Ángulo occidental de la iglesia de Santiago donde estuvo colocada la lápida que conmemoraba a los "Caídos por Dios y por España" del ejército de Franco (ver abajo, nota 1). Luego sería sustituida ¡símbolo de la continuidad franquista! por una placa que pregona la simbiosis político-religioso-militar que mantiene a los pueblos ibéricos a la cola de Europa siglos ha. En la esquina superior derecha del dibujo reproduzco la referida placa moderna.
Antes de continuar con esta serie de entradas —Los olvidados— dedicada a los abundantes obreros de la Pirotecnia Militar de Sevilla que nacieron o vivieron en Castilleja de la Cuesta, permítaseme una apreciación sobre un hecho; apreciación que, aunque ya ha sido manifestada por muchos autores y académicos al estar el hecho que le da origen generalizado en todo el país, tiene especiales características en nuestro pueblo y, sobre todo, una cabida natural y lógica en esta historia. Me refiero a la insistencia de los medios oficiales y de las instancias del poder de la presente etapa monárquica en introducir en el mismo saco a vencedores y vencidos, a republicanos y franquistas y, mediante ello, a víctimas y verdugos.
Un sencillo borrón y cuenta nueva digno de los prestidigitadores que amañaron el cambio de régimen sin ofrecer alternativas: "Votad esto, porque es lo único que hay", podía haber sido el lema político de aquellos convulsos años. Como si en una fonda mostrara el camarero a sus hambrientos clientes, con toda suerte de palabrería publicitaria sobre las excelencias de su establecimiento, una gruesa carta de varias hojas, pero todas ellas ofreciendo un único guiso: el borbónico-militar.
A esta masa de electores sin elección, como a la mujeruca analfabeta y pueblerina que su marido maltrató durante casi medio siglo, entre el cabo del cuartelillo y el cura de la parroquia la convencieron de que votar por su maltratador era lo menos malo, porque de otra forma la esperaba la calle desnuda, el frío y la oscuridad durante tiempo indefinido.
El borrón y cuenta nueva que ha empercochado la reciente página de la historia del país empieza por el lugar común tan usado desde la Transición como es el calificar a los contendientes de "bandos", pasando por alto la legalidad democrática de la República, que no hizo sino defenderse de la cobardía y de la traición cruel de los sublevados. Se publica hasta la saciedad la expresión "en ambos bandos se cometieron atrocidades", equiparando con todo descaro a los rebeldes asesinos con los defensores de los derechos de los demócratas. Todavía estos socialdemócratas propugnadores del "bandidismo guerracivilista" se sienten progresistas audaces y comprometidos, ya que en tiempos de Franco tal expresión de "bando" aplicada a los triunfadores hubiera significado una dura respuesta. Eran estos franquistas, a todos los efectos, Cruzados Redentores, Mártires de la Cristiandad, Héroes de Hispania, y como a tales había que adjetivarlos y tratarlos.
Recuerdo que en las tertulias de taberna a las que, de joven, he asistido durante más o menos tiempo en nuestro pueblo, muchos de los excombatientes franquistas, sencillos castillejanos ya por entonces ancianos jubilados, cuando se tocaba en las charlas el tema de la Guerra Civil parecían querer excusarse alegando entre dientes que si se hubieran negado a alistarse, hubiesen sido pasados por las armas. El fantasma de la nueva libertad los intranquilizaba. Fueron, en efecto, estos hombres una suerte de forzados. Lo que digo es completamente cierto, sin duda. Pero morir en una trinchera o en una descubierta por los efectos de la metralla o de las balas no tiene punto de comparación con hacerlo maniatado ante el pelotón de fusilamiento tras recibir las consabidas palizas y malos tratos. Primeramente y sobre todo, porque el soldado de Franco podía también matar o herir, al disponer de armamento letal y de libertad de movimientos. Así, la comparación entre unos y otros es inadmisible por todos conceptos.
En lo que respecta a los supervivientes de ambos "bandos", en casos excepcionales unos estuvieron en actividad bélica un máximo de 3 años de guerra. En cambio la mayoría de los otros pasaron calamidades sin número en las cárceles y campos de trabajo esclavo durante decenas de años. Unos encontraron luego toda clase de facilidades y ventajas para desarrollar una vida plena y pletórica de ventajas económicas y sociales. En cambio otros fueron brutalmente marginados, relegados, si tenían suerte, a los oficios más duros y peor pagados.
Es imposible, por mucho aparato de ideologización y de lavado de cerebros que se ponga en funcionamiento, mezclar en un todo homogéneo a estas dos Españas.
En nuestro pueblo, como en muchos otros, la administración ha obviado estas diferencias, así como también el segundo asesinato que supuso ignorar y ningunear oficialmente a las víctimas republicanas y a su familias durante más de 40 años, mientras se glorificaba, ensalzaba y veneraba a las del "bando" contrario (1). El callejero, además de a los jerarcas Franco, Queipo, Sotelo, Sanjurjo o José Antonio, nombra a estos últimos (2). Y hoy por hoy, para vergüenza de cualquiera con una mínima sensibilidad histórica, todos los desaparecidos permanecen en el mismo saco del infame agravio comparativo. En el saco del referido callejero, donde se mezclan en deliberada confusión unos con otros. Y en su reflejo, la "historiografía oficial", que no duda en reproducirlo:
"Pero el hecho más lamentable y terrible sucedido en Castilleja de la Cuesta durante estos años [de guerra civil] fue la desaparición de 26 de sus vecinos; tal vez la pertenencia a un bando u otro sea lo menos significativo en estos instantes, pues al fin y a cabo, a causa del conflicto todos fueron perdedores". Juan Prieto Gordillo. Historia Social de Castilleja de la Cuesta. Edición del Ayuntamiento, 2007.
