miércoles, 17 de junio de 2020

Historia de los apellidos, 21s.



"La extensión de la devoción al Sagrado Corazón se realizó en el pontificado de Pio IX. En 1846, justo cuando se iniciaba su pontificado, el Papa aprueba la creación del Apostolado de la Oración, que había sido fundado en Francia por el jesuita Padre Ramière, herramienta fundamental para la propagación de la devoción. En 1856 el Papa, secundando los deseos de muchísimos obispos, extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia. Por otro lado la beatificación de  Santa Margarita María de Alacoque (18 de agosto de 1864) significó la aceptación por parte de la Iglesia del núcleo esencial de las revelaciones que le fueron hechas por el Sagrado Corazón y el puntal definitivo para asentar esta devoción [...]. En España es Carlos VII, Carlos de Borbón y Austria-Este, el primer rey español que consagra España al Sagrado Corazón de Jesús, el 16 de junio de 1875, en Orduña (Vizcaya). Es en este mismo año cuando se pone la primera piedra para la construcción de la Basílica del Sagrado Corazón en Montmartre y es también en enero de este año cuando se pone bajo el patrocinio del Corazón de Jesús  la basílica de Paray- Le Monial. [...] En 1875 Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya, a excepción de sus capitales, estaban prácticamente en manos de los carlistas. Se habían establecido ya diferentes instituciones civiles en la tierra conquistada; en Guipúzcoa se había reabierto la Basílica de Loyola, funcionaba la Universidad de Oñate, se había inaugurado pocos días antes el ferrocarril de Tolosa a Alsasua. Desde Estella , en Navarra, se dirigía la administración de las zonas de España controladas por el pretendiente. Para ello se fueron organizando diversas instituciones: ministerios del gobierno carlista, que fueron Guerra, Gracia y Justicia, Negocios Extranjeros, Estado y Hacienda. Así mismo se instalaron el Tribunal Supremo de Justicia, que llegó a redactar un código penal propio, la delegación Apostólica, concedida por el Vaticano y dirigida por el obispo de León, así como un Tribunal Diocesano y un cuerpo de Correros y Telégrafos". https://www.tradicionviva.es/2019/05/19/espana-por-el-corazon-de-jesus/


En la entrada anterior se vió que el cura Miguel de Puya se refería en su Memoria a la señorita Ana, una hija del marqués de Campoameno, artista ella que había pintado un corazón de Jesús en la iglesia de Santiago de Castilleja (1). Era doña Ana María del Rosario Carmen Rafaela Lorenza Josefa Benita Velázquez Gaztelu (2) Bernede-Beaujolais Angulo y García Navarro, V y última marquesa de Campoameno, vizcondesa de San Antón del Ariscal, nacida en Sevilla y bautizada en su iglesia de San Bernardo el 23 de marzo de 1840, apadrinada por don Juan Mancera. Ana se casó en Sevilla con don Prudencio Mudarra y Párraga (3), Senador del Reino, Caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, Doctor en Leyes y catedrático de la Universidad Central. Esta doña Ana marquesa de Campoameno falleció en Madrid el 31 de octubre de 1913, viuda y sin sucesión. Su padre el protector carlista de la iglesia de Castilleja don Rafael María Velázquez Gaztelu Angulo López de Padilla y Dávila, IV maqués de Campoameno, Caballero de la Real Maestranza de Sevilila, Doctor en Leyes, había nacido en Jerez de la Frontera el 23 de diciembre de 1809, bautizado el 25 en la iglesia de San Marcos. Se casó en Sevilla el 2 de agosto de 1844, en la parroquia de San Vicente Mártir, con doña María del Carmen de Bernede-Beaujolais, natural de Sevilla, hija de don Juan de Bernede, natural de Cádiz, y de doña María del Amparo García Navarro y Bruna. Este IV marqués de Ameno don Rafael falleció en Sevilla el 4 de diciembre de 1886. Otorgó testamento en Sevilla el 31 de marzo de 1886 ante el notario don Juan Rodríguez Bravo, en el cual declara por hijos a la dicha doña Ana María, que lo sucede en el marquesado, y a doña María del Rosario Velázquez Gaztelu y Bernede, nacida en Sevilla el 10 de febrero de 1848, fallecida soltera siendo Hermana de San Vicente de Paúl en Medina-Sidonia (Cádiz), donde fundó un convento a sus expensas.
El III marqués de Campoameno, padre de don Rafael, fue don Lorenzo María de la Caridad (1778-1848), nacido en Sanlúcar de Barrameda y casado en Jerez en 1808 con doña Ana María Angulo y Dávila, jerezana pero hija de los moronenses don Bartolomé de Angulo y Virués de Segovia, y Ana María Dávila y Guzmán, hija de don Álvaro Dávila y Anaya y de doña Ana María de Guzmán y Adorno, marquesa de Villamarta, y nieta de don Jerónimo de Angulo y Poblaciones, natural de Morón, y biznieta de don Bartolomé de Angulo y Topete, natural de Morón, y tercera nieta de don Gerónimo de Angulo Bohórquez y de doña María Teresa Topete Venegas, y cuarta nieta de don Bartolomé Bohórquez Angulo y de doña Inés Josefa Topete, todos de las familias más nobles y antiguas de Morón de la Frontera [de donde eran los abuelos de fray Antonio Vázquez de Espinosa (4)]. Para los Angulo de Morón ver Santiago Otero Enríquez. Revista de Historia y Genealogía Española, n.º 12 del 15 de diciembre de 1915.

(1) "La preciosa Capilla situada en lo que antes era sacristía* ha sido costeada por los Ilustres y Cristianísimos Señores Marqueses de Campo Ameno, y de la que vienen siendo sus patronos y en cuyo local se coloca el Jueves Santo, en un tabernáculo también de su procedencia en cuyo frente se nota el corazón de Jesús** pintado por la Señorita hija de los Señores Marqueses doña Ana". Memoria, Miguel de Puya y Granados.
* "La pequeña sacristía se encontraba al pie de la iglesia, sirviendo de obstáculo a los fieles en los días de solemnidades para que los ministros pudiesen pasar al altar mayor,  y ofreciéndose mil dificultades en el trayecto de un punto a otro, y hasta si se quiere causando irreverencias por la travecía (sic) tan dificultosa". Miguel de Puya, obra citada. Con lo de "irreverencias" debe referirse el clérigo rondeño a que se exponía peligrosamente al contacto y roce de su impoluta humanidad con los cuerpos profanos y pecaminosos de quienes, —algún o alguna, dependiendo de su orientación sexual— transitasen por tales estrechuras, obligándole a reclamar para su integridad moral una suerte de "distancia social" como en tiempos de pandemia.
** La preponderancia social de Cristo Rey sobre el mundo y sus naciones, pueblos, gobiernos, individuos, instituciones y administraciones era la directriz principal del movimiento carlista desde sus inicios. Intrínsecamente unida a esta posición sociopolíticoreligiosa estaba la devoción y culto al Sagrado Corazón de Jesús —más que otra cosa como una categoría política, fue icono de la contrarrevolución contra la Convención jacobina, y de la restauración de la Monarquía borbónica y de la Francia cristiana, como bien mostró Louis Charboneau-Lassay en sus Estudios sobre simbología cristiana: iconografía y simbolismo del Corazón de Jesús. Palma de Mallorca, 1983—. Jean-Clément Martin cuenta en Blancs et Bleus dans la Vendée déchirée (París, Gallimard, 1993) que los cabecillas y labriegos galos contrarrevolucionarios que se rebelaron en 1793 llevaban cosidas en sus chaquetas la "insigne du Sacré Coeur surmonté d´une croix" y a su alrededor lemas como "Vous qui brûlez pour moi, Coeur de mon Sauveur, donnez au mien pour vous une pareille ardeur". Construido entre los últimos meses del Segundo Imperio y vísperas de la Primera Guerra Mundial sobre el promontorio de Montmartre se elevaba un famoso Sacré-Coeur. En Italia también se extendió el culto, en contraposición a la modernidad. En la España de la Restauración canovista los hogares legitimistas se adornaban con corazones de Jesús tanto en sus interiores como en sus fachadas, y los carlistas comenzaron a defender la presencia de su imagen en círculos, talleres, ayuntamientos, escuelas y otros lugares oficiales. En el periódico La Federación del 26 de junio de 1902 se daba la noticia de que "tuvo lugar un grave conflicto, cuando más de dos mil personas cantaron La Marsellesa al paso de la procesión [del Corazón de Jesús]; hubo agresiones físicas y fueron detenidos numerosos anticlericales, entre ellos Constancio Romeo. Los dirigentes republicanos alicantinos Rico, Guardiola y Ausó intercedieron por ellos ante el gobernador civil; al ser liberados, fueron recibidos por más de mil personas", citado en Alicante en el cambio del siglo XIX al XX: secularización y modernidad. Alicia Mira Abad y Mónica Moreno Seco. Hispania Nova n.º 3, 2003.
Como pilar fundamental de la ideología, la Iglesa debía regular la vida colectiva, y Pío XI exhortaba a los hombres a volver a ubicar a Cristo en el centro de la vida social, pero el mundo moderno rechazaba la realeza del de Nazaret, y por supuesto su reinado social. El arzobispo de Valladolid Remigio Gandásegui desde 1923 pugnó por contemplar el símbolo en su singularidad más española, manteniendo la identidad católica del país. Los  jesuitas, obligados a exiliarse durante la II República con Alfonso XIII y el cardenal Segura, fueron los grandes propagandistas y defensores públicos del Sagrado Corazón de Jesús.
Un recristianizador de última generación en Castilleja: "Cuando se retiró la imagen de Jesús "descorazonado" del Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta era alcalde Eduardo Navarro Sierra, primer teniente Antonio  Oliver Rodríguez y segundo José Tovar de la Rosa; los regidores fueron Fernando López Rosales, Manuel Cabrera Oliver, Francisco Oliver Míguez, Antonio Tejada Sánchez, José Luque Rodríguez, Manuel Vega Luque y Antonio Carmona Oliver.
Luego, con el triunfo de la CEDA [Confederación Española de Derechas Autónomas], accedió al puesto de segundo teniente de alcalde Enrique Calderón Cansino (octubre de 1934), que fue además el fundador y primer presidente del partido de Acción Popular en nuestra Villa; lo primero que hizo Calderón, autoerigido "cardiólogo de la espiritualidad castillejana", fue proponer la reinstalación del Sagrado Corazón de marras, mas gracias al alcalde, el izquierdista José de los Reyes Sánchez, y a la mayoría de los concejales, le fue denegada la proposición y el retrato del fundador del PSOE siguió presidiento el salón". Historia de los apellidos, 4. Abril de 2019. Enrique Calderón Cansino tomó el testigo de la teocracia castillejera de manos del jesuita exiliado Manuel Oliver Perona (ver Historia de los apellidos, 21p. Junio de 2020). Retirar imágenes de Cristo Rey de los Ayuntamientos con mayoría republicana era lugar común, como denunciaba la prensa tradicionalista, por ejemplo El Cruzado Español de 21 de febrero de 1933 o El Pensamiento Navarro de 17 de octubre de 1931. "Durante ese año [1932] y el siguiente, la prensa carlista animó a sus lectores a celebrar solemnemente las fiestas de Cristo Rey y del Sagrado Corazón, engalanando los balcones de sus casas con las tradicionales colgaduras, con las imágenes cordícolas habituales, adornadas con flores y guirnaldas, siguiendo el decreto regio. En Pamplona comulgaron dos mil personas y por la noche se celebraron actos de consagración, con procesión de estandartes e imágenes, acompañadas de miembros del Apostolado del Sagrado Corazón. En otras ciudades la asistencia también fue multitudinaria a los templos, pero se registraron algunos incidentes como el apedreamiento de ventanas y galerías con colgaduras, amenazas e insultos por parte de anticlericales, lo que motivó la intervención de las autoridades locales, prohibiendo, en algunas ocasiones, las iluminaciones nocturnas previstas", informaba El Pensamiento Navarro del 14 de mayo y 1, 23 y 24 de junio de 1933. Para una extensión más detallada de este tema, ver Devociones para tiempos de espadas: el Sagrado Corazón y Cristo Rey como categorías políticas del movimiento carlista (1931-1936). Antonio Manuel Moral Roncal. Universidad de Alcalá, 2009.


