lunes, 28 de diciembre de 2020

Los olvidados, 11.

Firma del Delegado de Orden Público de Gonzalo Queipo de Llano, Santiago Garrigós Bernabeu

Si el impredecible Manuel Díaz Criado era el brazo izquierdo del Virrey de Andalucía, el cerebral Santiago Garrigós Bernabeu era el derecho. El primero, torpe, oscuro, emocional, primitivo. El segundo calculador, eficiente, metódico, una auténtica máquina de matar, perfectamente engrasada.

Los pulcros oficios, instancias, y exhortos del comandante Garrigós, sus definidos telegramas y llamadas telefónicas, y sus eficientes guardias, enviados, mensajeros y subordinados, comenzaron a extenderse y a llegar, como los precisos flagelos y exactos tentáculos de un monstruoso ente, vivo pero carente de humanidad, desde a los complejos cuarteles de las grandes ciudades de las provincias occidentales andaluzas hasta a los últimos destacamentos de la Benemérita perdidos en las más remotas aldeas de las intrincadas sierras. 
El monstruo se alimentaba, en primera instancia, del fárrago documental que su antecesor, el desordenado capitán legionario destituido, había dejado en los armarios de sus oficinas y despachos. Y de segundo plato, las delaciones infames de "personas de orden".

Cuando en los centros de detención, en los calabozos y mazmorras, en los campos de concentración, y aun en los escondrijos de "topos" —desvanes, sótanos, fondos de corralillos—, o en los grupos de huidos a las zonas montañosas, se fue conociendo que Manuel Díaz "Criadilla" había sido depuesto, todos respiraron con enorme satisfacción. Las familias obreras sintieron desaparecer de sobre sí el oprobioso agobio de aquella amenaza que día y noche se cernía sobre sus allegados. Pero...  pasaron pocos días para que la cruda realidad devolviera a la gente al mismo, si no peor, estado del que creía haberse librado. 
Santiago Garrigós superaba todo lo previsible e imaginable. Leía, estudiaba, analizaba y corregía cada olvido, cada omisión, cada gesto de clemencia que Criadilla había tenido con los señalados en la documentación judicial. Hacía buscar, perseguir, investigar, acosar, prender y volver a procesar a todo el que, en los papeles, no había dejado una clara trayectoria a ojos oficiales. Ya fuera un pastorcillo menor de edad, un anciano demenciado, una esposa analfabeta cargada de hijos, un estudiante luchando en las filas franquistas. No perdonaba. Y menos a los "nuevamente convertidos".

Para Santiago Garrigós la Luz del Conocimiento, la Perfección, el Bien, la Suprema Esencia descansaba en los papeles judiciales, que veneraba y sobre los que tenía el basamento su existencia vital. Poseído de un gran complejo de inferioridad frente a los militares de carrera (1), muchos de los cuales, —oficiales del Cuerpo Judicial—, elaboraban sus adorados escritos, el delegado de Queipo aferraba su persona reflexiva y pensante en las fórmulas burocráticas tecleadas, en sus encomiendas y órdenes. Todo ello en pro de "hacer mérito", según una expresión muy usada en ambientes cuarteleros. El complejo de inferioridad aludido, intrínseco en el Instituto Armado, tiene su reverso y complemento en el de superioridad que el militar de carrera siente respecto al guardia civil.

La gran familia del Ejército blasona de la limpieza noble de sus campos de batalla exentos de niños, ancianos, mujeres o desvalidos. Allí solo hay hombres en pie de igualdad. El militar ve al guardia civil grosero, inculto, falto de capacidad, un ser de cloacas que por mucho que se lave las manos nunca ameritará un lugar a la mesa de su hogar. El guardia civil se desenvuelve en lo más inmundo del pueblo bajo. 
El guardia civil teme al militar por el puesto que a éste asigna la sociedad. También lo teme por su estoicismo, por su educación en ideales alejados de los materialismos vulgares de la vida, como son el descansado sueño, el tranquilo comer, el orden en las calles y plazas, la propiedad privada, valores éstos cuya defensa da razón de ser al Instituto.

Santiago Garrigós esperaba la oportunidad de resarcir a Manuel el Criadilla del agravio que significaba haber aceptado, de manos de Queipo, su delegación de Orden Público. El guardia civil temía al militar. La organización y disciplina del primero depende de la jurisdicción del segundo. En origen, cuando en la Alta Edad Media la aristocracia formaba sus ejércitos para servir al rey, encomendaban a una subclase de siervos el orden de sus posesiones territoriales mientras efectuaban las lejanas campañas. Ocurrió así en Italia, dando lugar al cuerpo de carabinieri, en Francia, con la gendarmería nacional, y en otros países del área mediterránea.

Aun dentro del Ejército hay escalafones intangibles, no representados por galones, insignias, sueldos o puestos oficiales. Son los que se ganan por liderazgos naturales, por dotes individuales, por fama, azañas, proezas, y en gran parte por atractivo personal —los ejércitos (como la Iglesia) son esencialmente instituciones homosexuales en las que es prescriptivo amar a los mandos—, y Manuel Díaz Criado, en este sentido, era superior. El prestigio de haber servido y luchado allende las fronteras patrias era el principal motivo factual de esta superioridad. Siempre había sido así a lo largo de la historia militar de España, cuando los aureolados combatientes en Flandes, Italia o el Nuevo Mundo eran considerados por la opinión pública los auténticos representantes de los sacrosantos principios nacionales. Ahora, durante la República y la Guerra Civil, eran los excombatientes del norte de África los que se imponían por propios mecanismos naturales de la sociedad. A todo ello temía Santiago Garrigós. La ocasión de compensar a Criadilla se le presentó en Jaén años después, según un adelanto que de ello hemos dado, y que ampliaremos luego: "Seguramente que por tantos méritos contraídos, este soberbio militar [Díaz Criado] podía ser un posible objetivo del grupo republicano que se alojaba muy cerca de allí, en la Fresnadilla. Por eso no dudaba en tomar las precauciones pertinentes cuando decidía pasar temporadas en la finca de Los Mártires". Los olvidados, 9. Diciembre de 2020. 


Licencia de caza de Santiago Garrigós Bernabeu. Más que cazador autónomo, el titular era perro rastreador de las pistas que los jueces militares le indicaban.

(1) Aunque pudiera parecer un caso atípico, ya que se formó en la Academia de Infantería y sirvió en Marruecos, Santiago Garrigós Bernabeu tenía mentalidad de guardia civil. Su padre, Santiago Garrigós Montllor (1a) lo fue, y lo fue también su hermano José Garrigós Bernabeu (1b). Su actuación en el norte de África fue ciertamente anodina.

