sábado, 25 de mayo de 2019

Historia de los apellidos, 14.

                Foto sin fecha ni lugar. Creo recordar que se comentaba haber sido realizada en la plaza de toros de Algeciras (Cádiz). Mi padre está en el centro de la fila de atrás, con un cigarro puro en la mano izquierda.

En las gradas el alboroto es descomunal, tremendo. El público grita hasta desgañitarse, gesticula frenético. La indignación crece por momentos. Una explosión estentórea brota unánime de las gargantas cada vez que el espada falla con el estoque. Ya van seis intentos y el desgraciado toro es la viva estampa del sufrimiento y la indefensión. Jadea, agotado sin poder dar un paso, se tambalea, su cabeza caída, su vista al suelo y de su boca abierta mana un hilillo de babas sanguinolentas.
En las gradas María retuerce con angustia un pañuelo en sus manos, conmocionada. Casi a su lado otra mujer, de edad frisando en los cuarenta, protesta con gran energía.
—¡Canalla! ¡Asesino! ¡Criminal! —increpa repetidamente al espada.
María le ha dirigido ya varias miradas fulminantes, cargadas de odio mortífero.
Hasta que pierde el control, se levanta, la encara y le espeta:
—¿¡Porqué no baja usted y lo mata!?
Ocurrió en la Plaza Nueva de San Sebastián durante una corrida en la cual Antonio Oliver Tovar fracasó estrepitosamente en la última suerte. María era su esposa. Casados en 1948, tenían ya una hermosa niña de pocos meses que había quedado al cuidado de una amiga aquella amarga tarde.

En 1939 y 1940 —latente hasta 1946— se estableció un recargo de 15% sobre el precio de entrada a las corridas de toros, novillos o espectáculos de carácter taurino, para nutrir al fondo del Subsidio pro-combatientes. Este subsidio pasaría luego, por arte de birlibirloque, al Subsidio de excombatientes. A éstos, por añadidura, las empresas estaban obligadas a dar trabajo. No faltaron militares que se iniciaban en el mundo del toreo, a los cuales las autoridades proporcionaban toda suerte de facilidades y estímulos.



La posguerra. Los datos económicos no parecían tan halagüeños como para gastar el dinero en divertirse y olvidarse de las necesidades básicas. Pero, muy al contrario de lo que pudiera pensarse por los datos de los indicadores económicos, el número de festejos celebrados en los años inmediatamente posteriores a la guerra aumenta rápida y significativamente. La gente sentía necesidad de diversión y se encamina, con hambre y los bolsillos vacíos pero con su entrada en la mano, hacia las plazas de toros. Los problemas de la economía española no parecían afectar a los aficionados a los toros. [...] Ir a los toros costaba en Madrid un mínimo de 4 pesetas, la localidad más barata de Sol; en Sombra las localidades costaban a partir de 6 pesetas (datos de la corrida del 15 de Octubre de 1939 en las Ventas). Y ahí están los precios de la Feria de Abril sevillana del año 1945, un tendido de Sombra costaba ya 70 pesetas y una barrera 190. El tendido de Sol alcanzaba las 20 pesetas. [...] Pero es que todos los espectáculos públicos vivieron momentos de auge. Fue en estas fechas cuando el fútbol empieza también a despertar las más enconadas pasiones de los españoles y se convierte en seria competencia para las corridas de toros en el gusto popular. Había que olvidar una guerra y fútbol y toros eran excelentes recursos para lograrlo. [...] La falta de valores creativos fue precisamente una de las causas que empujó a la gente en masa hacia las plazas de toros. La autarquía y la Segunda Guerra Mundial cerraron a los españoles sobre sí mismos, y una ]de sus mayores creaciones había sido la corrida de toros, un espectáculo netamente nacional. Al propio régimen franquista el panem et circenses, la Fiesta Nacional, le servía de coartada intelectual. Era un espectáculo que durante los primeros años de la posguerra prolongaba la idea de la victoria sobre los rojos: en Madrid junto al Desfile de la Victoria como símbolo de la nueva era, el 24 de Mayo de 1939 se celebra la llamada «Corrida de la Victoria»; y en Sevilla, la alternativa de Pepe Luis Vázquez el 15 de Agosto de 1940, contaba con la presencia y homenaje al nazi Himmler, jefe de las S.S. alemanas. [...] El franquismo hizo de los toros una apropiación en toda regla, un síntoma de normalidad extendida a toda la geografía española a partir del 1 de Abril de 1939, el día que acabó la guerra. Una idea que posteriormente no haría ningún bien a la fiesta que quedará asociada al franquismo, especialmente en los primeros años de la monarquía democrática.
Recién acabada la Guerra Civil el saludo nacional —brazo en alto— se impuso rigurosamente. El himno nacional sonaba antes del paseíllo y nos queda como documento gráfico toreros, cuadrillas —incluido el picador a caballo— y público saludando con el brazo extendido. Fernando González Viñas. Ensayo para una historia social del toreo (Los años 40). Boletín de Loterías y Toros, Revista de Taurología. (En Red).

