La metáfora con la que se ha ultimado el capítulo anterior —África cual fiera sanguinaria— adquirió carta de naturaleza cuando un auxiliar del cirujano de Triana traído al pueblo para efectuar periódicas curas a Juan de Vega aseguró que la herida en su oreja izquierda había sido producida por un mordisco humano. Se ataron cabos y se llegó a la conclusión de que, o bien Cristóbal o bien Francisco, en la fogosidad del combate, habían atacado con las mandíbulas parte tan a propósito para ser mordida. Entonces la inquietud que roía el inconsciente del hombre de Castilleja encontró su razón en las bases materiales de la oreja desgarrada y en las causas concretas de los dos negros atacantes. Muy distinta era la realidad, la cual nunca llegaría a conocerse: el autor de la dentellada fue Alonso Franco en un momento de especial excitación cuando, tras perder pie en el forcejeo cayó con todo su peso sobre el Alcalde, ofreciéndosele entonces el pabellón auricular oficial tan cerca, que no encontró reparo en practicar un amago de antropofagia.
Pero el mal a la comunidad negra de Castilleja estaba hecho.
Siguiendo una corriente de pensamiento que se remonta a los antiguos griegos, los tratadistas, historiadores, sociólogos y antropólogos en ciernes que se ocuparon de este asunto habían relacionado el consumo de carne humana con la legalidad de la esclavitud, como si tan bárbara costumbre les autorizara a reeducar a sus practicantes obligándoles a enriquecer con sus trabajos forzados a una sociedad que se consideraba superior en base a no realizar tan abominable práctica. Durante siglos hasta la Ilustración perduran estas creencias, según se nos desvela viendo a George Friedrich Hegel (1770-1831) y lo que nos dice en su "Bases Geográficas de la Historia del Mundo": "Todos los hombres que han progresado en su conciencia —incluso a un nivel limitado— tienen respeto por los seres humanos en cuanto tales. En un sentido abstracto podemos decir que carne es carne, y que lo que comemos es simplemente una cuestión de gusto; pero nuestros poderes de representación nos dicen que esto es carne humana, idéntica a la de nuestro cuerpo. El cuerpo humano es de naturaleza animal, pero es esencialmente el cuerpo de un ser capaz de representación [...]. Pero este no es el caso con los negros; el comer carne humana es puramente un objeto para los sentidos como cualquier carne [...]. Teniendo en cuenta que los seres humanos son valorados en tan poco, es fácilmente explicable porqué la esclavitud es la relación legal básica en África. La única relacion significativa entre los negros y los europeos ha sido, y aún es, la de la esclavitud. Los negros no ven nada impropio en ella".
Y por su parte el admirado Inmanuel Kant (1724-1804) defendía convencido la hipótesis de la inferioridad de los africanos y su falta de capacidad intelectual y de civilización.
Todo lo cual posteriores investigaciones han demostrado ser falso. Más: todos los pueblos han practicado el canibalismo. Sacralizada de una u otra forma, la tendencia a alimentarse de congéneres no desapareció, ni con mucho, con la revolución del Neolítico, contra lo que hubiera sido de esperar. De hecho, la principal ceremonia de la religión imperante en España hunde sus raíces en esta antiquísima forma de aporte de proteínas, ofreciendo ahora en una versión incruenta la sangre y el cuerpo de Cristo —real y verdaderamente hombre— de manera harto simbolizada y sublime. Desactivado —en apariencia y por la vía sacra del monoteísmo— ese instinto puramente animal de devorar al prójimo y sobre el sólido principio de los excedentes que la revolución del Neolítico había conseguido producir, la sexualidad y su consecuencia directa, la reproducción, ambas intrínsecamente ligadas a la antropofagia y que de la otra manera se basaban en la ley del más fuerte, quedaban controladas por una élite que desde entonces pugna por administrarlas según sus particulares conveniencias y sus propios instintos de dominación.
Cuando en la Iglesia de Santiago aquella mañana dominical don Rodrigo de Cieza elevó la hostia pronunciando el mecánico e incomprensible latín que articulaba ostentosamente, no se dejaba de interpretar todo aquel acto como una ceremonia ligada a la sangre, y muchos de sus parroquianos asistentes al hincarse de rodillas como uno solo pensaron en el Alcalde Ordinario, queriéndolo ver como el ser sufriente que por puro amor les regía sacrificándose por ellos.
domingo, 1 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Los olvidados, 12q.
[...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...
-
(Viene de la entrada anterior) Vamos a documentar al siguiente hijo del masón castilllejano Eduardo Borges, Juan Borges Fe. Siendo segundo ...
-
Aparece un Comberger (sic) en documento de 1594 cuando doña Isabel Maldonado, madre de Juan Cromberger, reconoce al conde don Enrique de Gu...
-
Se cumplen estos días 400 años de la muerte de Cervantes http://400cervantes.es/ Estrechar la borbónica mano, blancuzca y viscosa, y marear...
No hay comentarios:
Publicar un comentario