(1a) Por el catoliquísimo diario El Alicantino del 17 de enero de 1888 sabemos que entre los donantes del Triduo figuraban Magdalena Bernabeu Monllor —madre de Santiago y José Garrigós—, José Bernabeu Monllor, tío materno de los indicados, y Santiago Garrigós Monllor, padre.
Santiago Garrigós Monllor nació en Alicante el 15 de mayo de 1858 e ingresó en la guardia civil el 4 de julio de 1876. "Procedente de Madrid, ha llegado a esta capital el segundo teniente de 1ª guardia civil, D. Santiago Garrigós". La Correspondencia de Alicante, 10 de julio de 1897. Vuelve a salir hacia Madrid a los 14 días, el 24. Como segundo teniente regresa al año siguiente, el 20 de julio de 1898, destinado en comisión de servicio. Garrigós Monllor está en el puesto de San Lorenzo del Escorial.
A teniente primero asciende Santiago Garrigós Monllor en enero de 1903.
Activo en la guardia civil, se presenta como aspirante a teniente del Cuerpo de Seguridad en marzo de 1909. Santiago Garrigós Monllor, teniente primero de la guardia civil, es destinado a Guadalajara en julio de 1916. En noviembre de 1921 solicita licencia por enfermedad. "Anoche se embarcaron para Valverde (Isla de Hierro) don Fernando Andrés, don Marino Barreda, don Francisco Navarro y don Santiago Garrigós, capitán de la Guardia civil". El Progreso, 14 de diciembre de 1927.
El capitán Santiago Garrigós y su esposa regresan de la Península a las Islas Canarias en mayo de 1928, según otra nota de prensa.
Ya vimos en la entrada anterior que su esposa Magdalena Bernabeu Monllor —con la que pudiera haber tenido algún grado de consanguinidad— murió en Fregenal de la Sierra el 20 de agosto, tres meses después de este viaje a Canarias.


(1b) José Garrigós Bernabeu tuvo varias actuaciones en acaecimientos de importancia. En los sangrientos sucesos de Eibar, con abundantes ametrallamientos y tiroteos, muertos y heridos entre la guardia civil y los revolucionarios, alguno de éstos opinaba después sobre el capitán de la guardia civil José Garrigós Bernabeu, jefe de la zona armera: "Una excelente persona, por cierto. Si no hubiera sido por su hombría de bien y por su carácter entero, a la hora de las represalias, éstas hubieran sido terribles". Estampa, 20 de octubre de 1934.


José Garrigós Bernabeu

El cuartel de la guardia civil de Éibar a cuyo mando estaba el hermano de Santiago Garrigós Bernabeu fue asaltado el 5 de octubre de 1934 a las 5 de la mañana por varios grupos con botellas de líquido inflamable y bombas de mano. Los sitiados se defendían con 43 agentes y 1.500 pistolas ametralladoras. En Éibar prosperaban algunos alemanes traficando con armas, y uno de ellos aprovechando un descuido avisó al capitán José Garrigós por teléfono, una hora después, de que los socialistas le iban a requisar el almacén. Garrigós mandó un cabo y varios números que, entre escaramuzas lograron romper el cerco. El almacén del alemán guardaba un millón de cartuchos de escopeta y unas 4.000 armas, entre cortas y largas, que podían haber reforzado a los insurrectos. 
A primera hora del día 7 se declaró la Ley Marcial en toda España. Ver de Jesús Gutiérrez Arosa La insurrección de octubre del 34 y la II República en Éibar. Eibarko Udala, 2001. 

Lo publicado en Estampa no parece cierto a juzgar por los testimonios publicados posteriormente de haber recibido torturas muchos de los sobrevivientes. De hecho el capitán persiguió implacable, hasta Madrid, a uno de los responsables (ver la entrada anterior). Las represalias contra los trabajadores eibarreses fueron duras. Los empresarios eibarreses quedaron muy agradecidos a José Garrigós. Recibía donativos anónimos y de entidades como la Caja de Ahorros Provincial para que los repartiera entre sus subordinados. Garrigós abrió una suscripción nacional para premiar a las fuerzas del orden por aquellas actuaciones. Colaboraban los bancos Guipuzcoano, San Sebastián y Vizcaya.
Como comandante del puesto de Éibar el 17 de noviembre Garrigós desarticuló una red dedicada a facilitar el paso de la frontera francesa a los implicados en los sucesos de octubre, con un costo de 100 pesetas por persona.


Éibar, años 20 del siglo pasado. En tiempos del capitán José Garrigós era alcalde, en segundo mandato, Alejandro Tellería "Alkate Txikixa". En su primer mandato en los años 20 fue procesado por oposición a la guerra de Marruecos y al ejército. 
Tellería, quien tras varias vicisitudes en su huida en la Guerra Civil fue preso por los franquistas, enfermó en la cárcel y murió en el hospital. Cuando su sobrina, sin saberlo, fue a visitarlo, una monja le dijo: "Ha muerto como un perro. Lo hemos enterrado como un perro".

José Garrigós había ascendido a capitán en febrero de 1927. De teniente se empleó a fondo en la resolución del llamado "crimen de Aravaca" —barrio madrileño situado a 8 kilómetros del centro de la ciudad—, cuando a finales de 1926 varios labriegos parientes del marido de cierta mujer que vivía en una casucha aislada, creyendo que poseía un tesoro la mataron. La prensa de aquellos días dio amplia repercusión al suceso.


En la entrada anterior lo documentamos como ganador del primer premio nacional de tiro con arma corta, el mismo año en que murió su madre, Magdalena Bernabeu. En la foto, a la izquierda del rey, con ocasión del referido premio de tiro.