Foto fechada en San Sebastián en mayo de 1951. Es una curiosa fotografía de mi padre y mi hermana  junto a José Salguero Gutiérrez, su gran amigo de Castilleja que pocos meses después devendría padre del que fuera presidente de la Maestranza Julián Salguero Villadiego  (nacido el 6 de julio de 1952 en la calle Granada). No sabemos qué motivo llevó al recién casado José Salguero a viajar al otro extremo del país. 

Entonces habían pasado 15 años desde que a sus dos hermanos, Julián y Manuel Salguero Gutiérrez, jornaleros, los sacaran de Castilleja los esbirros queipollanescos y los encerraran en el buque-prisión Cabo Carvoeiro fondeado en el Guadalquivir, para fusilarlos pocos días después.


Calle de Castilleja de la Cuesta dedicada a los dos hermanos fusilados por los franquistas.


José el amigo de mi padre se casó con Rosario Villadiego Oliver en 1951 en Castilleja. Padres de él fueron Julián Salguero Pérez y Carmen Gutiérrez, y de ella Ricardo Villadiego ¿Esteban? y Carmen Oliver Rodríguez.

Julián Salguero y Carmen Gutiérrez se casaron el 28 de marzo de dicho año de 1908, él con 26 años y ella con 25. Fueron testigos de la boda Ricarco Bonar Casado y Leandro Polvillo Cabrera. Sus hijos fueron cinco: Julián, María del Carmen, Ricardo, José y Manuel.

Julián Salguero Gutiérrez se bautizó en la iglesia de Santiago el 3 de enero de 1909. Nació el 9 de diciembre a las 12 de la mañana, hijo de Julián Salguero Pérez, alfarero de Sanlúcar la Mayor, y de Carmen Gutiérrez Lopez, casados en Santiago en dicho 1908. Abuelos paternos, Juan (de Zafra) y Petronila, y maternos, Francisco y Carmen. Padrinos Constantino López y Victoria Salguero, solteros.
María del Carmen Salguero Gutiérrez, bautizada en Santiago en 11 de junio de 1910, nacida el 11 de mayo a las 12 del mediodía en Hernán Cortés nº 2, hija del alfarero Julián Salguero Pérez, idem. A. p. idem idem y m. idem idem. Padrinos Manuel Gutiérrez López y Mercedes Tovar Chávez, solteros vecinos de esta Villa.
El 20 de septiembre de 1911 en la iglesia de Santiago se bautizó a Ricardo Salguero Gutiérrez, nacido el 19 de agosto anterior a las nueve de la noche en la calle Hernán Cortés nº 3, hijo de Julian Salguero Pérez, alfarero natural de Sanlúcar la Mayor, y de Carmen Gutiérrez López, natural de Castilleja. Abuelos paternos, Juan y Petronila, de Zafra, y maternos, Francisco y Carmen, de esta Villa. Padrinos, José Navarro Hurtado, viudo, y Agripina Navarro Hurtado, soltera, vecinos de esta Villa.
Manuel Salguero Gutiérrez, bautizado en la iglesia de Santiago en 11 de agosto de 1912. Nacido el 17 de julio a las dos de la mañana en la calle Hernán Cortés nº 2, hijo de Julián Salguero Pérez, de Sanlúcar la Mayor, alfarero, y de Carmen Gutiérrez López, natural de esta Villa, casados en esta Villa en 1908. Abuelos paternos, Juan Salguero Moreno y Petronila Pérez Gonzalez, de Zafra (Badajoz), y maternos, Francisco Gutiérrez García y Carmen López Luque, de esta Villa. Padrinos, Adolfo Salguero Pérez y Manuela Mesa Pérez y a su nombre y representación María Pérez, solteros y vecinos de Camas y Sevilla respectivamente.
El padrino Adolfo Salguero Pérez, hermano del padre del bautizado anterior, jornalero nacido en Pilas, se casó en nuestra Villa el 15 de octubre de 1921 con la castillejana Rosalía Carmona Oliver, hija de Fernando Carmona Cansino y de Concepción Oliver Chávez, naturales de nuestra Villa. Tuvieron a Concepción Salguero Carmona, bautizada en la iglesia de Santiago el 27 de noviembre de 1927, nacida el 24 de octubre a las doce y media del día en la Calle Real nº 56. Fueron sus padrinos Francisco Vega Cabrera y Encarnación Carmona Oliver, de estado casados.  Concepción Salguero Carmona se casó con Manuel Oliver Navarro el 12 de diciembre de 1965, y vivieron en la calle Enmedio, nº. 34. Ella falleció en Sevilla el 11 de diciembre de 1983, con 56 años de edad. Fue sepultada al día siguiente en nuestra Villa. Hoy vive en la calle Enmedio nº. 38 su hija Inmaculada Oliver Salguero.