Foto de la fachada de la iglesia de Santiago, con la gran cruz conmemorando a los combatientes fallecidos en las filas de Franco durante la Guerra Civil. A cada lado de esta cruz se aprecian las dos placas de mármol donde estaban grabados sus nombres.
(1) La omnipresente lápida con los nombres de todos los "Caídos por Dios y por España", situada hasta hace poco tiempo en cada pueblo del país en lugar céntrico y visible, con una gran cruz y con el escudo del yugo y las flechas, estaba adosada en nuestra Villa a la fachada oeste de la iglesia de Santiago en la Plaza, bajo la torre de las campanas. En tal rincón se obligaba a grupos de escolares a formar y cantar el Cara al Sol saludando a la romana todavía al final de la década de los años 50 del siglo pasado.
(2) En otras calles secundarias y de menor importancia, desde recién terminada la Guerra, a los 10 castillejanos "Caídos por Dios y por España", que fueron Manuel García Babio (2a), Fernando Oliver Tejada, José Oliver Quintanilla, Juan Manuel Caballero Infante, Francisco Carmona Machado, Arcadio Rodríguez Martínez, Juan Ruíz López, Manuel Rodríguez Navarro, Diego Díaz Curciel, o Jesús Jiménez.
Si la ley de Memoria Histórica prohíbe hacer apología del franquismo, en puridad a estas calles se tendría que cambiar de nombres. Sería un acto de justicia y de higiene social sepultar lo que representan, al menos durante otros 40 años.
"Los lazos entre Ejército e Iglesia acarrean hechos como el de San Bernardo cuando se dan las circunstancias favorecidas por las crisis económicas, por la opresión política, la falta de libertades y la explotación del hombre por el hombre.
En Castilleja patentiza el vínculo nefasto entre clérigos y militares y resucita el dicho bíblico de "vuelve el perro a sus vómitos y el cerdo a su lodazal" una placa sita en el muro de la iglesia de Santiago en La Plaza que "conmemora la imposición a Ntra. Sra. de la Soledad del fajín de Teniente General, por el Excmo. Sr. D. Fernando Mosquera Silven, Jefe del Mando Aéreo del Estrecho y 2ª Región Aérea, siendo madrina del acto la Excma. Alcaldesa D.ª Carmen Tovar Rodríguez. Castilleja de la Cuesta, a 21 de septiembre de 2002". Los olvidados, 6. Octubre de 2020.
Desconozco si el general Mosquera Silvén es uno de los firmantes de la carta que los militares golpistas de la XIX Promoción del Ejército del Aire —encabezados por Francisco Beca Casanova— han dirigido al rey en este diciembre de 2020, o componente del grupo de la red social de estos militares que insta a fusilar a 26 millones de españoles de izquierdas. Tampoco si se mueve en el entorno de la fundación Francisco Franco, y ni siquiera sé si pertenece a Vox o simpatiza con este partido fascista. Nacido en 1941, casado y con 4 hijos, Mosquera pasó a la reserva el 26 de enero de 2005. No hay duda es de que es un hombre de derechas. Fue director, con el grado de coronel, de la Academia General del Aire de San Javier. Dice que el cargo de Jefe de la Segunda Región Aérea supone "una lucha psicológica constante entre la entrega sin reservas a la Patria y la dedicación a la familia". El 8 de abril de 2002 presidió la celebración de un Homenaje a los Caídos en la Jornada de Confraternización con la Asociación de Veteranos de Morón, con misa y banda de música, en la base aérea de esta localidad. Prodiga fajines a vírgenes por doquier: a Nuestra Señora de Escardiel, de Castilblanco de los Arroyos, le colocó el suyo el 9 de marzo de 2003, y otra que lo ciñe es la imagen de María Santísima de la Estrella, de la ciudad de Elche (Valencia). Es hermano mayor honorario de la hermandad rociera de Triana, y puede vérsele en las romerías a poca distancia de la carreta del Simpecado. La Ilustre Hermandad Castrense de Nuestra Señora del Rocío posee entre sus enseres una bandera con asta y pie de madera, con dedicatoria del Mando Aéreo del Estrecho, donada por el general Fernando Mosquera Silvén el 6 de junio de 2002.
"La vinculación de la Hermandad con este cuerpo militar nace el 21 de septiembre de 2002, cuando el Teniente General Fernando Mosquera Silvén impuso el fajín de capitán general a Nuestra Señora de la Soledad. Desde entonces, el General Director fue nombrado Hermano Mayor Honorario de nuestra Corporación. Con su nombramiento se quiere reconocer el papel desempañado por el Ejército Español en beneficio del interés general de nuestra nación, así como las labores humanitarias que lleva a cabo". hermandaddesantiago.es
(2a) Este Manuel García Babio, caído —nunca mejor dicho— cuando pilotaba un avión sobre el frente de Madrid bombardeando y ametrallando a los defensores de la capital, era hijo del teniente coronel de la guardia civil que encabezó la primera Gestora municipal de Castilleja designada por el capitán Gabriel Fuentes Ferrer el 23 de julio de 1936. Se casó García Babio con una tía abuela de Alfredo Sánchez Monteseirín, que fuera alcalde socialista de Sevilla y a cuyo lado no faltó nunca, en actos y festejos oficiales, el general de aviación Mosquera Silvén.
La vinculación de la hermandad de Santiago con el Ejército y con los militares no es nueva. Ya tiene muchos siglos. Recordemos que la sede de la Orden militar santiaguista, —a la cual como es sabido perteneció Castilleja hasta su compra por el conde-duque de Olivares en el siglo XVII—, se encontraba en el monasterio de San Marcos de León, hoy escenario de otro conflicto de colocación de lápidas motivado porque tal monasterio sirvió a los franquistas como centro de reclusión de presos republicanos, uno de los más inhumanos y siniestros de tantos como surgieron tras la Guerra Civil. El antiguo cenobio centro de la Orden de Santiago se reabre estos días como Parador Nacional de 5 estrellas. Las asociaciones de Memoria Histórica piden que se coloque una lápida en memoria de los presos, pero parece que los gestores del establecimiento consideran que molestaría a los huéspedes.