Ingresa en la Academia Militar de Infantería Santiago Garrigós Bernabeu en junio de 1907, superando los años siguientes los exámenes de final de curso. 
Biógrafos favorables y apologistas de su persona inflan su expediente, como el periodista que escribe en ABC de 3 de diciembre de 1937 asegurando que salió de la Academia en 1913 con la graduación de alférez, y que inmediatamente marchó voluntario a Marruecos, a Cazadores de las Navas, donde sirvió durante los años 13, 14 y 15, tomando parte en varias operaciones de guerra y ganando varias cruces. Desde Marruecos pasó a Madrid unos meses, al regimiento de Asturias. "Ingresó en la Guardia Civil en mayo de 1916, hasta 1920, en que fue destinado a Extremadura. Aquí estuvo hasta 1922 en que ascendió a capitán, siendo destinado a San Sebastián. En 1928 fue destinado a Huelva hasta el año 1932, a raíz de los sucesos de agosto, en que pasó a Sevilla.
En el año 1935 ascendió a comandante, desempeñando con gran acierto varios cargos en esta Comandancia. En Sevilla, fue testigo del Movimiento Nacional, a cuyo triunfo cooperó con decisión y entusiasmo.
Estallado el Movimiento Salvador, el comandante Garrigós, al frente de cien hombres, tomó el pueblo de Castilblanco de los Arroyos (1), liberando a los guardias civiles de este pueblo de un feroz asedio y asalto con bombas de mano, de los elementos marxistas.
Más tarde tomó parte, siempre con éxito, en la liberación de los pueblos de la Sierra de Aracena, desde Higuera hasta Rosal de la Frontera.
Mandando importante columna militar, cooperó a la rendición de la cuenca minera de Rio Tinto, con las columnas de los entonces comandantes señores Redondo y Álvarez Rementería. Al regresar de las operaciones bélicas y después de felicitado por su heroico comportamiento, fue encargado por el general Queipo de Llano de la Delegación de Orden Público, cargo que aceptó por disciplina, toda vez que el comandante Garrigós tenía puesta su ilusión en la tarea reconquistadora de España, en los frentes de lucha.
Al ser nombrado Jefe de Seguridad Interior el general Martínez Anido (2), ha sido confirmado en su puesto, adaptado a la nueva organización, el comandante don Santiago Garrigós, recibiendo con ello honroso reconocimiento a sus elevados méritos y a su magnifica gestión.
Al enviar nuestra enhorabuena por la distinción recibida en cargo de confianza del ilustre Martínez Anido, al comandante Garrigós, nos hacemos eco de la satisfacción con que el público sevillano ha recibido la nueva del justo nombramiento".

(1) Desde el 18 de julio hasta el 23 Garrigós hizo desplegar en tejados y azoteas aledaños al cuartel a su mando en la calle Gerona varios guardias civiles con armas largas, que ocasionarían bajas entre viandantes ajenos al enfrentamiento.

 Poco horas después Santiago Garrigós, Manuel Díaz "Criadilla" y el sargento Rebollo, tres canallas al servicio de oligarcas, bien conocidos ya en esta historia de Castilleja, tuvieron ocasión de torturar en la comisaría de la calle Jesús del Gran Poder, —recuérdese que en esta calle vivía la familia del referido Criadilla—, a un joven militante de izquierdas, José Sánchez Badillo, que escribiría años después una sustanciosa autobiografía (ver infra). José había nacido en Castilblanco el 14 de marzo de 1917, y en Sevilla fue uno de los últimos defensores de las barricadas contra las tropas de Gonzalo Queipo, hasta el día 23. Badillo había pasado este día de inmediato a la referida comisaría. El sargento José Rebollo Montiel, el capitán Manuel Díaz Criado y Santiago Garrigós pertenecían al "plantel del terrorífico Comité de Salud Pública", con sede en el piso superior de la comisaría de la calle Jesús del Gran Poder. En la puerta del comité, un cartel con una calavera y dos tibias, con un letrero en blanco: "Por mal español, así me veo". Para apagar los gritos y llantos de los interrogados ponían música a todo volumen. "Mi jaca" de Estrellita Castro quedó grabada en las mentes de los allí detenidos. Se hacían sacas cada noche hacia las murallas de la Macarena, al cementerio de San Fernando o a la carretera de Carmona, a veces con más de cien personas de una sola vez. Los fascistas sevillanos estaban llenos de ira y frustración porque la toma de Madrid se les presentaba cada día más difícil. En noviembre del 36 Rebollo decía:
Mi comandante, llevamos fusilados, entre Sevilla y provincia, más de cuarenta mil y estos hijos de puta siguen pensando lo mismo.
Es que no se dan cuenta de que tienen la guerra perdida —contestó Garrigós—. Madrid la tenemos casi tomada. Cuando caiga se acabó todo. Hemos dicho a la tropa que le daremos carta blanca para saquearla". José Sánchez Badillo. Mis siete vidas. Ayuntamiento de Castilblanco de los Arroyos, Narrativa, 2007.

"3 de agosto de 1936. La ocupación de Castilblanco. El pueblo, que se había mantenido en zona republicana desde que el 18 de Julio anterior se había sublevado la guarnición de Sevilla, en este día es ocupado por una fuerte columna militar compuesta por unos cien efectivos, entre Guardias Civiles, Guardias de Asalto, falangistas y requetés, al mando del Comandante de la Guardia Civil Santiago Garrigós Bernabéu.


La fotografía recoge el momento en que las tropas entran en el pueblo por la antigua calle Real, llamada por aquellos años Alcalá Zamora como se puede ver en los azulejos colocados en la primera casa de la izquierda y que a partir del 19 de agosto paso a denominarse Avenida España. Impresionan las banderas blancas colocadas en las casas.
Los dirigentes municipales y los sindicales han huido, unos a zona gubernamental y otros escondidos en el término municipal del pueblo. Las tropas no disparan un solo tiro, no ha habido resistencia alguna, se saquean los centros obreros y las casas de los más significados izquierdistas". Cronista de Castilblanco. Facebook.


Severiano Martínez Anido

 (2) Severiano Martínez Anido (1862-1938), "hombre cruel y violento, es principalmente conocido por su papel en la dura represión policial del pistolerismo anarquista en Barcelona a comienzos de la década de 1920. [Que no fue sino consecuencia al de la patronal, como bien expresó Juan García Oliver en su autobiografía Los pasos perdidos]. Intervino en las campañas de Filipinas y Marruecos, ascendiendo a coronel en 1909 y a general de brigada en 1914. Fue nombrado ayudante personal del rey Alfonso XIII en 1911. [...] La designación de Anido como gobernador civil de Barcelona se produjo en el contexto del giro de la política del gobierno de Eduardo Dato hacia posiciones represivas. [,,,] La actuación de Martínez Anido y Arlegui [general Miguel Arlegui, jefe superior de policía en Barcelona], caracterizada por la brutalidad y el uso de métodos violentos (especialmente, la aplicación de la tristemente famosa Ley de Fugas), fue muy discutida desde ciertos sectores. La espiral de violencia acabó alcanzando al propio jefe del gobierno. Dato fue asesinado el 8 de marzo de 1921​ en Madrid por un grupo de tres anarquistas que le dispararon desde un sidecar, causándole la muerte. [...] En enero de 1938, con la conformación del primer gobierno de Francisco Franco, fue nombrado ministro de Orden Público. Tal y como ha señalado el historiador Hugh Thomas, su nombramiento «fue calculado con el fin de sembrar pánico entre los republicanos».​ El nuevo ministro de Orden Público no tardó en aplicar su política de control y represión. El embajador alemán en la España franquista, Eberhard von Stohrer (2a), llegó a enviar un informe a Berlín en el que señalaba que la política represiva practicada por Martínez Anido «resultaba inadmisible, aun a los ojos de la propia Falange». [...] El nuevo ministro de Orden Público organizó la cooperación policial con otros estados fascistas. A petición de la jefatura de Estado, el gobierno de la Alemania nazi mandó a un equipo de expertos dirigidos por el coronel de las SS Heinz Jost (2b) con el objetivo de instruir a la nueva policía franquista.​ Este equipo fue enviado a Valladolid, quedando adscrito al Ministerio de Orden Público.​ El 31 de julio de 1938 el jefe de las SS y la policía de la Alemania nazi, Heinrich Himmler y Martínez Anido suscribieron un acuerdo por el cual se establecía la extradición mutua de «delincuentes políticos»​ que fueran detenidos en ambos países.​ Como parte de lo acordado, la Gestapo asignó a un agente suyo en la embajada alemana en Salamanca, mientras que de forma análoga el gobierno de Franco destacó a un oficial de policía en la embajada de Berlín.​ El acuerdo también permitió que el agregado de la Gestapo en España, Paul Winzer (2c), dirigiese un programa de instrucción de la nueva Policía política de Franco". Wikipedia.

