Dibujo de La Ilustración Española y Americana, del año 1877. Obsérvese la irregular superficie de la Calle Real terriza (1). A la izquierda de la foto, por donde marcha el transeúnte, que coincide exactamente con la boca de salida de la calle Hernán Cortés, se percibe un ascenso del terreno. Hoy se puede comprobar su máxima altura en las casas enfrente del convento, en la esquina a dicha calle de Hernán Cortés, y también en las siguientes casas de dicha calle, hilera de la izquierda si vamos hacia la Plaza de Santiago (1). Casi todas ellas en esta acera tienen dos o tres elevados escalones en sus entradas, y la que no los tienen es porque son de edificación posterior y nivelaron sus pisos con el de la propia calle. Debemos tener en cuenta que también este piso de la calle ha sido elevado, como lo ha sido casi todo el del caso urbano de la Villa, incluidas la Plaza y la misma Calle Real. Por eso, antes de los rellenos del siglo XX, la calle Hernán Cortés presentaba el aspecto que vemos en la foto que muestro seguidamente, v.i., con las referidas casas a una altura muy superior a la de la calle. De forma que se dieron dos intervenciones en la zona, de signo contrario: la primera excavó la Calle Real a pico y pala, así como la salida de la calle Hernán Cortés (2), y la segunda, reciente, fue rellenando con escombros el área, elevándolo hasta donde hoy se aprecia.
(1) "Hasta al menos el siglo XVIII no se acometió el allanamiento, a pico y pala, que nivelaría el trayecto, salvando las jorobas, hondonadas y elevaciones del terreno que convertían el Camino Real en un tobogán a su paso por el centro del pueblo. Desde entonces se ofreció el panorama de la capital y la Vega ya desde la entrada occidental tal como lo disfrutamos ahora, puesto que antes quedaba ocultada ora sí y ora no por los badenes descritos. Producto de dicha nivelación dieciochesca fueron los acantilados a un lado y otro de la Calle, patentes especialmente a su entrada y salida y conocidos por la denominación popular de "Barranquillas" durante los siglos XIX y XX [...] De esta forma, esa Calle Real que alguien ha denominado metafóricamente como "El Río" distaba mucho de serlo en anterioridad al Siglo de las Luces, cuando no ofrecía, ni muchísimo menos, el aspecto de vaguada o canal que hoy muestra. Varias calles "afluentes" también fueron talladas artificialmente buscando sus nivelaciones sobre todo en los tramos inferiores, como son las actuales Doctor Fleming, García Babio [error que corrijo ahora: es Justo Monteseirín] o Diego de los Reyes en su extremo occidental". Los Juanguren y el espadero 36. Febrero de 2012.
"Se alzaba en la última elevación que bordeaba la Calle Real a su salida hacia Gines, elevaciones conocidas en la localidad por "barranquillas", hoy totalmente domesticadas por medio de modernos ladrillos, losetas y barandas metálicas que forman rampas, escaleras y pasajes. Esta última barranquilla estaba justo enfrente del portalón de la hacienda San Ignacio, y su solar —con parte del del cine— lo ocupa hoy Neumáticos y Servicios "El Cruce" [...] Fueron las barranquillas callerrealengas elementos característicos de Castilleja. No conozco documentación al respecto, pero según mis cálculos, la Calle Real fue nivelada en la segunda mitad del siglo XVIII, a fin de evitar la media docena de cuestecillas que, aunque de poca inclinación, estaban tan seguidas unas de otras que debería ser muy penoso, sobre todo para animales de tiro, el tránsito hacia el interior del Aljarafe. Originalmente este Camino Real por el interior del pueblo propiciaba que las casas de un lado y otro de él estuvieran al mismo nivel, mas cuando se encajonó la vía terraplenando las jorobas naturales del terreno, la comunicación entre los vecinos de dichas casas con las de enfrente quedó interrumpida. Así, quedaron unos barrancos desiguales justo a la salida de tales casas, y el ir y venir de sus habitantes hubo de efectuarse por los estrechos pasillos superiores, con poca comunicación para cruzar la calle. En principio estas barranquillas eran terrizas y al poco tiempo los hierbajos las tapizaban, por lo que paulatinamente los interesados fueron labrándolas por medio de pequeños diques de obra y aun construyendo escaleritas de ladrillo que les permitían bajar a la calzada. Las mujeres solían sembrar geranios, lavandas o hierbabuenas en minúsculas terrazas, que fueron dando a las barranquillas un aspecto agradable. Poco a poco se fueron transformando, hasta que por sucesivas intervenciones de los ayuntamientos obtuvieron el aspecto que presentan hoy, con sus barandas metálicas, su embaldosado, sus rampas de cemento y sus escaleras de losetas". Historia de los apellidos, 20. Julio de 2019.
(Debo rectificar estas entradas citadas, a la luz del dibujo del palacio de los Duques: el allanamiento se efectuó ya en el siglo XIX).
Tan tarde como en 1918 la Plaza presentaba este aspecto, también con un suelo muy irregular. Como es lógico y natural, los primeros grupos de casas castillejanas se alzaron sobre las prominencias, para evitar el estancamiento de aguas de las hondonadas. Bien es verdad, por otra parte, que los nutrientes que las lluvias arrastraban de las partes altas se acumulaban en estas hondonadas, convirtiendo a sus suelos en áreas de extraordinaria fertilidad que hacían brotar huertos y jardines como por arte de magia. Creo que la calle del Convento y la Hernán Cortés son las más antiguas del pueblo.
(2) El mismo palacio de Montpensier —que el artista de La Ilustración dibuja con grandes desconchados en la fachada, v.s.—, está un poco en alto respecto a la Calle, y mucho en dirección a Sevilla. En el siglo XVI esto debió ser un camino encajonado entre dos prominentes montículos a un lado y otro de él, que comenzaban a alzarse viniendo de Sevilla al llegar a la calle Hernán Cortés*. El "tallado" de la entrada del palacio y de todo el largo donde va la verja hubo de llevarse a cabo antes que cualquier otro en aquella parte.
* Quizá el origen de esta calle —conocida en lo antiguo como calle Mariquita— esté en la evitación de esta cuesta callerrealenga, de manera que el acceso desde la Vega a La Plaza, —centro neurálgico del pueblo entonces, por cierto—, y por ella a la Calle Real e interior del Aljarafe, exigía un rodeo y, así, se hacía por la calle del Convento, se proseguía por Hernán Cortés, y ya una vez en "el viejo sendero tarteso", como se le ha llamado alguna vez, la accesibilidad a todo el occidente se ofrecía con total comodidad.