Esta fotografía nos puede dar exactísima idea del aspecto de las procesiones en nuestra Villa bajo la férula de Queipo de Llano. Ya se habrá cuidado la horda castillejera derechista de destruir todos los documentos gráficos que pudieran comprometerla, sobre todo desde que Franco comenzó a parar los pies a los falangistas a mediados de los años 40, con vistas a limpiar la imagen filonazi española ante las potencias occidentales.
"Muchos son los acontecimientos históricos, que refrendados con sus correspondientes fuentes documentales, ratifican cada año el patronazgo de Santiago el Mayor, seiscientos cuarenta y seis años ya, en la villa de Castilleja de la Cuesta. Lógicamente, su origen se encuentra en el hecho de que la Orden Militar que poseía la encomienda de Castilleja fuese la que se hallaba congregada bajo el nombre de Santiago, lo tuviese como su guía espiritual y le rindiese culto". hermandaddesantiago.es
Con pleno derecho se podría considerar al general del Ejército del Aire —hermano mayor honorario de la cofradía de Santiago de Castilleja— un replicante heredero de aquellos comendadores de San Marcos de León que en el siglo XV figuraban a la cabeza de nuestra Villa, aun ante las alegaciones que podrían interponerse respecto al patente cambio de mentalidad que los tiempos y las costumbres han propiciado, a lo cual se ha dado en denominar Progreso. Digo con pleno derecho, porque también con él vino a Castilleja el rey Juan Carlos I a homenajear al genocida Hernán Cortés, o la Iglesia Católica homenajea a diario a santos y pensadores de aquella remota época, sin considerar ninguna clase de "cambio de mentalidades" y sin que en estas actuaciones se adivine un atisbo de Progreso. De manera que comparar a Mosquera Silvén con el amo de Castilleja maestre Alonso de Cárdenas (1425-1493) es, ni más ni menos, que devolver la misma moneda a nuestras instituciones religiosas y políticas. Y, añado, tampoco sería extraño que los castillejanos placeños propugnaran ante las autoridades eclesiásticas la beatificación, e incluso la canonización, del militar expendedor de fajines. Elevarían a los altares a un santo bélico a quien dirigir sus oraciones, en este caso ceñido a la idiosincrasia del pueblo, al contrario que Santiago "Matamoros", quien, si bien Patrón de España, es absolutamente desconocido, en su relación con nuestra insignificante Villa, en cualquier parte que no sea ella. Y es que si la estupidez humana no tiene límites, cuando está aderezada con religiosidad irracional se eleva a la máxima potencia.
Placa fijada en la fachada del antiguo palacio de Montpensier, hoy convento de las Irlandesas, en memoria del genocida y saqueador de naciones Hernán Cortés:
"A HERNAN CORTES, CAPITAN GENERAL DE LA NUEVA ESPAÑA, EL EJÉRCITO ESPAÑOL LE RINDE HOMENAJE. 2 DICIEMBRE 1985".
Santiago Matamoros en la fachada de la iglesia del mismo nombre en la Plaza de Castilleja de la Cuesta
Y, en fin. Tras este breve paréntesis, continuaré con el tema de los pirotécnicos castillejanos. No se piense, a juzgar por el expediente de mi madre, María Jiménez (ver Los olvidados, 6f. Noviembre de 2020) que el policía Pedro Navarrete Hornero era hombre de buenas inclinaciones, tolerante o comprensivo. El adorno de estas cualidades le hubiera impedido formar en las filas del aparato represor franquista. Pedro Navarrete aparece sobre todo, en sus escritos e informes, como un absoluto y completo machista, ejemplo fiel de aquellos que el nuevo régimen fue acuñando, como respuesta a las libertades que las mujeres obtuvieron durante la II República.
Mi madre María Jiménez Copado en una foto del año 1934
El estricto y temible jefe Pedro Navarrete no perdonaba a nadie, especialmente si era del sexo femenino; a una mujer acusada de pertenecer a una organización comunista la tilda de enteradilla por haber leído algo, y de sabihonda societaria; en otra ocasión atacan a otra obrera acusándola de haber cobrado unos vales de un grupo comunista, lo que le cuesta el empleo; ésta se defiende en un escrito al Director, alegando que algún enemigo personal suyo está influyendo en las decisiones de la dirección. Los informes de madres solteras, o mujeres amancebadas, abundan; se tiene en cuenta a la hora de las admisiones el que se tengan familiares en el frente, pero sobre todo son las cartas de recomendación, el compadreo entre jefazos del ejército, el que decide.
Repasar los detalles de los expedientes de los obreros de la Pirotecnia Militar me mostró un panorama de extraordinario valor sociológico:
Los excombatientes de Franco mutilados tenían preferencia, avalados por la Corporación de Mutilados de Guerra, pero en ocasiones el Director de la Pirotecnia se resiste a admitirlos, por falta de trabajo en la factoría.
Hay informes de rateros y de otros malhechores, que creían que iban a limpiar su pasado apuntándose al frente en las Flechas Negras o a la Legión. La Iglesia, curas y monjas, juega un completo papel de recomendadora, y hay quienes recurren hasta a un aval del tendero de ultramarinos del barrio para acreditar su buena conducta: "mi cliente Fulano de Tal es persona de orden". Un obrero perteneció a la Legión Cóndor, y no tenía un pasado muy recomendable.
El cabo de la guardia civil, como ya hemos visto, iba personalmente al domicilio de los investigados, para recolectar información de entre los vecinos y familiares.
Una mujer en Madrid reclama por vía judicial a su ex-esposo pirotécnico dinero mensual para mantener a la hija de ambos, enferma y hambrienta. Otra no puede acceder al empleo en 1945 por no aportar certificación de viudez, y alega que su marido estaba en Madrid en 1936, en el lado republicano, y desde entonces no sabe nada de él, por lo que se autoconsideró viuda en la solicitud de ingreso.
