domingo, 29 de noviembre de 2020

Los olvidados, 6f.

(Viene de la entrada anterior)

(3) El policía Pedro Navarrete Hornero era la segunda columna —la primera sería el cabo Ángel Contreras Gago—, en que se erigía la represión de los obreros de la fábrica de la Pirotecnia sevillana.
El agente Pedro Navarrete, como dijimos, comenzó a actuar en enero de 1937 "con la misión de elaborar un fichero completo, incluso fotográfico, de todo el personal de la Pirotecnia y sus antecedentes. Como resultado de su labor y gracias a sus informes, fueron despedidos 115 trabajadores más". (Investigación de la UGT citada en la entrada anterior).

El informe de Pedro Navarrete Hornero sobre la conducta de mi madre, elaborado el año 1937, es del todo favorable:



"JIM. Número 133. Señor Teniente Coronel de la Pirotecnia Militar. Tengo el honor de comunicar a U.S. que de las distintas gestiones realizadas para averiguar la conducta y situación de la individua María Jiménez Copado, con domicilio en calle San Vicente, n.º 90 (3a), puedo manifestarle que las impresiones que recabo, en la casa donde vive, son buenas; dicen que en la misma no ha dado muestras de haber tenido alguna intervención en asuntos políticos o sociales y que de su conducta general nada hay que decir. Ella es el sostén de la casa, pues un hermano que tiene, el que se dedica a la venta ambulante de dulces, todo lo que pueda ganar lo gasta en las borracheras que suele coger (3b). Estuve también hablando con Doña Blanca Barón y Martínez (3c), domiciliada en calle San Vicente, 29, cuya Sra. dice haber tenido a sus servicios a esta joven por espacio de tres años, habiendo sido su cumplimiento bastante bueno, cesando en su casa para dedicarse al viaje que hizo por algunas zonas, con los productos de la casa YAMBA, cuyas oficinas están en calle Águilas, n.º 2. Las manifestaciones que sigue haciendo esta Sra. son todas favorables hacia la repetida María, pues en ellas demuestra tenerle aprecio, diciendo que a ésta le dio admisión en su casa por recomendación de las Religiosas de Castilleja, donde la referida María se había educado; termina diciendo que es muchacha lista, de genio alegre y de buen fondo.
Un hermano de ésta, llamado Paco, de oficio mecánico, fue Concejal en Córdoba cuando el Frente Popular, al que le fue más tarde aplicado el Bando de Guerra.
Estuve también en la casa de los productos YAMBA, donde nada pudieron manifestarme, pues el dueño que era cuando ésta viajó, traspasó y se marchó a Valencia, donde continúa. Dios guarde a U. S. muchos años. Sevilla, 17 de Mayo de 1937. Pedro Navarrete".


Fotografía del año 1964 del patio de la casa de vecinos de San Vicente número 90, amablemente cedida por Alfonso Bayona Santos, uno de sus últimos habitantes antes de que fuese derribada para construir el anónimo edificio de lisa fachada que hoy ocupa su lugar.

(3a) En el padrón de diciembre del año 1935 vivían en el indicado corral de vecinos mi abuela materna Lucia Capado Moyano, nacida en 1872, viuda, natural de Nerva —en realidad Valverde del Camino—, con 4 años de residencia en Sevilla; Manuel Martin Capado, nacido en 1897, soltero, natural de Nerva, confitero, con 4 años de residencia en Sevilla; y Maria Martin Capado (en realidad María Jiménez Capado) nacida en1911, soltera, natural de Nerva, con 4 años en Sevilla.

En el padrón de 1940 no se muestra cambios: Lucia Copado Moyano, de 68 años, viuda, natural de Valverde del Camino, con 9 años en Sevilla; Manuel Martin Copado, de 43 años, soltero, confitero, natural de Nerva, con 20 años en Sevilla; y Maria Jimenez Copado, 29 años, soltera, obrera fabril, natural de Nerva, con 9 años en Sevilla.

Me contó otro viejo vecino que recordaba del nº 90 un enorme caserón cuya entrada era un gran pasillo oscuro donde había un Cristo crucificado con farolillos; el pasillo acababa en un patio principal en medio del cual había una fuente, con grifos para el servicio de las familias. Hubo otros obreros de la Pirotecnia viviendo allí, y algunos de ellos fueron también represaliados tras el golpe militar.