El padre Manuel Oliver Perona demostrando la —discutible— superioridad del hombre sobre los animales. El hombre, pensaba el jesuita castillejense, era el centro de la Creación Divina, y eso le daba derechos sobre el pobre asno.



                     La casa del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar en Santiago de Cuba

(2) El tronco y origen de los Velázquez Gaztelu —gaztelu, "castillo", es castellanismo redundante del euskera— está en Domino Beltrán de Guibelalde, señor de la Casa solar de Gibelaldea, que vivió en la primera mitad del siglo XV. Su nieto Francisco de Gaztelu se casó con doña Catalina Velázquez, de la gran familia de los Velázquez de Cuéllar. Se antepuso el Velázquez al Gaztelu en recuerdo, quizás, del célebre Diego Velázquez de Cuéllar, compañero de Cristóbal Colón y conquistador de la Isla de Cuba, tío carnal de doña Catalina. Descrito como de complexión fuerte y pelirrojo, se estableció en Sevilla después de capitanear el ejército español en Nápoles. En la capital andaluza hizo amistad con Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal y de Diego. Se embarcó en el segundo viaje, que partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, y fue nombrado Adelantado mayor de "todas las tierras que descubriese e hiciese descubrir" en lo que ya se denominaba Nueva España. Su secretario fue Hernán Cortés*, a quien apadrinó en su boda y nombró como jefe de la expedición, la tercera, a dicha Nueva España. Como es sabido, Cortés, tras fundar Veracruz, rompió con el gobernador Diego Velázquez de Cuéllar. El cual murió en 1524, pobre y descontento, oscurecido ya para siempre por la gloria del futuro marqués de Oaxaca.
* De entre las instrucciones que el gobernador dio a su secretario: "no consentiréis ningún pecado público, ansí como amancebados públicamente, ni que ninguno de los castellanos de vuestra compañía hayan accedido a ayunta carnal con ninguna mujer fuera de nuestra ley". También le encarecía a evitar el juego que "origina desórdenes e induce a pecado" y a evitar el robo y la rapiña. José Luis Prieto Benavent. Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), Fundador de Asunción de Baracoa, Santiago de Cuba, San Salvador del Bayamo, Puerto Príncipe, Sancti-Spiritus, Remedios, y San Cristóbal de la Habana. Revista Hispano Cubana. N.º 9. Madrid, Enero-Abril 2001.
Como es mundialmente conocido, Hernán Cortés hizo caso omiso de tales instrucciones. "Diego Velázquez llegó a las Indias en 1493, en el segundo viaje de Cristóbal Colón. Fue soldado y colonizador de la isla de Cuba, llamada en los primeros tiempos isla Fernandina. Hernán Cortés era uno de sus soldados y el escribano de una de sus poblaciones: Baracoa. Ávido de aventura, conquistas y oro, ya como gobernador de Cuba, Diego Velázquez, patrocinó tres expediciones al continente. Una cuarta [sic] la puso al mando de Hernán Cortés. En su Instrucción, el gobernador nombró capitán de la expedición a Cortés y estableció una serie de ordenanzas a las que debía sujetarse la expedición. Una parte importante de ellas están dedicadas a la observancia de la moral cristiana, por ejemplo, el primer punto estableció la necesidad de servir a Dios y alabar la santa fe católica. En un segundo punto, Diego Velázquez le recomendó a Cortés no consentir actos carnales entre soldados y mujeres nativas "porque es un pecado muy odioso", también prohibió los juegos de azar, incluso se advirtió que serían ejecutados quienes llevasen consigo dados y naipes. Otros puntos llamaban a no robar ni buscar pendencias. El documento también recomendó no agraviar a los indios ni violentarlos con palabras "que les hagan malsabor". El objetivo principal para el gobernador de Cuba fue la búsqueda de la expedición anterior, extraviada en las costas de Cozumel, el reconocimiento pacífico de las costas y obtener "algún rescate voluntario de oro". Cabe señalar que Cortés y sus soldados violaron casi todas las ordenanzas, apenas descendió de sus barcos, Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, primer ayuntamiento de la América novohispana,  el 10 de junio de 1519. Con este acto se desembarazó de la autoridad del gobernador de Cuba y pudo aventurarse a la conquista del Anáhuac". http://www.wikimexico.com/articulo/instruccion-diego-velazquez
Siendo alcalde de Santiago de Cuba marchó Cortés en la referida tercera expedición hasta la isla de Cozumel, según escritura de 23 de octubre de 1518. Prescindiendo de Diego Velázquez, Cortés colonizó la nueva tierra y envió al monarca en España regalos en forma de oro y ornatos de pluma. Velázquez de Cuéllar, enterado, envió por su parte a sus procuradores, pero la Corona se mostró a favor del primero, otorgándole el título de Capitán General, Gobernador y Justicia Mayor de la Nueva España. ¿Podemos deducir de todo ello, con alguna base sólida, cierta enemistad entre los descendientes de Velázquez de Cuéllar —luego marqueses de Campoameno— y los de Hernán Cortés? ¿De existir esta enemistad, influiría en que dichos marqueses —carlistas y antiorleanistas, no se olvide— se decantaran por apoyar a la Plaza como castigo a la Calle Real cortesiano-montpensieriana? No hay que descartar ninguna hipótesis que pueda encaminarnos a desenredar el entramado histórico, político y social de nuestra Villa, pero la de un bloque tradicionalista en Castilleja formado por los marqueses de Loreto y los de Campoameno (de La Plaza) —con su esbirro el cabecilla José Ortíz Navarro a su servicio— en contra del otro bloque progresista formado por el duque de Montpensier (de la Calle Real) se sostiene sólidamente.
Ya viuda del jefe de la Junta Carlista Provincial de Sevilla y Capitán de Artillería Pablo Capetillo Calvo*, la marquesa de Loreto doña Nicolasa del Campo y Arthuro Jácome y Ley continuó su obra de proselitismo entre las masas alienadas de castillejanos empobrecidos que, o siguiéndola a ella interesadamente, o buscando consuelo en la farsa narcotizante de la religión, o por pura y dura inercia social, o por las tres cosas a la vez, se prestaban a toda clase de manipulaciones. En memoria del dicho capitán Pablo Capetillo la marquesa emprendió la última gran reforma decimonónica de la iglesia de Santiago, que empezóse el 26 de junio de 1883 y se terminó el 25 de julio de 1884. Debajo del coro se encuentra la cripta que albergan los restos de Pablo y Nicolasa. La solicitud del permiso de obras elevada al arzobispo de Sevilla está firmada por el Alcalde Manuel Cansino, por la marquesa, por los hermanos mayores de la cofradía Manuel Oliver y Juan Tovar, y por el señor marqués de Morante y, como no, por don Miguel de Puya y Granados. En el Archivo General del Arzobispado de Sevilla se encuentra la petición y la autorización: "El provisor Juez Eclesiástico, Vicario capitular sede vacante. El infrascripto cura propio de la iglesia parroquial de Santiago de esta villa, la Excelentísima Señora Marquesa de Loreto, el Señor marqués de Morante, el Señor Alcalde Primero del municipio, los mayores contribuyentes, los hermanos mayores de la Hermandad Sacramental de la dicha parroquia y vecinos, a Vuestra Señoría Ilustrísima, con todo respeto dicen:
Que teniendo proyectado restaurar la misma parroquia mencionada, apoyados en las limosnas del pueblo creyente, y necesitando la venia de V.S.I., les conceda dicha gracia para beneficio de la casa de Dios y bien de sus vecinos, los que quedan en el deber de pedir al altísimo Señor que la vida de Su Señoría Ilustrísima muchos años.
Castilleja de la Cuesta y junio 20 de 1883. Miguel de Puya. José María Lara. Emilio Ollegui. Francisco Ortiz. Alcalde 1º Manuel Cansino. La Marquesa de Loreto. Manuel Oliver. Juan Tovar.
Sevilla 20 de junio de 1883.
Concedemos la autorización que los señores exponentes solicitan; a condición de que las obras se ejecuten bajo la dirección facultativa del Arquitecto de la Mitra. Así lo decretó y firma el Señor Vicario Capitular del Arzobispado; de que certifico".
"El genearca de esta familia fue el comerciante flamenco llamado Jacobo van de Velde Mestere,​ natural de Brujas, que castellanizó su nombre a Diego del Campo y Maestre.​ Era hijo de Gabriel van de Velde y de Caterina Mestere, nieto por el lado paterno de Pedro van de Velde y de Margarita Sanchlyre y por el lado materno de Rosano Mestere y Magdalena Aernoust, todos de Flandes. Fue un coleccionista de arte que después heredaron y ampliaron sus descendientes. Había casado en tres ocasiones. La primera con Mariana Josefa Nate.​ Después de enviudar, contrajo un segundo matrimonio el 14 de febrero de 1684 con Bernarda Laureana de la Cuesta y Saavedra, viuda de José de Hita y madre del primer marqués de Loreto.​ Su segunda esposa falleció en 1700 y su viudo volvió a casar el 13 de junio de 1702 con Ana Rodríguez de Salamanca [o Rodríguez de las Varillas] y Solís". (Wikipedia). Ver El patrimonio artístico del I marqués de Loreto (1687-1772) y de la familia Del Campo. Teodoro Falcón. Laboratorio de Arte, 19. 2006. Universidad de Sevilla.
Nicolás Felipe del Campo Rodríguez de las Varillas de Salamanca y Solís (1725-1803), II marqués de Loreto, coronel de milicias, mariscal de campo, virrey y capitán general en el Río de la Plata (Buenos Aires), tuvo un hermano, Benito José, que se casó con María de la Soledad Linden Colarte, hija de los marqueses de Tablantes Pedro Linden y Antonia Engracia Carrillo de Albornoz.
Pablo de Capetillo y Calvo, Capitán de Artillería, Alférez de Escuadrón de Artillería de la Guardia Real, dedicada a la protección del rey y de la familia real. Se dió Real Orden el 19 de abril de 1834 para casar con Nicolasa del Campo Arthuro Jácome y Ley, bautizada el 11 de junio de 1813 en la parroquia Castrense de Cádiz. Sus ancestros eran de Sevilla y de San Fernando. "El 7 de octubre de 1841, durante la minoría de edad de la reina Isabel II y siendo regente el general Espartero, los generales Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen y Diego de León asaltan el palacio con la intención de derrocarlo y secuestrar a la pequeña Isabel [entonces en compañía de su hermana María Luisa Fernanda. En próxima entrada veremos aquel episodio]. La guardia exterior les permitirá el paso, pero en el interior, tuvieron que enfrentarse a los Alabarderos [de la Guardia Real] en la Escalera de Embajadores y los generales sublevados fueron derrotados". (Wikipedia).
Carlos, hermano de Pablo, Capitán de Infantería, con Real Orden de 3 de julio de 1834 para casar con Josefa Barrado La Gree Ruiz y Rey, bautizada el 27 de junio de 1806 en San Fernando (Cádiz). Sus ancestros eran de Pelaport (Francia) y de Cádiz. Carlos, ya de Teniente Coronel Graduado de Infantería, se casó en segundas nupcias con Joaquina de León de Hueto Le-Roux y de Ribas, bautizada el 5 de enero de 1815 en Sevilla, parroquia de Santa Cruz. Sus ancestros eran de Lorca, de Sevilla, de Pamplona y del Puerto de Santa María. Ver Enrique de Ocerín. Genealogía y Heráldica, Volumen 8. Madrid, 1967.
En cuanto al marquesado de Morante, uno de cuyos titulares contribuyó en 1883 a la reconstrucción de la iglesia castillejana de Santiago como acabamos de ver, el teniente de navío Antonio Muñoz-León y Álvarez-Ossorio heredaría el título por fallecimiento de su madre doña Elena Álvarez-Ossorio y García de Tejada, quien lo obtuvo de su hermano Rafael. En 2007 pasó a un sobrino del marino, Pablo Muñoz-León de Rojas. El marido de doña Elena, militar, murió durante el Golpe de estado franquista: "Esquela de aniversario de don Pablo Muñoz León, Comandante de Estado Mayor, vilmente asesinado por las hordas marxistas en la madrugada del 4 al 5-noviembre-1936". (Movimiento nobiliario 1931-1940. José Miguel de Mayoralgo y Lodo). Marqués de Morantes era don Eduardo García de Tejada y Abaurrea**, domiciliado en Sevilla según la Guía Zarzuela de 1878.
* En la Relación de vecinos de Sevilla que fallecieron en el año de 1877 (Guía de Sevilla. Volumen 14, 1878, Manuel Gómez Zarzuela) aparece don Pablo de Capetillo y Calvo, propietario, vecino de Castilleja de la Cuesta, el día 4 de mayo. Uno menos de los 1.301 que tenía nuestra Villa en dicho año. Un mes antes del óbito del teócrata Capetillo, el 7 de abril, había fallecido doña Cecilia Böhl de Faber, Fernán Caballero, en la calle Juan de Burgos (ver nota 1 infra el pleito de Pedro Feito Parrondo).
** "Entre los cadetes que inauguraron el Colegio de Caballería  hubo también un joven sevillano quien hasta su muerte en 1872 mantuvo cierta vinculación con nuestra ciudad y participó asimismo en algunos hechos memorables durante su carrera militar. Se llamaba Carlos García de Tejada y Abaurrea.
Nacido en la capital hispalense el 2 de enero de 1833, fue bautizado el día siguiente en su Parroquia de San Andrés. Pertenecía a una de las familias más destacadas de la sociedad sevillana.
En su padre, Lorenzo García y Molviedro, Comisario de guerra con honores de Comisario Ordenador de los ejércitos y Caballero de la Orden de Carlos III, confluían el linaje de los García de Tejada, cuyo prestigio aun pervive en Sevilla, y el de Molviedro, apellido representativo de uno de los personajes que más contribuyó en las reformas urbanísticas de la Sevilla del Siglo XVIII. El bisabuelo paterno de nuestro cadete fue en efecto Manuel Prudencio de Molviedro, quien adquirió en subasta los terrenos de la zona conocida entonces como de la Laguna [de la Pajería, donde se concentraban los prostíbulos sevillanos], los desecó, saneó y urbanizó. [...] La madre de nuestro cadete se llamaba María de la Soledad Abaurrea y Gómez. Su padre Miguel Joaquín de Abaurrea aunque navarro de origen casó con la sevillana Marta Gómez y se afincó en Sevilla dando origen a la rama andaluza de los Abaurrea. Por aquellas fechas Fernando VII le había nombrado Contador Principal del Ejercito en el Principado de Cataluña". http://porlascallesdealcala.blogspot.com/2010/12/de-cadete-en-el-colegio-de-san.html

