lunes, 15 de septiembre de 2008

Documentación (6)

Declaración de Agustin de los Santos. En la villa de Castilleja de la Cuesta en veinte y quatro de Marzo de mil setecientos treinta y siete años Juan Negron, vecino de esta villa, por la información que tiene ofrecida y está mandada dar, presentó por testigo a Agustin de los Santos, vecino de esta villa, del cual Su Merced por ante mí el escribano recibió Juramento por Dios y una señal de la Cruz en forma de Derecho, el cual lo hizo y prometió decir verdad, y siendo preguntado por el Theniente de la cabeza de proceso, dijo que lo que save y puede decir es que Ayer veinte y tres del que corre estando el que declara en un corral que tiene en las Casas de su morada dando de comer a sus bueyes (1), que linda con un sembrado de el dicho en el sitio que llaman Las Escaleras, oyó llorar y bocear un muchacho y por parecerle sería que Bartolome Lopez castigaba a algún hijo suyo estubo el que declara quieto. Y oyendo asimismo boces se asomó por las bardas (2) de dicho corral, y vió que Antonio Negron salía huiendo de dicho sembrado hacia esta villa, y dando muchos gritos y que le seguía como para alcansarle el contenido Bartolome Lopez, pero no lo alcansó ni sabe el que declara si el dicho Bartolome fue quien maltrató al expresado Antonio Negron, porque no lo oyó ni vió hacerle alguna cosa más de lo que deja dicho, que todo dijo ser la Verdad so cargo de su Juramento. No firmó porque dijo no saver, y que es de edad de más de treinta años, y dicho Señor Theniente lo señaló. Señal + del Theniente. Geronimo Lozano.
Continúa en Documentación 7.


(1)   Entre estos ungulados se encontraba el que luego enloquecería, convirtiéndose en el terror de la comarca y dando lugar a los hechos que se refieren en los primeros capítulos de esta crónica (Las Escaleras I y siguientes). El lenguaje de los boyeros era característico y particular, plagado de blasfemias y groserías de las que, dada la tolerancia hacia ellos en una sociedad cuyos bienes se movían en carretas, fanfarroneaban alardeando con ostentación en todo tiempo y lugar sin que nadie hiciese nada por evitarlo. Lo primero que enseñaban a sus bueyes era a marchar adelante, recular, y torcer a la derecha e izquierda, utilizando simples interjecciones estandarizadas en amplias regiones. Antes de los cuatro años de edad se castraba a los machos, con lo que se conseguía que se desarrollasen en tamaño y adquiriesen docilidad; luego, un entrenamiento continuado los dotaba de poderosa musculatura; durante el crecimiento de uno de estos animales tenían que cambiarle de tamaño de yugo una decena de veces. Bartolome alimentaba a sus bueyes con alfalfa henificada adquirida en el mercado de la sevillana plaza del mismo nombre (Plaza de la Alfalfa), pero este año de 1737, debido a los altos precios que había alcanzado la alimenticia planta debido a una plaga de pulgones* se limitaba a cortar forraje común de los alrededores a golpe de guadaña, que mezclaba con maíz y avena en los pesebres.

*   Pulgones (Acyrtosiphon pisum, Aphis medicaginis, A. laburni, Terioaphis maculata, T. trifoli). Animáculos chupadores, de forma esférica, que se alimentan de la savia mientras expulsan toxinas que matan los tejidos circundantes. Además segregan una sustancia rica en azúcares que, en película sobre las hojas, forma un idóneo caldo de cultivo para hongos que termina por alterar el sabor de las plantas, haciéndolas desagradables para el ganado.



(2)  RAE. Segunda acepción, barda: f. Cubierta de sarmientos, paja, espinos o broza, que se pone, asegurada con tierra o piedras, sobre las tapias de los corrales, huertas y heredades, para su resguardo.
    
 Las bardas del corral de Bartolome eran modélicas, hechas a conciencia, formadas con la experiencia de varias generaciones. Anchas, espesas, de tan considerable altura que para mirar el sembrado por encima de ellas tenía que subirse al borde de uno de los pesebres, estaban constituídas por una madeja inextricable de zarzas de blancas púas largas, trufada de hirientes pencas secas de chumberas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No sé, pero tu literatura me parece una joya refinadísima.
Valoro mucho más lo que yo no puedo hacer , ni por información ni por talento, y entre estas cosas está el relato histórico novelado, que tú bordas.
Cómo puedes decir que eres flojo, cuando derramas este elixir tan generoso de esta manera, que ya da para un libro sobradamente.
No sé, Antonio.
Pero disfruto de cada capítulo intensamente , y me da pena que se pierda ,
o que sólo lo podamos leer unos cuantos.
Bueno, como lujo está bien.
Un beso grande, y sigo.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...