No se conoce si Anita, —apacible bordadora de redentoras banderas tricolores, dulce madrina de la sólida agrupación de la izquierda tomareña—, fue de las muchas jóvenes sombrías que en el despacho de Manuel Díaz Criado tuvieron que interceder, que pedir clemencia y que llorar por la vida y la libertad de sus familiares presos. Quizás. Quizá la única esperanza de su padre y de su hermano, los dos castillejenses valientes, zapateros presos, hubiera estado en que ella, implorante, accediera a las meditadas proposiciones preñadas de sadismo del capitán legionario alcoholizado. Quizás. El secreto está en el cementerio de Castilleja guardado, mudo, en la penumbra de viejos ataúdes llenos de polvo, escrito con signos indescifrables en huesos amarillentos como pergaminos, flotando en la aspereza astringente del hedor ya tenue por el paso de los lustros y de las décadas.
Pero hay un ruinoso escenario de crujientes tablones y cortinas apolilladas donde dos esqueletos espantan fandangos y soleares, cantos de la sierra jienense y cordobesa que son pregones de muerte. A la guitarra, el de José Rebollo Montiel. Al cante, el de Manuel Díaz Criado. Triste y angustiado, el respetable ha mucho que abandonó los palcos, que ya tapizan patéticas arañas.
Tal vez más vale así, acaso sea más útil esta forma en que el silencio desde su podio dicta su elemental discurso blanco. El escritor siente sobre sí un pesado manto de culpa al remover restos que acaso debieran permanecer cubiertos, siente una turbadora oleada de culpa cuando dirige a ciegas el débil candil oscilante en la inmensa profundidad del pozo de la negra vergüenza humana.
Cuando el metódico e intelectual Santiago Garrigós Bernabeu —antítesis de su predecesor— recibía en su mesa los legajos que su solícito ordenanza le arrimaba, tenía ocasión de reconstruir, sobre los andamios de la imaginación, los momentos en que aquellos documentos habían sido torpemente rubricados por Criadilla: huellas de quemaduras de cigarros (1) o círculos de vasos que rebosaron el coñac o el anís del amanecer ilustraban en los papeles los lujosos casinos, las salas de fiesta y los perfumados reservados de la plaza del Duque y la Campana. En el expediente de uno de los presos una mano profanadora con prostituido lápiz de labios había dibujado una roja boca que parecía sonreir con sorna, sugiriendo un beso de despedida. El delegado de Queipo solía comentar en voz alta, en su dionisíaca tertulia, los nombres y apellidos de quienes, para seguir existiendo, dependían de su temblorosa mano, pequeña y femenil, blanca y perlada de sudor, con un ancla mínima, desvaída y deforme, tatuada en algún rincón de algún zoco del Rif. Cuando el nombre recitado del infortunado que gemía en la mazmorra ameritaba la atención de alguien de los presentes —en la gran familia hispalense todos se conocían— se conformaba un improvisado tribunal de trastornados excombatientes, crápulas señoritos y mujerzuelas depravadas, que tomaba la decisión de la vida o de la muerte a veces entre besos, risotadas y magreos, a veces entre acaloradas discusiones punteadas de golpes de puños en las mesas, que el río de alcohol y el sexo sin freno terminaban por disipar.
Aquella insostenible situación terminó por trascender. El escándalo llegó a los sectores puritanos de los sublevados. Se comenzaron a alzar voces de protesta, de las que Franco hubo de tomar nota. Y a despecho de Queipo, Criadilla fue sustituido. Sin duda que también influyó el equívoco con el vicecónsul de Portugal, al cual Díaz Criado confundió con un espía, pero había mucho más, como el mismo Queipo dijo disculpándose ante dicho vicecónsul: "aquel [Díaz Criado] a quién atribuía la responsabilidad de este lamentable incidente y de otros también gravísimos, que le estaban causando situaciones difíciles y delicadas, no tardaría en cesarlo". Aunque Queipo no era un dechado de virtudes, las andanzas de Criadilla ya eran imposibles de asumir.
Este vicecónsul, Alberto Magno Rodrigues, "realizaba ciertos servicios para Nicolás Franco [el hermano del jefe del Estado, en funciones de secretario]. Las frecuentes visitas a Tablada desde el mes de agosto y los constantes viajes de Rodrigues por el triángulo Sevilla-Lisboa-Gibraltar, levantaron las sospechas de Díaz Criado, quién ignorante de que tras el asunto se hallaba el hermano de Franco, creyó encontrarse ante un peligroso espía". Ver, de Francisco Espinosa Maestre, La justicia de Queipo.
Pero, adelantemos unos meses:
Santiago Garrigós fue en principio señalado para levantar en rebelión a todas las brigadillas de la guardia civil de Sevilla y su provincia, convenciéndolas o coaccionándolas. Para ello se sirvió sobre todo del teléfono, antes de que, cuando se supo en los pueblos lo irremediable de los acontecimientos capitalinos, muchas líneas fueran cortadas por los republicanos.
"Medio día en Sevilla. En verano. En Julio. Un Cuartel de la Guardia Civil. Gerona, 21. Patio vulgar, corriente, amplio. Paredones blancos, un poco grises. Balcones con sus rejas, lisas, fuertes. Sol. Mucho sol. Ambiente enrarecido. Pasión y guerra. Afanes. Esperanzas. Sueños.
El Comandante Santiago Garrigó y Bernabeu posee un destino burocrático, apacible, risueño. El Comandante Santiago Garrigó y Bernabeu es un hombre fuerte, de estatura mediana, de continente erguido, pulcro, elegante. Tiene el pelo canoso, tiene los ojos castaños, tiene un gesto serio en su sonrisa amable. Es enérgico, pero es comprensivo. Es violento, pero es justo. Es seco, pero es afable. ¡Cómo le quieren en la Guardia Civil! ¡Cómo le respetan!
¿Es posible que haya alguna deserción en el Cuartel? No. Ahí está el Comandante Garrigó. El Comandante Garrigó que no pierde un momento su presencia de ánimo, sus modales discretos, sus frases afectuosas, su valor vibrante. El Comandante Garrigó que forma las fuerzas en el Cuartel de la Guardia Civil aquella tarde, de sangre y de sol.
Del Cuartel de Triana han llegado algunos guardias. El Cabo Enrique Galván Maestro (2). Alto. Delgado. Moreno. Primitivo Verde Reglado. Un atleta. Fornido. Fuerte. Fantástico. Ojos menudos, escrutadores, que se le funden en la nariz grande, aguileña. Siempre una sonrisa noble. Siempre una actuación heroica. Siempre un coraje único. Son voluntarios porque presienten la pelea. Han recogido al Capitán, también de la Guardia Civil, de la Segunda Compañía, Antonio Galán Hidalgo (3), en los Pabellones de América Palace. Y se presentan los tres, ansiosos de luchar.
Pequeña concentración la del Cuartel de la Guardia Civil de la calle de Gerona. El Comandante Garrigó toma la iniciativa. Y arenga a las fuerzas. Pocas palabras. Breves. Sentidas. Emocionadas.
—El Ejército está con nosotros para acabar con un gobierno tirano manchado de sangre y de crímenes. El que no esté conforme que dé un paso adelante.
Nadie adelantó un paso, y sin ponerse de acuerdo, espontáneamente, con lágrimas en los ojos y un latir apresurado en los corazones, gritaron todos:
¡Viva España!
El Comandante Mayor —cargo burocrático que no exigía esa audacia simpática—, el Comandante Garrigó se volvió sencillamente a varios Jefes y Oficiales, algunos de los cuales tal vez dudaban en decidirse, y dijo con orgullo supremo:
—Esta es la Guardia Civil...
