jueves, 18 de septiembre de 2008

Documentación (8)

Auto. En la villa de Castilleja de la Cuesta en el mencionado día, mes y año dichos [lunes 25 de marzo de 1737] Su Merced el Señor Cristobal de Aguilar, Theniente de Gobernador de esta dicha villa y Juez de la Causa, haviéndola visto y la culpa que de ella resulta contra Bartolome Lopez de Pineda, vecino de esta villa, Mandó se prenda al susodicho en la Cárzel pública de ella y embarguen sus bienes, y no pudiendo ser havido (1) para su efecto se despache Requisitoria de Guía (2) para su prisión, y asimismo mandó se prosiga la sumaria de esta Causa, y por este su auto así lo proveió, mandó y señaló. Señal del Señor Theniente Cristoval + de Aguilar. Geronimo Lozano.

(1) Extraño en demasía resultan las desapariciones de los dos testigos y la del acusado, personas archiconocidas en el pueblo; aunque la de este último en menor medida, porque a juzgar por la documentación judicial que obra en los diversos archivos con contenido castillejano a los que nos ha sido posible acceder, —fuentes primarias de estas crónicas—, era una constante que la reacción de un señalado por el dedo de la ley fuera la de desvanecerse en el aire al menos durante una semana posterior al auto de prisión, comportamiento que bien pudiera achacarse a las duras condiciones de la Cárcel Pública y a la dilatación que sufría el desarrollo de las causas, dilatación que se traducía en días tras las rejas para el considerado culpable de una falta o de un delito.
Más, en este caso en concreto, permítasenos sospechar de alguna connivencia entre testigos huidos y agresor, e incluso añadir al supuesto complot a los alguaciles y a la Justicia local, lo cual en base al posterior desenvolvimiento del asunto no resulta ilógico en exceso, como se ira comprobando. También podían haberse filtrado las decisiones del Juez, o haberlas filtrado él mismo ¿porqué no? antes de que fuesen formalizadas en escrituras, permitiendo a Bartolome estar sobreaviso y actuar en consecuencia. Por otro lado somete a dura prueba nuestro bienintencionado malpensar la movilidad de muchos jornaleros, que veíanse obligados a realizar continuos desplazamientos instados por las ofertas de trabajo y la eventualidad de los mismos, efectuados por lo general en términos vecinos al del pueblo, de tal manera que Fernando Hurtado y Joseph Carbonero, los otros dos testigos mencionados en las declaraciones, muy bien podrían haber salido por la tarde o al día siguiente al de los hechos, contratados por algún capataz de cortijo cercano para labores que solían prolongarse bastantes días.

(2) Una Requisitoria de Guía significaba un toque de alarma general en toda la comarca. Eran pedimentos oficiales que se cursaba con enorme prontitud, y que ponían en alerta en un máximo de veinticuatro horas a todas las fuerzas de los pueblos a los que iba dirigida, constituyendo así una especie de red que se cerraba para cualquiera señalado como prófugo por alguna instancia. En las copias que recibía cada Capitular de cada pueblo vecino, y aun el de la capital, constaba detallada descripción física del buscado, para el que se convertía el terreno en una trampa sin salida. Por lo general dicho buscado se entregaba presa del agotamiento, o acababa siendo capturado en alguna localidad aledaña, ya que las características del denso despliegue de alguaciles con el incondicional apoyo de todos los habitantes de la comarca, convertidos en policías paralelos, le imposibilitaban la supervivencia.
En los próximos capítulos veremos que Bartolome Lopez disponía de muchos y, en cierta forma, importantes protectores, por lo que podemos imaginar sin pecar de descabellados que no salió de Castilleja, y que además estuvo rodeado durante su ocultamiento de abundantes comodidades. En otro caso hubiérase visto obligado a vivir como un animal salvaje, en completa inmovilidad entre cualquier mancha de matorrales a lo largo del día y acercándose al amparo de la oscuridad nocturna a hogares de confianza para mendigar de la conmiseración de algún allegado un poco de pan, con la angustia añadida de ser víctima de un chantaje o de una delación.

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