Los delegados de Orden Público de todas las provincias del país se reúnen en junio de 1938 en Valladolid con el ministro Martínez Anido. Garrigós, como uno de ellos que era, asistió, y regresa a Sevilla el 10 de junio. Al mes siguiente el ministro de Orden Público, general Martínez Anido, está en la capital andaluza. El día 13 visita Aracena para conocer el nuevo sanatorio antituberculoso, y le acompaña entre otras autoridades, Santiago Garrigós. El ministro regresó a Sevilla a mediodía, almorzó y salió para Cádiz. Le quedaba poco tiempo de vida, ya que murió —en Valladolid— el 24 de diciembre de este referido año de 1938. En el verano siguiente Santiago Garrigós Bernabeu asciende a teniente coronel.

(2a) Eberhard von Stohrer (1883-1953) ya había estado en España como diplomático, en Madrid, durante la Primera Guerra Mundial. "Ya en 1918 el periódico madrileño El Sol reveló su papel en la financiación de anarquistas para que organizaran huelgas en las fábricas que producían material para los aliados, así como la difusión de propaganda contraria al conde de Romanones —aliadófilo y firme partidario de la neutralidad española—". Wikipedia.
De esta manera, Von Stohrer actuaba contra Anido ya desde antes de los años 20.

(2b) Heinz Jost (1904-1964) sería juzgado por un Tribunal Militar Norteamericano en Núremberg, entre 1947 y 1948. Inicialmente condenado a muerte, la sentencia fue conmutada a cadena perpetua y finalmente liberado en 1951.

(2c) Paul Winzer (1908- ?), miembro de la Gestapo y uno de los jefes del Campo de concentración de Miranda de Ebro durante la Dictadura franquista. Algunos autores señalan a Winzer como uno de los diseñadores de la estructura del campo, mientras que otros lo señalan como el diseñador de todo el sistema de campos de concentración franquistas. Ver Javier Rodrigo. Hasta la raíz: violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Alianza Editorial, 2008.
Se perdió su pista al final de la II Guerra, pero Eduardo Martín de Pozuelo e Iñaki Ellakuría en su obra La guerra ignorada: los espías españoles que combatieron a los nazis. Random House Mondadori, 2008, señalan que seguía vivo en 1945.


Con ocasión de la visita de Franco a Sevilla en mayo de 1943, cuando viajó desde esta capital a Huelva el 4 de dicho mes, entre las autoridades onubenses que lo esperaban en la frontera provincial, al pie de un arco monumental de salutación, estaba el teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós, de todo lo cual tomó nota cinematográfica el equipo del Noticiario No-Do. También esperaba en aquel punto la centuria falangista del Frente de Juventudes "Francisco Franco". Por entonces los Garrigós debían tener algunos chalets en propiedad o arriendo en Punta Umbría, donde solían pasar todos los veranos.
Las diferencias de clases en Punta Umbría en aquellos años eran escandalosas. Véanse estos ejemplos de chabolistas apenas a cien metros de las residencias de los veraneantes hispalenses:



El destino tenía reservado al orondo guardia civil bañista un regalo, en principio desagradable y repugnante, pero que con el paso de las horas —pensaba— podría reportarle la gloria de pasar a la historia de la humanidad.

Inquieto por los movimientos políticos internos y por el desarrollo de la guerra mundial —Hitler sufre la pérdida de Stalingrado y de muchas posesiones norteafricanas—, Franco inicia un viaje propagandístico por toda España en la primavera de 1943. Galicia es la primera región en recibirle. Ya lleva el general en mente el desmantelamiento de la División Azul como un guiño a las potencias occidentales, aunque para él —decía— había dos guerras: la de Alemania contra el Eje y la de Alemania contra el comunismo. Y aseguraba con la mayor hipocresía que estaba a favor de la segunda. 

El día 28 de abril de 1943 ya se anunciaba en la prensa la próxima visita de Franco a Sevilla. El 30 la feria, en pleno apogeo, se mantiene animada a pesar de la lluvia, aunque el balance final resultó deslucido. La colonia alemana tiene caseta, con gráficos alusivos al fervor alemán hacia su Führer y retratos de Hitler. En Madrid, este día, el nuevo embajador alemán presenta sus cartas credenciales al jefe del Estado. El día 1 de mayo Franco se encuentra en Córdoba, ya en su viaje propagandístico por toda España. El día 2, domingo, llegado a la capital de Andalucía, visita la feria en coche de caballos y con traje de falangista, acompañado de su esposa. Su hija Carmen con otras muchachas aristócratas van delante a caballo. Asisten a la corrida de toros. Hay concurso de coches con premios que entrega Franco, uno de ellos por coche mejor enjaezado a Ildefonso Marañón e hijos. Hay por la noche baile en Capitanía, en la plaza de España. Son los Marañón dueños de la hacienda San Ignacio de Castilleja de la Cuesta.
El día 4 de mayo en Sevilla —a rebufo de los extraordinarios acontecimientos— se casa con el torero tomareño Emilio Torres Reina, Bombita, la hija de José Navarro Caro, rico hacendado del Aljarafe que adquirió la hacienda de Montefuerte, que en el siglo XVIII poseyó el II marqués de tal título y IV conde de Lebrija. y que hoy es Casa de la Cultura y Biblioteca tomareña. En la calle José Navarro Caro de Tomares vivían los Cansino de Castilleja, dos de los cuales, padre e hijo, como ya sabemos fueron fusilados por los franquistas (Los olvidados, 6e. Noviembre de 2020).