Un niño aprendiz es calificado de dócil y sumiso por el cura de su parroquia; en ocasiones los curas expedían los certificados de buena conducta necesarios para ingresar.
Eran muy comunes los accidentes laborales, y casi todos tienen alguna nota de baja por ellos.
Un individuo de Tocina se evadió en julio del 36 a la zona nacional, y acabó viviendo en Caño Ronco, en Camas; movilizado, resultó herido en la mano y quedó como caballero mutilado cuando solicitó el ingreso en la Pirotecnia, avalado por la influyente asociación de mutilados de guerra; el informe médico especificaba que no podía realizar trabajos duros, por lo que fue destinado al departamento de limpieza. Otro evadido de Badajoz, después de que una Junta de Clasificación de evadidos lo pusiera en libertad, solicitó trabajo en la Fábrica, recomendado por un hermano suyo, monje de una orden religiosa, en cartas con gran aparato patriótico y moral.
A muchos y muchas los admitían por tener familia en el frente, o "asesinados por la canalla marxista". Una muchacha, al parecer de genio vivo, es despedida después de varios años de choques y discusiones con sus superiores; luego la superiora de un convento intercederá por ella para que sea readmitida, asegurando al Director "de todo corazón" en una carta, que la chica le ha prometido que va a portarse bien; se trata de una rubia de pelo ondulado, con boquita pequeña y mirada penetrante; el Director no accede, y sigue despedida. Otra, de gesto duro y boca en rictus, de tipología gitana, se pasó muchos años de limpiadora, hasta su jubilación, a pesar de haber estado en la Prisión Provincial varias veces anteriormente, por hurtos. Una mujer madura, canosa, estaba separada de su marido, que detentaba la propiedad de la pescadería del Barranco en Sevilla hasta que el Ayuntamiento se la quitó; dice Navarrete que él era "amante de la bebida"; este pescadero se asociaría con otro onubense para seguir en el negocio, mientras ella hacía vida marital con un tercer hombre.
Hay un individuo que aparece en la foto con una enorme gorra y unos bigotes grandes, que fue barrendero en Sevilla hasta la llegada del Frente Popular, cuando perdió su empleo; aprovechó el Alzamiento para ingresar en la Falange, y luchó más de un año hasta solicitar el ingreso en la Fábrica.
Y la hija jovencita de un oficial o jefe del ejército solicita el ingreso; su informe policial dice que tiene un hijo de padre desconocido, pero que se le ha muerto recientemente.
La viuda de un guardia civil "muerto heroicamente" cuando defendía el cuartel de Cantillana del asalto de las turbas (sic) solicita el ingreso; tiene algunos hijos de su matrimonio, pero Navarrete informa de que cobra varias pensiones, lo que no es obstáculo para que ingrese y trabaje muchos años.
El Jefe de Líneas Eléctricas de una estación de tren cercana a la Pirotecnia denuncia ante el Director a una pareja de empleados por escándalo público; paseaban una tarde con su perro, el cual persiguió a una gallina propiedad del denunciante, y cuando éste les exigió que controlaran al can, la pareja, delante de varios vecinos testigos, comenzó a insultarle y a increparle a gritos; se especifica además en el expediente que los denunciados hacen vida amorosa, estando unidos ilícitamente.
De otro dice Navarrete que aunque es "buena persona" parece algo sospechoso, porque está dominado por su mujer y por la familia de ésta, todos ellos simpatizantes con la izquierda. Y de la familia de otro dice que todos ellos son ladrones con diversas denuncias y de izquierdas, en el informe sobre uno de los miembros; sobre este solicitante hay otro informe de su anterior trabajo, una zapatería sevillana, que dice que aunque no se le puede probar nada, faltaba a menudo dinero en la caja; es uno de los escasos informes empresariales desfavorables, ya que en general todos alaban la probidad de sus antiguos empleados.
Las denuncias por pertenencia a sindicatos de izquierda son frecuentes, pero siempre se especifica si el sindicado era activo o no, para, en este caso, ser admitido sin más complicación. En una foto aparece una obrera con la típica blusa y la chapa, pero con la particularidad de llevar la cabeza cubierta con una amplia toca que le oculta hasta los hombros, dándole apariencia de monja; es una muchacha de ideas derechistas, con tradición en su familia y con hermanos combatientes o asesinados; hay fotos extrañas, con la obrera cruzada de brazos, arremangada y riendo descaradamente, o vestidas con trajes de gasas con volantes en las hombreras; en ellas, alguno aparece también riendo ampliamente, o mirando de medio perfil, o con sombrero de alas amplias, boinas de pueblo, gorrillos cuarteleros, corbata, chaqueta y pañuelo al bolsillo, etc. También aparecen antiguas matronas a principios del siglo XX y finales del XIX, obesas y bonachonas, cuyas hermanas, hijas o sobrinas en ciertos casos ejercen de cigarreras.
En cierta discusión entre un grupo de obreras y la revisora de su departamento, una de ellas, ni corta ni perezosa, "entregó la chapa" allí mismo, y fue despedida inmediatamente. Hubo peleas en el interior de la fábrica, con heridos de por medio.
Hay ayudas médicas para gafas, prótesis dentales, etc; a una le dan 57 pesetas para un delantal nuevo, porque el suyo fue destrozado por una cinta de trasmisión de una máquina. Y a veces pagan adelantos para que puedan comprar las familias ropa de cama, o abrigos, o zapatos.
Una dolencia muy común entre los obreros es "dilatación de ambos anillos inginales", pero nunca es obstáculo para la admisión. Se dieron también casos de paludismo. Podían perder el empleo por larga enfermedad, aunque seguían cobrando un porcentaje.
