Javier Benjumea Burín (nacido el 5 de mayo de 1880 en la calle Almirante Ulloa nº 1, barrio de San Vicente en Sevilla) y Rosalía Puigcerver Casas (nacida en Palma de Mallorca en 1882) contrajeron matrimonio de la iglesia de San Vicente el día 30 de septiembre de 1903. Padre de él fue Diego Benjumea Pérez de Seoane, un ultraderechista del partido de don Ramón Nocedal y casado dos veces; con la segunda esposa, Mercedes Burín Castro tuvo ocho hijos, el Javier criado en Castilleja entre ellos.
Javier Benjumea y Rosalía Puigserver (en puridad Puigcerver, "pico o monte de los ciervos", que se transformó debido al seseo hispalense) una vez casados se instalaron en la calle San Vicente nº 11, donde nacieron sus cuatro hijas, Teresa, Mercedes, María Victoria y Elena, y por último el único varón de la familia, Javier, el 14 de enero de 1915, a quien se bautizó con los nombres de Francisco Javier José María Hilario Diego Ignacio de Loyola Ramón de la Santísima Trinidad. Nótese la referencia jesuítica constante en la familia, muy influenciada por la Compañía —director espiritual de Rosalía antes de casarse fue el Padre Tarín, SJ, superior de la comunidad de jesuitas de Sevilla entre 1898 y 1904 y fallecido en 1910 (1)—.
En 1919 y por un desastroso negocio de compraventa de aceite la familia, de tradición terrateniente, se arruina, y huyendo del acoso de los acreedores y de las amenazas de cárcel —hubo que empeñar hasta la plata heredada de los Puigserver— Javier padre decide el traslado a la mansión de la calle General Venenc de nuestra Villa, antiguo pabellón de caza del padre de Rosalía y donde habitaba su viuda, María Teresa Casas, quien, por cierto, alcanzaría los 103 años de edad. Lindaba el pabellón con la casa del médico de Castilleja Juan Lara, que habitaba allí desde 1909.
A pesar de todo la familia Benjumea-Puigserver se integró en el pueblo, sobre todo debido a su parentesco con los Salinas, con los Guajardo-Fajardo y con otros aristócratas; en seguida se relacionaron con las fuerzas vivas de la localidad, entre las que figuraba el maestro don Justo Monteseirín. El pequeño Javier hizo amistad con sus vecinitos Juan Manuel y Andrés (2), hijos del médico. Las hermanas ingresan en las Irlandesas, con quienes existía gran correspondencia desde los tiempos de los Puigserver, cuando en 1892 la Madre General acompañada del obispo de Gibraltar se alojaron en la mansión mientras iniciaban los trámites para establecer la fundación en el palacio de los Montpensier (3). Javier comenzó a recibir clases particulares en su propia casa, a cargo del maestro Monteseirín, que le dedicaba las tardes después de terminar su jornada oficial en la escuela. Su nieto el alcalde de Sevilla recordará esta relación en un artículo del ABC de Sevilla del 2 de enero de 2002 titulado "Un buen consejero" (4). A los 6 años Javier comienza a asistir a la escuela pública, donde considerando su buen carácter de niño tranquilo y algo tímido, y sobre todo considerando el peso social de su familia, no nos lo imaginamos colgado de un gancho en el sótano. Hizo la primera comunión en mayo de 1924 en Las Irlandesas, donde quien esto escribe la hizo también: traje de marinero, tazón de chocolate con un bollo, dolor de pies, visita a casa de la abuela, besuqueos babosos de tías, primas y vecinas y en suma, día mareante hasta la náusea, merecedor del más profundo de los olvidos.
