Bajo la maternal protección de mi querida hermana —la mayor de nosotros, q.e.p.d.— y tras asistir, con rosario, cruz y misal, a una interminable misa precedida por tenebrosa confesión, todavía mariposeando en el estomaguillo la Sagrada Forma sin masticar, llega el fotógrafo oficial del pueblo, hombre-máquina extraño como de otro mundo, y poso ante él con toda formalidad pero fuera de la realidad. flotando como en un sueño ajeno.
En la misma zona y lugar en que al viejo mujeriego lujurioso Hernán Cortés administraron su Última Comunión me administraron a mí la Primera (1). Esto es, en el colegio-convento de las Madres Irlandesas de Castilleja (2), cuyo edificio hoy no es otra cosa que una sustitución completa y radical de la casa del Jurado sevillano Juan Rodríguez de Medina, hospedador del Conquistador en el último tramo de su vida allá por el año de 1547. Sustitución que, como es bien sabido, mandaron realizar los duques de Montpensier en el siglo XIX. Hubo entre el siglo XVI y el XIX otros propietarios de este lugar testigo de tanta y tan variada historia, propietarios y familias encumbradas que iremos conociendo. Hay que considerar que el solar de lo que hoy es convento y colegio de las Irlandesas estaba constituido por 6 ó 7 casas de morada alineadas a lo largo de la Calle Real, una de las cuales casas, con sus salas altas y bajas, era la del Jurado Juan Rodríguez, el amigo de Cortés. Y que esta casa del Jurado no era por aquel entonces el lujoso palacio que se ha querido publicitar en historias y divulgaciones para y por dar una pátina añeja al palacio de los borbones, sino una casa mucho más modesta, si bien de las pocas en el pueblo que disponían de dos pisos. Cortés, además, moriría en una sala del de arriba, y no en la del piso bajo que hoy en día ostenta la placa conmemorativa y que se presenta —¿por mano de las monjas?— a los contadísimos turistas que se dejan ver por el pueblo como la alcoba auténtica (v.i.). De la casa original del Jurado y de las otras 5 ó 6 no quedaron ni los cimientos.
La sala falsa con la lápida, en el piso bajo.
Tras la misa de Primera Comunión, ceremonia interminable y atormentadora para los chicos inquietos que recibíamos el cuerpo del Hijo hecho carne, se nos obsequiaba de postre en el patio del convento con un parco desayuno que año tras año invariablemente consistía en sencillo bollo de pan como el que se aprecia en la fotografía, y en tazón de sospechosamente claro chocolate sin ninguna identidad ni traza olmeca. Ahora, ya con la ¿objetividad? que dispensa la distancia temporal de sesenta años mal contados desde aquella mañana, he dado en pensar que por las mentes de los organizadores del rito absurdo —estamento eclesiástico, fuerzas vivas del pueblo, padres y maestros— más o menos instruidos acerca de las circunstancias diarréicas de la muerte de Hernán Cortés, debía proyectarse, al margen de sus mejores o peores voluntades, una sombra irónico-sarcástica ante el panorama del patio conventual atiborrado de chicos vestidos con impolutos trajecitos de marinero, sorbiendo y trasegando el brebaje insípido y migando y embaulando pedazos de pan seco bajo la vigilante mirada de sus mayores, atentos éstos a impedir que un movimiento descuidado de los recién iniciados en el Banquete Celestial no condecorara con un lamparón marrón las albas pecheras abotonadas y acordonadas en oro de buhonero ambulante. No tiene uno por menos que acordarse del hilarante título de la obra de Antonio León Pinelo, Cuestión moral de si el chocolate quebranta el ayuno eclesiástico, uno de cuyos párrafos sobre Antonio Vázquez de Espinosa cité, a otro efecto que el de la burla de ahora, en Historia de los apellidos, 21h. Abril de 2020.
La misma sombra irónico-sarcástica de los adultos de Castilleja ante el rito de la primera comunión de sus hijos y nietos, debió pasar por la mente de fray Diego Altamirano, al margen de su mejor o peor voluntad, cuando acercaba a los labios fríos y resecos del deshidratado Marqués del Valle el Cuerpo de Cristo en su Forma Consagrada mientras yacia exánime en la cama de cuatro lienzos.
(1) La historia de las primeras comuniones en las Irlandesas de Castilleja es larga: he aquí dos ilustres ejemplos, obtenidos en la Red.
Guadalupe Ternero de Pablo-Romero, esposa de Manuel Clavero*. Hija del ganadero de toros Felipe de Pablo-Romero y Llorente, que falleció en Sevilla en 1943, y nieta de Felipe de Pablo Romero, que formó la ganaderia, comprada a Carlos Conradi con parte de ella de Rafael Laffite, antes Barbero de Córdoba. La fecha de la estampa, mayo de 1936 en lo más álgido de la II República, preludia la tragedia de la Guerra Civil.
* Manuel Francisco Clavero Arévalo (Sevilla, 25 de abril de 1926) es un político español. Fue ministro de cultura con la Unión de Centro Democrático (UCD) de 1979 a 1980. (Wikipedia). Llamado "padre de la Andalucía moderna".
Doña Juana Benjumea Turmo falleció en Sevilla el 11 de agosto de 2013. Era primera y más antigua socia del Sevilla Club de Fútbol. Puede verse sobre sus padres y ancestros lo siguiente:
Inscripciones casa c/ Monsalves, 10. Finca 574 antes 1885. 22 julio de 1903. Linda por atrás con el 15 de Alfonso XII, de la que se segregó. Carga, junto con otra,con tributo de 970,20 reales de principal, a favor de la capellanía fundada en la parroquia de San Andrés por doña Inés Melgarejo; otro de 6.860,20 reales de principal a favor de la capellanía fundada en la parroquia de San Vicente por doña Inés Melgarejo. La finca perteneció a José María de la Cámara e Ibarra, y a su muerte fue adquirida por adjudicación por su hijo D. José Manuel de la Cámara y Canaleta. Y habiendo fallecido su esposa Dª. María Vicenta Benjumea y Zayas, se le hizo con la propiedad de la finca. 12 agosto 1924. D. José Manuel de la Cámara y Benjumea, casado con Juana Turmo y Benjumea, adquirió la finca por herencia de Don José Manuel de la Cámara y Canaleta, que murió el 22 deoctubre de 1923. Don José Manuel de la Cámara y Benjumea vende esta finca, junto con la cuarta parte de AlfonsoXII 15 a la Compañía Sevillana de Electricidad, según escritura fechada en 30 de diciembre de 1941, ante Antonio Arenas y Sánchez del Río, en valor de 400.000 ptas. Registra Sevillana esta compraen 7 de mayo de 1942. La Compañía Sevillana de Electricidad vende al Estado esta finca, junto a otras tres más, por escritura otorgada en Madrid el 25 de mayo de 1972 ante Víctor Aguado Zaragoza, en precio total de 49.887.000 ptas. Es inscrita por el Estado en 1 de marzo de 1973. http://www.laletradigital.com/epublications/Monsalves/files/assets/basic-html/page255.html
Por donde compruebo parentesco con los Benjumea de Castilleja. "Eduardo Benjumea y Zayas, IV marqués de Monteflorido, propietario agrícola de Arahal, rehabilitó el título en 1907 alegando ser descendiente por línea materna de la rama familiar originada por el matrimonio de Vicenta Sergeant y Miguel de Zayas. Estractado de Wikipedia (Marquesado de Monteflorido)". Padrón 1s. Diciembre de 2015.