"La carretera de Sevilla a Huelva, camino de triunfo. Salió el Caudillo de Sevilla aproximadamente a las diez de la mañana. El homenaje que recibió del público sevillano, a la sombra de los adarves del Alcázar, había de continuar, incesante, en el centenar de kilómetros, hasta la misma confluencia del Tinto y del Odiel, para desbordarse en la blanca ciudad, que aquí se asienta, como avanzado espigón de la España inmortal.
En el asfalto de la carretera, dividiendo cortas distancias, aparecía en gigantescos caracteres el nombre de Franco. En los árboles, alineados marcialmente al borde del camino, largas tiras de madera reclamaban la atención del viajero con las inscripciones de ¡Franco! y ¡Arriba España! De trecho, montaban la guardia afiliados de Falange Española Tradicionalista y de las Jons.
El primer pueblo de la ruta, Castilleja de la Cuesta, ofrendó al Caudillo el primer saludo en un artístico arco de triunfo. Todo el pueblo, desde bien temprano, festoneó las aceras, ávido de aclamar a la elevada jerarquía. Y luego, Gines, delicioso jardín del trayecto, en plena floración primaveral. Centenares de niños portando hermosos ramos de flores, ofrecían al Caudillo el más delicado homenaje.
Así todos los pueblos del trayecto triunfal. En el cruce del Loreto se apostó toda la Comunidad franciscana, para rendir su salutación [...]". ABC, 5 de mayo de 1943.

Destacó en el viaje de Franco el pueblo de La Palma del Condado porque los organizadores del homenaje al paso del jefe del Estado hicieron subirse sobre toneles de vino, amojonando la larga calle principal, —alfombrada de tomillo y de romero— a muchachas vestidas de flamencas. Dos larguísimas filas de bocoyes alternando en cada uno un letrero en blanco: "Franco" y "Falange", con las jovencitas sonrientes saludando a la comitiva. Las fuerzas vivas de la localidad —"señora de caldos", como la adjetiva el periodista— les permitieron sentarse sobre las tapas mientras esperaban, hasta que apareció en la última curva de la carretera la primera motocicleta de la policía.

En la tarde del mismo día 4 regresó Franco a Sevilla. Se declararon días de fiesta en la ciudad el jueves día 6 y, con recuperación, la tarde del viernes 7.

Se sintió Santiago protagonista, centro de atención y pieza clave de los importantes acontecimientos de estos días entre Sevilla y Huelva, en los que iba a decidir nada menos que el resultado de la II Guerra Mundial. El teniente coronel intuía que los jerarcas componentes bien informados de la comitiva, aquellas altas autoridades al tanto de lo que se fraguaba, estaban pendientes de él. Cuarenta y ocho horas antes de este viaje interprovincial de Franco había sido enterrado en el cementerio onubense de Nuestra Señora de la Soledad el cadáver del militar inglés William Martín, aparecido ahogado en la playa de Punta Umbría al amanecer del 30 de abril. Lo primero que hicieron los pescadores que lo descubrieron flotando cerca de la orilla fue avisar a las autoridades competentes. Atado al cuerpo con una correa hay un maletín porta-documentos. 

Yo alimento la duda de si el viaje de Franco a Huelva tuvo que ver, al menos en parte, con el trascendente descubrimiento del cadáver, o de si los ingleses, al tanto de que tal viaje se iba a efectuar, aprovecharon para "colocar el cebo" dándole así mucha más publicidad al engaño. Porque William Martín no era otra cosa que un cebo de los servicios de inteligencia británicos. El cadáver pertenecía a otra persona, había sido arrojado al mar adrede frente a Punta Umbría, y los documentos que contenía la cartera habían sido falsificados para hacer creer a los alemanes que el desembarco de los aliados en Europa desde el norte de África se iba a efectuar por Cerdeña y por Grecia, en lugar de por donde se tenía planeado: Sicilia.
Ningún lugar mejor para colocar la trampa que una playa de Huelva que iba a ser visitada por el jefe del Estado español.

La misma duda que yo se plantea en Huelva Información del 27 de noviembre de 2011 en artículo que describe la visita de Franco : "Dos días antes, el domingo 2 de Mayo de 1943, en el cementerio de La Soledad, en Huelva, se había dado sepultura al cadáver de un militar inglés aparecido días antes en las costas playeras de El Portil. Con ese acto piadoso nacía la leyenda del "Hombre que nunca existió". Siempre nos quedará flotando, en el ámbito de las especulaciones, la pregunta formulada en un capítulo anterior que relacionaba la coincidencia en el tiempo de la visita de Franco con la aparición del Mayor Martin: ¿Casualidad o causalidad?"
El hombre que nunca existió es el título de una película sobre este tema.


 Ambiente del rodaje de la película de 1956 El hombre que nunca existió. Participaron como extras la mayoría de los habitantes de la localidad onubense, casi todos los puntaumbreños, por lo que cobraban 50 pesetas cada uno, un buen dinero para la miseria en que vivían.


Foto del pescador José Antonio Rey María, quien siendo un joven barquero recogió el cadáver. "Y ya lo arrastramos, para entregárselo a la justicia, a la guardia civil", declaró años después rememorando los hechos. Dicha guardia civil recogió el cadáver de la playa y lo llevó hasta el cercano Caño del Maest, detrás de El Portil, y desde allí en una de las lanchas de pasajeros, llamada "Rápido" hasta Huelva. Lancha que todavía hoy hace el trayecto Punta Umbría-Huelva.

"Las noticias del inglés muerto corrieron rápido. A las pocas horas, Clauss [Adolf Clauss estaba a la cabeza de la red de espías nazis en Huelva] sabía por uno de sus informadores, el comandante de la Guardia Civil Santiago Garrigós, el contenido esencial de la valija: un carta para el general Harold Alexander, que comandaba en Túnez las fuerzas británicas; otra para el comandante en jefe de la flota en el Mediterráneo, Andrew Cunningham y una última para el general Eisenhower". Julio Martín. Un libro descubre cómo el ejército de Franco abrió las cartas cebo que Gran Bretaña puso en un ahogado para engañar a los alemanes del crucial desembarco en Sicilia. Crónica de El Mundo, 17 de enero de 2010.