El I marqués de Morante fue Joaquín Gómez de la Cortina (México 1805- Madrid 1868), humanista, catedrático de la Universidad de Alcalá y uno de los fundadores de la Universidad Central. Murió soltero: "Declaro que soy soltero y que no he tenido ni tengo compromiso alguno, ni celebrado esponsales de futuro, y por consiguiente carezco de descendencia legítima e ilegítima, sin que nadie pueda titularse hijo mio natural", dejó dicho en su testamento.


Placa conmemorativa de las obras de reforma en la iglesia de Santiago, a expensas de la marquesa de  Loreto.



                 La capilla del Sagrario en la iglesia de Santiago, propiedad de la marquesa.

(3) Hijo de Rafael Mudarra García, natural de Pilas (Sevilla) y de Pilar Párraga Garfias, natural de Sevilla, y nieto de José Mudarra, también de Pilas, y de María García, natural de Aznalcázar (Sevilla). Pilar Párraga Garfias era hija de Francisco Párraga, guarnicionero natural de Estepa (Sevilla) y de Dolores Garfias, natural de Sevilla. Los padres del guarnicionero fueron José Párraga y Juana Fernández, ambos de Estepa, y los de su mujer Dolores Garfias fueron Teodoro Garfias e Inés (o Trinidad) Guzmán, ambos de Sevilla.

(4) Por marzo de 2020 me trasladé a Morón de la Frontera* en pos de recolectar documentación de los ancestros del carmelita fray Antonio Vázquez de Espinosa. Ya se respiraba en el aire cierta aprensión a cuenta del coronavirus, y todo el mundo en la estación rehuía el contacto corporal. En el autobús los escasos viajeros guardaban silencio. Al rato por la ventanilla la sierra de Esparteros con la blancuzca dentellada de las canteras de cal me anunció el final del viaje. Al llegar a mi destino crucé la población preguntando por el archivo municipal, que resultó estar en el Ayuntamiento, pero en trance de integración con el histórico de la villa, de forma que no pude acceder a la documentación. En este último, situado en la biblioteca, cerca de la Casa de la Cultura, pude fotografiar algunas páginas de revistas locales que me proporcionó el amable archivero, con la indicación de que hasta dentro de unos meses no se habría culminado la dicha integración y que hasta entonces los legajos eran inaccesibles. A media mañana comencé a callejear subiendo hacia la zona del castillo árabe. El cielo estaba limpio, azul, y la temperatura agradable aunque augurando calor al mediodía. Había poca gente por las calles y en el promontorio de la ruinosa fortaleza nadie. Me detenía a ratos en plena ascensión bajo la sombra de los majestuosos pinos que la habían proporcionado a محمد بن نوح  el rey de la taifa de Morón** muchos años antes que a mí; la ciudad se extendía sobre la llanura y las cigüeñas en dos nidos de la torre de la iglesia de San Miguel***, que se alzaba abajo, comenzaron a tabletear con sus picos. Extraje la flauta de la mochila y les silbé un aire en la escala alta que hizo que una de ellas levantara el vuelo y que, alba con las puntas de las alas negras recortadas con nitidez por la luz limpia, trazara un planeo de inspección sobre la ladera y mi cabeza. La saludé braceando, me ignoró, y seguí la ascensión que, serpenteante, me condujo a la cima de la colina.
El castillo se reducía a algunos paños de murallas semiderruidas en los que algunas pintadas de gente reivindicativa reclamaban a los políticos su restauración. Una bandada considerable de negros cuervos lo circundaba graznando. Un torreón en el centro, el del homenaje, cerrado a cal y canto, servía de soporte a un par de anacrónicas antenas telefónicas. Desde lo alto de un trozo de muralla la caída era impresionante, con un roquedal lívido al fondo como unas mandíbulas abiertas, que hacía pensar en desgraciados despeñados siglos atrás, acaso mediante un empujón inesperado o con el cuello seccionado por el puñal traidor. Volví a la ciudad por la ladera contraria. la vereda del Castillo, que dejaba ver los barrios marginales y la sierra sur sevillana dulce, azulada y ondulante, un océano quieto, pacífico y amoroso, y fui bajando, en un estado mental de paz e indiferencia, por las calles hacia el centro. Los cuervos habían desaparecido, pero un extraño ronquido me hizo observar el cielo y a un aparato volador anaranjado que parecía ser un dron, pero que resultó un extraño avión bimotor probablemente de la cercana base aérea. Ya en la población, los parroquianos en los veladores de los casinos tomando el aperitivo me recordaron a los caciques rurales de los primeros tiempos de la Dictadura****; había muchas amas de casa arrastrando carritos de la compra, ataviadas con la ropa del sello mediano que caracteriza a los andaluces situados socialmente entre los campesinos de los pueblecitos agrícolas, de descaradas e invasivas miradas, y los ciudadanos de capitales, egoístas y ensimismados. Descansando en un banco de la plaza Meneses me abordó un sujeto borracho portando una botella de cerveza de litro, hombre de mediana edad moqueante y lloroso que balbucía una historia de enfrentamientos con la policía, de cortes de agua y luz eléctrica por impago, de desahucio y de hijos hambrientos. Tomé también yo alguna cerveza ya entrando la tarde en bares repletos de oficinistas y empleados, el Rematares y el bar La Carrera, almorcé de lo de mi fiambrera en la plaza Jardín de la Carrera, donde mientras llegaba la hora de la salida del autobús a Sevilla soplé un rato la dulzaina —el "Quítate de mi presencia" de Rosalía impresionó a dos muchachas***** que jugaban con su perrito "Papi"—, e hice un boceto de un quiosco cuya forma llamó mi atención, y posteriormente me dirigí a la parada.
* Medio moronense, de madre natural de esta localidad apellidada González, fue un vecino y amigo íntimo de la infancia y juventud de quien esto escribe, fallecido en Gines en muy trágicas circunstancias.
** Muhammad ben Nuh ben Abu Tarid ad-Dammari, llamado Izz al Dawla, al cual mató al-Mu‘tádid en Sevilla, atrayéndolo a ella mediante engaños en el año 449H (10 de marzo de 1057 - 27 de febrero de 1058): "Los aprisionó [al-Mu‘tádid a él y a sus aliados Abdún Jizrun de Arcos y Abu Nur Abi Qurra de Ronda] en su alcázar, a fin de tenerlos bajo su vigilancia, y les hizo pasar estrecheces con sus subsistencias. Los grillos les estaban (de tal forma) apretados que les hicieron llagas en las piernas, hasta el punto de que ninguno de ellos podía ir con los pies trabados a hacer sus necesidades; hasta que, (en fin), hombres de la hez del pueblo se encargaron de (aqu)ello, para que (así) gustaran otro castigo ejemplar llevarlos". Crónica anónima de los Reyes de Taifas. Traducción de Felipe Maíllo Salgado. Editorial AKAL, 1991.
Tras liberar al de Ronda, el rey sevillano, fingiendo reconsiderar su acto contra los otros dos, les ofreció un suculento banquete y luego los hizo acompañar al Baño de los Pergamineros, —Hamman ar-Raqquaqin—. Cuando entraron ordenó a los esclavos tapiar la puerta con ladrillos y cal y al calderero que avivara el fuego. El baño quedó inutilizado hasta que los almorávides, hacia septiembre de 1091, entraron en el Alcázar sevillano, aunque las crónicas no dicen si estos nómadas saharianos seguidores del emir Yúsuf ibn Tašufín (1010-1106) encontraron en el hamman los restos del arcense y el moronense. Habían sitiado la ciudad durante varios meses, y al entrar en ella la saquearon.
La fallida estrategia defensiva de la capital andaluza consistió en aliarse con Alfonso VI de León (1041-1109), maniobra política que tuvo como consecuencia, además de la cesión de una serie de importantes fortalezas fronterizas, el que Zaida, la viuda del hijo de al-Mu‘támid, hijo a su vez de al-Mu‘tádid, fuera enviada al mentado Alfonso, con el cual tuvo al heredero leonés Sancho Alfónsez.
*** Un antiguo alminar, ya que San Miguel fue mezquita.
**** "Al llegar a Salamanca / lo primero que se ve / es a los perros fascistas / sentados en el café", reza la cancioncilla republicana.
***** Muchachas del tipo choni (adjetivo: chabacano, vulgar; mujer joven que pretende ser elegante e ir a la moda, aunque resulta vulgar. RAE).