(3b) Manuel Martín Capado es el vendedor de dulces al cual se refiere el agente de policía Pedro Navarrete. En otro lugar especifiqué que mi abuela Lucía tuvo dos hijos varones de su primer matrimonio con un minero que falleció por accidente laboral. Luego, ya viuda, tuvo otro hijo natural —Francisco, asesinado en Córdoba por los fascistas—, y por fin a mi madre, producto de su unión con el estepeño José Jiménez Díaz.
Mi tío Manuel Martín Capado (o Copado) no tenía buena fama en la calle San Vicente, a juzgar por testimonios que yo mismo recogí de antiguos vecinos de aquella vía, quienes me refirieron con detalle algún escándalo cuando llegaba bajo los efectos del alcohol. Todos mis confidentes aseguraron haber sentido mucho los disgustos que el vendedor de dulces daba a su madre anciana y ciega y a su hermana, "buena como un cachito de pan". 
Había residido Manuel temporadas cortas en Castilleja de la Cuesta entre 1924 y 1929, donde probablemente se introdujo en la industria de los dulces y pasteles, los cuales comercializaba por el sevillano barrio de San Lorenzo repartiéndolos con su bicicleta.
A pesar del bache durante la República, Manuel consiguió rehacer su vida en los siguientes años 40, ayudado desde luego por su otro hermano, José Martín Capado, hombre industrioso y constante que consiguió labrarse una sólida posición social en la ciudad de Osuna, convirtiéndose en un destacado industrial.

José —con abrigo— y Manuel —con el periódico— Martín Capado. Hijos de José Martín González (primer marido de Lucía Capado) y nietos de José Martín Rodríguez y de Luisa González Gómez, todos naturales de Nerva.

Manuel murió el mismo año de mi nacimiento, 1952. Mi madre, a la sazón embarazada de mí, fue a su velorio y entierro en Osuna desde El Bujeo, una pedanía dependiente de Algeciras donde estaba destinado mi padre. Hoy aquel exiguo cuartelillo militar es un moderno centro de vigilancia:


"El viento de levante refresca la mañana y enturbia la privilegiada vista del Estrecho que se divisa desde el tarifeño Alto del Bujeo, a unos 320 metros de altitud sobre el nivel del mar pero tan pegado a la costa que huele a salitre. Abajo, el trasiego de buques jalona un día cualquiera en la autopista del mar sin que nada de lo que ocurre sea ajeno a la vista de la moderna infraestructura de vigilancia y seguimiento del acuartelamiento RACTA-4. Cámaras de televisión e infrarrojas, sistemas de radar y comunicaciones de última generación forman parte de la infraestructura puesta al servicio de la defensa nacional en el acuartelamiento; uno de los últimos que quedan operativos en el Campo de Gibraltar". Europa Sur, 3 de octubre de 2014.

(3c) María Jiménez Copado, ya con su familia formada en Castilleja, se refería con agrado a una "señorita Blanca" —no puedo especificar si se trataba de la tía o de la sobrina— para la que trabajó de costurera.

Padrón de Sevilla del año 1940 (v.s.). Calle San Vicente, n.º 29.
— Ana Miteluch Ryan, soltera, de 52 años, natural de Galvay (Irlanda), con 31 años de residencia en Sevilla*.
—Blanca  Baron Agullo**, soltera, de 57 años, natural de Sevilla.
—Blanca Martinez Baron***, soltera, de 33 años, natural de Sevilla, sobrina.
Y los criados y sirvientes:
—Plácido Sanchez Lopez, soltero, de 56 años, natural de Olivares, con 28 años en Sevilla.
—Dolores Montero Atienza, de 30 años, soltera, natural de Málaga, con 9 años en Sevilla.
—Agustina Cabeza Rubio, de 27 años, soltera, natural de Burguillos (Badajoz), un año en Sevilla.
—Pura Rodriguez Moreno, 23 años, natural de Fregenal de la Sierra (Badajoz), soltera, 3 años en Sevilla.
—Carmen Vega Marquez, de 22 años, soltera, natural de Nerva, 2 años en Sevilla.

* Esta irlandesa era, con toda probabilidad, una de las monjas de nuestra Villa, que pasaba una temporada, acaso por enfermedad, en la casa sevillana de las Barón. Además de estar emparentados por matrimonio con los Benjumea de Castilleja y de ser viejos amigos de ellos, los Barón proporcionaron al convento castillejense varias religiosas, como hemos expuesto en la entrada anterior.
Recordemos que el sacerdote que se presentó como defensor de mi madre también mencionó en su carta dirigida al coronel de la Pirotecnia a los Barón Martínez-Agulló, tal y como lo hizo el policía Pedro Navarrete Hornero. 
"Para la familia de Fernando Barón Martínez-Agulló trabajó de costurera la madre de quien esto escribe, siendo una muchacha que tenía que mantener a su madre, enferma y ciega. El conde de Colombí también vivía en la calle San Vicente, como los Benjumea y como quienes luego serían mi madre y mi abuela. Recién alzados los franquistas, eran malos tiempos en Sevilla para las familias señaladas por su izquierdismo". Historia de los apellidos, 21z. Agosto de 2020.

** Blanca Barón y Martínez-Agulló, nacida el 18 de junio de 1883, hija de Fernando Barón y Cea Bermúdez (1845-1904) y de Rita Martinez-Agulló y López-Vergés (1847-1891). Era hermana de Fernando (1875-1929), tercer conde de Colombí.

