miércoles, 17 de septiembre de 2008

Documentación (y 7b)

Con la necesaria precaución para no enmarañar la historia con datos de complicados vínculos familiares que la convertirían en un galimatías incomprensible, pero reservándonos el añadirle —llegada la ocasión— unos cuadros genealógicos esquemáticos que den cuenta de parentescos y lazos y expliquen con ellos muchas de las actitudes, voliciones, acciones y pasiones de nuestros personajes, vamos a apuntar algunos acontecimientos directamente relacionados con la biografia de Jose de Torres.
En la partida de defunción de Josefa de Torres, fallecida prematuramente el 18 de agosto de 1749, nuestro hombre de Villanueva del Ariscal, su padre, ya aparece difunto, aunque ninguno de los esfuerzos que hemos hecho por localizar su acta han arrojado resultados fructíferos. Dos años después se casó otro de sus hijos, Antón de Torres, con Francisca Garcia, hija de Andres Luis Garcia y de Maria de Cabrera, y en 1758 su otra hija, Maria de Torres, contrajo matrimonio con un viudo, Cristobal de Tovar, siendo amonestados además de en esta villa de Castilleja en la Iglesia Parroquial de San Bartolome de la ciudad de Sevilla.
Y por fin se produjo el óbito de la viuda, Antonia Navarro, que murió de repente el 4 de marzo de 1762, en la más absoluta pobreza y sin recibir los sacramentos de la Eucaristía y Extremaución, y ni tan siquiera los Santos Óleos.
Con estos apuntes, ya más delineado si cabe nuestro testigo, volvemos a 1737 para saber del desarrollo y resultado de la causa contra Bartolome Lopez de Pineda, a la sazón desaparecido, oculto de las pesquisidoras miradas de los alguaciles en algún lugar desconocido.

Que la declaración de Jose de Torres fue determinante para que el Teniente dictara orden de busca y captura contra Bartolome es algo que cae por su propio peso. Al contrario que la del carrero Agustin Caro que ya vimos, en la que se adivina la mezquina intención de no comprometerse con nadie aun a costa de dejar impune un delito, la del dicho Torres aparece diáfana, coherente y lógica como la vida misma. Dejando incólume el principio de presunción de inocencia en este nuestro juicio particular a los testigos, pudiera sospecharse que Jose de Torres, inmerso como estaba en el mundo judicial desde hacía una semana con las diligencias contra "Uvita" sobre el robo, respondía con sinceridad a las inquisiciones de los funcionarios por aquel antiguo principio, que ahora tendría más presente en su conciencia, de "no hagas a los demás lo que no quieras para tí"; hipótesis más que probable si consideramos que se encontraba en la situación de víctima, y que en cierta manera ello propiciaría una más directa empatización con la otra víctima, el muchacho que se encontraba convaleciente de la paliza recibida en el sembrado de Las Escaleras.
Añádasele a todo este razonamiento que los otros testigos no habían podido ser hallados, como atestigua la siguiente anotación en los autos:

Diligencia. En la villa de Castilleja de la Cuesta en el dicho día, mes y año dichos [lunes 25 de marzo de 1737] Pedro Moreno, Alguacil menor de esta dicha villa, pareció ante mí, el escribano, y dijo haver buscado de orden del Señor Theniente Cristobal de Aguilar a Fernando Hurtado y a Joseph Carbonero, vecinos de esta villa y no ha podido encontrarlos, y para que conste lo pongo... (dos últimas líneas, ilegibles). Firmado, Geronimo Lozano.

Lo cual convertía a Jose de Torres, a primera vista, en la única persona con capacidad para inclinar la balanza de la justicia de un lado o del otro. Aunque, tras varias oscilaciones de los platillos, vaivenes que parecían más maniobras de dilatación teatrales que producto de honradas prácticas judiciales, el hecho incuestionable era que el resultado final estaba determinado desde, para hablar en puridad, mucho antes de la agresión, como tendremos ocasión de comprobar prontamente. Las decisiones ya estaban tomadas, dictadas por las propias estructuras socioeconómicas que preestablecían las consecuencias definitivas del más mínimo acto de las personas y aún estos mismos actos. La ley del más fuerte predominaba sobre todos los ridículos movimientos de aquellos personajillos miserables, en su inmensa mayoría ilusas marionetas armadas con ilusiones de libertad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Ilusas marionetas armadas con ilusiones de libertad".
Jo.
Qué fuerte,
qué bien dicho.
yo creo que ahora , se podría decir lo mismo.

Antonio dijo...

La historia es un espejo fiel de la actualidad. A poco que se salga a la calle y se observe, encontraremos pocas novedades en los impulsos primarios y en las reacciones de los individuos y de las sociedades.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...