Y ahora nos corresponde conocer el desenlace de la trifulca por los vertidos de lía en plena Calle Real, episodio que habíamos dejado en suspenso tras la declaración de Rodrigo Franco en "Los esclavos 36".
Pero antes permítasenos añadir, a riesgo de abusar de la paciencia del lector, una nota sobre su célebre hermano el médico Francisco Franco. Además del "Tratado de la nieve" escribió el "Libro de las enfermedades contagiosas", créese que inspirado en su estancia en Écija al tiempo de una fuerte epidemia. De esta obra extraemos un párrafo que evidencia lo que el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada refirió en su "Historia de Sevilla" como cristianismo sociológico*, aunque nos tomamos la libertad de corregirlo por cristianismo político. Vamos a él:
[...] Y esta mala calidad, es cierto auerla en las pestilencias, demanera que quatro grados de calor son de grande efficacia, para traer à si la sangre para fauor y socorro de las partes interiores, pues aql poco calor las pone en aprieto en las enfermedades pestilenciales: lasquales como sean veneno, derechamente van al coraçon: y con el tienen su pendencia, como con parte mas principal: de quanta fuerça sea el veneno, que para en parte principal vimos lo aqui en Seuilla, en vn caso notable que acaescio a vna señora monja, en el insigne monesterio de Sancta Maria de las Dueñas: la qual se llamaua Doña Francisca de Montaluo: la qual estaua enferma: y el phisico de aquella casa mandola sangrar a la visita de la mañana, y la sangria difiriose para la tarde de vno de los braços, à tiempo que le auia abaxado su regla, hizo tan gran reuulsion, que dentro de pocas horas acabo la vida con muy grandes vascas: y la causa desta muerte tan breue fue que, la sangre menstrual la qual (segun todos) es veneno, pues si vn perro la gusta, en la misma hora le da mal de rauia1: como dize Plinio, arrebatada arriba para el coraçon: y subitamente se resoluio el spiritu vital. Es tan dañoso subirle la sangre menstrual a las partes altas y principales. De quanta vtilidad es abaxar al tiempo de alguna gran necesidad (como dize Hyppocrates) que de las mugeres aquellas se libraron en la constitucion pestilencias à las quales en aquel tiempo les abaxo su regla: y cierto a ellas les es vn remedio natural: porque muchas vezes veemos que estan muy fatigadas, y con grandes accidentes que suelen poner las enfermedades de las mugeres, en mucho trabajo y cuydado à los phisicos por mas estirados que sean: y con abaxarles su regla todo queda remediado: y por esta causa Galeno llama al fluxo menstrual [...].
1.- Se creía que para curar la mordedura de un perro bastaba con aplicar sobre la herida un pelluzgón de pelo del perro en cuestión.
Asociamos el "Libro de las enfermedades contagiosas" con el cristianismo político por razones obvias, patentes incluso hasta hoy en la ideología de la doctrina cristiana. A la sociedad del Siglo de Oro se le ofrecían desde el poder dos alternativas radicales: o aceptaba el dogma de la pureza de la madre de Cristo o caía intoxicada como si de canes se tratase, habida cuenta de la "terrorífica" puerta de salida al mundo que Dios le había impuesto a cada uno de sus individuos. Y aquí juega un papel fundamental el sacramento del bautismo como rito de limpieza y purificación, como llave de vida cuya administración y usufructo pertenecían a los detentadores del poder. Que para los escolásticos la religión era la ideología básica para explicar no solamente la razón de ser histórica, sino la científica, queda también manifiesto en la postura de los físicos de entonces, como Francisco Franco, quienes a poco que hubieran observado el comportamiento de perros con acceso a fluidos menstruales deberían de haber salido de su nefasto —para las mujeres en especial— error. Pero tan aberrante presentación favorecía el estatus de la Inmaculada y se convertía así en otra de las herramientas de tortura, en este caso psicológica, con la que aterrorizar a las masas, en persecución del inconfesable y despreciable objetivo de lograr su completo control.
En su página critico-satírica de The Olive Press, nº 27 de la Western Edition, Maximilian Bartie sintetiza con exactitud las intenciones de aquellos (que son estos en muchos aspectos) dirigentes y teóricos sociales:
The fact that, like parliamentary statutes, holy rule books have always been used to control the people and centralise power is blindingly obvious to anyone with an IQ a smidge higher than that of kelp. Unfortunately there are many, multitudes, who would not pass this most elementary of tests.
* La sociedad del XVI no era especialmente creyente o, mejor dicho, no lo era en absoluto ni podía serlo en modo alguno. El hombre medio, normal, se desenvolvía entre dudas y escepticismo en todos los ámbitos existenciales, tal como hoy se desenvuelve. Tan sólo las personas anormales, en cuanto excesivamente presionadas quizá, acaso atemorizadas por especiales circunstancias, puede que ambiciosas, o engañadas, incluso psicóticas o con demasiado afán de protagonismo, hacían, y siguen haciendo, semejantes alardes patológicos de fe y creencias, con sus estrambóticos y en muchas ocasiones peligrosos correlatos conductuales. Ladero Quesada se hace eco de ellos achacando a la sociedad bajomedieval y moderna en su conjunto unas certidumbres que sólo en base a formulas documentales vacías de contenido o a mascaradas y festejos con origenes precristianos se pueden mantener.
martes, 28 de abril de 2009
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