sábado, 2 de mayo de 2020

Historia de los apellidos, 21j.




Pondré el punto final al capítulo de la quina transcribiendo los párrafos que a ella dedica el doctor Alonso López Cornejo en El Galeno Ilustrado, donde reivindica su primer uso, ya en Europa, por médicos españoles, y más concretamente sevillanos, y exactísimamente por él mismo:
"Pasa en el fol. 77 [del Desempeño a el método racional, en la curación de las calenturas tercianas (1)] a traer los febrifugios de las tercianas, y está tan enamorado de los Nortistas que se acuerda de citarlos, y no de otros de los nuestros que les enseñaron a los Nortistas el modo de usar de los febrifugios y siendo muchos los que se hallan en nuestros Autores, como se puede ver en Senerto, lib. 2, cap. 18, de febrib.; en Schenchio, lib. 6, de febrib. de curat quartana observ. 2. 3.; en Ribeiro, lib. 17, cap. 3.; en Pedro Miguel, De febribus erradicatu difficilibus, cap. 2. donde trae la historia de los polvos de Juan de Vega, o polvos de la quinaquina, o cascarilla. [...] En los cuales Autores se hallará y verá la noticia de todos los febrifugios de los Nortistas y del excelente y celebrado remedio de la quinaquina. [...] Del cual Galeno han sacado los Nortistas la variación en el modo de dar los polvos de la quinaquina, como ahora explicaremos. Se ha de advertir que aunque el Desempeño, trayendo los febrifugios de las tercianas en el fol. 77, no se acuerda mas que de los Autores modernos de Francia, Alemania y Inglaterra, sin hacer mención de los Españoles, le hemos de advertir que los Españoles les enseñaron a los Alemanes, Franceses y Ingleses el uso de la cascarilla o quinaquina, pues el primero que los trajo a España del Perú y los usó en Sevilla fue el Doctor Juan de la Vega, que fue en tiempo de Pedro Miguel de Heredia, siendo Pedro Miguel de Heredia médico de Cámara del Señor Felipe IV, como consta del mismo Pedro Miguel arriba citado, y desde este tiempo se han usado en Sevilla dichos polvos, ya en infusión, ya en sustancia, según a los Médicos que los han administrado ha parecido, y así escribió de ellos Caldera, Doctor sevillano, y otros muchos Españoles y Sevillanos que por no cansar no cito, con que si los extranjeros traen este admirable medicamento y es tan precioso como todos sabemos y tenemos experimentado (aun antes que el Desempeño fuera Médico) lo aprendieron y han aprendido de los Españoles, y especialmente de los Sevillanos. Y si el Desempeño por tan apasionado de los modernos de Francia, Inglaterra y Alemania, dijere que ellos han sabido usar de este medicamento mejor que los Españoles porque le han sacado la sal y la tintura y lo han dado antes que empiece la accesión, lo que no hacían los Españoles, se responde que lo Médicos Españoles han usado de esta corteza según a cada uno se le ha antojado y mejor los ha podido experimentar, y así muchos los ha dado ya en sustancia, ya en infusión, antes que empezara la accesión. [...] Y antes que fuera médico el Desempeño ni ninguno de sus Compañeros usaba yo la infusión de la cascarilla, dos horas o tres antes que empezara la accesión, con admirable efecto, y esta es la que ha corrido en Sevilla mucho tiempo ha, debajo del nombre de vino del Rin, que es dos onzas de la quina o cascarilla infundida en 4 cuartillos de vino del Rin u otro blando y suave, así infundida tres días, menear la infusión todos los días tres o cuatro veces, y después colar dicho vino y tomar cuatro onzas tres horas antes de empezar la accesión, y así a tercera exhibición están buenos los enfermos, y si recayeren, reiterarla, cuya administración trato en Tratado que tengo escrito.
Y por último para concluir esta duda cuarta del Desempeño reparo en una cláusula que trae al folio 77 en que dice que entre todos los febrifugios de las tercianas se lleva la palma la corteza de la quinaquina o cascarilla, pues dice: ´puedo asegurar que no la he dado vez que no haya mostrado su eficacia, y cualquiera que la usare sabiendo con qué ingredientes se ha de mezclar su dosis y en qué ocasión y cuánto tiempo se ha de continuar, experimentará lo mismo que se afirma´. Noto en esta cláusula el que, o el Desempeño la escribe para los Médicos, o para los políticos: si la escribe para los políticos es dar a entender que él sólo sabe cómo se usa de los febrifugos, y especialmente de la cascarilla, y los otros Médicos no lo saben, pues para que sepan que lo saben los otros Médicos se les dice a los políticos que los otros Médicos usan de la sal de ajenjo y del cremor tartari y de los ojos del cangrejo, preparados con los polvos de la cascarilla, y de la sal de cardo santo y del agua y del pentafilo y del taraje y de otros muchos febrifugios con la tríaca de Galeno, y de otros que hay, así exteriores como interiores, que traen los Autores que arriba citamos, y especialmente se usa y usan de la cascarilla en infusión en la forma que la trae Juanini y Tenche, dándola dos horas o tres antes que empiece la accesión, en agua de cardo santo u otra apropiada [...].
Alonso López Cornejo carga seguidamente contra los médicos que ocultan sus conocimientos y sus ingredientes medicamentosos, tildándolo de inmorales, avarientos, ambiciosos y vanagloriosos, especialmente si son cristianos. Acusa de todo ello a Salvador Leonardo Flores, autor del Desempeño.