Solicitó informes, el Director, de un trabajador de Coria del Río; el alcalde de la localidad los dio buenos, pero el Cabo de la guardia civil no tanto, ya que apunta que no le gustaba el individuo porque había dilapidado una herencia con su vagancia, haraganería y buen vivir; además lo acusa de arrendar tierras, subarrendarlas luego, cobrar el subarriendo y no pagar el arriendo; encima dice de él que le gusta el vino, aunque no se le ha visto en estado de embriaguez; y que pedía pan fiado y parte de este pan lo cambiaba por dicha bebida alcohólica; y que había contraído multitud de deudas. Este obrero trabajó con anterioridad en tareas de la recolección de arroz. El cura de Coria se las ve y se las desea para expedir una partida de su bautismo, que tiene que elaborar con varios testigos jurados, porque, según su nota, las turbas marxistas en mayo de 1931 quemaron parte de los archivos, perdiéndose el libro de bautismos en cuestión. A pesar de todo, este hombre estuvo muchos años en la Pirotecnia, hasta los años 60 del siglo pasado, cuando se jubiló.
A otro sevillano, con unos días de suspensión de sueldo por insolentarse con un superior, le facilitan cristales de gafas; este hombre tenía varios hermanos, todos de izquierda, y a uno de ellos se le aplicó el Bando de Guerra; otro estuvo preso por lo mismo, y a él lo acusaban en los informes de tener ideas anarquistas; tuvo, ya en los años 60, que pedir permiso de un par de horas para acudir al Juzgado de testigo, porque se había cometido un crimen en un piso de su bloque.
Había trabajando en la fábrica tres hermanos naturales de Almadén de la Plata, uno de los cuales con un grueso expediente en el que se ponderaba, por varias personas e instituciones, su colaboración con los nacionales en los primeros días del Alzamiento; el individuo se apuntaba voluntario a todas las batidas en Almadén, a la caza de rojos huidos, y en una ocasión habiendo sido herido un requeté compañero, él se quedó a su lado defendiéndolo a tiros del acoso de los marxistas desde las cinco de una tarde hasta las seis de la mañana del día siguiente; se apuntó a la Falange, la cual intercede por él para acceder al empleo; era una familia con negocios de tiendas de comestibles en Almadén, y al llegar a Sevilla siguieron trabajando en lo mismo, pero ya como dependientes; varias firmas dan informes de ellos y de su buena conducta. Otro hermano pasó por Écija, donde también actuó en el Alzamiento colaborando con la Guardia Civil en la persecución de marxistas, según informe del Comandante de aquel puesto.
Y tenemos a un estepeño Reina de segundo apellido, hombre de orden vecino de Sevilla, que fue muchos años chófer de un importante jefe militar, el cual da de él excelente informe.
Además de Navarrete, el otro apellido protagonista entre los expedientes como estricto y duro jefe de policía era Ángel Contreras Gago (ver Los olvidados, 6e. Noviembre de 2020), que, igual que el anterior, debía ser el terror de las familias de clase baja sevillanas. A una viuda de un corneta guardia civil en Morón de la Frontera, muerto él por los rojos el día que asaltaron y quemaron el cuartel, le elaboran un informe desfavorable porque cobraba una sustanciosa pensión y vivía desahogadamente.
Hay un señorona derechista y muy religiosa que elabora una carta rastrera hasta lo inverosímil, llena de alabanzas e invocaciones a la generosidad y buen corazón del Director, repleta de vivas a Franco y al Movimiento, en la que suplica por "un rinconcito" donde trabajar para subvenir a las necesidades de su familia.
Respecto a una buena mujer se recomienda que se la vigile discretamente, porque aunque se enroló en la Falange los primeros días del Alzamiento, se sabía de ella que había pertenecido al partido comunista, en el que actuó recolectando dinero para el Socorro Internacional; se aconseja intentar detectar algún desliz en ella, para actuar en consecuencia.
Una patética carta de solicitud de otra, llena de faltas de ortografía, expresa claramente que lamenta no tener recomendación de ningún militar importante, lo que indica que el padrino uniformado era algo de dominio público y universalmente aceptado.
Haber perdido el empleo con el ascenso del Frente Popular aumentaba enormemente las posibilidades de ser admitido.
A una muchacha regordeta, de mirada vivaz en la foto de su carpetilla, nacida en Sevilla y cuyos padres eran él de Cádiz y ella de Jerez, el policía Pedro Navarrete le hace un seguimiento exhaustivo, tildándola en su extenso informe de "mujer pública"; dice de ella que tiene relaciones íntimas con un ditero viudo, del que da el nombre y domicilio, y que le paga el pupilaje en una casa; dice que ha tenido infinidad de amantes, aportando bastantes nombres, domicilios y profesiones, y que ha vivido con varias mujeres de mala nota, amancebadas y separadas; informa que los vecinos la ven llegar a las 6 de la mañana en coche, por lo que deduce que va a su casa para coger la comida e irse a la Pirotecnia, después de una noche de juerga; y da datos sobre sus compras, manifestando que adquiere salchichones, chorizos, quesos, mortadelas y que lo paga ella misma, sospechando que es para sus fiestas. Pero lo curioso del caso es que esta muchacha viene fuertemente recomendada, con muchas notas marginales a mano en los documentos, del tipo de "importante que ingrese", "hacer todo lo posible", etc. Su recomendador es un tal De la Calzada, que envía una tarjetita a su hermano abogado, ambos domiciliados en Sevilla, con mucha influencia éste, por lo que se ve, en el Director.
Siguen las denuncias contra madres solteras, contra amancebadas y contra las que insultan y se insolentan con sus superiores y compañeros; hay una muchacha que se jactaba de no haber sido castigada por insultar a un compañero, por lo que es expulsada.