Estudió Javier bachillerato elemental, interno entre 1925 y 1928 en el colegio San Juan Bautista que los marianistas regentaban en la calle Larga de Jerez de la Frontera, hoy colegio de Nuestra Señora del Pilar, avenida Marianistas, nº 1. Fue estudiante mediocre, pero colaboraba vendiendo papeletas de una tómbola para financiar la obra marianista en el Japón, continuadora de viejas aventuras misioneras tres siglos atrás. En septiembre de 1929, inmediatamente después de la muerte de su padre, es enviado a estudiar a Madrid, donde en cierto sentido ya le había abierto camino su hermana Mercedes, que años antes había preparado en la capital de España las oposiciones de perito mercantil, aprobadas con el número uno, siendo destinada a la Delegación de Hacienda de Sevilla, donde estuvo hasta su jubilación. Su tío Fernando Barón y Martínez-Agulló, conde de Colombí, le regaló un Ford con capota blanca (5), con el cual iba desde Castilleja todos los días a trabajar como tal funcionaria.
No se conoce por donde andaba Javier durante el curso 1930-1931, pero por junio de este año se presentó a exámenes de Ingeniero de Caminos en Madrid, en plena esfervescencia republicana. Constituido el Goberno Provisional de la República, el conde de Romanones, todavía parte del Gobierno oficial de la monarquía, envió un aviso confidencial a Alfonso XIII antes de que se proclamasen los resultados de las elecciones: "Los sucesos de esta mañana hacen temer a los ministros que la actitud de los republicanos puedan encontrar adhesiones en el ejército y en la fuerza pública [...] Podría vuestra Majestad reunir hoy mismo el Consejo de ministros y presentar su renuncia para hacer ordenadamente la transmisión de poderes". El rey puso en práctica la recomendación de Romanones y el mismo 13 de abril partió para el exilio. Ya no volvería sino dentro de un ataúd cincuenta años más tarde reinando su nieto Juan Carlos I el Campechano.
Con el triunfo republicano los sectores católicos se encontraban tensos y desconcertados, escandalizados por la proclamación del Estado laico, la libertad de cultos, la supresión de la enseñanza religiosa con la consiguiente retirada de símbolos religiosos en los centros docentes, y la disolución de la Compañía de Jesús. En Castilleja en septiembre de 1931 se retiró del salón de plenos del Ayuntamiento una imagen del Sagrado Corazón (6), que fue sustituida por el retrato de Pablo Iglesias. Los periódicos nacionales que criticaban estas medidas sufrían continuos cierres de edición. El cardenal Pedro Segura advirtió en una carta pastoral a los católicos contra la República, lo que le valió el destierro de España. Se recrudeció por este motivo y otros muchos la campaña anticlerical, con quemas de conventos y centros religiosos, gran parte de ellos evidentemente dirigidos a edificios de los jesuitas. Los cuales reconvirtieron sus centros de enseñanzas, enmascarándolos de forma que no atrajeran la atención, y en uno de ellos, la academia Didaskalion en Madrid, continuó sus estudios Javier, financiados con sacrificios de su familia en Castilleja, donde Teresa ya trabajaba en la Delegación de Hacienda, como queda dicho, y Elena se empleó en la Hispano Aviación.
(1) El padre Tarín. "...Aquel padre flaco, endeble, moreno, bajo de cuerpo, raído de indumentaria, pero con unos ojos vivos chispeantes y una agilidad de ardilla"
(https://www.wikanda.es/wiki/Padre_Tar%C3%ADn#cite_note-19).
(2) Andrés Lara Sáenz, nacido en Sevilla el 18 de enero de 1911 y fallecido en Madrid en el 2014, también estudiaría ingeniería en el ICAI y llegó a ser director del Centro Superior de Investigaciones Científicas. Contaba que de niños, él, su hermano Juan Manuel —nacido en 1913— y Javier Benjumea jugaban asomados a la tapia de la casa de éste que da a la Calle Real, desde donde se divisaban quinientos metros de vía, a adivinar la marca de los autos que aparecían a lo lejos. Durante un brote de epidemia don Juan Lara aisló a las dos familias del resto de la población. Solían dar paseos en bicicleta, poseyendo Teresita una grande pintada de negro de la marca Router, con sistema de frenado a contrapedal.