Antonio Herrera García nos proporciona en De caminos y de comunicaciones viarias aljarafeños (Noticias de los siglos XVI-XVIII), publicado en Espérides. Anuario de investigaciones. Número 3, 1995, una visión general de la vieja vía cuyo detalle junto a la casa del Jurado Juan Rodríguez estamos viendo. "El Aljarafe ha constituido desde antiguo una de esas comarcas de numerosa población y de intensa actividad, lo que ha tenido como consecuencia en este aspecto la existencia de una red viaria de notable densidad. Atravesada desde fechas muy tempranas en sentido este-oeste por una destacada vía de comunicación, la que unía Híspalis e Itálica con Niebla y Onuba, que más tarde seguiría el camino Sevilla-Lisboa por Beja, la Pax Julia hispanorromana —según el autor del Ajbar Machmúa [crónica anónima del siglo XI], los cristianos de Sevilla, huyendo de las tropas de Musa, se refugiaron en Beja [al sur de Portugal], siguiendo este camino, que, por otra parte, aparece ya trazado en el Reportorio de Villuga—, todas las circunstancias fácilmente imaginables que conllevaban la mera existencia de esta vía y el tráfico que por ella discurría concitaron el deseo y/o la necesidad en los núcleos de población adyacentes, que se hallaban más o menos alejados de ella, de abrirse un camino de paso hacia la misma". De lo que parece desprenderse que Castalla Talaçana, la alquería árabe que conquistaron los castellanos del rey Fernando, estaba más cerca del camino principal del Aljarafe, si no en él mismo, y que la construcción almohade cuyo único vestigio es la torre de la iglesia de Santiago, con toda probabilidad una atalaya encaminada a la vigilancia, fue erigida en tal lugar elevado porque dominaba mejor y más la Vega del Guadalquivir.
En esta fotografía de principios del siglo XX —hecha desde el torreón de los Montpensier— se aprecia la acera izquierda de la calle Hernán Cortés, reacondicionada tras la excavación de la calzada. Hubo que construir escaleras y rampas de obra de albañilería para poder acceder a las viviendas después de socavar el terreno original. Posteriormente, hacia el siglo XX como dijimos, se procedió a elevar el suelo de la calle mediante vertidos de escombros de derribos y ripios de las fábricas de ladrillos.
Lo que ocurrió en Castilleja no fue diferente a lo ocurrido en infinidad de poblamientos, en los que el denominador común era que cuando un colono obtenía el solar de su futura vivienda del señor "solariego", no se preocupaba mas que de allanar someramente el área donde pensaba edificar. Así debió ocurrir con la casa del Jurado Juan Rodríguez
.En este dibujo he realzado los accidentes topográficos por mor de una más clara visión del "escalón" que discurría de norte a sur, borde de una meseta cuyos límites eran aproximadamente al sur el Camino Nuevo, hoy calle Diego de los Reyes, al este dicho barranquillo, y al norte la calle de Enmedio aproximadamente. Meseta que se asemeja, en una muy inferior escala, a la aljarafeña: un plano inclinado ascendente de este a oeste. El eje Coria del Río-Valencina de la Concepción del Aljarafe equivaldría al eje Camino Nuevo (Diego de los Reyes)-calle de Enmedio de Castilleja, grosso modo.
Si para acceder al Aljarafe se utilizó lo que luego sería calle del Convento —de mucha más suave pendiente natural— fue, por un lado para salvar la corta y aguda cuesta cuyo final estaba a la altura de la casa del Jurado hospedador de Hernán Cortés, y por el otro porque el entorno de la antigua iglesia santiaguista, de origen almohade, era como queda dicho, el centro habitacional, comercial, administrativo y religioso de la localidad, que por ello atraía a los viajeros como un imán. El trayecto sobre el que se formaría la calle del Convento salvaba así, especialmente en épocas de lluvia, la impracticable cuestecilla en el Camino Real.
El punto violeta indica el camino que formaría luego la calle del Convento. El rojo, la iglesia y el área de la Plaza. El trazo verde señala el espacio donde se alzó la hilera de casas, con espléndida vista de la Vega, de sus contornos y de la capital, hilera que originaría la posterior calle de Hernán Cortés. Y el punto amarillo indica el lugar donde se erigió el palacio de los Montpensier. Piensa quien esto escribe que un factor que coadyuvó a desplazar el centro vital de la Villa desde el Señorío a la Calle Real fue el terraplenamiento de ésta, que propició el desarrollo económico que conlleva un tráfico de personas y mercancías más fácil y fluido.
"El arrecife provincial y camino de cordel que conectaba Sevilla con Huelva atravesaba su reducido término provincial [...] Madoz escribió que la villa de Castilleja de la Cuesta contaba con `193 casas, seis calles y una plaza, en cuya entrada por los lados E., S. y O. se elevaban tres arcos de construcción antigua, varios pozos, de cuyas aguas regulares se surte el vecindario, por carecer de fuentes´ [...] Los 35 m. de anchura del camino de cordel pasaban a ser 14 m., dimensión media de una calle considerada entonces "de primer orden". [...] La estructura parcelaria era la típica de las pequeñas fincas agrícolas de explotación familiar, con la cabecera de la calle Real y la trasera en el camino Nuevo que conectaba con el camino de Tomares que conducía al cementerio municipal situado al Sur. El frente urbano de esta parte meridional de la villa debemos imaginarlo como una fachada irregular, de casas de una planta en general y con altas tapias que cerraban los huertos de hortalizas y frutales, cítricos y olivos, algunos de ellos regados gracias a las norias de sangre. En la irregular conformación de esta fachada, la casa nº 66 era la protagonista de la historia de la villa, pues su antiguo propietario, Alonso [sic. Era Juan exactamente] Rodríguez, se la había ofrecido a Hernán Cortés "para reponer en aquellos aires puros su quebrantada salud" [...] El otro frente de la calle debía mostrar también un perfil irregular de casas bajas puntualmente alterado por el volumen de la iglesia de la Concepción". Los palacios de los duques de Montpensier. Arquitectura y metamorfosis urbana en Villamanrique, Sanlúcar de Barrameda y Castilleja de la Cuesta. Mercedes Linares Gómez del Pulgar y Antonio Tejedor Cabrera. Editorial Universidad de Sevilla, 2016.
El fotógrafo sevillano Reynoso, que vio notablemente impulsada su actividad merced al duque Antonio de Orleans, estuvo a cargo de un reportaje fotográfico del palacio del dicho Montpensier. Su producción se conserva en álbumes, en concreto en el conocido por 112-F, guardado en la Fundación Infantes Duque de Montpensier (retratos y vistas). Ver La biblioteca fotográfica de Antonio de Orleans, Duque de Montpensier (1847-1890). Carlos Sánchez Gómez y Javier Piñar Samos.