                                       El castillo de Morón a vista de cigüeña circunspecta


                              Apunte a lápiz del quiosco estanco de tabacos de la plaza Jardines de la Carrera de Morón de la Frontera. Al padre de fray Antonio Vázquez de Espinosa le enviaron desde Indias cargas de tabaco. "Declara que Juan Vázquez su hijo le envió con Cristóbal Moreno (1), vecino de Triana, 20 cueros de vaca y 435 libras de tabaco para que el susodicho las vendiese y entregase a este otorgante el dinero procedido, y dicho Cristóbal Moreno vendió los cueros a 26 reales cada uno y el tabaco a 1 real y medio la libra, y no le ha entregado maravedíes ningunos de todo ello". Testamento de Juan Vázquez de Morón, en Historia de los apellidos, 20o. Octubre de 2019.

Extrañado por la carencia de noticia alguna sobre el baño de los Pergamineros en el alcázar sevillano, me he puesto a indagar. Hubo un arrabal cordobés, llamado de Los Pergamineros. Dice Rafael Castejón (1) en Notas de topografía califal: Racáquim y el arrabal de los Pergamineros, con la intención de fijar la verdadera traducción de "Pergamineros": "Basados en `racq` (2), la raiz árabe de `racáquim`, que equivale a adelgazar, afinar, manufacturar láminas, hojas o materias planas, los historiadores y arabistas del siglo pasado tradujeron el Ar-Rabd ar-racáquim, de la Córdoba califal, que aparece repetidamente citado en las crónicas de esa época, como `arrabal de los pergamineros` (3). [...] Recordemos que ya el Emir Arslan (4), en 1929, nos había dado una nota que decía textualmente: `Rukak es una especie de pan, muy fino y largo, de mucha blancura, con cuya masa se hacen a veces dulces en Oriente. Rakkak, es el que hace este pan, y rakkakin es el plural`. Con esta traducción, hecha por un árabe nativo, de fina estirpe literaria, quedaba desvirtuada la errónea traducción de `pergamineros` que había sembrado la confusión en la topografía histórica de Córdoba, porque los pergamineros o curtidores siempre estuvieron en los arrabales orientales, junto al lugar del río Guadalquivir que aún sigue llamando ´las pelambre` el buen pueblo de Córdoba. [...] La verdadera traducción de `racáquim`, como veníamos diciendo, sería la de `panaderos, torteros o confiteros, acaso  hojaladreros`, con toda exactitud.
Ha venido a confirmar esta traducción unos de los textos a que antes hemos aludido, que es nada menos que el III tomo del Muqtabis, de Aben Hayán (5) [...] He aquí el párrafo: `Otra anécdota que de él (el Emir Abdallah) nos relata su nieto Abderrahman es la siguiente: su abuelo le había ordenado le redactara una carta a uno de sus ámeles en la cual el Emir le pedía algo muy intrincado. La redacción de esa carta no era en realidad más que una prueba a la cual sometía al joven príncipe, cuya inteligencia y amor al estudio advertía. Abderrahman empleó todos sus recursos y habilidad en la redacción de dicha  pieza epistolar, acertando en la interpretación de los deseos de su abuelo, quién, al pasar la vista por ella, se complació muchísimo, felicitó al amanuense y luego le dijo: levántate, Abderrahman, y saca de ese arca una gallina con todo lo que tiene de pan ruqaq, que me habían preparado para el desayuno, te la cedo por tu merecimiento`. Con el párrafo transcritoi queda confirmada la elaboración en Córdoba del pan `ruqaq`. [...] Queda, pues, sentado, que el `pan ruqaq` se elaboraba en Córdoba, y que su consumo en el alcázar y seguramente por clases elevadas, daba lugar a que muy cerca del alcázar radicara el arrabal de los panaderos (ar-racáquim)". Y resume Rafael Castejón: "El arrabal de Racáquim, significa en árabe el barrio de los Panaderos o pasteleros, y estaba al poniente de Córdoba, junto a Bab all-atarin o Puerta de Sevilla".

(1) Rafael Castejón y Martínez de Arizala (Córdoba 1893 - id. 1986) fue veterinario insigne, historiador y arabista. "Castejón fue uno de los partidarios del proyecto de «purificación» de la Mezquita de Córdoba consistente en trasladar piedra a piedra toda la catedral cristiana. En un artículo que apareció en el ABC del 13 de septiembre de 1972, afirmó que desmontar un edificio «es cuestión sólo de técnica y dinero»". (Wikipedia). Republicano con Alejandro Lerroux, formó parte de la candidatura de Alianza Republicana en febrero de 1936, con el triunfo  del Frente Popular, consiguiendo más votos que el cabeza de lista Eloy Vaquero Cantillo. Por esa época pasó a dirigir el diario lerrouxista La Voz. El 18 de julio fue detenido y encarcelado en el Alcázar de los Reyes Cristianos: "Me llevaron al Alcázar. Yo esperé que me fusilaran algún de aquellos días. Ninguna autoridad me tomó declaración ni me acusó de nada, y acabaron deportándome a Pontevedra. El sector  que a mí me persiguió, dicho sin ambages, fue el Arma de Caballería. Yo como veterinario, había defendido siempre que la cría caballar y yeguada no fueran militares, sino que dependieran del Ministerio de Agricultura como en otros países. Los militares de Caballería de Córdoba tenían una espina clavada contra mí".

(2) En efecto, racq, رقّق en https://www.almaany.com/es/dict/ar-es/laminar/ es laminar. Aunque en el Diccionario Avanzado de Árabe de Federico Corriente e Ignacio Ferrando con tal raíz encontramos ruqaq,, pan sin miga, barquillo o galleta, también está raqq, plural ruquq, pergamino, hoja, y en los neologismos raqiqa, lámina, hoja, y raqqaqa, laminadora. Debería ser Felipe Maíllo, el traductor de la Crónica anónima de los Reyes de Taifas, quien nos aclarara con más precisión en sus notas el nombre verdadero del baño sevillano donde murieron los dos reyes. Cierto y verdad que ni por Pergamineros ni por ar-racáquim encontramos nada que se relacione con el Alcázar de Sevilla en general ni mucho menos con un hamman en él en particular. En la página 30 de su edición (AKAL Universitaria, 1991) escribe Maíllo entre guiones: "—se le conoce como Hamman ar-Raqqáqin (el Baño de los Pergamineros)—", sin que se pueda saber si es una anotación suya o si es traducción del original, pero en cualquier caso vierte ar-Raqqaqin como Pergamineros, y es así que ni por panaderos ni por pergamineros se encuentra ningún lugar al respecto, como queda dicho.

(3) Estos traductores fueron Francisco Javier Simonet y Baca (1829-1897), Eduardo Saavedra y Moragas (1829-1912), Miguel Lafuente Alcántara (1817-1850) en su traducción del Ajbar Machmua, y Aḥmad ibn Muḥammad al-Maqqarī al-Tilmisānī en su Nafḥ al-ṭīb, un compendio de la historia de Al-Andalus.

(4) El Emir Chekib Arslan fue autor de Al-Hulal al-sundusiyat fi al ajbar wa al-atar al andalusiyat (La túnica de seda fina, o noticias y recuerdos españoles. Itinerario español alrededor de todo lo que hay en aquel paraiso perdido). Edición de Muhammad al-Mahdi al-Hababi. Librería Fez.

(5) Al-Muqtabis, de Ibn Hayyan, tomo III. Chronique du regne du Caliphe Umayade Abd Allah a Cordoue. Texto árabe publicado por primera vez según un manuscrito de la Bodleienne, con una introducción por el P. Melchor M. de Antuña*, O.S,A. XXII págs. de texto francés y 175 págs. de texto árabe. 1937. París.
* "Víctima de la ferocidad roja en la guerra civil española" (Castejón dixit).