Entrañable la calle Monsalvez para mí. En un pisito alto esquina de la Plaza del Museo vivía Javier, con su madre viuda trabajando en la limpieza, una mujer pequeñita de ojos azules y muy abiertos que nos ofrecía café con leche a los amigos de su hijo mientras oíamos música en el tocadiscos. Era uno de nuestros refugios cuando huíamos de la policía en las manifestaciones contra el régimen de Franco. Javier fue antimilitarista objetor de conciencia y estuvo encarcelado por ello, y uno de nosotros en las visitas le introducía alcohol en las botellas de Coca Cola que la guardia civil nos permitía pasar al recinto carcelario.
(2) "Esta Madre General, Juana Murphy y Gould, nacida hacia 1840, cambió su nombre por el de M.J. Estanislao Morphy y después por el de Madre Stanislaus Morphy. El alquiler fue negociado en Madrid por la madre Murphy con la reina regente María Cristina porque el palacio pertenecía a la princesa de Asturias María Mercedes de Borbón, entonces menor de edad e hija de Alfonso XII y María de las Mercedes, quien lo recibió de sus padres los duques de Montpensier como parte de su dote matrimonial. Tampoco fue el lugar una libre elección de las monjas, cuya intención había sido instalarse en Sevilla capital, mas el cardenal Ceferino no les autorizó a hacerlo excepto en las afueras de la ciudad. Entre las primeras alumnas internas estaban Isabel Barón. cuyo padre don Fernando Barón, tercer conde de Colombí, ayudó con dinero a las monjas para comprar definitivamente el palacio cuando la princesa de Asturias se casó con don Carlos de Borbón (el 14 de febrero de 1901) y pudo disponer de su propiedad castillejense". Historia de los apellidos, 4. Abril de 2019.
Permítaseme, que este es el sitio idóneo, publicar un fragmento de una digresión humorística que pergeñé hace algún tiempo, de la mano e inspiración del gran novelista sevillano Alfonso Grosso. En la ficción literaria he convertido el convento de las Madres Irlandesas en fábrica de tortas de aceite, el producto típico de la Villa aljarafeña. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia: "Además de la producción normal de tortas de aceite, en el viejo palacio el hijo de la Coja organizó una especie de escuela de formación de nuevas torteras, con la finalidad de asegurar en el futuro la buena marcha de la productiva actividad. Cariñosamente en Castilleja a estas jóvenes alumnas se las llamaba "tortilleras", y ya después en poder y usufructo de las beneméritas monjitas, el célebre escritor Alonso Grosso, en un inmortal párrafo de su extraordinaria novela Florido Mayo, da fé de las reminiscencias todavía latentes del pasado uso del vetusto edificio, donde, dicen y nosotros nos hacemos eco, murió aquel Gran Capitán de la Hispanidad que fué Don Hernán Cortés, Conquistador de México para la Cristiandad y la Civilización Occidental.
Veamos lo que nos cuenta Grosso al respecto:
"Tristes años cuarenta ya mediados casi. Y ella en auto —siempre en auto— camino del aristocrático internado de mojas irlandesas, que sustituyera el colegio infantil de las concepcionistas. La Vega, sol y sombra, las acacias, después La Pañoleta, con su placita para becerradas, en seguida Castilleja de la Cuesta, tras el Tiro de Pichón, trepando el Aljarafe.
A pesar de que la vida en el internado —de rígido reglamento anglosajón— excluía el solazarse en demasía, y en la medida en que todas sus alumnas lo hubieran deseado dada su pubertad y su bien nutrida naturaleza femenina, alcanzada gracias a una sana alimentación racional perfectamente equilibrada en grasas y proteínas a pesar de los tiempos de penuria que corrieron, ciertas tolerancias —estudiados tira y aflojas a las bridas de las jóvenes yeguas— unidas a una mística religioso-social que las preservaba de buena parte de sus demonios, Clara había logrado mantener cierto equilibrio psíquico y una intachable conducta moral. Y fuera de las inevitables masturbaciones que practicaba asiduamente casi desde la infancia, sus experiencias erótico-sentimentales había sido hasta entonces nulas (exceptuando la vez que se dejara acariciar a los diez años en la sesión matineé por un guapo y desconocido adulto acompañado de su mujer y de sus hijos —y ella por su señorita de compañía— que le tocara en suerte en la fila de butacas del Palacio Central, elegante cinematógrafo, lujo burgués de abúlicos domingos provincianos de mediocres horizontes postguerreros que mezclaban armoniosamente noticiarios U.F.A. y filmes de Deanna Durbin, Rommel, la batalla de las Ardenas y Búfalo Bill: menores con reparo). Pero el día de su primera caída había sido ya fijado por los hados, escrito con letras celestes por Safo en el Libro de Oro del Olimpo de las traviesas vírgenes de la isla del Egeo. Corría la primavera, los jardines del internado estallaban de rosas. Al recreo —ejercicios ginmásticos— sucedía media hora de expansión entre los parterres floridos. Sudando el uniforme y las medias caídas, trémulas las mejillas, melancólicamente, se sentó en un banco al fondo del vergel; enervada, se dejó fascinar por el trino de los pájaros, y, entornando los ojos, quedóse en duermevela soñando con Ayax, con los rubios caballeros de Robin de los Bosques, con los bigotes cortados a la inglesa de los jóvenes actores cinematográficos. Antes de siquiera advertirlo, sor Inés —la más niña y también la más bella de todas las monjas—, celadora de turno, se encontraba a su lado y sin decir palabra, tomándole primero las manos, la besó al principio suave, luego fieramente en los labios. Ni supo reaccionar, ni quiso hacerlo, ni se hubiera atrevido. ¡Fué todo tan veloz y tan grato! ¿Por espacio de cuanto tiempo estuvo así, dejándose besar, y a la vez besando, sin cruzar una frase? Resonó la campana de la hora de la merienda y ambas se levantaron en silencio para volverse a encontrar en el mismo banco al día siguiente, sin haberse puesto previamente de acuerdo. El resto fué un rodar de circunstancias, un coincidir en los claustros, un tropezarse en los corredores, en las aulas, en el costurero, en las duchas, en los excusados. Más tarde —sólo un mes más tarde moría el ocaso y era aún primavera— culminaron por fin sus relaciones, que habrían de durar apenas veinte días. ¿Con qué pretexto y cómo —sin que nadie lo advirtiera— lograron estar solas ambas, por fin desnudas, en la celda de la hermosa y joven sor?".