(1) Desempeño a el método racional, en la curación de las calenturas tercianas*, del también médico sevillano Salvador Leonardo Flores. "Salvador Leonardo Flores obtuvo el grado de Medicina ante el Protomedicato mediante el procedimiento de reválida, tras una etapa de formación práctica junto a un médico en ejercicio y desarrolló una brillante carrera asistencial y científica en Sevilla, donde participó activamente en la polémica abierta entre los partidarios del galenismo tradicional y los médicos novatores (innovadores). Fue uno de los representantes más destacados y fundador de la Venerada Tertulia Hispalense, grupo intelectual sevillano que empezó a reunirse en 1697 en la casa de Juan Muñoz y Peralta y acabó por constituir la que sería principal institución renovadora de la medicina española a finales del siglo XVII: la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla. Flores no sólo perteneció al núcleo fundacional de la sociedad hispalense, sino que participó muy activamente en sus debates y sesiones científicas. En 1720, en la etapa final de su vida profesional, el monarca Felipe V lo nombró médico honorario de cámara". http://dbe.rah.es/biografias/18529/salvador-leonardo-flores
* "En los últimos años del siglo XVII, jubilado ya de su cargo universitario [Alonso López Cornejo], fue el defensor más notable de las ideas médicas tradicionales frente a los novatores que fundaron la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla. Con motivo de la aparición de un libro de Salvador Leonardo de Flores, publicó su Galeno ilustrado, Avicena explicado y Doctores Sevillanos defendidos (1698). La finalidad de esta obra era "refutar la nueva con la antigua medicina". Historia de los apellidos, 21f. Marzo de 2020.


Y ahora, regresando a nuestra Villa aljarafeña, prosigo con Juan de Tovar y López, alumno de Alonso López Cornejo.


Jueves que se contaron veinti y seis dias del mes de novieb. año de mill y seis cientos y treinta y siete años yo el bachiller Domingo Calderon Cura beneffº. de la iglessia de Sr Santiago de la vª. de Castillexa de la cuesta baptize a Juº. hixo de franco. de toval y de margarita morena su muger fue su padrino bartolome moreno todos vzos. desta dcha vª y lo firme ffº. ut Sª. El lid. Domingo Calderon.