Andrés Lara fue un experto en acústica, autor de obras como "Condiciones acústicas en la Edificación", Madrid, 1975; "Physics of noise", cap. I en Noise Pollution, UK, Chichestre, 1986; "Bases de diseño y control acústico del hábitat", Argentina, 1993; "Acoustic Quality of Concert Halls, Madrid, 1994; o "Acústica de Fondos Marinos", CSIC, esta última probablemente inspirada u originada en sus experiencias con los Benjumea en la playa de Chipiona.
Andrés Lara Sáenz
Bicicleta de mujer. Bélgica, años 20. Una hermana de Javier Benjumea poseyó una similar.
(3) Un buen consejero. El primer año del siglo se ha despedido de nosotros llevándose con él la vida de D. Javier Benjumea. Si como sevillano y como Alcalde de esta ciudad lamento que este Hijo Predilecto de Sevilla ya no esté con nosotros, en lo personal siento también el hueco que deja de esta pérdida. Y no sólo porque nuestras familias guardaran una antigua relación de amistad, con epicentro en Castilleja de la Cuesta, sino porque a lo largo del tiempo, he tenido la inmensa suerte de recibir muchos y buenos consejos de D. Javier Benjumea. Consejos sabios, rectos y acertados, como no podían ser sino los nacidos de una personalidad tan profunda e íntegra.
Es momento de sentir la ausencia, sí, pero también de volver la vista hacia su obra. Desde la fundación de Abengoa, su brillante trayectoria empresarial demostró bien a las claras que ésta no sólo era tierra de propietarios, sino que podía serlo también de emprendedores, territorio para el trabajo y para las buenas ideas que conducen al éxito productivo y al desarrollo socioeconómico de la comunidad.
Su legado, tanto en lo empresarial como en lo cultural, debe seguir siendo fiel a la personalidad del fundador, esto es, enraizado en el suelo del que surgió, en Sevilla, la tierra que tanto amó y por la que tanto trabajó Don Javier Benjumea Puigcerver. A. Sánchez Monteseirín. Alcalde de Sevilla. (ABC de Sevilla, 2 de enero de 2002).
Este periódico dedica 7 de sus páginas —con firmas como el referido Monteseirín, Rodríguez de la Borbolla, Teófila Martínez, Javier Arenas, o Soledad Becerril— a ensalzar de manera encomiástica a un hombre de la nueva aristocracia, de espíritu jesuítico, de poca capacidad intelectual pero hábil y con instinto empresarial, que encontró, en el marasmo hispano postbélico, quintaesenciado en Andalucía, condiciones idóneas y terreno propicio para enriquecerse. Con más de 50 nietos, Javier Benjumea, pieza de la máquina ignaciana que Franco recuperó del exilio, supo aprovecharse de una sociedad que tras la Guerra Civil quedó nítidamente conformada por una base social pasiva y arruinada en todos los órdenes, y por unas élites entregadas al ocio, a las rentas, al hedonismo y a la fiesta.
(4) Durante la crisis familiar por la enfermedad del padre recibieron mucho apoyo de Las Irlandesas (Instituto de la Bienaventurada Virgen María, IBVM), que habían tenido internas a las tres niñas de manera gratuita. En concreto les ayudó sobremanera una sor María Moreno. En 1892, como queda dicho, la luego matriarca de los Puigserver-Benjumea María Teresa Casas (v.s.) alojó a la Madre General y al obispo de Gibraltar, que gestionaban en Castilleja el alquiler del palacio de los Montpensier. Esta Madre General, Juana Murphy y Gould, nacida hacia 1840, cambió su nombre por el de M.J. Estanislao Morphy y después por el de Madre Stanislaus Morphy. El alquiler fue negociado en Madrid por la madre Murphy con la reina regente María Cristina porque el palacio pertenecía a la princesa de Asturias María Mercedes de Borbón, entonces menor de edad e hija de Alfonso XII y María de las Mercedes, quien lo recibió de sus padres los duques de Montpensier como parte de su dote matrimonial. Tampoco fue el lugar una libre elección de las monjas, cuya intención había sido instalarse en Sevilla capital, mas el cardenal Ceferino no les autorizó a hacerlo excepto en las afueras de la ciudad. Entre las primeras alumnas internas estaban Isabel Barón. cuyo padre don Fernando Barón, tercer conde de Colombí, ayudó con dinero a las monjas para comprar definitivamente el palacio cuando la princesa de Asturias se casó con don Carlos de Borbón (el 14 de febrero de 1901) y pudo disponer de su propiedad castillejense. Se fijó un precio de unas 5.000 libras esterlinas.