Durante el periodo de la adminstración supraterrenal de Castilleja en manos del cura Puya la pobreza hacía estragos (1). Familias enteras sin hogar transitan los caminos, cobijándose en covachuelas, edificios ruinosos, bajo puentes y alcantarillas o en precarias chabolas, alimentándose del bodrio hervido de las sobras de las mesas de los frailes conventuales, pidiendo limosna a las puertas de las iglesias o en las esquinas de los palacios. Nutrían los batallones de muchachas a las órdenes de los proxenetas de la Laguna de la Pajería de la capital innumerables muchachas hundidas en la miseria, y los índices de delincuencia se disparaban a costa de los jóvenes adolescentes que, sin futuro y sin esperanzas, se adscribían a cuadrillas de malhechores del Arenal, movidos por la más descarnada necesidad. El hambre dueña de los estómagos instaba a niños y mayores famélicos al robo cotidiano. A la vez que ante tal estado de cosas la reacción de las clases pudientes del pueblo era cada vez más dura y despiadada. La iglesia, instrumento de estas últimas para mantener la paz social, se prestaba en cuerpo y alma al juego estratégico, predicando con machaconería a los desfavorecidos la virtud de la resignación cristiana o, en muchos casos, actuando como un martillo de presión contra ellos. En su novela Gloria —ambientada en los años que nos ocupan—, el escritor Benito Pérez Galdós nos presenta a un personaje, Silvestre Romero, cura de Ficóbriga, que en todo punto podría ser el alter ego de Puya y Granados: "Don Silvestre era hombre rico. Además de que poseía regular hacienda heredada, se había dado maña para adquirir algunas mieses, prados y, por último, una hermosa finca de bienes nacionales. Vivía con comodidad [...]. Cuando le escribieron para que trabajase en las elecciones, realizó estupendas maravillas. Su regular hacienda, el prestigio de que gozaba en el pueblo, su carácter jovial y caballeroso le hacían único para acaudillar huestes de electores y mangonear eficazmente en la comarca. Ponía con tanto ahínco su voluntad y su influencia al servicio de la causa política, que durante los azarosos días en que los ficobrigenses ejercitaban el más importante de sus derechos, el buen don Silvestre no paraba en el bosque, ni en la playa, ni en la sacristía, ni en su casa, sino que, cual poseído del demonio, o enamorado, corría de una parte a otra sin descanso. Viéraisle allí emplear doctamente ora la astucia, ora la amenaza; con este la ruda coacción, con aquel el malicioso soborno*, y de este modo someterlos a todos a su arbitrio.
Con tales experiencias adquirió Romero acabada maestría en el arte de elegir, que nunca ha sido fácil, que a muchos empequeñece, pero que al cura de Ficóbriga, por su mucho ingenio y sutileza, le ponía en los cuernos de la luna. Montar a caballo, andar seis o siete leguas con frío y nieve en busca de Fulano para comprometerle; tomar la delantera a los contrarios acumulando recursos sin aumentar por eso de un modo escandaloso la tarifa de gastos electorales; realizar el portento de la multiplicación de los panes y de los peces aplicado a las cédulas de votar, eran otros tantos arbitrios que aumentaban la valía de don Silvestre". Don Silvestre aparece en la citada novela de Galdós, más adelante, en diálogo con un joven periodista contrarrevolucionario y cínico aspirante a un puesto en la política, Rafael del Hoyo, que está a sueldo de la oligarquía y que entiende el catolicismo de la manera más práctica:
" —Entendámonos, señor cura. Yo creo que sin religión no hay sociedad posible. ¿Adónde llegaría el frenesí de las masas estúpidas e ignorantes si el lazo de la religión no enfrenara sus malas pasiones?
A lo cual el cura, riendo, contestó:
—Pero en esto de creer hay algo más que un freno para contener a los ignorantes. Los ilustrados y los sabios deben acrisolar su fe con el estudio.
—Así debiera ser —dijo Rafael—. Conviene que todos contribuyamos a reservar sólida y firme esta base del edificio social. Si la religión desapareciera, los demagogos y petroleros nos declararían una guerra a muerte. Es una cosa que espanta.
—Tremendo, sí.
—Por eso yo soy de opinión de que sigan las misas, los sermones, las novenas, las procesiones, las colectas y todos los demás usos y ritos que se han creado para coadyuvar a la gran  obra del Estado, y rodear de garantías y seguridades a las clases pudientes e ilustradas.
—Según usted —observó el cura dando rienda suelta a su jovialidad—, las prácticas religiosas no son otra cosa que una especie de instrumento correccional contra los pillos. Pero, señor don Rafael de  mi alma, desarrollando su sistema de usted, debiéramos decir: "Suprímase la religión y auméntense los presidios."
—¡Oh!, No bromee usted y tenga presente que aquí hablamos en confianza y que esto no sale de los dos. ¡Bueno andaría el mundo sin religión! ¡Benditas sean mil veces las creencias que nos legaron nuestros padres y la fe en que fuimos criados! ¡Qué dulce es la religión!... ¡Las mujeres tienen en ella tales consuelos!... Se muere una persona de la familia, madre, hermano, niño, y ellas creen que la verán después y que el difunto se está paseando por encima de las nubes, y si es niño, correteando y enredando de estrella en estrella. La religión debe existir siempre, siempre, y existirá".
* Como suele ocurrir siempre en épocas de penuria económica, el derecho de sufragio, así como el honor de sus hijas e hijos, se habían convertido para los pobres en mercancía dispuesta a la venta al mejor postor.

(1) En el Juzgado en la Plaza de la Constitución número 11 —luego en la calle de Enmedio número 5, y después en la Calle Real— se producía a diario un entrar y salir de demandantes y demandados por deudas o hurtos y conflictos relacionados con la pobreza material que padecían sus protagonistas.. De algunos de ellos, para dar una idea del panorama sociológico de nuestra Villa y por el interés de los detalles domésticos que aportan las denuncias, transcribo y extracto demandas y juicios incoados en Castilleja de la Cuesta, en este periodo montpensieriano a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX:
— Acta de juicio verbal de faltas. Don Francisco Rodríguez Navarro contra María del Rosario Cabrera Negrón. En la villa de Castilleja de la Cuesta a 6 de diciembre de 1867, constituido el Sr. Alcalde don José de Chávez Caro en la sala de juicios, asociado del Caballero Regidor Síndico don José Ortiz Navarro* y por nuestra presencia, los infrascritos hombres buenos, ha comparecido don Francisco Rodríguez Navarro manifestando: que en la mañana de este día llegó a su establecimiento de tienda de especería María del Rosario Cabrera Negrón, mujer legítima de José Espinosa Rodríguez, y después de pedirle le despachara un poco de tocino, de pronto le dijo que había hecho una cochinada con el citado su marido en quitarle la tierra que llevaba arrendada en este término al Pago de las Longueras, pues dicha tierra le pertenecía al relacionado su consorte en renta en razón a que hacía años la tenía, y que ahora lo habían echado de mala manera, por cuya causa le repitió por varias veces que era una mala acción y una cochinada la que se había hecho con su esposo. Presente así mismo la María del Rosario Cabrera Negrón asistida de su marido don José Espinosa Rodríguez e instruida la denuncia, ha contestado: que con efecto le dijo que se había hecho una cochinada y una mala acción con su esposo por razón de haberle quitado la tierra; pero también es cierto que el don Francisco Rodríguez Navarro le contestó mal, pues le dijo que se marchara, que era una indecente. El denunciante replica que no es cierto que semejante expresión de indecente le dijera a la María del Rosario Cabrera. Y no presentándose por las partes ningún testigo de defensa, por la del Sr. Regidor Síndico se expone: que apareciendo como desde luego aparece ser un hecho cierto la injuria leve y de palabra inferida por la María del Rosario Cabrera Negrón al don Francisco Rodríguez Navarro, cometiendo la falta que marca el párrafo cuarto del artículo cuatrocientos noventa y tres del Código Penal vigente, propone: que al tenor de lo que este artículo prescribe, le sean impuesto a la Cabrera Negrón dos días de arresto, al pago de las costas de este juicio, y la correspondiente reprensión. El  Señor Alcalde, vista la denuncia, la declaración de conformidad de la acusada que no ha desvirtuado en nada la certeza de los hechos relacionados por el denunciante, vista la acusación del Síndico y de conformidad con su dictamen, falló: que estando probada cual probarse debía la injuria leve hecha por la María del Rosario Cabrera Negrón a don Francisco Rodríguez Navarro, debe de condenar como condena a la primera en dos días de arresto en Sala Capitular, mantenida a sus expensas, en las costas de este juicio, y después en la correspondiente reprensión; dando por concluido el acto, que firma con los concurrentes que saben hacerlo, de todo lo cual certificamos.
* El capitán carlista capturado en Valverde del Camino, al cual nos hemos referido en repetidas ocasiones como secuaz del marqués de Loreto y del marqués de Campoameno.


