domingo, 11 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 16

Se sugiere en la edición de las obras completas del hermano de don Rodrigo que publicó el Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, en 1985, que los libros de Pedro estaban en 1566 en poder del Licenciado Andres Gasco, Inquisidor de la ciudad de Sevilla, y que por tanto no los poseían ninguno de sus albaceas ni el fraile Bartolome de las Casas*. El Inquisidor, que actuaba como una especie de censor extraoficial, se demoró en leerlos tanto como Rodrigo de Cieza se demoró en pedir que se los devolvieran**, hasta que algún funcionario del Consejo de Indias advirtió de la existencia de aquellos escritos y la conveniencia de someterlos a un más alto tribunal de censura que el que representaba el Inquisidor Gasco.
Se recuerda también que en aquellas fechas se discutía el problema de la perpetuidad de las encomiendas*** y que cualquier dato estampado en los papeles de Cieza podía resultar decisivo para las esperanzas de más de uno. El Consejo se hizo con los dichos papeles, pero ocurrió con ellos lo mismo que en el despacho de Gasco: durmieron olvidados largamente. Por esta misma edición del CSIC sabemos que las gestiones de Rodrigo de Cieza consistieron en varias cartas al Consejo de Indias. La primera obtuvo respuesta el 19 de octubre de 1568, instando los Señores del Consejo de Indias al cosmógrafo Alonso de Santa Cruz a que devolviese los papeles al beneficiado de Castilleja de la Cuesta. No contestó el cosmógrafo y el 29 de enero de 1578 don Rodrigo insiste de nuevo. Repite su petición un mes después, en febrero del mismo año, añadiendo que sabe que los documentos se hallan en poder del geógrafo Lopez de Velasco. Tampoco consiguió resultado positivo alguno.

* El primer testimonio de que los escritos peruanos habían llegado a manos extrañas desde las fraternales de don Rodrigo lo encontramos en el Archivo Provincial de Sevilla, ignorado por los estudiosos puesto que se encuentra enterrado en una masa de papelotes anodinos que, al parecer, nadie había tenido paciencia de espigar, dado que muchas de las hojas se hallan plegadas, adheridas o cosidas desde aquellos años del siglo XVI. Ofrecemos estas vírgenes escrituras en el siguiente capítulo (Rodrigo de Cieza 17).

** El cura de Castilleja, hombre avisado y conocedor de la malicia del alma humana, había sabido guardar la ropa antes de echarse a nadar desde el principio de toda esta cuestión de los papeles de su hermano. Al día siguiente del que vió el traslado de los documentos desde Sevilla a Castilleja de la Cuesta habló con el escribano Miguel de las Casas, con el cual mantenía una relación de confianza y respeto, para solicitarle que le "prestase" a su auxiliar el escribiente Salvador Perez durante unas jornadas; no dudó Miguel en hacerlo, y en menos tiempo del que se tarda en contarlo disponía el beneficiado de Santiago de una copia de la historia del Perú, en excelente papel y con tinta de calidad, esmeradamente efectuada por el criado del fedatario oficial.
Respiró tranquilo cuando la hubo, y la depositó en el fondo de un arca, bien resguardada bajo llave, calibrando la posibilidad en un futuro cercano de esconderla en algún lugar secreto, bajo tierra o en el interior de algún muro.
Su insistencia tenaz en recuperar los originales de las garras del Inquisidor Gasco queda explicada por el temor a que gente ajena adquiriese los privilegios de su publicación, incluída —con toda probabilidad— la autoría de ellos.

*** Sin ir más lejos, tenemos un ejemplo local en el exconquistador Martin de Alfaro, quien, como dijimos, había acompañado a Hernán Cortés en sus correrías de rapiñas depredatorias por el Nuevo Mundo (ver la nota 6 del capítulo "Bautismos 3"). Pronto sabremos más de este extraño personaje, que fué testigo del fallecimiento de dicho Cortés.

No hay comentarios:

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...