Su voz vacilaba un poco. Había muchas lágrimas en muchos ojos. Y un temblor extraño en los cuerpos que no temblaron nunca, ni ante la muerte.
¡Qué gran ternura la de este momento! España volvía a ser España. ¡Y existía de nuevo la Guardia Civil!
Había sol. Mucho sol. Sobre los tricornios grandes y negros, relámpagos menudos, luces valientes, presagios seguros de una victoria próxima y espléndida.
¡El Capitán Francisco Vigueras de la Vega (4)! ¿Cómo olvidarlo? ¡Capitán de la Guardia Civil! ¡Caballero andante y romántico del Benemérito Instituto! Alto, más bien grueso, fuerte, sanguíneo, impetuoso. Pelo negro, enroscado, rebelde, rizado, como las olas en el mar. Y como el mar, azules sus ojos, llenos de bondad, pero también de energías y de entereza insospechadas. Un bravo donde los hay. Un valiente donde existen. Un héroe donde se producen. Joven. Decidido. Noble. Patriota.
Tan patriota que se jugó la carrera y la vida el 10 de Agosto. Tan patriota que no dudó en jugársela de nuevo el 18 de Julio, rebelándose bajo su sola responsabilidad, poniéndose a las órdenes de Garrigó, con su escuadrón de caballería.
Un coronel le llamó:
—Deponga su actitud...
—¿Yo? ¿Por qué?
—¡Soy su Coronel!
—Perfectamente. Pero yo me he rebelado contra un ministro, contra muchos generales, contra el gobierno entero. ¡No me voy a rebelar contra un Coronel!
Y rechazando las tentadoras ofertas, se puso a las órdenes directas de Garrigó. Envió una sección de sus jinetes, a las órdenes de Domínguez, a tomar los guardias de asalto. Así todas las secciones. Cuando sólo le quedó un puñado de hombres, salió al frente de ellos a la calle.
Y luchó por España.
Era de la Guardia Civil". El Terror Rojo en Andalucía. Antonio Pérez de Olaguer. Ediciones Antisectarias, Burgos, 1938.
(1) Una persona con el temperamento de Manuel Díaz Criado con toda probabilidad necesitó experimentar con drogas, máxime "allá por tierra de moros".
"Aunque se desconoce la fecha específica de la introducción del cannabis en Marruecos, se sabe que llegó a la región durante la conquista musulmana del Magreb (siglos VII–XV). Desde el siglo XVI se cultivó en todo el país a pequeña escala para uso local, en jardines y huertos, pero es a partir del siglo XVIII que la región del Rif se convirtió en un notable centro de producción, como se la reconoce actualmente". Wikipedia.
Fundada en 1919 por Millán-Astray, la Legión introdujo el consumo de hachís tras la Guerra Civil en el sur y el este peninsulares, e incluso durante la indicada contienda hubo abundante suministro en las trincheras y cuarteles, de lo que según el historiador Juan Carlos Usó se encargaba la propia Intendencia militar.
Durante el Protectorado (1912-1956) fueron muchos los españoles en el norte africano que fumaban grifa y kif —albañiles, carreteros, mineros de las minas del Rif, prostitutas, y también los tripulantes de los pesqueros de la bahía de Cádiz, con tripulaciones mixtas de gaditanos y marroquíes—.
Los legionarios aprovechaban sus viajes a la península para subir grifa, que vendían en los suburbios y arrabales de Cádiz, Sevilla, Madrid o Barcelona, hasta que en los años 60 los gitanos empiezan a hacerse con el negocio del trapicheo. Durante la República ya se vendían `cigarrillos de la risa`en algunas ciudades españolas. En algunas antiguas canciones cuarteleras que los legionarios aprendían de promoción en promoción se alude abiertamente al consumo de esta droga, usando términos que han llegado a nuestros días, como por ejemplo `estar colocado", "vacilón" o `canuto`. De todo ello ha quedado constancia en antiguas composiciones del folclore, en especial en el cante hondo.
Dolores Durán Domenech, cuñada del legionario Manuel Díaz Criado y religiosa del convento de las Irlandesas de Castilleja de la Cuesta, tuvo que estar informada de todo este tema, así como de la historia del edificio que albergaba a su congregación monjil. Ahora es el momento de traer a colación dos de las acuarelas del hermano del duque de Montpensier. Ambos, Antonio de Orleans y Francisco de Orleans, como dijimos, habían luchado en las filas de la Legión Francesa. Los dibujos del segundo, duque de Joinville, son del todo elocuentes. Ver Historia de los apellidos, 21x. Julio de 2020.


A principios de los años 70 del pasado siglo yo era invitado por algunos compañeros del cuartel de Ingenieros en El Aaiún, en las horas libres, a dar un paseo al cercano cuartel del Tercio. Iban a adquirir algún "canuto". Al contrario que en las demás bibliotecas de los distintos cuerpos de militares de la colonia, activas, llenas de gente y en las que comúnmente hasta faltaban puestos de lectura, la de los legionarios era un tugurio destartalado y siempre vacío, con mesas cuarteadas cubiertas de polvo del desierto, ceniceros repletos de colillas de tiempos de Alfonso XIII, y rotos muchos de los cristales de sus ventanas. Aquellos imbéciles vestidos de verde preferían pasar las tardes sentados en el suelo al respaldo de un muro, mirando entontecidos el horizonte ocre del arenal mientras los hilillos de baba les colgaban de las bocas entreabiertas que las miríadas de orondas moscas se disputaban. A su vez, los mandos directos, que hacían la consabida ronda por los prostíbulos de la ciudad, delegaban la dirección de la horda en algún viejo "lejía" a modo de cabo de vara, quien indefectiblemente comenzaba su misión empapándose de ginebra barata y tirándose de inmediato en el catre de su cuchitril.
A imitación de la Legión Extranjera Francesa, donde incluso hoy no es extraño ver a muchos de sus componentes —una gran parte musulmanes—, en Navidad o en otras fiestas señaladas "colocados y vacilones", en la española el kifi es parte de su "pas vu pas pris" heredado y tradicional.
El historiador polaco Lukasz Kamienski ha demostrado en su libro Shooting Up que desde que la humanidad comenzó a practicar la guerra, hombres y mujeres han usado drogas para potenciar sus capacidades luchadoras. Desde los hongos congelados consumidos por los piratas vikingos, a las hojas de coca de los guerreros incas, pasando por la morfina de los soldados en la Guerra Civil norteamericana, o las píldoras de laboratorio de la Wehrmacht. Un artículo revelador ilustra sobre las drogas entre los militares, y es el de Liam Stoker, Creating Supermen: battlefield performance enhancing drugs. Army Technology, 14 de abril de 2013.

Manuel Díaz Criado, nacido el 28 de octubre de 1898, aprobó el ejercicio de ingreso en la Academia de Artillería en julio de 1915. De alférez fue destinado al Tercio Extranjero en octubre de 1921.
"Después de tomado Tauriat Hamed, y en las avanzadas que se establecen para proteger a las fuerzas que se dedican a la reconstrucción de la fortificación, es donde sufrimos cuatro bajas. El alférez del Tercio, don Manuel Díaz Criado, herido leve, y tres heridos más, uno del Tercio, otro de Intendencia y otro de Ceriñola". La Época, 3 de diciembre de 1921.
"Campaña del Rif. 1921. Ocupación de Tauriat Hamed. Guerrilla del Tercio tiroteando al enemigo para asaltar la posición de Tauriat Hamed". Estas postales, que avispados fotógrafos hacían y vendían en los cuarteles, eran las delicias de familiares, amigos y admiradores de los soldaditos que las compraban y enviaban desde los frentes norteafricanos. Aquí se puede ver a una rolliza ¿cantinera? sonriente, con su enorme gorro encasquetado y sosteniendo el banderín.