                                                Firmas del Alcalde y del Síndico

— El barbero sangrador Juan Antonio Moreno García, viudo, denunció el 29 de noviembre de 1866 a Miguel Goncet Parra y a Francisco Jiménez Oliver, casados y jornaleros, por impago de alquileres de casas; el primero le debía 90 reales de 10 meses de alquiler, y el segundo 125 de 5 meses. Y además pidió al Juez que desocuparan dichas habitaciones porque las iba a contratar con otros inquilinos con mayores garantías. El día 1 compareció el demandado Francisco, quien dijo que Miguel Goncet no asistía porque estaba ebrio. Poco después se presentó. Alegaron deber solamente 42 reales por 4 meses Miguel, y 100 reales Francisco, que pagarán en el momento que echen a trabajar, y que desocuparán las casas en el momento que encuentren otra habitación, "para lo cual desde hoy practicarán eficaces diligencias para haber de conseguirlo". El sangrador se conforma, a condición de que le dejen libres las casas. El Juez falla el 2 de diciembre que Miguel pague 44 reales y Francisco 100, que abandonarán las casas en el plazo de 15 días, y que las costas del juicio son de mancomunidad.
— Lorenzo Rubio Bárcenas*, vecino de Sevilla, casado, propietario y empleado, demanda el 5 de agosto de 1867 a Juan Manuel Luque Cabrera y a Francisco López Rodríguez, casados y jornaleros del campo, el pago de 47 escudos y 500 milésimas de 5 meses de alquiler de una casa en la calle del Convento número 3. Ahora el Juez es el sangrador anterior (v.s.) Juan Antonio Moreno García. Al día siguiente, el del juicio, los demandados ya han abonado 28 escudos y 500 milésimas de la deuda. Juan Manuel dice que terminará de pagar su parte el próximo domingo día 11, y Francisco que lo hará el último día del presente mes. El actor accede, pero tras un año de espera, el 3 de septiembre de 1868 ha de solicitar al Juez el pago, exigiendo que se embarguen los bienes de los demandados, y nombra por su representante al capitán Francisco Oliver López su cuñado, porque sus muchas ocupaciones no le permiten pasar a esta Villa. Una semana después el Juez amenaza a los demandados con el embargo, y la deuda asciende ya a 62 escudos con 600 milésimas, mas las costas causadas y por causar. Los deudores manifiestan que en el momento les es imposible pagar, consignar ni prestar fianza, por carecer de medios para ello. No obstante al día siguiente entregan al capitán 28 escudos, por lo que se les concede una prórroga hasta el 15 de octubre. Acto seguido los demandados presentan por su fiadora a Ana María Rodríguez Negrón para que responda por los 34 escudos y 600 milésimas restantes, la cual se obliga a responder con sus propios bienes, con lo que se da por terminada la diligencia.
* Lorenzo Rubio Bárcenas era natural de Ceceda (Concejo de Nava en Asturias) y estaba casado con Concepción Oliver López, natural de Castilleja de la Cuesta. Los padres de él fueron Antonio Rubio y Vicenta Barcenas, también de Ceceda; y los de ella, Manuel Oliver y Francisca López, naturales de Castilleja. Lorenzo y Concepción vivían en Sevilla en la calle de la Borceguinería n.º 7. El 20 de junio de 1857 les nació una niña a la que llamaron María de la Concepción Inés Reyes de la Santísima Trinidad, bautizada el día 24 en la parroquia del Sagrario. En 1875 encontramos al matrimonio, él ya con 52 años de edad, viviendo en la calle Atarazanas n.º 4 de dicha parroquia del Sagrario.
"Este pueblo [de Ceceda], situado en una pequeña colina a la márgen izquierda del río Piloña, está comunicado actualmente por el ferrocarril de vía estrecha Oviedo-Santander y por la N-634.Pero antiguamente los medios de comunicación de las vecinas y vecinos de Ceceda estaba limitado a una diligencia tirada por caballos que circulaba por los caminos del valle a la orilla del río.Además de transportar pasajeros traía el escaso correo. Un día, por causas que se desconocen, llegó a la posta un barril de madera con un letrero "contiene escabeche". Durante varios días, tal vez meses, nadie pasó a recogerlo. Cuando por fin se decidieron a abrirlo, vieron con sorpresa, que en su interior había restos humanos.Desde entonces los habitantes de Ceceda fueron conocidos como "escabecheros". http://www.tuperiodicodigital.com/articulo.php?id=452
 — Antonio López Villadiego, vecino de la Calle Real n.º 21, de oficio del campo, demanda el 22 de septiembre de 1869 a Manuel Cabrera Oliver, vecino de la misma Calle y con el mismo oficio, sobre que le abone 56 reales procedentes del trabajo personal que le ha hecho por la guardería de una viña en Gines. Manuel acepta pagar y dice no querer nada con la justicia.
— Juan Riestras, empleado que vive en la calle de Enmedio n.º 5, apodera a Diego Muñoz el 12 de agosto de 1870 ante el doctor Antonio Valverde para que cobre de Juan Rodríguez Tovar, que vive en la calle del Convento n.º 7, 130 reales que le debe de 5 meses de alquiler de su vivienda. En la demanda de fecha 10 de noviembre de dicho año de 1870 Juan dice que no puede pagar y pide se le concedan dos plazos. Que le son concedidos por el actor. El juez municipal es Miguel de los Reyes Cálceres.
— Rafael Alonso, casado y propietario, vecino de Sevilla y residente en Castilleja de la Cuesta, demanda el 28 de septiembre de 1870 a José Oliver Díaz, casado, vecino de Castilleja del Campo, con domicilio en la Calle Real n.º 22, para que le abone 510 reales por arrendamiento de la casa n.º 101 en la Calle Real. José Oliver se compromete a satisfacerle 200 reales para el mes de julio de 1871 y 200 para julio de 1872, y el pico estante tan pronto como le sea posible. El actor accede gustoso a este arreglo.
— El 31 de agosto de 1870 el tendero Francisco Rodríguez Navarro (v.s.) con domicilio en La Plaza n.º 4, demanda a José Cabrera Negrón, carretero vecino de la Calle Real, por 32 escudos que debía al Ayuntamiento y que dicho tendero pagó por él. El carretero se compromete a pagar tan pronto pueda, y hay acuerdo.
— Miguel Montes Montes, vecino de esta Villa, demanda el 14 de febrero de 1870 a José Luque  Sanchez, capataz de la atarazana de Francisco Sarmiento, residente en Salteras y vecino de esta Villa, por 245 reales que aquél le dió para mantener al padre de éste y a sus dos vacas. El demandado contestó  que no debía nada por no haber recibido lo expresado, ni había dado órdenes de hacerlo. Miguel Montes afirma lo contrario y presenta dos testigos, Juan Sánchez y Manuel Jiménez, que estaban presentes en la liquidación de cuentas entre demandante y demandado, de la que resultó la deuda dicha, contraída en metálico y efectos. Después el capataz reconvino a su padre encargándole que trabajase, que no quería tener deudas. El juez condenó a pagar y éste no acepta la condena. Se inician diligencias el 26 de dicho mes y año para el embargo de las dos vacas, que es el más realizable, con el juez de paz de Salteras, donde reside José Luque.
— Francisco Cabrera Caro y Manuel Sivianes Aguilar deben a Manuel López Villadiego 1.084 reales por gastos de comunidad, según un pagaré de fecha 12 de enero de 1867. El 14 de julio de 1871 van a juicio. Francisco no acude y es declarado en rebeldía. A Manuel se le conceden 15 días de prórroga porque está apurado. El juez es Antonio Rodríguez Silva.
— El 19 de agosto de 1871 Pedro Feyto Parrondo*, sirviente, vecino de Sevilla en la calle San Roque n.º 14, demanda a Antonio Oliver López, casado, de oficio del campo, con domicilio en la calle del Convento n.º 4, por un asno que éste tiene en su poder, afecto en figura para responder en parte a 1.000 reales y 250 pesetas que José Negrón Vázquez, el dueño del asno y ya difunto, debía al dicho Pedro Feyto. El demandado contesta que no puede devolver la caballería, primero porque no cree que pertenezca al actor toda vez que era propia del finado, de quien la recibió; y segundo porque ya el asno no estaba en su poder, ya que lo había vendido en precio de 105 pesetas. Se acuerda en el juicio que Pedro Feyto quede dueño absoluto de un pegujal de habas recolectadas y que las venda al precio que tenga por conveniente; que del valor del burro se abonen a Antonio Oliver López la manutención por 6 meses de dicha caballería, a real y cuartillo diario; y pagar 200 reales a don Antonio Rodríguez Martínez, que le adeudaba el difunto de rentas vencidas de casas, en todo lo cual queda embebido el valor del animal.
* Del todo interesante porque vivía en la calle Juan de Burgos n.º 9 en el año 1867, que es la misma calle en que moriría Fernán Caballero, en su número 14, diez años después. El día 26 de abril de dicho año a las 3 de la mañana nació Fernando, hijo de Pedro Feito (sic) Parrondo y de Concepción Negrón Luque. El primero natural de Candanosa (Oviedo), nacido en 1839, y la segunda de Castilleja de la Cuesta. Abuelos paternos, Pedro Feito y Bárbara Parrondo, naturales de Candanosa. Abuelos maternos, José Negrón y Concepción Luque, naturales de Castilleja. Padrinos, Agustín Parrrondo y Josefa Negrón. Fue bautizado en la parroquia de la Magdalena. El 4 de mayo de 1869 les nació en dicho domicilio otro hijo, Antonio, cuyo padrino de bautismo fue Antonio Oliver. Otro hijo fue Pedro, nacido hacia 1870. En el padrón de 1875 aparece el matrimonio ya viviendo en la calle San Roque n.º 14 con dos de sus hijos: Fernando, de 7 años, y Pedro, de 5. La calle San Roque va de San Eloy a Bailén, muy cerca por tanto de la antigua Juan de Burgos, hoy calle Fernán Caballero.
— El 29 de marzo de 1871 Salvador Cánovas Martínez*, vecino de Sevilla en la calle Torneo n.º 9, casado, de oficio del campo, de 37 años de edad, demanda por 30 pesetas y 75 céntimos a Francisco Cabrera Caro, casado de 27 años de edad, vecino de Castilleja en la Calle Real n.º 85, deuda contraída en febrero de 1868. Francisco la reconoce y obtiene prórroga hasta el próximo 21 de abril, debiendo cargar con las costas del juicio.
* En 1875 vive en la calle de la Verbena, en Triana, con su mujer María Aleo Andaluz. El padre de Salvador era natural de Totana (Murcia). En 1868 el matrimonio vivía en la calle San Jacinto n.º 38. Una hermana de Salvador, Antonia, nacida en Totana, vivía en la calle Rocío n.º 41 también en Triana, casada con Juan Bacé Yagando.
— El 14 de enero de 1871 José Ortiz Tovar, zapatero de 37 años de edad, demanda 9 pesetas y 50 céntimos, resto de una cantidad mayor de 17 pesetas por trabajos de calzado, a José Luque Sánchez, viudo y jornalero. El Alguacil Joaquín Mendoza entrega la citación del juicio a la madre del demandado, Josefa Sánchez Sánchez. Avisado por tercera vez no se presenta y es declarado en rebeldía, y con la prueba del asiento en el libro de contabilidad del zapatero, el juez lo condena. Notificado de ello, expresa no conformarse con la sentencia y se resiste a firmar, haciéndolo por él el testigo Manuel Cansino. El 19 de enero de dicho año el demandante se dió por satisfecho de la deuda y suplicó al juez Antonio Rodríguez Silva que cerrase el caso.
— Teresa Velasco Pacheco —hija de Esteban Velasco, natural de Toreno (León) y escribano de la Villa, casado con una castillejense— demanda el 4 de octubre de 1872 a Manuel Luque Cabrera por una deuda de 200 reales. Teresa había obtenido poder de su marido ante el notario público Antonio María de Castro el 23 de mayo de 1870 para celebrar el juicio. El demandado acuerda satisfacer la deuda a razón de 20 reales cada semana.
— En juicio ante el juez José Silva Oliver en 12 de diciembre de 1872 la demandante María Josefa Delgado acompañada de su marido José Barrera Salas, domiciliados en la Calle Real n.º 36, acusa a Dolores Ramos Caro, domiciliada en la calle Granada n.º 20 y acompañada de su tía Manuela Caro Navarro, de deberle 186 reales del pago de  unas ropas, cuyo precio está en descubierto en su tienda. La demandada dice que ya las ha pagado. El juez admite los testigos de ambas partes. Manuel Tovar Cabrera, testigo primero, presenció cuando el marido de la demandante le reclamó a la demandada el dinero de la ropa que su mujer le había traído, contestándole aquélla que no tenía nada que darle porque no le había traído ropa alguna. La segunda testigo, Ana Oliver Rosa, declaró que al entrar en la casa de la demandante vio que estaba riñendo con la demandada y  oyó que ésta le estaba diciendo a aquélla que si quería se llevase la ropa porque no podía pagárselas hasta que su hermano trabajase en El Molino, y entonces le entregaría el dinero. Firmó José Pacheco por no saber hacerlo la interesada.
— Francisco de Paula Ramos Castro, que vive en la calle Granada n.º 20, viudo, propietario y labrador, solicita celebrar juicio verbal contra José Joaquín Barrera, que vive en la Calle Real n.º 43, casado y trajinero (v.s.), por deuda de 198 pesetas: 114 de suministro de artículos de paja para una caballería durante dos años y medio, 54 de alquiler de una casa, y 30 de portes de una caballería que le alquiló por dos meses. El 3 de abril de 1873 tuvo lugar el juicio ante el juez José Silva en el juzgado de la calle de Enmedio n.º 17. Por Barrera firmó Antonio Oliver. El demandado dice que solo le adeuda 48 reales de dos meses de alquiler de casa, y que todo lo demás ya se lo ha pagado. El demandante ofrece prueba testifical. Siguen al día siguiente. Testigo, José Chávez Negrón, que dice que es cierto que el actor le suministró la paja durante dos años que el declarante vivió en su casa, sin satisfacerle en el acto su importe, pero que no puede asegurar, por no haberlo presenciado, si le ha pagado éste la suma que se le reclama. Testigo, José Cabrera Negrón, que depone igualmente que le consta el suministro de paja para la burra, y que vio llevarla varias veces. Testigo, Francisco Cabrera López, que en los cuatro meses que sirvió en la casa del demandante vio el suministro de paja y nunca que esta fuera pagada, y en cuanto al alquiler de la casa dijo que conversando con Barrera, este le había manifestado que no le habían llevado dinero alguno Francisco de Paula por varios meses de casa, y por lo tanto les debía muchos favores y no sabía si le abonaría alguna cosa a su hijo por la guardería de sus cerdos, y en cuanto a los portes de la bestia, lo ignora absolutamente. Testigo, Juan Oliver Cabrera, al que le consta el suministro de paja, y que se llevó un poco de tiempo la burra del demandante, y que lo vio por haber vivido en la casa. Testigo, José Polvillo Cabrera, quien había servido en la casa de Francisco de Paula, testifica el suministro de paja y los portes con la burra, y que en cuanto al alquiler de la casa Barrera le había manifestado que no le llevaba dinero alguno por el salario de sus hijos al Ramos por estarle agradecido de no haberle llevado dinero alguno por la paja ni por la casa. El juez dictamina el que sólo hay constancia de la deuda por suministro de paja y condena a pagar las 114 pesetas a Barrera, sin expresa condenación de costas. El 17 de marzo apeló Francisco de Paula ante el juez de Primera Instancia de Sevilla, ciudad donde tuvo lugar el juicio el 2 de mayo, confirmando la sentencia del juez de Castilleja.
Por otra parte José Joaquín Barrera, como padre y en representación de su menor hijo José Joaquín, demanda al dicho Francisco de Paula Ramos Castro el pago de 11 meses de salario que adeuda al referido su hijo por la guardería de cerdos, sumando en total 660 reales, cuyo reintegro no ha podido conseguir a pesar de las repetidas veces que se lo ha reclamado. Por el demandante firma Manuel Luque. El juicio tuvo lugar el 29 de marzo de 1873. El demandado contestó que cuando el demandante le satisfaga lo que le adeuda, entonces le pagará la suma que le reclama. El demandante respondió que en caso de que le deba algo, que se lo pida judicialmente. El 31 de marzo falló el juez que como el demandado reconoce implícitamente la deuda, es condenado a pagar los 660 reales, a lo cual se le requiere el 25 de abril, manifestando entoces que no tiene metálico para efectuarlo. El 28 de abril se procede al embargo de sus bienes por el secretario y el portero del Juzgado, Antonio Oliver Sánchez. Se le embarga una yegua lucera parida de marca cumplida, cerrada, con su hierro de quema en el anca izquierda, que queda depositada en Antonio Cansino Mellado. Testigos, Juan García Sánchez y Francisco Vega García.