Todavía resuena en Zafra el apellido Salguero como puede comprobarse por la guía telefónica o en la Red. A Sandalio Granado Salguero, natural de Zafra, de 29 años, lo fusilaron los franquistas en aquella zona, junto a otro centenar de paisanos de dicha localidad.


Este técnico, Roberto Salguero, creador de software comercializado en Latinoamérica e Inglaterra con premios internacionales, al cual el alcalde de la localidad pacense recibe y rinde honores, es luego acusado de plagio descarado. https://www.eldiario.es/eldiarioex/tecnologia/Denuncian-extremeno-STGestion-atribuirse-software_0_612789792.html

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Aparte de la transmisión oral, la única documentación del periodo de torero de mi padre Antonio Oliver Tovar abarca desde 1945 hasta 1951 en Donostia. Estas fechas las marcan dos carteles taurinos que hemos conservado hasta hoy, y que precisamente reflejan festejos cómicos celebrados el día de San Fernando, patrón del Cuerpo de Ingenieros del ejército, en los cuales se trataba de divertir a un público traumatizado todavía por la guerra y padeciendo sus secuelas de miseria y escasez. Se hablaba en mi casa de corridas "serias" en Algeciras (Cádiz) y en otras partes, aunque por desgracia no he logrado documentarlas. Analicemos el primer cartel, del año 1945:


La presidencia de honor la ostentó la señorita María del Carmen Berdonces Alacreu, de la que no he podido recabar dato biográfico alguno. No así de una de las madrinas de los "pinchadores", Ana María Insausti Bramtot, la primera. Su padre alcanzó el grado de general de brigada de Ingenieros y falleció en Madrid el 9 de junio de 1982. Su madre, la Excma. Sra. doña María Rosa Bramtot, falleció en San Sebastián el 20 de septiembre de 1984. Ana María tuvo cinco hermanos: Lorenzo, María Rosa, María del Carmen, José Ignacio y Teresa. "A partir de 1938, el coronel Rafael Barrio Salamanca se convirtió en el juez usual de los consejos de guerra celebrados en Donostia. Más adelante aparecerá en el escenario un teniente coronel, Lorenzo Insausti Martínez. [...] En 1939 y en los estertores de la guerra en el Estado, las autoridades militares de Donostia habilitaron la plaza de toros del Chofre como campo de concentración. Esta medida tuvo su origen en la actitud del Gobierno francés que hasta entonces había expulsado a todos los refugiados hacia la Cataluña republicana. Cuando las tropas de Franco entraron en Barcelona, la Policía francesa comenzó a expulsar a los miles de refugiados que eran detenidos fuera de los campos de internamiento a zona franquista. Estos detenidos llegaban a Hendaia, donde eran entregados a la policía española de Irun y encerrados en el estadio del equipo de fútbol de la localidad. De la localidad fronteriza eran conducidos en camiones o tren hasta la plaza de toros donostiarra, en donde llegaron a estar simultáneamente más de 3.000 entregados por la Policía francesa. De la plaza de toros y después de que los mandos franquistas analizaran sus expedientes, los internos, en su mayoría, pasaban a formar parte de los batallones de trabajadores, repartidos por todo el Estado español". Iñaki Egaña. Los crímenes de Franco en Euskal Herria, 1936-1940.

Otra madrina de aquella tarde fue María Teresa Campos de Hériz. Acabo casándose con el doctor ingeniero de montes don Alfonso Villuendas Díaz, con el que tuvo tres hijos. Don Alfonso murió en Zaragoza el 25 de diciembre de 2002 con 80 años de edad.