Desde Melilla Manuel Díaz Criado llegó a Málaga herido de nuevo en acción del 5 de junio de 1923, en el brazo derecho, en una refriega con las tropas de Abd el Krim. De esta ciudad salió en el tren correo hacia Sevilla. Ascendido a teniente, se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria por Decreto del 18 de junio de 1924, con una pensión de 3.905 pesetas. Vuelve al Tercio de Extranjeros en noviembre de este último año. Es destinado al Regimiento de Pavía en mayo de 1926. Obtiene cuatro barras rojas en condecoración por septiembre de dicho 1926. Recibe la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo en mayo de 1927, en recompensa por la campaña de Marruecos. Este mismo año se le pudo oir cantando en la fiesta andaluza (ver entrada anterior). Está en Ceuta en 1930, en la Plana Mayor del ya general Millán Astray.
Hemos visto en la entrada anterior algunos episodios de su vida, que ahora completamos:
"Un muerto y tres heridos graves en un vuelco de automóvil. Jerez de la Frontera 13. En la carretera de Sevilla, cerca de la estación de El Cuervo, al volcar un automóvil de alquiler que procedía de Chipiona se le incendió el motor y quedaron debajo del coche sus ocupantes, vecinos de Sevilla, D. José Criado López, D. Luis Rodríguez Sánchez, el capitán de Infantería D. Manuel Díaz Criado y José Vargas Machuca, chofer. El primero [tío materno de Criadilla] resultó muerto y los demás gravemente heridos. Se elogia la conducta del ayudante mecánico Miguel Limones Barea, que pudo evadirse, y, a pesar de sufrir lesiones en las manos, extrajo de entre las llamas a los viajeros y los depositó sobre la cuneta hasta que pasó el automóvil propiedad de D. Roberto Osborne y los trajo a Jerez. En las inmediaciones del lugar del suceso, simultáneamente, un coche que hacía un recorrido de pruebas atopelló al ciclista Antonio Contreras Caravaca y le produjo la muerte. El chofer huyó, dejando abandonado el coche". El Heraldo de Madrid, 13 de agosto de 1931.
Curiosamente, por esta zona gaditana su hermano Juan Díaz Criado ("el Aviador" referido en la entrada anterior) también sufrió un accidente de tráfico, y casi inmediatamente otro con un avión:
"En el kilómetro 471 de la carretera de Cádiz chocaron tres automóviles, dos de la matrícula de Sevilla y el otro de Jaén, este último conducido por el capitán de Aviación D. Juan Díaz Criado. A consecuencia del choque resultaron heridos D. José Altúnez y doña Josefa Ros". El Imparcial, 2 de octubre de 1928.
"Aterrizaje forzoso. Sanlúcar.— Piloteado por el capitán Díaz Criado aterrizó con avería en el motor en la playa de Chipiona el aeroplano `Breghet 17`, resultando ilesos los tripulantes. Reparada la avería seis horas depués, regresaron al aeródromo de Tablada". La Nación, 17 de diciembre de 1928.
Gaceta de Tenerife, 6 de octubre de 1934
En efecto, Luis Díaz Criado se encontraba en Tenerife con el mismo empleo que su padre había tenido en la Pirotecnia sevillana —ver abajo—. Este mismo verano de la muerte del progenitor de Criadilla, en el final de la sesión de Cortes del 3 de julio de 1934 el señor Prieto "cita varios casos de concesiones ilegales de licencia de armas, y asegura que los capitanes Doval, de la Guardia Civil, y Díaz Criado, el de la ley de fugas del Parque de María Luisa en Sevilla [ver abajo], son los instructores militares de las Juventudes de Acción Popular". Luz, 4 de julio de 1934.
Su padre, también militar como está dicho, Manuel Díaz Gavira, fue destinado a la Fabrica de Artillería de Sevilla, como encargado de efectos y pagador, desde marzo de 1910. Es primer jefe de la Comandancia de Tropas de Ceuta, como teniente coronel de Intendencia, en 1924. Su madre, María Gloria Criado López, falleció en Sevilla en junio de 1916. Era hija de José Criado Acosta y de Eloisa López González, quienes vivían en 1895 en la parroquia de San Vicente de Sevilla, con tres hijos: Gloria, de 22 años, Eloísa, de 20, y José, de 10.
Los abuelos paternos de Criadilla fueron Juan Díaz Valera y María del Rosario Gavira Utrera, nacidos en Sevilla, vecinos de la calle Hombre de Piedra n.º 7 en dicha ciudad en 1875, él de profesión comerciante y propietario. En este año nació Manuel Díaz Gavira, y contaba 3 su hermano Juan Díaz Gavira. En 1895 ya aparece en la calle Hombre de Piedra Manuel, con 22 años y oficial del Ejército. Vive con sus padres y sus hermanos Mercedes, Juan y María. Entonces tenían una criada estepeña de 17 años llamada Dolores Carmona Díaz, hija de Manuel y de Antonia.
En 1900 vivían en la sevillana calle Jesús del Gran Poder n.º 95 María del Rosario, ya viuda, con sus hijos María de las Mercedes, de 29 años, soltera; Juan, de 24, soltero y abogado; María de los Ángeles, de 23, soltera; y Elisa Ruiz y Carmen Girón, sirvientas. En la rectificación de 1901 vive con ellos Agripino. Agripino Gaite Sánchez, nacido en la provincia de Palencia, abogado y terciario carmelita, ya viudo de María de las Mercedes Díaz Gavira, murió el 20 de julio de 1954 en Sevilla. Hija, María del Rosario Gaite Díaz.
María del Rosario Díaz Gavira, viuda de Emilio Guzmán Valera, falleció el 4 de septiembre de 1951 en Sevilla. Hijos, José, María de la Paz, Emilio y María de los Ángeles. Hijos políticos, María del Amparo y Antonio García y García-Baquero.
Aprovecharé para actualizar la información genealógica del general Silvela Díaz-Criado (ver la entrada anterior). Apunto antes que no he leído su libro sobre la guerra de Irak, pero que atento al galardón literario que los norteamericanos le han concedido, no creo que profundice mucho en el asesinato del periodista José Couso por los chulánganos yanquis que en Bagdad dispararon desde el tanque sobre el balcón del Hotel Palestina donde Couso hacía su trabajo.
El general Enrique Silvela y Díaz-Criado está casado con Paz Peña Corchado, unidos matrimonialmente en Manzanares (Ciudad Real) en octubre de 1995. Hijos, Enrique, Fernando, Gonzalo y Jaime Silvela Peña.
Hermanos del general: María Gloria, casada con Javier Mollá Ayuso; Victoria Eugenia, casada con Alejandro Girod Enterría; Rocío, casada con Enrique García Gullón; y Jaime, casado con Alicia Sosa Harguindey.
Dos cuñados del general Silvela Díaz-Criado son artistas pintores vinculados familiarmente a Manzanares: el primero, Fernando Peña Corchado, "Leodegario", obtiene buena crítica con sus originales imágenes distorsionadas. El segundo, Juan Peña Corchado, hace unas marinas ágiles, muy luminosas y vibrantes.
Para terminar con esta sucinta biografía del despiadado exterminador de obreros republicanos en la Sevilla de 1936 es obligatorio referirse a su actuación en la matanza del Parque de María Luisa en la madrugada del 22 al 23 de julio de 1931. (Un mes después tendría lugar el accidente automovilístico referido arriba, en el cual muere su tío materno José Criado López).
"Restos de sangre en la avenida Hernán Cortés del Parque de María Luisa tras la aplicación de la `ley de fugas` a cuatro detenidos". José María García Márquez, La «Semana sangrienta» de julio de 1931 en Sevilla. Entre la historia y la manipulación, Sevilla, Aconcagua Libros, 2019.