La casa barcelonesa Soler y Llach, que ofreció en subasta fotos de Reynoso, catalogó mal la última foto, situándola en "la galería interior del palacio de San Telmo", un error que perdura hasta hoy en publicaciones de primera categoría, como por ejemplo, Europeana, https://classic.europeana.eu/portal/es?utm_source=new-website&utm_medium=button
María de las Mercedes, hija de Antonio de Orleans. Casi todos los comentaristas e historiadores coinciden en que María de las Mercedes, futura esposa de Alfonso XII y muerta prematuramente, estaba algo "hechizada" con su mansión de la cornisa aljarafeña, donde su padre debió instilar en su personalidad todavía verde afanes imperialistas en pro de la España Gloriosa e Inmortal de la que no quedaba sino restos miserables. En la fotografía se la puede observar acaso mirando melancólicamente por una ventana del palacete castillejano cuyas vidrieras fueron encargadas a José Rautenstrauch, quien las instaló en 1855. Este industrial vidriero o cristalero probablemente estaba vinculado por vecindad a Sanlúcar de Barrameda y, por tanto, a los Montpensier y a su otro palacio en la localidad costera, a juzgar por los datos de las siguientes personas:
El el padrón de la capital andaluza de 1902, calle Santas Patronas, nº 44, hay dos vecinas, madre e hija: Isabel Rautenshau (sic) Felipe, de 75 años, nacida en Sevilla en 1827, viuda, oficio su casa, hija de Carlos e Isabel, empadronada en Sanlúcar de Barrameda (1) el año anterior. Isabel Felipe Rautenstrau (sic), hija, de 39 años, natural de Sanlúcar de Barrameda, hija de Agustín y María (sic). Por otra parte, la madre del erudito sevillano Luis Montoto fue María de los Ángeles Rautenstrauch y Giovanelli, fallecida de cólera en 1854 e hija del checo (o bohemio) Wenceslao Rautenstrauch Hike y de la sevillana Josefa Giovanelli Geztler. Wenceslao consta como abuelo materno de Maria Ramona Eulalia, nacida en Sevilla en 1857, en la casa número 6 de la calle de Los Lombardos, parroquia de la Magdalena, hija de Mariana Rautenstrauch y del comerciante barcelonés Carlos Santigosa. Los padrinos de la niña fueron don Ramón Bonaplata y María Giovanelli. Y en 1895 en la calle Zaragoza n.º 50 vivían el periodista granadino de 79 años Antonio María Otal Vázquez con su esposa Carmen de 62 (hija del dicho Wenceslao Rautenstrauch), y Antonio, hijo de ambos, soltero de 45 años, marino, que se encontraba "en la mar", Ángeles, hija viuda de 33 años, y sus hijos Alejandro Miranda Otal, de 13 años y nacido en Valverde del Camino, Ángeles Miranda Otal, de 11 años y nacida en Sevilla, Antonio Miranda Otal, de 4 años y nacido en Huelva; mas otra nieta del viejo periodista, Eugenia García de Leaniz Otal, de 26 años, nacida en Sevilla, soltera, hija de Juan y Francisca. Los criados de la familia eran María Chávez Núñez, de 19 años, natural de Gerena, hija de Gonzalo y Rosa, y Miguel Gallego Rojas, de 17, natural de El Arahal, hijo de Juan y Francisca.
Antonio María Otal fue director y editor de un semanario, La Agricultura Española, Periódico andaluz de intereses materiales, y además director de una compañía de seguros, comerciante, y agente especulador del sevillano Ignacio Vázquez Gutiérrez, hacendado que en tiempos de Isabel II levantó un imperio rural de unas 6.000 hectáreas, que hicieron de él el terrateniente más importante de la provincia de Sevilla, tras el duque de Osuna. Ignacio se enriqueció con la desamortización, acaparando tierras que, a pesar de confesarse católico, obtuvo de las requisadas a la Iglesia; escribió en el referido periódico de su agente Antonio María Otal, fue alcalde de Sevilla y cuñado de Manuel Cortina, liberal que llegó a ser ministro del gobierno. Ver Adrian Shubert. Historia social de Sevilla (1800-1990). Londres, 1990.
Antonio María Otal también compró para el dicho terrateniente Ignacio Vázquez bonos del gobierno a buenos precios en la Bolsa de Madrid, lo que permitió a éste pagar gran parte de las tierras con bonos cuyo valor nominal era muy superior al precio pagado por ellos.
(1) En Sanlúcar de Barrameda el 5 de febrero de 1890 murió el duque: "Antonio de Orleáns murió en su finca sanluqueña de Torrebreva* el 5 de febrero de 1890, a los sesenta y cinco años de edad, víctima de una apoplejía cerebral. Sus restos mortales fueron enterrados en el mismo coto, en un lugar denominado Corro del Piñón. Por otro lado, su esposa, Luisa Fernanda de Borbón, falleció en el sevillano palacio de San Telmo, el 1 de febrero de 1897 a los sesenta y cinco años. Los restos de los duques descansan hoy en el Panteón de Infantes del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, así como varios de sus hijos". (Wikipedia).
* El viajero inglés Henry Vizetelly (1820-1894) describió la vendimia en Torre Breva en su obra publicada en Londres en 1876: "Antes de regresar a Sanlúcar, presenciamos la cena de los vendimiadores en la `casa de la gente`, que es una construcción auxiliar, larga, baja, estrecha, débilmente iluminada, con un suelo de losas y un par de hogares, coronados de grandes chimeneas acampanadas, que parecían dividir la habitación en tres. Ésta es, al mismo tiempo, el refectorio y dormitorio de unos 120 de los 214 obreros empleados en la vendimia. Alineadas a iguales distancias del centro del local, había un número de mesitas, apenas suficientes para contener un inmenso caldero, del tamaño de una tina, lleno hasta los bordes de caliente sopa de pan y cebolla. Sentados alrededor de cada una de ellas, con los ojos intensamente fijos en las cazuelas, se encontraban siete hombres hambrientos, que rápidos como las ideas, hundieron las cucharas de que estaban armados, primero en la humeante sopa, y después, entre sus distendidas mandíbulas, y todo con especial cuidado de no hacer nunca un movimiento falso y sacar siempre las cucharas tan llenas como era posible, hasta que las cazuelas, antes rebosantes, quedaron completamente vacías... Apaciguado el apetito, los hombres echaron mano de sus cigarrillos y enseguida comenzaron a desarrollar las esteras, que colgaban de sus respectivas perchas, y a tenderse sobre ellas cuan largos eran... se envolvieron en la enea, como si fuese una cálida capa, y pronto quedaron completamente inmóviles, sumidos en el sueño".
