Don Rodrigo de Cieza en las diferentes temporadas vacacionales que disfrutó en su patria chica Llerena siempre era requerido por algún matrimonio para que apadrinase a sus hijos. Y entre estas ceremonias con sus fiestas asociadas y el reencuentro con familiares y amigos de la infancia el cura de Castilleja volvía de Extremadura como recién creado, lleno de energía y con fuerzas para continuar la brega con los castillejanos. Era un hombre —ya va siendo hora de prestar atención a su aspecto físico—, ancho y fuerte, con cierto aspecto de gran simio especialmente en cara y andares, precedidos estos últimos siempre por un bamboleo de sus fornidas extremidades superiores que nunca se retrasaban por detrás del plano medio de su macizo cuerpo, como si quisiese hacer ver que era hombre más de obra práctica que de intelectualidad; en cuanto a su rostro, a pesar de lo que acabamos de apuntar no estaba exento de cierta bondadosa mansedumbre, que se le adivinaba sobretodo en sus ojillos pequeños y color de miel, semihundidos y casi invisibles, semejantes a dos joyas de luz y vitalidad entre las sombras de su prominente arco superciliar.
Nuestro beneficiado se encontraba en Llerena el 14 de diciembre de 1551, apadrinando a Teresa, hija de Gonzalo de Palencia y de Leonor Álvarez. Otros dos hijos de este matrimonio, Juan de Palencia Zapata y Francisco Zapata Palencia acompañaron, en calidad de criados, al Contador de la ciudad de Trujillo en el Perú Juan de Cieza (pariente de nuestro cura) a aquellas tierras, cruzando el Océano el día 17 de junio de 1578.
Un año después el cura de la Iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta volvió a su pueblo, requerido para apadrinar su sobrino recién nacido Juan, hijo de su hermana María, cosa que hizo el 6 de enero de 1552. Y al siguiente año sostuvo sobre la pila a una niña, Elvira, hija de Juan de Galvez y de Isabel de la Fuente.
Su hermana María, que había adoptado el apellido Álvarez, tuvo seis hijos con su esposo Lorenzo Hernández Vizcaíno: Gonzalo, nacido en 1541, María, en 1544, Lorenzo, en 1549, Juan, que acabamos de nombrar, María, nacida en 1553, e Isabel, en 1558.
Leonor, la otra hermana, se casó con el viudo Luis Zapata del Bosque, con el que tuvo dos niños, Francisco y Manuel, y una niña, Beatriz del Bosque, que resultó beneficiada en el testamento de su tío el cronista Pedro de Cieza de León.
Bartolomé del Bosque, hermano del susodicho Luis Zapata del Bosque, emigró con su mujer y sus tres hijos a México en el año 1521, instalándose en Colima*, donde aparece como residente en el año 1535, y donde llegó a ocupar el cargo de Regidor; participó en las campañas conquistadoras, y en las maniobras de pacificación de la Nueva Galicia fué herido.
La familia Cieza de Llerena era muy extensa, y sus miembros más afortunados tuvieron ocasión de codearse con los componentes más relevantes del ambiente culto y distinguido de la villa extremeña en el siglo XVI: el conde de la Puebla del Maestre, don Luis Zapata de Chavez, el descubridor del Cañón del Colorado don García López de Cárdenas o el Rector de la Universidad de Salamanca don Gabriel de Cárdenas.
Valgan el entramado familiar llerenense-ultramarino expuesto y las peculiaridades referidas para esbozarnos una ligera idea de las circunstancias en las que se desenvolvieron los dos hermanos y los apoyos que con toda seguridad recibieron, Pedro el conquistador y Rodrigo el eclesiástico, cuando tras emprender el viaje al Nuevo Mundo tuvieron que enfrentarse a las nuevas condiciones de existencia.
* Hoy una ciudad de un cuarto de millón de habitantes (incluidos los de su área metropolitana).
domingo, 25 de enero de 2009
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