— José Silva Oliver, vecino de Bormujos, casado, capataz de la hacienda de campo La Peregrina, demanda a José Luque Cabrera, casado, de oficio del campo, por deuda de 225 pesetas según pagaré que presenta a juicio el 5 de junio de 1874 —ahora el juzgado está en la Calle Real n. 15—. Hay en esta carpeta un pagaré firmado el 4 de diciembre de 1867 por el cual José Luque se obliga a pagar a Gregorio Pacheco Navarro o a su representante 900 reales de un contrato hecho en agosto de 1865 sobre dos aranzadas de uvas (sic) que le vendió el Pacheco en dicha fecha, a satisfacer en 31 de julio de 1868. Siguen algunas líneas a modo de borrador: "José Silva Oliver con fecha 27 de ¿sep? 1873. Firma, por no saber, Manuel Oliver Palomino". El juicio tiene lugar el 6 de junio de 1874 ante el juez municipal Manuel Cabrera Oliver y el secretario Francisco Ortiz Camacho —de origen lebrijano y cuñado de Francisco Oliver el "Capitán", hermano de mi tercer abuelo José Oliver López—. El demandado expone que no tiene recursos y el demandante contesta que necesita perentoriamente el dinero. El demandado insiste en su insolvencia. El juez cierra la sesión condenándolo al pago de la deuda y las costas. A los tres días reglamentarios el demandante solicita al juez, el 11 de junio, que se embarguen al demandado y se pongan a la venta en pública subasta 45 fanegas de habas grandes "tarragonas" que el deudor tiene depositadas en los graneros de la casa de José Pérez Montaño en la calle del Convento. El día 12 van a embargar las habar el juez, el alguacil, el secretario y los testigos Juan Veloso García y Antonio Chávez Caro. José Pérez Montaño les franquea la entrada al granero y les muestra el segundo montón que está a mano derecha de la puerta de entrada, manifestando que tiene 40 fanegas y que pertenece al demandado. Se efectúa el embargo y las habas quedan en depósito judicial del referido José Pérez Montaño. El 15 de junio José Tovar Navarro, vecino de la calle de la Huerta n.º 3, como tercer interesado interpone demanda contra el capataz de  La Peregrina para que se alce el embargo ya que las habas son suyas porque las compró y pagó a Manuel Luque Quintanilla, y que se le indemnice por los perjuicios que el embargo le causó. El juicio, llamado de "Tercería", tiene lugar el 20 de junio de 1874. El demandado José de Silva solicita la nulidad, con imposición de costas, porque las tercerías deben sustanciarse no solo con la audiencia del acreedor, sino con la del deudor, que es en este caso José Luque Cabrera, y que tampoco es competente el Juzgado de Castilleja, porque 40 fanegas de habas a 40 reales cada una son 1.600 reales, cuyo conocimiento corresponde al Juzgado de 1ª Instancia. El actor dice que no está conforme, que las habas son suyas y nada debe al demandado, y solo quiere el levantamiento del embargo. El demandado explica que no puede allanarse a ello, por las razones antedichas. El juez, Manuel Cabrera Oliver, da por terminado el acto y lo remite al de 1ª Instancia porque su juzgado no excede en sus negocios más de 250 pesetas. El Juzgado del Distrito del Salvador devuelve el expediente para que se haga cargo el de Castilleja. El 11 de agosto de 1874 hay juicio con el demandante, José Tovar Navarro, casado y labrador, y como demandados el capataz de La Peregrina José Luque Cabrera, y Manuel Quintanilla su hijo (sic), casado el primero y soltero el segundo, de oficios del campo. El  actor insiste en el levantamiento del embargo. El capataz, que las habas son de José Luque Cabrera. El actor, que eran de Manuel y que él se las compró. Manuel, soltero de más de 33 años de edad, manifiesta que sí vendió las habas, que eran suyas y no de su padre, anciano e impedido al que mantiene. El capataz no quiere replicar. El juez señala quince días para poner a prueba el juicio. José Tovar Navarro presenta testigos y las preguntas que han de hacérseles, con autorización del juez: "¿es cierto que José Tovar compró a Manuel Luque 40 fanegas de habas?, ¿es cierto que Manuel sembró la simiente, cultivó la tierra, segó y trilló, hasta llevar las habas al granero?, ¿es cierto que Manuel se llevó a sus ancianos padres, manteniéndolos y cuidándolos, a la hacienda de La Caridad de Manuel Galiano en Tomares, cuando fue nombrado capataz de ella?, ¿es cierto que Manuel Luque trabaja sin descanso, sin que sus padres se le opongan, en sus negocios y contratos?". El 12 de agosto de 1874 comparece el primer testigo, Francisco Chávez Valbuena, viudo, labrador de 48 años de edad, que contesta a la primera pregunta que es cierto y que presenció el contrato; a la segunda que es cierto porque lo presenció todo; a la tercera que es notorio y público en el pueblo; a la cuarta que es exacto, debido a la ancianidad de los padres de Manuel Luque —que son José Luque Cabrera y María Quintanilla Oyega—, y que si no fuera por este excelente hijo tendrían que implorar la caridad pública o acogerse a un establecimiento de beneficencia. Segundo testigo, Manuel Ramos Jiménez, soltero, de oficio del campo y edad de 26 años, que declara lo mismo que el anterior. Tercer testigo, Antonio Oliver Jaén, casado, albañil de 38 años de edad, declara igual. Cuarto testigo, Francisco Ortiz Barrionuevo, casado, de oficio del campo y de edad de 31 años, declara lo mismo. Quinto testigo, José Pérez Montaño, soltero, del campo, 31 años, dice lo mismo. Sexto testigo, José Rodríguez Ortiz, casado, del campo, de 50 años, declara igual y que Manuel Luque Quintanilla es libre de contratar, que el pasado año le compró una burra y nadie intervino en contra. Manuel presenta el 25 de agosto de 1874 unos documentos al objeto de probar su independencia: "El Sr. Manuel Luque debe a La Cartuja de Pickman y Cía venta de frutas peras, ciruelas y guindas de 1873, 1.000 reales". "Manuel de Luque, vecino de esta Villa, capataz de la hacienda nombrada de Montefuerte, conduce 15 bestias mayores de la propiedad de Manuel Galiano a la hacienda nombrada La Mariquilla en Palma del Río, con 6 ó 7 costales de cebada de dicho Sr., cuyas bestias son 9  mulos, 4 yeguas y 2 caballos; y para su resguardo le doy el presente en Tomares a 7 de agosto de 1869. P.C, Antonio José Rodríguez. Hay un sello". "He recibido de Manuel Luque 40 reales por casa arrendada, propiedad del Sr. Duque de Montpensier, fecha 15 de diciembre de 1872 (mas otros 7 ó 8 recibos de los siguientes meses por el mismo concepto)". Añade varios recibos de la contribución.
— Manuel Míguez Núñez, casado, zapatero, cita a juicio verbal el 6 de septiembre de 1874 a Pedro de Silva Oliver por deuda de 74 pesetas de obra de calzado para él y su familia. Recibe del demandado una fanega de garbanzos.
— Fernando y Manuel Carmona Tovar, hermanos, libran a su padre de una deuda por pan y dinero que recibió de un Manuel Ibáñez, vecino de Camas. Hubo  embargo de una caballería. El demandado es Juan Esteban Carmona y la deuda, 360 reales. Fecha de 12 de agosto de 1874.
— Bartolomé Gómez Martín, vecino de Sevilla, del comercio de drogas, demanda el 2 de julio de 1874 a Sixto Delgado de los Santos, farmacéutico de Castilleja, por 100 pesetas, valor de una mesa con tapa de piedra.
— El 14 de diciembre de 1874 nueve cabras de Joaquín Cansino Durán estaban haciendo daño en el vallado y barda de nopales —un mexicanismo por chumberas— del jardín del palacio del Excelentísimo Sr. duque de Montpensier, comiéndose las pencas y los higos —chumbos—. El denunciante es Rafael Cabrera Márquez, guarda jurado. La multa fue de 25 céntimos por cada cabra.
— El 15 de julio de 1875 Manuel Oliver Luque, soltero, de oficio del campo y de edad de 19 años, acompañado de su madre Francisca Luque Lebrán, denunciaron que de 5 a 6 de la mañana del día 7 anterior Manuel Rodríguez Chávez, casado e industrial, lo amenazó con un cuchillo en la mano y lo persiguió hasta entrar en la casa de José Oliver López [mi abuelo tercero] donde se refugió dicho Manuel para evitar un mal lance. Todo por decirle que en su casa esperaban a su hermano, un menor que servía con el demandado. Éste declara que aquella mañana venía de Sevilla con alguna mercancía y que en la casa de Víctor García Gastón a la entrada del pueblo vió que el hermano del querellante, su sirviente, estaba tomando aguardiente en una vasija de asta, llamada cuerna; como lo había mandado a coger pasto, le preguntó que qué hacía allí, y el joven contestó que la gente de la era de José Sivianes lo habían mandado por aguardiente; entonces él reconvino al niño, sin insultarle en modo alguno, para que no hiciera mandados a nadie, y repitió la reconvención en su casa. En esto llegó Manuel Oliver, querellante, quien discutió con él altaneramente. Manuel Rodríguez le dijo que se podía llevar al niño, que no le hacía falta para nada. Manuel Oliver le contestó que luego se verían las caras, siguiendo en la calle con las amenazas. Manuel Rodríguez se armó de un cuchillo para intimidarlo. Manuel Oliver dice que todo es falso, que Manuel Rodríguez lo que le dijo es que ni él ni su hermano ni su madre valían nada, que eran incapaces de ganarse un jornal, y se alteró agarrándole de la blusa y  amenazándole con el cuchillo. Resulta multado con 5 pesetas el industrial Manuel Rodríguez Chavez.
— Manuela García Ortiz, viuda, demanda a Juan Rodríguez Tovar, casado, de oficio del campo, 37 pesetas con 50 céntimos, de cuatro meses de alquiler de casa, el 22 de marzo de 1875.
— Eduardo Míguez Cabrera, de 21 años, soltero, zapatero, a la hora de la oración del anochecer del día 18 de junio de 1875 está en su haza de tierra del sitio de Valdovina de este término de Castilleja, cuidando la mies, cuando entra una porción de cabras por una esquina y se extiende por el predio. Intima al niño que las guía, Fernando López Rodríguez, para que las eche fuera. El niño, que no, y que entrarían siempre que quisiera. Interviene José Navarro Gutiérrez, de 17 años, soltero y de oficio del campo, que dice que él es el verdadero guarda de las cabras, y echa mano a un cuchillo. Eduardo Míguez huya hacia el pueblo. Al otro día vuelve, y José Navarro merodea y se esconde en el camino de Bormujos para asaltarlo con el mismo cuchillo. Eduardo vuelve a huir al pueblo, pero José le lanza el cuchillo dándole en el hombro y dejándole caer el chaleco. José luego saca una pistola, la monta y le dispara, sin acertarle. Ahora Eduardo Míguez lo denuncia, presentando a dos niños por testigos: Agustín García Parra y Juan Pérez Palomar. José Navarro declara que las cabras entraron, pero que el del cuchillo no fue él, sino Eduardo, y que se defendió con la chivata haciéndolo huir. Al otro día volvió con el cuchillo y él se volvió a defender con la chivata, huyendo otra vez Eduardo y dejándo caer su chaleco, que José recogió y ahora lo presenta en el juzgado. Añadió que en su huida Eduardo se volvió, sacó una pistola y le disparó, sin darle. Ofreció como testigo al dicho niño Fernando López Rodríguez. José Navarro es condenado a 5 días de arresto, mantenido a sus expensas. Su padre es Antonio Navarro Ortiz.
— Eloy Angulo, vecino de Camas, soltero y panadero, demanda el 27 de abril de 1876 a Juan Manuel Oliver de la Rosa, casado, de oficio del campo, por 31 pesetas y 75 céntimos de hogazas de pan fiado.
— Narciso de la Plata y Soto, casado, propietario y zapatero, demanda el 26 de abril de 1876 a Juan Antonio Oliver Navarro y a su hijo Juan Oliver Negrón, el primero viudo y el segundo soltero, ambos del campo, por 57 pesetas de seis meses de renta de la casa n.º 8 en la calle de la Granada. Dicen que le pagarán cuando entren en época de siega y mies.
Manuel Míguez Muñoz, casado, zapatero, demanda el 28 de septiembre de 1876 a Juan Rodríguez Tovar 205 reales de vellón (51 pesetas y 25 céntimos) por obra de zapatería sacada al fiado de su casa, y suplica al juzgado la retención preventiva de una burra propiedad del dicho Juan Rodríguez.
— José Chávez Oliver, casado, propietario, demanda 100 pesetas a Francisco Rosales Durán, casado, tablajero, que él las pagó como su fiador en la recaudación del Ayuntamiento. Francisco dice que no tiene medios para pagar. Se le embargan dos aranzadas y cuarta de sementera de cebada al pago de La Marivisca, arboleda de Antonio Negrón Marín, linde al levante con tierras de Francisco de Ester, al norte con el callejón de la Marivisca, al poniente con olivar de los herederos de Diego Rosales Ramos, y al mediodía con la Calle Real. Sale por depositario Manuel Chávez Rosales. Por tener que pagar al dicho Antonio Negrón Marín, propietario del terreno donde está la sementera, 500 reales de renta, José Chávez Oliver demanda más embargo de bienes, que son una docena de sillas de fábrica sevillana, pintadas y en buen estado; siete cuadros de lienzo de a vara, pintados al óleo con diferentes efigies y molduras de media caña dorada en buen estado; una mesa con cajón, fina, pintada, nueva, ignorándose de qué madera es, pero en buen uso; un arca grande de cedro en muy buen estado; tres velones de metal amarillo de distintos tamaños en muy buen estado; un espejo de moldura dorada de media vara, nuevo; otros tres cuadros de lienzo pintados al óleo, con diferentes efigies, en muy buen estado y más pequeños que los anteriores.
— José María Cabrera Caro es arrestado provisional y preventivamente por una cuestión en la noche del día 6 de junio de 1875. A las 10 de la noche de ese día el querelllante Antonio Cabrera Ruiz iba por la Calle Real y se encontró a José María reunido con un hijo de Juan Andrés Rosales. Antonio instó educadamente a José María para que reprendiera a su mujer Reyes de los Reyes Cálceres por haber ido ese día a su casa insultando a su familia y diciendo que su hija Dolores era una puta. José Maria tiró de un cuchillo y empezó a descargar golpes. Antonio sacó también su herramienta, hasta que llegó el Sr. Alcalde y todo concluyó sin sangre. También mediaron en la pelea y actuaron de testigos en el juicio Ángel Barbero Castro, Juan Tovar Prieto, José López Luque, Fernando Cansino Durán y Jua Andrés Rosales Adorna. La pelea fue enfrente de la puerta de Juan Negrón López y en la de Fernando Cansino. Resultaron multados los dos, querellante y querellado, con 5 pesetas cada uno.
—  Por junio de 1883 se condenó a José Villadiego Chávez* por hurto de aceitunas con homicidio por medio. "Don Manuel de Jesús Miguel, abogado de los Tribunales de la Nación y escribano del Juzgado de primera instancia del distrito del Salvador de esta capital, doy fé que por la Superioridad se ha comunicado la certificación cuya parte dispositiva es como sigue: Sentencia. Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado José Villadiego Chávez a la pena de catorce años, ocho meses y un día de reclusión temporal con la accesoria de inhabilitación absoluta temporal en toda su extensión, a que abone a la viuda del interfecto por vía de indemnización la cantidad de mil quinientas pesetas, y al pago de todas las costas, declarándose de comiso el arma aprehendida, dedúzcase certificación de cuanto resulta en relación con el hurto de aceitunas y remítase al Juez para que proceda a lo que haya lugar; declaramos insolvente al procesado por acreditarse su absoluta carencia de bienes, poniéndose en este extremo la oportuna certificación en el ramo correspondiente, y el Juez instructor en lo sucesivo cuide de hacer constar en las declaraciones las circunstancias prevenidas en los artículos cuatrocientos treinta y tres y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Y pasado el término legal sin haberse interpuesto recurso alguno contra esta sentencia, dése cuenta. Por ella así lo pronunciamos, mandamos y firmamos. Tomás Gudal. Enrique ¿Cabrera?. José González Pérez. Julián López Camacho. Cuya sentencia inserta corresponde a la letra con su original a que me remito, la cual fue publicada y notificada al Ministerio Fiscal, procurador del proceso, y éste pesonalmente en el mismo día de la fecha que está declarado fue ... ... del corriente. Y para que con la ... al Juez de instrucción para su cumplimiento pongo la presente en Sevilla a veinte y uno de Abril de mil ochocientos ochenta y tres. Francisco de Góngora.
Prestado el debido cumplimiento ha quedado el reo José Villadiego Chávez en la Cárcel pública a disposición del Gobernador Civil de esta Provincia para cumplir la pena impuesta. Y para que conste y remitir al Señor Alcalde de Castilleja extiendo el presente en Sevilla y Junio nueve de mil ochocientos ochenta y tres".


