sábado, 27 de septiembre de 2008

Documentación (13b)

El parentesco entre don Antonio de Narváez y los Oyega se explica en el testamento del hermano de Bartolome, el notario apostólico Jose de Oyega, redactado el 12 de febrero de 1780, que en sus líneas generales dice:
Testamento de Jose de Oyega, mayor en días, de la collación de Santiago, hijo de Juan y de doña María de Acauso-Husillo1 de Carmona, ya difuntos. Estando algo enfermo formaliza este testamento. Desea ser enterrado en la iglesia de Santiago, con Cruz alta y hábito de San Francisco. Encarga diez misas por su primera mujer, doña Isabel Eusebia Monge, y cuatro misas por los padres de dicha Isabel. Y seis misas: una por el ánima de Juana Sor de la Asunción y una por Maria Sor de la Soledad, religiosas profesas que fueron del Convento de Santa Maria de Gracia en Sevilla2; una por Juan de Oyega; una por Bartolome de Oyega; una por Pedro Oyega y una por el ánima de fray Antonio de Oyega, su hermano religioso en el Convento de San Francisco de Castilleja de la Cuesta3, y los demás que quedan dichos. Dijo haber estado casado hacía cincuenta y seis años con la dicha Isabel Eusebia Monge, natural de San Juan de Aznalfarache, hija de Salvador Monge, natural de Dos Hermanas, y de doña Ignacia Jacobina Narváez, natural de Triana4, los dos vecinos de Triana. Para casarse la sacó por el Juez de la Iglesia5 por lo que no trajo dote, solo doscientos ducados en dos pergaminos, que se gastaron en la saca y en socorrer algunas necesidades. Y después de muerto dicho Salvador, su padre, se hizo partición de bienes entre Francisco, Maria, Manuel, Juan y la dicha su mujer y Anica Monge, de estado honesto, ante Juan de las Cuevas en 1730, tocándole a su mujer diversos bienes, los que se dieron con consentimiento de su hermana Ana, y le tocó una casa frente de las Murallas, Puerta de las Cadenas, calle de Arriba en dicho lugar6, linde con casas de la Botigería y con casas que tocaron a dicho Manuel Monge. Y habiendo fallecido su mujer el 4 de diciembre de 1757, al contraer el otorgante segundas nupcias, a excepción de tres o cuatro alhajas que se vendieron, lo demás lo repartió entre Ignacia Monge y Maria Monge, su hermana, y su hermano Juan Monge, sobrinos de la dicha su mujer difunta, por haberlos criado de poco más de tres o cuatro años7, con los cuales dichos bienes tienen los dichos adornadas sus casas. Declara que la casa que tocó a su mujer se le dió al dicho Manuel Monge, por escritura que otorgaron él y su mujer ante Carlos de Silva, escribano en el oficio público de La Campana, en Sevilla8, de cuya venta dejó a deber 100 reales de vellón, la que manda se le cobre a los herederos del dicho Manuel. Declara que tiene de la susodicha un arca grande que vale 180 reales; una batea de tabla, 4 reales; una lámina de la Trinidad, de la que solo quedaba el lienzo y a la que le colocó él la muldura, 12 reales; un almirez, 15 reales; un colchón, cobertor, sábanas y dos almohadas ya raídas, 8 pesos9.
(Continúa en Documentación 13c).

(1) Acauso-Husillo. El apellido de la madre del testador aparece con esta forma alguna vez.
(2) Con toda probabilidad sobrinas suyas, o quizá hermanas de su difunta mujer.
(3) Del franciscano de Castilleja fray Antonio de Oyega daremos cumplida información.
(4) Doña Ignacia Jacobina de Narváez, he aquí el enlace que liga al médico Antonio de Narváez con los Oyega.
(5) Porque sus padres se oponían al matrimonio y la mantenían encerrada; en estos casos los novios recurrían a la autoridad eclesiástica, que tenía poder para liberar a la novia del encierro.
(6) El actual Pasaje de Las Cadenas, que desemboca en el callejón del Agua, paralelo a las murallas del Alcázar sevillano.
(7) Estos tres niños, sobrinos políticos del testador, se criaron por lo tanto en la calle de Juan de Oyega en Castilleja.
(8) En La Campana se congregaban las oficinas de los escribanos, junto a gran cantidad de tabernas y casas de hospedaje. Era uno de los lugares más animados de la capital dieciochesca.
(9) La miseria económica de Jose de Oyega se echa de ver en el raquítico inventario: una lámina a la que le falta la moldura, almohadas raídas...  
Peso (moneda): aunque el Diccionario de Autoridades (1737) nos habla de una moneda castellana de plata del peso de una onza, de valor de ocho reales de plata, y de pesos gruesos, los que valían diez según una nueva Pragmática, el Diccionario de la Real Academia (2001) dice solo que era una moneda imaginaria que en el uso común se suponía valer quince reales de vellón.

5 comentarios:

Haideé Iglesias dijo...

Ahora que leo esto sobre recurrir a lo eclisiastico para poder sacar del encierro a la novia, me acuerdo de un caso en mi pueblo, bastante más drastica la postura del novio. Este hombre secuertro a la que luego sería su mujer y la tuvo encerrada en un horreo varios meses hasta que los padres consintieron en que se casara con ella. Todo este tinglado se descubrió cuando en una de sus muchas acciones deshonestas, cometió un error que llevó a la guardia civil a invertigar, el caso fue un pariente cercano a mi, fue asesinado por este hombre para robarle el dinero cobrado ese día de la pensión. Todo un personaje,si.
Abrazo desde la Asturias pintoresca, pero no secuestrando, jejeje...

Antonio dijo...

Una vez en la corriente del delito, un hecho trae otro. Necesitaba dinero, y recurrió a la forma más condenable para conseguirlo. Tu pariente pagó con su vida el amor enfermizo de un desquiciado.

En el caso de Jose de Oyega, probablemente los padres de ella se dieron cuenta de que el pretendiente era un don nadie y por eso la encerraron. Pero al ser la muchacha mayor de edad, la Iglesia podía intervenir y obligarlos a liberarla. Luego de ello se disponía que fuese acogida en una "casa honrada" (elegida por la misma autoridad eclesiástica entre algún vecino o conocido de la familia) durante el tiempo necesario —en ocasiones varios meses— hasta que se celebraba la boda.

Abrazos; fuertes pero también en libertad.

Anónimo dijo...

Precioso e inquietante texto,
como siempre,
tu labor me abre los ojos sobre esas realidades pasadas.
Cuando yo estire la pata, si esto sigue así, voy a dejar chico el inventario de las almohadas raídas.
jajaja.
y por cierto , cómo me gustaría recrear una novela en el XVIII sevillano.
Tu pincelada sobre la Campana me hizo pensar en ello.
Un beso grande.

Antonio dijo...

No es mal sitio para empezar. Ya te veo sentadita con tu bloc y tu bolígrafo, imaginando la vida campanera del XVIII.
Ánimo, que tú vales, Reyes. Escribir sobre esa disciplina tan arrebatadora que es la historia te hará viajar y perderte por recovecos inverosímiles de geografías urbanas y de pasiones humanas.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Querido Antonio;
Sé que tengo cierto talento, pero soy mu floja.
Con todo, espero tiempos mejores , de más disciplina y sentido común.
Un beso.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...