Una de las testigos presentadas por la madre de Clara (1) para incorporar su partida de bautismo en el libro parroquial, cuyo auto vimos en la entrada anterior (ver ibidem infra), ya sabemos que se llamaba María Morena, la mujer de Cristóbal Rodríguez Prieto (2) que a la sazón, en 1641, contaba con 60 años de edad. María lleva el mismo apellido que la madre del bachiller en medicina Juan de Tovar y López, madre que, recordemos, era Margarita Morena (3). Una minuciosa búsqueda en dicho libro de registros de bautismos en busca de parentesco entre María y Margarita arroja los siguientes resultados:
El jueves 7 de enero de 1619 Juan Ramos Zambrano (4), cura de Santiago —desde diciembre de 1633 aparece también como vicario de Villanueva del Ariscal y su partido—, bautizó a Antonio, hijo de Juan Rodríguez Herrador y de María Morena. Padrino, el capitán Ambrosio Zafra, vecino de Sevilla en la collación de la Iglesia Mayor.
El domingo 14 de noviembre de 1621 Juan Ramos Zambrano bautizó a María, hija de Juan Rodríguez Herrador y de María Morena. Padrinos Diego Galindo y su mujer, y Antonio Álvarez, todos vecinos de esta Villa.
El miércoles 3 de febrero de 1627 Zambrano bautizó a Juan, hijo de Juan Rodríguez (¿Herrador?) y María Morena. Padrino, Antonio ¿Andrés, Gudiel?, todos vecinos de esta Villa.
Probablemente este Gordo es el mismo que el anterior Juan Rodríguez: El lunes 7 de septiembre de 1624 Zambrano bautizó a Francisco, hijo de Juan Rodríguez Gordo y de María Morena. Padrino, Nufio Gudiel, todos vecinos de esta villa. Así como este Juan: El jueves 16 de agosto de 1629 Zambrano bautizó a Salvador, hijo de Juan Rodríguez González y María Morena. Padrino, el escribano Pedro Pérez de Cuéllar.
Y en seguida, varios candidatos de aquellos años al parentesco con Margarita:
El domingo 9 de julio de 1623 Zambrano bautizó a Juan, hijo de Diego Moreno y de Ana Gutiérrez. Padrino, Martín Ramos, vecino de Triana en la collación de la O.

El 17 de abril de 1624 Zambrano bautizó a Isabel, hija de Francisco Maldonado y Catalina Morena. Padrino, Miguel Vázquez (5), todos vecinos de esta Villa.

(1) Tuvo Clara una hermana. El sábado 14 de diciembre de 1619 Juan Ramos Zambrano bautizó a Beatríz, hija de Francisco de Ojeda y de Juana González. Padrino, Gonzalo Lorenzo, vecino de la Calle Real.

(2) Tuvieron por hijos la testigo del bautismo de Clara y su marido Cristóbal a Ana (1620, sus padrinos Adrián Bambel* y Francisca de Vega su mujer), Diego (1623, su padrino Adrián Bambel), María (1625, su padrino Ignacio Pérez de Medina, hijo de Pedro Pérez de Medina, vecino de Sevilla en la collación de San Juan de la Palma).
* Bambel, el flamenco que ya conocemos: "Pronto el flamenco (1) Adrián Bambel [Van Belle] (2) comenzará a dar guerra a cuenta de la administración y reparto de los bienes de su suegro el viejo Juan Payán cuyo testamento acabamos de ver en la entrada anterior. Sobre el pleito que promovió este holandés contra Miguel Payán y Pedro Pérez, hermanos del difunto Juan Payán el viejo, y contra Lucía de Vega, viuda de Alonso Montaño y hermana de Ana de Vega, mujer del dicho difunto, proveyeron los Señores Regente y Oidores de la Real Audiencia de Sevilla. A los dos hermanos y a la cuñada los representaba el vecino de nuestra Villa Luis de la Barrera, que argumentó el día 8 de julio de 1629 ante su Alcalde Ordinario lo ya conocido por nosotros según el dicho testamento: que Francisca y Ana de Vega, mujeres respectivamente de Bambel y de Juan de Castro, y Juan Payán el joven, eran los herederos universales de Juan Payán su padre". Historia de los apellidos, 21a. Febrero de 2020.
Viudo Bambel de Francisca de Vega y vuelto a casar con Catalina de Castro, hubieron por hijos a Francisco (1627), Jusepe (1630), otro Francisco (1632), y algunos más posteriores que luego referiremos. Un Juan Bambel vecino de Sevilla, ¿hermano de Adrián? apadrinó en su bautizo a Diego, hijo de Sebastián de Chávez y Catalina de Medina, bautizado por Zambrano el jueves 28 de abril de 1622.
Actualizo ahora la referida entrada de febrero de 2020 incluyendo entre los Payán ginencinos al albañil Manuel Cansino Payán, fallecido el 11 de noviembre de 1936 estando detenido en Sevilla por las hordas franquistas. Ver Las víctimas de la represion militar en la provincia de Sevilla (1936 - 1963). José María García Márquez. Editorial Aconcagua. Y entre los Vega de dicha villa muertos o represaliados, el vendedor Manuel Vega Olivares, asesinado en Sevilla en agosto de 1936; Manuel Vega Cortés, asesinado en Sevilla el 11 de noviembre de 1936; y Carmen Vega Cortés —sin información excepto un expediente de incautación de sus bienes—. Obra citada.
Al jornalero de Castilleja de Guzmán Francisco Payán Polo lo fusilaron los fascistas el 24 de julio de 1936.