La madre Stanislaus falleció de angina de pecho a los 79 años de edad, el 19 de julio de 1919, en Loreto Abbey, Rathfarnham, Dublín, donde había acudido para asistir al Capítulo para elección de la Superiora General del Instituto. M. Baptist Gibney, que la había acompañado, volvió a España como superiora provincial, cargo que desempeñaría hasta 1938. En esta abadía de Loreto hubo una escaramuza entre los republicanos irlandeses y los invasores ingleses al principio de la Rebelión de 1798, y se cree que fue el lugar donde escribió Thomas Moore (1779-1852) su poema Oft in the Stilly Night, que arregló para guitarra española B.F. Peale en 1826.
Parece ser que era práctica común en los conventos del IBVM llevar una especie de diario donde se registraban acontecimientos importantes que afectaban a la comunidad de religiosas. Registraron las monjas de la abadía de Rathfarnham que en la Rebelión de Pascua de 1916 (tres años antes de la muerte de la madre Stanislaus) sufrieron incomunicación y escasez de víveres, mientras se oía el sonido de los cañonazos y se veía el resplandor de los incendidos en batallas cercanas entre los independentistas y los invasores. La autora de esta narrativa personal refiere también que dos de los hortelanos que trabajaban en la abadía participaron en la rebelión, y que luego las autoridades inglesas arrestaron e interrogaron a otros empleados de la comunidad de religiosas. (https://digital.ucd.ie/view/ucdlib:45796).
Los dos empleados de la huerta de la abadía que participaron en el "Easter Rising" muy bien pudieran haber sido los de esta fotografía del convento:
También en Castilleja las monjas llevaban esta especie de Diario. El 14 de abril de 1931 con el advenimiento de la República y ante el temor de, como venía ocurriendo en todo el país, les incendiaran el convento, cuentan en el Diario que ocultaron el Santísimo Sacramento, trasladaron a las novicias a un pabellón de los jardines, y en un ejercicio de evidente exageración propagandística refieren que más de ciento cincuenta hombres de Castilleja durante cuatro noches se quedaron en dicho convento haciendo guardia, mientras otros establecían puestos de control en las entradas del pueblo registrando vehículos para detener a sospechosos de activismo, entretanto que "todas" las mujeres de la Villa se reunían en la iglesia para orar por la seguridad de las irlandesas. Y que la Unión Jack (suponemos que se refiere a la comunidad inglesa en Sevilla), al tener noticia de posibles ataques, también de unió al centenar y medio de vigilantes en el interior del antiguo palacio. Hasta que a las dos semanas pareció que el peligro había amainado.
Al convento de Rathfarnham, anoto, acudió la controvertida madre Teresa de Calcuta, —albanesa— para aprender inglés a la edad de 18 años, convirtiéndose en hermana de la Orden en 1928. Un año después se trasladó a la India, volviendo al convento de visita en 1974 y en 1993.
(5) Un Ford de aquellos años, similar al regalado por el conde de Colombí a su sobrina Mercedes Benjumea Puigserver, puede verse en esta foto:
(6) Fue un culto promocionado en este país primero por los jesuitas, en el siglo XVIII por los borbones, y en el XIX por el carlismo. "A través de los jesuitas, el culto y devoción al Sagrado Corazón llega a España (y a la América española). Con la llegada de Felipe V de España, este culto se ve reafirmado por la carta que escribe a Benedicto XIII en 1727, pidiendo Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón de Jesús, para todos sus Reinos y Dominios. [...] La consagración pública de España al Sagrado Corazón fue hecha primero por Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este (reclamante Carlos VII de España) y después el rey Alfonso XIII lo hará de forma oficial en Getafe, en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península Ibérica. El hermano de Carlos Mª de los Dolores, Alfonso de Borbón y Austria-Este publicó el 3 de junio de 1932 un Decreto sobre el escudo de España utilizado por sus partidarios, donde entronizó en él al Sagrado Corazón." (Wikipedia).
