6 años.
— Número 70. Antonio Ortiz López, casado, de 59 años, jornalero. María de los Dolores Barrionuevo, de 51 años, esposa. Hijos, Josefa Ortiz Barrionuevo, soltera, de 28 años; Manuel Ortiz Barrionuevo, soltero, de 26 años; María del Carmen Ortiz Barrionuevo, soltera, de 18 años; Antonio Ortiz Barrionuevo, de 13 años; Francisco Ortiz Barrionuevo, de 9 años; y Francisca Ortiz Barrionuevo, casada, de 30 años.
La casa siguiente al oeste del bloque que compró Montpensier, la número 71, correspondía a una botica, su titular don Antonio Borges Navarro, natural de Vélez Málaga, llegado a Castilleja en 1847. Casado con una jovencísima catalana, Adelaida Alegre Ríos Carpio, tenían entonces dos niños: Salvador y Gertrudis, nacidos en nuestra Villa ***. La casa número 73 estaba habitada por el cura don José del Castillo, sevillano de 37 años, quien la compartía con su hermana doña María del Carmen, solterona de 41 años, ambos llegados al pueblo 5 meses antes (es la misma casa que en 1818 ocupaba el cura don Joaquín Bermudo, verdadero mártir de intrigas eclesiásticas****). Y la número 74 era del Alguacil del pueblo, Joaquín Mendoza, de 32 años, casado con María del Carmen Morera, con tres niños; todos ellos naturales de esta Villa. En la 75, un hortelano portugués, Juan Pereira, casado con la castillejana María de los Dolores Villadiego.
Respecto a los habitantes de las casas de la otra parte, próximas a las de Orleans —al este, hacia Sevilla—, encontramos en la número 65 a Juan de Chávez Caro, labrador casado con María de la Consolación Oliver y descendiente sin duda de los Caro que a principios del siglo XVII estaban a cargo, o eran caseros, de la vivienda del Jurado Juan Rodríguez de Medina donde murió Cortés. En la número 63 tenía su zapatería Antonio Míguez, de San Juan de Aznalfarache, mientras que en la 61 y 62 también vivían unos Caro, Manuel Caro Navarro, casado con María de la Consolación Chávez, con un hijo Caro Chávez, niño de 3 años, y Antonio Chávez Caro, de 54 años. Todos estos Caro, probablemente descendientes de los mencionados caseros del Jurado, lo eran también de los que, originarios de Sanlúcar la Mayor, entroncaron por matrimonio con una de las hermanas de fray Antonio Vázquez de Espinosa. A su tiempo definiremos las genealogías. Ver Historia de los apellidos, 21. Enero de 2020.
De todos estos vecinos podemos resaltar al estanquero Juan Negrón Oliver, quien vendió al duque su casa número 69, por la vinculación que entre Castilleja y el Nuevo Mundo tenía el tabaco mediante Martín de Alfaro*****; pero especialmente nos interesa la familia de la número 70, los Ortiz, apellido en estrecha relación con el carlismo absolutista en Castilleja, siendo sus ostentadores acérrimos enemigos de los Borbón y de los Orleans. "Habíamos dejado la historia con don Gabriel Ortiz, antecesor de José Ortiz Navarro, carlista de nuevo cuño. Vamos a hacer genealogía prosopográfica de estos Ortiz, ascendientes directos patrilineales de José, cabecilla carlista castillejano detenido en Zalamea en el verano de 1874 y preso primero en Valverde y luego en Huelva". Padrón 1q. Noviembre de 2015.
"Más difícil de superar fue la hipótesis de una fusión dinástica con la rama carlista que, desde 1869, se apuntaba como solución y a la que la propia Isabel Ii prestó oídos, hasta planteárselo como cuestión de conciencia. Recién instalada en París, se entrevistaron doña Isabel y don Francisco de Asís con sus primos, don Carlos y doña Margarita. Ambos matrimonios pasearon por la parisina avenida de la Grande Armée. Unos días más tarde, el encuentro tuvo como marco el Bois de Boulogne. Allí se estudiaron las posibilidades de una avenencia entre ambas ramas dinásticas. Delegados de doña Isabel y de don Carlos celebrarían posteriores reuniones tanto en París como en Bayona. En 1871, pasado el fragor de la revolución parisina de la Commune, se produjeron de nuevo encuentros entre doña Isabel y don Carlos en Ginebra. No hay que, por esos años, la Santa Sede favorecía los movimientos legitimistas europeos y alentaba el acuerdo entre ramas dinásticas enfrentadas". Manuel Espadas Burgos. Isabel II: los años del exilio. En Isabel II. Los espejos de la reina. Juan Sisinio Pérez Garzón, editor. Marcial Pons Historia. 2004.