 (3) Hijos del prolífico matrimonio formado por Francisco de Tovar López [en ocasiones López Tovar] y Margarita Morena [en ocasiones Moreno] fueron, —además del médico—, Pedro* (1633, su padrino el escribano de Castilleja Roque de las Cuevas), Francisco (1636, su padrino Bernardo de Beria, vecino de Sevilla en la collacion de San Salvador), Bartolomé (1639, su padrino Bartolomé Moreno**), Fernando Antonio*** (1642, su padrino don Nicolás de la Peña, vecino de Sevilla en la collación de Santa Cruz), Catalina (1644, su padrino Leandro de Santiago, vecino de Sevilla en la collación de la Iglesia Mayor), Cristóbal (1646, su padrino Cristóbal Alonso Pérez), Beatríz (1649, su padrino Roque de Torres), Joseph (1653, sus padrinos Joseph de Cabrera, Teniente de Gobernador de esta Villa, y Ana Morena su mujer), María (1655, sus padrinos Andrés de Cabrera y Ana María su mujer), y Ana (1657, sus padrinos Alonso García, escribano de esta Villa, e Isabel de Carmona su mujer).
Francisco de Tovar López y Margarita Morena su mujer fueron padrinos de Andrés, hijo de Joseph Rodríguez y María Rodríguez. Bautizó el párroco Diego de Velasco el domingo 7 de enero de 1652.
* Pedro López Tovar se casó con Ana Beltrán. Tuvieron a Pedro (1668). Pedro López de Tovar y Ana Beltrán, padrinos de Miguel, hijo de Diego Pérez e Isabel María. Bautizó Diego de Velasco el sábado 25 de diciembre de 1666.
** No cabe duda de que Bartolomé Moreno era familia de Margarita la madre del médico, del que fue padrino de bautizo (v. s.). Casado Bartolomé con Catalina Ponce tuvieron a Diego (1631), Cristóbal (1633), Bartolomé (1635), Sebastián (1638), otro Diego (1640), Ana María (1642), José Antonio (1644), Josefa (1649), y María (1651). La prolífica madre ofició como partera examinada en nuestra Villa, lo que podría indicar alguna relación con nuestro médico Juan de Tovar López. Eran "examinadas" y aprobadas tanto en sus conocimientos como en sus cualidades morales por la autoridad competente de los hospitales centrales. "Los Reyes Católicos en la Pragmática de 1477, obligaban a examinarse, entre otras profesiones  sanitarias, a las parteras, pero los excesosl cometidos motivaron que Felipe II redujera el exámen sólo a médicos, cirujanos y boticarios. Por más de dos siglos permanecieron las parteras castellanas sin poderse examinar, las que encontraban resistencia en las justicias municipales, acudían al Protomedicato donde se les daba testimonio o despacho, con inserción de las Leyes que prohibían su examen; así, el oficio pasaba de unas a otras generalmente por herencia, en el siglo XVIII encontramos también hombres que se ganaban la vida con este quehacer". El Real Tribunal del protomedicato castellano, siglos XIV-XIX. María Soledad Campos Díez. Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.
*** Fernando Antonio aparece con los apellidos trastocados al igual que su hermano Pedro, esto es, López Tovar. Casado con Catalina Alcaide, fueron sus hijos Francisco (1666), Leonor (1668), y Margarita (1670). Entre los Alcaide de Castilleja descubrimos a Juana: el lunes 30 de julio de 1668 Luque bautizó a Francisco, hijo de Francisco de Carmona y Juana Alcaide. Padrino, Dionisio Bravo, marido de María Morena; y a Miguel Alcaide, marido de Beatríz Moreno de Tovar.