Cuando se retiró la imagen de Jesús "descorazonado" del Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta era alcalde Eduardo Navarro Sierra, primer teniente Antonio Oliver Rodríguez y segundo José Tovar de la Rosa; los regidores fueron Fernando López Rosales, Manuel Cabrera Oliver, Francisco Oliver Míguez, Antonio Tejada Sánchez, José Luque Rodríguez, Manuel Vega Luque y Antonio Carmona Oliver.
Luego, con el triunfo de la CEDA, accedió al puesto de segundo teniente de alcalde Enrique Calderón Cansino (octubre de 1934), que fue además el fundador y primer presidente del partido de Acción Popular en nuestra Villa; lo primero que hizo Calderón, autoerigido "cardiólogo de la espiritualidad castillejana", fue proponer la reinstalación del Sagrado Corazón de marras, mas gracias al alcalde, el izquierdista José de los Reyes Sánchez, y a la mayoría de los concejales, le fue denegada la proposición y el retrato del fundador del PSOE siguió presidiento el salón.
"AYUNTAMIENTO DE CASTILLEJA DE LA CUESTA. El que suscribe, fundador-organizador y en la actualidad Presidente del Partido de Acción Popular de esta Villa, á los Sres. que constituyen la Corporación Municipal, de la que me honro en pertenecer con la consideración y el respeto debido, tengo el honor de exponer:
Que hace varios años y siendo Alcalde precisamente el mismo que hoy nos preside, con acierto y general beneplácito don Jose de los Reyes Sánchez, por acuerdo unanime municipal, se entronizó solemnemente en este Ayuntamiento la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, acto que acató y aplaudió el pueblo en general, dando pruebas inequivocas de su catolicismo, jamás desmentido, que tanto nos honra a todos.
Posteriormente en epoca desgraciada en que el sectarismo de los menos se enseñoreó por toda España, avasallando y arrollando el catolicismo de los más, en perfecta armonía con las corrientes de la época, que fue retirada dicha imagen de la Sala Capitular.
No pudiendo España prescindir de lo que siempre fue en ella patrimonio legendario y tradicional, la fé católica, que tantos triunfos le proporcionó en el transcurso de la historia y habiendolo comprendido así las Autoridades superiores, el que suscribe,
SUPLICA a todos mis dignos y queridos compañeros de Corporación, que nos honremos hoy acordando por unanimidad, que la Sagrada Imagen vuelva a ser colocada en su primitivo sitio.
Castilleja de la Cuesta 13 Diciembre 1934.
Firma de Enrique Calderón Cansino
Acción Popular emergió al hacerlo la II República, "para la salvación político-social de España" y tuvo al periódico El Debate como órgano oficial. Su lema, Religión, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad, y su organización juvenil, Juventudes de Acción Popular (JAP), conocidos como los "los camisas verdes", que habían declarado la guerra al comunismo y a la masonería porque "al negar las tradiciones de España niegan a España misma". Su fundador, José María Valiente Soriano, declaró que quería "forjar hombres nuevos, una juventud auténtica, alegre, optimista, española, no como esa otra, triste y áspera, avinagrada, atiborrada de novelas rusas e hija indigna de la anárquica generación del 98". Durante el Bienio Conservador (nov. 1933 - feb. 1936) las JAP provocaron cuantiosos disturbios y altercados con confrontaciones violentas, en pro de justificar la instauración de un régimen autoritario. Entonces figuraba para su adiestramiento militar Lisardo Doval, apaleador de huelguistas y ametrallador de manifestantes, que llegaría al generalato en la Guardia Civil, muy conocido por los métodos brutales que empleó en la represión de los mineros asturianos en 1934.