*** Blanca Martínez del Castillo y Barón, nacida en Sevilla el 31 de marzo de 1906 y fallecida en dicha ciudad el 25 de enero de 1986. Hija de Mariano Martínez del Castillo y Ureta (1861-1909) y de Enriqueta Barón y Martínez-Agulló (1871-1933).




En la familia de los Cansino socialistas de Castilleja de la Cuesta emigrados a Tomares sobresalió también una mujer, Ana Cansino Míguez, hija de Ramón Cansino Rosales y hermana de Fernando Cansino Míguez, que merced a su compromiso político estuvo a punto de ser fusilada por los criminales franquistas como lo fueron sus dos indicados allegados. De Ana sus herederos poseen un par de folios mecanografiados que contienen un emotivo discurso:

"AGRUPACIÓN SOCIALISTA DE TOMARES. PROVINCIA DE SEVILLA. 
1º de mayo de 1933. 
DISCURSO 
pronunciado por la Camarada ANITA CANSINO MÍGUEZ en el acto de la entrega de la BANDERA a la AGRUPACIÓN mencionada, la cual ha 
sido desinteresadamente bordada por la misma.

CAMARADAS: Sin merecerlo, me habéis elegido Madrina para la entrega de la Bandera a esta Agrupación, y habéis sido tan benévolos y consecuentes para con mi humildísima persona, que declaro noblemente que jamás os podré pagar el enorme beneficio y distinción que me habéis otorgado en la mencionada elección, y en el nombramiento de Presidenta honoraria de esta Sociedad, que personifica y representa, en aras de la humanidad, la virtud, la honradez y el trabajo.
Fijáos bien en esta Bandera, que simboliza la unión que debe existir entre todas las clases sociales, que piensan y sienten en sus corazones la verdadera confraternidad de los obreros manuales e intelectuales.
No se ignora que aún no es llegado el momento de nuestras legítimas aspiraciones, a pesar de la implantación de la República; pero con la perseverancia y buena fé que nos caracteriza, no sólo con este Régimen hemos conseguido una parte del programa Socialista, sino que muy en breve se han de ver coronadas por el éxito todas nuestras reivindicaciones, y aún se verán nuestros deseos más brevemente logrados si nos agrupamos en apretado lazo y bajo un solo pensamiento alrededor de nuestra Bandera, que acogerá bajo sus pliegues a todos los trabajadores que con entereza y lealtad luchen en defensa de sus ideales.
Y para que la defendáis con energía, sin que nunca se os puedan llamar desleales y traidores de vuestros hermanos, os la entrego solemnemente en esta memorable fecha de nuestra fiesta del trabajo, en manos de la camarada Rita García Ramos [tachado en el original] al presidente de la Agrupación [añadido a mano con lápiz].

¡¡ VIVA EL PARTIDO SOCIALISTA !!"

Anita, a la muerte de su padre y de su hermano, quedó a cargo del taller de zapatería, pero su dirección y gestión fue asumida por las nuevas autoridades, que lo orientaron hacia el esfuerzo de guerra. Así, Ana Cansino y sus empleados se vieron obligados desde los primeros días del golpe de Estado a elaborar botas para los combatientes , pagadas a un precio mínimo y en condiciones de trabajo absolutamente regresivas.
Peor suerte corrió su camarada Rita García Ramos —a la que vemos mencionada en el discurso de entrega de la bandera—, novia de su hermano Fernando el pirotécnico y además otra entregada activista política tomareña. Rita resultó ser la única mujer de la localidad, y aun de todos los pueblos del contorno, fusilada por los franquistas. He aquí su ficha en todoslosnombres.org:


Por diversas fuentes orales que yo mismo recogí en Tomares se acredita que Rita, la novia de Fernando Cansino Míguez, fue salvajemente tratada antes de su muerte. Consta por las referidas fuentes que individuos naturales y vecinos de la localidad aljarafeña, conocidos por todos ya que actuaron a la luz del día —pero a los que nadie me quiso señalar—, la violaron sin misericordia, la torturaron luego, arrastrándola por las calles del centro del pueblo, y por fin la mataron a tiros.


Rita García Ramos era natural de Olivares (Sevilla), donde nació en noviembre de 1910. Era hija de Francisco García Barrios, jornalero natural de Umbrete (Sevilla), donde nació en abril de 1865. Otros dos hermanos de Rita eran Antonio García Ramos, nacido en Olivares en octubre de 1895, y Juan García Ramos, nacido en noviembre de 1916 en Sanlúcar la Mayor (Sevilla). Los cuatro vivían en la calle Jorge Carrión n.º 11 de Tomares cuando en la rectificación del padrón de 1936 fueron dados de baja por fallecimiento. El padre y los tres hijos habían sido fusilados. En esta rectificación consta un total de bajas por fallecimiento de 51 personas (45 varones y 6 hembras).

En el padrón del año anterior, 1935, aparece en la calle Libertad n.º 20 otra hermana, Concepción García Ramos, nacida en Olivares en marzo de 1903, casada y con tres hijos: Cristóbal Barriento García, nacido en Tomares en febrero de 1924, Concepción Barriento García, nacida en Tomares en septiembre de 1925, y Manuel Barriento García, nacido en Tomares en agosto de 1933.

