sábado, 25 de abril de 2009

Los esclavos 41d

Tejida de la corteza del hamak*, se dice que fue Colón quien sustituyó las pétreas camas de los barcos por este apreciado e higiénico invento para dormir, ganando así un valiosísimo espacio que de la otra forma hubieran seguido ocupando los duros catres marineros. Nos estamos refiriendo a la hamaca. La hamaca, símbolo de la remota y profunda América, cuyo origen muchos coinciden en situar en el mundo maya, constituía para nuestro maltrecho Martin de Alfaro el refugio ideal donde aislarse en las interminables travesías oceánicas bajo las órdenes del capitán Hernán Cortes. Cangrejil en sus evoluciones para encaramarse a la mecedora porque sus heridas y traumatismos de guerra lo obligaban a desenvolverse con la característica torpeza y lentitud de este crustáceo, una vez cómodamente instalado solía, si la luz del cubículo era suficiente, intentar concentrarse en la lectura de algún libraco de viajes, pero por lo general acababa ensimismado en —músicas para él— los crujidos del navío y el batir suave del oleaje en su casco, placenteras nanas de monotonías que seguían con él mismo y con su espíritu un suave ritmo oscilante lleno de paz.
En el siglo XVI ilustraron la hamaca en sus escritos el portugués Pedro Vaz de Caminha y los españoles Gonzalo Fernandez de Oviedo y fray Bartolomé de las Casas —perteneciente a los De las Casas sevillanos de los que también formaba parte nuestro escribano Miguel—; este último, el fraile cronista, nos da una descripción muy completa del artefacto:

"...los que fueron de los navios a traer el agua dijeron al Almirante que habían estado en sus casas y que las tenían de dentro muy limpias y que sus camas y paramentos1 de casa eran como redes de algodón.
[...] estas llaman en esta Española hamacas, que son de hechuras de hondas, no tejidas como redes, los hilos atravezados, sino los hilos a la luenga, van sueltos, que pueden meter los dedos, tajados con otros hilos tupidos como randas2, muy bien artificiadas, de la hechura de los arneros3 que en Sevilla se hacen de esparto. Estas hamacas tienen un buen estado4 de cumplido o de largo, y a los cabos deste largo dejan, de los mismos hilos della muchas asas, y en cada una una braza de cada parte, y al cabo de todos ellos juntanse como en un puño, y deste puño de los postes de las casas los atan de ambas partes, y así quedan las hamacas en el aire y allí se echan, y como ellas sean las buenas de tres y cuatro varas y más en ancho, ábrenlas cuando se echan como abriríamos una honda que fuese muy grande, ponense atravesados como en sosquín5, y así sobra de la hamaca con que cobijarse y porque no hace frio alguno, bastanles. Para quien usa dormir en ellas cosa es descansada, son muy limpias y para los caminos, aun en Castilla los veranos, serían harto estimadas."

* Hamaca. Corominas lo hace proceder del taíno de Santo Domingo, enseña que quien primeramente documentó el término fue Fernandez de Enciso en 1519, y cita la crónica latina de Pedro M. de Angleria (1515) como testimonio de su origen haitiano. Dice que en la pronunciación actual de Cuba, Costa Rica, Honduras, Colombia y otros países tropicales, suena todavía jamaca, lo cual prueba que la h- era originariamente aspirada; añade que del español pasó el vocablo a todos los idiomas europeos (en la relación alemana de N. Federmann, años 1529-31, en la francesa del italiano Pigafetta, año 1519, etc.) y además que pronto extendieron los españoles nuestro dicho vocablo por todo el continente americano.

1.- Paramento. Adorno ù atavío con que se cubre alguna cosa. Latín, paratus. Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea, capítulo 7: "Al que se abasta ... una colcha de Bretaña, unos paramentos de farga, unas estéras de Murcia ... y una moza que le ponga la olla". Francisco de Quevedo, Las Musas, 6: Jaques desembarazado / el estómago y el pecho, / daba mil tiernos abrazos / à un banco y à un paramento.
Llamanse particularmente assi las sobrecubiertas ò mantillas de los caballos. DICCIONARIO DE AUTORIDADES.

2.- Randa. Guarnición de encaje con que se adornan los vestidos, la ropa blanca y otras cosas. RAE.

3.- Harnero. Quasi harinero, aunque este nombre se ha estendido a sinificar las crivas con que se limpian el trigo, la cevada y la paja. Bien se vee que tomó el nombre de la harina; pero éste ya le perdió, porque se le dieron al çedaço, o sea de cerdas o sea de toca, que es el más ordinario. Vide çedaço. Hazer a un hombre un harnero, es darle muchas puñaladas, que también dezimos hazerle una criva. TESORO DE LA LENGUA CASTELLANA.

4.- Estado. Es cierta medida, de la estatura de un hombre, y miden por estados las paredes de cantería, y entre ellos ay estados comunes que hazen tantos pies, y estados o tapias reales que son mayores. La profundidad de poços o de otra cosa honda, se mide por estados. TESORO DE LA LENGUA CASTELLANA.

5.- En o de sosquín (locución adverbial). De través. RAE.

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