Mas mi personal vena quevedesca de cuarta fila, exasperada por el maestro Grosso, no termina aquí. Otro fragmento de otro manuscrito de mi autoría al respecto es el que sigue: "Sucedió que cierto amigo, joven auxiliar de uno de los alarifes del excelente equipo de la gran empresa constructora El Montón de Escombros S.A., al cual joven se le encomendó una fría mañana del invierno de un año de principios de la década de los 70 en el pasado siglo la faena de coger desconchados varios en una de las celdas de la planta baja del Colegio de las Irlandesas en Castilleja de la Cuesta, al aplicar la rasqueta para sanear uno de los referidos desconchados ocurrió que el antiguo ladrillo sobre cuya superficie raspaba se hundió con siniestro estrépito y regular nubecilla polvorosa, dejando un hueco negro, misterioso, frío, desde el que un halo fétido y espesado por los siglos alarmó la napia al peón.
Movido por la natural curiosidad escudriñó con precaución la abertura, percibiendo en su interior a la luz de su mechero una extraña forma redondeada y pálida que reposaba medio tumbada de un lado; hallazgo que comunicó enseguida al oficial que a escasos metros vacilaba sobre un rudimentario andamio manejando el palaustre.
Cundida la noticia, enterados el capellán de la comunidad de religiosas, el comandante de puesto de la guardia civil, el alcalde, el juez de paz y otros relevantes personajes de la localidad, se procedió a la extracción de tan inquietante objeto.
Poco tardaron, una vez requeridos, los eruditos de la sevillana Real Academia de la Historia en cerciorarse de que habían topado con un artefacto de extraordinario valor, que iba a arrojar intensa luz sobre aspectos desconocidos de los últimos meses de la vida del Marqués del Valle de Oaxaca quien, como de todo el mundo es archisabido, fué llamado a la Vida Eterna en tal palacio.
Consistía el hallazgo nada más y nada menos que en la última silla de montar que el gran Conquistador de México usó para cabalgar su caballo* solazándose por los alrededores alixareños en compañía de sus ya por entonces escasos incondicionales.
El croquis adjunto ecuestre, cuya autoría es de quien esto escribe, está desarrollado partiendo de las descripciones que le proporcionó personalmente el peón de El Montón de Escombros, constituidos ambos frente a dos vasos de mosto nuevo (hoy llamado "vino joven") en la taberna callerrealenga de El Baulillo, de triste memoria y ya desaparecida a Dios gracias.
Nótese que el anterior propietario de la mansión fué el Duque de Montpensier, cuya afición por las cuestiones hernancortianas y por ende mexicanas le llevó a formar una colección de utensilios y adornos aztecas, colección que ya en nuestros años fué expuesta en el Archivo de Indias con algún éxito . Sobre la cual más de un espíritu castillejense inquieto pretendió su custodia y exhibición perenne en tal Colegio de las Irlandesas, sin éxito alguno. Para el digno antepasado de Su Majestad don Juan Carlos de Borbón y Borbón, poseer tan original silla de montar hubiera supuesto la culminación de sus afanes de anticuario, aunque biógrafos recientes aseveran que de hecho la había poseído, pero que no la mostraba por vergüenza que le daba, e incluso que había pensado destruirla a martillazos porque su ciega y entonces frustrada admiración por El Capitán lo impulsaba a ello, aunque luego optó por ocultarla tras el muro de la celda para olvidarse de aquel aspecto tan deleznable de su Ídolo".
* La leyenda del caballo de Cortés, llamado "Cordobés", cuya lápida se encuentra en el jardín de las Irlandesas, es eso: una leyenda, sospecho que de autoría del duque de Montpensier, para impresionar a sus invitados en reuniones, fiestas y tertulias, o para entretener a sus hijitos y nietos a fin de que no alborotaran mucho. No se han hallado restos de "Cordobés" bajo la lápida.
Los caballos fueron introducidos por Cristóbal Colón en las Antillas en su segundo viaje en 1493.
Esbozo ecuestre del sufrido "Cordobés", llevando al Capitán en la silla de marras.
Exacta y fidelísima reproducción de la silla de montar de Hernán Cortés, realizada por la afamada empresa de sanitarios y equipamiento de cuartos de baño Roca.
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Y ahora, ya en terrenos más serios y propios a la respetable historia de nuestra querida Villa de Castilleja, trascribo el codicilo que el viejo Capitán marqués del Valle otorgó en la Calle Real de dicha Villa, en casa de su amigo el Jurado sevillano Juan Rodríguez de Medina. El testamento completo —dado antes en Sevilla— y este codicilo posterior de Cortés fue descubierto (se dice), estudiado y publicado por el investigador jesuita Mariano Cuevas (ver Historia de los apellidos, 21h. Abril de 2020), quien también tuvo mucho que ver con la principal obra del castillejense fray Antonio Vázquez de Espinosa.
Las anteriores ediciones del testamento de Cortés —cuenta el padre Cuevas— no eran más que reproducciones de una recopia moderna plagada de erratas (254 palabras equivocadas), de omisiones de importancia, y en algunos puntos capitalísimos, mutilada; y sospechamos con fundamento que estas mutilaciones tuvieron su raíz en bastardos e injustos intereses. (Entrada citada).
Pero dice Antonio Muro Orejón en Hernando Cortés. Exequias, almoneda e inventario de sus bienes, con otras noticias de su familia (Anuario de Estudios Americanos, número 23, enero de 1966): "Lamento no coincidir con el difunto P. Mariano Cuevas en lo que dice que descubrió el testamento de Hernando Cortés en el Archivo de Protocolos Notariales de Sevilla, por la sencilla razón que ya estaba encontrado y, dada su importancia, colocaddo en una de las vitrinas del archivo, donde lo vio el P. Cuevas cuando fue a buscarlo. Sí es cierto que a él se le debe la publicación facsimilar del testamento de Cortés y su versión paleográfica en México, 1930, y por ello debemos estarle agradecidos todos los americanistas. Tampoco comprendo cómo el P. Cuevas fue a buscar el original de este testamento en el Archivo de Simancas (Valladolid, España) y en la Real Academia de la Historia, de Madrid, pues estaba bien claro que tenía que estar originalmente en el protocolo del escribano público de Sevilla Melchor de Portes, que fue a quien Cortés entregó su testamento cerrado con objeto de que hiciera, con los testigos instrumentales, las diligencias prescritas por las leyes, y ante quien además se protocolizó, una vez fallecido el marqués del Valle y tras las ceremonias usuales (Confr. G.R.G. Conway, Postrera voluntad y testamento de Hernán Cortés, Marqués del Valle. México, 1940, págs. 51-52)".