Otro de los suministradores de material para la construcción del palacio castillejano de los Montpensier fue la fábrica de Pickman y Cía, constando que el 19 de agosto de 1854 se pagó a esta fábrica por dos millares de ladrillos corianos raspados. (Archivo de la Fundación de los Infantes Duques de Montpensier. Castilleja, gastos de junio a noviembre de 1854). Luego comentaremos la visita que en 1877 Alfonso XII, nuero del duque Antonio de Orleans, hizo a la fábrica de Pickman, en la que los obreros "modélicos, ejemplares y productivos", en fila, repeinados y vestidos de domingo, ovacionaron al monarca. Cuarenta años depués, por 1919, los trabajadores que los reemplazaron no se les parecían ni por asomo: en una "Lista de los operarios que se han distinguido más en la propaganda social, ya por exigencias, mala fé, revoltosos, etc." se les califica según la gravedad de sus faltas, entre regulares, regulares con rastras [resultas de una acción que obliga a una restitución del daño causado, o a la pena del delito, o trae otros inconvenientes. RAE], malos y malísimos. Entre los últimos figura Manuel Castellano, que trabajando en la sección de balsas cobraba 8 ¿reales? y es tildado además de anarquista. Otro "malísimo" era Manuel Sanromán, de empaquetación, con sueldo de 9 y medio. Las limpiadoras señaladas fueron Dolores Martín, Carmen Jiménez, Josefa Lusin —malísima—, Rosario Fernandez, Luisa Jiménez, Reyes Rivas, Rosario Ponce, Adela López, Concepción Soria, Juana Barrio, Dolores Sánchez, Josefa Rivas, Cándida Crespo y Eduarda Hernández, esta última tildada de figurar en la directiva de los activistas, aunque entre paréntesis una rectificación del denunciante dejaba lugar a la esperanza: "(creo que no)".
Similares a este fueron los ladrillos utilizados en el palacio de Castilleja
"En el año 1931 sucedió un triste hecho en la fábrica: en el seno de una supuesta revuelta laboral, un guardia civil aplicó la ley de fuga a un joven alfarero disparándole por la espalda, a consecuencia de cuya herida murió; esto motivó, lógicamente, una gran malestar entre los obreros. [...] En 1936, el Frente Popular obliga a los Pickman a readmitir a los obreros despedidos en 1934 y 1935, suponiendo un coste adicional para la empresa. Sin embargo, poco después, Queipo de Llano visitó la fábrica y le devolvió todas sus prerrogativas (despido de obreros, subida de precios y bajada de salarios), de tal suerte que en 1937, los jornales estaban un 20 % más bajos que en 1934". Historia de los apellidos, 3. Abril de 2019.
Desde muy antiguo ha habido nexos especiales entre Castilleja de la Cuesta y el monasterio de Santa María de las Cuevas, luego fábrica de Pickman, donde han trabajado muchos vecinos de nuestra Villa hasta el siglo XX, y de donde a principios del XV hubieron de salir los franciscanos que, tras variadas peripecias, llegando a Castilleja recalaron en el desocupado convento de las dominicas. Ver la entrada anterior.
"En el 1400 el arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas llegó a un acuerdo con los franciscanos, a los que, a cambio de la ermita de Santa María de las Cuevas, les fueron entregados un templo en San Juan de Aznalfarache, que había sido iglesia parroquial, y la Iglesia de San Juan de Moraniña, en la localidad de San Juan del Puerto, del condado de Niebla". (Wikipedia). De esta manera los alborotadores franciscanos —ver la entrada anterior— que sustituyeron a las dominicas en la calle del Convento provenían de San Juan de Aznalfarache.
"Don Vicente el vinatero expandía su negocio pero apenas llegaría a ver el rédito puesto que le quedaba poco tiempo de vida. Tras la ampliación de su bodega vendría la adquisición de las gigantescas tinajas que los alfareros de las orillas del Guadalquivir elaboraban. Tierra muy apreciada para ello fué hasta el siglo XIX la del nacimiento de la cuesta de Castilleja en La Pañoleta, la de la arcillosa cárcava oriental del Aljarafe; y el célebre monasterio de Santa María de las Cuevas que hoy alberga el Museo de Arte Contemporáneo adoptó tal apellido por las oquedades que la extracción de tierra exigida por la alfarería ocasionaba: "Antes de pasar a ser terreno monástico, los almohades en el siglo XII le dieron uso ubicando en el lugar hornos alfareros de cocción aprovechando su situación junto al río y dada la existente abundancia de arcillas, que la extraían labrando cuevas; (más tarde continuarían con la extracción de arcilla también los alfareros de Triana)". De hecho el primer caudillo almohade, Abd al-Mumín, era hijo de un alfarero, nos dice Ana Martos Rubio en su Breve historia de Al-Ándalus". Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (4). Mayo de 2016.
"Cuentan las crónicas de la época que don Rafael de León y Primo de Rivera, convertido en Marqués consorte al casarse con la hija de Charles Pickman, llevaba una vida holgada y ostentosa en la Sevilla de principios del siglo XX. [...] el segundo Marqués de Pickman, procedente de una familia aristocrática de origen cordobés, fue más dado al ocio y la vida placentera que a los negocios. Hasta el punto que su fortuna menguó y se vió en la necesidad de pedir un prestamo a un guardia civil amigo suyo, el coronel Vicente García de Paredes. Según relatan varios cronistas de la época [año de 1904], el militar se mofó del Marqués en público asegurando que se cobraría el préstamo con los favores sexuales de la Marquesa de Pickman [corría el rumor de que la cortejaba]. Estos hechos llegaron a oídos de don Rafael de León, que plantó cara al coronel y lo abofeteó en público en el teatro Cervantes de Sevilla. Esta afrenta no podía quedar impune para el militar, que lo retó a duelo de pistolas. [...] Sería a las cuatro de la tarde, en la Hacienda del Rosario [en Sevilla Este], a una distancia de quince pasos. El Marqués erró el disparo, pero no el coronel García de Paredes. Allí mismo murió el marido de la Marquesa de Pickmanm, y dos días después miles de sevillanos se echaron a la calle para acompañar al difunto en su sepelio. El tumulto se produjo cuando el Cardenal Spínola prohibió el entierro del Marqués de el cementerio católico, por morir en duelo, y que debía recibir sepultura en el cementerio de los «disidentes». Cuentan los periódicos de la época que los cerca de cuatro mil asistentes al entierro cogieron el féretro y llevaron hasta el pateón familiar. Aunque finalmente, las autoridades ordenaron devolver el cuerpo al cementerio civil". ABC de Sevilla, 10 de octubre de 2017.
No fue García de Paredes el único transgresor de la ley que prohibía los duelos. El mismo duque de Montpensier se batió con su primo Enrique de Borbón, duque de Sevilla, porque se sentía ultrajado con artículos de prensa que le dirigía. Antonio de Orleans lo mató en desafío a pistola.