Nicolás Salas en el tomo segundo de su Sevilla fue la clave. República, Alzamiento, Guerra Civil, Represiones en ambos bandos (1931-39), Editorial Castillejo, 1997, ofrece una lista de 41 fusilados en Tomares formada con base en "testimonios confidenciales", de los cuales identifica a algunos sólo por los apodos. Son Pablo Carvajal, Ramón Cansino Rosales, Fernando Cansino Míguez, Manuel Colchero Caro, Juan Antonio Romero Reina, Alfonso Romero Reina, Alfonso Cabrera Romero, Rebelde Esquinardo Díaz, Juan Fernández Rueda, Joaquín Caro Cabrera, Antonio Negrón Borrego, Joaquín Negrón Borrego, Joaquín Gil Díaz, Rita García Ramos, Juan García Ramos, Antonio García Ramos, Francisco García, Antonio Ollega Fernández, José Ollega Fernández, Manuel Fernández Ortega, "Culo Goma", Manuel Velasco Gómez, Juan Manuel Ortiz Caro, José Manzano, Agustín Fernández, José Fernández, Manuel Fernández (los tres de la familia de los Bizcos), "el hermano del Papa" (un tal Ortiz), Sebastián Moreno Romero, Eugenio Luna, Carmelo, Zapata, "Juan el Temblón", Manuel Herrera "el quinquillero", Manuel Torres Ramos, Francisco Fernández Peón, Francisco Marín, "El Viñuela", Antonio Moreno, "El Pena", y Antonio del Cerro. Añade que "casi" todos fueron fusilados en Sevilla.


Este padrón del vecindario de Tomares es el último que se elaboró durante el periodo republicano. Los funcionarios de la administración de Franco lo anotaron a lápiz, corrigiendo nombres de calles —la de los Cansino, calle Navarro Caro, pasó a llamarse de Calvo Sotelo—, y marcando con la letra B las bajas, como es el caso de Ramón Cansino Rosales y de su hijo Fernando, así como el de su vecino Francisco Peón Caro, un jornalero afiliado al Partido Republicano Radical que, recluido en la Hacienda del Conde de Ibarra que servía de prisión en Tomares, sería fusilado en Sevilla en agosto de 1936.
Vemos que la familia Cansino estaba compuesta por Ramón Cansino y Ana Míguez los padres, y por Fernando, Ramón y Ana Cansino Míguez.
El primero de los hijos consta en tal padrón con el oficio de pirotécnico, mientras que el segundo, Ramón, al que ya conocemos de la entrada anterior (1), aparece con la profesión de torero. En efecto, Ramón Cansino Míguez fue conocido durante la II República como "El Niño de Tomares", un novillero de cierto renombre.




(1) Ramón Cansino Míguez y su esposa Natividad Sañudo Luque, matrimonio cuyos restos reposan en el cementerio municipal de Castilleja de la Cuesta, vivían en la calle Alegría n.º 19, con sus hijos Ramón Cansino Sañudo, nacido en Castilleja el 28 de noviembre de 1942 y de oficio engrasador, y Manuel Cansino Sañudo, nacido también en Castilleja, el 26 de febrero de 1946. Y con ellos un hermano de Natividad, Francisco Sañudo Luque, nacido el 17 de agosto de 1919 y de oficio ajustador-mecánico. 
Estos Sañudo Luque, hijos de Manuel y de Natividad, eran naturales de San Juan de Aznalfarache.

Ramón Cansino Míguez abandonó la innoble tarea de torturar y asesinar novillos, y en el año 1970 figuraba con la más digna de reparador de calzado siguiendo los pasos de sus desgraciados padre y hermanos. Su referido hijo Manuel Cansino Sañudo fue emigrante en Alemania, donde trabajó de maquinista, pero desde el indicado año de 1970 ya se encontraba de nuevo en su Castilleja natal.


ABC, 16 de enero de 1972

Ana Cansino Míguez se casó, con 25 años de edad, con Manuel Sañudo Luque en Castilleja el 27 de septiembre de 1941. Él, de 30 años de edad y natural de San Juan de Aznalfarache, era hijo de los también sanjuaneros Manuel Sañudo y Natividad Luque Pérez. 
Anita la bordadora de banderas tuvo con Manuel un hijo el 4 de abril de 1949, nacido a las dos de la madrugada en la calle de la Huerta. En su bautizo fueron padrinos Andrés Gaviño Gordillo y su mujer Mercedes Cansino Vélez.

El mismo día —fue una endogámica doble boda— se casó su hermano el novillero Ramón Cansino Míguez con Natividad Sañudo Luque. Dos hermanos, Ana y Ramón, con dos hermanos, Manuel y Natividad. Entre los intersticios y grietas del frío cemento brota la perfumada hierbabuena. La naturaleza continúa su paso, imparable. La vida sigue su carrera.