"En el nombre de Dios amén; sepan cuantos esta carta de Cobdicilo vieren cómo yo Don Hernando Cortés, Marqués del Valle de la Nueva España (1) que es en las Indias del Mar Océano, Estando enfermo del cuerpo e sano de la voluntad y en mi seso e acuerdo y en mi cumplida e buena memoria, las cuales Dios nuestro señor que eso tuvo por bien de me querer dar, e creyendo bien e firme e verdaderamente en la Santísima Trinidad, que son Padre, hijo y Espiritu Santo, que son tres personas y un Dios verdadero, y en todo aquello que tiene y confiesa la Santa Madre Iglesia de Roma, e yo ansí lo tengo, creo e confieso como todo fiel católico Cristiano debe tener e creer, E temiéndome de la muerte que es cosa natural, de la cual persona alguna no escapa, e codiciando y habiendo voluntad de poner la mi ánima en la más libre e llana carrera que yo pueda hallar para la salvar e llegar a la merced e Alteza de mi señor Xesucristo, porque él, que la redimió por su santísima pasión en el árbol de la Santísima Veracruz, haya misericordia e piedad de ella e la quiera llevar a su Santa Gloria e Reino Celestial, donde goce e glorifique a su santísima Magestad: por ende, otorgo y conozco que hago y ordeno este mi cobdicilo e las mandas e cláusulas en él contenidas en la forma y manera siguiente:
Estas son las mandas que yo hago e ordeno: aprobando ante todas las cosas e dexando en su fuerza e vigor e habiendo por firme e estable y valedero agora e para siempre jamás este testamento cerrado (2) que yo hice e otorgué ante Melchor de Portes, escribano público de la ciudad de Sevilla, a doce días del mes de octubre de este presente año de la fecha de este cobdicilo.
Mando que no embargante que en el dicho mi testamento yo hube mandado e mandé que mi cuerpo se deposite en la Parroquia de la ciudad o villa o lugar a donde yo falleciese (3), revoco la dicha manda e cláusula, e mando que el dicho mi cuerpo sea depositado en la iglesia de la dicha ciudad de Sevilla o de otra parte donde los señores mis albaceas o cualquiera de ellos que se hallare presente, ordenaren.
Ítem digo que por cuanto en el dicho mi testamento yo hube mandado e mandé que de los bienes e rentas de mi Mayorazgo se diese en cada un año por los días de su vida a Don Luís Cortés mi hijo, cierta cantidad de maravedís (4), revoco, anulo e doy por ninguna la dicha cláusula según y como en ella se contiene, e mando que los dichos maravedís se dén en cada año al Muy Ilustre señor Duque de Medina Sidonia, por los días de su vida, e que por fin y muerte suya los pueda dejar por otra vida, por su testamento o fuera, a la persona que su Señoría mandare y ordenare. Acerca de esto e de otras cosas, suplico a Su Señoría dé crédito al muy reverendo padre Fray Diego de Altamirano e a Melchor de Mojica mi contador.
Ítem mando que de mis bienes se dén e paguen a los parientes más propincuos que se hallaren de Alonso Gillén, vecino de la ciudad de Xerez, siete ducados de oro.´
Ítem mando a Don Martín Cortés, mi hijo Mayorazgo, que en todo y por todo cumpla los capítulos e casamientos que están hechos entre los muy Ilustres Señores marqués de Astorga e conde de Aguilar e mí, sin quiebra e disminución alguna, contenido en los capítulos y en cualquiera de ellos, e apruebo e revalído por via de cobdicilo e última voluntad para que aquello se cumpla y execute como en este se contiene, e todo lo demás contenido en el dicho mi testamento cerrado, quiero y mando y es mi voluntad que se guarde e cumpla en todo e por todo como en él se contiene y establezco para pagar y cumplir todo lo contenido en este mi Cobdicilo, e dexo e nombro para que ansí lo cumplan e paguen todo de mis rentas los señores albaceas contenidos en el dicho mi testamento cerrado (4). En firmeza y en testimonio de lo cual otorgué esta carta de Cobdicilo en la manera que dicha es ante Tomás del Río, escribano público e de concejo, estando en la casa del jurado Juan Rodríguez, que son en la calle Real de Castilleja de la Cuesta, viernes dos días de el mes de diciembre, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mill e quinientos e cuarenta e siete años. Y el dicho Marqués no lo firmó porque dijo que no sabía firmar por la gravedad de su enfermedad. Al cual el dicho escribano público doy fé que conozco por ser el mismo otorgante, e a su ruego firmó por él a su ruego el reverendo padre fray Diego Altamirano, fraile profeso de la Orden de Señor San Francisco, en el registro de esta Carta de Cobdicilo. Testigos que fueron presentes al otorgamiento de este Cobdicilo: Juan Bizcaino, escribano público de la villa de Catilleja de la Cuesta, e Antonio de Acosta Galvarro, e Luis Quixada, e Pedro de Rosas, e Mariano, criados del dicho señor Marqués. E ansí mismo lo firmaron por testigos en el dicho registro Luis Quixada y el dicho Mariano, testigos susodichos.
Va escripto sobre raido e diz: de por. Vala e no empesca.
E yo Tomás del Río, escribano público e del concejo de Tomares de la Mitación de San Juan, esta carta de Cobdicilo fice, escribí e fice aquí mio signo e soy testigo.
En la dicha calle de Castilleja de la Cuesta, el dicho día sábado tres días del dicho mes de diciembre del dicho año, el dicho señor teniente Jauregui dixo que mandaba y mandó a mí el dicho García de Huerta, escribano, que dé uno dos o tres traslados del dicho testamento e cobdicilo e todos los demás que fueren pedidos, a las partes a quienes el dicho testamento y cobdicilo toca e atañe, e que interponía e interpuso en los dichos traslados que yo el dicho escribano diere signados de mi signo, su autoridad y decreto judicial para que valgan e hagan fé en juicio e fuera de él.
Testigos que fueron presentes a lo susodicho: el licenciado Martín Alonso, Benito Diaz e Juan de Escobar, Alguaciles de los Veinte de la dicha ciudad de Sevilla e vecinos de ella. El licenciado Jauregui.
(1) El título de Marqués de la Nueva España se presta a confusión. Cortés, sospecho, se lo aplica con mala intención, porque en realidad era Marqués del Valle de Oaxaca, que es una porción mínima de la dicha Nueva España, reducción de reconocimiento geográfico proveniente de la Corte, que "recortó" así las aspiraciones nobilísticas de este hijo de simple hidalgo. Cierto y verdad es que en su testamento hizo escribir correctamente sus títulos: Capitán General de la Nueva España y Marqués de Oaxaca.
(2) En el mismo sábado 3 de diciembre de 1547, en la referida casa del Jurado Juan Rodríguez de Medina, estando Hernando Cortés de cuerpo presente, se procedió a la apertura oficial del testamento cerrado, a petición de su hijo y heredero el joven Martín Cortés.