Embajada de Alemania en Huelva, a donde acudía Santiago Garrigós a informar a los nazis


El edificio, ruinoso, fue derribado recientemente

"Antes de mandarlos al Estado Mayor en Madrid, donde eran reclamados con insistencia desde la Embajada británica y desde Londres en numerosos telegramas enviados a Franco, los documentos de Martin/Michael se remitieron en primera instancia a la Comandancia de Marina de Huelva y de ahí a la de San Fernándo, en Cádiz. En ese periplo, algún militar español simpatizante con la causa alemana —las sospechas recaen sobre el teniente coronel Ramón Pardo Suárez— los fotografió para el servicio de espionaje germano, según da fe una carta capturada por los aliados en los archivos de Berlín una vez terminada la guerra. Aún no se sabe cómo se sacaron las cartas de los sobres sin romper los sellos lacrados". El Correo, 16 de septiembre de 2015.

En Inglaterra, los "tramperos" estaban en vilo: "Le habían encadenado la cartera para que no se perdiera, pero aun así, la persona que lo encontrara podría robarla sin decirle nada a nadie; era una cartera muy bonita, que alguien podría haber utilizado para que uno de sus hijos fuera al colegio, para lo que fuera". Declaraciones de Jeremy Montagu, hijo de Ewen Montagu y heredero de su documentación personal. Ewen Edward Montagu fue el capitán de la inteligencia naval británica que ideó y planificó la operación Mincemeat, nombre que se le dio al engaño y que suele traducirse por "Carne Picada", aunque el micenmeat tradicional es más bien una suerte de picadillo de uvas y frutos secos, aliñado y exento de productos animales.


Algunos de los efectos hallados en el cadáver

 La "explosiva" cartera que portaba el cadáver es custodiada por las autoridades españolas. Eric Crove, historiador naval británico, plantea las preguntas que la inteligencia de su país tuvo que hacerse aquel 1943: ¿respetarían los españoles su neutralidad? ¿permitirían a los alemanes acceder al contenido de la cartera? Dada la cordialidad entre ambas naciones era muy probable que les permitieran examinar los documentos. El jefe de la red de espionaje alemán, con sede central en Madrid, se entera del asunto del cadáver y quiere ver cuanto antes el contenido de la cartera. Desde Inglaterra y para dar más credibilidad, comienzan a exigir al gobierno español la devolución de los documentos. Exigencias sin codificar para que pudieran ser interceptadas por los espías alemanes. Por fin la cartera llega a Madrid, y de allí a Berlín. El engaño surge efecto, pero cierta reticencia de un alto mando alemán hace que se ordene al jefe del espionaje en Madrid que investigue el origen de las cartas. Un agente es enviado a Huelva, el cual interroga al pescador, visita el cementerio, habla con testigos, pero los contactos británicos en la zona encubren cualquier pista. Se coloca, al efecto, una pesada losa sobre la tumba del ahogado en el cementerio de Huelva. Paralelamente, Hitler se inclinaba, manteniéndose en el engaño, por el desembarco aliado en Grecia y Cerdeña.
Durante la noche del 9 al 10 de julio de 1943 comienza la invasión. Cerca de 3.000 embarcaciones y 2.500 aviones desembarcan en Sicilia. A pesar del éxito, los alemanes siguen creyendo que se trata de una maniobra de distracción, y se siguen centrando en la defensa de Cerdeña y Grecia.

Los ingleses tenían como objetivo de su engaño, probablemente, al séquito de Franco en su viaje por Andalucía. Y con toda certeza a Adolfo Clauss, para lo cual eligieron Huelva. Según las últimas investigaciones realizadas por Jesús Ramírez Copeiro y Enrique Nielsen, el juez de Marina entrega la cartera a su superior el comandante militar de Marina Francisco Elvira, el cual avisa al cónsul Clauss por la amistad personal que se profesan. El cónsul se lo comunica a su hijo Adolfo, espía de los nazis. Éste se acerca a la comandancia de Marina con una cámara fotográfica Leika de alta precisión, abre los sobres, saca las cartas, las fotografía, y lo deja todo igual sin dejar rastro. 
Ver de estos dos referidos investigadores William Martin: Crónica de la Operación Carne Picada. Niebla Editorial, 2017.

El maletín fue enviado al Estado Mayor de la Armada en Madrid, que a su vez alertó a la embajada de Alemania. Los ingleses, para dar más verosimilitud al engaño, reclamarían en términos enérgicos los papeles al gobierno de España.

Espías nazis, soplones de Falange y agentes de la inteligencia británica libraban a diario una guerra silenciosa pero feroz.

En Huelva la red de espionaje alemán tenía que trabajar afanosamente, dado el alto índice de británicos que la habitaban, enraizados allí desde el siglo XIX con la explotación minera. Al mando de esta red nazi estaba Adolfo Clauss, y a su completa disposición el teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós Bernabeu, quien por sus servicios obtenía sustanciosos beneficios económicos. Los ingleses conocían bien la provincia, desde los tiempos decimonónicos de la compañía minera de Rio Tinto. A finales del siglo XIX la compañía minera eligió la localidad de Punta Umbría como lugar de convalecencia de miembros británicos de la plantilla, convirtiendo la zona en lugar de vacaciones. La pequeña aldea de pescadores se convirtió así en un pueblo con abundancia de chalets. Los veraneantes daban un duro a los chiquillos para que les llevasen las maletas, y algunos pescadores se organizaron con reatas de burros a tal fin. Recordemos —ver la entrada anterior— que los hermanos José y Santiago Garrigós Bernabeu, mandos de la guardia civil, solían pasar los veranos en Punta Umbría, por lo que debían ser muy conocidos entre los habitantes del pueblo. Además Santiago era jefe de la guardia civil onubense por aquel entonces, además de un subespía de los secuaces de Hitler.


"La última teoría –basada en las declaraciones del hijo de Adolfo Clauss– apunta a que no se encuentra en el Cementerio de la Soledad de Huelva. El cadáver habría sido supuestamente robado y trasladado por un submarino alemán U-616 hasta la base alemana de La Spezia (Italia), donde se le practicó supuestamente una segunda autopsia". ABC, 26 de agosto de 2018.

Adolfo Clauss Ristori estudió en el Instituto San Isidoro de Sevilla. Socio de la Sociedad Española de Ornitología, en 1954 participó en una excursión, en taxi, por la sierra de Guadarrama. Una propiedad de almacén y vivienda que compartía con su hermana María del Carmen fue afectada por el Plan Parcial de Ordenación del Ensanche Sur de Huelva. 



