domingo, 14 de septiembre de 2008

Documentación (3)

El día, mes y año dichos el Señor Teniente, en cumplimiento de la cabeza de proceso y acompañado de mí el escribano pasó a las casas en que en esta villa vive Juan Negrón, vecino de ella, en las que estando y en un cuarto de ella se halló en una cama a un muchacho que dijo llamarse Antonio Negron y ser hijo del dicho Juan Negron, y del cual Su Merced por ante mí el escribano recibió juramento a Dios y a una Cruz según forma de Derecho, y el referido lo hizo, y so cargo de él prometió decir verdad, y siendo preguntado dijo tiene diferentes golpes en su cuerpo y cabeza, y que se los dió Bartolome Lopez de Pineda, vecino de esta villa, en el sitio de Las Escaleras, término de esta villa, en donde lo encontró al dicho Bartolome Lopez, a quien sin decirle palabra ni agraviante en cosa alguna cogió al que declara por un brazo y tiró contra el suelo, y con una zepa que traía en la mano el que declara, que venía con una carga de sarmientos, le dió cinco o seis golpes en la espalda y cabeza de que le maltrató y lastimó de suerte que de los golpes en la espalda le saltó la sangre, después de lo cual dijo al declarante: "anda, que a tí y al pícaro de tu padre os tengo que matar", y todo lo cual vió Agustin de los Santos Caro (1), vecino de esta villa, y otros diferentes de la de Xines a los que el que declara no conoció, y que lo que lleva dicho dijo ser la verdad so cargo del juramento que fecho tiene; no firmó porque dijo no saber, y que es de edad de más de catorce años; y Su Merced lo señaló.
Continúa en Documentación 4.




(1) Hermano de Sebastian, en cuya compañía protagoniza el episodio que abre esta historia (véase Las Escaleras I y siguientes). Tenía su casa con fachada a la calle Real, entre la hacienda de San Ignacio y la bocacalle de Juan de Oyega, y en su corral albergaba varias carretas y los bueyes de tiro, en un establo por cuyas bardas se asomaban al dicho pago de Las Escaleras.



El historiador hunde la cabeza entre los legajos, los documentos, los libros; desaparece la habitación, la casa, el pueblo a la vez que se abre como una ventana resplandeciente de luces y colores nuevos en cada página. De pronto, el historiador está en una localidad dieciochesca, que al pronto le parece desconocida, y se siente desamparado, lleno de temor. Hay calles irregulares, de piso de tierra rojiza, a las que se asoman huecos de puertas estrechos y oscuros donde vibra la negrura. Pronto aparecen personajes que miran al historiador con curiosidad, con recelo, con odio. Son grandes, violentos al principio, y hablan entre ellos con desconfianza del extraño ser que ha llegado del futuro. El historiador empieza a reconocer ademanes, miradas, movimientos. Sí, ahora está seguro. Son los de sus hermanos, los de sus padres, los de sus vecinos. Está en Castilleja de la Cuesta. Su miedo da paso tímidamente a una oleada de ternura, de paz. Está con los suyos, con las formas, las voces y aromas de sus ancestros. No cree necesario tener que darse a conocer porque piensa que su propia piel, su cara, su andar son las mejores tarjetas de visita. Tienen que reconocerlo como otro de los suyos, no hace falta hablar, huelgan las explicaciones. Tienen que quererlo, tienen que amarlo. Un perro se le acerca y le olisquea los zapatos. El historiador se percibe más completo ahora, y más completador, como si fuera una pieza necesaria en aquel ambiente de limpios cromatismos, de puras sonoridades. "¡¡Soy yoooooo... soy yoooooo!!" grita el historiador, emocionado, resucitado entre resucitados, amado y amante entre amantes y amados. El pueblo es como un estuche de cristal donde encaja con perfección su alma. Es un regalo que le estaba predestinado engastado en las lomas aljarafeñas .


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Suena el instante como un campanazo, cae el presente como una losa de piedra que aplastara lo ancho y lo alto del mundo, el tiempo frena su delicioso transcurrir con un chirrido escalofriante, ladra un perro con insistencia dejando grandes intervalos como si dialogara con el silencio de la tarde. El historiador despierta sobre la almohada de papeles. Somnolencia, aturdimiento, maravilloso sopor, rapto. Pero el perro de la realidad es el perro del sueño.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho.
Después de leerte a ti no hace falta el acelerador de partículas ni nada de eso.
Eres un genio.
...
Oye
qué te parece si escribimos juntos una novela histórica??
Hay un concurso grande de ese género,
con tu talento y trabajo documentalista y mis tintas cargadas en lo argumental,
seguro que ganamos.
:....
Tienes razón ,
no es una propuesta justa .
Tú puedes hacerlo solo.
Vale,
sólo fue una idea alocada.
Enhorabuena otra vez.

Antonio dijo...

No sabes muy bien con el vago perro que estás tratando, Reyes. Seguro que a los tres días abandonas la empresa, hastiada de mi desidia y flojera.
Fíjate si me gusta poco trabajar que de chiquillo iba a la escuela llorando porque mi madre no quería llevarme la cartera.
Un beso.

Anónimo dijo...

jO aNTONIO
NADIE LO DIRÍA...
CON LOS LOTES DE ESCRIBIR QUE TE METES...
Pero bueno, si hacemos un concurso de flojos gano yo, seguro.
jeje.
Un besito.

Antonio dijo...

En ese sentido estamos hechos el uno para el otro.

Anónimo dijo...

jajajajaja

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...