La casa de los Cansino Míguez. A la izquierda se abre la calle Alegría (antigua Calvo Sotelo), y a la derecha se abre la calle Príncipe de Asturias (antigua de la Granada o Pedro Parias). La primera fachada a la derecha corresponde a lo que fue sede de Auxilio Social, "La Maternidad".

Al referirnos a La Maternidad (1) ya dijimos que se alzaba al final de la calle Alegría (o Calvo Sotelo) en su confluencia con Príncipe de Asturias (o Pedro Parias), en el rincón del ángulo. Es enfrente, en la esquina de este ángulo, donde todavía hoy se puede observar la casa de Ramón Cansino Míguez el exnovillero, en la que habitó con su familia (2). La calle Alegría no ha sufrido modificación alguna en la numeración de sus casas en toda la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del XXI, por lo cual el indicado domicilio de Ramón sigue mostrando el número 19. 
Justamente a la vuelta y ya en Pedro Parias aparece en el padrón del año 1970 el número 1, habitado entonces por un primo hermano de mi padre, Manuel Oliver Míguez (3), uno de los más destacados falangistas de Castilleja, casado con una mujer de Bormujos, Francisca Acevedo Alcantarilla, y con cinco hijos varones: Manuel, Francisco, Teodoro, Juan y Andrés. La madre del cabeza de familia Manuel Oliver, Dolores Míguez Chávez, era hija de Antonio Míguez Núñez y de María Dolores Chávez Oyega.


De izquierda a derecha, Dolores Míguez Chávez, su marido Teodoro Oliver Jiménez —mi tío abuelo—, y una nuera del matrimonio.

(1) "Tenía el edificio un patio de estilo andaluz, repleto de macetones con palmeras y de tiestos floridos, y en sus laterales las dependencias de oficina, lavabos, almacén, etc. El coste de la adaptación de la vieja casa a tales fines montó 250.000 pesetas entre obras y mobiliario. Poseía 500 plazas para albergar a otros tantos niños, y desde su comienzo se matricularon unos 80 procedentes de Castilleja y de varios pueblos de alrededor. Promovido por el ayuntamiento a cuyo frente figuraba el falangista José María Cuesta Valladares (6a), su dirección sanitaria la ostentaban Manuel Cansino Vélez y su cuñado el también médico Andrés Gaviño Gordillo.
El referido domingo 3 de septiembre a las cinco de la tarde se congregó allí a efectos inaugurativos la élite de la Falange hispalense". Los olvidados, 6a. Octubre de 2020.

(2) Diez años antes, en 1960, vivían aquí la viuda Ana Míguez Ortiz —esposa que fue de Ramón Cansino Rosales (2a)— y su hija Anita Cansino Míguez con su marido Manuel Sañudo y sus hijos Fernando, Andrés y Ana, quienes luego se trasladarían a La Huerta, zona de cultivo que en el margen sur de la calle Virgen de Loreto pertenecía al convento de las monjas irlandesas y que luego fue enajenada y edificada, formándose en ella la barriada del mismo nombre, La Huerta, a la que se accede desde la mencionada calle por el denominado Pasaje del Huertero. Este hortelano fue un saltereño llamado Manuel García Ciero (1924-1980), cultivador desde 1953 y durante muchos años del referido terreno de las monjas. 

Hoy el número 19 de la calle Alegría es una dependencia de la fábrica de alfombras (2b) que poseyó Baldomero García Fernández y que dirigen sus herederas, hija y nieta. Un hermano de Baldomero, Aurelio García Fernández, fue también asesinado por los secuaces del golpista y genocida general Francisco Franco Bahamonde. Su registro de fallecimiento tiene fecha del 11 de noviembre de 1936, y a su nombre y en su recuerdo existe también una calle en nuestra Villa. A su tiempo me extenderé sobre la biografía de Aurelio García Fernández.


Ficha de Aurelio García Fernández en todoslosnombres.org

(2a) Ana Míguez Ortiz era hija de Fernando Míguez Núñez, zapatero, y de Carmen Ortiz Rosales, casados en la iglesia de Santiago en 1879. Ana nació el 11 de noviembre de 1885 a las 2 de la madrugada en la Calle Real n.º 42. Sus abuelos paternos, Antonio Míguez Ortiz y Ana Ordóñez Lebrón, naturales de San Juan de Aznalfarache, y sus abuelos maternos, Francisco Ortiz Tovar y Francisca Rosales Durán, naturales de Castilleja.


Partida de bautismo de Ana Míguez Ortiz

Esta esposa y madre de los zapateros Ramón y Fernando tenía un hermano homónimo de su abuelo, Antonio Míguez Ortiz, también zapatero de profesión, que vivía en la misma vecindad, en el número 3 de la calle Príncipe de Asturias.

(2b) Alfombras Baldomero alfombrasbaldomero.es. Fábrica que con el nombre original de "La Giralda" fue fundada en 1925 por Félix Bernáldez Martínez.