Encargado de una descontrolada conducción de presos sin ninguna supervisión de autoridad competente, en una ciudad convulsionada por la agitación social, Manuel Díaz Criado protagonizó las tormentosas sesiones del Congreso subsiguientes al trágico suceso.
"Desde Sevilla la Trágica. En el parque de María Luisa se aplicó la `ley de fugas`. (Crónica postal de nuestro redactor-jefe). Desde el primer instante fue creencia general en Sevilla que en el parque de María Luisa se había aplicado la `ley de fugas`. Pero en un primer momento faltaban datos, indicios. Poco a poco, ha ido aclarándose la cuestión. Y hoy puede afirmarse ya rotundamente que los cuatro individuos muertos entre las frondas del jardín más bello del mundo cayeron víctimas de la trágica ley que inmortalizará a Martínez Anido.
Ha sido tan grande y tan demostrativo el número de indicios que en torno al hecho se han reunido, que sólo quienes estén ciegos pueden negar. Y aun éstos tendrán que rectificar muy pronto, reconociendo que Parra, Navarro, Olivar y Pérez del Pulgar fueron ultimados en forma que exige la intervención enérgica e inmediata de los Tribunales de Justicia.
No se ha hecho pública hasta ahora ninguna prueba plena, absoluta. Pero es posible que exista y se encuentre, o se haya encontrado ya. Aunque en realidad no se necesita para demostrar la forma harto extraña en que murieron cuatro detenidos. Nosotros tenemos pruebas parciales. Vamos a exponerlas. Y creemos que entre todas bastan sobradamente para no dejar lugar a dudas.
La referencia oficial. De las distintas versiones dadas oficialmente, y a veces en franca contradicción, puede obtenerse la siguiente: A las cuatro de la mañana del 23 de julio salieron del Gobierno civil [tras en Hotel Inglaterra en la Plaza Nueva], para ser conducidos a los sótanos de la plaza de España, cuatro detenidos. Iban en una camioneta conducida por un guardia cívico, al lado del cual marchaba el capitán de Infantería señor Díaz Criado, y custodiada por fuerzas de Seguridad y Guardia civil. Al llegar ante la estatua del Cid, entrada del parque de María Luisa, la camioneta sufrió un pinchazo o una avería —que ni aun en esto están acordes las versiones—. Los detenidos, convenientemente esposados, fueron sacados de la camioneta, y, rodeados por los guardias, continuaron a pie hacia su prisión. Internados ya en el parque los guardias fueron tiroteados por unos pistoleros apostados entre los árboles. Los detenidos aprovecharon el momento de confusión para intentar huir, y los guardias dispararon para impedirlo y repeler la agresión. Al terminar el tiroteo se vio que ningún guardia había resultado herido; tampoco lo fue ningún pistolero. Sólo los cuatro detenidos habían caído, víctimas de la lucha. Dos estaban muertos, y otros dos, en estado preagónico.
Entonces los guardias los recogieron del suelo, y para curarlos, los llevaron al Hospital Militar, distante más de tres kilómetros. Allí ingresaron con vida dos de ellos, aunque murieron al poco rato.
Frente a la versión oficial. Veamos ahora toda una serie de argumentos lógicos en contra de la versión oficial.
El parque de María Luisa estaba, especialmente por la noche, ocupado militarmente para impedir que nadie se acercase a los sótanos de la plaza de España, que servían de prisión. ¿Cómo es posible que entrase en el parque un grupo de pistoleros armados?
¿Cómo sabían, si así fue, que a hora tan desusada habría una conducción, se produciría una avería y los presos continuarían a pie? ¿Quién se lo dijo, si sabían todo esto?
¿Cómo puede un hombre cojo y esposado, rodeado de guardias, intentar huir?
¿Por qué la comitiva, el lugar de acercarse a los sótanos, se alejó de ellos, internándose en el parque?
¿No es sintomático que no cayera herido ningún guardia ni pistolero, y, en cambio, muriesen los cuatro presos?
Las mujeres que limpian los pabellones suelen ir muy temprano en esta época a trabajar. ¿Por qué el día de los sucesos no las dejaron pasar?
¿Por qué, si a aquella hora no había ninguna otra conducción, se utilizó una camioneta en lugar del coche celular?
¿Quién dio la orden de traslado a aquella hora? ¿Fue el capitán Díaz Criado, el mismo que iba en la camioneta al lado del conductor, y a cuya declaración ante los parlamentarios se concede tan excepcional importancia? ¿Para qué iba allí?
¿Por qué una vez recogidos los muertos y heridos se les llevó al Hospital Militar, distante más de tres kilómetros, en lugar de llevarles al Equipo Quirúrgico —adonde van todos los heridos graves—, que sólo estaba a cuatrocientos metros, y por cuya puerta casi tenían que pasar?
¿Por qué, si hubo dos heridos que llegaron con vida, no se avisó inmediatamente al juez de guardia para que les tomase declaración?
¿Por qué no se avisó a las familias, y cuando la de Parra preguntó se le negó el hecho en todos los centros oficiales?
¿Por qué cuando se enteraron de la muerte no les dejaron ver el cadáver?
¿Por qué a los familiares de Navarro y Parra, que reclamaron con toda insistencia los cuerpos de sus deudos, no se los quisieron entregar?
Todas estas preguntas solo tienen una contestación. Y esa contestación se la ha dado hace tiempo el pueblo sevillano, envuelta en la más dura condenación.
Afirmaciones. El partido republicano democrático federal de Sevilla abrió, antes de la llegada de la Comisión parlamentaria, una interesante información acerca de los sucesos desarrollados. Y en esta información consta una documentación interesante, la de Antonio Rodríguez Zaragoza, quien afirma que a las ocho de la noche del miércoles sacaron, para ser conducidos al `Vizcaya` [un barco-prisión] a veinticinco detenidos, entre los que se encontraba Pérez del Pulgar. Pero que, estando ya en la calle, llegó una nueva orden, y Pérez del Pulgar fue metido otra vez adentro. Los demás detenidos se extrañaron y comentaron el hecho. Pero cuando sus comentarios fueron más graves fue al enterarse, al día siguiente, de que el citado individuo había muerto en el parque de María Luisa.
La C. N. del T. afirma —y tiene sin duda motivos para ello— que la camioneta en que fueron conducidos los detenidos no sufrió ni pinchazo ni avería de ninguna clase. Y en este sentido han informado a la Comisión parlamentaria.
El día de los sucesos una elevada personalidad sevillana —que luego ha declarado ante la Comisión, y en forma al parecer muy distinta— se frotaba (sic), aseguraba que se había aplicado la `ley de fugas`, y luego, irónicamente, añadía: `¡Ya empieza la República a utilizar los mismos procedimientos de la monarquía!`
Desde la plaza en que está situada la estatua del Cid a la de España, hay poca distancia y un camino recto. Era lógico que la comitiva hubiera tomado este camino. Sin embargo, torcieron a la derecha, alejándose de los sótanos. Y así llegaron hasta el punto en que ocurrió el hecho, que se encuentra a más distancia de la plaza de España que el sitio en que se produjo la supuesta avería de la camioneta. ¿Por qué se tomó este camino? Era completamente ilógico, pero también estaba muy oscuro. Y ésta puede ser la explicación.
¿Cabe dudar, después de todo esto, de que se aplicase la `ley de fugas`?
¿Cerca del final? La Comisión parlamentaria ha trabajado mucho para esclarecer por completo este asunto. Y sus investigaciones han dado un resultado más satisfactorio del que esperaban. En el sentido, claro está, de que la `ley de fugas` se aplicó. Han oído declaraciones de unos y otros. Han visto la torpeza con que han declarado los guardias y los que intervinieron de cerca o de lejos en el asunto. Han advertido las flagrantes contradicciones en que han incurrido. Y hasta es muy posible que hayan tenido confesión parcial o total. Esperemos el dictamen de la Comisión parlamentaria. Y tengamos fe en que se hará justicia". Eduardo de Guzmán. La Tierra, 8 de agosto de 1931.