* El 19 de julio de 1829 don Juan Bautista Sánchez, cura de la Inmaculada, bautizó a María del Carmen, hija de Juan Tovar Oliver y de María Josefa Núñez Oliver. Abuelos paternos, Juan Tovar y María del Carmen Oliver, y maternos Pedro Núñez y María Magdalena Oliver. Padrinos, Manuel de Silva Oliver y María del Carmen Oliver, todos naturales de esta Villa. Nació el 17 de dicho mes y año.
Josefa Núñez Oliver, viuda industrial con tienda de especierías, reclama el 26 de enero de 1867 ante el Juez, después de haberlo hecho amigablemente a María de la Rosa Chávez, también viuda, el pago de 25 escudos que ésta le debe hace porción de tiempo, de efectos que ha sacado al fiado de su establecimiento. Comparecen el día 28 y declaran que ambas están en necesidad, la demandada reconoce la justa demanda y alega que no puede pagar los comestibles fiados. No saben firmar, y lo hacen Joaquín Mendoza por Josefa y José Silva por María de la Rosa.
** En 1829 bautizaron a José María, hijo de Juan Oliver Negrón y de María de los Dolores Acosta, ella natural de Villalba. Abuelos paternos, Francisco Oliver Cabrera y Antonia Negrón, naturales de Castilleja. Abuelos maternos, Diego de Acosta y Ana María Galán, naturales de Villalba.
*** El boticario malagueño vivía por agosto de 1875 en la calle Conde de Barajas del sevillano barrio de San Lorenzo, ya con 69 años. Su esposa doña Adelaida, que era de Manresa, tenía a la sazón 46. Servíales una criada natural de Marchena llamada Josefa Carmona, de 60 años y soltera, hija de José Carmona y Maria Ruiz. La hija del boticario, María, la castillejana de nacimiento, tiene ahora 26 años, es casada y aparece como avecindada en La Isla de San Fernando. También hay otra hija pequeña, Antonia Borges y Alegre, nacida en Sevilla, de 12 años de edad. Viven con ellos además José Aguilar y Cepeda, de 21 años, soltero, estudiante que redimió su servicio militar por 10.000 reales de vellón, natural de la Palma del Condado en Huelva, hijo de Francisco y Trinidad, ambos también de la Palma; y Eduardo Enrique y Alegre, natural de la Isla de San Fernando en Cádiz, soltero, hijo de Emilio y María.
**** Cura Joaquín Bermudo. "[...] diciendo entonces el Señor Abad "pues yo lo mando", y acto seguido partió José Ortiz, Alguacil Eclesiástico de Santiago, en busca del cerrajero, que tiene su obrador en la misma calle; abrieron las puertas, primero las de la obra nueva, donde entraron todos los concurrentes, y luego las de la Iglesia Provisional, donde también entraron todos y las tres señoras; luego se retiraron todos y se marchó el Señor Abad a Olivares con las tres señoras en su coche; y oyó decir después el testigo que aquella noche, por temor a que lo llevasen preso, Bermudo se salió de su casa y se fué a la de un amigo suyo, donde había permanecido hasta que de madrugada lo sacaron de ella don Antonio Vanderleye, Francisco Núñez y Juan Cabrera, que lo acompañaron al barrio de Triana; el que depone fué testigo de lo que muchos pasajeros que transitaban por la Calle Real decían en el acto de estar descerrajando las puertas de la Iglesia, escandalizados de semejante operación, y a no estar tan bien querido el cura Bermudo en el pueblo, hubiera sido temible un acontecimiento funesto aquel día". Padrón 1s. Diciembre de 2015.