 (4) Poseyó el cura Juan Ramos Zambrano al menos un esclavo, aunque no se nos dice su nacionalidad: el lunes 28 de febrero de 1622 Alonso Hernández Rojas, teniente de cura de la parroquial de Santiago, bautizó a Leonor, hija de Francisco Cuadrado [Quadrado, en el original], esclavo del licenciado Juan Ramos Zambrano, cura beneficiado de esta Villa, y de Juana González su mujer. Padrino, el bachiller Diego de Henao, presbítero; todos vecinos de esta Villa.
El lunes 16 de febrero de 1626 Zambrano bautizó a Francisco, hijo de Francisco Cuadrado y de Juana González, vecinos de esta villa (ya no aparece el padre como esclavo). Padrino Alonso Hernández Rojas, presbítero cura beneficiado de Gines.
En 1629 se confirmó, entre otros jovencitos*, Juan, hijo de Francisco Cuadrado, su padrino Juan Ramos Zambrano. Todo indica que Francisco estaba ya liberado, acaso ahorrado por su antiguo amo el beneficiado de la iglesia de Santiago.
Francisco Cuadrado nueve años después ejerció de padrino en el bautizo de María, hija de Valentín Díaz y de Elena Rodríguez. Le echó el agua el bachiller Domingo Calderón, vicecura de la iglesia de Santiago, el sábado 28 de agosto de 1638.
No es el único caso de párroco de Castilleja propietario de esclavos, mas al suyo, a este Francisco Cuadrado, lo vemos integrado plenamente en la sociedad castillejense. No así el del cura Rodrigo de Cieza muchos años antes: "Era vergonzoso. La pérdida de su "propiedad" podía convertir al cura en el hazmerreír del pueblo, en cuanto respecta al daño moral, y no menor era el daño fungible que se ocasionaba a su bolsillo: había pagado por él en las Gradas 14.000 maravedíes contantes y sonantes, a los que debía añadírsele vestuario, alimentación, alguna visita del cirujano y el tiempo perdido en enseñarle a leer, escribir y contar, y los esfuerzos en educarlo en valores cristianos, y... . Don Rodrigo descubrió por la mañana la ausencia del criado, y suspendió desayuno y aseo para denunciar el hecho ante el Alcalde de la Santa Hermandad, como estaba prescrito en estos casos". Los esclavos 4. Febrero de 2009.
* Algunos de estos muchachos, que al caso nos interesan, fueron: Bernardo, hijo de Diego Moreno, su padrino Gregorio Martín; Juan, hijo de Diego Moreno, su padrino Diego de Vega; María, hija de Bernardo de Oliver, su padrino Lázaro de Castro; Bartolomé, hijo de Diego Moreno, su padrino Juan Pérez; Salvador, hijo de Diego Moreno, su padrino Francisco Jiménez; Brígida, hija de Bernardo de Oliver, su padrino Juan Pérez; Diego y Jusepe, hijos de Diego Moreno, padrino Pascual García; Catalina, hija de Bernardo de Oliver, su padrino Antón Pérez Navarro.

(5) El hermano del carmelita castillejense, que también fue padrino de Catalina, hija de Cristóbal Andrés y Catalina de Castro. La bautizó Zambrano el miércoles 10 de junio de 1626. Y de Francisco, hijo de Francisco  Maldonado y de Catalina Rodríguez. Lo bautizó Zambrano el viernes 21 de mayo de 1627. Y también el domingo 20 de marzo de 1622 apadrinó a Ana, hija de Pedro Navarro y María de Vega. Ofició Alonso Hernández Rojas, teniente de cura de Santiago.
Brígida Rodríguez, mujer de Miguel Vázquez, fue la madrina del bautismo de agua de Francisco, hijo de Cristóbal Martín Breva (o Bravo) y de Juana de Luque. El padrino de los exorcismos fue Francisco Alonso, gallego. Ofició Zambrano el sábado 18 de junio de 1633.
En dicho sábado Zambrano bautizó a Lucía, hija de Juan de Castro e Isabel Morena. Padrino del agua don Leonardo de la Cueva Machuca, y de los exhorcismos el escribano Pablo de Mercado.