Auto. En la Calle Real de Castilleja de la Cuesta, que es de la muy Noble y muy Leal ciudad de Sevilla, sábado tres días del mes de diciembre, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de mill e quinientos e cuarenta e siete años, estando en unas casas que son de Juan Rodríguez, jurado e vecino de la dicha ciudad de Sevilla, ante el muy Noble señor licenciado Andrés Martínez de Jauregui, teniente de asistente de la dicha ciudad de Sevilla e su Tierra por el muy Ilustre señor e Mariscal don Pedro de Navarro, marqués de Cortés, asistente de la dicha ciudad de Sevilla e su Tierra por Sus Magestades, y en presencia de mí García de Huerta, escribano de Sus Magestades y su notario público en su Corte y en todos los Reinos y Señoríos, pareció Domingo (sic) Cortés, hijo de Don Hernando de Cortés, Marqués del Valle de Oaxaca, que es en las Indias de la Nueva España, y presentó al dicho señor Teniente un escripto de pedimientos, su tenor del cual es este que se sigue:
Muy noble Señor: Don Martín Cortés, hijo legítimo y heredero con beneficio de inventario que soy de Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, mi Señor, difunto que es en Gloria, digo que el dicho Marqués mi señor falleció e hizo e otorgó su testamento cerrado, que es este que ante Vuestra Merced presento, y para que se sepa lo que él manda y se cumpla lo que de derecho se debiere cumplir, a Vuestra Merced pido lo mande abrir en la forma acostumbrada, e sobre ello pido justicia y su oficio imploro.
E así presentado el dicho pedimento según dicho es, luego el dicho señor Teniente dixo que mandaba y mandó al dicho Don Martín que dé información cómo el dicho Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, ha fallecido de esta vida presente, y que constándole ser fallecido proveerá justicia.
E luego el dicho Don Martín presentó los testigos de información siguientes: Rui Díaz de Quintanilla, barbero e vecino de la ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, testigo presentado en esta razón, y habiendo jurado en forma de derecho, e preguntado, dizo que lo que sabbe es que conoció a Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, y que agora poco ha este testigo vido al dicho Marqués del Valle muerto naturalmente e fallecido de esa presente vida, e que esto es ansí público e notorio entre muchas personas que lo han visto, y que esto es la verdad para el juramento que hizo, e firmólo de su nombre. Rui Díaz de Quintanilla.
Diego del Sueldo, mercader vecino de la ciudad de Sevilla en la collación de la Magdalena, testigo presentado en esta razón, habiendo jurado y siendo preguntado, dixo que lo que sabe es que conoció este testigo a Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, e que este testigo agora vido al dicho Marqués del Valle en la Villa de Castilleja de la Cuesta fallecido naturalmente e pasado de esta vida presente, e que esto es ansí público e notorio entre las personas que de ello dan noticia, y que esto es la verdad para el juramento que hizo, e firmó de su nombre. Diego del Sueldo.
E luego el dicho señor Teniente Jauregui, en presencia de mí el dicho escribano y testigos de yuso escriptos, para más averiguación de la muerte del dicho Marqués del Valle, estando en las casas de Juan Rodríguez, Jurado, que son en la dicha Villa de Castilleja, entró en una cámara alta* de la dicha casa, y en una cama, yo el dicho escribano doy fé que estaba el dicho Don Hernando Cortés, Marqués del Valle (al cual yo el dicho escribano conocía) fallecido naturalmente, y el dicho señor Teniente lo mandó poner por auto, y fueron de ello testigos Benito Díaz e Juan de Escobar, alguaciles de los Veinte y Cuatro de Sevilla.
Y luego el dicho Don Martín Cortés presentó ante el dicho señor Teniente Jauregui en presencia de mí el dicho García de Huerta, escribano de Sus Magestades, e testigos yuso escriptos, una escritura cerrada y sellada, signada de Melchor de Portes, escribano público de Sevilla, el cual dicho signo y firma del dicho escribano público yo el dicho escribano doy fé que conozco, firmada de unas firmas e nombre, que dice así: el Marqués del Valle, Juan Gutiérrez Tello, Don Juan de Saavedra, Antonio de Vergara, Diego de Portes, escribano de Sevilla.
Presentado el dicho don Martín, dixo que la dicha escritura cerrada que presenta es el testamento cerrado que tiene pedido a Su Merced que mande abrir, que es el que hizo y otorgó el dicho señor Marqués del Valle su padre.
E luego el dicho señor Teniente dixo que mandaba y mandó que vengan ante él los testigos que parece que firmaron el dicho testamento, para que digan e declaren si las firmas son suyas e las conocen, y si el dicho Marqués del Valle otorgó el dicho testamento; y que venidos, proveerá lo que sea justicia.
Y luego ante el dicho señor Teniente pareció don Juan de Saavedra e la hizo e firmó y es suya, y que ansí mismo la firma donde dice "el Marqués del Valle" él la vió firmando al dicho Marqués e vido otorgar el dicho testamento, y vido que todas las otras firmas son de las personas que en la dicha escriptura están escriptas, porque las vido firmar, e juró en forma de derecho que lo suso dicho es ansí verdad, e los firmó de su nombre. Don Juan de Saavedra.
E luego el dicho señor Teniente mandó parecer ante sí a los otros testigos que parece estar firmados en el dicho testamentario, e no pareció ninguno de ellos porque no estaban en esta Villa. Testigos que fueron presentes a lo suso dicho: Gonzalo de Saavedra, e Luis de Mosalve, Veinte y Cuatro de Sevilla, e Francisco de Toledo, mayordomo del dicho Señor Marqués, e Melchor de Moxica su contador.
E luego el dicho señor Teniente, habiendo visto las dichas escripturas que dice ser testamento cerrado y sellado e no roto ni chancelado, e visto que los otros testigos que en él están firmados no pueden ser habidos, y que en la dicha tardanza de lo abrir podría haber peligro, dixo que lo mandaba y lo mandó abrir, e fué abierto por mí el dicho escribano, testigos los dichos. El licenciado Jauregui.
* "Este dato, completamente nuevo, viene a debilitar en gran manera la tradición, corriente hasta la fecha, de que Cortés murió en una cámara pequeña del piso inferior del Palacio de Castilleja, y que como tal, muestran aún las Reverendas Religiosas Irlandesas, poseedoras de la referida pieza [vide supra mi apreciación]. Se hace más creíble que Cortés muriese en esta cámara alta donde le encontraron muerto sobre una cama los testigos de su defunción; si solamente lo hubiesen trasladado para tenderlo, no estaría en una cama, sino como solía hacerse, sobre una mesa. Además, no es creíble que en tiempo de invierno se haya tenido a un moribundo en la parte más fría de la casa, ni que tan reducida habitación como es la baja hubiese sido destinada para tan gran personaje, habiendo otras tantas mejores en la misma casa". (Nota del investigador jesuita Mariano Cuevas a su edición del testamento de Cortés). Sobre el engaño que perpetran las monjas irlandesas, ver supra.