"Coincidencias espantosas. En torno a los sucesos de Sevilla. En una de las admirables crónicas inquisitivas y aclaratorias de los recientes sucesos societarios ocurridos en Sevilla que envía a La Tierra su redactor-jefe, Eduardo de Guzmán, he leído, no sin conmovedor asombro, la problemática intervención del capitán de Infantería señor Díaz Criado en el hecho luctuoso y francamente indignante de la aplicación de la `ley de fugas`a cuatro honrados obreros en el parque de María Luisa, el `más bello jardín del mundo`. (Cayeron estos trabajadores de manera tan infamante y horrible, sin duda para testimoniar la ausencia de sensibilidad que se advierte en cierto ministro de tétrico abolengo y de más... tétrica historia.)
Al leer el nombre de Díaz Criado me `dió un vuelco el corazón`. Voy a recordaros, amigos lectores, quién es este hombre. No hace muchos meses prestaba servicios en una compañía de la legión, en nuestro remotísimo y olvidado Marruecos... No estará de más, creo yo, que rememoremos su desastrosa actuación con aquellas bravísimas y pundonorosas tropas. Se acababa de implantar la República en España. Los legionarios acogieron el nuevo régimen con acalorado y enorme entusiasmo. Pero sus jefes y la mayoría de subalternos eran monárquicos hasta el tuétano. De manera que las más nimias o más infantiles expansiones de los soldados en obsequio a la República eran acogidas por aquéllos con intransigencia, con despecho y con ira, que se traducía todo en castigos terribles hasta para quien se permitía solamente dar un tímido viva al régimen recién nacido.
Uno de los capitanes que más se `distinguieron` en este sentido fue el señor Díaz Criado. Ya mucho antes tenía fama entre `los suyos`. Autoritario, cruel, arbitrario y caprichoso, gozaba de la máxima impopularidad entre su tropa.
Pues bien; en el Tercio acaecieron sucesos gravísimos poco después del advenimiento de la República. No era más que eso: que el Borbón tenía allí sus más incondicionales esbirros.
Díaz Criado mandaba una compañía de la quinta bandera. Cuando esta unidad guarnecía en el mes de mayo el Zoco-el-Arbaa hubo en la misma gérmenes de indisciplina que inquietaron de modo alarmante al mando. ¿Motivos? Estos: filiación monárquica de sus jefes frente a un entusiasmo indescriptible por la República de aquellos simpáticos muchachos rebeldes y aventureros.
¿Cómo procedió el mando para restablecer la disciplina?
Pues fíjate, amigo lector: procedió el mando siguiendo al pie de la letra las inspiraciones de los propios insubordinados. Estos pedían el inmediato traslado del capitán Díaz Criado y de otro de la misma graduación, de cuyo nombre no quiero acordarme...
Y así se hizo. El capitán Díaz Criado tuvo que marcharse del Tercio más que a la ligera...
¿Te vas dando cuenta, lector amigo? Pero ¿`cómo diablos`, por qué monstruosa coincidencia, a este capitán le veo ahora en el centro de uno de los sucesos más horribles y turbios que costó la vida a cuatro hombres pacíficos, honrados y trabajadores? ¿Será verdad, entonces, que se ha aplicado la `ley de fugas`en el parque de María Luisa, el más bello jardín del mundo? A mí ya no me cabe la menor duda..." Pedro Pablo Portero. La Tierra, 11 de agosto de 1931.
"La primera autoridad de Sevilla se entregó en manos del señor Díaz Criado, que fue el que dirigió la famosa conducción de presos: un loco que había recibido un balazo en el cráneo, en campaña, y que desde entonces era considerado como un anormal". Señor Gonzalez López, de la Comisión de Responsabilidades de Sevilla, explica en la sesión de las Cortes del día 26 su punto de vista en los sucesos del Parque de María Luisa. Ahora, 27 de agosto de 1931.
"La Comisión parlamentaria investigadora de los sucesos revolucionarios de Sevilla ha llegado a la capital andaluza y ha empezado su actuación. Los puntos interesantes que ha de esclarecer hace que ésta se siga con profunda atención". Foto de Ahora, 2 de agosto de 1931.
El señor Vargas, de la Comisión, declara en la referida sesión que la conducción "la ordenó y la organizó el Sr. Díaz Criado, señor al que considera un anormal y capaz de cualquier disparate". Crisol, 27 de agosto de 1931.
El 11 de noviembre de 1931 se conoce ya el veredicto: no ha lugar al procesamiento de los guardias civiles Vicente Pérez Acebrón, Gabriel Cuéllar Sanjuán, Manuel Rubio Manzano y Sixto Nieto; de los guardias de Seguridad José Acuña, Lucio Gabaldón, Balbino Salinas y Rafael Persa; y de los "señoritos cívicos" Juan González Camino, Francisco Parladé Ibarra, Julio Galnares, Cristóbal Montes y Manuel Díaz Criado el capitán legionario. Los sevillanos no salen de su asombro indignado, ya que después de los trabajos de la Comisión parlamentaria todos estaban convencidos de la criminalidad de los hechos.
Ramón Franco Bahamonde, hermano —por entonces republicano— del que luego sería caudillo fascista, acogido con una gran ovación en el mitin del teatro Romea de Murcia del día 17 de mayo de 1932, censuró en su discurso "a los llamados federales gubernamentales, de Azaña y de Lerroux, y entre ellos a Franchy Roca, que, siendo fiscal de la República, dejó en la impunidad los crímenes espantosos cometidos en el parque de María Luisa por el capitán Díaz Criado, cuatro señoritos chulos y cuatro guardias, con premeditación, alevosía, nocturnidad, ensañamiento y en cuadrilla. (Gran ovación)". La Tierra, 18 de mayo de 1932.
Al año siguiente, en 1933, las organizaciones de activistas obreros actúan con contundencia contra quien estaba en su punto de mira en la ciudad.
En Sevilla el día 11 de enero de 1933 la C. N. T. declaró la huelga general. Los comunistas no la secundaban. El día anterior un grupo de trabajadores se apoderó a tiros de un tranvía, obligó a los viajeros a desalojarlo y lo puso en marcha sin mando. Un guardia de Asalto logró detenerlo. En la subsiguiente batida de la policía por los alrededores se detuvo a 18 personas, cinco de ellas portando pistolas automáticas y cargadores. Al anochecer hubo incendios de negocios, tiroteos y explosiones de bombas. La policía y el ejército cachean y registran autos. De madrugada los panaderos inician la huelga, y en la puerta de la cárcel se produce un tiroteo. Hay colisiones entre sindicalistas y comunistas. El gobernador García Labella ordena clausurar los sindicatos, pero se coacciona a tranviarios, albañiles o taxistas para que no trabajen. Los piquetes solo permiten circular a los médicos. Las calles quedaron desiertas y los mercados sin animación. Los camiones de los esquiroles eran incendiados y sus motores inutilizados con petardos y bombas, y algunos agentes de policía sufren heridas de bala al intentar identificar o detener a sospechosos. Varios transeuntes ajenos también son heridos. Carmen Lanzeta, de 50 años, que vendía naranjas en la puerta de la Universidad, fue disparada en la pierna izquierda.
En La Rinconada se viven horas de comunismo libertario, y en Camas el ambiente es parecido. En pocas horas el movimiento anarcosindicalista se extiende por Sevilla y su provincia. Los activistas viajan en automóviles por todos los pueblos para organizar el movimiento.