(3) El segundo apellido del falangista lo une, por tanto, en parentesco, a los Cansino-Rosales-Míguez, constituyendo así dos familias tan vecinas y tan divergentes en orientación política. 
Fueron lugar común en la española y características de las guerras civiles en todo el mundo estas divergencias en el seno de una misma familia, en muchos casos sobrevenidas a sus descendientes, quienes han de padecer como una herencia nefasta las consiguientes enemistades, muy agravadas en pueblos pequeños tal el nuestro, donde el conocimiento mutuo y la cercanía y estrecho trato propician y magnifican los lógicos roces y enemistades.

La Jefatura Provincial de F. E. T. y de las JONS impuso a Manuel Oliver Míguez la Medalla de la Vieja Guardia en acto solemne celebrado en Dos Hermanas el día 29 de junio de 1944.


Medalla de la Vieja Guardia de Falange Española

"Los actos falangistas de ayer. En Dos Hermanas tuvieron extraordinario relieve los celebrados con motivo de la imposición de condecoraciones a la Vieja Guardia. Brillante aspecto de la Plaza de José Antonio. Solemne misa. El acto de imposición de las medallas y condecoraciones. Discurso del jefe provincial del Movimiento, camarada Coca de la Piñera. Entrega de viviendas protegidas. Tres mil comidas gratuitas a los necesitados de Dos Hermanas. Solemne inauguración en Alcalá del Río de un monolito conmemorativo del último discurso dirigido por José Antonio a la Falange andaluza.
Los falangistas de la primera hora, de aquella hora heroica, preñada de peligros, que dio paso a esta otra más plácida, pero no exenta de inquietudes, se reunieron ayer en la vecina villa de Dos Hermanas para celebrar un sencillo acto de imposición de la preciada insignia de veteranía a unos, de honoríficas recompensas, justamente discernidas, a otros.
Trasciende de este acto de Dos Hermanas una espléndida muestra de la vitalidad de la Falange (1), que atenta a las realidades de cada hora ha querido simbolizar en el justo premio de los servicios más distinguidos de la Vieja Guardia, la permanencia de las consignas que dictara José Antonio. La última que oyera la Falange andaluza se dio en Alcalá del Río, allí mismo, donde ayer se inaugurara un monolito conmemorativo.
Entrañan, como se advierte, los actos de ayer en su rico simbolismo, una actitud de mantenimiento a ultranza de aquellas viejas gallardías, que por su oportuna ejemplaridad hicieron posible el triunfo; son los trascendentes actos de ayer —glosando una frase del discurso del jefe provincial— una renovación del juramento y no una extemporánea jactancia de vencedor.
Ese es el significado exacto de los, en su propia sencillez impresionantes, actos falangistas ayer acaecidos.

Los actos celebrados en Dos Hermanas. En la próxima villa de Dos Hermanas se celebró en la mañana de ayer el importante acto de imponer medallas, aspas y otras condecoraciones a la Vieja Guardia de la Falange de Sevilla y su provincia. Para celebrar tal acontecimiento se llevaron a cabo otros actos, también muy importantes, aunque de radio local, de los que iremos dando cuenta en el curso de la información.
Dos Hermanas se preparó con entusiasmo para corresponder a la distinción recibida. Y desde las primeras horas de la mañana tuvo color de animación inusitada. De todas partes, por todos los caminos arribaron autobuses repletos de camaradas, con un predominio juvenil que alegró el ambiente con sus canciones.
En vecindario engalanó sus fachadas, como así fueron exornadas las calles de la villa, muy especialmente aquellas por las que había de discurrir el desfile de las formaciones.
A la entrada de la calle de Nuestra Señora de Valme —vía principal— una cartelera rezaba en grandes caracteres: `¡Honor a la Vieja Guardia!` Sucesivamente espaciados mostrábanse otros rótulos de este tenor: `¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España!` y análogos.
La plaza de José Antonio ofrecía un sugestivo conjunto: El Ayuntamiento en su fachada aparecía con colgaduras y banderas. Dando frente a la iglesia parroquial se alzó una tribuna para la imposición de las medallas y condecoraciones. Cabe este tablado se situó la Banda municipal de Dos Hermanas.
A medida que se acercaba la hora del acto, la animación subía de punto, siendo casi imposible dar un paso por plazas y calles.