El jefe del teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós Bernabeu fue Adolfo, como queda dicho. "Adolfo Clauss Kindt, nacido en Huelva, hijo de Ludwig Clauss Röder, cónsul honorario en la ciudad. En la I Guerra Mundial actuó como agente del servicio secreto alemán. Luego realizó estudios de agronomía y trabajó en plantaciones de café y cacao en la Guinea Española. En la Guerra Civil se afilió a Falange Española y combatió como intérprete y oficial de carros en la Legión Cóndor. Durante la II Guerra Mundial fue jefe del Abwehr en Huelva, estando a cargo del servicio de espionaje, contraespionaje y sabotaje, contra los intereses británicos en la provincia. Llegaría a ser uno de los más importantes, activos e inteligentes agentes alemanes en el sur de Europa". williammartin75.com


Como se echa de ver, no todas las piezas que elaboran los investigadores encajan a la perfección en el rompecabezas de este asunto. Veamos una de las primeras, la que publicó Ben Macintyre en su libro Operacion Mincemeat: How a Dead Man and a Bizarre Plan Fooled the Nazis and Assured an Allied Victory. Center Point Pub., 2010:

En el capítulo 16, titulado "Spanish Trails", aparece nuestro personaje, Santiago Garrigós. Adolfo Clauss, frustrado porque sus intentos de acceder al contenido de la cartera no eran secundados por las autoridades navales de Huelva, recurre al jefe de la guardia civil del distrito de Huelva, Garrigós, entusiasta receptor de consignas y doctrinas germanas y sobre todo de las pagas que los nazis proporcionaban a quienes les servían. Clauss instó a Garrigós a hacer todo lo necesario para obtener copias de los documentos: "do everything necessary to obtain copies of the documents which were found in the brief case". Garrigós era un excelente colaborador, pero también es un cobarde: "Garrigós may have been a keen collaborator, but he was also a coward". El guardia civil sabía que si preguntaba a las autoridades navales onubenses por acceso a los documentos podrían concluir que estaba al servicio de los alemanes, y deponerlo de su puesto oficial. Aparte de su gran deseo de servir a los germanos, el teniente coronel, aparentemente, no tuvo el coraje de dirigirse al juez naval y demandarle simplemente que abriera los sobres. Garrigós, sin embargo, persuadió a alguien de la oficina naval para que le dijese qué había en el maletín, y una vez sabido, mandó la lista a Adolfo Clauss:
—Tres boletines de operaciones británicas.
—Dos planos.
—Treinta y tres fotografías.
—Y tres sobres dirigidos a Cunningham, general Eisenhower, y general Alexander.
Con intención de ayudar, pero de forma innecesaria porque para Clauss era archisabido, Santiago Garrigós añadió a su informe: "estas tres personas estan al mando de las tropas de los Aliados en el norte de África".

Para sus aseveraciones acerca de la conducta de Santiago Garrigós, Macintyre se basa en los informes de un espía español al servicio de los ingleses, hombre conocido por Andros, del cual copia las frases al pie de la letra citándolo como Andros report, IWM 97/45/1, folder #2. Se cree que el tal Andros era un militar español perteneciente a la Marina, que conocía al detalle todos los movimientos de Santiago Garrigós. 
El informe del agente Andros citando a Garrigós fue emitido el 8 de junio de 1943. Denis Smyth en Deathly Deception: The Real Story of Operation Mincemeat (Oxford University Press, 2010) dice que Andros es claramente un prominente miembro de la red personal de espías del capitán Alan Hillgarth dentro de la España de Franco. Entre 1941 y 42 Andros trabajaba en asuntos de espionaje relacionados con la División Azul.
También se refiere Denis Smyth a Santiago Garrigós: "Lienutenant Colonel Garrigos journeyed to Seville on 7 May to enlist the help of yet another Civil Guard officer in the Nazi´quest for this secret intelligence prize. He was Major Luís Canis". Esto es, a las 48 horas de que Franco abandonase Huelva, Garrigós viajó a Sevilla a buscar ayuda de su superior el coronel Canis por el asunto de la cartera, todavía húmeda del tiempo que estuvo en el mar sujeta al cadáver.
Dice Denis:
""However, when judge Pascual del Pobil forwarded the British messenger’s briefcase and documents to the Spanish Navy’s headquarters in San Fernando (Cadiz), Adolfo Clauss had another stab at getting a look at them. Lieutenant Colonel Garrigos journeyed to Seville on 7 May to enlist the help of yet another Civil Guard officer in the Nazis’ quest for this secret intelligence prize. He was Major Luís Canis who, according to British sources, was ‘very pro‐German and in German pay’ and, unsurprisingly therefore, ‘under complete German control’. This individual was a very valuable clandestine asset for the Abwehr, because he was no ordinary Civil Guard officer. In fact, Canis was chief of counter‐espionage services ‘in the Seville Captain‐General’s headquarters and therefore of all Andalucia’. Garrigos earnestly entreated Canis to do what he had so abjectly failed to do himself, namely, to intimidate the Armada’s authorities into disgorging Major Martin’s key documents. However, Canis was too finely attuned to the Franco regime’s complex set of internal jurisdictional boundaries to wish to be seen to be crossing them. So, he declined to address a formal written request to the naval staff in San Fernando for access to the British documents. Instead, he dispatched an individual of quite lowly military rank to see what could be found out about these documents from the naval authorities at San Fernando. However, since Canis had warned his emissary to act with ‘the utmost discretion’, this half‐hearted inquiry did not impress the naval staff officers. They rebuffed this démarche with the comment that ‘if the Captain General of Seville wanted any information about the documents he should address himself to the Ministry of War in Madrid’.
(1) Andros report, 3, 8 June 1943, Montagu Papers, Box 1, 97/45/.


Luis Canis Matutes en 1960

Este otro guardia civil siervo de la causa hitleriana y a sueldo de los nazis estuvo en Regulares en Ceuta, en 1924, y al año siguiente en la Mejala Jalifiana de Tetuán n.º 1. En 1928 es jefe del puesto de Arjona (Jaén). Estuvo en la guardia civil de Ifni, en el 14 tercio, con carácter forzoso, destinado allí desde el verano de 1934 con el grado de teniente. Lo encontramos de capitán en mayo de 1936 destinado desde la sexta compañía de la Comandancia de Jaén a la segunda de la de Vizcaya. 
Era nieto político de Diego del Río y Muñoz-Cobo, abogado fallecido en 1933 en Arjona. El entonces capitán estaba casado con Amparo Ruano del Río, nieta de este abogado, la cual falleció en Madrid en 1956, a los 44 años de edad.
El coronel Luis Canis Matutes fue jefe de la misión de la guardia Civil en Guatemala —cuyo gobierno era presidido por el general Miguel Ydígoras Fuentes— para organizar un cuerpo policial semejante al español. Viajaron al país centroamericano en el verano de 1960 Canis y otro jefe, un oficial y un suboficial. Antes de partir fueron recibidos por Franco. Estarían allí como asesores técnicos 3 años como mínimo (ver ABC del 31 de agosto de 1960), pero Canis —al menos— volvió antes del plazo, ya que en junio de 1962 el coronel jefe de la misión guatemalteca estaba en la capital de España firmando como testigo en la boda de su sobrino José Carlos Montilla Canis con Pilar Illera Gil. La madrina, Aurelia Canis, viuda de Montilla. Los siguientes años el guardia civil Canis se encuentra en Sevilla, aunque morirá en Madrid, con el grado de general de brigada.