Desde las ruinas de Casa Cornelio, bombardeada por los militares en el verano de 1931 —cuando se produjeron los asesinatos del parque de María Luisa—, unos obreros disparan contra guardias de asalto, hiriendo al teniente Manuel Cayón. Son los días de Casas Viejas. A Andalucía llegan trenes desde toda España, repletos de guardias de Asalto con ametralladoras. Pero la revolución social se extiende por todo el país.
Este enero de 1933, cuando el abogado Juan Díaz Gavira regresaba a su domicilio en la calle Jesús del Gran Poder n.º 102 todavía flotaba en el ambiente la nube de polvo y aún resonaban los ecos de la formidable explosión que acababa de producirse en la próxima calle de Santa Ana. Mi anciana abuela Lucía Copado y sus vecinas en el corral de San Vicente n.º 90 referirían el susto que les produjo la deflagración, cómo muchos cristales de ventanas en los pisos altos se rompieron, y cómo llovían esquirlas de adoquines y ladrillos por doquier.
A las nueve menos cuarto de la noche en la casa n.º 11 de la calle Santa Ana —domicilio social de la U. G. T.— tuvo lugar la enorme explosión que se oyó en toda la ciudad. Tres hombres armados penetraron, pistola en mano, en el portal, y encendiendo las mechas de dos bombas las dejaron caer al suelo. El conserje logró coger una y arrojarla a la calle, y un socio pudo, a puntapiés, llevar al otro artefacto hasta la puerta. Esta última fue la explotó, causando heridas a 13 personas que deambulaban por la concurridísima calle, algunas muy jóvenes. Uno de los heridos, Rafael Cerquera Pérez, de 23 años, con impacto de metralla en el muslo derecho, de pronóstico reservado. En el número de Ahora del 24 de enero se muestra a Rafael Cerquera como uno de los que intentaron apagar las mechas de las bombas en la Casa del Pueblo.

Rafael Cerquera Pérez tomó parte en un acto celebrado en la Asociación de Dependientes Mercantiles en Sevilla, a las 11 de la mañana del día 2 de mayo de 1931. Rafael Cerquera Pérez era hermano de Joaquina, maestra nacional en Castilleja de la Cuesta, dos de cuyas alumnas fueron las hijas del alcalde Juan Sánchez Mesa, quien resultaría fusilado por los fascistas. Ver Padrón 1z. Enero de 2016.
El abogado Juan Díaz Gavira, conmocionado por la actitud del gentío que invadía la entrada de la Casa del Pueblo objetivo de los activistas, entró en su portal con la mente puesta en el hecho y la intención primera de tranquilizar a su hermano Manuel, quien en el piso de arriba reposaba de sus múltiples dolencias.
Distraído penetró el letrado en su casa, aunque no tanto como para no echar cuenta, con la lógica alarma, de un enorme artefacto colocado junto al macetón de plantas del amplio portal. Al instante, sus sentidos agudizados por el miedo, Juan Díaz percibió el olor de pólvora quemada que producía una mecha encendida en la parte superior del extraño armatoste, y en su cabeza, como un trueno mudo, se materializó el concepto de bomba. Arrojando al suelo la cartera que portaba se abalanzó de un salto hacia el dispositivo y, con la propia mano desnuda, apretó el cordón ardiente hasta asfixiarlo, arrancándolo de un fuerte tirón. Presa de la excitación propia del momento se asomó en busca de ayuda a la calle, donde todavía se producían carreras de vecinos alarmados y de chiquillos curiosos, y para su fortuna vio a dos cabos del cercano regimiento de Soria 9 que, desplegados por las autoridades en la zona, formaban parte del contingente movilizado en la ciudad en aquellas fechas de agitación y pistolerismo.
Los dos militares, tras inspeccionar el artefacto y cerciorarse de su completa inactivación, lo cargaron y se lo llevaron al cuartel de la Gavidia.
La mente ya lúcida del jurisconsulto, avezada a trabajar vertiginosamente, en seguida asoció el atentado en la cercana Casa del Pueblo con la bomba en su portal y con la peligrosa situación familiar en que su sobrino, el legionario Manuel, los había colocado a todos, especialmente desde el asesinato de los cuatro trabajadores en el parque de María Luisa en el verano de 1931. Inmediatamente subió las escaleras para hablar con su hermano, padre del promotor de la desgraciada situación que padecían. La bomba, —pensaba salvando los escalones de dos en dos—, no la habían arrojado allí los terroristas que huían de la calle Santa Ana, sino que fue colocada en el portal intencionadamente. Luego, con el paso de las horas, se afirmó la conclusión de que el principal objetivo de los activistas era su propia familia, y que la explosión en la Casa del Pueblo de la calle Santa Ana no era más que un cebo para que ellos se asomaran al portal.

Las dos bombas que no explotaron. A la izquierda la de la calle Santa Ana. A la derecha la de la calle Jesús del Gran Poder. La bomba de Jesús de Gran Poder pesaba casi 12 kilos, mientras que las otras dos, incluida la que explotó, pesaban menos de la mitad. Fueron estas dos restantes explosionadas por los artificieros a las 10 de la mañana del día 24 en el polígono de tiro situado tras la Pirotecnia Militar, en un pozo de paredes de hierro de 12 centímetros de espesor, que quedó semidestruido.
Los artificieros de la Pirotecnia Militar preparan los dispositivos para ser explosionados en la cámara de pruebas. Como posibles autores del atentado se detuvo a algunos directivos de la Confederación Nacional de Trabajadores de Sevilla.
Casado con Eloísa Criado López, resultan así dos hermanos —él y el padre de Criadilla— unidos a dos hermanas, esta Eloísa y Gloria (ver su genealogía arriba). Gloria, madre del referido Criadilla, era dos años mayor que su hermana. Juan y Eloísa no dejaron descendencia.
(2) El comandante Garrigós, jefe de Orden Público, junto a otras autoridades de la capital de Andalucía asistió al sepelio de su antiguo colaborador en el golpe contra la República, el cabo de la guardia civil Enrique Galván Maestro. Sepelio que tuvo lugar el 28 de abril de 1939, como publicó ABC de 29 de abril de 1939. A la vez, por cierto, se celebraba en dicha fecha y en Sevilla el de José Benjumea Zayas, esposo de Josefa Vázquez Armero (ver Historia de los apellidos, 21l. Mayo de 2020).
Enrique Galván fue herido por disparos unos días antes, al parecer al intentar detener a ciertos anarquistas. Un mes después su matador era juzgado, y a la semana ejecutado.
"Consejo de guerra en Sevilla. Sevilla, 21.—Se ha celebrado Consejo de guerra sumarísimo contra Manuel Romero López, autor del asesinato del cabo de la guardia civil Enrique Galván. El fiscal ha solicitado la última pena para el procesado". Azul, 21 de mayo de 1939.
"Ejecución de una pena de muerte. Sevilla, 28.—Se ha cumplido la sentencia de muerte dictada contra el anarquista Manuel Romero López, acusado de numerosos crímenes, que se le han probado. Cuando se trató de detenerle, disparó contra el cabo y los guardias encargados de prenderle, matando al primero". Hoja Oficial del Lunes. 29 de mayo de 1939.
El comandante Santiago Garrigós Bernabeu se habría escandalizado —o acaso hubiera sonreído con socarronería cómplice— si hubiese podido leer el libro Sevilla en la posguerra (Guadalturia Ediciones, 2010), que Nicolás Salas escribió trastocando artículos del periódico ABC que había dirigido. Nicolás desentierra de su hemeroteca al cabo Enrique Galván Maestro y a su matador el anarquista Manuel Romero López un año después de sus inhumaciones, los revive y los sitúa animados en un poco creíble complot para asesinar a Franco durante la Semana Santa de 1940. Como no podía ser menos, ABC se hace eco y reflejo de la pseudohistoria pergeñada por la mente enrevesada de su antiguo director:
"
Sábado, 23 de marzo de 1940. ABC de Sevilla informaba de las últimas jornadas de la visita del general Franco a Sevilla, en los días grandes de la Semana Santa. [...]