He aquí, publicado por un periódico londinense, un recorte de prensa que, sobre el juicio al duque, he elegido, porque brinda la visión de terceros en la conflictiva política decimonónica:
Sentence on the duke of Montpensier. (From an occasional correspondent). Madrid, April 16. The Councill of War (1) assembled to try the Duke of Montpensier have sentenced him to no punishment at all. True they have condemned him to a month´s banishment from Madrid, which is simply giving him permission to return to his family at Seville, and to pay a compensation of $6.000 to the family of his unfortunate cousin, which is simply giving him the opportunity of contributing to the poor orphans a part of what he had already offered them, but which they had refused. Nevertheless, light as the sentence is, it is generally approved, for the public, while pitying Don Henri for his sad fate, recognize in him the aggressor, who brought all upon his own head by his own wilful and obstinate persecution of the Duke.
The Juez de Primera Instancia of Getafe, in whose judicial district the fatal duel occurred, pursued the necessary investigations up to a certain point, when the Military Tribunals stepped in and claimed the jurisdiction in the case (2). The Duke, in the mean-time, had stripped the matter of much difficulty, by refusing to lend himselt to the subterfuge resorted to by his seconds, —namely, that the death of Don Henri occurred through the accidental discharge of a pistol he was trying. To the legal interrogatories of the Fiscal he replied, withont evasion or prevarication, that his cousin had died by his hands in the fatal duel ol the 12th of March. The Council or War consisted of Brigadiers Burgos, Tassara, Saenz Delcourt, Negror, and Emile, General Peralta, the Military Governor of Madrid, an General Izquierdo, the Captain-General of the district, —the latter acting as president. They assembled on Wednesday for the trial. We ara particularly told that the first thing they did was to hear mass, and they then proceeded with the business of the day. Brigadier Vargas acted as prosecuting fiscal, and General Messina as defender. The prosecutor related the circumstances which arose out of Don Henri´s published letter of the 7th of March, adressed "A los Montpensieristas" (3), which article he assumed entire responsibility for, and for which he refused to give the Duke of Montpensier any other satisfaction than an appeal to arms. The Duke felt his own and his family`s honour did not permit him to refuse the only satisfaction offered him, and the conditions of the duel were arranged (4). It was to be a duel `a primera sangre`, at ten paces distance and with pistols, at the `Dehesa de los Carabancheles`, the military practising ground. The result was the death of Don Henri at the third fire of the Duke. The prosecutor went at great length into the history of duelling, citing the laws passed to proscribe it, and admitting their inefficiency in the face of custom. He urged that the law should not be violated with impunity by any one, and he therefore claimed public atonement from the Duke, though, out of regard to the extenuating circumstances, and especially to the fact that he was provoked to the challenge by Don Henri, he thought justice would be satisfied by the Council reprimanding the Duke in any form they saw fit, besides sentencing him to banishment from Madrid, or a radius of ten leagues around it for one month, and to the payment of an indemnification of $6.000 to the family of the deceased.
General Messina made a brilliant defence, detailing the persistency with which Don Henri had, without cause, insulted the Duke in private circles and in the public Press, and the patience of the Duke under these uncalled-for insults, until he felt it necessary, as an officer and a gentleman, to vindicate his honour and that of his family (5). The old General said: "Military uniform among us can never consent to offence or dishonour, and, although the law condems duelling, public opinion and our customs sanction; it so much so that I do not remenber any instance within my time of sentencde having been passed by any tribunal on the survivors of the many fatal duels which have occurred among us".
He then pleaded the extenuating circumstances of the present case, and concluded by asking for a complete acquittal of the Duke, showing that both by the Penal Code and by Military Ordinances the sentences were designedly light where extenuating circumstances could be proved, and, in fact, were left entirely to the discretion of the Judges.
Two declarations from the Duke of Montpensier were then put in and read. The first was his admission of the deed and his justification of himself: "For a long time the Infante Don Henri de Bourbon endeavoured to provoke me. On the 21st of December, 1863 (6), he published his first letter, a copy of which is anexed, in which I don`t know which he tried to insult most, my ancestors, my family, or myself. On the 14th of January of the present year he published his second letter, directed to the Regent, in which he repeated the grosscat insults against me. No living in the place where he published these writings, I did not try to require explanations from him respecting them, but on the 7th ult. both of us being in Madrid, he published a fly-sheet entitled A los Montpensieristas, which was circulated with great profusion in all parts, and was even printed in some of the newspapers. In it, as will be seen by the copy herewith, he repeated and augmented his insults to my person and my family, so much so that no one who values his honour and the good name of his family could have possibly allowed the matter to pass unnoticed. In wiew of such persistence in provocation, without my having given any motive for it, and desirous of avoiding a scandal, I sent to him to ask if it was written by him, and he having replied that it was, and that he ratified it and assumed its responsibility, I saw myself under the necessity of asking from him a retractation of such insults. Not having been able to obtain any kind of satisfaction, we met in the Dehesa de los Carabancheles on the morning of the 12th of March. My Adjuntant, Colonel Solís, accompanied my, and there appeared there also Generals Cordova and Alaminos, who, being informed of the question between us, at my request came to an understanding with Don Henri and three persons who there met with him, and who I learnt were Don Federico Rubio, Don Edmigio Santamaría, and Don Andrés Ortiz. After various fruitless attemps to come to an arragement in presence of the six persons just mentioned, he refused to give me other satisfaction than with arms, and my offended honour and that of my ancestors, as an officer and a gentleman, forbad me to refuse to accept it. The preliminaries and preparations being settled, and we both being placed opposite each other the duel occurred. The Infante fired and I answered, and so on successively, until at my third discharge I saw him fall to the ground, with a mortal wound, from which he died. Greatly affected by this result, which I would have wished to have done everything to avoid, I retired to my house, accompanied by Señor Rubio and General Cordova, where I have been interrogated, and where I await the consequences to which this lamentable act may give rise".