En cuanto al misterioso agente Andros, Ben Macintyre, autor de Agent Zigzag, Operation Mincemeat and Double Cross (Broadway Books, 2012) nos amplía la escasa información que se posee sobre él. En Alan Hillgarth tenía Churchill una enorme fe. Decía de él que "tenía una natural simpatía por España", y que "manejarse con los españoles requería una especial técnica", porque "todo en el país estribaba en una base individual y personal". Hillgarth cultivó contactos como un jardinero cultiva plantas, obsequiándolos con grandes y lujosos almuerzos y cenas. Solía remarcar que "will be at a very definitive disadvantage if he is a teetotaller. A good digestion is also iimportant". Hillgarth, educado, cosmopolita y hablante fluido del castellano, se movía sin esfuerzo a través de la élite madrileña, haciendo contactos con generales, almirantes, diplomáticos y corresponsales de periódicos extranjeros: "Even during the worst of the war, I had little difficulty in maintaining old friendships and making new ones", afirmaba.
Podía solicitar o comprar favores en todos los niveles de la oficialidad española, pero su más apreciado agente —el cual participaba con él en el M16— era el agente Andros, "a senior officer in the Spanish navy. Andros has never been identified. More than sixty years later, M16 will not divulge the name of the `very reliable and well-placed straight agent called Andros who obtanined information of great value´.
Andros también demostró su valor como doble agente. En 1943 —año de Mincemeat— se le aproximó en Madrid un oficial del temido servicio de inteligencia de las SS, Sicherheitsdienst (SD) llamado Eugene Messing, quien tras sondelarlo con delicadeza le propuso que trabajase para él mandando informes a Berlin, directamente —y no a través del cuartel general de la inteligencia alemana en Madrid, ya que el SD y el Abwehr (otro de los servicio de espionaje de Hitler) eran rivales que mutuamente se levantaban sospechas—. Andros pidió tiempo para pensarlo, y ya de acuerdo con los ingleses aceptó la proposición de Messing y empezó a mandar a Berlín falsa información, que seleccionaba Hillgarth.
Andros demostró ser un excelente doble agente —usaba también el nombre de "Blind"—: "Messing swallowed the stories whole, was extremely pleased, and continually pressed for more". El doble espía debía tener acceso al máximo grado de la inteligencia naval española, ya que estaba engañando a alguien muy sagaz como era Eugene Messing. De cualquier manera, Hillgarth confiaba en su hombre plenamente.

Por entonces Madrid era el punto de encuentro del espionaje europeo. Cuando por circunstancias diplomáticas o celebraciones ineludibles el grupo inglés y el alemán coincidían en algún lugar o función oficial, se ignoraban mutuamente estirando el cuello y mirando hacia otro lado. Eran los tiempos legendarios de Garbo, el celebérrimo espía catalán.

Entre 1944 y 1945 Garrigós es recibido por el gobernador de Sevilla Coca de la Piñera en repetidas ocasiones. El alcalde de Castilleja Cuesta Valladares, que un año antes había organizado en nuestra Villa el homenaje a Franco a su paso hacia Huelva, está en el cénit, mangoneando a sus anchas, y en ocasiones coincide con Garrigós por los pasillos del Gobierno Civil.

En enero de 1947, según ya vimos, en Sevilla en la iglesia parroquial de San Pedro es bautizado un hijo del odontólogo Jaime Guerrero Garrigós y de Maria Luisa Checa (ver la entrada anterior). Los padrinos son sus tíos la señorita Blanca Checa y el coronel de la Benemérita Santiago Garrigós.

Con toda seguridad manchado su prestigio por el monumental fracaso puntaumbreño, en este último año coordinaba las fuerzas de la guardia civil contra la guerrilla en Jaén y Córdoba el coronel Santiago Garrigós como buen cloaquero, ya que aquella sucia actividad era inasumible para los elitistas militares.

"Hasta 1947, la eficacia de las fuerzas represivas fue relativa y las pérdidas del maquis podían catalogarse de normales. Pero a partir de ese año se produjo un cambio cualitativo, ya que se sustituyó el enfrentamiento directo, que no reportaba resultados positivos, por la mejora de los sistemas de espionaje a través del Servicio de Inteligencia de la guardia civil, (SIGC) y de las contrapartidas. Con una buena información, el siguiente paso era penetrar la red de enlaces y premiar a confidentes y delatores. Los nuevos métodos reportaron de inmediato resultados espectaculares. También influyó en esta inflexión de 1947 la multiplicación de los «asesinatos legales» a través de la universalización de la «ley de fugas». En 1946, la Dirección General de la Guardia Civil había enviado un informe reservado a las fuerzas represivas en los sectores de huidos en el que se exigía máxima dureza «a todo detenido con las armas en la mano o convicto por actos de esa naturaleza. No habrá, pues, prisioneros a menos que haya testigos sospechosos o se produzcan circunstancias que puedan dar lugar a una publicidad que aprovechen nuestros enemigos». El 23 de enero de 1947 se reunieron en Madrid los mandos más representativos de la Benemérita, cónclave en el que acordaron «luchar eficazmente contra los elementos incontrolados y disparar sin previo aviso contra los que huyan», es decir, la aplicación sistemática de la «ley de fugas». De las batidas en las montañas buscando el enfrentamiento se pasó al sistema indirecto: «no salir en busca del guerrillero, sino esperarlo. No atacarlo a él directamente, sino a sus enlaces y a sus puntos de apoyo, poniendo en funcionamiento, además, una inteligente captación de delatores o “chivatos”, reclutados, de manera más o menos coactiva, entre los propios enlaces y personas de izquierdas. Sin esta ayuda de confidentes y delatores, la Guardia Civil difícilmente hubiera acabado con la guerrilla», apunta Francisco Moreno Gómez. Los confidentes y la subsiguiente pérdida de los puntos de apoyo fueron los dos elementos en los que se apoyó la aniquilación de la resistencia. Como la lucha contra la guerrilla estaba bajo jurisdicción militar, los estados de guerra, alarma y excepción se impusieron en las áreas de maquis con el fin de facilitar las operaciones". Secundino Serrano. Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Lectulandia, 2001.

2 comentarios:

Endrina dijo...

Buenas noches, me interesaría hablar con usted, cómo puedo contactar?

Antonio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...