Esta vez se especifica claramente que los animales a sacrificar son becerros, pertenecientes a la ganadería salmantina de don Bernardino Melgar. Presiden las señoritas María Jesús Petrirena Martínez, Marisol Carbajo Avendaño, María del Pilar Martinez del Río y Maria Elena Campos de Hériz.
La primera presidenta, María Jesús Petrirena, falleció en Madrid el 11 de junio de 2011. Fueron sus hermanos Cristina, Pilar, Antonio, José Javier, Aurora y María Luisa.
Don Juan Petrirena Aurrecoechea, ingeniero militar, falleció en Madrid el 22 de mayo de 1956.
Heridos que llegan. San Sebastián, 3, 2 tarde. En el expreso del mediodía llegaron el capitán de Ingenieros don José Petrirena Aurecoechea y el teniente don José Martínez Moreno, que fueron heridos en Melilla.
En la estación los recibieron Su Majestad la Reina doña Maria Cristina, capitán general, gobernador militar, jefes y oficiales de Ingenieros, damas enfermeras de la Cruz Roja y bastante público, que al desembarcar los heridos dió vivas a España y al Ejército.
En el automóvil del doctor Egaña, director del hospital de la Cruz Roja, y acompañados por dos enfermeras, fueron trasladados los Sres. Petrirena y Martínez Moreno al hospital de sangre instalado en una villa del barrio Antiguo.
Su Majestad la Reina fuè también al hospital. ABC, lunes 5 de septiembre de 1921.
Recorrido por parte del sector 24, núcleo de resistencia 111 de la Línea P que defendía la estación internacional y el túnel de Canfranc. La Línea P (también conocida como Línea Pirineos, Pérez, Gutiérrez... aunque los historiadores militares atribuyen la P al apellido de su promotor e impulsor, el jefe del mando de Ingenieros del Pinireo de la época, general Juan Petrirena Aurrecoechea. Se construyó entre 1944 y 1956 a lo largo de la cordillera para prevenir una invasión de los aliados una vez derrotada Alemania en la guerra mundial. La estación internacional de Canfranc fue el sector 24, en tanto que Candanchú era el 25. https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/canfranc-ruta-de-los-bunquers-1136862
Ingeniero militar guipuzcoano nacido en San Sebastián el 6 de junio de 1885. Muere en Madrid el 22 de mayo de 1956.
Hace sus estudios en la Escuela Especial de Ingenieros de Guadalajara a partir de 1903 y termina en 1908 con el número 1 de la Promoción. Sirve al ejército en Africa y causa baja en él al proclamarse la República en 1931, para residir en Azpeitia. Con la sublevación militar de 1936 se alinea en el ejército como experto en minas y voladuras.
En 1939 se encarga del restablecimiento del Servicio de Aguas de Madrid. Pronto se le destina para que se ocupe de la Jefatura del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. En 1941 es nombrado general de brigada y jefe de fortificaciones del Pirineo. Profesor de la Escuela Superior del Ejército (1945) y gobernador militar de Huesca." Ref. J. J. Alzugaray: Ingenieros y arquitectos vascos del siglo XX en Madrid, Madrid, 1986. http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/petrirena-aurrecoechea-juan/ar-114696/
"La obra hidráulica de los años inmediatamente posteriores a la guerra civil estuvo marcada por la situación general de penuria que caracterizó todo el periodo de la autarquía en España. Por una parte, el desabastecimiento de elementos y materiales (electricidad, cemento, hierro, transportes, etc.) dificultaba los trabajos. Por otra parte, desde el final de la guerra hizo su aparición en la cuenca baja del Guadalquivir el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas a las órdenes del General Juan Petrirena Aurrecoechea. A este servicio se le adjudicaron numerosas obras, desde el Viar hasta el Guadiamar, pasando por las primeras secciones construidas del canal del Bajo Guadalquivir (Copero y Guadaira), en donde dejaron las huellas más profundas de su presencia (poblados de Bellavista y Torreblanca). Leandro del Moral Ituarte. La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir (siglos XVIII-XX). Editorial Universidad de Sevilla, 1991.