La tercera madrina, María Consuelo Pardo Manuel de Villena y Verástegui correspondió a la cuadrilla de mi padre, —"El Piernas"—, formada por Emilio Castillo Pozo "El Mendruguito", Clemente Curto "El Turqui", y Gonzalo Mendoza "El Kilito". El toro se llamaba "Teletipo" y era de la ganadería de don Fidel Rubio, de Logroño.
Esta madrina nos brinda un sustancioso y novelesco relato. María Consuelo, nacida en Madrid en 1924, era la menor de las hijas del conde-duque Carlos Pardo-Manuel de Villena y Jiménez y de María Soledad de Verástegui y Carrol. Se casó en primeras nupcias con el diplomático vasco Juan Pablo de Lojendio e Irure, nacido en 1906, embajador de España en Cuba y protagonista de un altercado con el mismísimo Fidel Castro. Juan Pablo de Lojendio había sido miembro del Frente Contrarrevolucionario de la CEDA y se presentó por Guipúzcoa en las elecciones del 16 de febrero de 1936. De embajador en Cuba, en enero de 1960 y tras unas declaraciones de Fidel por la televisión acusando de ser un foco de actividades antirrevolucionarias a la embajada de España en La Habana, se presentó  en los estudios de la televisión cubana, donde mantuvo una fuerte discusión con el jefe revolucionario. Por ello se le declaró persona non grata y se le dieron 24 horas para abandonar el país. Aquella noche hubo una concentración en La Habana frente a la embajada española con gritos contra Franco y con el paseo de un burro con un cartel que decía "Soy el marqués de Vellisca" (título nobiliario que adquirió el embajador por su matrimonio con María Consuelo). Falleció el marqués en Madrid el 13 de diciembre de 1973.


                                                       María Consuelo


                                       El embajador Lojendio discutiendo con Fidel en los estudios de televisión de La Habana.

La cuarta madrina fue Paz Elio Lopetedi, casada con Amaro González de Mesa  y García San Miguel, con el que tuvo tres hijos. Paz murió en Madrid el 28 de septiembre de 2000. Era hija de Bernardo de Elio Zubizarreta, VIII marqués de las Hormazas, y de Matilde Lopetedi Gortázar.

Corrieron la llave "montados en briosos corceles" la señorita Esperanza Unceta Urigoitia y el capitán don Carlos de Villota y Acha. La primera, IV condesa de la Laguna de Chanchacalle, se casó con Luis de Calonje y Francés. El padre de Esperanza, José María de Unceta y Berriozábal, III conde de la Laguna de Chanchacalle; y la madre, María Herminia Urigoitia y Peláez.
El segundo, el capitán Villota, nacido hacia 1913, falleció en El Puerto de Santa María el 20 de agosto de 1988. Estaba casado con Ana María Osborne, y tuvieron cinco hijos.



De asesor de la presidencia figuró Adolfo Corretjer Duimovich. Se le menciona en Sevilla el 18 de julio de 1936 como capitán del Batallón de Zapadores-Minadores nº 2 que contribuyó al "aplastamiento del elemento marxista hasta la hora en que se rindió el Gobierno Civil"; este Batallón participó en la defensa del Cuartel, sosteniendo tiroteo con los marxistas apostados en las ventanas del edificio de la Plaza de España, ocupando la Compañía Telefónica en el Parque de María Luisa, protegiendo un buen número de edificios estratégicos y enfrentándose a los milicianos izquierdistas en la calle Reyes Católicos. Aparece en agosto de dicho 1936 en la toma de Badajoz junto al capitán Gabriel Fuentes Ferrer.
Se casó con Matilde Moreno Moncada, con la que tuvo cuatro hijos. Matilde falleció en Madrid el 15 de septiembre de 1967, y él, ya coronel retirado, también en Madrid el 22 de abril de 1969.
Tenía un hermano, Antonio Corretjer Duimovich, a cuya empresa PYD en la calle Maldonado nº 67 en dicha capital demandó un tal José Luque Ramírez por cierta cantidad. Por ello a Corretjer se le embargaron los siguientes bienes, sacados en pública subasta el 24 de marzo de 1971: un televisor Philips de 21 pulgadas tasado en 7.000 pesetas; un tresillo metálico forrado en skay negro y almohadones color verde valorado en 2.500 pesetas; un armario de madera de cuatro cajones en la parte inferior y puertas en la superior valorado en 500 pesetas; un tocadiscos de Reader`s Digest nº. 30 tasado en 4.000 pesetas; y un frigorífico Westhinghouse tamaño grande valorado en 6.000 pesetas. Lo que hace un total de 20.000 pesetas.


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