En efecto, los cadáveres no se trasladaban a las camas, sino a unas mesas. Recuérdese el del joven mendigo expuesto en la Plaza de Santiago tras traerlo desde el Hospital de la Calle de Enmedio. "De inmediato la Justicia del Concejo se hizo cargo de la recuperación del cadáver mediante cuerdas y un empleado que descendió con no poca dificultad. Como quiera que urgía saber algo acerca de la personalidad del difunto, la autoridad optó por dejar el cuerpo expuesto públicamente en la Plaza de Santiago, extendido sobre una mesa, con la esperanza de que alguien lo reconociese de alguna manera". Notas varias, 2z. Junio de 2018.
Los días viernes 2 ( codicilo y fallecimiento), sábado 3 (apertura del testamento), y domingo 4 (traslado y entierro en Santiponce) de diciembre de 1547, fueron frenéticos para los moradores y visitantes de la casa callerrealenga de Juan Rodríguez de Medina, y lo fueron también para la Justicia, Concejo y Regimiento de la Villa debido a la muchedumbre de allegados y curiosos que invadió el pueblo. De lo expuesto por mí hasta aquí —codicilo y apertura del testamento—, presento una lista con datos biográficos de los participantes en aquellos días en Castilleja, por riguroso orden de intervención:
—Don Luis Cortés, que nació en Nueva España el año de 1525, hijo de Cortés con doña Elvira de Hermosilla, nacida en Trujillo, España. Lo llevó su padre a España en 1540 en compañía de don Martín, el II marqués. En 1545 vistió el hábito de Calatrava. Regresó a su patria siempre en compañía de sus hermanos los dos Martín, en 1563. Se le hizo alcalde mayor de Texcoco.
De este don Luis dice Dorantes de Carranza que "tuvo el Marqués Conquistador otro hijo bastardo, que fue don Luis Cortés, del hábito de Calatrava, que hubo en esta tierra en una mujer española, no de las más ignotas y escondidas, sino mujer de buena suerte. Casó el dicho Luis en esta ciudad de México con doña Guiomar Vázquez de Escobar, dama mu calificada, rica y muy hermosa. No tuvieron hijos ... ".
Doña Guiomar Vázquez de Escobar, esposa de don Luis y Hermosilla, fue hija del conquistador Juan de Burgos, quien estuvo en la toma de la ciudad de México y luego en las expediciones al Pánuco y a Jalisco. Fue Juan de Burgos natural de Sevilla, hijo de Francisco de Burgos y de Guiomar de Escobar, quienes vivieron muchos años en la Isla de la Gomera, Canarias. Casó con María Vázquez de Tapia o Bullón, viuda del conquistador Juan de Valdivieso. Viuda doña Guiomar casó en segundas nupcias con don Alonso de Mendoza y Toledo.
Doña Maria Vázquez de Tapia o Bullón fue sobrina del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia, quien la trajo a Nueva España. Era hija de don Francisco de Bullón, abulense, y de doña Mayor Vázquez de Tapia, hermana de don Bernardino, naturales de Oropesa. Despues de haber casado sucesivamente con Francisco de Valdivieso y Juan de Burgos, de quienes tuvo descendencia, contrajo terceras nupcias con Antoniio de la Cadena, de quien tuvo también descendencia. (José Ignacio Rubio Mañé. El Virreinato II. Expansión y defensa. Primera Parte. Fondo de Cultura Económica. 1959).
—Duque de Medina Sidonia. "Juan Alonso Pérez de Guzmán (24 de marzo de 1502 - 26 de noviembre de 1558), XI señor de Sanlúcar de Barrameda, VIII conde de Niebla, VI duque de Medina Sidonia y IV marqués de Cazaza en África. Noble español perteneciente a la casa de Medina Sidonia". (Wikipedia). Su hijo el IX conde de Niebla se casó con Leonor de Sotomayor y Zúñiga, hija de la II marquesa de Ayamonte.
"Béjar. 1612. Probanza hecha por parte de don Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor, duque de Bejar, sobre sus derechos a la sucesión del estado de Gines". ( En Aparato para escribir la historia del Señorío de los Zúñiga en Gines. Antonio Herrera García).
—Fray Diego de Altamirano, primo del Capitán, cuyo nombre completo era Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano. " "... este religioso era su pariente y hombre que antes que se metiese a fraile había sido soldado, hombre de guerra, y sabía de negocios, y los frailes [franciscanos que lo eligieron para ir a Trujillo y hacer volver a Cortés] lo hubieron por bien, y fray Diego Altamirano, que lo tenía en voluntad". Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Bernal Díaz del Castillo". (Ver la entrada anterior).
—Melchor de Mojica, tesorero y contador de Cortés. Aceptó en nombre de las hijas de dicho Cortés, doña Juana y doña Catalina —legítimas, con doña Juana de Zúñiga*—, la donación de 100.000 ducados que Cortés les dió por manda de su testamento, 50.000 a cada una. "Ítem encargo e mando al dicho don Martín mi hijo e sucesor, que siempre tenga en su servicio e compañía a Melchor de Mojica mi contador, por cuanto de lo bien e fielmente que a mí me ha servido en el poco tiempo que aquí está en mi casa, tengo entendido e confío que así lo hará en adelante, y quue el dicho don Martín mi hijo recibirá buen servicio e advertencia de él en los negocios y cosas que conmigo ha entendido e tratado, el cual dicho Melchor de Mojica encargo y mando que ansí lo haga, pues yo hago en él esta confianza, e quiero e mando que esté en el cargo y partido, como e de la manera que al presente está, todo el tiempo que pudiere e quisiere". Dice el padre Mariano Cuevas: "en la copia corriente [del testamento de Cortés, no en la que él dice haber descubierto] se suprime la palabra "todo" de la última frase y se añade al fin de ella "el marqués". Estas alteraciones cambian por completo el sentido de la frase, pues una cosa era quedarse Mújica (sic) al servicio del marqués todo el tiempo que Mújica quisiese, y otra muy diferente permanecer por sólo el tiempo que al marqués plugiese". En nota a su edición del Testamento.
* "Hija del conde de Aguilar, don Carlos Ramírez de Arellano y hermana del Conde de Béjar. Era hermosa y tenía una dote de 10.000 ducados [que su marido mandó en su testamento se les restituyeran]. Su familia era muy cercana al Emperador. Esposa de Hernán Cortés. Traía Cortés cinco esmeraldas tasadas en cien mil ducados cuando supo que la Emperatriz deseaba ver aquellas piezas, y que se las pediría y pagaría el Emperador; por lo cual las envió a su esposa con otras muchas cosas, antes de entrar en la corte, y así se excusó cuando le preguntaron por ellas. Cortés y Doña Juana se fueron a México en 1530. Se asentaron en Cuernavaca, donde Cortés se hizo construir un palacio fortaleza. Tuvieron seis hijos: Martín (nació hacia 1530-32); María (1534); Catalina que murió de niña en Cuernavaca, otra Catalina (1536) que fue monja en el convento de Madre de Dios de Sevilla; Juana (1538) y Luis que murió de corta edad en San Francisco de Texcoco. Doña Juana está enterrada en el Convento de la Madre de Dios de Sevilla". https://www.artehistoria.com/es/personaje/ramirez-de-arellano-y-zu%C3%B1iga-juana-de
Doña Juana de Zúñiga, según el padre Mariano Cuevas, se consideró agraviada al recibir solamente su dote, y no la mitad de los bienes habidos en el matrimonio.