A un grupo de ambos sexos, entre los que hay un maestro de taller, se les abre expedientes con castigos de diversa consideración porque en el turno de noche hubo cierto escándalo; se menciona un retal de seda, conversaciones tendenciosas, y que se permitió a los obreros salir en horas de trabajo.
Hay una viuda de un obrero muerto "en la explosión". Se menciona en una solicitud a un hermano escapado de "la jauría marxista". Una mujer despedida solicita el reingreso alegando que le habían dicho que el motivo de su despido era el haber solicitado el turno de noche; da como explicación de porqué lo hizo la de necesitar tener tiempo de día para ejercer otra ocupación que le aportara más dinero para su casa.
Se informa de una mujer que había participado en la "huelga de alquileres" que tuvo lugar en la República, y que por ello había sido desahuciada a la llegada de los franquistas. Navarrete a veces informaba de alguien sin que se lo hubieran pedido expresamente desde la Dirección, como en el caso de una muchacha de la que dice que cohavita (sic) con otro compañero de la fábrica; de ello se deduce que su misión era la de ejercer un espionaje penene sobre las intimidades de todos, contando probablemente con una extensa red de chivatos a los que de algún modo favorecería.
Uno de los expedientes mas complejos es el de un cubano, sobre todo porque aparece su foto con otro nombre en otro expediente, abriendo la posibilidad de una doble personalidad. Natural de La Habana, estaba en Barcelona como técnico cinematográfico cuando estalló el Alzamiento; hay en su expediente una tarjeta de una empresa barcelonesa de cine, con su apellido y las iniciales de su nombre y un título de marqués muy extraño. Este hombre se evadió de Barcelona, y llegó a ser sargento de artillería durante la guerra; en la foto está, bastante joven, con boina de medio lado, bigotito fascista, mirada apagada y aspecto raquítico y un gran tabardo de abrigo; es admitido en la fábrica, y al poco tiempo pide traslado porque ciertos productos químicos le están afectando al encontrarse débil y anémico debido a la pérdida de sangre por las heridas en el frente de batalla; en efecto, es mutilado de guerra. Vive en Sevilla, solo y sin familia, y los falangistas interceden por él. En el reconocimiento médico se dice que debido a su falta de visión, necesita un trabajo especial. En el otro expediente aparece la misma foto de este cubano, pero con otro nombre y filiación; es un individuo sevillano, tipo obrero medio, con varios reingresos y bajas y sin nada de particular que mencionar.
Evadidos hay dos hermanos de Zamora, que, buscados por los rojos, se vieron forzados a huir dejándolo todo excepto un puñado de billetes que se trajeron en los bolsillos, y que tuvieron que depositar en un banco de Burgos porque no estaban estampillados, a la espera de que las autoridades franquistas decidieran sobre el particular. A los dos, después de liberados por la Junta de Clasificación de Evadidos, les dieron pasaporte a Sevilla, donde tenían familia, encareciendo a las autoridades que los socorriesen en el camino. Uno de ellos acabó viviendo en Carmona, y ambos ingresaron en la Pirotecnia.
Hay un sujeto de Oviedo, muy felicitado por la defensa que hizo frente a los rojos en esta capital, y que también recaló en Sevilla; había sido miliciano de Falange en los primeros años, y al ser camisa vieja todos le abren las puertas, al contrario que muchos afiliados de F.E. tarde en el 1936, que se unieron a estos fascistas incluso después de pertenecer al Partido Socialista durante la República.
Otro expediente interesante es el de un guardia civil extremeño que había causado baja en el Cuerpo en tiempos republicanos sin que nadie supiese los motivos, y estaba de vigilante en cierta obra de la construcción en Sevilla; dice Navarrete que sospechaba de él porque cuando le preguntaban los vecinos sobre su pasado de guardia civil respondía que no hablaba de ello porque "no se podía fiar uno de nadie"; fue juzgado por hurto en 1937, ya de obrero pirotécnico, y declarado inocente.
Y uno bastante especial, marmitón en un vapor de una naviera sevillana durante 1931 y 32, solicitó el ingreso, para causar baja en 1941 debido a que se iba a trabajar a Alemania; regresó en 1943 y fue readmitido, estando muchos años en la fábrica, hasta su jubilación.
Una mujer, viuda de un obrero muerto en una explosión en la fábrica, recibe diversos auxilios, como entrar más tarde para tener tiempo de cuidar a sus tres hijos, u obtener el pan diario gratuitamente; había sido recomendada por el anterior director de la Pirotecnia, De las Llanderas, el cual se encontraba en Madrid, desde donde requirió su reingreso después de una baja por falta de trabajo; el director en activo le contestó que había recibido informes malísimos de ella; que era la amante de un obrero casado, y que entre los dos le habían dado una paliza a la mujer legítima de él en su propia casa, además de haber formado un escándalo en la puerta de la fábrica; desde Madrid De las Llanderas responde a su amigo el director que tratándose de "una pájara" y de "una desagradecida", está en completo acuerdo con que no vuelva a trabajar.
A otra se le acusa de agitadora de ideas progresistas que durante la República cobraba los sellos Pro-Presos entre sus compañeras de la fábrica, donde hacía todo por soliviantar a sus compañeras; su padre era un antiguo guardia civil de Almadén, muy bien considerado por las autoridades, pero a ella y a otras hermanas se las tilda de izquierdistas corraleras; se dice que la pirotécnica estaba amancebada con "un señor".
A la hija de otro guardia civil se la expulsó del cuartel donde vivía con sus padres en Sevilla, por conducta inmoral; era madre soltera. Sus padres fueron trasladados a Cáceres por no haberla corregido.