A grosso modo y en forma miscelánea termino incorporando varias partidas de bautismo de hijos de alguno de los Moreno de Castilleja, así como las de otros personajes que ya conocíamos, con la finalidad de echar mano de ellas cuando la ocasión así lo requiera:
Nicolás de Alfaro, vecino de Sevilla en San Vicente, padrino del bautizo de Antonio, hijo de Alonso Ramos y Magdalena Rodríguez. Sábado 1 de febrero de 1620.
El domingo 1 de noviembre de 1626 Zambrano bautizó a María, hija de Juan de Castro y de Isabel Morena. Padrino, Juan Moreno, vecino de Triana en la collación de Santa Ana.
El miércoles 5 de junio de 1628 Zambrano bautizó a Catalina, hija de Diego Moreno y Ana Gutiérrez. Padrino, Bartolomé Benítez.
El martes 22 de enero de 1630 Zambrano bautizó a Diego, hijo de Juan de Castro e Isabel Morena. Padrino el doctor Juan Martínez Amaya, presbítero.
El martes 29 de enero de 1630 Zambrano bautizó a Salvador, hijo de Francisco Maldonado y Catalina Morena. Padrino, don Fernando de los Ríos, vecino de Sevilla.
El 16 de marzo de 1638 Calderón bautizó a María, hija de Diego Martín Revuelta el mozo e Isabel Morena. Padrino, Lázaro de Castro.
El domingo 20 de marzo de 1639 Calderón bautizó a Diego, hijo de Diego Alonso y Catalina Morena. Padrino, Ignacio de Montilla, vecino de Sevilla en la collación de San Salvador.
Juan de Castro Moreno, padrino de Jacinta, hija de Baltasar Ximénez y Leonor Rodríguez. Bautizó Calderón el domingo 6 de mayo de 1640.
Lunes 6 de agosto, Alonso del Puerto, teniente de cura, bautizó a Diego, hijo de Pedro de Castro Moreno y Juana Ramos. Padrino Juan Colmenero, vecino de Sevilla en la collación del Sagrario de la Iglesia Mayor.
El lunes 5 de julio de 1641 Calderón bautizó a Diego, hijo de Juan Cabrera y Ana Morena. Padrino don Diego de Melo, vecino de Sevilla.
Marido de Catalina Morena fue Juan de Oyega, él de una familia de hidalgos empobrecidos cuyas viviendas se derrumbaban por el abandono. Juan de Oyega dio nombre por unos años a la calle hoy rotulada como Manuel García-Junco. Una de las descendientes directas de estos Oyega casóse allá a finales del XIX o principios del XX con Teodoro Oliver Jiménez, tío abuelo de quien esto escribe, procreando a quien luego sería renombrado artista pintor local, Juan Oliver. "Capataz en la hacienda La Pintá, que recorría en su ronda diaria a caballo. Solía espantar a los rapazuelos de la Villa que invadían el territorio de los Tendero-Vila sin miramientos, a cartuchazos de sal en las posaderas, según me testimoniaron muchos años después varias de sus víctimas". Historia de los apellidos, 8. Mayo de 2019.