***** "En efecto, su pariente Martin de Alfaro sufrió numerosas heridas en las batallas libradas por el ejército de Hernán Cortés contra los mexicas de la Nueva España, habiendo aprendido en sus propias carnes del prodigioso poder desinfectante y cicatrizante de la planta solanácea. Martin cultivó tabaco con la colaboración inestimable de su esposa doña Aldara de Vaca en un solar aledaño a la casa-mesón que administraba en la Calle Real de Castilleja, desde donde partieron las semillas que habrían de germinar en el huerto del doctor Monardes de Alfaro en la calle Sierpes sevillana". Los esclavos 41c. Abril de 2009.
No es difícil seguir la pista de los parientes antecesores de los vecinos de la Calle Real que, más o menos voluntariamente, vendieron sus casas a Antonio de Orleans. Tirando de los hilos documentales llegaremos a los tiempos de Hernán Cortés y del Jurado Juan Rodríguez y aun podremos descubrir dueños anteriores a éstos, si los hubo. He dicho que los vecinos vendieron sus casas al duque "más o menos voluntariamente" porque es lógico suponer que una vez efectuada la primera transacción, los demás reticentes de ninguna manera hubieran querido seguir viviendo junto al futuro palacete indispuestos con su poderoso vecino, indisposición que podía general en graves problemas, porque, como en todas las camarillas del poder que en el mundo son ocurre y es bien conocido, el recurso a métodos violentos era algo a tener en cuenta, si no directamente emanado de la punta de la pirámide sí de un segundo nivel. Don Antonio tenía a su servicio administradores, secretarios, ayudantes y edecanes endurecidos en mil batallas y negocios, los cuales disfrutaban de carta blanca y no sentían remordimientos por recurrir a métodos poco ortodoxos; no les revolvía el estómago ni les quitaba el sueño contratar en un momento dado una cuadrilla de matones que convencieran en alguna calle solitaria alguna noche al castillejano más reticente a secundar los deseos y caprichos de los jefes. Esto, en el caso que nos ocupa, quedó ampliamente demostrado con el asesinato del general Juan Prim.
Por otra parte las ofertas en dinero que el duque haría a los vecinos de la Calle Real debieron ser sustanciosas en extremo.
Por medio de padrones anteriores al de 1852 que acabamos de detallar comprobamos que, —en el de 1818 por ejemplo—, en esta hilera de casas que luego adquiriría el Duque habitaba José de Chávez Caro; el cura don Joaquín Bermudo y Leyla —en la misma morada que ya en tiempos montpensierianos ocuparía el otro cura, don José del Castillo, v.s.—; Diego y Simón Negrón; Manuel Cabrera; Juan Dionisio Tovar; José de Chávez Ortiz; dos Gabriel Ortiz, el mayor y el menor; y algunos otros de los que se puede colegir por sus apellidos ascendencia sobre quienes posteriormente vendieron sus viviendas a los Montpensier.
En el padrón de 1852 que acabamos de ver en la nota 3 aparece la viuda Josefa Núñez con 45 años de edad habitando la casa número 67 que cuatro años después le compraría Montpensier. La viuda vivía con su hija María del Carmen Tovar Núñez, soltera de 22 años. Probablemente —aunque hay ciertas diferencias de edad y apellido— esta Josefa es la misma persona que Josefa Márquez Núñez, viuda, la cual otorgó testamento el 13 de julio de 1865 con 72 años de edad. Dijo la anciana en él que había salido fiadora en el préstamo de 1.000 reales de vellón que le hicieron a su sobrino José Cabrera Márquez para ir a Cuba, y que cumplido el plazo estipulado tuvo que satisfacérselos al acreedor, con 150 reales de interés. Josefa poseía casas en la Calle Real, números 70 y 72 (¿la número 67 antigua?) , y tierras en término de Castilleja que lindaban con las de los herederos de Rita Tovar.
Se puede ver en dicho padrón a Antonio Míguez, el zapatero de San Juan de Aznalfarache que habitaba la casa número 63, y que resulta ser quien vende a José Marín Oliver el ventorrillo del final de la Calle Real, frente a la hacienda de San Ignacio (nota 1).