The second document put in was the Duke`s answer to the charges the Fiscal made against him, reminding him that the laws prohibit duelling:
"I certanly do not deny the existence of the laws, both civil and military, which prohibit duelling in our country. I recognize the penalties imposed on those who forget these prescriptions, and I not forget the duties imposed by our holy religion. I have proved this by the patience with which I have once and again suffered his insults —all the more affronting when they were launched by a person tied to my family by the bonds of kinship and by the obligations of gratitude. Not only did he repeatedly insult me, but also my forefathers and ancestors, as may be seen in the said letters. My pruden silence in reference to his first provocation did not suffice, but was wrongly interpreted by the Infante, and animated him to repeat his provocation, for it made him believed he could do so with impunity. He insulted me publicly for the third time what he liked about me, but a regard to what is most dear to every man —the honour of his person and that of his family. Notwithstanding this I even yet took one step more towards conciliation. I did not credit the articles published with his name until I asked him expressly if they were his or not, expecting he would reflect upon the matter within himself. His answer was a fresh insult. In this situation I could not suffer in silence, red with shame, all the insults he had for more than a year been publicly directing against me. I was obliged to accept the only reparation he offered me, —namely, to vindicate with arms the infamously calumniated honour of myself and my forefathers. Neither my family nor my rank, nor the honoured uniform I wear, permitted me to hesitate a moment. It was not my choosing. I accepted the only choice he gave me. Terrible has been the conclusion; very painful to me. I did all I could to obtain another species of reparation. If he fell, it certainly was not because I desired it —the Divine will ordered it so. The law must judge me. With tranquillity I await its sentence, though I am grieved to have seen myself obliged to give occasion for it".
The Council deliberated, and eventually passed the sentence which I telegraphed you on Wednesday night, —namely, one month`s banishment from Madrid and $6.000 indemnity to Don Henri`s children. As I said before, the public are satisfied. The Duke of Montpensier left last night for Seville, having readily paid the fine, visited the Regent, and received a visit in return, besides attending service in several of the churches, and leaving behind him a handsome contribution for the Madrid poor.
The insurrection, if such one may calla it at, Barcelona and Gracia is over, and we now wait the next disturbance and the next cannonading. Ill blood exists here in Madrid between the troops and the Volunteers of Liberty".
(1) Consejo de Guerra puesto que el Duque era militar.
(2) Es sospechoso de corporativismo el que el Tribunal Militar "arrebatara" el caso al Juez civil de Getafe, acaso porque la investigación de este último, muy completa ya a esa fecha, parecía que iba a abocar en fuerte condena al de Orleans.
(3) Una hoja volante, detonante del desafío que le costó la vida, transcrita en el periódico La Época del miércoles 9 de marzo de 1870:
"A los Montpensieristas:
Cumple a mi honor romper el silencio cuando desde la llegada a Madrid del Duque de Montpensier se hace correr la especia de hallarme acobardado o en tratos sumisos con aquél, cual si fuera un héroe conquistador* que a todos debe atar a su carro.
La especie es tan malévolamente calumniosa y tan inicua, como la que hace depender la coronación de Antonio I por el distinguido general Prim en un depósito de millones como pago del servicio.
Del ilustre Presidente del Consejo de Ministros no es necesario proclamar lo que, en honra suya, nadie ignora y prueban sus terminantes palabras, así como que yo no necesitaría repetir a no haber interés montpensierista en olvidarlo.
Primero. Que soy y seré mientras viva el más decidido enemigo político del Duque francés.
Segundo. Que no hay causa, dificultad, intriga ni violencia que entibie el hondo desprecio que me inspira su persona, sentimiento justísimo que por su truhanería política experimenta todo hombre digno en general y todo buen español en particular.
Nada me importa provocar iras y sordos propósitos vengativos de los que se han envilecido besando, al pesarlo, el dinero montpensierista.
Emigrado yo y trabajador liberal en París, cuando Narváez y González Bravo, hablo con conocimiento de causa referente a la cuestión Montpensier.
Este Príncipe, tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la Historia de Francia**, habría sido proclamado Rey en las aguas de Cádiz*** si un ilustre compañero mío de marina no se negara a manchar su uniforme indisciplinándose por Montpensier y no rechazara con toda energía, como dignidad, la mayor traición que conocen los tiempos modernos.
Dicen los mercenarios ¡que Montpensier es un ser perfecto, iris de paz y Dios de bondad! ... Por eso, cuánta sangre se ha derramado y tal vez se derrame antes de su completa desaparición, que cae sobre su cabeza de pretendiente. ¡Mala manera de levantar una corona caída por tierra!
El liberalismo de Montpensier, conducido por la fiebre de hacerse Rey, es tan interesado que se merece la terrible lección que, de cuando en cuando, impone la justicia de las naciones indignadas****.
Soy español y experimento las nobles impresiones de mi país.
Siempre que navegando pasaba por delante de Gibraltar he exclamado: "¡Cuándo seremos completamente españoles!, y siempre que paso por el augusto monumento del Dos de Mayo***** repito: ¡Cuándo seremos del todo españoles!".
En 1808, cuando mi padre provocaba el levantamiento del valiente pueblo de Madrid, era la invasión armada contra nuestra Patria; hoy es la invasión hipócrita jesuítica y sobornadora de los orleanistas contra nuestro país, tan desilusionado y tan ametrallado por sus gobiernos.
Por fortuna, las sombras gloriosas de Daoiz y Velarde y de los mártires del Carral no han desaparecido aún y están presentes para todo buen español.
Montpensier representa el nudo de la conspiración orleanista contra el emperador Napoleón III, conspiración en la que entraron ciertos españoles de señalada clase. Pero que sepan estos conspiradores de Francia y España que, caída la dinastía imperial, no la heredarían los Orleans, sino Rochefort o, lo que es lo mismo, ¡la República francesa!
Que sepan también que el esclarecido Espartero es el hombre de prestigio y el objeto de la veneración nacional y de ninguna manera el hinchado pastelero francés.
Madrid, 7 de marzo de 1870.
Enrique de Borbón".
* Directísima alusión al palacio de Castilleja de la Cuesta y a lo que significaba históricamente. Por pertenecerle y habitarlo, podría atribuirse a la personalidad del duque Antonio de Orleans una especial influencia de la de Hernán Cortés, como si el viejo fantasma del Conquistador, vagando por los corredores del palacio, lo hubiera poseído o lo dirigiera de alguna manera.
"No te estoy maldiciendo por mi muerte, dijo el emperador [Cuauhtémoc a Hernán Cortés], sino por las de todos los demás: en esta tierra nadie va a decir tu nombre sin vergüenza. Muy probablemente las cuatro mil misas que Cortés mandó decir por el descanso de su alma se concibieron en ese momento.
Cuando yo mismo visité el convento de las hermanas irlandesas en Castilleja de la Cuesta, le pregunté a la madre superiora por el fantasma del conquistador. A él nunca lo hemos visto, dijo con toda seriedad, aunque hubo madres en el pasado con las que trató de ejecutar el fornicio. Y siguió: Lo que sí nos dejó fue un montón de muertos a los que no les entendemos nada, porque hablan una lengua del otro lado. Hay uno muy guapo, me dijo, que no puede caminar; tiene una coleta muy rara, por arriba de la cabeza en lugar de por detrás. ¿Les da lata?, le pregunté. Está sentado en esa silla, me dijo". Álvaro Enrigue. Muerte súbita. Premio Herralde de novela en 2013. Editorial Anagrama.