Juan Petrirena Aurrecoechea y el jesuita Pérez del Pulgar, —director espiritual e impulsor de Javier Benjumea Puigserver—, fueron las dos patas que sostenían el monstruoso edificio del trabajo esclavo en el post-franquismo. El jesuita fue el encargado de proporcionar prisioneros-trabajadores al Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas y el organizador de los Destacamentos Penales. "El Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas dependía directamente de la Presidencia del Gobierno, para ello contaba con una oficina de enlace en dicha presidencia. Mantenía una conexión directa con los Ministerios de Justicia, del Ejército y de Obras Públicas. Con el primero a través del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, que era quien le proporcionaba a los presos-obreros, así como los funcionarios de prisiones que vigilaban el interior de los campamentos, el segundo le proporcionaba la tropa destinada a la vigilancia de los reclusos, así como los mandos de esta tropa y los medios de transporte necesarios; el tercero le comunicaba, antes de salir a concurso, aquellas obras que debía realizar, una vez que el Servicio de colonias consideraba que dichas obras se podían realizar eran retiradas de la licitación pública". José Pérez Conde. La construcción de la presa y el canal bajo del Alberche 1939-1950: La utilización de los prisioneros republicanos como mano de obra forzada en su construcción.
La segunda presidenta, Marisol Carbajo Avendaño, tuvo un hermano médico, Eduardo, que trabajó en el Centro Médico de Oviedo y que poseía el título de conde de Samaniego del Castillo, obtenido por fallecimiento de su tío don Carlos Samaniego Mayo, mutilado de guerra portador de Medallas de Sufrimiento por la Patria.
El 17 de enero de 2015 el arzobispo de Oviedo Jesús Sanz Montes, al que Eduardo atendió como paciente, le dirigió una carta postmorten: https://www.iglesiadeasturias.org/homilia/funeral-d-eduardo-carbajo-avendano/
Al morir Eduardo el título pasó a su otro hermano, Miguel Carbajo Avendaño.
La tercera presidenta María del Pilar Martinez del Río, con tan comunes apellidos resulta imposible documentarla a ciencia cierta, pero debemos seguir el patrón de las demás señoritas, todas ellas hijas de jerifaltes del Cuerpo de Ingenieros que actuaron durante la Guerra Civil del lado de los franquistas y que con posterioridad adquirieron vínculos familiares con aristócratas.
La cuarta y última, Maria Elena Campos de Hériz, resulta ser hermana de María Teresa, una de las madrinas del festival cómico-taurino de 1945 que hemos comentado en la entrada anterior. María Elena se casó con don José Parra Gasque, doctor ingeniero industrial fallecido en 1974, con el que tuvo cuatro hijos, que le dieron más de media docena de nietos e igual número de biznietos. Murió Maria Elena en Madrid el 4 de junio de 2017, a los 89 años de edad.
Sigue diciendo el cartel que corrieron la llave la señorita amazona María Cristina Pavón Hernández y el teniente don Luis Villanueva Pérez. Ella era hija de nada menos que el general Pavón, gobernador militar de Guipúzcoa. Se casó con don Cesáreo Ruiz González en San Sebastián el 5 de julio de 1957.
El teniente don Luis Villanueva Pérez, de la Escuela de Aplicación de Ingenieros, firmó, con otro compañero, un artículo en el nº. 165 de octubre de 1953, pág. 49, de Ejército, Revista Ilustrada de las Armas y Servicios, titulado "El barracón de bóveda parabólica ondulada. Breve aportación a la castramentación", un profundo estudio con amplio despliegue de aparato matemático. Entre sus ventajas se menciona la "fácil limpieza de paredes y techos al suprimir ángulos". Recuerda el viejo chiste de la señorona tan vaga tan vaga que se hizo una casa con las habitaciones redondas para no limpiar los rincones.
Ilustración del artículo del teniente Villanueva.