En Osuna una muchacha se amancebó con un burócrata, con el que tuvo dos hijos, pero éste la abandonó marchándose a Barcelona, y ella empezó a frecuentar las casas de lenocinio hasta que las autoridades republicanas la expulsaron de la ciudad; se vino a Sevilla y se colocó en la Pirotecnia, pero su pasado salió a relucir cuando la investigaron los franquistas. Otra pirotécnica era acusada por sus vecinos de mantener relaciones íntimas con un alto empleado del Banco de Bilbao, y para cerciorarse el cabo de la guardia civil acudió al domicilio de él; allí le informaron que maltrataba a su mujer y que se sabía que dormía muchas noches fuera del hogar conyugal, con una amante empleada de la Pirotecnia.
Mientras que Pedro Navarrete parece ser el encargado de elaborar informes de solicitantes a instancias del Director, Ángel Contreras está a cargo de una red de espionaje que vigila indiscriminadamente y que proporciona, cuando encuentra anomalías en la conducta de cualquiera, informes desfavorables de forma muchas veces intempestiva.
De Constantina había dos hermanas que vieron la destrucción del ajuar de sus casas y el asesinato de un hermano de diecisiete años en los días posteriores al golpe, a manos de los izquierdistas; el padre, que era carpintero, enloqueció de resultas de la impresión y otro hermano mayor se alistó con los nacionales tan pronto como pudo para vengar la muerte del joven matando rojos.
Hay una viuda con seis o siete hijos pequeños, la mayor enferma, y que trabajaba de limpiadora en el Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache; esta viuda eleva una solicitud de empleo al Director para su hijo mayor, de unos dieciocho años, que fue admitido, pero a los pocos meses llamado a filas; aparece en primera línea adscrito a un batallón de Falange y unas semanas después pasa a un Tabor de Regulares de Ceuta.
Una mujer se dirige directamente por carta a Queipo de Llano en solicitud de empleo en la Pirotecnia, apelando al buen corazón, a la preciosa sangre y a la sincera preocupación que el General sentía por los obreros; el General envía la carta al Director, que después del acuse de recibo accede a admitirla.
A otra se la tacha en el informe policial de borracha corralera escandalosa, expulsada de cuantas casas habitó por su carácter de dominantona, y afiliada al Partido Comunista. Y de otra, natural de Madrid donde le sorprendió la rebelión, se dice que mostró signos de gran júbilo cuando las tropas franquistas fueron detenidas en su avance hacia la capital, y que se la oyó decir cuando los aviones republicanos venían a bombardear Sevilla: "¡ojalá hagan pedazos La Pirotecnia!"; esta mujer en su solicitud decía que tenía hermanos en Barcelona, pero que no sabía nada de ellos después del 18 de julio.
Hay un expediente tan poco común que merece párrafo aparte: es el de José Cabeza Nimo, que abarca ya entrada la década de los 50 hasta su final; es poco tiempo el que José trabajó en la Pirotecnia. En su documentación podemos hacer tres diferenciaciones: documentos mecanografiados entre el Director y cierto general en Madrid, especie de mentor de José, otros igualmente mecanografiados entre el Director y diversos organismos, como la Magistratura de Trabajo o algún juzgado, y los últimos y más reveladores, constituidos por las cartas manuscritas de José Cabeza al Director y a algún general, ministro, e incluso al príncipe Juan Carlos de Borbón, cartas entre las que se encuentran dos dibujos de amplia dedicatoria enviados como un obsequio al Director; en los dos primeros grupos se deslizan, irremediablemente dada la personalidad de José, apreciaciones personales poco frecuentes en documentos oficiales, como "cartas inadmisibles", "individuo demente", etc., que delatan el aspecto humano de sus autores y sus personales reacciones ante la insistencia obsesiva y la patológica manera con las que José expone sus problemas; se llega a afirmar que no se le ha llevado a juicio a causa de su estado mental. La historia de este hombre, nacido en Zalamea la Real, va por Chipiona, Sevilla, Madrid y, creo recordar, Jerez de la Frontera. Su madre, según él, era Jefe de la Falange, Primera Línea, maestra nacional y perseguida por los rojos (a punto de ser fusilada), y la menciona en Aznalcóllar como falangista. Gracias a ser ahijado y protegido de un influyente general vicepresidente de las Cortes se colocó en la Fábrica, pero debido a su extraña conducta, a su escaso rendimiento y a algún roce con los compañeros, no se le renovó el contrato eventual; él llega a acusar a sus superiores y casi directamente al Director, de sus desgracias: quería a toda costa una vivienda de las que otorgaban para los empleados, alegando entre otras cosas que sus padres eran unos ancianos, uno casi ciego, y que se lo merecían por su patriotismo y su buen hacer durante el Alzamiento; toda su obsesión es el abandono que siente por parte de los desagradecidos camaradas de antaño, que han llegado, merced a la envidia, a emplearlo en la limpieza de los retretes de los aprendices, lo que le es imposible de realizar porque le produce vómitos, y su sensibilidad física lo impide. En sus cartas expone que malvive en pensiones en la ciudad gracias al poco dinero que su madre puede enviarle desde Chipiona, y que ha tenido que vender su valiosa colección de sellos extranjeros para poderse arreglar las botas, pagar los atrasos en la pensión y comprar comida. Exige, después de su despido, unas indemnizaciones a las que claramente no tiene derecho, e insiste compulsivamente en la traición de los que en otro tiempo gozaron de su amistad y de la de su madre, una heroína a sus ojos, a la que recurre constantemente para conseguir que se le tenga en consideración; es José un individuo completamente convencido de su megalomaníaca valía excepcional, gran inteligencia y superiores dotes artísticas; escribe una carta al Director (encabezada, como todas, con un "camarada general") refiriéndole su proyecto de escribir una monumental obra que haga justicia a los grandes hombres hispanos, desde Viriato a los últimos caídos de la Guerra Civil, incluyendo en ella a Zumalacárregui y al Gran Capitán, y le solicita que sea la