—Alonso Gullén, vecino de Jerez. Hernán Cortés, en el codicilo de Castilleja, ordena dar 7 ducados a sus "parientes más propincuos". Propincuo: cercano, próximo, allegado. RAE.
—Martín Cortés, mayorazgo, hijo de doña Juana de Zúñiga. Ver sus aventuras en la entrada anterior, no obstante que dedicaré otra a su estancia en Castilleja y a ilustrar su no menos aventurera vida en Nueva España.
Como era menor de edad, su padre en el testamento le nombró tres tutores: el duque de Medina Sidonia, el marqués de Astorga y el conde de Aguilar, su abuelo materno.
"Lo único que sabemos de la vida de Don Martín durante el periodo de menor de edad es que se fue a estudiar con los jesuitas en Alcalá, donde se distinguió por sus virtudes y piedad cristiana y hasta estuvo algún tiempo como novicio de la Compañía de Jesús". Mariano Cuevas, notas al testamento de Cortés. Ver de dicho Cuevas "Historia de la Iglesia en México, tomo II, págs. 325 y 326.
—Marqués de Astorga. Pedro Álvarez Ossorio, IV marqués. En su padre el III marqués se fundió dicho marquesado con el condado de Santa Marta que aportó su madre, Isabel Sarmiento y Zúñiga, hija del II conde de Santa Marta, Francisco Sarmiento y Zúñiga. Descendiente de estos Sarmiento fue María Sarmiento Mendoza, esposa de Francisco de Cobos, cuya muerte en Úbeda inspiró una de las tertulias filosóficas del Capitán Cortés, reseñada de puño y letra por Pedro Navarro, que hacía las veces de notario de dichas tertulias (v.i.). El marqués de Astorga y Cortés habían concertado matrimonio entre el hijo primogénito y sucesor del primero y doña María Cortés, hija del segundo con doña Juana de Zúñiga. La dotó con 100.000 ducados, de los cuales recibió el de Astorga 20.000 por adelantado, y Cortés en su testamento obligó sus bienes y los de su esposa al pago de los 80.000 restantes.
—Conde de Aguilar, don Felipe Ramírez de Arellano, muerto en 1590, cuya hija se casó con Cortés v.s. Este V conde estaba casado con María de Zúñiga, muerta en 1583, nieta de don Pedro de Zúñiga, II duque de Béjar. Hermanos de la mujer de Cortés doña Juana de Zúñiga, hijos del conde y de doña María, fueron Pedro y Felipe. Lope de Vega escribió una tragicomedia titulada Los Ramírez de Arellano, por encargo del VI conde de Aguilar, "mezclando las hazañas de su fundador [del condado] con elementos anacrónicos y fantásticos". (Ver "Los Ramírez de Arellano de Lope de Vega". Diana Ramírez de Arellano. Instituto de Estudios Madrileños. C.S.I.C. Madrid, 1954).
—Tomás del Río. En próxima entrada veremos cómo este escribano de Tomares que redactó el codicilo de Cortés en Castilleja no era trigo limpio, cómo estuvo en la Cárcel Real de Sevilla por falsario, y cómo fue acusado en repetidas ocasiones de alterar o inventar testamentos bajo sobornos, uno de ellos en concreto por 10 ducados, otorgado en Castilleja, que estudiaremos en profundidad luego.
Protagonizó la redacción del dicho codicilo porque la casa donde vivía y murió el Capitán se hallaba fuera del Señorío castillejano, en la Calle Real perteneciente a la Tierra de Sevilla y, por tanto, a la jurisdicción de Tomares.
No creo que a Tomás del Río se le pasara siquiera por la cabeza falsear el codicilo de Hernán Cortés por mor de algunos ducados de recompensa. Estaba rodeado día y noche de personas muy importantes y de mucha significación social, pendientes y vigilantes todas ellas de lo que decía y preguntaba, escribía, tachaba o enmendaba. Cierto y verdad es que el codicilo original de su puño y letra no aparece por ningún lado en los protocolos de su oficio, que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, pero cabe la posibilidad de que aparezca algún día, porque se dan abundantes casos de folios traspapelados que escaparon a la tarea de catalogación.
—Jurado Juan Rodríguez. Tampoco dejaba a la zaga al falsario Tomás del Río. Fue acusado de adulterar el vino dañado de su bodega con huevos y sal, para venderlo en Sevilla o mandarlo a Indias. Dejó morir a una yegua de hambre y de sed, requisada en el corral del Concejo, porque había invadido una de sus viñas causando daño por valor de 2 reales. Lo veremos también en próxima entrada.
Su hijo del mismo nombre, Juan Rodríguez de Medina, protagoniza mucha documentación castillejana de entre los siglos XVI y XVII.
—Juan Vizcaíno. Escribano público y del Concejo de Castilleja de la Cuesta.
—Antonio de Acosta Galvarro (sic). Parece error del padre Mariano Cuevas. Algunos editores del codicilo manifiestan que son dos individuos, Antonio Acosta y Antonio Garvarro, ambos criados del Marqués del Valle de Oaxaca. Ver por ejemplo José Luis Martínez. Documentos cortesianos IV: 1533-1548, secciones VI a VIII (segunda parte). "Ítem encargo e mando que tengan el dicho Don Martín mi hijo sucesor, en su casa e servicio como yo le tengo, a Antonio Galvarro mi camarero, por cuanto confío que él hará bueno e leal servicio, como le ha hecho en el tiempo que a mí me ha servido".
—Luis Quijada, criado de Cortés.
—Pedro de Rosas, criado de Cortés.
—Mariano, criado de Cortés. De sus criados no se olvidó el conquistador: "ïtem mando que el dicho día de mi enterramiento, a todos los criados que estuvieron en servicio mío y de mis hijos les den un vestido de luto conveniente, como pareciere a los dichos señores mis albaceas, e a los que son o fueren mis criados mando que, por tiempo de seis meses después de yo fallecido, les sea dado el salario que conmigo ganan o ganaren a la sazón, e todo el dicho tiempo les sea dado de comer y de beber según y de la manera que se les dá en vida, y que al tiempo que se hubieren de ir los que no quedaren en servicio de Don Martín mi hijo sucesor, se les pague enteramente lo que se les debiere de sus quitaciones".