No tengo por menos que traer a la memoria los barracones que nos cobijaban a los que cumplimos el servicio militar en el Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 de El Aaiún, Africa Occidental Española. El barracón de bóveda parabólica ondulada se construyó en todos los acuartelamientos de la capital del Sáhara Occidental.
Vista aérea del cuartel de Ingenieros en El Aaiún
El autor de este blog, recién llegado a dicho cuartel desde el Batallón de Instrucción de Reclutas en la playa del Sáhara español. Al fondo y a la izquierda se ven los característicos barracones de bóveda parabólica ondulada.
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La segunda cuadrilla, denominada "Los Romanones", estaba constituida por Antonio Oliver Tovar "El Piernas", y los guardias Antonio Serantes Romero "El Galones", Francisco López Asensio "El Ministro", Alberto Marín Herráez "Garbancito" y Domingo Granados García "El Espuela".
El pobre becerro se llamaba Capricornio.
Hubo picadores: Francisco Delgado March "Don Quijote" y Ricardo Miñano Aguirre "Sancho".
Para finalizar este desagradable tema de la tortura de tan admirables animales en Castilleja haré un a modo de descargo de mi padre, Antonio Oliver Tovar. En su favor anotaré que, acaso influido por los comentarios adversos que sus hermanas y esposa —mis tías y madre— pronunciaban con insistencia cuando emitían por televisión alguna corrida, abandonó la tan sangrienta afición, adoptando al final de su vida cierta filosofía muy cercana al animalismo aun sin ser muy consciente de ello, en gran parte porque en este país todavía no había enraizado tal corriente en pro de los derechos de los animales. Considerando el grosero entronque entre la Iglesia y los toros, tan exacerbado en este pueblo de Castilleja, y habida cuenta de que mi padre era un convencido anticlerical y de que en mi casa se respiró, desde que puedo recordar, un ambiente antitaurino, en este aspecto he de sentirme satisfecho. Por ambos lados, por el anticlericalismo y por el antitaurinismo, he salido beneficiado.
Ya no se editan ni se ofrecen a la venta los fabulosos cómics que alegraron mi infancia: los TBO, Jaimito, Pulgarcito o Pumby solo son un gratísimo recuerdo, imperfecto y cada vez más difuminado, como todos los recuerdos. Pero habiendo encontrado yo un sustituto idóneo de ellos en los Boletines de las dos Hermandades de Castilleja, la de la Calle Real y la de la Plaza, con sus personajes no menos desternillantes aunque no tan puros e inocentes, ni muchísimo menos —el teólogo de cuatro pelos, el azacán cohetero, el vejestorio borrachín, la despellejadora de sacristía, la gorda sexualmente insatisfecha, la beatona de trapajo y escobón, el cura apotajado, el bujarrón pederástico, el nini trompetero, la poetisa ripiosa, el pregonero de viento y humo, la gorgoritera coral, el cretinoide de la chaqueta azul marino o el espantajo del capirote— el vacío que habían dejado en mi espíritu aquellos otros personajes entrañables como fueron el Profesor Tragacanto, Carpanta, la Familia Trapisonda, Ángel Siseñor, doña Urraca, don Rosendo, la Rue del Percebe, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Rigoberto Picaporte o las Hermanas Gilda resulta más sobrellevadero. De manera que en cuanto tengo ocasión hojeo uno de estos Boletines, predispuesto a la carcajada como no podría ser de otra forma.
Mas... alguna vez tropieza uno en las páginas de tales engendros de papel satinado con cosas tristes, amargas, desesperantes, repulsivas. Ya no es el gamberreo inmisericorde de despertar a los vecinos con petardos de madrugada, o de ocupar las calles zarandeando muñecos sanguinolentos y muñecas lagrimeantes sobre cogotes albañilescos entre zafias músicas militonas. En el ejemplo que presento en la foto inferior se muestra en toda su crudeza la bajeza de los taurinos castillejanos contraviniendo el más elemental de los sentimientos humanos, que es el que nos hace superiores a los animales. Porque un animalista es algo así como el hermano mayor de la gran familia de seres vivientes que habitamos en el planeta Tierra.






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