                                                          El Globo, 5 de octubre de 1883

— Parte del Guardia 2º del día 3 de junio de 1884, con el sello del Puesto de Castilleja: "Pongo a disposición de usted a la vecina de este pueblo Francisca Oliver Jaén por heridas causadas a su convecina Teresa de los Reyes Cálceres, la que se le ha hecho la primera cura por el barbero del pueblo según Vd. ha dispuesto. Castilleja de la Cuesta 3 de junio de 1884. Juan Andrades de la Rosa". Sr. Juez municipal de Castilleja. El facultativo titular de medicina y cirujía licenciado José Payán Romero reconoce a la lesionada. Parte de las fuerzas del cuerpo de la Guardia Civil. Se constituyó el juzgado en la casa de la ofendida, Calle Real n.º 79. En una de sus habitaciones, recogida en cama, casada con Joaquín Cansino Durán, de 47 años de edad, la cual dijo: que entre 8 y 9 de la mañana fue a tomar carne para su puchero a la carnicería de su pariente Rufina. Hablaron allí del mal proceder que tenía Manuel Rodríguez Chávez, alias "Trigo" y su familia con su hermana Dolores de los Reyes Cálceres. Estando presente la mujer de éste, llamada Francisca Oliver Jaén, alias "La Caína", esta empezó a disculparse y decir que no era verdad, pero en buenas formas. De pronto se presentó una hija de Francisca en la puerta de la carnicería, llamada Dolores Rodríguez Oliver, casada con Vicente Oliver Negrón, que llamó a su madre diciendo: "madre, venga Vd. y no hable más con gente sinvergonzona". Al oir esto la que declara contestó que la sinvergonzona sería ella, y oído esto por la Dolores Rodriguez y avalanzarse sobre ella fue todo uno. Le agarró un zarcillo y lo hizo pedazos maltratándole la oreja y lesionándosela. Al tratar de defenderse intervino la madre de la agresora dándole un fuerte golpe en la cabeza con el plato de la carne que tenía en las manos, produciéndole la herida que tiene. Se marcharon todas y llevaron a la herida al Cuartel de la Guardia Civil. Declara que es su voluntad perdonarla, pero que está conforme con que la Justicia haga su deber. Parte del médico José Payan: "Herida en el vértice de la cabeza, contusa, de izquierda a derecha y de atrás adelante, de 2 cm. de longitud, que interesa la piel y la aponeurosis epicraneana, hecha con instrumento  contundente y de pronóstico poco grave; pequeña herida por arrancamiento de la ¿justición? del glóbulo de la oreja izquierda con la piel del cráneo, de pronóstico leve". Declaración de Rufina, esposa de Diego de los Reyes Sánchez, de 43 años de edad: dijo que llegó Teresa de los Reyes y Francisca Oliver, y la primera empezó a decirle a Francisca que se habían empeñado en vejar y en querer arrollar a su hermana Dolores, y negaron y afirmaron un rato hasta que llegó la hija de Francisca y le dijo a su madre, "venga Vd. para casa". Y dirigiéndose a la Teresa le dijo: "es tu hermana la más retejodida por el culo que hay en Castilleja". Teresa respondió: "más retejodida eres tú", y echándole mano empezaron a pegarse. Cuando estaban agarradas, la madre le tiró el plato a la cabeza, causándole la herida que tiene. Las separaron, y llevaron a la herida al cuartel. Declaración de Francisca Oliver Jaén, de 46 años de edad, casada con Manuel Rodríguez Chávez: dijo que fue por carne y que Teresa de los Reyes empezó a decirle que su marido era un charrán y otras desvergüenzas que sería prolijo enumerar, y cada vez insultaba más. Llegó su hija y la llamó, que no hablara con gente liosa, a lo que Teresa le contestó: "mira, lo digo y lo redigo, que tu padre es un charrán y un ladrón", a lo que dijo la hija: "más jodía es tu hermana que mi padre charrán". Teresa se avalanzó y la declarante le tiró el plato para defender a su hija, y si hubiera tenido otra cosa también se la tirara. Comparece la hija, Dolores, de 23 años, casada con Vicente Oliver Negrón: dijo que viniendo de sus mandados a la casa de su madre oyó en la carnicería que Teresa insultaba a dicha su madre, y repite la declaración de ésta. El día 6 de junio de 1884 el médico comparece ante el juez y dice que la herida de la cabeza es de pronóstico leve. Y el día 10 dice que Teresa está curada.

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Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...