imprenta de la Fabrica la encargada de publicarla; dice que lleva dos años reuniendo material para tan enciclopédica tarea, trabajando en archivos militares en Madrid. Otra vez, como queda dicho, envía dos dibujos en enorme formato, hechos a tinta y plumilla y coloreados con lápices; parecen de chico de primaria, y el tema es religioso: un gran ángel, de perfil, en actitud de rezo, orlado con ramas y hojas, y un cristo, de frente, con barbita recortada y grandes ojos. El tamaño de las figuras es considerable; por detrás hay una extensa dedicatoria a lápiz, con su letra garabateada e inclinada, grande, apenas legible y llena de faltas de forma y de ortografía: su estilo refleja un pensamiento inconexo, con grandes lapsus, incapaz de desarrollar los temas con un mínimo de profundidad, desbordado por una creatividad incontrolada y arrebatadora que se manifiesta no ya solo en el vocabulario sino hasta en los rasgos agresivos y crispados de la plumilla o del lápiz: sus cartas aparecen en ocasiones raspadas, con párrafos enteros borrados con hoja de afeitar, el papel roto; o llenas de notas ajenas, como un "GUAPA CHIPIONA" al final, al lado de su firma, o líneas y expresiones en inglés, como father; decía que estaba estudiando inglés y taquigrafía. José estuvo, antes de ingresar en la Fábrica, de cartero eventual en Chipiona, aunque él prefería decir "empleado honorario de telegrafía", y habla, de forma muy tangencial e inconexa, de una encantadora mujer que trabajaba con él entonces. Acaba sus cartas al Director siempre con un seco "se despide su subordinado", eludiendo tratamientos más prosopopéyicos, y aunque roza la acusación personal, de traición, estafa, engaño, etc., siempre guarda un mínimo de respeto con el Jefe, prodigándose con descaradas preguntas con letras capitales que inserta por doquier ( ¿esto es justicia? ¿dónde está mi dinero? ) apelando a Dios y a todo lo humano en pro de sus reivindicaciones. Algo le escuece y desasosiega, a tenor de su reiteración, y es el que le hicieran firmar unos documentos en blanco en vísperas de su despido, y califica a los que lo hicieron de "canallas" o "envidiosos". En uno de sus desbordados párrafos dice que cuando habló en el Casino Militar en Madrid, "hasta las piedras temblaron", y cuando se refiere a su padrino el general vicepresidente de las Cortes, ya fallecido por entonces, no olvida la fórmula entre paréntesis de q.e.p.d., aludiendo machaconamente al interés que tenía el difunto en él, en su formación espiritual y en su bienestar material. El otro general, su mentor, mencionado arriba, debió ser el que recogió el testigo de su recomendación, manteniendo desde Madrid con el Director una correspondencia acerca de este problemático José; en una de las respuestas, el Director explica al general la situación del despedido, y le copia a la letra unos artículos que especifican los casos en los que hay derecho a subsidios e indemnizaciones, tratando el asunto con toda formalidad, pero dejando entrever con alguna fina alusión que el interesado es todo menos un obrero normal. Estos artículos les son también enviados a los magistrados que entendían del conflicto laboral, cuyas cartas constituyen el tercer cuerpo del expediente, en las que se concluye que asistía la razón a la Pirotecnia. José Cabeza, mas o menos asesorado con seriedad por amigos y conocidos, removió cielos y tierra en todas las instancias. Al final se encuentran copias mecanografiadas de la mayoría de las inverosímiles y estrambóticas cartas manuscritas de José, como si se hubieran preparado para presentarlas en una demanda judicial, lo que no tendría nada de extraño: creo que José se libró de ella gracias al general que intercedía por él desde Madrid, y ante el que el Director actúa con gran comedimiento y tacto, y gracias también al paternalismo de que hacían gala los viejos luchadores, ya barrigones y apoltronados, semiolvidado el fragor del combate y las penalidades del país. Extraño el hecho de guardar en la carpeta de su expediente, con afán casi de coleccionista, tantos y tan extraños documentos, si no fuera para presentarlos como pruebas en un hipotético juicio, latente amenaza siempre contemplada para acabar con los impertinentes asaltos de semejante moscón.
En muchos casos los operarios causaban baja por falta de trabajo, y volvían a ser llamados un par de años después, pero seguían en el periodo de baja siendo controlados por la red de policías y de delatores, en una red de la que no se libraban nunca; uno se dedicó a vender plátanos por Sevilla y pueblos cercanos, pero su familia informó a la policía que se pasaba dos o tres días sin aparecer por casa, lo que resultó suficientemente sospechoso como para aparecer en su expediente; este hombre intentó pasar a la fábrica una mañana con un paquete de cigarrillos, y al estar prohibido fumar en ella, el cabo se lo requisó, pero antes se encaró con él chulescamente espetándole: ¡¿porqué me lo vas a quitar?!, y luego intentó quedarse con seis cigarros que había sacado del paquete; dio parte el cabo y el informe consta en su expediente.
Otro fue portero en el hotel Madrid, en el que había buenos informes sobre él, pero años antes había sido detenido por hurtar material ferroviario.
Los había en abundancia que tenían denuncias por riñas públicas de palabra.
Otro individuo, desde muy joven en la Pirotecnia y de un barrio bajo sevillano, se apuntó, oportunista, en la Falange, con la que hizo la guerra, por la zona de Bujalance entre otras y luego volvió a solicitar plaza en la fábrica, con cartas llenas de muestras patriotas, con vivas al ejército triunfador, a Franco y a la sagrada patria; se le admitió, y fue baja en diversos períodos por falta de trabajo, en los que desaparecía viviendo por pueblos, hasta que en 1947 fue encausado, con otros tres pirotécnicos y algunos encubridores, por robo de vainas y puntas de fusil, por lo que a todos ellos les cayeron unos años de prisión. En la foto se ve al aventurero degenerado vividor, con bigotito y mirada descarada y con algún diente de menos.
María Jiménez Copado —en el centro— en uno de los laboratorios de la Pirotecnia







No hay comentarios:
Publicar un comentario