El 18 de mayo de 1928 se me acercaron dos hombres en la calle Corrida, y con frases despóticas me hicieron seguirles. Me condujeron al cuartel de la Guardia Civil. En presencia del capitán Doval, me pregunta éste:
—¿Dónde vio usted a uno que se llama Hermógenes?
—No sé nada de Hermógenes, hace tres años que no sé nada de él.
—¿Con que no sabe, eh? Pues para que vaya haciendo memoria, ¡toma!
Y me dio tres puñetazos en el vientre. Después me llevaron a una habitación donde me tuvieron 32 horas sin comer ni beber. A las diez de la noche vino el teniente Pablo y me acometió a patadas y puñetazos. Además, me esposó y me apretó cruelmente las esposas hasta hundírmelas en las muñecas. No se fue sin ordenar a un guardia que me vigilase toda la noche, que me tuviese siempre de pie y sin moverme, con el rostro pegado a la pared y un papel de fumar en las ventanas de las narices. El guardia, hombre compasivo, me permitió sentarme cuando advirtió que me iba a caer desmayado. Al día siguiente me pusieron en libertad, y como estaría de desfigurado por los golpes, que al llegar a mi casa, mi compañera no me conoció. Entonces me enteré de que aquella maldita noche habían estado dos guardias civiles en mi casa, en la que habían entrado haciendo ceder la puerta a patadas, con el natural susto de mi compañera, que estaba sola. El guardia llamado Constantón registró como le dio la gana y se llevó algunos instrumentos de trabajo que aún no me han devuelto, aunque sí dijeron "que fuese a por ellos". Quise dar conocimiento al gobernador civil de lo que me habían hecho, y cuando me disponía a tomar el tren para Oviedo, me detienen en la estación y me vuelven a llevar al cuartel. Otra vez me acometieron a puñetazos en el vientre y otra vez me tuvieron otras 29 horas sin comer. ¡Y no estaba acusado de ningún delito y se me atropellaba, vejaba y maltrataba de manera tan cruel porque no sabía decir dónde estaba un hombre del que hacía tres años que no tenía referencias! (http://www.asturiasrepublicana.com/critica1.html)
Acción Popular y su rama juvenil desaparecieron automáticamente cuando triunfaba el golpe de Franco. En Castilleja Enrique Calderón regentaba un negocio de venta y distribución de materiales de la construcción, y en el 36 cedió a los militares el camión que usaba para el repartimiento de ladrillos, arena, cal, etc. Nunca volvió a saber del vehículo, pero al final de la guerra los franquistas le resarcieron con otro, un pesado armatoste soviético capturado a los republicanos, con algún orificio que otro de balazos, que se hizo emblemático en nuestra Villa. De él se sirvió durante la postguerra en su negocio, y durante las temporadas rocieras solía ponerlo a disposición, con su persona de chófer, de un nutrido grupo de romeros y romeras ataviados con sus trajes, que viajaban la ida y la vuelta a la ermita alegremente en la caja del armatoste. Sucedía que cada dos por tres había que detenerse junto a la cuneta por averías, y mientras Enrique manipulaba entre denuestos y maldiciones las entrañas del motor, los viajeros formaban corro y con cante y baile por sevillanas intentaban sobrellevar los percances mecánicos.
El negocio de ladrillos de Calderón, en la calle Inés Rosales, con su horno alimentado de ramajos de eucalipto, fue heredado por su descendiente. Allí acudía yo de niño a comprar alguna bolsa de cemento o algunos ladrillos para cumplir con los mandados de mi padre cuando reparaba en mi casa el recurrente desconchado. El aroma de eucalipto era agradable en aquel corralón. Recuerdo una pileta de grifo defectuoso, donde solía acosarme un enjambre de avispas que abrevaba en ella. Los Calderón Cansino emparentaron por matrimonio con los Oliver de mi familia, y hoy viven en el pueblo varios nietos y biznietos del fundador de Acción Popular castillejana.






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