La crónica, imbuida del espíritu triunfalista del momento, apenas contaba algún detalle sobre las cofradías, si acaso las saetas que cantó Estrellita Castro el Jueves Santo, continuando con la narración de la presencia de Franco en la tarde del viernes en los palcos para asistir, nuevamente, al paso de las procesiones, llegando a presidir la procesión del Santo Entierro. [...]
Nicolás Salas, en su libro `Sevilla en la posguerra`, narró la existencia de un complot para matar a Franco precisamente en la Semana Santa de 1940, un atentado que se había planeado aprovechando su presidencia en la Cofradía del Santo Entierro, con una organización que partiría de la propia Internacional comunista. Tras una filtración del complot, los cabecillas del mismo fueron abatidos en un tiroteo en el conocido club Zapico, en la calle Leonor Dávalos, en la Alameda, uno de los centros de la prostitución de la época. Sobrevivió al enfrentamiento, que también costó la vida a un cabo de la Guardia Civil, el anarquista Manuel Romero López. Detenido, acabaría confesando todo el complot, una historia que no se haría pública, siendo conocida solamente la fecha de la ejecución del superviviente en la primavera del año 1941, según se hizo pública en una nota publicada por la prensa: ´Sentencia cumplida: Se ha cumplido la sentencia de muerte dictada por Consejo de Guerra contra el anarquista Manuel Romero López, uno de los asesinos del cabo de la Guardia Civil don Enrique Galván Maestro, afecto a la Policía Militar de nuestra ciudad…`. [...]
En la confesión, el ajusticiado puso en pie la identidad de los brigadistas muertos en el enfrentamiento del club Zapico, que habrían sido contratados por Victorio Codovila, el agente italoargentino del Komintern para España. Según Nicolás Salas: `El atentado estaba previsto para el Viernes Santo, cuando Franco presidiera el desfile del Santo Entierro. Los ex brigadistas habían decidido actuar en la salida de la calle Sierpes a la plaza de Falange Española, situándose dos a cada lado, en las calles Granada y Manuel Cortina, con bombas de mano y pistolas ametralladoras. Manuel Romero López les había asegurado escondites individuales, ropas para cambiarse y vehículos para la fuga inicial. Después contarían con la cobertura del Komintern para salir de España por distintos lugares`. [...]
Al parecer, Franco fue informado de lo ocurrido, autorizando como medida de protección que el guardia civil `Juanillo el de los pelos colorao` (sic)
, armado con un subfusil ametrallador, montara vigilancia debajo del palco principal del Ayuntamiento desde el mismo Miércoles Santo, el primer día que Franco ocupó la presidencia de los palcos. Nadie podía imaginar lo ocurrido viendo su rostro inexpresivo. Nadie podía imaginar la protección que había en torno a aquellos pasos detenidos ante los palcos del Ayuntamiento. Fue la Semana Santa de 1940, un año en el que, quizás, pudo cambiar la historia de España". Manuel Jesús Roldán Salgueiro.
Un atentado contra Franco en la Semana Santa de 1940.
https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/atentado-franco-la-semana-santa-1940.html
La guinda a todo el embrollo la colocan Eva Díaz Pérez y José María Rondón en Semana Santa insólita, Editorial Almuzara, 2014, que abunda en el mismo asunto y con idénticas tergiversaciones.
Entretenida lectura, pero que no ha de considerarse mas que una estratagema de varios famosos autores para vender sus libros a lectores incautos y pocos avisados. El guardia civil Enrique Galván Maestro y el anarquista Manuel Romero López no tienen ninguna vinculación con un supuesto complot para matar a Franco en la Sevilla de 1940.
A Isabel Galván Montes, viuda de Enrique Galván, le concedió una pensión el Consejo Supremo de Justicia Militar el 11 de agosto de 1943.
(3) "Antonio Galán Hidalgo nace en Alcalá de los Gazules el día 24 de febrero de 1905 en la calle Duque de Almodóvar del Río, a las 8 de la mañana. Fue hijo de Antonio Galán Fernández (farmacéutico) y de María de los Dolores Hidalgo González. Inició su carrera militar como alumno de infantería aprobando su acceso en Toledo el 4 de abril de I 922. Desde 1927, con 22 años, que asciende a Teniente, va pasando por los diferentes escalafones hasta alcanzar el grado de General de Brigada de la Guardia Civil según Decreto de 24 de marzo de 1962 (57 años). Nombrándole Jefe de la Tercera Zona. [...] Con fecha de 2 de abril de 1962 el Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules lo nombró Hijo Predilecto. Don Antonio Galán Hidalgo fallece en Zaragoza el 23 de febrero de 1983 a los 78 años.
[...]
El buque [Isla de Panay]
se pierde definitivamente en la noche del 7 de diciembre de 1929 al embarrancar en el bajo de los Primos entre Santa Isabel y San Carlos, en Fernando Poo. Era como las dos y cuarenta de la mañana cuando se oyó un ruido sordo debajo del barco como si tropezase con algún estorbo. Como iba despacio fue adentrándose poco a poco, siendo tres los tropezones los que dio. Al oír ese ruido, todos los pasajeros que dormían tranquilamente se despertaron alarmados pensando que algo grave ocurría. En efecto, el barco comenzó a inclinarse lentamente pues estaba encima de los escollos. La maquinaria intentó sacar el barco para atrás; todo inútil. El espanto empezó a apoderarse de todos. El barco seguía inclinándose. La niebla y la mar picada hacían la situación angustiosa. Los miembros de la tripulación más enteros de ánimos, entre ellos nuestro paisano, el teniente Antonio Galán Hidalgo hicieron una tarea ingente para organizar y ayudar a la salvación de la tripulación aterrorizada. Como mal menor la luz no faltó en todo el tiempo; si esta hubiera faltado, el caos..... la confusión.... y quizás las pérdidas humanas hubieran sido cuantiosas, pues además sólo se pudieron arriar los botes de babor y con mucha dificultad. Las primeras noticias del naufragio llegaron a las poblaciones cercanas sobre las 8 de la mañana y rápidamente el Gobernador ordenó el rescate de los náufragos. Las bocinas inundaron el ambiente y tras prepararlo todo, tras una hora de espera pudieron salir las lanchas disponibles a prestar ayuda a los náufragos, en medio de unas condiciones marítimas adversas que hacían dudar de la operación rescate. En tierra todo se preparaba para recibir a los náufragos. A las cinco de la tarde entraba en la bahía la lancha del Gobierno que conducía a algunos marineros. Luego más tarde fueron entrando las demás embarcaciones conduciendo a toda la población. Los pasajeros llegaron a la costa con lo puesto. No se salvó nada de la correspondencia ni de la carga. Se perdió también muchísimo dinero de particulares que lo traían en su equipaje. Se pudieron salvar 250.000 pesetas en billetes y posteriormente 50.000 en plata. El barco terminó hundiéndose pasadas las 12 del mediodía. No faltaron voces críticas sobre la actuación de la tripulación que no auxilió debidamente al pasaje que pudo salvarse gracias a la acción heroica de algunos de sus miembros, como es el caso de nuestro paisano Antonio Galán Hidalgo".
historiadealcaladelosgazules.blogspot.com
(4) Junto con el también capitán de la guardia civil José Garrigós Bernabeu (4a) —hermano del comandante Santiago Garrigós—, Francisco Vigueras de la Vega fue dado de baja en el Instituto armado por desafecto a la República, en aplicación del Decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros referente al mencionado Instituto. Firman la baja de ambos capitanes y de otros mandos de la guardia civil el presidente de la República Manuel Azaña y Sebastián Pozas (4b), ministro de la Gobernación, en Madrid el 26 de agosto de 1936.