La misa. A las nueve de la mañana, en el altar mayor de la iglesia parroquial, se celebró solemne misa, a la que asistieron las jerarquías y camaradas, como así numerosos fieles de la villa nazarena. El Santo Sacrificio fue oficiado por el párroco, don Manuel García Martín. En el presbiterio alto, a los lados del altar, se colocaron unos reclinatorios para las jerarquías. En los situados al lado del Evangelio se situaron el delegado nacional de Provincias, Sancho Dávila; el vocal de la Junta Central de Recompensas, Mariano García; el alcalde de Dos Hermanas y jefe local, Fernando Fernández y el consejero nacional Modesto Lera. En los reclinatorios del lado de la Epístola se arrodillaron el secretario de la Junta Central de Recompensas, Luis Aguilar; el gobernador civil de Sevilla y jefe provincial del Movimiento, Coca de la Piñera; el consejero nacional, Joaquín Miranda, y el comandante de aviación y asimismo consejero nacional Julio Salvador.
En la nave central de la iglesia, en dos filas correspondientes a las presidencias del presbiterio, se situaron con el secretario provincial del Movimiento, González y Fernández-Palacios, todos los delegados de Servicios y la delegada provincial de la Sección Femenina, Lucy Benvenutty. Asimismo asistieron a la misa y a todos los actos los gobernadores civiles de Cádiz y Cáceres, Ricardo Zamora y Julve Ceperuero, respectivamente.
En la misa formó la centuria García Míguez y representaciones de todos los pueblos.
La ceremonia religiosa resultó muy solemne.

Imposición de las medallas y condecoraciones. Terminada la Santa Misa se celebró seguidamente el acto de imposición de medallas, aspas y otras condecoraciones a la Vieja Guardia sevillana.
La formación de centurias y de camaradas objeto de distinciones cubrió  la amplia y bonita plaza de José Antonio.
A la tribuna, que se hallaba situada delante de la Cruz de los Caídos, subieron las jerarquías, dando comienzo al emocionante acto. Se impusieron 474 medallas a elementos de la Vieja Guardia. Las condecoraciones alcanzaron la cifra de 91.
La primera condecoración que se concedió en nombre del Caudillo, firmada la concesión por el canciller laureado general José Moscardó, fue la de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas al camarada de Badolatosa, Antonio Borrego Dorado. El muchacho objeto de tan alta distinción fue abrazado efusivamente por Sancho Dávila y demás altas jerarquías. La condecoración le fue impuesta por el teniente coronel camarada Aguilera.
Seguidamente y previa colocación en la tribuna del guion de la Vieja Guardia comenzaron las imposiciones, acto que duró largo tiempo, dado el elevado número de camaradas distinguidos.
La plaza se llenó por completo de público, en las afluencias de calles, adquiriendo un sugestivo aspecto. Un momento emocionante del acto fue el de la imposición de la medalla de la Vieja Guardia de Eduardo Rivas al banderín de Sevilla. En todo el ámbito del lugar resonó vibrante el ¡presente!

Discurso del jefe provincial del Movimiento. Terminado el acto de la imposición de medallas y condecoraciones el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, camarada Coca de la Piñera, pronunció las siguientes palabras:
Camaradas: Todos estos objetos externos de la imposición de cruces, medallas y distintivos no nos sirven de carnaza que nos distraigan de lo esencial. No podemos fijarnos en lo accidental, abandonando el combate esencial de la Falange. En este día en que se imponen a la Falange sevillana los distintivos sea el momento de dar el ¡alerta! en 29 de junio de 1944. Quisiera que me dijeran qué significa el pasear esta medalla. No es un trágala, no es un `hemos triunfado`, ni un desplante de final victorioso. Es la señal de encuadramiento en la línea de vanguardia. Quiere decir pasear esta medalla por la Patria, sentirnos responsables de una gran empresa, que apenas está iniciada. Esta medalla no supone destacar un individualismo vanidoso. Es sometimiento con fe y humildad a unas filas disciplinadas. No con bobería de desfiles aparentes, sino con conciencia de lo que se avanza cada día y se pierde cada momento. Este camino lo han entendido los hombres de la calle mejor que nosotros. Ellos creen que la Falange es para hacer la revolución. Algunos de nosotros estiman que hay que cerrar las filas a los que vengan. Si queremos ser pocos es dar la sensación de que hay algo que repartir, pero no queremos ser fuertes. Para algunos ser revolucionarios es llamarnos camaradas, hablarnos de tú, decir cosas más o menos fuertes en las tertulias del café. Pero lo que debe importarnos es cual es el jornal del bracero o la eficacia de un Sindicato (2), no la mayor o menor antigüedad en nuestras filas. Si queremos liberar masas, si queremos incorporar multitudes, yo opino que debemos hacerlo urgente, rápidamente. Así seremos fieles al objetivo especial del pensamiento del Caudillo. Actos como el de hoy deben ser como un juramento. Miles están a la sombra de España. No debemos tener la transigencia para cubrir la retirada. Hay que seguir hasta el final. Debemos ante todo llevar la medalla con honor.
Camaradas: ¡Arriba España!
El vítor con que el camarada Coca de la Piñera terminó su interesantísimo discurso halló un eco entusiasta y correspondido en la muchedumbre situada en la amplia plaza.
Seguidamente, con un extenso mar de brazos en alto, se cantó `Cara al Sol`, pronunciando las invocaciones Sancho Dávila y repitiéndose con este motivo las demostraciones de entusiasmo.