Mandó incorporar el bautizo de Clara (ver supra) al libro parroquial de la iglesia de Santiago de Castilleja el vicario de Villanueva del Ariscal licenciado Pedro de Yegros Caballero, tal cual vimos en la entrada anterior. Sepamos algún sustancioso detalle de su quehacer en Castilleja.
Asediaban día y noche los magros y polvorientos fondillos de las escuálidas faltriqueras que los misérrimos castillejanos portaban cuasiflotantes, siniestros manojos pulposos y semitransparentes de gordezuelos dedos perfumados de incienso y algalia, abrazadas suavemente sus mollejas sonrosadas con áureas joyas que engarzaban preciosas piedras relumbrantes. Dedos cálidos desconocedores de la deleznable y tosca herramienta, con perfectas uñas nacaradas, tan precisos y tenaces como delicados y exquisitos. Anulares, índices y pulgares angelicales que urgaban con hábiles y sistemáticos palpeos toda clase de bosas, saquillos y escarcelas populares, a la pesca de desde el primer maravedí hasta la última blanca que los humildes labriegos y guardacabras arrancaban de sus manijeros y capataces tras agotadoras jornadas de duro trabajo, diseminados de sol a sol por los infinitos predios y heredades del Conde Duque de Olivares.
La corrupción era general y roía en todos los estamentos de la estructura eclesiástica, desde el de los monaguillos desvergonzados y los sacristanes libidinosos de la empobrecida iglesia de Santiago hasta el de los prepotentes vicarios opulentos y los chulescos visitadores orondos que allegaban a la Villa en diligencias diseñadas desde el lujoso monasterio de la Provincia de León, cabecera remota del distrito que incluía la totalidad de la Extremadura y la Andalucía Occidental.
Todos robaban. El mulero eventualmente encargado de traer cera cultual desde Sevilla arañaba unas monedas a la menor ocasión. El mayordomo de la fábrica escatimaba cuando no el vino el aceite y las más veces ambos. El notario apostólico apañaba los libros de cuentas en provecho propio. El beneficiado solía barrer para adentro un día sí y otro no y el de enmedio. De las obras pías todos ellos sacaban tajada, de las donaciones porción, de las fundaciones presa, de los patronazgos bocado.
Las viejas y solitarias beatonas que, idiotizadas en base a sermones, discursos, consejos, directrices y recomendaciones del despiadado pastor del prado estéril de sus almas, nombraban —con plena ingenuidad y alienación— como albaceas testamentarios al beneficiado o a su teniente vicecura en el trance final de sus inútiles existencias, eran las víctimas idóneas de la infinita rapiña de sus referidos confesores y directores espirituales. El párroco en cuestión en modo alguno cumplía, ni por asomo, con la última voluntad de la enajenada testadora, y se apropiaba de todos sus bienes o, en el mejor de los casos, los administraba en provecho propio, o bien con el concurso y apoyo de algún escribano inescrupuloso y de unos testigos analfabetos reelaboraba el testamento de punta a rabo o lo tergiversaba de tal manera que sirviese a sus intereses personales.
En las altas instancias de la jerarquía católica, más de lo mismo. Aunque para salvar el expediente y presentar una faz cristiana y limpia al común, hubieron de poner en marcha sistemas de controles que frenaran la sangría que, a borbotones, mermaba los recursos que, extraídos con artimañas filosófico-teológicas, las sostenían y engordaban. De forma que se organizó un régimen policial de visitas e inspecciones de libros de cuentas de gastos e ingresos locales, de testamentos y mandas, de enseres, joyas  y objetos parroquiales, de censos y tributos, de posesiones y heredades y en fin, de toda la base material que sustentaba el gran edificio de la superchería religiosa, villa por villa y lugar por lugar sin dejar ni un rincón por examinar. Pero más pronto que tarde aquellos depredadores insaciables comenzaron a disputarse entre ellos los codiciados despojos del cadáver sin alma ni voluntad en que habían transustancializado al cuerpo social.
A título concreto y como ejemplo de estas condenables actuaciones transcribo un testimonio particular pero relevante, que nos ha de servir, además, de aglutinante y eslabón de otros interesantes y curiosos casos y hechos protagonizados por la familia del carmelita fray Antonio Vázquez de Espinosa. Deberemos, a tal efecto, recordar al vicario Pedro de Yegros Caballero y al auto que emitió para incorporar el registro de bautismo de Clara en el libro parroquial correspondiente (ver la entrada anterior). Ahora vamos a ver cómo Yegros era de los que metían la mano en la olla.

