E luego incontinenti [27 de marzo] Yo el escribano notifiqué y hise saver lo probeído en el auto y Diligencia anteriores a Bartolome Lopez y Pedro Moreno por lo que a cada uno delos susodichos toca en sus personas, y enterados de lo que se les manda dijeron que están prontos a ejecutarlo según y como se prebiene en la Diligencia y auto antezedente, y esto respondieron, y no firmaron porque dijeron no saver. Doy fee. Geronimo Lopez Lozano.
Testimonio de la fianza. Doy fee que ante mí y sufiziente número de testigos¹ Pedro Moreno, vezino de esta villa y Alguacil menor de ella otorgó fianza de cársel segura y de pagar a lo Juzgado y sentenciado en esta causa según y como está mandado por el auto y diligencia de este día, obligándose también a poner en la Cárcel pública de esta villa a Bartolome Lopez, reo de esta Causa, luego que se halle aliviado de la enfermedad que padece, a cuio fin obligó su persona y bienes con las demás Cláusulas y circunstancias prebenidas por derecho que más ajustadamente constan y se expresan en la dicha fianza cuio original consta en el Rexistro de escrituras públicas de la escribanía de mi cargo² a que me refiero y en consecuencia de lo mandado por el referido auto y Diligencia pongo el presente en Castilleja de la Cuesta a veinte y siete³ de marzo de mil y setecientos y treinta y siete años. Geronimo Lopez Lozano.
(1) Lo cual no hace sino añadir más sombras sospechosas a la actuación, ya que no firma el testimonio ninguno de ellos.
(2) Y aquí vemos que este documento es un extracto, una copia del "original que consta en el Rexistro...". Es decir, que don Geronimo Lopez Lozano escamotea al querellante en los autos de la causa un escrito esencial, y así se constituye en encubridor de los apaños para librar a Bartolome Lopez de Pineda de sus culpas. Bien es verdad que especifica que el testimonio completo se encuentra en su Registro, pero... ¿porqué en este caso sí y en los demás no? ¿para complicar y desorientar en sus pedimentos al padre del agredido?
(3) También resulta poco creíble la fecha. En el capítulo anterior (Documentos 11) hemos visto que este día ya anochecido visitaron a Bartolome, enfermo con fiebre. Es improbable que continuaran con las diligencias siendo tan tarde como era, y que además hicieran copias y las registraran.
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En efecto, don Geronimo Lozano ya tenía sus directrices señaladas. Este mismo miércoles 27 por la mañana tras desayunar salía temprano a dar un paseo, a lomos de su caballo, antes de iniciar su jornada de pluma y tintero. Pasó bajo el arco norte de la Plaza y enfiló la calle de Enmedio mientras el sol se elevaba radiante tras él. Desde este punto se fijó en un rastro carmesí, fresco todavía en el suelo terrizo. Sabía a qué era debido. Le indicaba que se iniciaba el tercer día de la semana. Las gentes se disponían a sus quehaceres rutinarios y, en la puerta de la "Carnicería de Arriba", entre varias mujerucas clientes de primera hora había un carro de mulas del que unos mozos de vestimentas enrojecidas descargaban entre risotadas y bromas dos cerdos degollados, enormes y blancuzcos; los animales chorreaban todavía, desde que salieron del matadero de Tomares al despuntar el día, abundante sangre, que cubría el suelo de la caja del vehículo y goteaba por sus rendijas, formando una extensa mancha en la calle. Una nube de moscas se dejaba sentir en la desagradable escena. Geronimo evitó que su montura se manchase los cascos con el gran charco de viscoso líquido desviándose hacia el lado opuesto. Por fin salió al pago de Las Escaleras, e hizo trotar al caballo entre un arbolado de frondosas higueras que esparcían por el ambiente su aroma; había a uno y otro lado cierto movimiento de trabajadores, y cuando llegó al extremo occidental del término de la villa oteó los olivares ginecinos del Pino Franco un momento, sobre cuyos horizontes se amontonaban como inaccesible cordillera unas columnas de blanquísimas nubes, quizá las últimas de la temporada, y volvió sobre sus pasos, pensando en la explosión floral de una primavera que ya se dejaba apreciar. Entonces se encontró en la hijuela con Cristobal de Aguilar, envarado con su distintivo de mando y acompañado del cirujano Vizaño, quienes caminaban con la misma intención de solaz matutino, disfrutando de un sol débil que calentaba agradablemente sus espaldas.
Tras los saludos acostumbrados, Cristobal lo miró fijamente a uno de sus camaleónicos ojos, y haciendo un gesto vago con una mano mientras que con la otra daba palmaditas tranquilizantes al caballo en el terso cuello le dijo, en tono entre imperativo e interrogador:
—Vamos a dar larga a lo de Juan, ¿le parece?
domingo, 21 de septiembre de 2008
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2 comentarios:
Halaaaaa
tanto trabajo para esto...
no me digas que le van a dar larga...
vaya plan...
qué bien explicado.
Como siempre, me imagino a Don Gerónimo en sus paseos matutinos a caballo...
como siempre , me llevas de la mano a tiempos pasados.
Un beso para ti y otro para Cisco.
He leído la perrera y ya sé de él.
Que se acabó el agua.
Jeje.
Abrazos.
Reyes, todo el mundo sacó tajada de los vergajazos a Antonio Negrón. Desde los mozos del embargo hasta el escribano, que se cuidaba muy bien de anotar los reales que costaban cada auto y cada diligencia (de diez o doce líneas de escritura).
A Cisco tendré que buscarle refrigeración de otro tipo para el verano próximo.
Un beso.
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