Francisco Vigueras de la Vega. Hijo de Francisco Vigueras Espejo, del comercio, y de María de los Ángeles Vega, que tuvieron además a Magdalena, Milagros y Víctor Vigueras Vega. Todos ellos cordobeses.
Sus abuelos fueron Rafael Vigueras García, escribiente, y María Espejo Ortega, ambos también de Córdoba. Su bisabuelo, en cambio, era de Logroño, José Vigueras, casado con la cordobesa Rafaela García.
Este Vigueras procedente de La Rioja formó en Córdoba una extensísima familia.
Casado con Mercedes Lara-Barahona y Mazas, estuvo el golpista destinado en Córdoba durante la República. En dicha ciudad nació su primer hijo en diciembre de 1932. Un hermano de Mercedes, Antonio, abogado, murió en la ciudad califal el 14 de enero de 1938. Otro de los hermanos, Ángel Lara-Barahona, también abogado, murió en Madrid el 1 de diciembre de 1970. Era Secretario General de la ONCE. Un tercer hermano, Francisco, fue médico puericultor en Córdoba.
En el censo de Córdoba del año 1940 aparecen tres hijas de Francisco y Mercedes: Ángeles, Francisca y María Vigueras Lara-Barahona. Otro hijo, Francisco Vigueras Lara-Barahona, es vocal de la Asociación Sevillana de Asistencia, constituida por ultracatólicos voluntarios que atienden a personas mayores que viven en soledad. Diario de Sevilla, 16 de enero de 2008.
Francisco Vigueras Lara-Barahona
María de los Ángeles de Viguera Lara-Barahona, casada con Rafael García Hernández en 1952, tuvo 7 hijos. Su suegro, padre de Rafael, fue el pintor cordobés Rafael García Guijo (1881-1969). Ver María del Carmen García de Viguera. La pintura española en los siglos XIX y XX. Rafael García Guijo. (Tesis Doctoral). Universidad de Granada, 2015.
Retrato por García Guijo de Teodora Hernández Sanjuán su mujer, y de Rafael García Hernández, su hijo, este último casado, como hemos dicho, con una hija del secuaz de Santiago Garrigós Bernabeu en el golpe de 1936. La autora de la referida tesis doctoral pertenece a la misma descendencia.
"Enlace García Hernández y Viguera Lara-Barahona. En la iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso se ha celebrado el enlace de la señorita María de los Ángeles Viguera Lara-Barahona, con el arquitecto D. Rafael García Hernández. Apadrinaron a los contrayentes el teniente coronel de la Guardia Civil D. Francisco Viguera de la Vega, y doña Mercedes Lara-Barahona Maza, padres de la novia. Bendijo el enlace fray Albino González y Menéndez de Raigada, obispo de Córdoba, y ofició la misa de velaciones el padre fray Antonio García de Figar, O. P.
Firmaron como testigos, por parte de la novia, el padre Francisco Aguilar, D. Francisco Viguera Lara-Barahona, D. Ángel Lara-Barahona Maza, D. Víctor Viguera de la Vega, D. Valentín Álvarez Miaja, D. Pedro Tendero Moviedro y D. Ángel Suárez Gómez; y, por parte del novio, D. Enrique Tienda Pesquero, D. Eduardo y D. Cándido Velasco García, D. Ricardo Dodero Cobo y D. José Romero Rivera.
Los nuevos señores de García Hernández salieron para varios países europeos". ABC, 10 de mayo de 1952.
José Garrigós Bernabeu en la Revista Técnica de la Guardia Civil de junio de 1928. Dos meses después, el 20 de agosto, moría en Fregenal de la Sierra (Badajoz) Magdalena Bernabeu Monllor, con 70 años de edad, madre de Manuela, Jaime Santiago, José, Magdalena y María Garrigós Bernabeu.
(4a) Fue José Garrigós vocal técnico por el Instituto de la guardia civil en la Comisión representante del Estado para modificar, coordinar y estudiar lo legislado sobre armas y explosivos, que trabajó para ello en agosto de 1934 junto a la patronal organizada en la Cámara Armera de Eibar.
"En Madrid es detenido un revolucionario de Eibar. Madrid. El capitán de la Guardia civil D. José Garrigós Bernabeu, en unión del cabo Constantino Andrés y dos números, llegaron esta mañana a Madrid en persecución de un individuo que era el jefe del movimiento revolucionario en Eibar. La Guardia civil se trasladó a la calle de Hernani, y en una habitación alquilada encontró durmiendo a Tiburcio Eguía Lopetegui, que era el individuo a quien buscaban, gerente de `El Baluarte Obrero`, de Eibar, y secretario de la Casa del Pueblo de dicha localidad. Como decimos, este sujeto fue el jefe del movimiento revolucionario y era buscado desde hace tiempo por la Guardia civil. En Madrid se hospedaba con nombre supuesto y tenía una documentación falsa. Tiburcio será trasladado a disposición del Juzgado Militar de Pamplona". ABC, 22 de noviembre de 1934.
En febrero de 1944 fue designado jefe de la 210 Comandancia Rural.
José Garrigós Bernabeu se casó con María Teresa Álvarez Rodrigo, (fallecida en Valladolid en 1991). Tuvieron cuatro hijas: María Teresa, María del Carmen, Marilena y Fifi. Hijos políticos, Jose María Ruiz-Prados, Santiago R. Monsalve y Faustino González.
Marilena (María Magdalena) Garrigós Álvarez se casó con Santiago Rodríguez-Monsalve Menéndez (fallecido en Valladolid en el año 2017). Tuvieron a Cristina, Santiago, José, Arturo, Jorge y Carlos Rodríguez-Monsalve Garrigós. Hijas políticas, Lourdes, María del Carmen, Yolanda, María Antonia y Marina.
José Garrigós Bernabeu aparece como tío de la novia en la boda celebrada en la catedral de Sevilla en octubre de 1970 entre María Luisa Guerrero Checa y Enrique Pérez Viguera. También actuó en esta boda como testigo su sobrino Jaime Garrigós Gómez, el hijo del comandante Santiago Garrigós que vivía por entonces con su esposa y sus siete hijos en la barriada de la Inmaculada en Castilleja de la Cuesta.
María Luisa Guerrero Checa era hija de Jaime Guerrero Garrigós, odontólogo fallecido en Sevilla en 1992, y de María Luisa Checa García de Vinuesa. Este médico odontólogo desempeñó puestos importantes en asociaciones médicas de Sevilla desde los años 50. Veraneaba en Punta Umbría con José y Santiago Garrigós y sus respectivas familias por julio de 1963 y veranos siguientes.
Enrique Pérez Viguera —del cual sospecho parentesco con el Vigueras de la nota 3 de arrriba— fue subdelegado del Gobierno en Huelva. "
Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1968 y casado, con cuatro hijos y cinco nietos, ha sido durante 25 años profesor universitario. Desde 1988 hasta 1993, profesor asociado de la Hispalense en el área de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, y desde ese año hasta 2013, profesor asociado de la Universidad de Huelva en el mismo área. A su vez, ha sido vocal del Consejo de Administración del puerto de Huelva".
huelvahoy.com
(4b) Sebastián Pozas dio la orden a la guardia civil de Huelva para que acompañase a la columna de mineros en su intento de liberar Sevilla. Ver las entradas 1, 2 y 3 de Historia de los apellidos, de abril de 2019.
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