Firma del zapatero Antonio Míguez
De esta pequeña venta que José Marín —el "Tío Marín", como era conocido en Castilleja— arrendó a José Camacho (v.s.) yo he tenido información directa por vía del último habitante de la casa que hoy ocupa su solar, quien recibió noticias al respecto de sus abuelos villamanriqueños avecindados en nuestra Villa. Era un lugar típico de parada y descanso de cuantos trajineros y gente de paso en general habían de tomarse un respiro en las jornadas hacia el interior aljarafeño o en las de regreso a la Vega del Guadalquivir. Probablemente sus dueños también alquilasen alguna alcoba con cama para pasar la noche, y desde luego dispondría de abrevadero a la entrada, donde las cabalgaduras de los viajeros calmasen la sed.
Mi informante, Bernal, es hijo de Francisco Bernal, del cual ya he dado alguna noticia: " Francisco Bernal —cuyo linaje se halla en Villamanrique de la Condesa— fue un inteligente técnico autodidacta que tras el cierre de su negocio de cinematografía se dedicó a la reparación de televisores, llegando a tal pericia que acabó construyéndolos él mismo. Solía vérsele muy raramente callejeando por el pueblo, hasta el punto que solo lo recuerdo asomado brevemente a la puerta de su casa alguna tarde de verano. La tal casa lindaba con el cine y era, por tanto, la última de los números impares de la vía principal de Castilleja. Se conserva perfectamente con su fachada original". Historia de los apellidos, 20. Julio de 2019.
Los padres del técnico autodidacta y abuelos por tanto de mi informante vivieron en el Villamanrique que conoció la reforma que el duque de Orleans mandó hacer sobre una antigua casa-molino y que dio lugar a su otro palacete en dicha localidad: "Palacio de los Infantes de Orleans y Borbón: Se construyó en el siglo XVI sobre una antigua casa-molino, y fue remodelado en el siglo XIX. Se ubica en el centro de la población, y en su remodelación participaron arquitectos franceses y donde se mantiene la interpretación de la vivienda rural tradicional andaluza, bajo la concepción decorativa de influencias francesas. Sus jardines, en los que perviven caracteres de la tradición andaluza con presencia de áreas de frutales intercalados entre setos recortados y plantas de carácter ornamental, se hallan dentro de la estética romántica y están próximos en ello a los de la residencia de los Montpensier en Sevilla, el palacio de San Telmo. En Villamanrique de la Condesa, el palacio de Orleans ha jugado un importante papel en el desarrollo y la configuración urbana. Fue punto de partida para la dinamización económica y poblacional de un núcleo muy reducido antes de su emplazamiento. Actualmente es propiedad de los Infantes de Orleans y Borbón, familia directa de Juan Carlos I de España". http://www.villamanriquedelacondesa.es/opencms/opencms/villamanrique/municipio/patrimonio.html#.XtsP_jozaM8
Julio Parizot, propietario de la fundición sevillana de San Bartolomé en la calle Levíes nº 9, proporcionó una noria de 73 cangilones para la huerta, con el fin de irrigar el naciente jardín, cuya factura presentó el 2 de marzo de 1856. Junto a la noria de tracción animal de Julio Parizot se instaló, un año después, una máquina de vapor para el mencionado riego que fue cobijada en una torrecilla y cuya factura firmaron en 31 de mayo el capataz Juan Ruiz y Olivier, el jardinero francés que asistía a André Lecolant y que firmaba las conformidades en algunas ocasiones. Así quedó sustituido el pobre animal que pasaba su existencia girando y girando esforzadamente alrededor del pozo elevando hora tras hora la pesada cadena de cangilones cargados de agua. (1)
Parizot había construido también dos norias para el palacio de Sanlúcar, pero su mayor fama le provenía de una importante modificación que realizó en las máquinas de prensar aceituna, cuya prueba ante hacendados y cónsules extranjeros, con gruesos tacos de madera que resultaban triturados, arrancaban fuertes aplausos entre los asistentes. Las prensas de Parizot eran capaces de elaborar 80 fanegas de olivas en cuatro tareas diarias.
