domingo, 26 de abril de 2009

Los esclavos 41k

Era muy respetado en el pueblo, rodeado por la aureola famosa de los antiguos guerreros como si de una sagrada coraza se tratase, y por esta u otra razón no se le conocieron pleitos vecinales. Aunque en cierta ocasión estuviera al borde de uno de ellos con el alcabalero del Conde, no existen datos fehacientes sobre los que involucrarlo.
Se originó el asunto porque a nuestro hombre le hacía falta un jumento para cargas y trabajo en general en sus viñas, y el anciano indagó aquí y allá acerca de algún animal apropiado con vistas a su adquisición. En el mismo mesón le habló un vecino de Camas, Francisco Jimenez, sobre el tema de su interés:
—Señor Martín, sepa vuestra merced que mi compadre Pedro tiene lo que busca.
El viejo conquistador se acercó a la mesa del cameño con parsimonia, bamboleándose a un lado hacia adelante por efecto de las fracturas de su pierna.
—No lo dudo, viniendo esas palabras de quien viene. Tómate un jarro que invita la casa, y hablemos si lo estimas conveniente.
Se sentó con él, y prestó atención a cuanto le decía.
El otro compadre, dueño del burro, era Pedro Sanchez Vanegas, y según supo, había recientemente comprado el animal por 10 ducados en la feria de Santiponce; pero había un pero: lo había hecho sin pagar la correspondiente alcábala, impuesto sobre cualquier compraventa que se cobraba en nombre de don Pedro de Guzmán, conde de Olivares. Eso suponía un serio inconveniente, y así se lo expuso el de Camas, innecesariamente por otra parte, puesto que Martin conocía perfectamente la aplicación y el alcance de semejantes leyes. Pese a todo y en contra de su costumbre el conquistador transigió, con la franca intención de que luego podría arreglar el asunto con el alcabalero, oficio que este año recaía en Íñigo Ortiz de Juan Guren, cuyo padre Diego Ortiz de Juan Guren y él tenían gran amistad*.
De forma que instó al intermediario Jimenez a traer a Pedro Sanchez para concertar la compra, y al poco rato éste hablaba con el viejo mesonero en la puerta de su establecimiento; una vez acordado el negocio, Pedro Sanches Vanegas fué a su casa por el animal. Íñigo, enterado de la fraudulenta operación, empezó a atacar la parte más débil y demandó a Pedro Sanchez Vanegas por vender por valor de 30 ducados, el del asno entre ellos, pero no obtuvo mucho resultado. Hasta varias semanas después.
El lunes 2 de noviembre de 1551 solicitó al Alcalde Ordinario que declarara a Pedro en primera rebeldía. Esta vez el demandado acudió a declarar, y a la acusación de haber vendido un burro a Martin de Alfaro por 10 ducados y medio sin pagar alcábala respondió negándolo rotundamente. Dijo que era verdad que había vendido el cuadrúpedo a Martin de Alfaro, y dijo que hizo con él el concierto estando con el animal en las puertas del mesón en la Calle Real, que Martin de Alfaro le había dicho que lo quería ver, y él fué a su casa y lo trajo hasta su puerta, pero que no habían hablado de precio hasta después. Acerca de este pleito declaró el tabernero Pedro de Miranda, vecino del Camino Real, de 55 años de edad y presentado por el alcabalero Íñigo Ortiz. Dijo conocer a las dos partes desde 3 años a esta parte, y que sabía que Pedro había vendido el asno a Martin porque hacía dos meses poco más o menos, estando en la puerta del mesón, había oído decirle Martin de Alfaro a Pedro Sanchez que se había enterado de que había comprado un burro por 10 ducados y que él le daba eso y 3 reales de ganancia si se lo revendía. El testigo vió que se concertaron y que de inmediato Pedro Sanchez Vanegas trajo el jumento.
El otro testigo llamado a declarar fue el intermediario de Camas, que incidió en que Pedro accedió a vender el animal a Martin porque él, como su compadre que era, le insistió rogándole encarecidamente que lo hiciera.

* Sobre los Ortiz de Juan Guren, ver "Bocetos del siglo XVI, 5".

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Los olvidados, 12q.

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