Cierto y verdad es que se barajaba la posibilidad de que el duque de Sevilla accediera al trono de Méjico, mas él nunca pareció interesarse por ello. Se proclamaba revolucionario e incluso solicitó afiliarse a la Primera Internacional, lo que le costó ser despojado de sus títulos. Fue varias veces desterrado, una de ellas a Tenerife. Nacido el 17 de abril de 1823 en el Alcázar de Sevilla, a donde el gobierno liberal había hecho trasladar la corte ante el avance hacia Madrid de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue hijo del infante Francisco de Paula de Borbón y de su primera esposa la princesa Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, y nieto del rey Carlos IV por vía paterna. Quien sí pujó por el trono azteca fue su primo y matador, el duque Antonio de Orleans, aunque Napoleón III lo descartó de entre los candidatos que tenía en mente. "El horrible drama de Méjico, no se ha borrado de la memoria de nadie ... ¡Que la ambición no turbe, pués, al Duque de Montpensier hasta el grado de hacerle olvidar, con la esperanza de algunas horas de reinado, la suerte del infeliz Maximiliano!". Enrique de Borbón, duque de Sevilla. París, 28 de enero de 1869.
** Montpensier, Counts and Dukes of: The French lordship of Montpensier (department of Puy-de-Dome), which became a countship in the 14th century, was sold in 1384 by Bernard and Robert de Ventadour to John, duke of Berry, whose daughter Marie brought the countship to her husband, John I, duke of Bourbon, in 1400. The countship was subsequently held by Louis de Bourbon, younger son of Duke John, and by his descendants up to Charles de Bourbon-Montpensier, the famous constable, who became duke of Bourbon by his marriage with his cousin, Suzanne de Bourbon, in 1505. Confiscated by King Francis I, the countship was restored in 1538 to Louise de Bourbon, sister of the constable, and widow of the prince de La Roche-sur-Yon, and to her son Louis (I513-1582), and was erected into a duchy in the peerage of France (duche-pairie) in 1539. Marie, daughter and heiress of Henri de Bourbon, duke of Montpensier, brought the duchy to her husband Gaston, duke of Orleans, brother of Louis XIII, whom she married in 1626, and their daughter and heiress, known as La Grande Mademoiselle, was duchess of Montpensier. The title subsequently remained in the Orleans family, and was borne in particular by Antoine Philippe (1775-1807), son of Philippe Egalit, and Antoine Marie Philippe Louis (1824- 1890), son of King Louis Philippe and father-in-law of King Alphonso XII. of Spain.
Confiscado por Francisco I, el ducado fue restaurado en 1538, leemos v.s. Por una curiosa coincidencia, el nieto de este rey llevaba el mismo nombre que el antijesuita duque de Sevilla: Enrique.
A este Enrique lo mató un religioso a puñaladas el 1 de agosto de 1589. Se asegura que el asesino actuó instigado por los jesuitas, quienes lo ensalzaron después como si de un santo se tratara. A la muerte de Enrique los partidarios de los jesuitas se echaron a las calles de Francia alborozados. La duquesa de Montpensier se arrojó al cuello del primero que le trajo la noticia, y con desacompasada alegría exclamó: "¡Ah, que seáis bien venido, amigo! ... ¿Es verdad? ¿No me engañáis? ¿Ha muerto ese traidor, ese pérfido, ese tirano? ¡Dios mío, cuán feliz me habéis hecho! Solo un pesar empaña mi contento, y es que él no haya sabido antes de morir que soy yo quien le ha hecho asesinar". Esta princesa inmoral y viciosa recorría luego las calles de París gritando ¡buenas noticias! mientras los predicadores se desgañitaban en los púlpitos llamando a Clemente [el asesino] Santo Mártir [porque resultó muerto él también en el regicidio]. Retrato al daguerrotipo de los Jesuitas, sacado de sus escritos, máximas y doctrinas. Joaquín María Nin. Barcelona, 1852.
Para construir los jardines de su palacio de San Telmo el duque adquirió el edificio y la huerta del antiguo convento franciscano de San Diego, cuyo dueño era el curtidor británico Nathan Wetherell, quien la adquirió después que los franciscanos se mudaran al convento de San Luis que habían dejado libre los jesuitas expulsados en 1767.
*** "Para mí, lo más indigno es lo que voy a leerte: `Este Príncipe, tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la Historia de Francia, habría sido proclamado Rey en las aguas de Cádiz si un ilustre compañero mío de Marina no se negase a manchar su uniforme indisciplinándose por Montpensier ... `. Si lo dice por Topete, miente el bellaco, pues Topete no proclamó a la Infanta, porque Prim ¡ay! le ganó la acción echando por delante la Soberanía Nacional y diciendo a Topete (él mismo me lo ha contado): `Luego se verá... Que la Nación decida`. Y la Nación no ha dicho todavía que sí ni que no... Este papelucho habla del dinero montpensierista, dando a entender que habrá diputados que voten al Duque mediante conquibus... No mil veces, Infante loco: le votarán por convicción y patriotismo", hizo decir Benito Pérez Galdós a sus personajes de la Quinta Serie de los Episodios Nacionales. Juan Bautista Topete y Carballo (1821-1885), firmó el 17 de septiembre de 1868 la primera proclamación de la Revolución, La Gloriosa, estando a bordo de la fragata acorazada Zaragoza, fondeada en la bahía de Cádiz. Era montpensierista y aceptó unirse a Prim si se nombraba rey al Duque, quien, intrigante, se había colocado del lado de los enemigos de Isabel II con la vana esperanza de hacerse con el trono de España. El enfrentamiento en duelo con su primo dió al traste con sus aspiraciones. También Topete —nacido en México— se batió en duelo, nada menos que con el poeta Campoamor, pero usaron sables en lugar de pistolas, y el lance acabó inmejorablemente bien para ambas partes. Resulta que tras su participación en la Guerra de África —en la que a Montpensier no le fue permitido participar a pesar de sus deseos de hacerlo—, fue nombrado ministro de Marina Augusto Ulloa Castallón, en contra del parecer de los oficiales, y Ramón de Campoamor, ferviente partidario de la monarquía isabelina, escribió un artículo contra los jefes de la Armada en el que decía: "¿Por qué no queréis al Sr. Ulloa? ¿Porque no ha cogido una ostra en su vida?". Los marinos, apenas lo leyeron en La Epoca, nombraron a Juan Bautista Topete, gran tirador al sable y a la pistola, para que desafiase a Campoamor en duelo. Éste lo hirió un par de veces, intervinieron los jueces del duelo, se dieron un abrazo. (Wikipedia). Años después, cuando Topete era ministro, Campoamor lo halló en el Congreso cierto día. "¡Ay, amigo mío!" —le dijo aquél.— "¿Por qué no me abrió usted la cabeza en dos mitades?"- "¿A qué viene eso, D. Juan?" -"¡Porque estoy aburrido, harto de la vida!" —repuso el héroe del Callao.