Seis años después de la instalación de la noria, el 31 de mayo de 1861, "José María Barrada [cantero escultor] presentó una factura por una piedra labrada de martelilla [piedra caliza, porosa] de Alicante para la máquina que servía para el riego de los jardines, y el 30 de noviembre se presentaba una factura por una llave de saltadero grande y otra media [para las fuentes de compresión, que arrojan el agua hacia arriba], lo que indica que existía al menos una fuente decorativa. El 30 de enero de 1861 se celebró en Castilleja un baile (2), se contrató una orquesta con piano y se lanzaron fuegos artificiales. Es posible que esta fecha corresponda al momento de la inauguración del jardín y las casas rehabilitadas, si bien la obra más importante estaba aun sin acometer". Los palacios de los duques de Montpensier. Arquitectura y metamorfosis urbana en Villamanrique, Sanlúcar de Barrameda y Castilleja de la Cuesta. Mercedes Linares Gómez del Pulgar y Antonio Tejedor Cabrera. Editorial Universidad de Sevilla, 2016.
(1) El duque siempre estuvo a la vanguardia en la introducción, extensión, desarrollo y aplicaciones prácticas de todas las innovaciones científicas, industriales, técnicas, culturales y agrícolas que iban emergiendo en la Europa decimonónica. En la Exposición Agrícola, Industrial y Artística celebrada en Sevilla en 1858 que él mismo había promovido lo demostró una vez más, contribuyendo con importantes premios a los participantes galardonados. No se le puede negar que en este sentido dinamizó a la sociedad del occidente andaluz, área de la que se podría considerar una especie de "virrey".
La última noria que funcionó en nuestra Villa regaba la huerta de Ramón, un trozo de terreno segregado del olivar de La Peluquera, perteneciente a Manuel García-Junco, y antes parte de la hacienda de San Ignacio. La huerta de Ramón se extendía entre el cruce de Bormujos y la frontera con el término de Gines, a lo largo de la carretera Sevilla-Huelva y frente a la Barriada de la Inmaculada. Era un espeso bosque de añosas higueras, en cuyos profundos y sombríos interiores se encontraba la casa de la familia, blanca de cal resplandeciente, y el pozo-noria con su estoico borriquito grisáceo. Todavía se conserva el brocal del pozo en la trasera del nuevo barrio Puerta del Aljarafe (Las Casitas Blancas), aunque su agua ya no es apta para el consumo. Y hasta hace poco se podía contemplar una de las higueras, que habíase conservado entre otros árboles de la huerta de Ramón, como era un gran pino, ambos árboles abatidos ya por ventarrones y enfermedades. Cuando maduraban las brevas solían nuestras madres enviarnos a la huerta de Ramón a "hacer un mandado", con el cesto de mimbre y las monedas necesarias de rubias pesetas, "¡mucho cuidado al cruzar la carretera, hay que mirar a un lado y a otro!", y el viejo hortelano nos recibía con una sonrisa perenne y la mirada aumentada tras las gruesas lupas que eran los cristales de sus sólidas gafas. Su mujer, gruesa, de pelo cano, vestida de oscuro, acostumbraba a mirarnos en silencio y con cierta tristeza ausente desde su silla de enea instalada en la explanada del portal, terrizo pero siempre recién baldeado y fresco. Entonces comenzaba la aventura entre las frondosas higueras, de las que Ramón iba escogiendo con sus rudas manos los mejores frutos, que le disputaban las avispas y moscardones como sus dueños naturales que eran, hasta que llegábamos al espectáculo asombroso del asnillo parsimonioso y la chirriante noria en un calvero restallante de luz, y nos quedábamos paralizados por el pasmo al punto que el hortelano nos tenía que sacar del ensueño contemplativo instándonos a volver, ya con el cesto repleto del dulce fruto, primorosamente cubierto con grandes y verdes hojas de los mismos árboles que los producían. Ramón tenía una hija bastante mayor que nosotros, muy bella, muy morena, de una altivez agradabilísima y de un atractivo porte señorial, y dos varones, —gente trabajadora y silenciosa—, también dedicados a la horticultura. A los niños de la Barriada, que arrasábamos, inmisericordes, cargados frutales de los chalés y sembradíos de lechugas de los campos, nunca se nos hubiera pasado por la cabeza robar brevas en la huerta de Ramón, higueral irreal enaltecido en nuestras mentes como si de un espacio sagrado se tratara. Ramón atendió la oferta de una empresa constructora y trocó su huerta por un piso en la próxima barriada de San Francisco Javier y por cierta suma de dinero, y con él ya jubilado por fin yo compartía mesa de la tertulia de vecinos del Bar Parada de dicha barriada en sus primeros tiempos recién estrenada, ambos en silencio, observantes y oyentes de cuanto de hacía y se decía en aquel bar en el que Juan, su dueño, regía, como un patriarca humanista, apaciguando a los ocasionales alborotadores, obreros foráneos un poco víctimas del agitado período de la Transición Democrática, con frases lúcidas y medidas que recibían muda aprobación mediante la sonrisa imborrable de Ramón el hortelano.