Desfile de las formaciones. Terminado el discurso del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento las jerarquías se trasladaron a la entrada del edificio de la Delegación Sindical Comarcal, donde presidieron el desfile de las formaciones, que fue realizado con gran exactitud, colmando el aire de briosas canciones juveniles.
El público admirado del correcto desfile prorrumpió en grandes aplausos.

Actos locales. Descubrimiento de una lápida en el centro de la Vieja Guardia. Terminado el desfile las jerarquías seguidas de numerosos militantes y público de Dos Hermanas se trasladaron al número 18 de la calle Francisco Díaz, local antiguo de la Falange de la villa. En este sitio se descubrió una lápida de mármol con la efigie de José Antonio y la siguiente inscripción:
`La Vieja Guardia de Dos Hermanas, como juramento de permanecer fiel a tus consignas y recuerdo constante a tu presencia. Tus camaradas siempre seremos los soldados de la gran empresa. ¡Arriba España!`
Sancho Dávila tiró del cordón, quedando la lápida al descubierto. El párroco de Dos Hermanas rezó unas preces, acompañado de la gran concurrencia. Y el acto, sencillo, breve y emotivo, terminó cantándose `Cara al Sol`. Numeroso vecindario, asomado en balcones y azoteas, presenció el acto.

Visita a grupos de viviendas protegidas. Desde el antiguo domicilio de la Falange las jerarquías se trasladaron a la calle 18 de Julio, en el barrio de la Pólvora, donde se hizo entrega de las llaves a doce adjudicatarios de un grupo de viviendas, que lleva el nombre de Grupo de Nuestra Señora de Valme. Las jerarquías hicieron ésta y las sucesivas visitas acompañadas del alcalde de Dos Hermanas, camarada Fernando Fernández.
En las visitas a las viviendas protegidas fueron recibidos por el arquitecto don Alberto Balbontín Orta (3), quien les informó detenidamente de las obras en curso.
Las casas amplias, soleadas y bien construidas, están admirablemente acondicionadas, con bastantes y  capaces habitaciones y todas ellas detrás con un gran corral".

Y continúa el cronistas describiendo las varias inauguraciones, entre ellas la de un cuartel de la guardia civil. No podía faltar ni el toque sádico ni la comilona:

"Actos finales. Terminó el gran día de Dos Hermanas con dos actos: Uno fue de carácter taurino. Se acondicionó una plaza bastante vistosa, bien provista de graderío firme y de notable amplitud. Se lidiaron dos vacas y actuaron Gregorio Pérez y José Martín (El Chivo). La realidad es que actuaron muchísimos más, pues se lanzaron al ruedo gran número de camaradas, que redujeron a la impotencia a las reses y cabalgaron valientemente sobre ellas. El lleno fue absoluto y menudearon las incidencias cómicas, resultando un espectáculo sumamente distraído.
Finalmente, en la plaza central, en los almacenes de aceitunas de Gómez Pickman, se celebró un banquete, al que asistieron 700 camaradas, reinando durante él la mayor cordialidad y entusiasmo. Con ello se dio fin a la serie de actos celebrados, que resultaron brillantísimos por todos conceptos.

Tres mil comidas gratuitas a los necesitados. Después del almuerzo servido en Dos Hermanas a los camaradas asistentes al gran acto falangista, se ofrecieron tres mil comidas gratuitas a los necesitados del pueblo, con lo que la Falange quiso demostrar su tradicional y cristiana hermandad entre los hombres de España". ABC, 30 de junio de 1944.

(1) Vitalidad en plena decadencia, considerando que unas semanas antes, el 6 de junio de este año de 1944, había acontecido el Desembarco en Normandía, primer golpe de la arrolladora e imparable contraofensiva de los Aliados que puso fin a la II Guerra Mundial y derrotó al nazismo. La Alemania hitleriana fue —nadie osa discutirlo ya— la madre nutricia de la Falange Española. Los camaradas hispanos, a esas alturas del año, ya sentían la pesadumbre de la amenaza que se cernía sobre ellos como una sombra que terminaría por invalidar sus privilegios y arriar ignominiosamente las banderas victoriosas de su "Cara al Sol".

(2) Resulta irónica esta frase de Coca de la Piñera, en los días en que el alcalde de Castilleja José María Cuesta Valladares, —uno de sus camaradas predilectos, con el que conferenciaba casi a diario—, se dedicaba desde la jefatura del Sindicato de Cereales que ostentaba a robar los jornales de los obreros panaderos de Sevilla y su provincia. A pesar de la condena de cárcel que cumplió, lo veremos luego, en los años 50, de nuevo a la cabeza de la administración de nuestra Villa, y con una calle del pueblo dedicada a su memoria.

(3) A Alberto Balbontín Orta ya lo hemos presentado como el arquitecto que diseñó la barriada de la Inmaculada Concepción en Castilleja de la Cuesta. Era este técnico algo así como el constructor oficial del Régimen a nivel provincial.

(Continúa en la entrada siguiente).

No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...