Auto para que los Vicarios de Villanueva no visiten ni tomen cuentas. En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 30 días del mes de diciembre de 1636 años el Señor don Alonso de Guzmán y Guevara, del hábito de Santiago, visitador general de la vicaría de Villanueva del Ariscal y su distrito por el Señor licenciado Sebastián Becerra Nieto, visitador general de la Provincia de León por el Señor su Prior y Capítulo del Real convento de San Marcos de León, confirmada por Su Majestad y Señores de su Real Consejo de las Órdenes = dijo que atento a que en el libro de la fábrica de la iglesia del Señor Santiago de esta Villa hay mandato expreso proveído por el Señor Prior Carriano que sea en gloria, para que el vicario de Villanueva en ninguna manera pueda visitar ni tomar las cuentas de la dicha vicaría por vía de visita ni en otra manera, y asimismo en la visita que hizo el Señor licenciado Pedro Guerrero Durán, del hábito de Santiago, visitador que fue de tal vicaría, lo mandó, y que no llevase derechos ni los tomase, por no le tocar ni tener jurisdicción para ello respecto de que cada trienio los Señores priores o vicarios generales de la dicha Provincia adonde está sujeta esta vicaría envían visitador general que la visite como ahora lo hace Su Merced, y sin embargo de lo mandado para que el licenciado Pedro de Yegros Caballero, del hábito de Santiago y vicario de la dicha vicaría por ante Bartolomé Cataño, notario de ella, ha tomado las cuentas y revisto las que estaban tomadas diciendo que está en visita, de que se le causa entrometerse en lo que no le toca y cobrar derechos de los mayordomos por la asistencia y trabajos de tomarlas; para remedio de lo cual = mandó se notifique al dicho licenciado Pedro Caballero de Yegros, vicario perpetuo de la vicaría de la dicha Villanueva, no tome ni revea las dichas cuentas, ni los vicarios que le sucedieren, pena de excomunión mayor trina canónica munissione premisse y profato incurrenda, y de 200 ducados para la Cámara Prioral, en que Su Merced le da por condenado lo contrario haciendo, y solo Su Merced le permita si quiere tomar las dichas cuentas en la dicha vicaría sea como juez ordinario y no de otra manera, y no llevando derechos a las dichas cofradías, fábricas, colecturías y testamentos, por cuanto está reservado a la visita que Su Merced está haciendo y han de hacer los demás Señores visitadores, y asimismo se notifique a los mayordomos presentes de las dichas cofradías, fábrica y colecturías y testamentos que so la misma pena no paguen derechos algunos al dicho vicario por razón de las dichas cuentas, ni a su notario, con apercibimiento que se procederá contra ellos como se hallare por derecho y lo pagarán de sus bienes y haciendas, y para que conste en todo tiempo mandó que este auto se fije a la puerta de la sacristía de la dicha iglesia, de forma que sea notorio a todos y so la dicha pena de excomunión mayor no lo quite ninguna persona de cualesquier estado, calidad y condición que sea no lo quite del dicho lugar este dicho auto, y así lo mandó, y en todos los libros de la fábrica, colecturías y demás cofradías de esta vicaría se ponga un tanto de este auto y se notifique a los dichos mayordomos como está dicho, y lo firmó. 


                                         Firma del visitador Alonso de Guzmán y Guevara

Para más detalles de las maniobras e intrigas de los visitadores, ver Notas varias, 2v. Abril de 2018: "Lo primero que hacía el visitador al llegar a Castilleja era inspeccionar con todo detenimiento y absoluta circunspección la iglesia, prestando especial observancia a dicho Santísimo Sacramento, a los altares y a la pila bautismal. Acto seguido hacía comparecer al mayordomo de su fábrica, quien casi siempre era la misma persona que el cura beneficiado, y le tomaba minuciosa cuenta de los gastos que había efectuado desde la última visita y de los ingresos habidos por tributos, donaciones y herencias que los fieles habían otorgado en favor de dicha fábrica.
La bestia negra de los altos mandatarios que ejecutaban las visitas era la desacralización o profanación de aquellos espacios y de los objetos en ellos contenidos. Entendiendo el acto de profanar en sentido amplio, hemos de considerar tal el simple hurto de unas monedas del cepillo de limosnas, por ejemplo".
Los potentados de la Villa se disputaban el hospedaje del vicario inspector durante los días, a veces semanas, que permanecía en Castilleja. En las casonas y palacetes todo eran agasajos, atenciones y reverencias. Se sucedían los banquetes pantagruélicos, las salidas a cazar al campo, las tertulias relajadas al amor de la chimenea en tiempo frío o bajo la parra del patio en el de calor. Criados, sirvientes y esclavos se esmeraban solícitos en mantener contento al señalado huésped y a sus acompañantes.
Como suele ocurrir para desesperación de algún que otro religioso purista empeñado en mantener viva la llama de la doctrina que Jesucristo aprendió de los viejos y resecos libracos judíos, la disipación, la glotonería y la concupiscencia pronto se hacían reinas y señoras de estos ambientes de la clase alta en la Calle Real o en el Señorío Antiguo: el desfile diurno y nocturno de mucamas, concubinas, criadas para todo, señoronas liberales o simple y llanamente prostitutas de cuarta fila era interminable. En el peor de los casos se recurría, ¿por qué no?, a alguna novicia del próximo convento, a alguna —o a algún— adolescente con suficiente atractivo. Por todas las estancias y rincones, a cualquier hora y a la menor ocasión se producían acometidas y escarceos amorosos, y los contratos y boletos de citas amorosas revoloteaban de mano en mano. Centro gravitatorio de toda esta libidinosa actividad era, naturalmente, el egregio visitador eclesiástico, que no solía hacer ascos a ella, por acción, protagonismo y participación en la mayoría de los casos, o por campechana omisión y tolerancia en los menos.


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Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...