A la ناعورة (nāʿūr) árabe —que procede del arameo —siríaco clásico— ܢܥܘܪܬܐ (naʿōratā), rueda hidráulica, algunos quieren hacer proveniente de un término onomatopéyico, por el sonido que produce el roce de la cadena de cangilones con las ruedas de engranajes, ya que este vocablo está relacionado con "crujir". El vocablo siríaco se relaciona, por otra parte, con el gruñido de un perro enfadado: "growling (of an animal, especially a dog) making a low guttural sound in the throat that indicates hostility". (Wiktionary).
Y (nāˁōr, nāˁōrā), nombre masculino, water-wheel; (lit. 'braying thing'), rebuzno del burro o de la mula. The Comprehensive Aramaic Lexicon Project, Cincinnati: Hebrew Union College, 1986. El inglés, francés* e italiano noria proceden del español.
* "Machine hydraulique utilisée pour l'irrigation, constituée d'une chaîne sans fin s'enveloppant sur un tambour et sur laquelle est attachée une série de récipients qui puisent l'eau dans un puits ou un cours d'eau et la versent, à la partie supérieure, dans un réservoir ou une rigole". The Digitized Treasury of the French Language.
Hoy, como recuerdo vivo de los tiempos gloriosos del Aljarafe musulmán, se alza en la Estación de Tratamiento de Aguas Potables de El Carambolo, instalación gestionada por EMASESA para el abastecimiento de agua potable de la mayor parte del área metropolitana de Sevilla, una reconstrucción monumental de noria árabe, fiel réplica de las que debieron instalar en sus huertos nuestros antepasados yemeníes, reyezuelos terratenientes de la fértil meseta. Se cuenta que uno de ellos, estando de bacanal en su alquería ordenó, con la simple intención de divertir a sus invitados, que se atasen a los cangilones de una de sus norias a varios niños hijos de sus esclavas, a los que terminó por ahogar entre vuelta y vuelta de la rueda entre el jolgorio de sus privilegiados y borrachos amigos y los gritos y llantos de las desgraciadas madres.
La noria de El Carambolo
(2) Todas las muchachitas de buena familia de la Híspalis montpensieriana y de su provincia soñaban con asistir a alguna de las fiestas de don Antonio el duque, en las cuales, grandemente publicitadas con mucha antelación, las probabilidades de relacionarse con algún buen mozo de desahogada posición eran elevadísimas. Aunque también lo era el riesgo de, con unas copas de más, sufrir abuso sexual, como siempre ha ocurrido y ocurre en tales eventos, solo que en aquella época de patriarcado impenitente era muchísimo más difícil para una mujer denunciar los hechos y alcanzar justicia. Los padres de estas jovencitas movian todos los resortes sociales posibles para obtener la apreciada tarjeta de invitación. Una persona a la que, para conseguirla, se podía recurrir con garantías de resultado favorable era Cecila Böhl de Faber, que tramitaba las solicitudes dirigiendo misivas y suplicatorios a los secretarios de SS.AA.RR en las que detallaba con su empalagoso estilo literario —sublime ejercicio lastimero— las circunstancias personales de las aspirantas . Ni que decir tiene que las más bellas y cultas de estas señoritas tenían garantizada la invitación aun sin solicitarla, porque la pretensión de Montpensier era, ante todo, acrecentar su fama personal con el lucimiento de sus bailes y reuniones festivas, y halagar y satisfacer a los poderosos personajes asistentes, a los cuales pretendía influir con este tan antiguo como heterodoxo método encaminado a la consecución de algunos de sus fines políticos y económicos.









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