Pocos días antes de morir, le dijo a Campoamor, mostrándole una panoplia: "Mira, mira el sable con que deseaba yo que Topete te matara".
**** Aquí apela Enrique a la justicia popular, "la justicia de las naciones indignadas", a la cual, haciéndose portavoz de "las nobles impresiones de mi país". azuza en contra del Duque de Montpensier.
***** El monumento antifrancés por antonomasia.
(4) Entre estas condiciones estaba la de que Antonio de Orleans podría usar gafas "porque lo hacía cotidianamente", aunque en ningún retrato aparece con ellas.
(5) Nótese cómo el general defensor Messina* apela al "honor militar" del acusado, actuación muy en armonía con lo que expongo en la nota 2, v.s. Alegó Messina seguidamente algo que deja patente el referido corporativismo, que traduzco: "Entre nosotros el uniforme militar no debe nunca consentir ofensa ni deshonor, y aunque la ley condena el duelo, la opinión pública y nuestras costumbres lo sancionan; no recuerdo ningún ejemplo, desde hace mucho tiempo, en que un tribunal haya sentenciado a los sobrevivientes de los muchos duelos fatales que han ocurrido entre nosotros". Messina pidió la absolución de Antonio de Orleans.
* Félix María de Messina e Iglesias (1798-1872), hijo de napolitano, marqués consorte de la Serna, ejerció como gobernador y capitán general de Puerto Rico entre 1862 y 1865, donde impulsó la creación del Instituto de Voluntarios de Puerto Rico, fuerza armada civil para la defensa de la isla contra piratas e invasores extranjeros y para prevenir el independentismo. Messina hizo allí obligatoria, por primera vez, la enseñanza primaria para estudiantes de ambos sexos, exigiendo a los maestros currículo y requisitos de graduación de normal.
Una docena de años antes de la arribada de Messina a la Isla caribeña, el capitán castillejano Francisco Oliver López servía a la Corona española en su capital San Juan, episodio de ese mi antepasado que tengo pendiente de publicar en esta Historia. En la cita inmediata y en las entradas siguientes pueden verse sus primeros pasos militares y su actuación en la Primera Guerra Carlista, antes de ser destinado a Puerto Rico: "Regimiento de Infantería de Saboya. Caja de Quintos.
El encargado de la conducción de Quintos Pedro de Silva ha presentado en esta Caja a los individuos del Pueblo de Castilleja de la Cuesta Antonio Jiménez, Francisco Oliver Cabrera y Francisco Oliver López, los cuales quedan admitidos en este día; y para que conste firmo esta en Sevilla a 12 de Julio de 1827. El Capitán Encargado de la Admisión, Pedro de la Iglesia". Padrón 1i. Octubre de 2015.
"Pero es dable y lógico suponer ascendencia esclavizada de todos los actuales sudamericanos de piel negra, siendo la excepción la que confirme la regla. El estigma llegó hasta el siglo XIX. Dieciocho días después de llegar a la guarnición de Puerto Rico el capitán Francisco Oliver López tuvo ocasión de leer en la Gazeta de dicha isla una noticia semejante a las que en la prensa de nuestros días anuncian mascotas u objetos extraviados:
La Gazeta de Puerto Rico, nº del 20 de octubre de 1842: "En el pueblo de Sabána-grande ha sido capturada una negra, natural de Guadalupe, que dice llamarse Fany, de las señales siguientes: cuerpo regular, un diente de menos en la mandíbula superior, algunas cicatrices de foetazos [golpes de foete] en las espaldas y brazo izquierdo siendo unas frescas y otras viejas, como de 25 á 40 años, y lleva consigo una jigüera [recipiente hecho de un fruto caribeño] con las iniciales M.A.P. Lo que se hace saber al público por disposición del Excmo. Sr. Gobernador y Capitan jeneral, para que llegado á conocimiento del dueño de dicha negra se presente á reclamarla con las formalidades correspondientes". Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (4). Mayo de 2016.
Por cierto que el general Prim, asesinado a instancias de Montpensier según coinciden la mayoría de los historiadores, comandó tropas en la Primera Guerra Carlista entre 1834 y 1840, y luego fue, como Messina, capitán general de Puerto Rico en los tiempos en que Francisco Oliver estaba en aquella isla.
Ya retirado Francisco Oliver López en su casona de la Plaza de Santiago, debió "beber" las noticias que del duque de Montpensier, cuyo palacio podía divisar nítido desde su azotea, se publicaban en periódicos de todo el mundo. El viejo militar retirado bajaría tranqueando la calle Hernán Cortés a diario para ver si había alguna actividad en el palacio callerrealengo.
(6) En dicho día, lunes, en La Época: "¨Las noticias de Méjico que trae el telégrafo no pueden ser más favorables a la Francia. Querétaro ha sido tomado por el ejército francés, el ejército mejicano disuelto y Juárez obligado a refugiarse en San Luis de Potosí, de donde pasará a los Estados Unidos".
El domingo 27 de diciembre de 1863 en la capilla del palacio de San Telmo se adminstró la primera comunión a Amalia y Cristina, las hijas de los Montpensier. Se abrieron los jardines al público en general.
Parece que Enrique aprovechó para publicar su primer ataque el que su primo viajaba a Madrid desde Sevilla este mes para asistir al parto de la Reina.
Los padres de don Enrique estuvieron en Madrid involucrados en maniobras políticas en las que participaba el espía Eugenio de Avinareta, inmortalizado por Pío Baroja, su descendiente. Avinareta, habiendo sido detenido en Portugal, pasó por la Calle Real de Castilleja hacia la prisión de Sevilla en una berlina cerrada y acorazada, con gran despliegue de fuerzas de seguridad. Ver Las memorias de un hombre de acción, Avinareta o la vida de un conspirador, y La Isabelina. Pío Baroja.
Para revivir la memoria del ignorado don Enrique de Borbón, duque de Sevilla, ver de María Teresa Menchén Barrios, El infante Don Enrique de Borbón y su participación en la política española del siglo XIX. (Tesis Doctoral). Universidad Complutense. Madrid, 2015; y El destierro en Tenerife del infante Don Enrique de Borbón.
Don Enrique con su familia poco antes del duelo. Montpensier, v.s. ofreció a los huérfanos una indemnización extrajudicial, que la familia rechazó.














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