El bandolerismo en la primera mitad del siglo XVIII había alcanzado cotas de verdadera epidemia, y en Andalucía, con la miseria que obligaba a las masas de jornaleros a buscarse afanosamente la vida, se ponía estrepitosamente de manifiesto.
"Uvita", jefe de una partida que atemorizaba a los propietarios y viajeros del Aljarafe occidental, es un personaje poco definido documentalmente, hasta el punto de que parecen existir dos personas con el mismo apodo, a quienes algunos autores consideran padre e hijo. Con certeza sabemos que el que asaltó a Jose de Torres habitaba en Gines, localidad donde había nacido y donde habíase casado con una mujer que, en un futuro, aparecerá en nuestra crónica protagonizando un escándalo en la calle Real de Castilleja de la Cuesta. Al parecer, sobre el padre recayeron muchos de los criminales hechos cometidos por el hijo, pero es acreedora de toda certeza la circunstancia de que contaban con una amplia red de apoyo, y con el estímulo de la desidia de unas Justicias impasibles y apoltronadas, cuando no partícipes directas de los botines rapiñados.
Los hombres de "Uvita" actuaban con preferencia en el Camino Real de Portugal, adentrándose en profundidad en la provincia de Huelva para volver a sus escondites en el triángulo Salteras, Gines y Espartinas con el producto de sus robos: relojes y joyas, vestimentas y sobre todo, dinero en efectivo. Sus ayudantes y compinches en estos pueblos se encargaban de comercializar todo lo comercializable, preferentemente en los mercados populares de Sevilla, entre los que el de la calle de la Feria tenía especialísima importancia. Cuando la presión policial era extrema en la vía hacia el sur de Lusitania, dirigían sus operaciones contra cortijos y haciendas, apoderándose de cuantas caballerías se ponían al alcance de sus escaleras y lazos, y conduciéndolas a comarcas limítrofes en las que se podían colocar con facilidad a buenos precios. Entre la media docena fija de maleantes se encontraban un par de gitanos, pero esta partida en ocasiones se incrementaba hasta con quince personas, cada una con su misión específica: vigilantes, simuladores descuideros, mensajeros, etc. Varios de ellos tenían las manos manchadas de sangre y alguno algún asesinato a sus espaldas.
De todo ello estaba al tanto Jose de Torres —como cualquier aljarafeño— cuando partió aquella mañana dominical a visitar a sus abuelos y a cobrar una deuda de un paisano, pero no sabía que las tropas del Intendente de Sevilla rondaban de una punta a otra el Camino Real, y habían obligado a los forajidos de "Uvita" a replegarse hacia el interior de los campos. De forma que mientras se desplazaba al trote de su montura por la red de hijuelas, carriles y trochas que le conducía a su pueblo tampoco podía ni sospechar siquiera que ya era su persona tema de conversación entre los confidentes de los bandoleros, que cual buitres sobrevolaban a su víctima en circulos cada vez más cerrados. Almorzó opíparamente en la casa familiar, cobró su deuda de treinta reales, cargó diversos obsequios en las angarillas —dulces caseros, fruta, cantaritos del apreciado mosto— y se dispuso a volver a Castilleja, en cuyo camino le aconteció lo que ya hemos oído de su propia boca.
Jose era ariscaleño de pura cepa, arrastrado a su pueblo de adopción por el matrimonio de un su hermano mayor con una castillejera de posibles, el cual se trajo al grueso de su familia huyendo de la miseria reinante en su patria chica. Casóse él también aquí, tal como reza en la siguientes partidas de matrimonio y velación formadas en la parroquia de Santiago:
En veinte y cinco días del mes de Febrero de mil setecientos y quinze años Yo, el Licenciado Don Francisco Antonio de Aguilar y Obiedo, vicario de esta villa de Castilleja de la Cuesta, Beneficiado de la Iglesia Parroquial del Señor Santiago, en vista del mandamiento del Reverendísimo Señor Abad Mayor de Olivares y de su Abadía, desposé por palabras de presente que hicieron lexítimo matrimonio a Joseph de Torres, natural de la villa de Villanueba del Ariscal, hijo de Francisco de Torres y de Ysabel de Daza, juntamente con Antonia Navarro, hija lexítima de Antón Navarro y de Maria de la Concepción, naturales y vezinos de esta dicha villa de Castilleja de la Cuesta, aviendo precedido las tres amonestaciones que manda el Santo Concilio de Trento, constándome por certificación del Señor Vicario de Villanueba averse amonestado tres veses en dicha Villa. Fueron testigos Don Pedro Rodriguez y Diego (ilegible), y para que conste lo firmé fecha ut supra. Licenciado Don Francisco Antonio de Aguilar y Obiedo.
Velación de Joseph de Torres y Antonia Navarro. En veinte y tres días del mes de Agosto de mil setecientos y quinze años Yo, el Licenciado Don Francisco Antonio de Aguilar y Obiedo, Vicario de esta villa de Castilleja de la Cuesta, Beneficiado en la Iglesia Parroquial del Señor Santiago, velé y dí las bendiciones nupciales de la Iglesia a Joseph de Torre y Antonia Navarro, su lexítima muger. Fueron testigos Don Thomas de Balbuena, Pedro Martin y Gonzalo de Castro, y para que conste lo firmé, fecha ut supra. Licenciado don Francisco Antonio de Aguilar y Obiedo.
Continúa en Documentación 7c.
martes, 16 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Querido Antonio, te tengo que dar un código que debes introducir en el blog como elemento (añadir nuevo gadget) html/ javascript (en panel < menú diseño), pero no me deja por aquí, mándame por favor algún email de contacto.
Un abrazo.
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