jueves, 1 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 12

"Y para cunplir y pagar este dicho mi testamento y hazer todo lo en el contenido dexo y nonbro por mis albaçeas al dicho juan de llerena mi suegro y al dicho Rodrigo de çieça mi hermano y al bachiller Rodrigo de Ribera clérigo a los quales y a cada uno dellos doy poder conplido... ", dejó escrito Pedro de Cieza en su testamento, como hemos visto. Juan de Llerena era hombre poco interesado en lo que no fueran cargazones de mercaderías desde Flandes a las Indias, y no se preocupó ni mucho ni poco por los papelotes que el difunto había dejado en su bufete, revueltos con cartas personales, recibos de préstamos los más de ellos en su debe, y un sin fin de notas y cuentas variopintas. En cambio el otro albacea, el bachiller Rodrigo de Ribera, a ojos de don Rodrigo era más peligroso, en cuanto que hombre despierto y de inquietudes intelectuales, que conocía muy de antemano el valor de los manuscritos peruanos y el poder político que podrían proporcionarle caso de hacerse con ellos. 
Pero por ley natural y derecho de sangre, nadie discutió que el cura de Castilleja se constituyera en depositario, y que trasladara los legajos y la totalidad de la masa de escritos a su casa junto a la Iglesia de Santiago, empeñado como estaba en hacer imprimir la crónica con todas las de la ley, certificando a perpetuidad la autoría de ella. Don Rodrigo, en la minuciosa inspección en el bufete de la casona de la calle de Las Armas, tuvo ocasión de recordar viejos tiempos, cuando tropezó con algunas cartas de su puño y letra que había dirigido a su hermano desde la Península, junto con sus correspondientes contestaciones, y en ciertos momentos de su relectura se le empañaban los ojos de la emoción de aquellos tiempos, veinte años atrás. Lógico y normal, estando además presente todavía en aquellas habitaciones el espíritu doliente del pobre Pedro, cuyos restos yacían ahora ya para siempre en la Iglesia de San Vicente.
Pero, de entre todo el legado de papeles, a nosotros nos interesa en especial algunas misivas que, fechadas en la Isla La Española, un novicio franciscano dirigió a sus padres en la villa de Llerena de la provincia de Badajoz, y no por sus contenidos, que el de estas cartas ultramarinas no tienen nada de particular en cuanto que manifestaban las inquietudes y anhelos de un muchacho normal inmerso en un mundo inimaginado. Es el hecho de las cartas en sí, que testimonian un episodio de la vida de don Rodrigo obviado por la historia.

Se hace hincapié por parte de la mayoría de los historiadores que a este tema han estado dedicados, en haber identificado los vínculos familiares en Indias de Pedro y Rodrigo, principalmente los hijos de su tío el renombrado notario sevillano Alonso de Cazalla. Entre estos primos resaltan otro Alonso de Cazalla, a quién Pedro de Cieza encontró en Panamá; o Sebastian de Cazalla, de la misma edad que Pedro y a cargo de una encomienda de indios en el Cuzco, y sobre todos ellos a Pedro Lopez de Cazalla, secretario de hombres tan importantes como Francisco Pizarro, Cristóbal Vaca de Castro y Pedro de la Gasca. Pedro Lopez fue escribano mayor de la Nueva Castilla y escribano de la Cámara de la Audiencia, allá por el año 1544, y de él ya hemos anotado algún detalle biográfico, exactamente en el capítulo "Rodrigo de Cieza 3". Todos estos primos debieron allanar el camino del joven en sus exploraciones geográficas y en sus investigaciones de las culturas indias, pero también facilitaron el poco conocido viaje y estancia de don Rodrigo de Cieza en la isla La Española.

2 comentarios:

América dijo...

Felices fiestas,todo todo lo mejor para ti,regresa pronto con nosotros te extrañamos!

Antonio dijo...

Feliz año, perfecto y sin problemas.

Gracias, América. Hasta muy pronto.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...