—Andrés Martínez de Jáuregui, Teniente del Asistente de Sevilla Pedro Navarro*.
Otra [tabla genealógica] de la familia de Jáuregui ["palacio" en euskera], señores de Gandul, vecina de Sevilla. Empieza en el licenciado Andrés Martínez de Jáuregui, corregidor de Santo Domingo de la Calzada. Termina en sus cuartos nietos Diego de Jáuregui Guzmán y Leyva, señor de Gandul y Marchenilla, caballero de Santiago, y Miguel de Jáuregui Guzmán y de Jáuregui Guzmán, señor de Torre Cantina. (Índice de la colección de don Luis de Salazar y Castro. Tomo XV. Formado por Baltasar Cuartero y Huerta y Antonio de Vargas-Zúñiga y Montero de Espinosa. Madrid, 1956).
1512. El Licenciado Andres Martinez de Jauregui hijo de Pedro Martinez de Jauregui y de Doña Domenja de Amezqueta heredó la casa que fundó su padre; acrecentó mucho la hacienda para lo que llevaba aquel siglo, fue Corregidor de la Ciudad de Santo Domingo de la Calzada y Alcalde mayor de las Guardas del exto del Duque de Najera el año 1512 cuando "unió" el Reyno de Navarra con el de Castilla. Tuvo también otros Corregimientos. Casó con Doña Estivariz de Amatiano Señor de la Casa Solar y Torre de Amatiano. Fundaron mayorazgo con facultad del Emperador Carlos V de sus casas y bienes. Engendraron al Licenciado Andres martinez [entre otros]. http://www.antzinako.org/RepLinajes/abendano.html
* Pedro Navarro, marqués de Cortes [por la villa del mismo nombre en Navarra]. "Pedro de Navarra y de la Cueva (ca. 1499- Toledo, 2 de marzo de 1556), fue un noble navarro, I marqués de Cortes, vizconde de Muruzábal y mariscal de Navarra, que desempeñó los cargos de Corregidor de Córdoba, corregidor de Toledo, asistente de Sevilla, gobernador de Galicia, presidente del Consejo de la Orden de Santiago e interino de las de Calatrava y Alcántara, consejero de Estado". (Wikipedia).
No hay que confundirlo con otro Pedro de Navarra que escribía al copiado las discusiones habidas en las tertulias humanística de Hernán Cortés. De este Pedro de Navarra hablaremos luego.
Sobre Andrés Martínez de Jáuregui recayó toda la carga administrativa y burocrática del otorgamiento del codicilo y de la apertura del testamento de Hernán Cortés en Castilleja. Y pienso que no se vería libre tampoco de organizar el sepelio hasta Santiponce. El Asistente de Sevilla Pedro Navarro se libró de muchos quebraderos de cabeza.
—García de Huerta, escribano de Su Majestad.
—Licenciado Martín Alonso.
—Benito Díaz, alguacil de los 20.
—Juan de Escobar, alguacil de los 20. En 1542 a Rodrigo Escobar, alguacil de los veinte, se le reconoció la blanca de la carne.
El Alguacil Mayor de Sevilla, encargado del orden público de ella — por 1547 era Fernán Arias de Saavedra—, tenía a sus órdenes 20 alguaciles de a caballo, —que debían ser sevillanos—, conocidos en expresión vulgar como "alguaciles de los veinte", nombrados por elección y actuando bajo juramento, muchos de ellos en posesión de hidalguía.
Estos personajes así listados, en lo que respecta a los nombrados en el codicilo del día 2 de diciembre, cuyo otorgamiento creo que fue hacia el anochecer, aunque a juzgar por la firma del Teniente Jáuregui al siguiente día, las diligencias se prolongaron durante toda la noche.
Los demás personajes, que aparecieron al siguiente día, —el de la apertura del testamento. imaginamos que en su mañana, mediodía o tarde—, serán reseñados en la siguiente entrada.
(3) Podría haber albergado la iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta per seculam seculorum los despojos del Capitán* de no haber cambiado de parecer en los dos meses que transcurrieron entre el testamento sevillano y el codicilo castillejano. Por lo ordenado en este, la piltrafa pasó a propiedad del de Medina Sidonia, quien la sepultó en Santiponce cual perro previsor. Nada pierden los placeños y en cambio ganan categoría no de perros frustrados sino de personas íntegras, así como tranquilidad y sosiego, habida cuenta del embrollo que arrastran los huesos cortesianos, el lío de su último lugar de reposo, y el galimatías de su verdadera identidad, como sucede y ha sucedido a tantos y tantos personajes importantes que en el mundo han sido. Pero dice el padre Mariano Cuevas en nota al testamento: "Como puede verse en el codicilo, Cortés revocó la primera parte de esta cláusula, dejando en libertad a los albaceas sobre la iglesia en que primeramente habían de ser puestos sus huesos. La razón es muy sencilla: muriendo como él ya lo veía en Castilleja, hubiera sido muy difícil trasladarle hasta la iglesia de San Marcos que era su parroquia, situada en el corazón de Sevilla. Además hubiera sido una descortesía con los mojes del vecino monasterio de Santiponce, ya que moría en términos de su monasterio y auxiliado tal vez* por algún sacerdote de este monasterio". En cualquier caso, por voluntad del testador se tuvieron que decir miles de misas en la iglesia de Santiago, —por las ánimas del Purgatorio, por cuantos murieron en la Conquista y por deudos de los que Cortés no tenía noticia—. Las dichas misas reportarían unas limosnas considerables para la parroquia de Castilleja.
Describir el traslado del cadáver por la cuesta abajo de nuestra Villa requiere solicitar —respetuosamente— la guía y el auxilio de los grandes de la pluma decimonónica, aquellos románticos descriptores de siniestralidades. "Ítem mando que el dicho día de mi fallecimiento se dé de vestir de mi hacienda a cincuenta hombres pobres ropas largas de paño pardo e caperuzas de lo mesmo, los cuales dichos cincuenta hombres vayan con achas encendidas en el dicho mi enterramiento, y después de hecho, se les dé un real a cada uno".
* "Tal vez" no. Hay constancia de que el prior del monasterio, fray Pedro de Zaldívar, lo auxilió en sus últimas horas en casa del Jurado Juan Rodríguez. Véase José Luis Martínez. Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica. México, 1990.
(4) La cantidad de maravedíes que iba a recibir el otro Martín Cortés, hijo de la Malinche, y Luis Cortés el hijo de Antonia de Hermosilla (v.s.) era de de 1.000 ducados de oro, o sea, 375.000 maravedíes anuales, mientras viviesen o mientras no tuvieran arriba de 500.000 maravedíes de renta por ellos mismos. No fué así en el caso de Luis, que acabó casado con doña Guiomar, por lo que Hernán Cortés montó en cólera y lo desheredó tal como hemos visto en el codicilo de Castilleja. Ver Anuario de Estudios Americanos, vol, 5 pag 354.





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